EDITORIAL

La gobernabilidad que viene

Si algo es cada vez más complejo y controvertido es la gobernabilidad. Si bien no resuelve del todo la representatividad, es lo que más termina por ayudarle.

Las decisiones que tomamos los votantes llevan a hombres y mujeres al poder por un determinado tiempo, si nos equivocamos o no, sólo hay manera de saberlo al paso del tiempo. Sólo se sabe cuando se experimenta la gobernabilidad en carne propia.

Estos son los enigmas que nos han venido acompañando. Hace seis años, por estas fechas, todo era retozo, algarabía y júbilo por la llegada de los que sí saben “cómo hacerlo”, los que “robaban, pero se mochaban”.

Al paso de los seis años todo ha resultado decepcionante. Un mucho por las denuncias, algunas de ellas probadas, en materia de corrupción, a lo que se sumó el desaseo legal en casos emblemáticos y ya históricos, como la desaparición de los 43 normalistas en Iguala.

A esto hay que agregar la mala comunicación y la pésima imagen que se fue construyendo en torno al gobierno y al propio Presidente. No había manera de saber hace seis años lo que iba a pasar; es más, con todo y las dudas que aparecieron en su momento el desenlace tiene mucho de inesperado.

No somos de la idea de que ahora estemos en un escenario similar. Hace seis años se asomaba la ratificación del statu quo. Si alguien estaba satisfecho con la llegada de Peña Nieto eran los empresarios: suponían que el inquilino de Los Pinos era uno de los suyos y que además los iba a apoyar.

Con López Obrador hay mucho de riesgo para algunos, pero para otros hay esperanza y expectativa, por cierto diferente a la de hace seis años.

Peña Nieto tenía, o más bien sigue teniendo, en su entorno voces influyentes. Prueba de ello fue la lamentable visita de Donald Trump; la opinión que contó fue la del poderoso titular de Hacienda y no la de la canciller, hoy eventual líder del PRI. Este caso no fue el único.

El entorno directo de Peña Nieto jugó estos años un rol preponderante. Parecía en un primer momento que iba a escuchar, pero poco a poco cerrando su entorno y no se abrió a otras voces; cuando lo hizo quedó la idea de que no trascendió.

Aunque a muchos les pueda parecer fuera de lugar, López Obrador debe revisar lo que ha pasado estos seis años en materia de gobernabilidad. El balance tan desfavorable es multifactorial, pero una de las grandes causas está en el aislamiento, que provocó una seria crisis de gobernabilidad en el país.

Así como no se puede gobernar entre cuatro paredes imaginando la realidad, tampoco se puede gobernar de consulta en consulta. Éste es el gran reto para AMLO: ¿cómo gobernar cerca y con la gente?

Ante lo que estamos es el dilema de las nuevas formas de gobernabilidad; somos parte de sociedades más comunicadas y profundamente críticas. A los gobernantes se les pone a prueba de inmediato, su popularidad está a diario en la mira y viven bajo una especie de montaña rusa.

López Obrador debe entender y aprender de las innumerables reacciones que se han venido dando en la sociedad mexicana. Casi todo tiene que ver con la gobernabilidad, con la forma y el tipo de decisiones que se toman.

Las experiencias recientes evidencian en muchos casos no sólo políticas equivocadas, sino también una gobernabilidad cuestionable.

López Obrador hoy es el eje y la esperanza. Lo que lo hizo ganar es su fundamento y su riesgo. Está en él nuestro futuro y su futuro.

EDITORIAL

La profesora ahora será la víctima

Si algo ha provocado la liberación de Elba Esther Gordillo, es confusión y un sinfín de especulaciones. Partiendo de que nada es casual, llama la atención que la maestra haya sido liberada la noche anterior a que el TEPJF le haya entregado a López Obrador su constancia como Presidente electo.

El tema es un galimatías que pasó por violaciones a la ley y por el uso político y discrecional de las instituciones de justicia. Materialmente, el sexenio inició con la mediática detención de la afamada profesora y va a terminar con su liberación.

Elba Esther Gordillo está libre por “falta de pruebas”. Como dice el doctor Raúl Trejo: “queda claro que a la PGR no le bastaron cinco años para fundamentar el caso”.

Raúl Trejo apunta: “lo que pudo ser un error en la acusación no significa que la profesora sea una blanca palomita, concentró mucho poder y lo llegó a manejar a su antojo”.

La maestra se entendió con Carlos Salinas, que fue quien la puso, como asegura el resucitado Bartlett, cuando era el titular de la SEP, con Zedillo, con Fox y con Calderón. Empezó a tener más relación con el poder que con aquellos y aquellas a quienes representaba. Al final, fue el poder quien la puso y fue el mismo poder el que la quitó.

Lo que queda claro es que todo indica que la acusaron sin pruebas. Parece que la detuvieron sin tener elementos legales para ello; o hicieron, como ha venido sucediendo, pésimamente las cosas.

Quizá lo único que querían era encerrarla para hacerla a un lado en su objetivo de diseñar la Reforma Educativa, a la cual era público que la profesora se oponía. Bajo el uso absoluto del ejercicio del poder, pudo ser que no pasara por su soberbia y su cabeza lo que podía pasar en seis años. Perdieron la Presidencia, el sexenio está terminando bajo el mayor descrédito, en medio de claros casos de corrupción y nulos niveles de credibilidad. A esto se suma la posibilidad de que deroguen la reforma que, en algún sentido, fue uno de los motivos por los cuales se metió a la profesora a la cárcel.

Todo terminó exactamente al revés de lo que nos dijeron hace cinco años que iba a suceder. Lo más grave de lo que está pasando, es el hecho de que no vamos a saber si la profesora es responsable de los delitos por los que fue detenida. Había serias denuncias en el sentido de que estaba utilizando, para su uso personal, el dinero de las cuotas sindicales de los trabajadores del SNTE.

Desde que Peña Nieto fue Presidente electo, a lo largo de esos farragosos meses entre esta fecha y la toma de posesión, quienes iban a gobernar se dedicaron a señalar severamente una y otra vez a la maestra. La imagen de Elba Esther no podía ser más mala, hubiera motivos o no para ello. La oposición de la profesora a la Reforma Educativa pasaba más por una lucha por el poder y control, que por una revisión de contenidos y objetivos. Los temas eran, entre otros, las evaluaciones de las y los maestros; y las plazas. No fue casual que la reforma empezara por la revisión y los cambios administrativos; se trataba de tener el control para echar a andar lo que llamaron la primera generación de reformas. Parece que nunca podremos saber si Elba Esther se oponía a la reforma con convicción y razones; o todo se remite a que no se entendió, con todo lo que esto significa, con Peña Nieto, como sí lo hizo en sexenios anteriores. El desenlace de este asunto es fatal. La profesora, que empieza a estar echada para adelante, ha convocado a una conferencia de prensa el 20 de agosto. Va que vuela para ser la víctima y para que, al mismo tiempo, se le vaya acercando a ya saben quién. Los suyos ya están en esa ruta.

EDITORIAL

La otra Elba Esther

A veces hay que ser una especie de abogado del diablo para ver las cosas en los grises intermedios, entre los blancos y los negros, sobre todo cuando se trata de personajes controvertidos, contradictorios. Elba Esther Gordillo fue durante muchos años algo así como la villana favorita de la política nacional. Esa imagen fue creada en parte por sus errores y excesos, pero sobre todo porque tanto el lopezobradorismo, desde los años en que Andrés Manuel era presidente del PRD, así  como en el PRI, desde que Gordillo rompió con Roberto Madrazo, querían cortar, por distintas razones, su control sobre el sindicato magisterial y sobre un buen tramo de la política nacional.

Personaje poderosísimo en su momento, Gordillo siempre fue cuestionada, pero se suele olvidar que muchas de las iniciativas reformistas, en política y en otros terrenos, la tuvieron como una protagonista clave. Cuando estaba por comenzar el gobierno de Peña Nieto y pese a que en su campaña Gordillo había tenido un papel muy importante en muchos sentidos, era evidente que para la parte más mexiquense del nuevo equipo presidencial, digamos, Elba Esther era algo más que un adversario, era un enemigo, así la consideraban.

En esos meses, junto con Jorge Fernández Menéndez, hicimos un libro y un documental titulados La élite y la raza, enfocados a la situación de la educación en el país, en los que le dedicamos un capítulo al caso de Elba Esther.

Ahí decíamos que la maestra no era el escollo de una reforma educativa, que lo era y lo sigue siendo la CNTE, por una parte, y los afanes privatizadores de ciertos sectores empresariales y clericales, por la otra. En el libro La élite y la raza (Taurus, 2012), decíamos que “sin duda Elba Esther Gordillo es un personaje político controvertido que estará en el centro de distintas disputas políticas. Pero no deberíamos confundir al personaje con su estereotipo.

Gordillo, paradójicamente y, al contrario de lo que sostienen sus principales críticos, ha estado en el centro de buena parte de los principales movimientos reformistas en el país, desde el Grupo San Ángel hasta los intentos, que resultaron vanos, de sacar adelante una reforma fiscal que le costó, en su momento, la salida del PRI.

Ha impulsado una transformación institucional en su propio sindicato y logró sortear la crisis más profunda que ha tenido el mismo, la de 1989, a través de esas reformas, que establecieron el voto directo y secreto de los agremiados. Se habla de la incondicionalidad de muchos sectores del sindicato con Elba, pero se olvida que entre 1990 y 1995, el salario de los maestros creció en un 160 por ciento en términos reales. Y esa posición reformista se antepuso, con todos los condicionamientos que se quieran señalar, a la opción ultra, radical, de sus opositores de la Coordinadora. En ese sentido, ha apostado a la gobernabilidad, mientras que sus adversarios lo hicieron a la desestabilización.

Elba Esther cometió errores y excesos. No hay duda. Pero los crímenes que se le imputaron no fueron comprobados. Con su aprehensión se afectó la gobernabilidad.

Fue detenida por razones básicamente políticas y además equivocadas. Como decíamos hace seis años, no hay que confundir al personaje con su estereotipo.

EDITORIAL

El autoatentado de Maduro

En medio de la peor crisis financiera que ha vivido Venezuela, en donde la gente, literalmente, ya no tiene ni qué comer, el pasado sábado 4 de agosto, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sufrió un atentado durante la celebración del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana. El supuesto ataque habría sido perpetrado con drones que cargaban explosivos.

En una de las investigaciones más rápidas de la historia, y a menos de dos horas del supuesto atentado, el régimen de Maduro había detectado a los culpables.

Maduro acusó al ahora expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, de haber intentado asesinarlo; pero también acusó a la “ultraderecha” de Venezuela, en alianza con la oligarquía colombiana, y a Estados Unidos.

Y en tan sólo dos horas se había detenido a varios de los autores materiales, que ya habían sido procesados, y que “todas las pruebas” ya estaban en poder de las fuerzas de seguridad. Imposible de hacer esto en un caso que no esté fabricado. Ni siquiera se detuvo a nadie en flagrancia.

La historia que cuenta el gobierno venezolano es que drones con supuestos explosivos fueron derribados por francotiradores; no obstante, siete efectivos de la GNB resultaron heridos.

De acuerdo con Jorge Rodríguez, vicepresidente de Comunicación, Cultura y Turismo, a las 5 horas con 41 minutos de la tarde “se escucharon unas detonaciones que las averiguaciones ya establecen con claridad que correspondían a artefactos voladores de tipo dron, que contenían una carga explosiva que detonó en las cercanías de la tarima presidencial y en algunas zonas del desfile”.

A través de redes sociales se informó que varios periodistas, que salieron a reportear lo sucedido, fueron detenidos; mientras que a otros medios les fue decomisado todo el material que habían grabado.

Lo cierto es que un militar presente en el acto, entrevistado por El País, bajo la condición de anonimato, relató que no escuchó ningún disparo y que la versión de que las fuerzas de seguridad dispararon contra un dron “no es creíble”, ya que darle a un dron en movimiento con un fusil es casi imposible; “además, si se le da, no explota”.

Por otra parte, la agencia Associated Press (AP) informaba que “varios bomberos” presentes en el lugar de los hechos contradecían la versión del gobierno, al asegurar que en realidad se trató de una explosión de una “bombona de gas” en un apartamento cercano.

Un día después del atentado, Maduro volvió a señalar al expresidente colombiano, Juan Manuel Santos, que, junto con la ultraderecha colombiana y sus opositores venezolanos, intentaron matarlo.

En respuesta, el gobierno colombiano desestimó las palabras de Maduro. “No tiene base. El presidente (Juan Manuel Santos) está dedicado al bautizo de su nieta Celeste y no a tumbar gobiernos extranjeros”.

Pero no quedó ahí; Maduro también denunció que los “financistas” del incidente se encontraban en Estados Unidos. La respuesta no tardó en llegar, y fue de la mano de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, quien aseguró que no había participación del gobierno de EU en los hechos.

Dos días después del supuesto atentado, el fiscal general de Venezuela, Tarek William, anunció que habían sido identificados todos los autores materiales y sus colaboradores inmediatos; además, se había identificado a “los explosivistas que armaron los artefactos” y que se habían establecido las primeras conexiones internacionales de dichas personas.

A las seis personas detenidas por estos hechos, la Fiscalía les imputará los delitos de traición a la patria, homicidio intencional calificado en grado de frustración, homicidio frustrado y lesiones graves, lanzamiento de artefacto explosivo en reuniones públicas, terrorismo, asociación para delinquir y financiación al terrorismo.

Además, el supuesto atentado le permitirá reforzar el aparato represivo contra la oposición, que acababa de convocar una gran movilización y huelga contra el Programa de Recuperación Económica que Maduro pondrá en marcha el 20 de agosto.

La situación cada vez es más compleja y Nicolás Maduro, cada vez está perdiendo aceptación, ahora hasta con los suyos. Durante el primer periodo presidencial de Nicolás Maduro se gestó una aguda crisis económica que llevó al desabasto de alimentos, medicinas, así como de diversos productos básicos; y, por si fuera poco, se desató la inflación más alta del mundo.

La reforma monetaria, que entrará en vigor el 20 de agosto, forma parte de un programa de recuperación para enfrentar la severa crisis económica; además, se busca impulsar las actividades económicas, que se han visto afectadas por la escasez de billetes.

Y con la escasez de billetes, lo que se puede comprar es a través de tarjetas que el propio gobierno controla. Ahora, hasta la gasolina se va a tener que comprar así, y quien esté en contra de Maduro o su régimen se queda sin utilizar su automóvil y sin poder comprar la poca comida que hay.

Para que usted se dé una idea de cómo está el día a día en Venezuela, una lata de atún cuesta 7 millones de bolívares, mientras que el salario mínimo está en 5 millones.

Alejandro Werner, director del FMI para América, dijo que el peso promedio de las personas en Venezuela se ha reducido siete kilos en el último año.

Y es que el futuro para Venezuela no es nada alentador; es una verdadera pesadilla. De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional, la inflación en Venezuela podría cerrar el año con una variación récord de un millón por ciento.

Tan sólo durante julio, los precios al consumidor subieron 125 por ciento.

Lo ocurrido este fin de semana en Caracas apunta cada vez más a que el régimen de Nicolás Maduro ejecutó un autoatentado. En este momento, el régimen madurista necesita encontrar culpables de la situación que se vive en Venezuela y con un acto así, además, puede culpar a sus detractores, imputándoles la responsabilidad del ataque.

EDITORIAL

Finanzas públicas: camino a la entrega

Actualmente, uno de los temas económicos que generan mayor controversia es el de las finanzas públicas. Si bien seguramente veremos en la próxima administración cambios radicales en el quehacer de política fiscal, su desempeño durante este año será fundamental en la medida que será el punto de partida para el próximo gobierno, tanto en la estructura de ingresos y gastos así como de la posición fiscal referente al balance y deuda pública.

La Secretaría de Hacienda publicó los resultados de las finanzas públicas al primer semestre del año. Los resultados tienen un sesgo positivo, en virtud de que las cifras de ingresos públicos superan las metas establecidas respecto a lo programado a principios del año, con lo cual ha sido posible cubrir el excedente del gasto respecto también en relación a lo previsto e incluso se ha superado la meta del balance público.

En efecto, el balance público alcanzó en el primer semestre un déficit de 206.7 mil millones de pesos (mmdp), muy por debajo del programado de 337.8 mmdp. No obstante, a pesar de estos resultados favorables existen algunos puntos en los cuales vale la pena una reflexión.

Los ingresos públicos estuvieron por arriba de lo programado en casi 200 mmdp, una tercera de este excedente parte se originó en los ingresos petroleros, debido principalmente al incremento del precio de la mezcla de petróleo. Asimismo, la fuente principal de mayores ingresos respecto a lo programado se localiza en los ingresos tributarios no petroleros, especialmente en el IVA e ISR.

No obstante, hay que considerar que el dinamismo en la recaudación de los impuestos tributarios ha sido muy bajo, sólo 1.1% real anual, casi la mitad de lo que la economía ha crecido en el mismo periodo (históricamente tienden a crecer al mismo ritmo).  El bajo dinamismo de la recaudación del impuesto sobre la renta y la caída en el Impuesto Sobre Producción y Servicios (-17%) explican el lento crecimiento del agregado de los impuestos tributarios no petroleros. En particular, el desplome del IEPS puede explicarse en gran parte por la caída en el IEPS de gasolinas, ya que frente al incremento de los precios internacionales de este energético, el subsidio se ha venido incrementado a lo largo de este año.

Por el lado del gasto, persiste la tendencia ascendente. El incremento de 4.7% real anual resultó más del doble de los ingresos públicos de 2.1% (para estos últimos no se considera el Remanente de Operación de Banxico en el 2017). El incremento se explica por el componente no programable, en particular, por el mayor costo financiero que probablemente estuvo impulsado por  las mayores tasas de interés internacionales.

Asimismo, destaca el fuerte repunte de la llamada inversión impulsada de  8.7% real anual, que coadyuva romper la tendencia decreciente de la inversión pública. Aunque por otro lado, el llamado gasto estructural ha mostrado una dinámica ascendente acelerada con un incremento de 5.7%.

En general, a pesar de las mayores presiones sobre el gasto, las finanzas públicas durante la primera mitad del año han mostrado un desempeño favorable, con señales positivas para el cumplimiento de las metas fiscales pretendidas para este año y bajo los lineamientos y estrategia  de la presente administración. Así, con base en las cifras oficiales, es previsible que se alcancen un superávit primario equivalente al 0.8% del PIB y a una disminución de la deuda pública a un nivel equivalente a 45.5% del PIB.

EDITORIAL

 

 

Nicaragua lucha por su futuro

 

 

Nicaragua es una de esas naciones latinoamericanas que han sufrido desde su fundación múltiples golpes de Estado o revoluciones en su búsqueda por la paz y la democracia. Lamentablemente, esta meta no se ha alcanzado por la aparición de caudillos dictatoriales que llegan al poder y transforman las instituciones en una pantomima abominable; Daniel Ortega es uno de ellos.

La actual crisis, desatada el pasado abril, ha dejado más de 300 muertos y la violencia sigue en aumento. El ejército de Ortega se ha abalanzado contra los contingentes de jóvenes desarmados que le exigen su salida. A diferencia de otros conflictos históricos en el país, ahora vemos a la sociedad civil, armada únicamente con pancartas, tratando de recuperar el rumbo de una nación que ha sufrido por décadas de luchas caudillistas que la han llevado a tumbos de un dictador a otro.

La democracia es algo difícil de construir. Idealmente, necesita de la participación de todos los sectores de una población en una discusión pública en la que los poderes estén equilibrados. Ortega no es adepto a este tipo de proceso. Para muestra, tenemos los actuales ataques en contra de los obispos, quienes han fungido como mediadores clave entre la Alianza Cívica – convocada por la Iglesia en mayo, compuesta por estudiantes, empresarios, sindicados, grupos feministas y representantes de la academia – y el gobierno. Cuando las discusiones en las mesas de negociación no salieron como Ortega quería, arremetió contra los mediadores para tratar de minar la presencia de civiles y aumentar el número de partidarios a su régimen.

¿Qué le molestó tanto a Ortega de la gestión de la Iglesia y de la Alianza Cívica? Que lograron la atención de organizaciones internacionales de derechos humanos, denunciando la violencia desatada y clamando por adelantar las elecciones en Nicaragua para el mes de marzo.

Mientras tanto, la violencia no para y los desplazados se agolpan en la frontera buscando asilo. Tras 20 años en el poder, Daniel Ortega es el reducto autoritario de la figura del caudillo latinoamericano. Representa ese amo incuestionable que define a capricho el destino de lo que considera suyo. Anulando la idea de separación de poderes, pisoteando las ideas y las personas disidentes, un personaje sin límites que utiliza la retórica y la necesidad para perpetuarse en su delirio de poder.

La sangre corre y la indignación crece. Nicaragua, como gran parte de Centroamérica, ansía conocer una verdadera democracia que los lleve a alcanzar la paz. Ya es hora de cortar esta seguidilla de caudillos impuestos al golpe de las armas. La Alianza Cívica debe prevalecer para lograr una verdadera revolución; una sin armas y sin caudillos.

EDITORIAL

No tener 30 mil pesos

 

“Si a los 31 años no tienes una tarjeta de crédito con 30 mil pesos libres para pagarte un boleto a París, algo hiciste mal”. Una frase similar abrió el debate cuando Guillermo del Toro ofreció una beca para estudiar a un joven, pero originalmente no se cubrían los pasajes, por lo que pidió apoyo para lograrlo.

El crecimiento de la desigualdad es un fenómeno global que no se ha detenido desde 1980 y aunque en algunos países este incremento ha sucedido a diferentes velocidades, la concentración de la riqueza en unos cuantos y, por ende, la desigualdad de ingresos, no se han detenido.

El Informe Sobre la Desigualdad Global 2018 (WIR), elaborado por el World Inequality Lab, señala que la mitad más pobre de la población mundial ha tenido un incremento significativo en sus ingresos, particularmente en países con altas tasas de crecimiento; sin embargo, esto no significa que la desigualdad haya mejorado, ya que 1% de la población más rica recibió una proporción dos veces más grande que el crecimiento de 50% más pobre. Mientras 50% de la población obtuvo 13% del crecimiento global total, 1% más rico obtuvo 27%.

En el fenómeno de la desigualdad no sólo los ricos se hacen más ricos y se distancian de los pobres, sino que también esa disparidad ha empobrecido a la clase media. De acuerdo con el WIR, la clase media, que se encuentra arriba de 50% más pobre, pero debajo de 10% más rico, ha empezado a contraerse y hoy sólo tiene 29% de la riqueza mundial, mientras que el 1% más rico concentra 33%. La desigualdad no sólo está relegando a los más pobres, sino que está relegando a todos, excepto a los muy ricos.

En este punto vale la pena detenerse, porque muchas veces creeríamos que la clase media es mucho más pujante de lo que se cree y que, a pesar de que uno pueda estar en una posición privilegiada, no se siente particularmente rico. De acuerdo con el INEGI, para no formar parte del50% más pobre y saltar al decil VI, el ingreso mensual de un mexicano tiene que ser de $6,199. Para llegar hasta el decil IX, es decir, estar entre 20% más rico del país, se necesitan ganar 12,577 pesos mensuales. En promedio, esas 30 millones de personas de clase media ganan 8,879 pesos al mes. Estar por arriba de esos niveles significa formar parte de 10% más rico del país. De ese tamaño es nuestra desigualdad.

Buena parte de los ingresos se usan para vivir día a día; de hecho, el INEGI señala que en el decil I sólo se usan 1.5% de los ingresos para esparcimiento. En el decil IX esto sube hasta 4.2%. A esta tasa, alguien arriba de 80% más pobre tendría que ahorrar todo su gasto de esparcimiento por 56 meses para poder pagar 30 mil pesos. Alguien del decil I tardaría 1,249 meses, 104 años. Que alguien no tenga 30 mil pesos para viajar, y además juzgarlo, sí es sinónimo de que hicimos algo mal, pero como sociedad.

EDITORIAL

La capacidad para estar a solas

Ser capaz de estar solo es un hito al que la gente aspira para dejar de sufrir las rupturas, las ausencias, los abandonos, los desencuentros o un simple fin de semana en el que no hay más plan que leer un libro, escribir unas notas, cocinarse y hablar con una misma.  Porque cuando la compañía no se internalizó, es decir, cuando una figura primaria (madre-padre-cuidador sustituto) no estuvo suficientemente presente, la soledad se vuelve angustia y desolación.

La capacidad para estar a solas es el título de un breve artículo escrito por Donald Winnicott en 1958, quien la define como “uno de los signos más importantes de madurez dentro del desarrollo emocional”. El psicoanalista inglés dice que se ha estudiado más el temor y el deseo de estar a solas y no tanto la aptitud para hacerlo, porque hay mucho escrito sobre las relaciones bipersonales entre la madre y el bebé, sobre las tripersonales de las que da cuenta la teoría freudiana del Edipo pero no de las unipersonales: la relación que se tiene con el sí mismo.

Algunos valoran su soledad como uno de sus bienes más preciosos, otros sienten miedo de ser perseguidos y devorados así que la utilizan como una defensa contra la angustia de persecución, otros huyen de ella.

La capacidad para estar a solas se desarrolló, paradójicamente, en presencia de la madre; es poder estar solo cuando otro se halla presente, en lo real o en lo simbólico. Esta capacidad permite, entre otras cosas, estar con uno mismo aunque se esté en una relación, entendiendo que hay espacios para la soledad, el silencio, la lectura o las actividades por separado para respirar y existir de modo independiente. Las parejas que jamás se extrañan porque hacen todo juntas tendrán muchas más dificultades para desarrollar la autonomía y la creatividad que surge del mundo interior.

Es necesario, dice Winnicott, “un objeto bueno interiorizado” para poder estar solo y para creer que es posible un medio ambiente benigno.

“Yo estoy solo” es una declaración más compleja de lo que parece. El “Yo” hace referencia a la integración de la personalidad autónoma y diferenciada; “estoy” describe la vida y la existencia. Ser y estar; “solo” sin miedo porque se está acompañado desde adentro por una madre o un padre continuo, permanente y estable.

Quien sabe estar a solas es capaz de elecciones, decisiones y acciones independientes y busca a los otros como complemento y no como medios para alejar la angustia de la soledad.

Cuando al finalizar una relación se persigue, se ataca o se amenaza al objeto perdido, es evidente que la relación se basaba en el miedo a la soledad. Solo es capaz de elaborar el fracaso y el duelo de la pérdida quien sabe que estar consigo mismo es una zona neutral de experiencia libre de peligros y un lugar de descanso. La soledad es esa zona intermedia entre la realidad exterior y la interior. Vivirla con tranquilidad es señal de madurez emocional.

EDITORIAL

 

 

No es sólo Canadá y EU: es también Centroamérica

 

En estos días hemos visto ya perfilada lo que será la política exterior que instrumentará Andrés Manuel López Obrador. Difícilmente pasará de la primera quincena de agosto cuando le entreguen su constancia como Presidente electo. Va a ser un momento que le va a permitir mayor capacidad de maniobra; aunque queda muy claro que con constancia o sin ella, ya la tiene.

Hasta ahora, todo se ha concentrado en la relación con Estados Unidos y Canadá. Como era de esperarse, el encuentro con la muy sensible canciller canadiense resultó más favorable del que tuvo con la tumultuosa delegación de EU. Marcelo Ebrard, próximo canciller, ha asegurado que hay una abierta disposición del nuevo gobierno para establecer lazos muy distintos de los que hoy tenemos con Centroamérica.

La migración es un asunto multifactorial. Los gobiernos centroamericanos han hecho muy poco por inhibir la salida de los jóvenes de sus países. En otro tiempo, la constante era la búsqueda de mejores condiciones económicas; hoy las cosas son distintas. Muchos jóvenes salen de sus países materialmente huyendo de la violencia. Otros son forzados a pertenecer a bandas delincuenciales; a tal grado, que son sus propios padres quienes crean condiciones para que dejen sus hogares. Es un tema dramático que da la impresión que, por parte de México, el gobierno de Estados Unidos y los gobiernos centroamericanos, particularmente Guatemala, Honduras y El Salvador, no han querido entender.

La migración, de ser un asunto estrictamente económico, buscando mejores condiciones de vida, se convirtió, en un buen número de casos, en acto de sobrevivencia.

El gobierno mexicano se ha dedicado en los últimos años a hacer una especie de trabajo sucio, cerrando la frontera sur; por eso Barack Obama lo llenó de elogios y, por eso, también a Trump hay una parte que le simpatiza de Peña Nieto, por lo que ha hecho su gobierno. México tiene que cambiar su política en materia de migración; tenemos que entender el fenómeno hoy como un tema multifactorial y como un asunto central en la agenda con EU.

Marcelo Ebrard tiene un reto mayúsculo. Debe hilar una política muy fina y entender que si se trata de instrumentar una política migratoria nueva, moderna y solidaria, va a ser muy difícil que no haya una confrontación directa con el gobierno de EU. Estos días, el futuro gobierno se debió dar cuenta de lo que puede venir. Con Canadá queda muy claro que tenemos un objetivo común, llamado TLC; ni a ellos ni a nosotros nos convienen tratados bilaterales, la ministra de ese país le vino a decir eso a López Obrador. Lo que está claro es que EU piensa en definitiva en este tema de otra manera: presiona, ataca y luego se pone a negociar. Seguimos siendo de la idea de que por más que se envíen cartas de siete cuartillas al presidente Trump, las cosas, en esencia, difícilmente van a cambiar.

La futura política exterior debe considerar los nuevos ordenamientos mundiales. México puede controlar, en lo general, su migración; por ello tiene razón López Obrador: hay que crear condiciones económicas distintas al interior del país; pero en lo que eso llega, la migración seguirá siendo un fenómeno latente, sin pasar por alto que el tema migratorio muchas veces no tiene que ver necesariamente con condiciones económicas o de sobrevivencia; forma parte de la condición humana.

El futuro gobierno ya se dio un entre inicial con EU y Canadá. Lo que viene es un gran reto: entendernos e instrumentar políticas comunes con Centroamérica, sin que en ello medien políticas severas y discriminatorias en nuestra frontera sur.

EDITORIAL

México, un cementerio

La próxima secretaria de Gobernación en la administración López Obrador, la exministra de la Suprema Corte de Justicia, Olga Sánchez Cordero, declaró que las dos últimas administraciones habían dejado a México hecho un cementerio.

La manera en la que Sánchez Cordero lo dijo puede ser discutible, pero el hecho es que, si asumimos que en los últimos años hemos tenido por lo menos 160 mil muertos por ajustes de cuentas, miles de personas desaparecidas y una creciente sensación de inseguridad, la descripción no está muy alejada de la realidad.

La pregunta es por qué estamos en esta situación y, de acuerdo a cómo se responda, al diagnóstico que realice sobre el tema la próxima administración, podremos revertir esa situación o continuar con la espiral ascendente. La exministra, Alfonso Durazo y el propio López Obrador han puesto el acento en la pacificación del país.

Nadie podría cuestionar ese propósito: el país necesita volver a vivir en paz; necesita que la gente recupere la confianza para vivir segura en su propia casa (hoy, casi 86 por ciento de los ciudadanos se siente inseguro dentro de su propio hogar); necesitamos que poco a poco —nada se logrará mágicamente—, se recuperen el imperio de la ley y de la convivencia, que hoy se ven tan alterados.

Pero precisamente por eso se debe ver realmente en qué fallaron las administraciones de Calderón y Peña en el ámbito de la seguridad, asumiendo, además que ambos gobiernos pusieron enormes esfuerzos personales, económicos y políticos en ese terreno.

Lo primero que se debe asumir es que no se puede recuperar la seguridad sin reducir los índices de impunidad: hoy, cerca de 95 por ciento de los delitos denunciados (no los cometidos, sólo los denunciados) quedan impunes; la cifra es un poco menor en el ámbito federal, pero cae dramáticamente en los estados, en la justicia local.

La reforma al Sistema de Justicia Penal, con todos sus beneficios, también ha contribuido, involuntariamente, a esa impunidad: nadie duda que debemos tener un sistema penal garantista, pero con la utilización errada de la fórmula sobre las faltas al debido proceso, son miles los delincuentes que regresan a las calles; algunos con justicia y para rehacer su vida y otros para volver a delinquir; muchos de ellos, criminales peligrosos.

Los procesos se deben reponer cuando existan faltas al mismo, pero no se pueden dar liberaciones casi en automático.

Muchos jueces, por incompetencia, por miedo o por corrupción, simplemente se doblan ante las presiones delincuenciales. ¿Cómo entender de otra forma, por ejemplo, a la jueza de Tamaulipas que impone multas a los secretarios de Marina y Defensa sin una causa justificada por la desaparición de una persona; pero, al mismo tiempo, libera a casi todos los delincuentes de un determinado grupo criminal que llegan a su juzgado?¿Cómo entender que haya jueces que una y otra vez obligan a las autoridades federales a regresar a penales locales a peligrosos delincuentes que habían sido trasladados a cárceles de alta seguridad? Así se han dado dos fugas increíbles en los últimos meses, en Sinaloa.

Por supuesto que hay que revisar los casos de todas las personas detenidas e implementar, con quienes puedan tener ese derecho, un plan de liberación anticipada o preliberación; pero eso no debe ser considerado en términos estrictos una amnistía. Porque de la mano con ello, se debe ser más estricto con los delincuentes realmente peligrosos y recuperar el control de las cárceles, hoy en manos, sobre todo en el ámbito local, del crimen organizado.

Hacer justicia y pacificar el país requiere voluntad política, y ésta existe, pero demanda como acción prioritaria crear las condiciones para ello; y antes que nada exige acabar con la impunidad. Nadie en el futuro gobierno de López Obrador sabe más de ello, por su historia, que Olga Sánchez Cordero.

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