BALCÓN

 

 

LO QUE SUCEDIÓ HACE UNA SEMANA EN VENEZUELA, más que una victoria del chavismo, como insiste en presentarla la prensa “bolivariana”, fue una derrota de la oposición democrática. No hubo tal victoria porque en Venezuela ya no gobierna el chavismo sino el madurismo y porque las elecciones se produjeron luego de la imposición de una Asamblea Constituyente que ha cambiado las reglas del juego y ha puesto los poderes legislativo, judicial y electoral bajo control directo del gobierno. El madurismo se ha autoelegido en una contienda regional arbitrariamente postergada y realizada en una situación de secuestro institucional. Todas las irregularidades denunciadas por la oposición tienen como trasfondo la irregularidad mayor que consiste en el desplazamiento de la soberanía legítima de la Asamblea Nacional por un parlamento ad hoc. No es raro que el gobierno de Maduro hiciera de aquel proceso constituyente, autoritario y unilateral, un arma electoral, presentando la contienda y los gobernadores electos como garantes del nuevo poder legislativo. Las elecciones han sido gestadas como un soporte plebiscitario de la Asamblea Constituyente. El referéndum que no convocó el gobierno, para acreditar si una mayoría de la población venezolana apoyaba o no aquella alteración institucional, ha sido realizado de manera espuria, por medio de unas elecciones regionales fuera de tiempo. Los electores de los gobernadores venezolanos, según el gobierno de Maduro, además de elegir a sus líderes locales y regionales, han dotado de legitimidad el asalto a la división de poderes en Venezuela. Era predecible que esta maniobra dividiera a la oposición venezolana. Otro objetivo de las elecciones regionales fue, desde un inicio, el ahondamiento de las fisuras internas del movimiento opositor. Ante el nuevo reto, una parte de la oposición optó por competir y otra por abstenerse. La abstención total en el reciente ejercicio fue de cerca del 40% del padrón electoral. La base social de la oposición reflejó el diferendo entre las diversas organizaciones y liderazgos del antichavismo. La oposición debió llegar unida a la contienda o abstenerse en bloque. De haber escogido la primera opción, sus posibilidades de éxito habrían sido mayores, a pesar del poco tiempo y los pocos recursos que tuvo para la campaña electoral. Aun así, en números redondos, la oposición ganó terreno con respecto a la última elección de gobernadores en 2012. Entonces la oposición ganó tres estados: ahora ha ganado cinco o seis. El triunfalismo oficialista del madurismo y sus aliados en la izquierda latinoamericana aprovecha la derrota de la oposición para contrarrestar la imagen negativa del gobierno venezolano, tras la represión de las protestas y el golpe a la Asamblea Nacional. Esa imagen, sin embargo, está bien arraigada en el mundo y el relato de una supuesta “recomposición del voto chavista”, en el último verano, resulta inverosímil……. A UNOS DÍAS DE QUE LA DIRIGENCIA nacional del PRI convocó a reunión a los integrantes de su Consejo Político, en la que se definiría el método de selección de candidatos a cargos de elección, aunque el que lo será a la Presidencia de la República es sobradamente conocido, el exgobernador del Estado de México Eruviel Ávila fue “invitado” a ser delegado especial con funciones de presidente de ese partido en la Ciudad de México, cargo que asumió de inmediato. Aun cuando algunos de sus simpatizantes llegaron a contemplar al mexiquense como un posible prospecto presidencial, en ningún momento figuró entre los que realmente podrían alcanzar la postulación ni tampoco fue incluido en la cuarteta de miembros del gabinete que diera a conocer el líder de la bancada tricolor en el Senado, Emilio Gamboa, de la que saldrá el abanderado priista……Y POR HOY ES TODO.