EDITORIAL

A 34 y 2 años

Siempre estará entre quienes vivimos en la Ciudad de México la paradoja que en un 19 de septiembre, 1985 y 2017, se hayan presentado dos grandes temblores.

Hace dos años, además, veníamos de un simulacro con todo y alerta sísmica. Más tarde, al tiempo que empezó a temblar, sonó la alerta debido a que el epicentro estaba en una zona cercana a la capital; no nos dio tiempo de nada.

Como se ha insistido no hay manera de saber cuándo va a temblar. En lo que hemos avanzado y mucho es con las alertas sísmicas que ayudan sobre todo cuando el epicentro se ubica en el Pacífico, de otra manera nos pasan cosas como las que vivimos hace dos años.

Muchas otras paradojas nos acompañan. Una de ellas es el hecho de que en el país no haya un buen número de profesionales dedicados a la sismología, hace dos años la cifra andaba sobre los 50, siendo que al menos 18 estados están bajo condiciones de alta sismología.

El temblor de 2017 terminó paradójicamente por integrar a varias generaciones. Muchos jóvenes veían como un enigma las innumerables referencias al 85, no alcanzaban a entender lo que nos había pasado y la estela de devastación y muerte que había dejado el sismo.

Cada vez que se hablaba del 19 de septiembre de 1985 parecía que era algo que pasaba por la forma en que lo interpretábamos.

Hace dos años la historia de nuevo cambió. Quienes no hayan vivido 1985 entendieron y vivieron el dolor, el drama y de nuevo la devastación que deriva de un sismo de las características del de 2017.

La cultura de la prevención ha crecido entre nosotros.

Insistimos, hemos avanzado mucho. Las nuevas generaciones han crecido bajo el manto de la cultura de la prevención. Hoy en día los niños se han convertido en los más avezados para enfrentar situaciones como las que vivimos hace dos años.

Este jueves nuestra memoria recorre nuestras historias personales. No hay manera de no recordar dónde estábamos hace dos años, qué estábamos haciendo, con quién nos comunicamos y qué hicimos por nosotros y sobre todo por los otros.

La Ciudad de México volvió a presentar todas sus virtudes en momentos en que nuestras diferencias, por mayores que sean, pasaron a segundo plano. Lo más destacado fue la participación de los jóvenes que sin haber vivido el 85 entendieron de manera inmediata ante lo que estaban y pusieron por alto su solidaridad y también pusieron en riesgo sus vidas.

A 34 y 2 años tenemos una infinidad de pendientes y una deuda mayúscula con los damnificados. Estamos bajo el proceso de cómo las autoridades se echan la bolita. Es urgente un siguiente paso en que se asuman responsabilidades entre quienes ahora gobiernan, al tiempo que denunciar la corrupción del pasado.

Hace dos años en medio del dolor, la muerte, la tristeza y la devastación salió lo mejor de nosotros, es bueno recordarlo y no olvidarlo porque fuimos y seguimos siendo nosotros.

EDITORIAL

EDITORIAL

La Ley de Amnistía y su necesario debate

Independientemente de que el proyecto de Ley de Amnistía deba ser ampliamente debatido, una de sus grandes virtudes es que busca hacer justicia y tiene tras de sí una convocatoria a la reconciliación.

Está documentado que muchas personas que se encuentran en los penales están en medio de la confusión y la irregularidad. Algunas se encuentran sin sentencia, a lo que se suma que están detenidos por delitos menores o detenciones sin sentido, ya sea por su apariencia física o por una denuncia que nunca termina por ser ratificada.

Vamos al lugar común, a la cárcel se entra con una facilidad inaudita, pero salir de ella es una tarea cercana a lo imposible.

La justicia es salvajemente discriminatoria. Todo cuesta y sin dinero la vida dentro de los penales y en los propios tribunales se convierte en pesadilla. Quien no tiene dinero se puede quedar años allá dentro y quien tiene puede garantizar un mínimo de seguridad en el penal.

La Ley de Amnistía está pensada para tratar de resolver un añejo problema. Mucha gente delinque por innumerables razones, las cuales van desde presiones sociales, intimidación, presiones de bandas delincuenciales y en algunos casos, por más que sea cuestionable, hasta por necesidad.

Si el eje de nuestros problemas es la pobreza, la injusta distribución de la riqueza, la aplicación de la justicia y la impunidad, es obvio que la descomposición social se manifieste de innumerables formas.

Una de las más sensibles es la instrumentación de la justicia porque a través de ella se ejerce un poder que no se cuestiona. La sociedad asume y entiende que las decisiones de los aparatos de justicia se acatan, gusten o no.

La burocracia de la justicia es un elemento más de la discriminación. La enorme cantidad de carpetas que les llega a los jueces hace imposible que la justicia sea expedita y, como se sabe, las carpetas pueden cambiar de orden.

Hay casos que pueden eternizarse sin que nadie los atienda para acumularse en los escritorios, pero hay otros que a través de procesos discriminatorios, va de nuevo influencias y dinero, se convierten en los primeros a atender y resolverse.

El reto de la estrategia requiere remedio y trapito. Si bien por un lado se pretende hacer justicia, asumir y entender las condiciones de vida en el país, por otro lado hay que diseñar proyectos para los hombres y mujeres que eventualmente dejen la cárcel.

Es un proyecto de reconciliación porque para muchas familias puede ser el fin de su pesadilla, y también va a obligar a quienes encabezan los aparatos de justicia a una tarea titánica y de enorme sensibilidad.

La Ley de Amnistía podría ser un detonante para la depuración en muchos casos que materialmente “duermen el sueño de los justos”. Muchos detenidos se quedan solos porque a sus familias y cercanos les va siendo imposible tener un seguimiento de sus vidas.

Es fundamental que al amparo de la Ley de Amnistía se haga cirugía de primerísimo nivel. Es importante que no se cuelen delincuentes mayores bajo el proyecto; sería brutal y no se avanzaría en los intentos de transformación de los aparatos de justicia y del nuevo papel que deben jugar los hombres y mujeres que se encargan de instrumentarla.

Por lo que significa y por su trascendencia, el proyecto de la Ley de Amnistía merece un profundo debate, no tiene sentido aprobarla sin ton ni son sólo porque viene del Ejecutivo; el debate debe ser parte de muchas discusiones sobre la justicia.

Es un proyecto sobre la justicia y de justicia, y también de reconciliación, lo cual quizá también tenga que ver con el incluyente Grito de Independencia que lanzó el Presidente el domingo.

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¿Por qué y para qué los liberaron?

El gobierno está haciendo una apuesta múltiple en el caso de la desaparición de los 43 normalistas en Iguala, Guerrero.

Ha venido desarrollando un proceso de investigación que pueda permitir conocer sin limitación alguna lo que pasó en la llamada “noche más triste”.

Recordemos, porque nunca estará de más hacerlo, que estamos ante uno de los hechos más brutales que haya vivido la sociedad mexicana. Recordamos también que el caso no solamente afectó y trascendió la vida nacional; es hoy referente sobre el país en el mundo.

Desde hace al menos 15 días se habló de la posibilidad de que algunos detenidos, como presuntos responsables de la desaparición de los estudiantes, estarían por ser liberados. Siendo así, nadie puede decirse sorprendido por lo que pasó este fin de semana: 24 personas vinculadas al caso quedaron en libertad, a lo que hay que sumar el caso del afamado Gildardo López, El Gil.

Caben dos hipótesis, las cuales podrían estar interrelacionas. Por un lado, tratar de sacar de la cárcel a todas estas personas, debido a la maraña de intereses en la desaparición de los muchachos. La otra posibilidad, la cual en nuestro país nunca está para desecharse, es que el caso no contenga los elementos básicos de la ley; es muy probable que estemos de nuevo en el cuestionamiento del debido proceso.

Estamos en la muy lamentable dinámica de que no terminamos por conocer si las personas referidas como presuntos responsables, lo son. Al final, el debate no es sobre responsabilidades, más bien todo se remite a buenos abogados que ponen en entredicho el desarrollo del proceso judicial; el caso Florence Cassez nos llevó a ser conscientes de lo que puede pasar.

Lo que resulta de enorme importancia conocer es por qué habiendo evidencia, se les dejó en libertad sin que nada ni nadie apelara o frenara lo que desde hace meses adelantó Alejandro Encinas.

Por otro lado, todo indica que, como usualmente se hace en las investigaciones en la pasada administración, con tal de presentar resultados les importó poco o nada el método para conseguirlos. Se torturó física y psicológicamente, se intimidó y se buscó a toda costa que los detenidos hablaran.

Buena parte de la investigación original muy probablemente termine aparejada con los hechos. El problema es que, desde un primer momento, el caso conjuntó intereses y una gran militancia, la cual incluso pasó por los medios.

Toda la maraña que se formó en torno a la desaparición de los normalistas, si a alguien le ha beneficiado es a quienes perpetraron el delito. Si muchos de los responsables eventualmente son quienes salieron de la cárcel en estos días, va a ser realmente difícil revertir el caso; es un asunto que cae en el terreno legal.

Estamos a menos de 10 días de que se cumplan cinco años de los hechos en Iguala. Se presentarán grandes manifestaciones en muchas ciudades del país. Es una oportunidad para que el Gobierno y en particular la FGR, informen del estado de las cosas. En estos 10 meses ya deben tener reportes que permitan conocer dónde están los puntos clave y quiénes son los responsables del desaseado proceso.

Filtrar que se va a actuar en contra de uno u otro exfuncionario, hace unos días se mencionó que irían tras Jesús Murillo Karam y Tomás Zerón, para lo único que sirve es para alentar expectativas, lo cual, como bien se sabe, en muchos casos puede terminar en auténticos petardos.

A quien se debe perseguir es a los responsables de la desaparición de los normalistas, a quienes están detrás de la liberación de presuntos responsables y de quienes tienen que ver con el desaseado proceso.

Insistimos, hay cosas en este lamentable y triste caso que vale la pena retomar; no lo dejen pasar sólo porque es parte del señalado pasado.

EDITORIAL

Gobierno-CNTE y el juego de las vencidas

Es comprensible el esfuerzo de López Obrador por entenderse con la CNTE. Es un tema que el país viene arrastrando, el cual ha desatado muchos problemas para el desarrollo de la educación.

Los antecedentes llevan a pensar que va a ser muy difícil satisfacer las demandas de la Coordinadora. Es una organización cerrada con la que no es fácil entenderse. A lo largo de mucho tiempo ha colocado las manifestaciones y protestas como eje de sus demandas. No se vence porque tiene cohesión y control interno, lo que le da una gran fuerza hacia el exterior.

Si este control es por la buena o por la mala es un asunto que a menudo se debate. Se dicen muchas cosas sobre el tema, pero lo cierto es que son pocas las denuncias que hay sobre la forma en que se dirige a la Coordinadora.

Lo que es un hecho es que su influencia en el nivel educativo tiende a ser profundamente desigual, a lo que se suma la ausencia en las aulas de los profesores en parte del año escolar, se la pasan en marchas, mítines, asambleas y mesas de diálogo.

Las grandes batallas de la Coordinadora las ha concentrado en la defensa de las condiciones generales de trabajo, pero no hay muchos antecedentes de que entre ellas estén la defensa y apoyo a la educación del país.

Todo indica que en el pasado proceso electoral el hoy Presidente estableció un acuerdo político con la Coordinadora. En algún sentido se puede decir que hoy la CNTE estaría cobrando lo que supuestamente le prometieron.

No va a ser fácil someter a la Coordinadora, esto no está en su código. Si bien es una organización que no se puede ver como un ente monolítico, es evidente que bajo coyunturas delicadas su proceso de cohesión se da casi en automático.

Es por ello que pareciera que en estos días todo se concentra en las demandas de la Coordinadora en Chiapas y en Oaxaca, pero en el fondo no es así. Puede haber particularidades, pero no pasemos por alto que ante las crisis se termina cohesionando profundamente; es lo que la hace aún más fuerte.

¿Hasta dónde va a llegar el juego de vencidas entre el Presidente y la CNTE? La Coordinadora sabe que el Presidente tiene prisa, López Obrador quiere echar a andar y tener amarrado lo más pronto posible el proyecto educativo.

El año lectivo que acaba de empezar todavía no es el plan de estudios que se ha planteado el Gobierno. El valor y efectividad de los proyectos educativos sólo se alcanzan a apreciar al paso de las generaciones. Cuando los estudiantes cumplen sus procesos educativos básicos se logra ver qué tanto han avanzado en el proceso de enseñanza-aprendizaje, al tiempo que se alcanza a apreciar el valor del proceso educativo que se ha puesto en marcha.

Es probable que se siga en el todo o nada como método de negociación y como bien a bien las versiones que tenemos de las reuniones en Palacio Nacional son de la Coordinadora, no sabemos por dónde va la negociación.

El desarrollo desigual de la educación ha sido uno de sus grandes males. Hoy que se está empezando a instrumentar un programa educativo reconociendo nuestras diferencias, se abre la oportunidad de que en los estados en donde hay un desigual desarrollo educativo se puedan crear nuevas condiciones y para ello los maestros y maestras, como siempre se ha dicho, son fundamentales.

Vienen días complicados porque se tienen que aprobar las leyes secundarias de la nueva Reforma Educativa. Ayer en San Lázaro la CNTE ya mostró algo de lo que viene y de lo que es capaz. No podemos estar en un interminable juego de vencidas.

EDITORIAL

Ataquemos la impunidad

El principal problema de México es la impunidad. Si de por sí el país ha atravesado por tiempos violentos, en el nuevo Gobierno la inseguridad continúa al alza. En julio los homicidios se incrementaron 8.38% contra el mismo mes, pero de 2018. También se han incrementado los secuestros, los robos y los feminicidios. En un país donde el 99.3% de los delitos no se castigan (UDLAP), es ingenuo esperar que la violencia disminuya.

Desde su campaña, el ahora Presidente López Obrador ha impulsado una estrategia basada en tres ejes: el primero, la creación de la Guardia Nacional, un cuerpo de seguridad con entrenamiento especializado para asegurar que el Estado cuente con un aparato coercitivo desplegado por todo el territorio nacional; el segundo, programas sociales como Jóvenes Construyendo el Futuro en donde se le da oportunidad a jóvenes de 18 a 29 años, de capacitarse en alguna empresa mientras que reciben una beca mensual de tres mil 600 pesos por un año, permitiendo que los jóvenes se alejen de la delincuencia y se acerquen a los sectores productivos de la economía; el tercero y, no por ello, menos importante: las mamás de los delincuentes.

Sobre esto último: AMLO envía un importante mensaje moral para que los delincuentes se abstengan de cometer crímenes, pensando en sus familias. Si algo han producido estos años de violencia desbocada es la fragmentación de la sociedad, de los núcleos familiares y la pérdida de talento en importantes sectores del país. Por supuesto que esta estrategia no puede ser tomada en serio, cuando la moral no es el único factor que orilla a una persona a delinquir sino la falta de oportunidades, la desigualdad, el resentimiento y la baja probabilidad de castigo producto de décadas de marginación, pobreza e irresponsabilidad.

Ninguno de los tres ejes funcionará si no hay una reforma integral al sistema de justicia mexicano. La Guardia Nacional puede ser muy efectiva para descubrir a delincuentes y capturarlos, pero si el sistema de justicia mexicano no puede castigarlos efectivamente, con base en los marcos legales establecidos, la Guardia pasará el resto del sexenio capturando y volviendo a capturar delincuentes sin disminuir la violencia.

Los programas sociales impulsados por AMLO son atractivos de inicio para jóvenes, pero ante el idioma del dinero y el lujo que habla la delincuencia organizada, poco tiene que hacer. Mientras el Estado no haga evidente que la probabilidad de ser castigado penalmente por cometer un delito es alta y real, sólo regalará el dinero.

Por último, sólo cuando la probabilidad de terminar en la cárcel por cometer un delito sea alta y real, es que los delincuentes pensarán en el daño que, con sus actos, le hacen a sus familias. Mientras eso sucede, la amplia mayoría de ellos llegan a casa como si nada hubiera pasado y la violencia seguirá escalando.

Ataquemos la impunidad.

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Cambio climático, ¿que ya es tarde?

La vida ha sido derrotada, ganó la muerte, cree Jonathan Franzen; y sugiere que aceptemos que viene el apocalipsis climático. Argumenta que en 1988 aún podíamos plantearnos prevenir las peores consecuencias del calentamiento global. Pero desde entonces aumentan las emisiones mundiales de CO2.

Y los paliativos que ofrecen las energías alternativas son rápidamente devorados por una humanidad que sigue creciendo en personas y en consumo de hidrocarburos y carne. Según Franzen, no nos impactó un meteorito ni estalló la guerra nuclear, pero la humanidad ha firmado su sentencia de muerte. A la afirmación de los científicos de que aún es teóricamente posible no rebasar el umbral de aumento de temperatura de 2ºC, responde que en términos prácticos, sí es imposible. Porque nada indica que en los próximos años ocurrirá una transición energética oportuna. Aunque los neoyorquinos hagan un gran esfuerzo, no los texanos. Concluye que quienes tenemos menos de 60 años veremos probablemente incendios, migraciones y reducción en la producción de alimentos; y a los menores de 30 les tocaría presenciar lo peor.

Supuestamente, lo que motiva a Franzen son buenas intenciones: recomendarnos disfrutar el presente, amar a nuestros seres queridos, defender la democracia, proteger ecosistemas y practicar la caridad hacia los necesitados. Si siguiéramos tratando de evitar lo inevitable, sugiere, seríamos capaces de colocar paneles solares en parques naturales y malgastaríamos lo que nos queda de existencia. Nuestros recursos no son infinitos e infiere el ganador del National Book Award, no debemos dedicarlos completamente a tratar de mitigar el cambio climático, pues ya no se puede.

Ante ese derrotismo hay varias cosas por decir. Franzen es un buen ensayista, pero no es científico. Aunque sería muy grave rebasar el umbral de 2ºC, el apocalipsis no sería tan seguro como si alcanzamos un aumento de 4º o 6ºC. No es lo mismo jugar a la ruleta rusa con una bala que con el cargador lleno, como dice el doctor Mario Molina. Aquel intervalo no es trivial y cada acción que nos aleje del extremo más caliente aumenta nuestra probabilidad de sobrevivir como humanidad. Cada sacrificio, por las generaciones futuras, cuenta.

Por otro lado, ¿realmente hemos hecho un gran esfuerzo? Mucha gente ni siquiera sabe qué y cuáles son los gases de efecto invernadero, ni cuánto cuesta un auto híbrido, ni ha probado la comida vegana para ver si puede disminuir su consumo de carne.

No, sr. Frazer, no nos demos por vencidos sin antes luchar. Antes prohibamos —sí, prohibamos— camionetas megacontaminantes y vuelos fácilmente sustituibles por trenes; pongamos un impuesto al consumo de carne de res. Vayamos el viernes 20 de septiembre a la enorme manifestación de adolescentes del Ángel al Zócalo, a las 2 pm ¡Hay tanto por hacer aún! Greta Thunberg coincide en que nuestro deber es hacer lo imposible. Pero, por favor, no nos pidan tolerancia… es indispensable la intolerancia contra los que casi destruyeron el futuro.

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Gobierno-CNTE y el juego de las vencidas

Es comprensible el esfuerzo de López Obrador por entenderse con la CNTE. Es un tema que el país viene arrastrando, el cual ha desatado muchos problemas para el desarrollo de la educación.

Los antecedentes llevan a pensar que va a ser muy difícil satisfacer las demandas de la Coordinadora. Es una organización cerrada con la que no es fácil entenderse. A lo largo de mucho tiempo ha colocado las manifestaciones y protestas como eje de sus demandas. No se vence porque tiene cohesión y control interno, lo que le da una gran fuerza hacia el exterior.

Si este control es por la buena o por la mala es un asunto que a menudo se debate. Se dicen muchas cosas sobre el tema, pero lo cierto es que son pocas las denuncias que hay sobre la forma en que se dirige a la Coordinadora.

Lo que es un hecho es que su influencia en el nivel educativo tiende a ser profundamente desigual, a lo que se suma la ausencia en las aulas de los profesores en parte del año escolar, se la pasan en marchas, mítines, asambleas y mesas de diálogo.

Las grandes batallas de la Coordinadora las ha concentrado en la defensa de las condiciones generales de trabajo, pero no hay muchos antecedentes de que entre ellas estén la defensa y apoyo a la educación del país.

Todo indica que en el pasado proceso electoral el hoy Presidente estableció un acuerdo político con la Coordinadora. En algún sentido se puede decir que hoy la CNTE estaría cobrando lo que supuestamente le prometieron.

No va a ser fácil someter a la Coordinadora, esto no está en su código. Si bien es una organización que no se puede ver como un ente monolítico, es evidente que bajo coyunturas delicadas su proceso de cohesión se da casi en automático.

Es por ello que pareciera que en estos días todo se concentra en las demandas de la Coordinadora en Chiapas y en Oaxaca, pero en el fondo no es así. Puede haber particularidades, pero no pasemos por alto que ante las crisis se termina cohesionando profundamente; es lo que la hace aún más fuerte.

¿Hasta dónde va a llegar el juego de vencidas entre el Presidente y la CNTE? La Coordinadora sabe que el Presidente tiene prisa, López Obrador quiere echar a andar y tener amarrado lo más pronto posible el proyecto educativo.

El año lectivo que acaba de empezar todavía no es el plan de estudios que se ha planteado el Gobierno. El valor y efectividad de los proyectos educativos sólo se alcanzan a apreciar al paso de las generaciones. Cuando los estudiantes cumplen sus procesos educativos básicos se logra ver qué tanto han avanzado en el proceso de enseñanza-aprendizaje, al tiempo que se alcanza a apreciar el valor del proceso educativo que se ha puesto en marcha.

Es probable que se siga en el todo o nada como método de negociación y como bien a bien las versiones que tenemos de las reuniones en Palacio Nacional son de la Coordinadora, no sabemos por dónde va la negociación.

El desarrollo desigual de la educación ha sido uno de sus grandes males. Hoy que se está empezando a instrumentar un programa educativo reconociendo nuestras diferencias, se abre la oportunidad de que en los estados en donde hay un desigual desarrollo educativo se puedan crear nuevas condiciones y para ello los maestros y maestras, como siempre se ha dicho, son fundamentales.

Vienen días complicados porque se tienen que aprobar las leyes secundarias de la nueva Reforma Educativa. Ayer en San Lázaro la CNTE ya mostró algo de lo que viene y de lo que es capaz. No podemos estar en un interminable juego de vencidas.

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Trump nos evalúa de nuevo

El Gobierno ha insistido en que México no va a ser Tercer País Seguro en el tema migratorio. El problema es que en el terreno de los hechos, de alguna u otra forma lo somos.

Las medidas que ha tomado el gobierno de EU están provocando que sea nuestro país el lugar donde los migrantes pernocten. Lo que hacen es regresarlos a México, mientras las autoridades del vecino país llevan a efecto una larga y engorrosa revisión de las innumerables solicitudes.

EU no ha quitado, ni va a quitar, el dedo del renglón sobre este asunto. A Trump le es importante y rentable, y más en los tiempos político-electorales que se avecinan.

Se cumplen los 90 días del proceso de evaluación de la política migratoria mexicana por parte de EU, y están por decirnos de nuevo si estamos haciendo bien la tarea. Ya pasamos la primera prueba, a los 45 días, ahora se viene la segunda singular y oprobiosa revisión.

La amenaza de por medio, recordemos, es la aplicación de aranceles a los productos mexicanos en caso de que no se cambie la política migratoria y la haga más severa; la amenaza nos la envío Trump el 7 de junio pasado.

El Gobierno ha hecho un gran esfuerzo. Sin embargo, muchas cosas nos están saliendo caras. El país, de la noche a la mañana, enfrentó una migración inédita, paradójicamente fue el propio Gobierno el que, hacia finales del año pasado en algún sentido la alentó.

El entonces presidente electo aseguró que se daría empleo y ayuda a todos aquellos migrantes que entraran al país. Los migrantes se sintieron en confianza de venir a México, lo que no gustó nada a las autoridades de EU; fue un tema que se discutió entre representantes diplomáticos de la embajada estadounidense y autoridades mexicanas.

La mayoría de los migrantes interpretó y utilizó el mensaje para venir a nuestro país para, en un segundo momento, buscar su objetivo: ingresar desde México a EU. En medio de confusos procesos informativos, en El Salvador, Honduras y Guatemala se creó la idea de que era fácil entrar a México y que esto les abría la posibilidad de cruzar la línea.

Sumemos a quienes se aprovecharon de la situación: “polleros”, traficantes de personas y quienes en los países de origen prestan dinero con intereses y presiones altísimas para poder viajar.

Partamos de algo que no va cambiar. Para Trump, todo lo que hagamos, sin importar lo que nos cueste, es “insuficiente”; vive bajo el “pueden hacer más”. Hemos entrado en un círculo vicioso, que va a ser muy difícil romper, porque la migración podrá disminuir, pero no va a desaparecer.

Las condiciones bajo las cuales se vive en Centroamérica son el gran factor que provoca la migración. Ni en El Salvador, ni en Guatemala, ni en Honduras aparecen signos que muestren condiciones de vida diferentes. La persecución política, el desempleo, la violencia cotidiana y las siempre amenazantes pandillas siguen rodeando la vida de muchos, en particular de los jóvenes.

Por más que el Gobierno se esmere en cumplirle a Trump para evitar los lapidarios aranceles, no se ve que pueda llegar el momento en que se le pueda satisfacer. Para él, la migración tiene que ver con concepción de vida discriminatoria y xenófoba, al tiempo que la tiene claramente ubicada como uno de sus ejes ideológicos que ya le hicieron ganar una elección y ahora va de nuevo por ello para intentar ganar la presidencia.

Cada vez hay más tensión en los albergues. Ayer, la ONU hizo un pronunciamiento crítico por las condiciones en que están los niños en ellos, tanto en EU como en México.

Es un problema multilateral, con responsabilidades compartidas en el que por ahora quien está más presionado somos nosotros, por más que se anden esmerando con Trump.

EDITORIAL

Sismo en el Istmo

El maestro Francisco Toledo decía, recordando el juego de su niñez llamado Chin Tacamaya, que la noche del 7 de septiembre a Juchitán lo habían zarandeado. Desafortunadamente fue sacudido Juchitán y muchos otros pueblos vecinos de enorme belleza y profunda necesidad. El gran artista oaxaqueño y juchiteco ayudó mucho a los damnificados.

Como un prólogo de lo que sucedería el 19 de septiembre del 2017, un fuerte sismo nos despertó cerca de la medianoche el día 7 de septiembre de ese año. En México interactúan 5 placas tectónicas y nuestro Servicio Sismológico Nacional reporta aproximadamente un promedio de 40 sismos por día. En lo que va de este año, ha temblado más de 18 mil veces en nuestro país; más de 12 mil de ellos se registraron en los estados de Oaxaca y Chiapas.

El sismo de magnitud 8.2 la noche del 7 de septiembre de 2017 sacudió con furia el sur de México y en particular el Istmo de Tehuantepec. El epicentro se registró a 133 kilómetros al suroeste del municipio de Pijijiapan en el estado de Chiapas, con una profundidad de 45 kilómetros, siendo un movimiento intraplaca.

El sismo nos quitó la razón por unos segundos que parecieron eternos. El miedo y la sorpresa nos invadió. De pronto nos vimos en pijama en medio de la calle, abrazados, sin saber la tragedia que había ocurrido. El sismo se sintió con gran intensidad en la costa oaxaqueña y en la chiapaneca. Las réplicas no se hicieron esperar; dos días después se habían registrado 482 y quince días después 4 mil 326.

Las consecuencias aparecieron de inmediato. Miles de familias en municipios muy necesitados vieron resquebrajadas sus vidas y el patrimonio construido a lo largo de décadas. Miles de viviendas, clínicas y escuelas fueron reducidas a escombros y decenas de personas perdieron la vida.

El país entero se volcó en ayuda para esos municipios. Instituciones de los 3 niveles de gobierno se concentraron de inmediato en auxiliar a la población. Ayuda internacional fue recibida de distintas formas. Con mucho esfuerzo eran atendidos los afectados por los sismos y muchos otros en distintas partes del país afectados también por una serie de ciclones tropicales que azotaron el país.

En aquellos días, pensábamos que lo peor había pasado y que sólo era cuestión de imprimir un esfuerzo constante en el proceso de reconstrucción y atención a las familias. Nadie pensaba que algo peor estaba por venir tan sólo 12 días después.

El Gobierno de México, a través de la Secretaría de Desarrollo Territorial y Urbano aplica un programa de reconstrucción concebido desde el periodo de transición para recuperar el tiempo perdido y reconstruir las diferentes regiones del país de manera adecuada.

A dos años del sismo del 7 de septiembre, debemos continuar trabajando para estar mejor preparados. Los 40 sismos que en promedio suceden a diario en nuestro país deben ser el mismo número de recordatorios para identificar nuestros riesgos, preparar un plan familiar, integrar una mochila de emergencia y armar un buen directorio. Como decía el maestro Toledo, que Dios nunca se olvide del Istmo y que los servidores públicos hagamos todo lo humanamente posible para aliviar sus problemas.

EDITORIAL

Ayotzinapa, la verdad por encima de la expectativa

Buena parte del proceso de investigación sobre la desaparición de los 43 normalistas ha estado marcada por la controversia.

Para variar, si algo le falló al gobierno de Peña Nieto fue la comunicación y la sensibilidad. Nunca entendió el tamaño del problema, tanto por el hecho mismo como por las consecuencias que fue adquiriendo se convirtió en tema internacional.

Lo que pasó en Iguala es una referencia y definición sobre México y su gobierno. Peña Nieto y su equipo nunca tuvieron la capacidad de definir lo que estaban haciendo, a la vez que se fue evidenciando un proceso cargado de contradicciones.

Muchas circunstancias definieron al taciturno Peña Nieto; sin embargo, entre la Casa Blanca, la cual por cierto está en la mira, y la desaparición de los 43 normalistas se convirtieron en la “cara” de su sexenio.

De no ser que aparezcan información y hechos nuevos, es probable que las nuevas pesquisas concluyan en parte de lo que hoy se conoce; podrán aparecer variantes, pero la muy dolorosa información sobre cómo desapareció y se incineró a buena parte de los normalistas parece ser que terminó siendo su lamentable destino.

Padres de familia, familiares y toda la comunidad de la Normal Isidro Burgos con razón no se resignan. Sólo ellos saben lo que piensan de lo que pudo haber pasado la “noche más triste”.

La razón por la cual no han dejado de protestar se debe a que han encontrado en la investigación una serie de confusas y contradictorias declaraciones, lo cual los lleva a cuestionar todo el proceso. La protesta parte de la rabia y la impunidad, pero también de lo que han visto y vivido.

Todo indica que muchas de las declaraciones de los presuntos responsables fueron obtenidas a través de tortura. Ante esta circunstancia, por más que haya evidencias de su participación, ante la ley deja de tener valor legal lo que hayan declarado.

Estos días algunos personajes que habían reconocido su participación ya están en libertad o estarían por obtenerla; Alejandro Encinas hablaba hace días de más de 50 detenidos que podrían alcanzar la libertad.

Algunos de ellos han reconocido su participación con una deleznable frialdad en conversaciones con psicólogos de la entonces PGR. Sin embargo, reiteramos, no necesariamente lo que han dicho tiene valor ante la autoridad judicial.

La decisión del Gobierno de revisar el proceso se debe reconocer como un acto que sensibilidad, esta misma que le faltó al pasado Gobierno. Sin embargo, esto no garantiza que se puedan encontrar nuevos elementos de los que hasta ahora se conocen.

Es importante y estratégico no generar expectativas de no ser la de la certeza de que se irá hasta el fondo con dos objetivos: conocer si se confirman las hipótesis que hasta ahora son públicas o surge algo nuevo, y por otro lado investigar detalladamente el papel que jugó la autoridad.

El país tiene una afrenta histórica por la desaparición de los estudiantes. El caso no tiene forma alguna de cerrarse porque existen una serie de circunstancias de enorme confusión, que terminan por cuestionar parte de lo que hasta ahora se ha hecho.

No hay manera de devolverles a los padres de familia la tranquilidad de vida, pero sí el darles certeza de lo que pasó y sobre todo la seguridad de que para llegar al final de esta dolorosa, injusta y triste historia, se hizo bajo un proceso de investigación transparente y justo.

El Gobierno y la FGR tienen el enorme reto de llegar a la verdad, aunque parte de ella eventualmente se conozca, al tiempo de castigar a quienes hayan violado la ley en el pasado proceso de investigación. Lo importante es la verdad, no la expectativa.

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