BALCÓN

Finalmente, Alejandro Calvillo, jefe de El Poder del Consumidor, y Erick Ochoa, de la Fundación Interamericana del Corazón, reconocieron que los impuestos que exigen aumentar al refresco, cigarro y cerveza son principalmente para elevar la recaudación del gobierno… aceptando tácitamente que poco o nada sirven para reducir la epidemia de obesidad o enfermedades cardiovasculares. Y es que al proponer ante la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados que preside Lucía Meza, elevar tales gravámenes para supuestamente pagar 50% de la reconstrucción tras los sismos de septiembre, muestra que su finalidad última no es reforzar una política pública en salud, sino recaudatoria. Y conforme a la evidencia estadística analizada por el Colegio de México e ITAM, más impuestos a las bebidas carbonatadas será pagado al 60% por las familias con menores ingresos… igual que sucede en todo el mundo mundo donde se aplica, agrega Christopher Snowdon quien lidera el LifeStyle Economics at the Institute Economic Affairs en Londres. El experto apunta que la experiencia ha sido negativa en todo el mundo, que impacta negativamente contra el comercio al menudeo y es “una buena forma de recaudación –no la más inteligente- que no modifica los hábitos de consumo” y sin efectos reales sobre la obesidad. En opinión de Snowdon, el impuesto que empezó en México en 2013, y en otros países, es una manera en que el gobierno aplica gravamen a personas, las más pobres, a las que no tenía manera de cobrar. En otros lugares la cosa cambia: Dinamarca suprimió el impuesto tras 80 años de magros resultados, y recientemente también Chicago. Pero aquí, las valientes ONG quieren drenarle 25 mil millones de pesos a los damnificados, no de los sismos, sino de la vida…… EL GOBIERNO MEXICANO HA empezado a cambiar su discurso en la renegociación del TLC. De estar cerca de una actitud pasiva ante las consideraciones y las agresiones de Donald Trump, se ha pasado a expresiones como “hay vida después del tratado”. Con Trump o con Hillary Clinton el TLC iba a pasar a revisión. La demócrata lo anunció en la campaña, en tanto que el presidente de EU no engañó a nadie, desde hace años viene insistiendo en que el TLC no le sirve a EU y que “beneficia sobre todo a México”. De estar casado con el TLC, el gobierno ahora busca crear entre la opinión pública la idea de que el tratado podría llegar a su fin y que existe un plan B para enfrentar el eventual rompimiento. Con Trump no existe la posibilidad de razonar. Su última balandronada fue la de asegurar que después del primer ataque a Corea del Norte estaría dispuesto a dar paso a la diplomacia, antes no. Con el TLC ha actuado bajo los parámetros que lo definen y distinguen, no se ha salido de él mismo. Cada vez que se acerca una reunión entre representantes de los tres países se dedica a amenazar. Utiliza un abusivo y agresivo lenguaje al que acompaña con su ya conocida prepotencia. El gobierno mexicano se movió bajo el supuesto de que el presidente norteamericano amenazaba en público pero en privado iba a negociar. Quizá creyó que el peso mismo del TLC y las evidentes ventajas para los tres países hacían casi imposible su rompimiento. Hay signos que han encendido los focos rojos en el gobierno y entre los empresarios. Existen indicadores que van más allá del discurso. Algunas de las rudas exigencias, en forma y fondo, que ha planteado EU han provocado la alarma. El cambio de discurso y actitud del gobierno mexicano se debe precisamente a esto, nunca como ahora se habían presentado tantas muestras de que el TLC pudiera desaparecer. Trump ha llevado formalmente su discurso a la mesa de negociaciones. Hemos entrado en los terrenos de los hechos para dejar a un lado las conjeturas y los supuestos de lo que “tal vez pudiera pasar”. Si el gobierno no tiene un sólido plan B el país va a entrar en una espiral del alto riesgo económico. No tanto porque no haya vida después del TLC, sino porque el rompimiento va a provocar en lo inmediato una serie de problemas que le van a terminar por quitar los precarios equilibrios a la economía nacional. Trump no entiende de razones, lo que incluye su desdén a empresarios de su propio país. Sí hay vida después del TLC, pero se debe construir con base en un giro a la economía nacional que establezca una relación nueva y diferente con las economías del mundo y entre nosotros. Sí hay vida después de una eventual fractura en el TLC. Lo que uno espera es que haya plan B y que éste lo hayan venido contemplando desde hace tiempo y no en estos días sobre las rodillas…….Y POR HOY ES TODO.