EDITORIAL

El guion presidencial

En algunas cosas estamos en algo parecido al mundo al revés. Quienes hoy están defendiendo al gobierno al extremo, son los mismos que hace algunos meses impugnaban y atacaban con toda la fuerza y la rabia posible al de Peña Nieto.

Los que jugaban el papel de defensores de ese gobierno, ahora son quienes atacan e impugnan con todo, particularmente desde las redes. No se requiere ser militante de algún partido político para hacerlo. En las redes van y vienen los insultos de uno y otro lado, los cuales, en la gran mayoría de los casos, resultan lamentables. Lo que provocan es que las diferencias se ahonden.

Muchas cosas se remiten a la maquinea idea de dividir a unos y otros en “chairos” y “fifís”, dependiendo de con quién se está o a quién se quiere señalar. Esta singular definición ha provocado ahondar diferencias sociales. Al final estamos ante una mirada limitada de lo que somos, lo que poco o nada ayuda a serenar el desigual ambiente.

Sigue prevaleciendo el clima de confrontación y crispación. Una de las razones tiene que ver con el uso del lenguaje del Presidente, que ha terminado por convertirse en una montaña rusa. A veces es conciliador y pausado, sin dejar de ser firme; pero en otras ocasiones, de plano arremete contra el que tenga enfrente o en la mira; los llama indistintamente “adversarios” o “enemigos”.

Su relación con algunos gobernadores muestra todas estas facetas. Con el de Jalisco ha estado entre el estira y afloja, utilizando, ambos por cierto, un lenguaje de confrontación y agresivo evitable. Sus declaraciones son la evidencia; en las redes, los de uno y otro bando se dan con todo.

Con el de Chihuahua se han ido atemperando los ánimos;  recordemos que ni el Presidente ni Javier Corral suelen quedarse callados. Lo que se supone sería una relación cercana, se mueve a veces en los terrenos de la incertidumbre.

Estas referencias son parte de lo que rodea el ambiente político en el que estamos. Es probable que vivamos así todavía un buen rato, no hay indicios de que vaya a cambiar.

Una razón paralela es el Presidente mismo. Va del reconocimiento, el cual va creciendo, hasta la forma en que lo ven algunos sectores económicos y sociales, entre los que prevalece la oposición al cambio, el conservadurismo y hasta una visión con tintes clasistas.

López Obrador está trabajando en lo que dijo que iba a hacer. Quizá algunos pensaron que no iba a hacer muchas de las cosas que prometió. Era tal el deseo y convicción de sacar al “PRIAN”, que quizá no repararon en lo que López Obrador dijo, una y otra vez, que haría en caso de llegar a la Presidencia. Hasta hoy no ha hecho nada diferente de lo que dijo y no se ha salido, para nada, de su propio guion.

Algunos temas lo han colocado en una posición controversial y hasta difícil, por decirlo de alguna forma; la Guardia Nacional es ejemplo de ello. Sin embargo, ya se vio que con el periodo extraordinario logró la aprobación de su nueva propuesta, con toda la caballería de Morena por delante.

No fue como dijo en campaña; será, más bien, como lo planteó como Presidente. Debe ser una prioridad atemperar el clima de crispación. Es algo que nos compete a todos; en el fondo, es una responsabilidad colectiva. Debe darse un esfuerzo de comunicación e integración para saber leer y entender los nuevos tiempos. Se tiene que asumir que las cosas en el país están siendo paulatinamente distintas y que no es casual que ya estamos teniendo más de algún contratiempo, brinco, susto, o como se le quiera ver. Esto no significa someter la crítica o dejar de preguntar, y preguntarse, por lo que pasa. Vamos a ver muchas cosas que podrían no parecernos, pero es un hecho que algunas de ellas serán alentadoras. Fue lo que quiso la mayoría; no había manera de seguir con lo que estaba.

EDITORIAL

Corrupción y violencia, la forzada agenda de la 4T

A escasas tres semanas de haber iniciado el año han salido a relucir algunas consecuencias de los principales temas pendientes de las más recientes administraciones, con lo que el panorama para el gobierno que encabeza López Obrador luce muy complejo, con dos frentes abiertos de enormes consecuencias y muy complejas soluciones, que bien podrían marcar el rumbo no sólo de 2019 que apenas inicia, sino del resto de su gestión.

Mientras que el encargo de Enrique Peña, recién concluido, quedó enmarcado por un halo de la corrupción desmedida, el de Felipe Calderón es señalado por un incremento exponencial en la violencia, derivado de la guerra en contra del crimen organizado.

Por lo que respecta al primero de los temas, ya se cumplen dos semanas de que la nueva administración emprendió medidas para combatir el comercio ilegal de combustible –el llamado huachicoleo–, como una de sus primeras acciones en contra del crimen organizado y –no menos importante– en contra de los actos de corrupción de funcionarios de diversas dependencias que permitieron que este ilícito creciera de manera desmedida a lo largo de la gestión pasada.

Sin embargo, las acciones adoptadas por el gobierno generaron un desabasto de gasolina nunca antes visto, lo cual se tradujo en pánico e incertidumbre entre la población y largas filas para conseguir el hidrocarburo. Si bien el suministro para la Ciudad de México cada vez es mayor, no sucede lo mismo en Guanajuato, Jalisco y Michoacán, cuyos gobernadores han comenzado una confrontación con el Presidente López Obrador por los nocivos efectos que ha tenido en sus estados.

Por otro lado, como una de las principales medidas del nuevo gobierno para contrarrestar la violencia en el país, el pasado miércoles, la Cámara de Diputados aprobó –con una mayoría calificada conformada por Morena, PT, PES, PVEM, PRI y parte del PRD– el dictamen de reforma constitucional por la que se conformaría la Guardia Nacional –turnado al Senado, para su ratificación–, la cual asumiría labores de seguridad pública en todo el país y estaría integrada por miembros de las Policías Federal, Naval y Militar.

Al respecto, fue el propio Andrés Manuel quien impulsó la propuesta de reforma, a pesar de haber sido un duro crítico del uso de las Fuerzas Armadas para labores de policía civil –iniciado en el gobierno de Felipe Calderón y perpetuado por Enrique Peña– y de sostener repetidamente durante su campaña que retiraría al Ejército de las calles. Sin importar que la propuesta contempla un doble mando civil (SSP) y militar (SEDENA), la medida resulta muy controversial, por considerarse una acción hacia la militarización del país.

Se trata de dos temas que, sin duda alguna, requieren de acciones contundentes por parte del nuevo gobierno para verdaderamente darles solución. Sin embargo, en ambas situaciones permea un clima de incertidumbre, pues aún no se vislumbra una estrategia concreta acerca de las medidas subsecuentes y, más aún, sobre los posibles resultados.

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La cortina de humo tras el desabasto de gasolina

El tema es obligado: la bienintencionada (hasta donde sabemos), pero muy erróneamente implementada política pública para combatir el robo de gasolina, el consecuente desabasto que perjudica a gran parte de la población y la afectación de la actividad económica nacional.

Diagnóstico. Nadie puede estar en desacuerdo con la intención del gobierno de combatir el robo de combustibles, y particularmente la ordeña de los ductos por donde se distribuyen, ya sea que tal actividad criminal sea realizada por altos funcionarios, mafias organizadas o meros ladrones comunes. Y también podemos estar de acuerdo en que para combatirlo se debe de emplear a las fuerzas de seguridad pública e incluso, en caso necesario, a las fuerzas armadas. Si hubiera certeza de que (1) el problema se resolverá en forma definitiva o, por lo menos, se reducirá a su mínima expresión; (2) se generará un mínimo de malestar ciudadano; y (3) las mafias serán desarticuladas y los individuos involucrados encarcelados, bien valdría la pena el esfuerzo colectivo. Pero nada de lo hecho hasta ahora parece cumplir con estas tres muy elementales exigencias.

Soluciones que agravan problemas. En primer lugar, la “solución” que encontró el gobierno para atacar el problema es objetivamente ridícula. Ya se han enunciado infinidad de analogías: como si para evitar las fugas de agua se cortara su suministro, o si para evitar los asaltos bancarios se ordenara cerrar los bancos, o para evitar la violencia en las calles se estableciera el estado de sitio o el toque de queda. Lo que hace a esas analogías aplicables no es que el agua sea lo mismo que la gasolina (habría que ser tarugo); su atinencia reside en que, tanto en ellas como en la situación actual, claramente los costos superan a los beneficios. En segundo lugar, ¿tiene algún sentido que la medida se haya tomado sorpresivamente, sin avisar (al menos) a gobernadores o alcaldes? Nada más salió el gobierno a “tranquilizar” a la ciudadanía —muy empecinado en ganar la batalla del lenguaje para erradicar la palabra tabú: desabasto— y pedir confianza en las medidas adoptadas, para que la población directamente afectada (en un comportamiento de consumo racional) y la terca realidad (que no entiende el “me canso ganso”) se contrapusieran al ingenuo diagnóstico gubernamental.

Legalismo populista. “Estamos combatiendo la ilegalidad sea cual sea el costo”, dicen, y eso ha atraído aplausos y buenos números en las encuestas. La batalla de la opinión pública, a corto plazo, parece ganada… aunque ya hemos presenciado una gran variedad de distorsiones. Primero, largas filas para comprar combustible y la consecuente irritación ciudadana por no poder realizar con normalidad sus actividades cotidianas (y hasta ahí los adalides del oficialismo podrían hablar de “pequeñas afectaciones”); luego empezamos a ver cada vez más casos de acaparamiento, especulación, mercado negro e incremento de precios (entonces ya no era nada más un problema de los “fifís” que no pueden llenar su tanque); después, reportes de pérdidas cada vez más cuantiosas de industrias, empresas y comercios, grandes, medianos y pequeños.

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En el tiempo de gracia

De no ser que se presente un hecho excepcional o fuera de serie, López Obrador va a tener un largo periodo de gracia. El bono que le otorgó la sociedad con su voto le permite una capacidad de maniobra inédita.

Vicente Fox también tuvo la posibilidad de moverse con libertad. La votación en su favor le abrió un espacio que perdió en muy poco tiempo. Desaprovechó su triunfo y la identidad que muchos tuvieron con él. La sociedad quería sacar al PRI de la Presidencia a como diera lugar, encontrando en Fox al personaje idóneo para ello.

El desencanto llegó muy rápido porque Fox no fue el político que sus votantes, recordemos que entre ellos hubo mucho voto útil, habían imaginado. No pasaron muchos meses para que todos nos diéramos cuenta. Pasaron muchas cosas que provocaron ese desencanto, una de ellas, que no la única, fue el protagonismo de su esposa.

Con López Obrador, las cosas están siendo distintas, aunque parezcan tener escenarios similares. De origen. El bono que le otorgó la gran votación que obtuvo no se ve que lo vaya a perder. Lo que se está viendo es un fenómeno poco común para un Presidente que está iniciando su sexenio y que ha estado tan expuesto como él.

Sus niveles de popularidad han crecido de manera evidente y no hay indicios de lo contrario. A esto se suma que por más críticas y observaciones que le hacen no le pasa nada, sabe cómo hacerlas a un lado y más bien da la impresión de que se fortalece ante ellas.

Sus conferencias de prensa pudieran provocar que la gente se saturara o hartara; sin embargo, más bien da la impresión que no se ve que en el corto y mediano plazo algo así se vaya a presentar.

Un elemento que confirma el peso y trascendencia de sus conferencias, es el hecho de que lo que pasa en ellas se convierte en uno de los asuntos del día o en el tema del día, tanto en medios como en redes. La capacidad del Presidente para informar, instigar, cuestionar y responder a quienes llama sus “enemigos”, además de darle una gran capacidad de maniobra, le entrega a sus furibundos seguidores todo tipo de argumentos, quienes los interpretan muy a su manera.

Esta fórmula, haya sido pensada o no, le está dando a López Obrador una enorme fuerza. Le está permitiendo poner en la mesa los temas que él quiere. Sus respuestas muchas veces terminan colocando su opinión como algo que entra en los terrenos de lo que él define como “verdad”.

No se puede soslayar que en algunos asuntos ha cambiado su opinión. En función de sus antecedentes habrá que reconocer que es un avance. No tiene precisamente fama de escuchar o de cambiar de opinión.

Habrá que ver hasta dónde llega, por ejemplo, el tema de la Guardia Nacional. Por el momento las cosas se ven todavía confusas, pero hay indicios claros de que ha escuchado opiniones contrarias a lo que él quería.

No está claro si al final va a estar la Guardia Nacional en manos de un mando civil, como lo proponen una gran cantidad de especialistas nacionales e internacionales, o militares, como originalmente venía la propuesta del Presidente. Lo cierto es que López Obrador escuchó, ahora habrá que esperar lo que pasa en el Congreso porque éste no es el único tema a discutir sobre la Guardia Nacional.

Un elemento más para atender, en estos primeros meses de relación al límite e intensa entre López Obrador y la sociedad mexicana, es la lucha contra los huachicoleros que ha instrumentado el Presidente. Atacar el problema era urgente y el Presidente, sea como sea, lo está haciendo. El consenso es evidente, como lo muestran algunas encuestas.

Desde hace tiempo el político que mejor sabe leer los instintos de la sociedad mexicana es ya saben quién.

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Comunidades, entre la espada y los huachicoleros

Tarde que temprano algún gobierno tenía que enfrentar el muy grave problema del huachicoleo. No sólo por ser una actividad fuera de la ley, la cual tanto agravia a la empresa mayor del Estado y al país mismo.

También lo tenía que hacer por el delicado entorno social que rodea al ilícito. En medio de todo lo que se ha presentado estos días, no se ha reparado en su justa dimensión en la relación entre huachicoleros y habitantes de las comunidades.

El huachicoleo es una forma de vida y sustento de muchas familias, las cuales han vivido en medio de la adversidad y han encontrado en esta actividad salidas, por más cuestionables que puedan ser. Los habitantes se han visto obligados a participar. Viven entre las presiones de los delincuentes, que en muchos casos son sus propios vecinos, y la necesidad de mantener a sus familias.

No tienen capacidad de maniobra alguna. Si le entran, saben que están violando la ley y que en algún momento podrían ser perseguidos y detenidos, como se presume ha empezado a pasar. Si no lo hacen, se les puede venir el mundo encima, con todo tipo de riesgos.

Muchos habitantes de las comunidades en que se desarrolla el huachicoleo están en el peor de los mundos. Si bien resuelven sus problemas económicos, se la pasan en medio de una frontera de alto riesgo.

Cuando llegue el momento en que el huachicoleo sea medianamente controlado, pues no somos de la idea de que se vaya a solucionar del todo el complejo problema, lo primero que se va a tener que hacer, además de llevar ante la justicia a los delincuentes, es plantear una estrategia de qué hacer en las comunidades en las que el huachicoleo les ha dado de comer y vivir a lo largo de años.

El problema social pudiera ser del mismo tamaño que el huachicoleo mismo. Muchos han vivido desarrollando una actividad que pudieran considerar ya como “normal”, particularmente los jóvenes y, quizá, hasta los niños.

La detención de militares o policías destacadas para enfrentar el problema, por parte de integrantes de algunas comunidades, es justicia por propia mano, en donde las leyes son impuestas por ellos. Un capítulo más de estas prácticas se presentó ayer en Tula, Hidalgo: en la comunidad de Santa Ana Ahuehuepan, cerca de 200 personas secuestraron a tres militares después de un enfrentamiento.

Es la prueba de la manipulación de los poderosos líderes, pero también es la defensa de lo que muchos consideran, y asumen, como su forma de vida.

Se va enquistando una manera de vivir y ser, que lleva a una confusión de valores profundamente delicada. Es estar y vivir en el marco de la ley o estar fuera de él, con todas las consecuencias éticas y cívicas en la formación de jóvenes y niños derivadas del complejo tema.

Más allá de que consideremos como buena o mala la estrategia del gobierno contra el huachicoleo, es la primera vez que se hace algo de esta dimensión para enfrentar el delito. Es la primera vez que se va a las raíces del problema.

Es la primera vez, también, en que se coloca en el centro a Pemex, ubicándolo como eje del problema. La única manera en que los huachicoleros puedan desarrollar su singular actividad es con base en información confidencial y de primera mano de la empresa, particularmente en áreas que, se presume, son fáciles de detectar.

En el corto y mediano plazos el gobierno no puede seguir en lo que López Obrador llama el “juego de vencidas”. El costo de lo que estamos viviendo se va a elevar riesgosamente y si bien existe una mayoría que lo apoya, las afectaciones pueden revertir escenarios.

La gran incógnita sigue estando en ver qué va a pasar cuando se vuelvan a abrir los ductos; va a ser algo más que un “juego de vencidas”.

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Sr. Presidente, ¿y los niños?

El Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas arroja que 6 mil 614 niñas, niños y adolescentes en México, están oficialmente desaparecidos.

3 de cada 4 de esas desapariciones ocurrieron durante la administración de Enrique Peña Nieto. Siguen sin ser localizados 4 mil 980 niñas, niños y adolescentes, de los cuales el 61.6 por ciento son mujeres, de acuerdo a cifras oficiales.

El caso de la niña de Chalco, encontrada muerta y con signos de abuso sexual a principios de este año, evidenció por qué los delitos que atentan contra la libertad y seguridad sexual en México son la segunda causa de victimización en niñas y mujeres jóvenes, y el feminicidio un delito que crece con siete crímenes diarios.

El escenario de violencia contra los menores en México es grave, de 2007 al 2017 cerca de 14 mil niños y jóvenes fueron asesinados durante lo que fue una fallida estrategia de seguridad del gobierno anterior, claramente tan fallida como su estrategia para proteger a la infancia, que en este periodo no promete estar mejor.

Ahora resulta que en el Paquete Económico de 2019, el Sistema de Desarrollo Integral para la familia (DIF), sufrió una reducción del 16 por ciento, que golpea directamente a las Procuradurías de Protección de la Niñez, que son las que tendrían que responder de manera preventiva, no cuando los niños ya han sido víctimas.

Lo anterior no coincide con los nueve compromisos del pacto MX Por La Niñez, que firmó Andrés Manuel López Obrador siendo todavía candidato a la Presidencia, el 30 de abril de 2018, y en el que se comprometió a atender la violencia y fortalecer al Sistema Nacional de Protección Integral.

Hoy, casi nueve meses después, y ya como Presidente de la República, los niños siguen estando prácticamente por completo fuera del discurso del titular del Ejecutivo.

En este mes de enero se lanzó la convocatoria de reclutamiento de jóvenes para la Guardia Nacional —aun sin estar decidida—; se anunció el arranque del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que busca beneficiar a 2.3 millones de jóvenes, que no estudian ni trabajan; mientras la crisis por el desabasto de combustible ha acaparado en los últimos días toda la comunicación con la ciudadanía, y así para los niños, que son “el futuro de México”, no ha habido espacio para una sola línea.

“Tenemos en términos muy gruesos el 50 por ciento de la población infantil en pobreza, altísimos niveles de violencia, que se traducen sólo por su edad, si tú tienes entre 15 y 17 años de edad hay 30 por ciento más de probabilidades de ser víctima de un feminicidio o de una desaparición, en el caso de las chicas, en el caso de los varones, de homicidio. Esto tendría que ser una alerta nacional”, dijo Juan Martín Pérez, Director Ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) y Secretario Ejecutivo de la Red Latinoamericana y Caribeña por la Defensa de los Niños, Niñas y Adolescentes.

Y es que del 1 de julio pasado y hasta el 10 de enero de este año, las referencias a la infancia en el discurso del Presidente Andrés Manuel López Obrador están absolutamente ausentes.

Sólo un mensaje en su cuenta de Twitter con fecha del 23 de noviembre, los menciona en relación al tema del Tren Maya, el cual les explica en un enlace con dibujos animados. Además de eso, ¡nada!

Habrá quien opine que en este momento hay cosas más urgentes que resolver, pero ¿qué puede haber más importante para un país que la protección de los más vulnerables que son los niños? —  en nuestro caso los más vulnerados — que son 40 millones de mexicanos que eventualmente tendrán 18 años y una credencial para votar…

Las mesas de trabajo prometidas en campaña, para atender las necesidades de los niños no han ocurrido, “siempre nos han dejado plantados”, me insistió Juan Martín Pérez, quien con justa razón hace un enérgico llamado a la actual administración, para revisar el presupuesto y sobre todo exige una estrategia más apropiada de protección a la infancia.

Si los miles de asesinatos de menores que siguen en impunidad se elevan y la falta de protección se profundiza, la estela de dolor y rencor puede devenir en un poderoso ingrediente, para la violencia y la descomposición social, y así no habrá Cuarta Transformación posible.

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¿Juego de vencidas?

Es probable que estemos viviendo una de las crisis más severas en la historia del suministro de gasolina. El problema tiene muchas formas de verse y, más allá de ello, las imágenes que han recorrido el país y el mundo le han dado al tema un tono aún más dramático.

El Presidente ha tomado altos riesgos. Con su estrategia inevitablemente se está enfrentando a una clase media, la misma que estuvo con él en el proceso electoral. Han dado rienda suelta a la ironía y a la crítica, pasando por una infinidad de memes, en contra del Presidente.

Pudiera ser que López Obrador estuviera perdiendo por primera vez una batalla en las “benditas” redes sociales. La razón se encuentra en que está afectando severamente la vida de muchos sectores, que tienen al transporte privado como uno de los ejes de sus vidas.

No cabe como respuesta plantear, entre otras salidas, el uso del transporte público como solución, ya que éste no puede responder a la gran demanda ciudadana. Si de por sí se vive una situación extrema, bajo una crisis como en la que estamos, es previsible lo que podría enfrentar el transporte público.

Todos entendemos que estamos en medio de una situación excepcional e inédita. Sin embargo, cuesta trabajo asumir la paciencia y comprensión a la que apela López Obrador, cuando se hace una fila de más de cuatro horas, al menos, para ser atendido. A esto se suma que la venta está racionada, lo que obliga a los ciudadanos a regresar en poco tiempo para volver a hacer la larga fila y ponerle gasolina a su vehículo.

No hay duda del gran problema que tiene el país con los huachicoleros. De nuevo traigamos a la reflexión el hecho de que no sólo estamos ante un asunto de la delincuencia organizada. El rasgo sensible de todo esto es el de la influencia que estos grupos tienen en las comunidades, en donde actúan y se desarrollan.

En muchos casos son los habitantes de estas poblaciones quienes no sólo los protegen, sino que también trabajan para ellos. Es un lío mayor porque no sólo se tiene que atacar a los delincuentes, sino que también se tiene que atender la situación por la que atraviesan muchos habitantes de estas comunidades que materialmente no tienen hacia dónde hacerse.

No queda claro qué va a pasar en cuanto abran los ductos. Cerrarlos ha puesto en jaque, por lo pronto, el “negocio” de los huachicoleros y los que los rodean.

Lo que no se ve es que se vayan a hacer a un lado por el cierre de los ductos, ni tampoco se ve que le vayan a entrar al “juego de vencidas”, al que se refirió el Presidente. Van a buscar otras salidas. Estamos ante una “actividad” que está enquistada en muchas comunidades desde hace ya varias décadas.

El problema que está enfrentando la estrategia del gobierno, por lo menos hasta ahora, es que no se ven resultados. Se habla de varios detenidos, los cuales no han sido presentados, y el costo que está teniendo el Presidente ante la opinión pública no le está siendo favorable.

Era previsible que muchos de los críticos de López Obrador encontraran en esta crisis el detonador para arremeter en su contra, suponemos que el Presidente lo tenía contemplado. Lo que no ayuda es que ante las observaciones y críticas la respuesta presidencial es agresiva y poco “paciente”, en lugar de explicar lo que está haciendo, lo cual no existe la menor duda de que es de la mayor relevancia. Va más allá de lo que sus furibundos seguidores llaman “valentía”.

Para el Presidente estamos ante una situación que requiere de tiempo y paciencia, el problema que debe contemplar es que del otro lado, para los ciudadanos todo se remite a una urgencia de su vida cotidiana.

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El batidillo de Peña

Una de las formas que López Obrador ha utilizado para desacreditar al gobierno de Peña Nieto ha sido poner en evidencia todo lo que se hizo en su sexenio.

Quizá por ello no se ocupa del perdón, lo anda triturando un día sí y otro también. El Presidente no se limita porque las zarandeadas no son respondidas, alguna razón habrá de ello.

Fue, si nos atenemos a los señalamientos de López Obrador, un sexenio que no sirvió y que se podría tirar a la basura de la historia.

El silencio no es nuevo. Recordemos que a partir del triunfo de López Obrador no hubo respuesta a los planteamientos que le hacía a Peña Nieto, los cuales, por cierto, no eran muy diferentes en fondo y tono a los de ahora.

Las observaciones que López Obrador hace regularmente sobre pasadas administraciones han tenido, de alguna u otra forma respuesta, en particular de Vicente Fox y de Felipe Calderón. Estos personajes no dejan la plaza vacía y tengan razón o no, no dejan pasar lo que dicen sobre ellos.

Esto no significa que tengan la razón, lo que sucede es que tratan a toda costa de defenderse. Insistimos, no es que tengan la verdad, palabra cada vez más cuestionable por el uso arbitrario y hasta convenenciero que se le da, pero buscan hacerse ver y responder.

Lo que es claro es que mucho de lo que se hizo en el sexenio anterior es sistemáticamente cuestionado. No sólo es que a esto no haya respuesta, es también el que algunos reportajes periodísticos e investigaciones muestran con claridad irregularidades y actos de corrupción.

Más allá de que se comparta o no la estrategia del gobierno contra el huachicoleo, un hecho es cierto: el problema se agudizó en el pasado sexenio.

Si bien hay registro de detenciones y decomisos, con los datos que estos días se han dado a conocer, hay evidencias de que en el pasado sexenio fueron laxos, por decirlo de manera pausada.

La cuestión es si con la crisis que estamos con la distribución y consumo de gasolina, las cosas sólo se pueden quedar en los terrenos de la denuncia pública. Lo que hemos padecido los ciudadanos estos días han provocado, lo decíamos ayer, el momento más difícil para López Obrador en lo que va de la naciente administración.

Como se sabe, no todo termina en este tema. Existen  muchos otros asuntos que generan dudas que hacen ver a la pasada administración cuestionada. El dilema para López Obrador va a ser grande si en la anunciada consulta del 21 de marzo los ciudadanos dicen que sí se debe investigar a los expresidentes.

Mientras sea una cosa u otra, es cada vez más alarmante cómo se van sumando signos de corrupción e irregularidades en el sexenio de Peña Nieto.

Lo último en la materia fue el reportaje de El Universal. En él se presentan presuntas evidencias de cuentas y contratos discrecionales, que incluyen a la Sedena, que si bien ya se había hablado de ello no se habían presentado elementos concretos, a pesar de lo que dijo el Presidente en el sentido de que era una denuncia anónima.

¿Qué ocurrió en el sexenio pasado? ¿Cómo puede ser posible que se pierda de manera tan grosera y ofensiva la oportunidad y responsabilidad de gobernar y servir en democracia?

¿Puede pasar de largo lo que se hizo y deshizo durante seis años y que de hecho se convirtió en el gran factor para que López Obrador ganara las elecciones?

En varias ocasiones en el Quebradero nos hemos preguntado si a lo largo del sexenio de Peña Nieto todo estuvo mal y si no hay nada recuperable. Estamos en la hora en que más que saber qué se pudo haber hecho bien, hay que conocer si las muchas denuncias y referencias que se han presentado sobre el sexenio de Peña Nieto, algunas de ellas probadas, proceden. Lo que hoy se ve es que por lo pronto mucho no quieren hacer.

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Tren Maya, estación Calakmul

El articulista Bernardo Bolaños acudió a ver el tramo más polémico del futuro Tren Maya. En la reserva de la biósfera de Calakmul habitan la mitad de los jaguares del país. Pero el director de Fonatur advierte que en las terminales del tren se formarán “nuevos desarrollos urbanos”. “Nuevas ciudades” ha dicho AMLO.

Muchos vendedores, ejidatarios y restauranteros que entrevistó están a favor del megaproyecto. Pero los guías, productores de miel y empresarios del ecoturismo, no. Carlos, un joven que lleva a turistas internacionales desde Xpujil hasta las ruinas de Calakmul, dice que ya se están organizando para impedir que el tren pase cerca de éstas. Él ha invertido mucha de su vida en formarse: para dominar el inglés trabajó cuatro años en un hotel de canadienses. Luego entró al ecoturismo. “Hay familias de pecaríes, venados, tapires. Es la principal zona de conservación de felinos de México, sería muy grave”, opina.

Ingrid, dueña de jungalows, resume: “el tren es lo contrario a la idea de la biósfera. Además, el problema será el mantenimiento. Durante unos años estará cuidadito, luego lo dejarán caer en el abandono. El impacto visual será grande. Es más práctico para los turistas moverse en auto. Mejor que pongan en orden las agencias que rentan coches. La mitad de los turistas se encuentran con problemas porque los autos están en mal estado, viejos, sin los documentos en regla. No respetan reservaciones y tarifas”.

Diego se ha especializado en alta cocina. Su familia entera huyó de Chiapas a la Ciudad de México luego de un asalto. Allá él trabajó en un gran restaurante. Al venir a la reserva, trató de incursionar en la producción de miel, sin éxito, y ahora es pieza clave de un restaurante. “El tren es otro golpe a la Madre Tierra. Cada vez hay menos floración y menos abejas, por deforestación y fumigaciones. Yo vendí mis colmenas por motivos económicos y porque es muy difícil producir. Tenemos la bendición de la reserva que nos permite producir una miel única de abeja melipona. Pero se nos está acabando con el deterioro del ecosistema”, dice. Las intuiciones de Diego coinciden con las teorías más recientes sobre la vulnerabilidad de los socioecosistemas por reacciones en cadena del turismo y otras intervenciones humanas.

AMLO dice que el sureste posee las zonas arqueológicas más bellas del mundo. Si la estación del tren fuera Xpujil (fuera de la reserva), miles podrían visitar, entre muchas otras, la milenaria ciudad amurallada de Becán, aún viva como pueblo maya del mismo nombre. Un grupo selecto iría en auto a ver la arquitectura vertical y tosca de Calakmul, cuyos murales y principal friso de cualquier modo están cerrados al público. Pero el dinero fácil se quiere obtener con algunos de los millones de turistas tradicionales que visitan Cancún (spring breakers y otros), a los que se les puede vender la idea de una excursión a la selva virgen.

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Tiempo

Obviamente no cambiaron mucho las cosas de un año al otro. Lo que permite ver los grandes cambios es el paso de una generación a otra, o hechos de enorme trascendencia que cambian el estado de las cosas casi de la noche a la mañana, son circunstancias que caen en el terreno de lo excepcional.

Muchos de los cambios lo que necesitan es tiempo por más que en su momento ponderemos su valor. Sólo el tiempo nos dará la justa dimensión de su trascendencia.

Lo que sucedió en 1968 en México es ejemplo de ello. En su momento llegó a ser confuso con muchos intereses entrelazados con un gobierno que no entendió y que reprimió como una falsa salida para pretender terminar con un movimiento genuino.

Hoy al paso del tiempo nos damos cuenta que el 68 es un parte aguas de la historia del país. El tiempo nos ha ayudado a entenderlo y colocarlo como parte integral de nuestras vidas.

De un día a otro no suelen pasar muchas cosas, de un fin de año al primer día del siguiente lo que terminamos por ver y vivir es la pretextosa y jugosa celebración.

Si alguien quiso imaginar que López Obrador, y nosotros mismos de paso, íbamos a ser diferentes de un día a otro era obvio que ni las doce uvas ni los abrazos lo iban a provocar, más allá de las buenas intenciones propias de la temporada.

Año Nuevo es la fiesta del que se va y del que llega en nuestro muy singular y festivo calendario, en el fondo es la manifestación de que el tiempo pasa y nos lleva con él.

No cambiamos necesariamente con el paso del tiempo. En muchos casos más bien endurecemos y fortalecemos nuestras posiciones, conductas, actitudes y en otros casos también nuestras formas de vida.

Quien mejor entiende el tiempo es quien tiene la capacidad de ver la vida como solución, cambio y en algún sentido también avance y hasta aceptar la posibilidad, a veces difícil de asumir, de reinventarse.

Quien quiera ver que del año pasado a lo poco que llevamos de éste se van a presentar cambios fundamentales, sólo por ser el año nuevo, se va llevar de nuevo un chasco.

Por más prisa que tenga el gobierno las posibilidades de cambio requieren de paciencia, tiempo, madurez, sensibilidad y, sobre todo, de escuchar, respetar y estar con el otro.

El Presidente no va a poder hacer todo lo que pretende si no cumple premisas de este tipo. No posee la verdad absoluta, concepto al cual hace referencia a menudo con sus constantes citas religiosas.

Aquello de que si cumplimos con nuestras labores cotidianas podríamos asistir a los templos con tranquilidad es un exceso, más viniendo de un presidente de un Estado laico y que además se asume como juarista.

La gran cuestión es qué tanto los 30 millones de votos, y los altos niveles que sigue conservando López Obrador le otorgan a él y a Morena la posibilidad de hacer casi lo que quieran. Qué tanto el Presidente está entendiendo el sentido del tiempo para conseguir los objetivos que se ha planteado, muchos de ellos compartibles.

Colocar a su gobierno como el eje de lo que llama la Cuarta Transformación sólo tendrá en el tiempo su definición. Si alguien hace referencia a la historia de México es el propio Presidente, por lo que debe saber que las tres transformaciones previas adquirieron su valor y definición para la historia del país y el imaginario colectivo con el paso del tiempo, no en su presente.

Todos identificamos que este nuevo año va a ser difícil para todos, empezando con el gobierno, el cual va a tener que explicar que no todo lo que se propone se va a poder cumplir de la noche a la mañana.

Requiere de tiempo, ese que no se mide un día a otro, ese que hay que saber leer, entender, explicar y valorar.

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