BALCÓN

 

EN LOS CASI SIETE MESES QUE QUEDAN para las elecciones vamos a escuchar todo tipo de ocurrencias, promesas, dichos, desdichos y maquinaciones retóricas sobre política pública y programas de gobierno. Así es esto: el trabajo de los candidatos en una democracia es convencer a los votantes, para lo cual tienen que promoverse. La otra opción, que solía ocurrir, sería que el candidato oficial recorriera el país dando abrazos y palmadas, esperara pacientemente las elecciones como quien hace un trámite y finalmente tomara protesta. Mejor, el escenario actual. Lo que no está bien es lo que ha venido ocurriendo: que los ciudadanos nos perdamos en el discurso de los candidatos y caigamos en su juego reduccionista, en el que todo tiene que ser bueno o malo, blanco o negro y más básico y simple que la tabla del uno. Van algunos ejemplos. Ricardo Anaya, a nombre del Frente que pretende encabezar, propuso el Ingreso Básico Universal. Idea, argumentó, del propio Milton Friedman y otros notables economistas. Inmediatamente se le contra argumentó: no es lo mismo el subsidio al ingreso que Friedman proponía dar temporalmente, debajo de un cierto umbral de pobreza y con ciertas características específicas, que regalarles a todos los mexicanos (sí, incluido Slim) dinero financiado por la clase media (más impuestos) o por las generaciones futuras (deuda). Sin embargo, con esto dicho se acabó el asunto. ¿Qué piensa Anaya de que el CONEVAL sitúa a más del 40% de los mexicanos en una situación de pobreza? ¿Y del Gini alrededor de 0.5? ¿Combatiría pobreza y desigualdad o sólo la primera? ¿Por qué y cómo lo haría? No sabemos, nos quedamos nada más con la casi inútil información de que Ricardo Anaya trató de distorsionar algunas ideas económicas. José Antonio Meade fue increpado en una entrevista para El País acerca de si juzgaría o no “casos de corrupción de esta administración, involucre a quien involucre”. Su respuesta hizo alusión a la necesidad de construir instituciones más fuertes, particularmente en la rama judicial, pero la realidad es que se salió por la tangente. Se le desaprobó por eso, pero ahí paró el tema. ¿Sabía o no Meade de los casos de corrupción en su equipo de trabajo? ¿Hizo algo internamente o sólo miró y calló? ¿No le parece grave que el caso Odebrecht no esté teniendo consecuencias legales en México? ¿Qué instituciones, específicamente, buscaría crear o reforzar para pasar a ese esquema del que habló, “que funcione para todos, en donde el acceso a la justicia y a la rendición de cuentas sea igual para cualquier funcionario”? Tampoco sabemos, nos quedamos con que desvió su respuesta. López Obrador dijo estar analizando dar amnistía al narco. Eligió Guerrero para decirlo y sólo mencionó estarlo analizando, sin comprometerse a nada ni dar más detalles. Le criticamos, pero no parecemos notar que ni él ni ningún otro candidato está proponiendo una discusión seria alrededor del tema de las drogas. ¿Por qué la legalización está descartada? Nuestro país tiene dotaciones naturales idóneas para la producción de marihuana y amapola, comparte una de las fronteras más largas con uno de los mercados más grandes del mundo y ha alcanzado, a pesar de años de ilegalidad, una alta especialización en la producción y transporte de estos productos. Pero preferimos empeñarnos en luchar contra todo eso en vez de siquiera pensar cómo se podría incorporar esta inmensa actividad económica a la formalidad. ¿Qué opina AMLO de la legalización? No sabemos, nos quedamos con que parece querer perdonar a los narcos. Claro que queda mucho tiempo para cuestionar a profundidad las propuestas de los candidatos, pero estamos empezando por mal camino. Cada uno de ellos va a querer decir la cuestión más simple posible y sus oponentes lo van a querer simplificar aún más. Entre todo ese ruido, los ciudadanos tenemos que orillarlos a que hablen más: que expliquen, que debatan, que se comprometan con sus ideas. En 2012 ya fuimos simplistas y ganó el guapo, no repitamos el experimento……Y POR HOY ES TODO.