BALCÓN

SI SIEMPRE LOS INFORMES PRESIDENCIALES han sido una gran puesta en escena, la del domingo fue inédita. Los mandatarios utilizaban la ceremonia protocolaria para demostrar el poder, el tamaño del Estado mexicano. En el escenario estaban el gabinete legal y en ocasiones el ampliado, los miembros de la Suprema Corte, los líderes del Congreso, en ocasiones los gobernadores, generalmente ubicados en un espacio especial; el cuerpo de generales y almirantes ocupando un lugar preferencial y específico en el público. Es verdad que la ceremonia se fue modificando con el tiempo, incluso en su duración (cuatro, cinco horas llegó a durar el informe), pero también en las formas, pero siempre el Presidente en turno estaba acompañado de las fuerzas representativas del Estado mexicano. En la ceremonia de este domingo todo cambió. Un escenario pequeño, en un evento también relativamente pequeño, menor que los de Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional, pero con una diferencia enorme: la única persona en el escenario era Andrés Manuel López Obrador. El Presidente solo, sin ataduras, sin compromisos, con el resto del Estado mexicano como sus espectadores. Ni siquiera lo calificó como Primer Informe de Gobierno (cuando legalmente eso era), sino como el tercero al pueblo de México, equiparándolo a los que pronunció a los cien días de gobierno y en julio pasado, al año de su triunfo electoral. Con el tiempo fueron reduciéndose los acompañantes en el escenario: en los cien días estuvieron los líderes de diputados y senadores (en ese entonces Martí Batres y el incombustible Porfirio Muñoz Ledo, el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar, y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero); para el 2 de julio, Claudia Sheinbaum Pardo y la esposa del mandatario, Beatriz Gutiérrez Müller, y literalmente se coló Muñoz Ledo. Ahora el Presidente López Obrador no tuvo acompañantes. Es una buena metáfora sobre el ejercicio del poder público y la forma de gobernar. El discurso también fue personalísimo. La diferencia entre las partes de un informe como tal y lo propio del Presidente, lo que escribió él mismo o lo que improvisó, fue notable, incluso al pronunciarlo. Por cierto, para no tener compañía, el Mandatario no tuvo ni prompter. Hace años, décadas quizá, que no veíamos a un Jefe del Ejecutivo leyendo un informe en papel e improvisando sobre él. Por eso mismo se alargó mucho más que la hora programada y se convirtió en un Informe largo, una hora con 37 minutos. En el Informe, la religiosidad, en el mejor sentido de la palabra, presidencial fue notable: si hay una frase que repitió, sobre todo en sus improvisaciones o en los párrafos escritos por él mismo, fue la del “bienestar del alma”, y su insistencia en la moral, como método de gobierno y de descalificación a sus adversarios “moralmente derrotados”. ¿Qué ejes impulsó? Insistió desde el inicio con la revocación de mandato, que va de la mano con la consulta popular, un mecanismo fundamental en la estrategia gubernamental, sobre todo, de cara al 2021. Lo poco preciso (me imagino que voluntariamente) en la relación con Estados Unidos, señalando sobre todo que se ataca conjuntamente la delincuencia transnacional: “armas, personas, drogas, divisas”. Volvió a minimizar la falta de crecimiento (“un simple instrumento”) poniendo el acento en la distribución de la riqueza, sin la cual hay, dijo, violencia y conflictos sociales. El centro del plan de gobierno es acabar con la corrupción y la impunidad, y en el discurso presidencial eso prácticamente ya se ha logrado o se va en ese camino. Alabó a los empresarios y al mismo tiempo los criticó: lo apoyan e invierten, pero también hicieron “huachicoleo desde arriba” al presuntamente no pagar impuestos. Habló poco del Tren Maya; no explicó en realidad el porqué de la cancelación del NAIM y tampoco se explayó mucho sobre Santa Lucía, sí destacó el Corredor Transístmico entre Salina Cruz y Coatzacoalcos, al que comparó con el Canal de Panamá. En el tema energético colocó en una misma frase de elogio a Carlos Slim y a Manuel Bartlett. Y aseguró que hay un cambio de paradigma en la seguridad pública basado, sostuvo, en el cambio de las condiciones de vida y de trabajo, con mayores empleos y salarios y una “regeneración ética” de la sociedad. Un Mando Único Nacional representado en la reunión del gabinete de seguridad diariamente a las seis de la mañana. Agradeció para la implementación de esta estrategia a los gobernadores. Destacó la creación de la Guardia Nacional. Y en la misma estrategia colocó la búsqueda de los jóvenes de Ayotzinapa, de los desaparecidos, la protección a periodistas y defensores de derechos humanos y el intento de recuperación de cuerpos de Pasta de Conchos. Defendió a las Fuerzas Armadas, pero insistió en que hubo masacres y represión contra el pueblo, que el Estado se había convertido en el principal violador de los derechos humanos… y que pensaba que los principales violadores de los derechos humanos eran los criminales. Al final la lucha se plantea entre los conservadores que están “aturdidos y desconcertados” y el pueblo que está “feliz, feliz, feliz”. El único actor sobre el escenario concluyó que era “optimista” y que tenía una “dicha enorme” por su responsabilidad. Entonó el Himno, hizo el saludo a la bandera, tomó de la mano a su esposa Beatriz y se perdió subiendo la escalera principal de Palacio Nacional, solos también los dos……Y POR HOY ES TODO.