BALCÓN

EN SEPTIEMBRE PASADO, LUEGO DE que un grupo de sicarios disfrazados de mariachis asesinaron a varias personas en plena Plaza Garibaldi, escribimos que el negocio que había sufrido el ataque era un punto de distribución y almacenamiento de drogas del grupo Fuerza Anti-Unión, y que los hombres y mujeres que habían sido asesinados estaban vinculados con Sergio Flores Concha, El Tortas, líder de ese grupo criminal. Era parte de la lucha de varios grupos criminales por el control del centro de la ciudad, pero dos eran y son protagónicos: La Unión Tepito y La Anti-Unión, aunque varios de sus liderazgos han sido detenidos y algunas de sus estructuras desmanteladas en los últimos meses. Pero también explicábamos que estos grupos no sólo pelean el control del narcomenudeo. Los dueños de bares y discotecas, sobre todo de la zona Condesa-Roma, aseguran que estos grupos les exigen el control de la puerta y el baño de sus establecimientos para vender droga. Se han documentado casos de miembros de estos grupos que han ocupado viviendas, extorsionando a sus propietarios para recibir un pago o para que se las traspasen. En el caso de La Unión Tepito sabemos que controlaba la mayor parte de las escorts que se anunciaban en las páginas como Zona Divas. Y sabíamos que habían estado detrás del asesinato de varias acompañantes, luego de las denuncias que había presentado una de ellas, una joven venezolana llamada Kenny Mireya, que fue brutalmente asesinada en Ecatepec. En febrero del año pasado, Kenny asistió a un festival de música electrónica en Ecatepec y desapareció. Era la imagen principal de Zona Divas, y se había relacionado con uno de los jefes de la organización Unión Tepito, El Pozoles. El cuerpo de Kenny fue encontrado tres días después de su desaparición. Había sido violada, torturada y su rostro desfigurado con ácido. Pero el crimen no había sido sorpresivo. Luego de su muerte se supo que ella misma había subido a las redes un video en el que se le veía severamente golpeada y pedía abandonar el portal; denunciaba que había sido golpeada y amenazada de muerte. Pedía que le dejaran juntar dinero para regresarse a su país. Nunca lo pudo hacer. Este fin de semana fue detenido en Nezahualcóyotl su asesino, según las autoridades capitalinas: Brayan Mauricio “N”, apodado El Pozoles o El Brayan, y que era el tercero al mando del cártel de La Unión Tepito, lugarteniente de Roberto Moyado Esparza, El Betito, y David García Ramírez, El Pistaches. Lo había conocido en una fiesta, contó alguna vez Kenny. En abril de 2017, Kenny publicó en redes sociales sobre su relación con él. A finales de septiembre, la relación con Brayan terminó. Ella escribió que “estaba loco… Para hacer sólo la maldad, él mata por hobby, ni porque le paguen. Viví con él y varias veces mató por nada en mi cara”. El Pozoles la amenazó de muerte. Poco después el sicario comenzó una relación con otra chica de Zona Divas, amiga de Kenny. El Pozoles convenció a su nueva novia y a otra escort, una joven argentina, Karen Ailen Grodzniski, de que espiaran a Kenny. Así lo hicieron, pero el 27 de diciembre de 2017 encontraron el cuerpo de Karen con un disparo en la cabeza en el Hotel y Villas Pasadena, ubicado en la Avenida Revolución. Kenny contó en un audio grabado antes de su muerte, que el asesino de la joven argentina no había sido un cliente, como suponían originalmente las autoridades, sino El Pozoles. “Él la mató (El Pozoles) en el Pasadena; le dio un tiro y me llamó, cuando nadie más sabía. Me dijo: ‘mira, maté a Karen’”… Semanas después Kenny y una amiga fueron secuestradas por El Pozoles y otros cinco integrantes de La Unión Tepito; fueron golpeadas y vejadas. Fue cuando Kenny subió el video donde se la veía muy lastimada. Siguieron las amenazas hasta que en febrero Kenny fue a aquel concierto de Ecatepec y apareció tres días después violada, torturada y desfigurada, arrojada en una calle frente a una escuela primaria. El Pozoles ya está detenido, pero más allá de este personaje terrible se esconde la realidad de un crimen organizado que trasciende a capos que pueden reintegrarse a la sociedad si hacen actos de contricción. Son asesinos, personajes que ya no pueden reinsertarse, son la peor cara de esta sociedad. Se esté o no en guerra con ellos, el Estado tiene la obligación, como hizo con El Pozoles, de perseguirlos y castigarlos con toda la dureza posible……Y POR HOY ES TODO.