BALCÓN

 

LA LLEGADA AL PODER DE DONALD TRUMP desató una discusión entre los intelectuales del Partido Demócrata sobre las condiciones que condujeron a la derrota de Clinton. Dos visiones se disputan la interpretación de lo ocurrido. Por un lado están los progresistas de la identidad, grupos promotores de una política identitaria que aspira a representar políticamente a las minorías (feministas, activismo LGBT, defensores de grupos étnicos, migrantes, etcétera). El exponente más popular de esta corriente es Ta-Nehisi Coates, un combativo ensayista afroamericano cuya obra ha sido reconocida con el Premio Nacional del Libro en Estados Unidos. Sus textos atacan lo mismo a Obama por considerarlo un reformista tibio, que el racismo encubierto de los círculos intelectuales estadounidenses. Desde el punto de vista de estos grupos identitarios, la elección presidencial de 2016 se perdió por una reivindicación insuficientemente radical de los derechos de cada una de las minorías. En esta perspectiva, el Partido Demócrata perdió votos por no entender el dolor de las minorías y no impulsar el reconocimiento legal e histórico que éstas merecen frente a los atropellos sociales que siguen sufriendo. En otras palabras, las minorías se decepcionaron del gobierno de Obama. Por otra parte está el liberalismo intelectual tradicional estadounidense (una corriente socialdemócrata universitaria) que aspira a aglutinar las causas sociales en un solo grupo político sin distinción de identidades. Promueve la postura clásica de la Ilustración, derechos universales para todos los ciudadanos al margen de la preferencia sexual, grupo étnico, etcétera. El escritor emblemático de esta corriente es Mark Lilla, profesor en la Universidad de Columbia. En su libro The once and future liberal, Lilla sostiene que los demócratas perdieron por haber pulverizado su base electoral en una docena de minorías. Infinidad de microofertas electorales y ninguna propuesta nacional que beneficie a toda la población. Lilla dice que toda política de identidad o reivindicación de minorías es individualismo y egocentrismo de izquierda, es decir, “neoliberales disfrazados de progresistas”. Según Lilla, lo que el Partido Demócrata tiene que hacer es abandonar toda la retórica de minorías y dirigir sus discursos a “la ciudadanía estadounidense”, una abstracción teórica más grande donde caben todos los norteamericanos y en consecuencia se obtienen más votos. En otras palabras, por atender grupos pequeños, se desatendió al grupo más grande del electorado. Es muy difícil conciliar ambas perspectivas y a ratos se contraponen. Las dos tienen justificación ética e histórica. Las conclusiones de cada perspectiva ofrecen propuestas muy distintas. El resultado de la discusión determinará la estrategia electoral del partido demócrata en las elecciones legislativas del año entrante. Por eso, Edward Kennedy decía que no es lo mismo ser un partido político preocupado por las minorías que un partido político de las minorías…… DIVERSOS EMPRESARIOS Y ALTOS ejecutivos financieros que han conversado con el secretario-general Salvador Cienfuegos tienen clara la urgencia de aprobar la Ley Federal de Seguridad Interior (atascada 4 años por grillas), pues ya es recurrentes que algunos mandos medios y elementos de tropa estén reticentes a enfrentar a grupos delictivos por carecer de cobertura legal y el riesgo de ser enjuiciados, vilipendiados por extrañas ONG’s y medios, o ser abatidos al no defenderse. La inseguridad pública está, desde hace meses, en los primeros lugares de riesgo económico que advierten los analistas consultados por Banco de México. Algunos expertos, como Alejandro Desfassiaux, que encabeza Multisistemas de Seguridad Industrial, estiman que el costo para el país —costos de protección, mayores seguros, pérdidas por robo o extorsión, cambio de hábitos de consumo y postergación de inversiones— alcanza 1.5%  puntos del PIB. Evidentemente el costo humano de secuestros y asesinatos no está cuantificado. Pero sí algo provocan las bandas delictivas es una espiral de empobrecimiento y desesperación que termina por enrolar en sus filas a gente empobrecida y desesperada, sobre todo jóvenes. El argumento hipócrita de partidos opositores a la Ley de Seguridad Interior, como el PAN, de Ricardo Anaya, y el PRD, de Alejandra Barrales, es que “se militarizaría el país”, como sí las fuerzas armadas de nuestro país fueran tipo golpista y represora y no fuerzas institucionales salidas del pueblo. Hasta parece que a tales partidos les conviene que el crimen aumente para estregárselo a Enrique Peña… mientras mantienen atadasde manos a la última línea de defensa de la gente y de la economía……Y POR HOY ES TODO.