EDITORIAL

¿Mascarilla anticontaminación o chaleco antibalas? ¿o ambos?

¿A dónde irán a parar los capitalinos en la crisis que están enfrentando de contaminación, en el cielo y en la tierra?

Las partículas contaminantes se meten por la nariz, por los ojos y, sobre todo, por el estado de ánimo que va del mal humor al miedo, al terror, en estas calles donde ya van de la recomendación del uso de la mascarilla anticontaminación, al chaleco antibalas y no es exageración, si en sólo dos días sumamos diez muertos.

Tres balaceras en una sola jornada se registraron esta semana, en la que ya fue difícil diferenciar las áreas habituales de la delincuencia del barrio bravo de las zonas de la “banda fifí”, en pleno Polanco donde se abrió la agenda roja esta semana.

Moliere y Homero, una de las esquinas más concurridas y caras de la ciudad de México, quedó bañada en la sangre de un hombre identificado como un exmilitar que se desempeñaba como mensajero, al que le fue robado un paquete y al intentar defenderse, lo mataron a tiros.

Esa misma tarde, en la colonia Morelos, al interior del barrio de Tepito, tres hombres más fueron asesinados, al parecer presuntos integrantes de “La Unión”.

Mismo día, misma tarde, otros dos homicidios ocurrieron al interior de un estacionamiento de la colonia Doctores, sin que se determinara el móvil de los hechos… 6 muertos en una sola jornada.

Las alcaldías de Miguel Hidalgo —donde se encuentra la avenida más cara de América Latina— y la de Cuauhtémoc —donde están las áreas de divertimento y cultura más populares en la ciudad— fueron blanco de los actos más violentos de la semana, en plena calle, con luz del día y arriesgando a los que simplemente iban pasando.

En la colonia Condesa, —luego de lo que, al parecer, fue una disputa entre hombres que viajaban en dos vehículos— quedó el cuerpo sin vida de uno de ellos dentro de un coche, en el pintoresco camellón de la calle de Campeche.

Más tarde, ese mismo martes, otra balacera ocurrió en pleno Periférico, en el sur de la ciudad, donde un presunto ladrón perseguido por elementos de la policía fue herido de bala y luego chocó en los carriles centrales donde murió; mientras el Periférico no detenía su vertiginosa rutina y los vehículos seguían su paso…

En la Ciudad de México, a la contaminación ambiental le acompañan las balaceras y los muertos, y hoy el miedo en el ambiente es tan contaminante como las partículas suspendidas.

546 homicidios dolosos se han registrado en la capital durante los primeros 4 meses de este 2019.

La Dra. Claudia Sheinbaum, junto con su secretario de Seguridad Ciudadana, el Mtro. Jesús Orta, a su llegada prometieron una estrategia de seguridad efectiva que no han podido cumplir, sólo han registrado como resultado el aumento del 20.52 por ciento de homicidios dolosos en la Ciudad de México, en relación al mismo periodo de 2018, y 50.41% más que en 2017.

El asalto en el transporte público ha tenido un incremento de 197 por ciento en el primer cuatrimestre del nuevo gobierno (diciembre de 2018 a marzo de 2019), con relación al mismo periodo del gobierno anterior, cuando la cifra fue de 1,065 casos denunciados, comparado con los 3,165 que en el nuevo periodo fueron contabilizados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Y así van transitando, sobreviviendo como un volado, día con día en una calidad MALA, no sólo del aire que respiran, sino del clima social en el que viven, tan atemorizados como impotentes y con esta horrible sensación de desamparo.

Hoy la realidad de los capitalinos es que tienen que evitar las calles, los espacios públicos, la actividad física al aire libre, o simplemente viajar en el auto con la ventanilla abajo…

A eso los han sometido los altos índices de contaminación y la ineficacia de las autoridades para resguardar a los ciudadanos de la violencia, la inseguridad y “las balas perdidas”; en esta Ciudad de México que se reporta enferma, herida, no sólo del aire que respira…

EDITORIAL

La homofobia, una enfermedad que sí tiene cura

Este 17 de mayo, Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, las personas que padecen esta enfermedad deben saber que tiene cura y que no tienen que vivir con este mal, que daña terriblemente a las familias y a la sociedad.

La fobia es el temor intenso e irracional, de carácter enfermizo, hacia una persona y/o el odio o antipatía intensa por alguien; mientras que la homosexualidad es el amor y la atracción física entre personas del mismo sexo. Entonces entendemos por homofobia el odio y/o el miedo que alguien tiene hacia las personas homosexuales, gay, lesbianas, bisexuales, intersexuales y travestis, a la que se suma también la transfobia, es decir, el odio y/o miedo  a las personas cuya identidad de género que les designaron al nacer no es con la que se identifican.

Es curioso como a veces las conductas humanas pierden su foco real, ya que mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció que las personas homosexuales y transgénero/transexuales no padecen ninguna enfermedad, hay una serie de intentos sociales, culturales y de creencias religiosas que insisten en que están enfermas e, incluso, afirman tener el remedio para la enfermedad. Y digo que es curioso porque, por otro lado, la misma OMS reconoce como enfermedad a las fobias y las coloca dentro de la clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento. Muchos y diversos son sus tratamientos, además que tienen un alto índice de recuperación, pues no hay nada más irracional que el miedo o el odio a una persona por su forma de amar, pero poca difusión se le hace a la posibilidad de cura y se cree que padecerla es normal.

La enfermedad de la homofobia desafortunadamente ha causado muchas muertes a lo largo de la historia de la humanidad, que incluso se han convertido en políticas de estado homofóbicas, como podemos ver en países de Medio Oriente y de África, donde se dan los números más altos en el planeta de crímenes contra personas homosexuales o trans, pues consideran la pena de muerte, la aplicación de castigos corporales y/o la cadena perpetua.

Por supuesto que en estos países no se lleva ningún registro estadístico, como se hace en México, y pasan invisibilizados en la contabilidad mundial, sin siquiera ser mencionados por sus terribles crímenes. Mientras que aquellos que reconocen los asesinatos de odio en sus códigos penales se llevan los primeros lugares.

En nuestro país aún no estamos en el lugar que quisiéramos. Sin embargo, lo logrado ha dignificado la vida de muchas personas de la diversidad sexual y de género, lo que coloca a muchas entidades federativas como espacios incluyentes; pero aún tenemos una deuda pendiente. Y es que mientras no se reconozcan como torturas las prácticas que buscan corregir la homosexualidad e incluso se permitan, violentando el derecho que tenemos de construir nuestra personalidad y de amar a quien cada quien desee, seguiremos fomentando las  expresiones y conductas homofóbicas.

Por lo pronto, y para fines del 17 de mayo, la buena noticia es que las personas que padecen la terrible enfermedad de la homofobia se pueden curar. Y hasta en una de ésas, se suma este mal al catálogo de los servicios básicos de salud que brinda el Estado.

EDITORIAL

¿Así nos vamos a ir todo el sexenio?

Por menos trascendente que pudiera ser un comentario sobre el gobierno todo tiende a magnificarse.

Si las cosas de por sí se sienten y están confrontadas, el clima político se pone como el ambiente de estos días en Ciudad de México por la contaminación; todo se ve mal, gris, enfermizo y adverso.

Nuestra capacidad de respeto a lo que piensa y dice el otro se ha diluido. López Obrador está siendo un factor de consenso, pero paradójicamente de gran división. Sus opiniones y señalamientos son reinterpretados de singular forma por sus seguidores, y por quienes lo apoyan a través de las redes.

Hemos sido testigos y parte de lo que desde hace tiempo ha sido denostar y defender causas, sin que el razonamiento y las ideas prevalezcan. El insulto ya está entre nosotros como parte de nuestras relaciones.

Los riesgos de esto van creciendo, los insultos y la falta de respeto entre nosotros van a aumentar, lo que va a provocar, de hecho ya lo está provocando, que se incrementen las diferencias, que el clima se vaya enrareciendo aún más, y que se vayan diluyendo las posibilidades de entendernos.

Estamos entrando como sociedad en un callejón sin salida. Por una parte quienes quieren ver a López Obrador como eje de los males, exigen resultados como si fuera posible tenerlos en el poco tiempo que lleva en la Presidencia. Lo que no ayuda en esto al gobierno es su forma de responder y, sobre todo, concebir las cosas.

No tiene sentido que se la pase responsabilizando al pasado, al neoliberalismo, de todos los problemas que tenemos. El tiempo corre desde algunos meses a favor o en contra del gobierno, según se quiera ver.

Con el gran apoyo social que tiene el gobierno, a lo que se suma la mayoría que tiene en el Congreso, y el que se va construyendo en la Corte, López Obrador tiene una capacidad de maniobra que no se había tenido en el país en décadas. Quiere decir que los resultados se exigen con mayor prontitud, en razón de que tiene un control, hasta cierto punto inédito.

La intransigencia, de la cual ya le hemos estado hablando, ha ido creciendo y no hay indicador alguno de que vaya a desaparecer. El entorno no ayuda ni tantito, el propio Presidente mantiene un uso del lenguaje confrontativo que al ser reinterpretado, por los que están a favor y en contra, termina generando un clima poco propicio para el debate.

Lo que está echado a andar desde hace tiempo son los ataques entre los furibundos seguidores del Presidente y los anti-AMLO, y en el camino terminan por estar, a querer o no, los analistas, la crítica y la comentocracia. Todo está revuelto y no se ve que vaya a cambiar el estado de las cosas, da la impresión que así nos vamos a ir los seis años.

López Obrador no va cambiar ni el tono ni el estilo. Lo grave es que ante los escenarios que tenemos se van a ir perdiendo las posibilidades de encontrar vasos comunicantes. Van a prevalecer las confrontaciones, porque ante lo que hemos estado viendo y estamos viviendo hay ya una muy larga lista de agravios que no va ser nada fácil arreglar o componer.

Los comentarios de Brozo sobre la mañanera, y la reacción que ha provocado, muestran en lo que estamos. Es cuestión de revisar lo que ha pasado por los medios y las redes para percatarse cómo están las cosas entre nosotros. El “hilo” en Twitter de lo que se dice sobre lo que comentó Brozo es un todo contra todos en medio de enojos, insultos y el descrédito.

Para un país tan desigual en lo social y económico las confrontaciones pueden crear riesgos incontrolables, las redes ya lo están señalando. Todo indica que así será todo el sexenio. El serénense es para todos y por todos.

EDITORIAL

China desafía a Estados Unidos

La tan temida guerra comercial entre Estados Unidos y China es una realidad. Las tensas negociaciones entre ambos países no se han roto pero claramente se levantaron de la mesa esta semana sin un acuerdo y entre declaraciones fuertes. Sin una fecha para retomar el diálogo, lo que marcará la pauta de este enfrentamiento es la respuesta del presidente Xi al incremento de aranceles de Trump, elevando él también los aranceles a gran parte de las importaciones del país norteamericano.

China había pedido a EU retirar los nuevos aranceles por considerarlos dañinos para ambos países. La comunidad internacional llamó a la prudencia a Trump al considerar que una guerra comercial podría causar serios problemas para la economía global. Sin embargo, Trump no se destaca por sus sutilezas y mantuvo la medida al tiempo que amenazaba a Xi por Twitter, invitándolo a no reaccionar elevando aranceles y manteniendo sus peticiones para que China modifique su modelo económico. Esta medida fue la gota que derramó el vaso. Xi no puede aceptar lo que calificó su gobierno como peticiones “irracionales” e “indignas”, por lo que elevaron los aranceles.

Si bien la diplomacia no es el fuerte de la administración Trump, no estamos tratando con personas ineptas. La economía estadounidense ha tenido un buen año en buena medida por el proteccionismo instaurado. Sin embargo, China creció al doble y tiene cartas fuertes de cara al juego de los aranceles. Trump enfrenta una campaña por su reelección y esto lo hace vulnerable a ataques sobre productos elaborados en los estados clave para su campaña. Sin embargo, la imagen mediática de un presidente fuerte que golpee a China e impida su eminente coronación como superpotencia podría garantizarle la reelección. Pero, ¿a qué costo?

Nadie quiere ver un enfrentamiento abierto entre China y EU. China está convirtiéndose en un mercado interesante para Latinoamérica en su intento por abrir nuevos horizontes y diversificar y balancear las relaciones comerciales. Europa también parece favorecer ligeramente a China en este conflicto. Ante esto, Estados Unidos debería sofisticar sus estrategias y no exigir cambios que, a ojos de Xi, atentan contra la soberanía del país asiático.

A partir de junio entrarán en vigor los primeros aranceles chinos en lo que pinta para ser una guerra comercial de desgaste. EU buscará apoyos en sus aliados para frenar por varios frentes el avance de la economía china. De ahí las trabas a empresas de tecnología y los problemas que ha tenido Huawei, por ejemplo, en suelo americano. Sin embargo, Trump no ha sido muy listo a la hora de mantener de su lado a países occidentales que ahora prefieren integrarse a las nuevas rutas de la seda.

EDITORIAL

Desaparición forzada, se avanza

Como muchos de los grandes problemas que tenemos, el de los desaparecidos también nos rebasa. Es una pesadilla para miles de familias mexicanas que viven en vilo y aferradas a la esperanza de poder encontrar a los suyos.

Durante mucho tiempo diferentes gobiernos evadieron el tema bajo la premisa de que el problema no era del tamaño que se planteaba.

Esta absurda estrategia llevó a que no se hablara del asunto como si no existiera, o que fuera visto como una pelea entre los “malos” por la “plaza”, según algunos gobernantes, como si eso fuera una explicación satisfactoria.

Lo que se fue dando al paso del tiempo fue que se incrementó el número de desapariciones forzadas y que no se atendió, en su debida dimensión, un problema social y político de enorme envergadura.

Muchos gobiernos, tanto el federal como algunos estatales, son responsables por omisión. No enfrentaron el problema bajo el supuesto de que no era de su competencia o de que la pesadilla no era de la magnitud que se decía.

En ambos casos todo entraba en el terreno de lo absurdo y de no reconocer el gran problema que ya tenía el país, tratando con ello de cubrirse las espaldas o minimizándolo, como si no tuvieran responsabilidad alguna.

No se quiso asumir que en muchos casos eran los propios gobiernos los responsables de las desapariciones.

El caso de los 43 normalistas en Iguala se convirtió en la manifestación más acabada de esto. Los estudiantes fueron detenidos, o secuestrados, por la autoridad para luego ser entregados a la delincuencia organizada.

El caso resultó emblemático y acaparó la atención debido a que se evidenció un modus operandi, que no es ajeno a lo que pasa en muchos otros casos.

Otras variables que han estado presentes en la “noche más triste” y que han provocado rabia en la sociedad, ha sido la torpeza con que se ha manejado el caso.

Junto con esto se ha presentado un fenómeno que quizá sea lo más significativo de todo el tema: la reacción indomable de los padres de los estudiantes desaparecidos que ha derivado en una reacción de solidaridad y rabia social.

La desaparición de los normalistas es de alguna forma una especie de representación acabada de lo que pasa en la mayoría de los casos de desaparición forzada. Tiene que ver con los muchos casos denunciados: autoridades, lo que incluye en el historial a soldados y marinos, detienen a ciudadanos por su perfil o porque se los piden, en particular jóvenes, para luego entregarlos a los delincuentes.

Pueden presentarse casos en que sean los propios delincuentes quienes llevan a cabo las desapariciones, pero es muy difícil, cerca de lo imposible, que las autoridades no estén al tanto de lo que pasa. No es casual que en muchas ocasiones, cuando se presentan denuncias, las autoridades inhiben a los denunciantes o los conminen absurdamente con un “mejor ni se meta” o “no se busque más problemas”.

El actual Gobierno ha entendido el tamaño del problema, se ha mostrado atento y, sobre todo, sensible ante las miles de familias afectadas. No basta con ello, pero en función del pasado y de la insensibilidad de años es un gran avance.

Si en el país no se construyen nuevas condiciones de vida será muy difícil que se erradique la desaparición forzada. Éste es el otro gran componente que tiene enfrente el Gobierno.

Si las cosas no se transforman en el país, por más que se sea sensible y se tenga atención a ello; de no cambiar las raíces del problema seguirán las desapariciones forzadas.

Lo importante en estos meses, es que parece que ahora si a nadie le pasa de largo nuestro doloroso y triste problema.

EDITORIAL

México, una madre que llora

En México 32.7 millones de mujeres tienen al menos un hijo vivo, y de tener la suerte de estar cerca de ellos (porque en México eso ya es una suerte…) esta semana muchas de ellas nos unimos a la celebración del Día de las Madres, como cada año.

Mientras tanto, para otras miles de madres, el 10 de mayo seguramente transcurrió a la espera -en muchos casos desde hace cientos de días- de una llamada, de una noticia, de alguna ubicación, de alguna pista…

El jueves pasado se manifestaron afuera de Palacio Nacional madres de desaparecidos que piden cuentas sobre el apoyo prometido a su búsqueda; en algunos casos acumulan años, incluidas madres que buscan a alguno de los más de 9 mil niños que desde 1995 han desaparecido.

Desde 2007 más de 6 mil 600 desapariciones de menores han sido registradas, de ellas el 75% durante el sexenio pasado. 4 mil 980 menores de 14 años desaparecieron de diciembre de 2012 al 30 de abril de 2018.

La CNDH ha señalado que en México desaparecen en promedio 4 niñas, niños o adolescentes cada día, y 3.6 son asesinados. Pero esto es sólo un dato duro de los muchos otros que describen un panorama desolador que enfrentan los hijos más jóvenes de México.

Esta semana platiqué con Ricardo Bucio, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (Sipinna), y coincido con él en que:

“No hay manera de gobernar México si no tomas en cuenta las necesidades de 40 millones de personas”…

Y es que esos 40 millones de personas son niños y niñas, que se advierten poco entre las prioridades de la administración de Andres Manuel Lopez Obrador.

Y no es algo nuevo, por desgracia así ha sido desde hace varios sexenios, lo cual nos ha dado el resultado catastrófico de una parte importante de la infancia mexicana, vulnerada, lastimada, irrecuperable.

En México, 20 millones de niños viven en situación de pobreza, siendo los indígenas quienes llevan la peor parte, sumando la discriminación a su condición económica; niños que viven sin acceso a servicios básicos, que es un derecho para el bienestar humano.

1.5 millones de niños padecen desnutrición crónica en comunidades marginadas y en el nivel básico de educación, el 36% de ellos, en secundaria, ya presentan algún grado de obesidad.

Y la secundaria justamente es el nivel de educación promedio entre muchas madres mexicanas, pues el embarazo infantil es otro de nuestros vergonzosos problemas, que además ha ido en aumento.

Si bien comienzan a disminuir los nacimientos de madres de 15 y 17 años, no dejan de crecer entre niñas de 10 a 14 años.

En 2016 se registraron 11,807 embarazos en ese rango de edad, la mayoría de ellos derivados de violencia sexual, que aumentó 305% de 2010 a 2018 en niños de 0 a 5 años.

En nuestro país, 3.2 millones de niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años trabajan, (el 64.7% en ocupaciones no permitidas, y más de 1 millón en actividades peligrosas).

Aquí es donde aparece el terrible escenario de la pornografía infantil, donde México ocupa el primer lugar en difusión, según la clasificación realizada por la ONU y el Departamento de Seguridad de EUA.

En turismo sexual infantil ostentamos el muy deshonroso segundo lugar, siendo Acapulco, Tijuana y Cancún las ciudades con mayor incidencia.

Y todo lo anterior, ciertamente es una herencia terrible de las administraciones pasadas, pero ni modo, le toca a la actual enderezar el barco, con políticas públicas adecuadas y programas en materia de salud y asistencia, que resulten efectivos en esa materia.

Atinadamente Ricardo Bucio señala que hay que empezar por observar a los niños como ciudadanos con necesidades particulares distintas y específicas, que deben ser atendidas con urgencia.

Ordenar las iniciativas desde el nivel municipal hasta el federal, estandarizarlas, y homologar los criterios para un manejo efectivo de las problemáticas, que como ya vimos, no son pocas ni se pueden postergar.

La reinstalación del Sipinna es una gran oportunidad de instrumentar programas que promuevan los derechos de la infancia y que mejoren los protocolos de atención, para evitar también que los niños sigan siendo captados por la delincuencia organizada.

Ojalá se aproveche la oportunidad. Ojalá se designen los recursos necesarios para salvar la vida de millones de pequeños mexicanos. Ojalá que México por fin deje de ser esa madre que tanto llora a sus niños.

EDITORIAL

¿Para qué servirá el PND?

Los gobiernos priistas produjeron planes nacionales de desarrollo soporíficos, pero sagrados para los funcionarios. Eran documentos grandes y con un argot burocrático convencional, aunque espantoso para los oídos de los puristas de la lengua. Servían para copiar de ahí párrafos usados luego como “considerandos” y preámbulos en otros documentos oficiales.

Vicente Fox buscó dinamizar la planeación oficial. Produjo un Plan Nacional de Desarrollo (PND) más fresco, inspirado en los documentos ejecutivos de las grandes empresas, con diagramas de flujo y tablas estadísticas.

El PND de la 4T, presentado el 30 de abril del 2019, responde a un tercer estilo, más retórico. Repite los “slogans” y explicaciones usados por AMLO a lo largo de su carrera. Pero si el Presidente es un genio de la comunicación política según el exprimer ministro español Felipe González, aún está por verse si sus consignas e ideas recurrentes servirán a la planificación en la administración pública.

Contra lo que muchos piensan, la planeación oficial no es una práctica exclusiva de las economías socialistas. Las sociedades democráticas y liberales también planifican. Por ejemplo, acabar con los monopolios fue un plan legítimo en Estados Unidos en el siglo XIX. Se definió legalmente qué era un monopolio, luego se peleó en los tribunales la legitimidad de ese enfoque; más adelante se distinguió entre monopolios legítimos e ilegítimos y se creó una institución ad hoc, la comisión antimonopolios, que imponía sanciones.

El PND de la 4T logra señalar algunos fines generales a conseguir por la administración pública federal. Pero es tan descuidado y retórico que poco aclara de cómo se repartirá la participación de cada uno en la consecución de esas metas.

La lucha contra la corrupción inició sin siquiera aclararse con cabal precisión cómo entender lo que significa corrupción. O se afirma, por ejemplo, que se implementará “un programa de entrega de fertilizantes, donde éstos no dañen los suelos” para enseguida aclarar que en Coatzacoalcos se iniciará la operación de la planta de fertilizantes nitrogenados, los que precisamente dañan más los suelos.

A pesar del “slogan” de “no dejar a nadie atrás, no dejar a nadie fuera”, todos sabemos que quedarán fuera de sus estancias infantiles muchos niños y de sus oficinas miles de funcionarios. Que para ahorrar se pretende que personas con enfermedades raras muy costosas queden fuera de los centros de atención especializada o, para dar un último ejemplo, que inversionistas en energías limpias, como la eólica y la solar queden fuera de las licitaciones.

El PND propone prohibir adjudicaciones directas, pero mucho es adjudicación directa en la 4T.

Y está el gran tema de los jóvenes. Ya sabíamos que se otorgarían becas. Pero un gran reto pendiente es monitorear en tiempo real qué harán los muchachos con los recursos que se les asignen ¿Invertir productivamente? ¿Formarse? ¿Gastar frívolamente y fortalecer la sociedad de hiperconsumo que está tan asociada a la cultura de la violencia?

30 aniversario del PRD

Mientras el pasado domingo 5 de mayo se conmemoraba un aniversario más (el 157) de la Batalla de Puebla… en Coahuila (¿?), y se debatía en redes sociales sobre los alcances de las marchas en distintas ciudades del país en contra del gobierno de López Obrador, otro importante aniversario pasó relativamente desapercibido: los treinta años del Partido de la Revolución Democrática.

Coyuntura crítica. Huelga decir que el ánimo no está para soltar pirotecnia. Dentro de las distintas crisis que ha experimentado el partido, el 30 aniversario le toma en una de las más graves, que amenaza su mera supervivencia. El PRD es uno de los grandes damnificados de las elecciones generales del año pasado. Hoy, la mayoría de los liderazgos icónicos que fundaron el partido y que siguen vivos (Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez), ya no son parte de él. En su último lustro fue experimentando importantes escisiones que sirvieron para construir la que es la fuerza política dominante del momento, Morena.

Juicios limitados. Suele hacerse un juicio de muy corto plazo y categórico para explicar la desventura que hoy experimenta el PRD, como si la alianza formada con el PAN y Movimiento Ciudadano para las elecciones presidenciales de 2018 fuera la decisión crucial que explicara su debacle. Suele olvidarse que esa alianza electoral no es nueva. Como antecedente, en 2010 se presentaron las primeras coaliciones que llevaron a que por primera vez se diera la alternancia en las gubernaturas de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, hasta entonces gobernadas siempre por el PRI.

Legado. Más allá de sus desaciertos (desempeños gubernamentales de regulares a malos y la puja permanente de las llamadas “tribus” por el control del partido), no debe soslayarse que el PRD fue un actor indiscutible en el periodo de transición y consolidación de la democracia electoral en México. Amplió el abanico de la pluralidad política con una alternativa de izquierda fortalecida y durante mucho tiempo, considerablemente unificada, con ambiciones y buenas probabilidades de triunfos presidenciales —particularmente después de la Reforma Electoral de 1996, que le dejó con financiamiento público suficiente para disputar elecciones en forma competitiva—. No es menor.

Dilema a futuro. El PRD sigue siendo un integrante importante del sistema de partidos mexicano y aparecerá en las boletas como alternativa en las elecciones intermedias de 2021. No es menor ni despreciable esa plataforma, considerando el grado de atomización y polarización al que ha llegado nuestro sistema de partidos. Con todo, no son muchas las opciones que tiene en el corto plazo: o se levanta del raquitismo en el que el electorado lo dejó, detiene la pérdida de cuadros frente a la cooptación de Morena, y se reinventa para presentar una oferta política atractiva a la ciudadanía —para así, al menos, salir de la zona de peligro de pérdida de registro—; o de lo contrario, muy pocos aniversarios más le quedarán por celebrar, antes de que tenga que concluir su ciclo como partido político nacional.

EDITORIAL

¿Quién barre en su casa?

Uno de los objetivos de la Cuarta Transformación es emprender una regeneración moral de la sociedad mexicana. Estoy convencido de que todos los mexicanos deberíamos estar unidos en este proyecto, más allá de nuestras diferencias políticas e ideológicas.

El Presidente López Obrador tiene dos planes para lograr este fin. Ambos pueden resultar ingenuos, pero, por lo menos, ponen el tema sobre la mesa de discusión y, por lo mismo, pueden ser el punto de partida para desarrollar proyectos más firmes.

El primero es moralizar la administración pública por medio del ejemplo. Como dijo alguna vez, las escaleras se barren de arriba hacia abajo y a él le toca comenzar a barrer desde lo más alto de la estructura gubernamental.

El segundo proyecto, mucho más ambicioso, es moralizar a la sociedad en su conjunto. Para ello, concibió el plan de redactar y distribuir una “constitución moral” que sea la base doctrinaria sobre la cual la sociedad mexicana cambie sus formas de vida para bien.

El asunto de la mal llamada “constitución moral” ha dejado de estar en el centro de la atención pública. No sabemos cómo avanza esa tarea y, a decir verdad, tal parece que a nadie le interesa demasiado. Estoy convencido de que ni siquiera los colaboradores más cercanos del Presidente López Obrador creen que el plan de redactar una “constitución moral” sea buena idea. En otros artículos he manifestado varias críticas a este proyecto que no repetiré aquí.

Quiero suponer que el Presidente López Obrador está muy ocupado barriendo las escaleras de la estructura gubernamental. Sin embargo, no veo que en otros lados los responsables de cada institución, empresa o familia tomen la escoba para consagrarse a la limpieza moral que requiere el país.

Pongámoslo de esta manera: si usted está esperando a que el Presidente López Obrador llegue a barrer a su pueblo, su barrio, su condominio, su taller, su oficina o su casa, puede seguir esperando, porque eso no va a suceder. Es usted, estimado lector, quien tiene que asir la escoba y barrer la parte que le corresponde.

Si la regeneración moral de México fracasa como otros proyectos semejantes del pasado —recordemos la “renovación moral” del expresidente Miguel de la Madrid— no será sólo por la culpa del Presidente López Obrador. La culpa también será nuestra.

Somos nosotros quienes de manera democrática tenemos que emprender la transformación de México. Por eso, es crucial que la deslopezobradoricemos. Lo que el Presidente haga o deje de hacer no puede ser lo único que defina el proceso de cambio que requiere el país.

Como he dicho en otras ocasiones: no debemos confundir el proyecto político lopezobradorista con la Cuarta Transformación de México.

No tenemos que esperar a que nos distribuyan una “constitución moral” para comenzar a cambiar. ¡Que cada quien tome su escoba y comience a barrer su patio!

EDITORIAL

La migración nos sofoca

Muchas reacciones al interior del país ha provocado la ola migratoria que en los últimos meses se ha dejado venir.

Estamos ante un inédito, a pesar de que somos una nación migratoria. Está claro que no teníamos antecedentes de escenarios como el que estamos viviendo. A la migración centroamericana, señaladamente Honduras, Guatemala y El Salvador, se le ha unido la de otros países.

Son migraciones de naciones muy lejanas, como es el caso de los africanos, ante lo que inevitablemente uno se pregunta cómo le hacen para llegar a nuestro país, quién los trae y en qué; cuánto pagan por ello los migrantes, y quiénes son los que hacen el jugoso “negocio”.

El caso de los haitianos tiene otros referentes. La mayoría de ellos venía de Brasil, donde habían trabajado en diferentes labores con motivo del Mundial, Juegos Olímpicos y el Mundialito.

Llegaron a México después de haber llevado a cabo largos viajes en los que, en la mayoría de los casos, la pasaron realmente mal. Conversando con algunos de ellos en Tijuana y Mexicali nos narraban la pesadilla que vivieron desde Brasil hasta México. Fueron vejados, robados y, en el caso de algunas mujeres, fueron atacadas sexualmente.

Su llegada a México en algún sentido les cambió su dinámica, a lo que se sumó la esperanza de Barak Obama de revisar caso por caso, en función de la deteriorada situación que se vive en Haití. A la llegada de Donald Trump todo cambió; se les negó la entrada y muchos de ellos optaron por quedarse a vivir en el país.

Otra migración que se ha intensificado es la cubana. De ésta tenemos antecedentes, hay una larga historia. Sin embargo, derivado de la ola migratoria que se ha dejado venir en el país, muchos cubanos suponen que existen posibilidades fundadas de llegar a EU vía México.

La migración mexicana es la que ha disminuido. Quizá se ha tomado conciencia de los innumerables problemas que se enfrentan en EU; es el viaje, el cruce, los peligros, el dinero que tienen que pagar y la vida cotidiana en la Unión Americana, donde son detenidos bajo cualquier pretexto.

La ola migratoria que estamos viviendo ha alcanzado a buena parte del país; al recorrer las caravanas todo el territorio en su afán de llegar a EU, no hay entidad que no las vea pasar; no es algo que nos pase de largo.

Le decíamos que se han presentado ante este fenómeno todo tipo de reacciones. Han ido creciendo las inconformidades y molestias ciudadanas que es necesario escuchar y atender. El tema se está tornando delicado y hasta grave; incluso en aquellas entidades que, a lo largo de su historia, han sido zonas que han vivido con la migración.

Lo que está sucediendo es que se están conjuntando varios elementos al mismo tiempo. Por un lado, el país está recibiendo una ola migrante inédita, no sólo de nuestra zona geográfica. Por otro, los migrantes están cada vez más desesperados y urgidos, a lo que se suma que en las caravanas vienen muchos niños.

No todo para ahí; se han metido entre los migrantes delincuentes que han convertido el viaje en un riesgo mucho mayor del que, de suyo, ya lo es. No es casual que algunos migrantes traten de quedarse en el país.

Las molestias e inconformidades ciudadanas tienen que ver con la manera en que se comportan algunos migrantes, lo que confirmaría que a algunos de ellos no necesariamente se les puede llamar migrantes; más bien pareciera que se están aprovechando de la situación.

Las cosas están muy revueltas y parte de este caos ha alcanzado a ciudades del norte y, particularmente, de la frontera sur.

Los gobiernos de México y EU llegaron a un acuerdo de inversión para programas de desarrollo en Centroamérica, para inhibir la migración. No se sabe nada de ello y se sigue esperando que lo hagan; el asunto se puede poner más complicado.

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