EDITORIAL

 

 

Independientes: ni la candidatura se ve clara

 

Sí, es cierto que las candidaturas independientes contribuyen a la liberalización del sistema político mexicano. Por un lado, aumentan las posibles estrategias que pueden adoptar los políticos para alcanzar sus ambiciones personales (para ilustrar este caso basta con pensar en la candidata independiente más conocida del momento). Por el otro, también permiten que los ciudadanos tengan una gama más amplia de opciones al momento de emitir su voto. En última instancia, esta figura aspira a que sea posible hacer política incluso sin partidos: un individuo puede hacer una carrera fuera de éstos y el votante puede castigarlos a todos sin necesidad de anular o abstenerse. Ahora, suponiendo que dicha aspiración no trajera efectos adversos (lo cual es cuestionable), una cosa es lo que estas candidaturas pueden llegar a ser y otra es lo que realmente son ahora.

Los partidos dan concesiones, pero una a la vez, siempre guardando espacio para demandas y negociaciones futuras. En este caso, aceptaron la creación de una figura política apartidista, pero le impusieron labores titánicas a quienes quieran usar ese recurso: en particular, los aspirantes a contender por la Presidencia de la República deben recolectar, en 127 días, al menos la firma equivalente al 1% de la lista nominal federal, pero con electores de por lo menos diecisiete estados (que a su vez sumen al menos el 1% de la lista nominal de cada uno de éstos, tan rebuscado como suena). Es decir, tienen 127 días para recolectar 866,593 firmas cumpliendo las restricciones adicionales por estado.

Para poner esa cifra en perspectiva, en 2016 los promotores de la #Ley3de3 entregaron al Senado de la República 634,143 firmas ciudadanas en lo que fue un esfuerzo sin precedente de la sociedad civil organizada. Así, una iniciativa altamente popular, que logró que universidades, empresarios, intelectuales, líderes de opinión y demás agentes relevantes participaran activamente en la recolección de firmas, juntó el 73% de lo que ahora requiere cada una de estas candidaturas para concretarse. Es cierto que dicha recolección se hizo en menos de 127 días, pero también es dudable que cualquiera de los aspirantes presidenciales independientes cuente con un apoyo tan sólido como el que gozó la 3 de 3.

De cualquier manera, supongamos por un momento que algunas de estas candidaturas presidenciales logran concretarse. Entonces comenzaría lo verdaderamente complicado. El electorado mexicano suele ser ampliamente movilizado el día de la elección por las estructuras partidistas, mala noticia a los independientes. Yendo más allá, desempeñar cualquier acto o labor de campaña debe resultar más sencillo para un candidato que cuenta con el apoyo de una estructura cuyo principal objetivo es ganar elecciones y que con años de experiencia ha ido desarrollando un nivel considerable de especialización: un partido político.

Todo esto no significa que las candidaturas independientes presidenciales no sirvan, sino que deben usarse con una estrategia adecuada. Del lado de los votantes, pueden usarse como método de protesta y castigo contra el sistema tradicional. Del lado de los políticos, son una buena oportunidad para hacerse notar, darse a conocer, como escalón para una campaña posterior o para fijar temas de interés particular en la agenda pública nacional: ojalá, por ejemplo, que Marichuy Patricio logre su candidatura para que nos ponga sobre la mesa los temas que son prioridad para los pueblos indígenas y que nosotros no alcanzamos a ver. Pero parece que falta mucho camino por andar para que esta sea una opción viable y realista para llegar a Los Pinos… Si alguien realmente lo está haciendo con ese objetivo, “¿a qué le tiras cuando sueñas, mexicano?”.

EDITORIAL

A Trump le urgen las medallas

A pesar de las diferentes miradas que hay en el país sobre el TLC, no tiene sentido desconocer sus bondades. Con el Tratado el comercio mexicano tuvo un giro de 180 grados y entró en dinámicas de competencia que antes no había imaginado ni intentado.

No hay duda de que se han presentado muchos problemas, pero al final el balance ha sido positivo. Se reactivó la economía, se abrieron nuevos mercados y sobre todo nos llevó a entender a todos que el signo de los tiempos es la competencia y el libre mercado.

En muchas áreas de la economía nacional costó trabajo entender los nuevos tiempos.

Estábamos entre el desconocimiento, temores y la falta de preparación. No es lo mismo competir con el de la esquina que con los mercados de otras naciones, y más si se trata de Canadá y EU.

Hoy, no hay manera de concebir la vida del país sin el libre mercado y la competencia. Quienes a principios de los noventa se opusieron al TLC hoy se dedican a defenderlo, aunque le pongan todo tipo de observaciones y a veces lo hagan tímidamente.

Es evidente que el Tratado no es la panacea. Sin embargo, una pregunta que vale la pena hacerse, no es ociosa, es qué sería de la economía y la vida de México y de América del Norte en su conjunto si no existiera el TLC.

Impugnar y colocar al Tratado como lo hace Trump refleja su desconocimiento de lo que pasa en las entrañas de los tres países. Se lo han hecho saber en EU de todas las maneras posibles pero se la ha pasado entre que no escucha, no le importa o quizá no entiende.

Es un enigma lo que vaya a pasar con el TLC. La incertidumbre es un juego que a Trump le gusta y que además alienta. Este juego le ha traído consecuencias a la economía mexicana, cada vez que el empresario-presidente tuitea o habla sobre el tema, toca las fibras sensibles de los principales indicadores nacionales.

En la ronda de renegociaciones que inicia mañana en la CDMX se vislumbran de nuevo dificultades. Trump y su equipo no vienen a negociar sino a imponer. Al Presidente le urgen medallas y reconocimientos y hasta ahora ha logrado poco o nada, tanto en su país como fuera de él. En donde se para hay problemas e incomodidades.

Tener al TLC en la mira le ha permitido imaginar que a través de él puede conseguir sus ansiadas medallas y reconocimientos, al menos de sus simpatizantes.

Pero es obvio que no sólo busca el reconocimiento, si bien es parte central de lo que imagina en su vida y su mandato, todo forma parte de una fórmula mayor.

Trump quiere el TLC a su imagen y semejanza.

Supone que la Casa Blanca y su relación con las naciones debe ser parte del “Mundo Trump”, del cual tendremos desde mañana un nuevo curso intensivo en la capital del país.

EDITORIAL

 

Hay 265 millones de pesos volando

Como si el dinero cayese del cielo y no lo necesitasen los 15 millones de damnificados por los dos sismos y tres huracanes de septiembre, el INE no ha reintegrado a Hacienda los 265 millones de pesos que el PRI devolvió para ser utilizados en la reconstrucción en 12 estados dañados.
Por lo pronto, el PRI ya no recibió los 88.3 millones que le debían llegar, a razón de “prerrogativas” sacadas de nuestros impuestos, para que pueda funcionar como partido político en una democracia. ¿Qué hizo el INE con esos 88.3 millones? Pues… los tiene retenidos.
Pero se trata de un dineral. En total son 265 millones de pesos: los montos correspondientes al PRI en octubre, noviembre y diciembre, que ya deberían de estar siendo usados en cualquiera de las modalidades de apoyos: subsidio, financiamiento, reconstrucción directa, sistema emprendedor…
Es una lástima que no prendiese la iniciativa de que el dinero que dan los ciudadanos a los partidos para que vivan fuese usado en la reconstrucción. Idea que no fue del PRI, sino de AMLO, quien propuso que los partidos devolvieran el 50 por ciento de gastos oficiales de la campaña presidencial.
Sin embargo, la iniciativa de AMLO fue una trampa populista, porque los partidos recibirán el dinero de la campaña presidencial para la elección de 2018 sólo hasta mayo próximo. Y los recursos para la reconstrucción se necesitan desde septiembre.
Además de que la oferta de AMLO fue entregar el dinero él mismo de mano en mano, y tampoco era para tanto, pues a AMLO (Morena es él mismo) le tocan 207 millones 457 mil pesos: el 50 por ciento serían unos 100 millones. Y eso, para darlos a quien dicte su inspiración divina.
AMLO prometió un dinero que aún no tiene, aunque AMLO al menos hizo lo único que sabe, que es prometer, engatusar a la gente como un merolico que ofrece remedios milagrosos. En cambio, PRD, PAN, PT, MC, PES y Panal sencillamente no le entraron. El Verde regresó 25 por ciento: 21 millones.
Fue el PRI el único que sí devolvió la lana. ¿Que eso no compensa lo que se robaron algunos de sus gobernadores? Es cierto. Pero gobernadores panistas también han robado, como Padrés en Sonora; y perredistas, como el desfalco de Ebrard en la Línea 12: ninguno puede tirar la primera piedra.
No compensa, pero la devolución es un hecho y proviene de un dinero que sale del contribuyente mexicano y sí afecta a los partidos reintegrarlo; mientras que el de las campañas no tanto, pues los candidatos tienen mil y una maneras de hacer campaña sin fondos del INE. El INE que, no olvidemos. Tiene 265 millones sin devolver a Hacienda, eh.

EDITORIAL

AMLO el impoluto

 

Andrés Manuel López Obrador cumplió 64 años, ¿su regalo?, fuero social para casi todo. Por ejemplo, jugar a las promesas del rey con Ricardo Monreal, futuro secretario de Gobernación o presidente de Morena o coordinador de la tercera campaña presidencial del tabasqueño o, las tres cosas, al fin que puede.

La opacidad de sus arreglos goza de un seudo permiso que cruza pantanos y sigue vigente. López Obrador puede hacer lo que nadie más. Andar en campaña siempre sin que nunca el INE lo sancione por actos anticipados y, al no hacerla formalmente, tampoco rinde cuentas vulgares, ésas que dice la “mafia en el poder” le exige como ataque porque le tiene miedo.

Los aspirantes a independientes están obligados a cuantificar, en pesos y centavos, reuniones de apoyo en domicilios particulares, encuentros con colectivos, no pueden recibir nada de personas morales, si alguien presta un auto, o diez, deben asignarle valor de alquiler. De esto, nada le quita el sueño, su sueño, a quien todo lo puede.

Andrés Manuel II, Martí Batres, Sheinbaum y Polevnsky sometieron las aspiraciones del jefe delegacional en Cuauhtémoc con absoluta opacidad, mediciones morenas internas, secretas, que lo mandaron al final de las preferencias. Monreal se inconformó. La arbitrariedad y la discrecionalidad que en otros partidos, y personajes, es pecado capital, en Morena es dogma de fe.

Ricardo Monreal dice que por lo pronto sigue en Morena. Ya vio a quien considera, la persona con mayor autoridad moral del país, pero lo hizo a escondidas, de noche. No dice dónde ni cuándo volverán a juntarse, nada de lo hablado trasciende, asunto de dos. Él reflexiona sobre su lugar y momento en la historia (así de grave el delegado) y evalúa opciones. Mismos trapecios, diferentes raseros.

A los 64 años, AMLO goza de amplias facultades. El orgullo de su nepotismo, Andrés Manuel II, nos remite a los tiempos de José López Portillo con José Ramón, o a Coahuila con la familia Moreira, dinastías repudiadas por la grey lopezobradorista omisa ante las filias del líder.

Si en el Frente inmobiliario Anaya-Barrales hay uso y abuso de spots oficiales para fines personales del mandamás blanquiazul, en Morena es pan con lo mismo. Millones de spots en campaña permanente.

Si el senador Miguel Barbosa promovió el Pacto por México e hizo la gira de las reformas con Enrique Peña Nieto en pomposa comitiva por el mundo, el toque de Andrés Manuel lo limpia, absuelve y pone en línea para competir por el gobierno de Puebla, lo que bien sabía Barbosa, pero nunca dijo, que en el PRD de Anaya, nunca ocurriría.

Conversiones que sólo AMLO puede. Licencias del discurso bueno. Rituales aprendidos que no se olvidan y promesas de un actuar honesto y transparente, sin arreglos secretos, propios de las mafias. Así vende un futuro viejo, pero renovado.

EDITORIAL

 

La decadencia

 

 

El grito se escucha constantemente en el estadio, ese grito que ha evidenciado a los mexicanos como un pueblo con serias carencias de civilidad. Preferimos dejar de ser esos anfitriones alegres, creativos y divertidos, para mejor insultar, ensuciar y hacer gala de toda la vulgaridad posible. Millones de personas alrededor del mundo dan cuenta de ello cada que se transmite un partido de futbol. Es el Circo Romano, donde todos son uno escudados en el anonimato de la multitud, desafiando burlonamente las reglas de la sana convivencia.

Total, así somos, desenfadados y dicharacheros, y al que no le guste pues será porque es un niño fresa con oídos castos. ¿La FIFA? No le hace, porque ellos están en Suiza, la multa la paga quién sabe quién y aquí sólo nuestros chicharrones truenan.

Y no debe haber sorpresas ni sorprendidos. Finalmente es el país en donde las reglas de tránsito no se respetan, en donde la basura la arrojamos a la calle, donde se puede construir un edificio sin permisos y donde todo se arregla con “una lanita”. Es la tierra donde un gobernador se puede apropiar de la reserva territorial de medio estado, mientras su legislatura se cabecea en sus curules.

Tantas quejas hacia los políticos, su corrupción e ineficiencia, pero al final es un juego de espejos, reflejo de la casa, la calle y la escuela. Aunque desde luego uno esperaría que nuestros representantes populares, que hicieron una carrera, ganaron una campaña y tienen unos sueldos de lujo para supuestamente velar por las mejores causas del país y de los ciudadanos, se comportaran de otra manera.

Esperaríamos que los legisladores fueran un ejemplo a seguir, líderes a quienes pudiéramos escuchar para ser orientados, o a quienes pudiéramos acudir para externar las inquietudes y resolver problemas de nuestras comunidades. Pero no, en México la gran mayoría de ellos son todo menos eso.

Si ya la mordida que le propinó una diputada de Morena a una colega de un partido contrario había parecido un caso inaudito, el grito, ese famoso grito, se escuchó no en el Azteca sino en la Cámara de Diputados. Y lo peor fue que no salió de la boca de unos descamisados, sino de la de unas mujeres, diputadas del PRI.

Mujeres, ellas que todos los días sufren del machismo, el acoso, la discriminación y la violencia, haciendo esos desfiguros indignos y torpes. Pretendían defender a su coordinador, César Camacho, de los insultos e infamias lanzadas por un diputado de oposición, pero para lo más que les dio su intelecto fue para espetarle el tristemente célebre ¡eeehhh puto!

De todas las cosas que podían idear, de la infinidad de cuestionamientos que se le podían hacer a ese opositor respecto a su partido, a su líder mesiánico, a la corrupción que lo rodea y las ideas retrógradas que defienden, solamente les alcanzó para un insulto a coro.

Vaya ejemplo que le dieron a México y a sus hijos.

EDITORIAL

 

Trump, Cuba y el realismo selectivo

 

Seis meses después de haber anunciado, en Miami y de manera estridente, una reversión de la política de Barack Obama hacia Cuba, el gobierno de Donald Trump se decide a poner en práctica su nueva estrategia. Si perezoso fue el diseño y el anuncio de la política, ambiguo sigue siendo el contenido de la misma. Es lógico que los congresistas cubanoamericanos, artífices de la marcha atrás, se sientan insatisfechos.

El mayor impacto negativo que tendrían las medidas de Trump es una disminución de los viajes de estadounidenses a la isla. Diversas fuentes oficiales cubanas informaron que, a pesar de las restricciones vigentes, entre 2016 y 2017 el turismo norteamericano fue el tercero

No hay reversión total sino parcial o casuística de la apertura de Obama. Se mencionan 180 empresas que no deberían beneficiarse directamente de contratos con entidades norteamericanas o de transacciones financieras en Estados Unidos. Pero resulta que esas empresas, militares en su mayoría, no son necesariamente las más beneficiadas por el proyecto de Obama, ni requieren de transacciones directas para mantener sus ingresos. También se regula el contacto “pueblo a pueblo”, no académico, a través de una instancia autorizada en Estados Unidos —regulación que no pasa de ser un trámite burocrático más.

En la práctica, el mayor impacto negativo que tendrían las medidas de Trump es una disminución de los viajes de estadounidenses a la isla. Diversas fuentes oficiales cubanas informaron que, a pesar de las restricciones vigentes, entre 2016 y 2017 el turismo norteamericano fue el tercero, luego del canadiense y el de la emigración cubana, en el volumen de viajeros a la isla. Hablamos de un flujo de cientos de miles al año que podría verse limitado a partir de ahora.

En esta columna hemos sostenido que, aunque la reversión sea más retórica que práctica o afecte únicamente los viajes de ciudadanos de Estados Unidos, es negativa. Cualquier política que refuerce la lógica del embargo comercial, luego de décadas de abandono gradual de esa perspectiva de Guerra Fría, es, en efecto, un retroceso. La presión comercial no es buen método para incidir en un cambio político, que sólo puede ser interno, entre otras cosas porque la comunidad internacional rechaza cualquier medida punitiva.

Vale la pena reparar en el contexto del anuncio: Trump decide, finalmente, echar a andar la nueva política durante un viaje por Asia, en el que se reúne con los líderes de China, Vietnam y Rusia, tres aliados fuertes del gobierno de Raúl Castro. De manera que, desde Beijing o Hanoi, dos capitales comunistas, a las que ofrece el mejor trato, el presidente de Estados Unidos hace evidente el doble rasero de su política exterior: con unos comunistas sí, con otros no.

Un doble rasero que tiene una explicación geopolítica elemental. China y Vietnam han demostrado que pueden ser aliados de Estados Unidos, a pesar de sus profundas diferencias ideológicas. Cuba pareció sumarse al camino del realismo en sus relaciones bilaterales con Washington, entre 2014 y 2015, pero en 2016, luego de la visita de Obama a La Habana, volvieron las señales de intransigencia. El Partido Comunista de Cuba calificó como “ataque” el acercamiento del presidente demócrata a la isla.

En el último año La Habana ha reiterado su apoyo a Corea del Norte y a la represión y el autoritarismo de Nicolás Maduro, en Venezuela, rechazados por la mayoría de los gobiernos de la región. El retroceso no es un asunto exclusivo de Trump

Durante el segundo semestre de 2016, el gobierno cubano, aunque se mantuvo negociando la normalización diplomática con Washington, se sumó a la campaña contra Hillary Clinton a través de sus medios de comunicación. Ahora se sabe que entonces se iniciaron los supuestos ataques sónicos contra diplomáticos estadounidenses y canadienses. En el último año La Habana ha reiterado su apoyo a Corea del Norte y a la represión y el autoritarismo de Nicolás Maduro, en Venezuela, rechazados por la mayoría de los gobiernos de la región. El retroceso no es un asunto exclusivo de Trump.

EDITORIAL

 

Desbalance institucional

 

Las últimas semanas han sido una dura embestida en contra de las autoridades electorales. La renuncia del llamado Fiscal Carnal, Raúl Cervantes, como Procurador General de la República y la llegada, como encargado de despacho de Elías Beltrán, desencadenaron el despido del Fiscal Electoral, Santiago Nieto. Rápidamente la opinión pública y las figuras políticas salieron en defensa del fiscal denunciando una estrategia política para eliminar la imparcialidad de las elecciones del próximo año. Por otra parte y en noticias más recientes, el Instituto Nacional Electoral implementó una aplicación móvil como herramienta básica para la recolección de firmas para los aspirantes a ser candidatos independientes. Las fallas de la aplicación llevaron a una intensa ola de críticas de parte de los aspirantes pero también de la ciudadanía en general, al considerar que la aplicación discrimina a aquellas personas que no cuentan con un Smartphone. Ambas situaciones tienen elementos institucionales interesantes.

En primer lugar, la respuesta de la opinión pública sobre el despido del Fiscal Electoral en la cual se aplaudía la labor del entonces fiscal y se denunciaba el serio golpe a la imparcialidad de las elecciones. A mi parecer, esta situación se debe más bien entender como una denuncia de la poca independencia que tiene la FEPADE frente a las decisiones del Procurador y sus jefes. La crítica es más institucional que personal, al fin y a cabo las elecciones estatales de este año dejaron un desencanto justamente por la falta de castigo en delitos electorales. A la FEPADE como a cualquier ministerio público e institución judicial en México le cuesta mucho trabajo probar la culpabilidad de alguna persona que infringe la ley y le cuesta más administrar el castigo correspondiente. En efecto la FEPADE no es una persona y sigue funcionando, la pregunta es si esta fiscalía con la misión de poder investigar y perseguir los delitos electorales funciona para eso.

En segundo lugar, los problemas que están teniendo los candidatos independientes y sus auxiliares para recolectar las firmas para conseguir la candidatura a la presidencia por la vía independiente. Los aspirantes a candidatos independientes requieren recolectar en 120 días, 866 mil 593 firmas de la ciudadanía distribuidas en por lo menos 17 entidades federativas que sumen 1 por ciento del total en la lista nominal de electores en cada una de ellas. 48 personas están recolectando estas firmas para poder competir como candidatos a la Presidencia, eso significa que el INE podría recibir 41 millones 596 mil 464 firmas si todos los candidatos juntaran ese número de firmas. Con tan sólo tres candidatos que reúnan estas firmas el INE tendría que contar 2.6 millones de firmas. Bajo ese contexto es natural pensar en que la app puede resolver el problema de contar estas firmas, además de que reduce el error humano al momento de las verificaciones.

Para la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, la validación de las firmas se volvió un verdadero dolor de cabeza para la autoridad electoral. El asunto llegó al punto en el que el Tribunal Electoral excedió su perspectiva garantista y dejó entrar a 21 aspirantes como candidatos tres semanas antes de la elección. La autoridad previendo esta situación quiso prevenirse e intentar una solución distinta la cual falló y complicó la recolección de firmas, pero no su validación. El verdadero problema aquí es que las instituciones electorales parecen rebasadas en su campo de acción al momento de enfrentarse con garantizar los derechos de los ciudadanos para competir por la vía independiente. Como suele suceder en otros ejemplos del sistema electoral, la ley dificulta el actuar de la institución porque la realidad y factibilidad técnica no se empata con lo que los legisladores deciden poner a firma al Presidente.

EDITORIAL

 

 

Un buen retrato de los jóvenes

 

Es difícil que los jóvenes mexicanos tengan alternativas y puedan pensar más allá de lo que tienen que enfrentar a diario.

Buena parte de ellos se la pasa en medio de disyuntivas. Empezando por sus innumerables retos y expectativas que pueden ser sometidas.

A menudo tienen que dejar la escuela por las exigencias familiares, lo cual inhibe sus posibilidades para continuar sus estudios o algo tan básico y necesario como son sus objetivos y sueños de vida.

Desde muy temprana edad muchos se la pasan entre encrucijadas. Los entornos no les son favorables y van viviendo entre insatisfacciones e inconformidades. El mundo adulto les parece distante e incomprensible.

Tienen razón. Ante sus ojos están graves hechos de corrupción que en un buen número de casos no se atacan; desaparición de estudiantes, gastos desproporcionados para los partidos políticos, impopularidad de la política y sobre todo de los políticos y debates interminables en asuntos que son de primera importancia para el país, por sólo mencionar algunos temas que están ante sus ojos y ante los de todos.

Cualquier encuesta que se haga entre nuestros jóvenes va a reflejar lo que ven de su país y sobre todo sobre su mirada de su entorno inmediato. Cualquier respuesta va a tener como constante todo esto. No podemos pedir a los jóvenes, actitudes y acciones diferentes si su vida no es diferente.

El Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana 2016, presentado por el INEE, muestra, en el caso de los jóvenes mexicanos, resultados de alguna manera previsibles. En lo que menos confían es en los partidos políticos, lo explica la distancia que le toman a la política y por ende a las instancias encargadas de una de las áreas más sensibles en el proceso de organización e instrumentación de la democracia.

Uno de los hallazgos atendibles del análisis es que los adolescentes mexicanos, en comparación con los de otros países, son más proclives a protestar violentando la ley. Lo paradójico es que se informan menos sobre política que los de otras naciopnes, pero están más dispuestos a prepararse para votar y tienen una mayor intención de voto.

Para el 38% de los jóvenes es malo criticar al gobierno, 11% estima que es malo que se permita protestar cuando una ley es injusta y 5% considera negativo que todos los grupos étnicos tengan los mismos derechos en un país que se distingue por su diversidad.

Lo que resulta alarmante es que los participantes en el estudio consideren a la escuela como el sitio más hostil. Aseguran que se ven expuestos a la burla, al apodo ofensivo, al ataque físico, a que les rompan pertenencias y a fotos ofensivas en Internet.

El estudio aplicado a alumnos de segundo de secundaria evidencia que se va avanzando, como apunta el INEE, en formación cívica, pero todavía distamos de estar construyendo ciudadanía. El estudio es un buen retrato de los jóvenes mexicanos.

EDITORIAL

Hace un año ganó Trump

Donald Trump ganó unas elecciones que todo parecía indicar perdería. A las ocho de la noche de hace un año la atención estaba en el atiborrado cuartel de Hillary Clinton.

Cuando empezó a circular información en el sentido de que era inminente la derrota de la candidata demócrata, las baterías y la atención se dirigieron al hotel Hilton donde estaba el candidato republicano.

Los medios de comunicación y los muchos observadores políticos cambiamos como pudimos de sede. El Hilton fue cerrado por decisión de Trump, particularmente a la prensa internacional. Mandó un mensaje a través de quienes se decían voceros del magnate: los que estaban con Clinton que se queden con Clinton.

La única opción fue la televisión para ver lo que pasaba con Trump y sus vociferantes simpatizantes. Cerraron el paso, se sabían ganadores y querían su fiesta particular con dosis de venganza.

Era sólo cuestión de tiempo para que Hillary reconociera su explicable derrota. Había cometido muchos errores en la fase final de su campaña, los cuales terminaron por ser clave. A la demócrata no le sirvió la ventaja de dos millones de votos ciudadanos bajo las reglas del singular sistema electoral estadounidense.

Trump no ha hecho nada diferente de lo que dijo y propuso a lo largo de su campaña, en su discurso de la noche del 8 de noviembre lo ratificó. Corrió dos o tres cortesías, las cuales olvidó al día siguiente, para lanzar todo tipo de agresiones y pullas vía su medio de comunicación favorito: Twitter.

Quienes pensaron que como presidente Trump iba a ser diferente se equivocaron de manera contundente, incluyendo a quienes desde México cándidamente aseguraron que lo iban a hacer entrar en razón. Después de verlo hablar y actuar a lo largo de varios años no queda claro en qué fundamentaron la posibilidad.

Trump es ya un problema para el mundo y va a terminar por serlo también para EU. Ganó las elecciones, entre otras razones, porque en la llamada “América profunda” lo encontraron como uno de los suyos, conservador, antiinmigrante, proteccionista, racista, discriminador, antifeminista, alevoso, agresivo y sígale sumando.

Para nuestro país el año ha sido complejo, pero en general no lo hemos hecho nada mal. Si somos la razón por la cual EU se ha debilitado debiera ser porque algo estamos haciendo bien, lo cual sería bueno verlo también al interior del país, no se ve.

Trump nos trae en la mira y no dejará de hacerlo. Todo lo que se acuerde en la renegociación del TLC lo hará ver como un triunfo personal ante los “mexicanos que se han aprovechado de nosotros con el TLC”.

Igual va a pasar con la migración y su obsesión con el muro fronterizo, el cual le va a servir para quedar bien con sus simpatizantes pero no en la práctica, la frontera está cambiando y ya no es como él la quiere ver.

Desde hace un año suponemos que muchos en EU se preguntan: ¿pues qué hicimos?

EDITORIAL

The Economist cardenista

Michael Reid, redactor de la columna “Bello” en The Economist, publicó un artículo la semana anterior en el que regaña a AMLO por no entender el legado de Lázaro Cárdenas. Quizá Reid tenga algo de razón. La llamada “izquierda mexicana” nunca ha comprendido correctamente ese legado y por eso se ha hecho tantas bolas al querer interpretar las acciones de su gobierno. No se ha escrito aún, me parece, el gran libro sobre el cardenismo.

Según Reid, AMLO tiene mucho que aprender del general Cárdenas. El periodista inglés sostiene que el Tata no fue populista, como el líder de Morena. Reid argumenta que Cárdenas nunca fomentó la división social. Por el contrario, otorgó la amnistía a miles de opositores. Además fue un constructor de instituciones: logró que el PRM tuviera más de cuatro millones de miembros y en vez de reelegirse o de imponer un candidato radical, apoyó a uno moderado. En cambio, añade Reid, López Obrador llamó “pirruris” a manifestantes vestidos de blanco y ha socavado las instituciones democráticas del país con sus reclamos poselectorales.

Aparte de que resulta extraño que una revista de derecha como The Economist critique a AMLO desde lo que aparenta ser el cardenismo más puro, me parece que los informantes de Mr. Reid no le contaron la historia completa del régimen del Tata. Más allá de si sea o no correcto calificar al cardenismo como un populismo, no se puede sostener a la ligera que el General haya trabajado para “reducir las divisiones sociales”. Digámoslo con todas sus letras: la sociedad mexicana nunca estuvo más dividida en el siglo XX que durante el cardenismo.

Cárdenas estaba convencido de que tocaba al Estado encauzar la lucha del proletariado para arrebatar a los propietarios el control de los medios de producción. También tenía la convicción de que el Estado debía formar un nuevo tipo de ciudadano apto para el socialismo y que, para ello, había que acabar con la influencia perniciosa de la Iglesia, el empresariado y la familia burguesa. Con el fin de unir fuerzas, todos los sindicatos obreros, las agrupaciones campesinas e incluso los elementos del Ejército debían formar parte de un gigantesco frente único encabezado por el partido de Estado. Los partidos opositores serían tolerados siempre y cuando aceptaran las premisas de esta dialéctica de la historia social mexicana.

Si no estalló una guerra civil —como en España—fue porque distintos elementos dentro y fuera del sistema actuaron contra las tendencias del Presidente que —no podemos negarle ese mérito— supo rectificar a tiempo. La candidatura de Ávila Camacho fue la derrota del programa cardenista más duro. Lo que perduró fue la estructura autoritaria y corporativista del partido de Estado que luego fue llamado PRI, instituto al que —¡vaya sorpresa!— The Economist se refiere con nostalgia por haber dado a México “décadas de estabilidad política y crecimiento económico”.

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