EDITORIAL

“¿Han asesinado periodistas?”

Sí, Sra. Rosario Piedra Ibarra, muy lamentablemente en México sí han asesinado periodistas. Muchos periodistas.

15 comunicadores, para ser exactos, han sido asesinados en nuestro país desde diciembre de 2018 hasta el pasado agosto, de acuerdo a la cifra que brinda el propio Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, y fíjese que incluso reconoce que dos de las víctimas contaban con medidas de protección federal… bueno, así se suponía.

La organización Artículo 19 detalla que en nuestro país se registra una agresión contra un o una periodista cada 17.4 horas, y le paso el dato porque considero que también es importante que lo tenga.

Y aunque le resulte difícil de creer, sí, en lo que va de la administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador también han asesinado periodistas.

Le comento incluso que sólo 2019 se ha convertido en el año más violento para ejercer el periodismo en nuestro país, de por sí considerado el segundo más peligroso del mundo para ello.

Fíjese que precisamente, David Kaye, Relator Especial de la ONU, afirmó los primeros días de este mes que los asesinatos de periodistas en México son una “crisis” sin resolver y que en el sistema de protección se observan las mismas debilidades que fueron detectadas en un análisis de 2017, razón por la cual es un tema prioritario en la agenda mexicana de Derechos Humanos.

Seguramente alguien de su equipo descuidó agregarle este detalle en sus tarjetas, y mire nada más lo que provocó que expresara usted lo que seguramente no fue más que una duda sin malicia, pero que ya como máxima figura en la lucha por los derechos humanos a nivel nacional, pues resultó un tanto indignante para el gremio periodístico en general.

Y es que eso no abonó nada bueno, después de que usted tomara protesta a su cargo en medio de insultos y empujones de varios senadores por la cuestionada transparencia del proceso de votación, que justamente inspiró la carta que poco antes le enviaron firmada 100 colectivos, asociaciones y víctimas de desapariciones, invitándola a que no tomara protesta “hasta que haya un proceso transparente y sin sombra de dudas”; y por supuesto en honor a la legítima lucha por la justicia que como una víctima más usted misma ha sostenido por años, y de la que todos hemos sido respetuosos testigos.

Y mire lo que son las cosas, fue justamente un periodista, Ricardo Raphael, quien revelara un día después de su toma de protesta, en el espacio de Leonardo Curzio en ADN40, el documento del Instituto Nacional Electoral actualizado en octubre pasado, que contiene los nombres de integrantes de Morena, en el que usted aparece desde 2015 como parte del Consejo Nacional del partido, cuyos integrantes fungen como dirigentes de dicha fuerza política.

Es decir, —independientemente del resbalón con los periodistas— lo anterior ya implica que como titular de la CNDH ha violado una ley antes de cumplir 24 horas en el cargo.

O al menos así lo marca el artículo 9 fracción IV de la Ley de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que especifica que uno de los requisitos para ser titular de dicho órgano es: “No desempeñar, ni haber desempeñado cargo de dirección nacional o estatal, en algún partido político en el año anterior a su designación”.

Así que no sólo es la desinformación, sino la duda razonable sobre ¿qué ocurrirá con el contrapeso?, que es una de las funciones principales de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, pues es lo que le da garantía a los ciudadanos de ser defendidos contra prácticas injustas del gobierno y usted mejor que nadie lo sabe.

La misma pregunta se hacen hoy órganos como Amnistía Internacional México que ha advertido que la grave crisis de derechos humanos en México “sólo puede enfrentarse con un órgano autónomo, independiente y legítimo, que sea el contrapeso del Estado y defienda los derechos de todas las personas”… Y eso no es lo que parece ser que tendremos.

Así que, volviendo al tema que nos metió en esta conversación, sí señora Rosario Piedra, en México sí matan periodistas, como mujeres por ser mujeres o niños en enfrentamientos del crimen organizado; así como siguen desapareciendo personas, se violan derechos de salud y de identidad, se discrimina y se tortura.

No se ofenda por favor si le expresamos, como ciudadanos, padres de familia, y muchos como periodistas, que ante su nombramiento como titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos estamos preocupados. Muy preocupados.

EDITORIAL

“¿Han asesinado periodistas?”

Sí, Sra. Rosario Piedra Ibarra, muy lamentablemente en México sí han asesinado periodistas. Muchos periodistas.

15 comunicadores, para ser exactos, han sido asesinados en nuestro país desde diciembre de 2018 hasta el pasado agosto, de acuerdo a la cifra que brinda el propio Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, y fíjese que incluso reconoce que dos de las víctimas contaban con medidas de protección federal… bueno, así se suponía.

La organización Artículo 19 detalla que en nuestro país se registra una agresión contra un o una periodista cada 17.4 horas, y le paso el dato porque considero que también es importante que lo tenga.

Y aunque le resulte difícil de creer, sí, en lo que va de la administración del Presidente Andrés Manuel López Obrador también han asesinado periodistas.

Le comento incluso que sólo 2019 se ha convertido en el año más violento para ejercer el periodismo en nuestro país, de por sí considerado el segundo más peligroso del mundo para ello.

Fíjese que precisamente, David Kaye, Relator Especial de la ONU, afirmó los primeros días de este mes que los asesinatos de periodistas en México son una “crisis” sin resolver y que en el sistema de protección se observan las mismas debilidades que fueron detectadas en un análisis de 2017, razón por la cual es un tema prioritario en la agenda mexicana de Derechos Humanos.

Seguramente alguien de su equipo descuidó agregarle este detalle en sus tarjetas, y mire nada más lo que provocó que expresara usted lo que seguramente no fue más que una duda sin malicia, pero que ya como máxima figura en la lucha por los derechos humanos a nivel nacional, pues resultó un tanto indignante para el gremio periodístico en general.

Y es que eso no abonó nada bueno, después de que usted tomara protesta a su cargo en medio de insultos y empujones de varios senadores por la cuestionada transparencia del proceso de votación, que justamente inspiró la carta que poco antes le enviaron firmada 100 colectivos, asociaciones y víctimas de desapariciones, invitándola a que no tomara protesta “hasta que haya un proceso transparente y sin sombra de dudas”; y por supuesto en honor a la legítima lucha por la justicia que como una víctima más usted misma ha sostenido por años, y de la que todos hemos sido respetuosos testigos.

Y mire lo que son las cosas, fue justamente un periodista, Ricardo Raphael, quien revelara un día después de su toma de protesta, en el espacio de Leonardo Curzio en ADN40, el documento del Instituto Nacional Electoral actualizado en octubre pasado, que contiene los nombres de integrantes de Morena, en el que usted aparece desde 2015 como parte del Consejo Nacional del partido, cuyos integrantes fungen como dirigentes de dicha fuerza política.

Es decir, —independientemente del resbalón con los periodistas— lo anterior ya implica que como titular de la CNDH ha violado una ley antes de cumplir 24 horas en el cargo.

O al menos así lo marca el artículo 9 fracción IV de la Ley de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que especifica que uno de los requisitos para ser titular de dicho órgano es: “No desempeñar, ni haber desempeñado cargo de dirección nacional o estatal, en algún partido político en el año anterior a su designación”.

Así que no sólo es la desinformación, sino la duda razonable sobre ¿qué ocurrirá con el contrapeso?, que es una de las funciones principales de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, pues es lo que le da garantía a los ciudadanos de ser defendidos contra prácticas injustas del gobierno y usted mejor que nadie lo sabe.

La misma pregunta se hacen hoy órganos como Amnistía Internacional México que ha advertido que la grave crisis de derechos humanos en México “sólo puede enfrentarse con un órgano autónomo, independiente y legítimo, que sea el contrapeso del Estado y defienda los derechos de todas las personas”… Y eso no es lo que parece ser que tendremos.

Así que, volviendo al tema que nos metió en esta conversación, sí señora Rosario Piedra, en México sí matan periodistas, como mujeres por ser mujeres o niños en enfrentamientos del crimen organizado; así como siguen desapareciendo personas, se violan derechos de salud y de identidad, se discrimina y se tortura.

No se ofenda por favor si le expresamos, como ciudadanos, padres de familia, y muchos como periodistas, que ante su nombramiento como titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos estamos preocupados. Muy preocupados.

EDITORIAL

 

Bolivia: golpe democrático

 

Cada día, con mayor insistencia se escucha, se lee y se dice que la democracia como idea y como sistema de gobierno está en crisis. No hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo resista: si la democracia está en problemas, más pronto que tarde nos enteraremos del desenlace. Pero lo que se observa es que más allá de que la democracia —entendiéndola como el mejor mecanismo de resolución de conflictos en paz que conocemos— esté en crisis, los conflictos han resistido a cuantos personajes políticos han sido electos para resolverlos.

El golpe de 2019 es el número 191 desde la Independencia de Bolivia, en 1825. De 1964 a 1982, el país osciló entre regímenes militares e interinatos. De 1982 a 2006, la democracia boliviana sobrevivió milagrosamente a crisis económicas, hiperinflación, privatizaciones, reducciones en servicios sociales y educación, huelgas generales y amenazas de guerra civil.

La llegada al poder de Evo, en 2006, significó el final de un siglo XX sangriento y un justo descanso a la violencia política que vivió el país, perpetuada en una nueva Constitución que fundó la Bolivia plurinacional por su primer presidente indígena. Ésa es su importancia y su mística. Su gestión redituó en la reducción de la pobreza y de la desigualdad, pero aumentó la deuda pública y disminuyó las reservas internacionales de manera significativa. Cierto; Bolivia es menos pobre, pero sigue siéndolo, no hubo transformación económica.

En cambio hubo un retorno autocrático. El 26 de febrero de 2016, Evo convocó a un referéndum para consultar su continuidad cuatro años más, lo perdió y aun así participó e intervino fraudulentamente en las elecciones de 2019. Hoy la opinión se divide entre si fue o no un golpe de Estado. Mi opinión es que fue un golpe de Estado democrático cívico-militar, en el que la sociedad civil opuesta a la permanencia de Evo, apoyada por las Fuerzas Armadas, solicitó de manera directa al mandatario abandonar su puesto, dadas sus pretensiones de extender su gobierno vulnerando el juego democrático previamente establecido.

¿Es una crisis de la democracia? No: los mecanismos institucionales llevaron a la vicepresidenta del Senado a la presidencia interina de Bolivia y prometió convocar a elecciones en enero de 2020, lo que mantendría vigente el juego democrático. Con seguridad es una crisis política: ni Evo, ni sus antecesores, ni los Congresos, ni las Cortes han generado igualdad socioeconómica; ni han detenido la injusticia, ni limitado la violencia arbitraria.

De las primeras acciones televisadas y difundidas por el nuevo orden se muestran las Biblias bajo el brazo y la quema de whipalas como derrocamiento de los antiguos símbolos. Las desigualdades políticas se perpetúan y sus manifestaciones nos son desagradables para muchos. La democracia boliviana superó, por ahora, la embestida política del socialismo bolivariano; observemos su resistencia a la nueva ola de derecha radical que se avecina.

EDITORIAL

Rosario en la CNDH

Con las virtudes y defectos que tenga y haya tenido la CNDH, no se merecía que quien la encabezara fuera designada a través de un proceso tan desaseado, confuso y tan controvertido.

Tampoco lo merecía el historial de doña Rosario Ibarra de Piedra, quien ha dedicado su vida a la búsqueda de su hijo y a la defensa de los derechos humanos.

La designación de su hija Rosario Piedra Ibarra está íntimamente ligada al historial de doña Rosario. Sin demeritar la formación y experiencia profesional y de vida de la nueva ombudsperson, la forma en que se desarrolló el proceso deja todo bajo un cuestionamiento del cual será difícil que se pueda abstraer.

Va a cargar inevitablemente con las innumerables dudas sobre su designación. Es vista como una imposición del Presidente, a quien poco o nada le importaron los desfiguros que se dieron estos días en el Senado con tal de colocar a Rosario Piedra. El mandatario se manifestó muy contento con la designación y no reparó en lo más mínimo en el proceso.

No sirvió de nada que el senador de Morena, el influyente Ricardo Monreal, intentara reponer la votación después de que se presentó, no casualmente, una controversia respecto a los votos emitidos. A esto también se sumó la confusión que generó el depósito en la urna de una papeleta; daba la impresión de que eran dos o tres votos los que se estaban entregando al mismo tiempo; el hecho ha sido desmentido.

Lo que no quedó claro fue si la intentona de Monreal iba en serio o era una finta, y más después de ver lo que pasó en el Senado. Queda la impresión de que el zacatecano sabía de antemano lo que iba a provocar reponer el proceso, empezando por lo que quería el Presidente.

Lo que queda claro es que todo estaba confuso y desaseado desde el principio y que las audiencias a las que convocó el Senado, y en las cuales participaron destacados personajes, no eran para decidir sino para cumplir con un requisito; la decisión ya estaba tomada, lo que estaban buscando y esperando era cómo instrumentarla.

Una de las preguntas que ha suscitado la designación de Rosario Piedra es sobre el perfil de quien deba dirigir la CNDH. Se ha insistido en que la relevancia de Rosario está en que ha sido una víctima a lo largo de todos estos años y que nadie como ella entiende mejor el problema de los derechos humanos en el país.

Sin la menor duda de lo que ha vivido, y lo que ha visto en su casa, de la mano de la histórica y destacada lucha de su madre, le da una gran experiencia y una conciencia invaluable.

La pregunta políticamente incorrecta es si esto le da el perfil para encabezar la CNDH o si lo que se requiere son especialistas en materia de derechos humanos, con conocimiento de la realidad en esta materia y con una convicción y principios que los defina.

Da la impresión de que esta pregunta no la podremos contestar en lo inmediato. Se va a requerir de tiempo para conocer los alcances del trabajo de la nueva ombudsperson.

Rosario Piedra Ibarra, de entrada, ya tiene obstáculos en el camino. El más difícil que va a enfrentar será el de su legitimidad y sobre todo mostrar evidencias en los hechos, no sólo de palabra, que la comisión que ya encabeza será realmente autónoma. Su cercanía con el Presidente y con Morena establece un conjunto de dudas profundamente justificadas.

Las primeras declaraciones de Rosario Piedra la expusieron aún más. Su confusión sobre la muerte de periodistas le abrió otro hueco.

La CNDH es una instancia conocida, a la que los ciudadanos apelan porque en buena medida le creen. El proceso bajo el cual Rosario Piedra fue designada a quien más le puede terminar afectando es a la CNDH. La defensa de los derechos humanos es transversal y va más allá de un sexenio.

EDITORIAL

Bolivia

Quizá Evo Morales confió demasiado en el apoyo popular y en sus propias fuerzas. De alguna forma su gobierno había sido cuestionado, y a pesar de su victoria en las urnas, bajo un proceso electoral cuestionado, el presidente boliviano empezó a perder el control ante viejos y nuevos escenarios.

Morales pasó por alto una consulta a la que convocó el 21 de febrero de 2016. Fue un referendo para que los ciudadanos decidieran si en las próximas elecciones, las cuales se celebraron el 20 de octubre, se presentaba de nuevo. El resultado le fue adverso, la mayoría de los bolivianos votó porque en el 2019 terminara su mandato.

En 2017 el resultado fue apelado por la presidencia, lo que permitió a Evo participar en las elecciones. El Tribunal Supremo Electoral decidió que procedía la petición en medio de protestas que consideraban que se había actuado con discrecionalidad.

La fuerza de Evo Morales es indudable. Ha sido un presidente que le ha cambiado para bien la cara a su país. Su defensa y vocación indígena permitió un reacomodo social, a lo que se suma que en su gestión las condiciones económicas de Bolivia adquirieron otra dimensión.

El reconocimiento a Evo Morales tiene que ver con su ejercicio generoso del poder basado en un gran apoyo hacia los pueblos originarios, a los cuales colocó en el centro de la gobernabilidad.

Sin embargo, la elección planteó una nueva dinámica que terminó por convertirse en un elemento adverso, a pesar del reconocimiento que ha tenido todos estos años como presidente.

Los cuestionamientos sobre el proceso electoral se fundan en que el TSE detuvo abruptamente el conteo rápido, cuando ya tenía 84% del escrutinio, el cual le daba clara ventaja a Morales.

Todo indica que el candidato opositor, Carlos Mesa, no podía alcanzar a Evo Morales, es más, se veía también complicado que en el eventual caso de una segunda vuelta pudiera ganar Mesa.

¿Cuál fue la razón por la cual el tribunal complicó una elección que en apariencia no le estaba siendo adversa a Evo Morales? Hasta ahora no hay respuestas que expliquen el porqué de la decisión, sobre todo porque el proceso se veía definido.

Lo que ha pasado a partir de las elecciones ha estado enmarcado por la protesta y las presiones militares, lo cual ya provocó consecuencias creando una situación de excepción. En medio del caos, la presidenta del TSE fue detenida el domingo en la noche como parte de un intento por controlar la institución, para organizar nuevas elecciones a modo de lo que quieren la oposición y los militares, quienes están jugando un descarado activismo.

Entendiendo las particularidades de la situación interna boliviana no se puede separar de lo que viene pasando en América Latina. Evo Morales, sin dejar de reconocer sus grandes méritos, estaba ya en camino de eternizarse en el poder.

En Sudamérica está tomando forma el hartazgo ciudadano. En Chile los problemas no se han resuelto ni se ve por dónde puede haber salidas en el corto y mediano plazo. Argentina va a entrar a una nueva dinámica de riesgo porque tarde que temprano al nuevo gobierno lo va a alcanzar la terca realidad económica y social. Brasil es un enigma, la esperada liberación de Lula le puede abrir al país una nueva perspectiva política. Finalmente, Perú trae muy cerca el hartazgo y Uruguay en pocos días celebrará una inquietante segunda vuelta electoral.

La oposición y los militares bolivianos por fin encontraron cómo atacar a Evo Morales, quien debió hacer una pausa que le permitiera entender los escenarios. A Bolivia le urge el Estado de derecho porque la forzada salida del presidente no resuelve nada. Lo que viene es delicado y por ningún motivo hay que perder de vista dos elementos: la base social de Evo ni a Trump que ya está al acecho.

EDITORIAL

Amor, odio, indiferencia

Resulta interesantísimo y estimulante encontrar nuevas explicaciones a viejos problemas de la vida emocional, presentes en la vida de cualquier persona. La ansiedad, por ejemplo, se describe como un estado de desasosiego, como anticipación obsesiva de escenarios de catástrofe o como emoción contagiosa; pero poco se entiende como una debilidad del yo para enfrentar la vida, consecuencia de una construcción inacabada de confianza básica en el amor humano, que nos dieron o debieron darnos desde que llegamos al mundo. El ansioso puede huir de la vida como defensa frente al rechazo, el abandono o la sensación de desprecio, de ser inapropiado o no querible. Tiene miedo constantemente porque se siente incapaz de enfrentar la vida. Como si no hubiera recibido las herramientas elementales para ser plenamente humano.

A la ansiedad se suman el amor, el odio y la indiferencia, produciendo una mezcla compleja de sentimientos en nuestras relaciones; mediante una proyección del mundo interno, ser emocionalmente inaccesibles nos hace sentir que los otros también lo son; estar presentes con el cuerpo pero ausentes con la mente es una forma de evitar el riego, porque ser testigo externo, aburrido, desinteresado, garantiza invulnerabilidad (y soledad mortal).  Renunciar al mundo real y a sus objetos buenos reales, por estar invadido de objetos malos en la mente, obliga a algunos a matar la posibilidad de nuevas relaciones buenas, anticipando que serán malas y frustrantes. Ser un robot, socialmente correcto, impecable, educado, pero que no siente nada por nadie. Porque pensar en amar es peligroso si en el pasado hubo amores no correspondidos de los padres o de otros primeros amores. El amor frustrado no sólo es rechazo o humillación. Puede serlo con mucho más intensidad una presencia inaccesible. Duele más una madre presente pero inalcanzable afectivamente que un padre que se largó.

Los amores no correspondidos generan un sentimiento de odio y después de depresión, porque buscamos personas para existir, porque no hay yo sin tú. Lo triste de esta realidad del mundo interno es que el yo se ha fusionado con los objetos malos. Los que fueron buenos, viven en nuestra memoria, consciente o inconscientemente. Los objetos malos son los que persiguen, castigan, inhiben el desarrollo, estorban para sentirse auténticamente bien. Son objetos malos los que niegan el amor, desaparecen, nos abandonan, mueren prematuramente. También un padre o una madre impaciente, punitivo, presente, pero ausente, desapegado, distante, indiferente.

El amor también se vuelve hambre voraz después del rechazo. Sólo es posible odiar a una persona de la que quisimos o quisiéramos amor. Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia, que es la ausencia de interés y sentimientos. Algunos demandarían tanto de los otros, que prefieren no pedirle nada a nadie. Otros no pueden evitar mostrar su posesividad hambrienta y suelen producir lástima, sadismo o huida.

Las necesidades, miedos, frustraciones, resentimientos y ansiedades en la búsqueda inevitable de objetos buenos es la materia de la enfermedad emocional. Todos nos alejamos y nos acercamos, y lo haremos de modo menos defensivo si nos atrevemos a mirar y a digerir nuestros objetos malos, para poder establecer relaciones menos contaminadas del pasado, actuales, vivas, llenas de posibilidades.

EDITORIAL

Los exaltados ánimos

Si en alguien está atemperar ánimos es en el Presidente, aunque es probable que vea distinto lo que muchos pensamos sobre la exaltación de los ánimos y las confrontaciones.

Si López Obrador no ve los ánimos exaltados como confrontación y distancia, va a ser difícil que sea el referente para la creación de mejores condiciones de convivencia.

Es probable que vea lo que está sucediendo como parte del proceso de cambio que pretende establecer, lo que provoca infinidad de resistencias, lo cual sin duda está sucediendo. Sin embargo, deberá reconocer que las cosas no están saliendo como quisiera y como prometió.

Las decisiones y acciones del Gobierno están afectando, como hemos venido insistiendo, a estructuras anquilosadas y a quienes han vivido de ellas. En más de algún sentido, lo que está haciendo el Presidente está afectando profundamente una cuestionable forma de vida.

Muchos enojos tienen que ver con ello, más que con reflexiones que permitieran entender los procesos de cambio que se van instrumentando y que se pretenden consolidar. Sin embargo, también hay una crítica precisa importante, que resulta imprescindible atender.

Otro factor significativo es el talante del Presidente, lo cual se enmarca en decisiones que en algunos casos parecen improvisadas, llevadas más por la prisa que vive el Gobierno, que a través de procesos de investigación y análisis.

El obsesivo rompimiento con el pasado está llevando a no hacer reflexión alguna sobre las bondades que tuvo, porque sí las tuvo. El gabinete en este sentido se ve en lo general sumiso y en muchos casos obedece sin reflexionar, lo cual a veces lleva al oprobioso síndrome de “a sus órdenes jefe”.

El pasado no necesariamente nos condena y no tiene por qué solamente ser identificado con personajes que se dedicaron impúdicamente a gobernar en medio de impunidad. Sus innumerables tropelías son las que crearon un lamentable desarrollo desigual, que ahondó el asentamiento de la corrupción como forma de vida.

Pudiera ser que el Presidente no considere importantes las críticas bajo la premisa de las intencionalidades que presume hay detrás de ellas, lo cual lo lleva a gobernar viendo un solo lado de las cosas, aunque su obligación sea ver el todo.

Está muy claro que la exaltación de los ánimos ha agudizado nuestras diferencias, en lo cual López Obrador ha puesto su parte.No deja de mencionar a sus adversarios, a veces con desprecio, a lo que se ha ido sumando la sistemática confrontación que tiene con los medios.

En las mañaneras el Presidente está enfrentando a lo que en la práctica se ha convertido en la oposición. Lo que pasa en la mañana puede ser en ocasiones más importante que lo que sucede en el Congreso, en donde la mayoría de Morena por lo regular avienta la caballería y la maquinaria.

La capacidad de decisión y maniobra del Presidente son una de las más grandes que se recuerden. Puede hacer casi todo lo que quiere basado en un mandato contundente.

El gran asunto se centra en las decisiones que ha estado tomando y también, no por ello menos importante, en sus reacciones y en sus actitudes.

Bajo estas premisas el único que tiene la capacidad de atemperar los ánimos es el Presidente. Sobre él está girando la vida del país y en él recaen todo tipo de decisiones.

Nadie le pide al mandatario que deje sus esencias, porque estás son las que lo tienen donde legítimamente está. Lo que no puede dejar de considerarse es que dos son las razones que tienen los ánimos exaltados: las decisiones que está tomando el Gobierno y el sistemático discurso confrontativo presidencial. El Presidente ha estado, está y estará en la caja de bateo.

EDITORIAL

EU nos trae en la mira

Bajo las condiciones en que se ha desarrollado la relación entre México y EU es inevitable que nuestro país forme parte ya de los debates en el proceso electoral del vecino país. Si antes no nos volteaban a ver, ahora somos parte de la agenda, quizá como nunca antes lo fuimos.

Son muchas las razones. De referente menor hemos pasado a ser eje de sus discusiones, debates y fobias, sin dejar de considerar que nuestros vecinos son una nación que acostumbra sistemáticamente a verse en su espejo. Parece ser que les es más preocupante la distribución de las drogas desde México que el mismo consumo en su país.

Los precandidatos a la presidencia han entendido que deben estar atentos en los medios hispanos y por más que no lo quieran deben aceptar entrevistas e incluso integrarlos a los debates. La comunidad hispana, mayoritariamente mexicana, ya define las elecciones.

En el proceso electoral del 3 de noviembre del 2020 nuestro país va a ser uno de los centros de atención y discusión, nunca como ahora seremos tema en lo político y económico, estamos en la línea de la atención, alerta y alarma. Si antes los asuntos del país podían pasar de largo hoy se ubican en los primeros espacios de los diarios, los portales y noticiarios de radio y televisión.

En plena campaña electoral de EU más vale que nos vayamos preparando porque se van a decir muchas cosas feas sobre el país. No va a importar que sean prejuicios, dichos, estigmas, adjetivos, expresiones de racismo y de nuestra terca realidad.

Estas muy difíciles semanas para el Gobierno de López Obrador ya son parte del proceso. El editorial de The Wall Street Journal del martes habla de una posible participación de EU para frenar la violencia en el país. La afirmación no es casual y es probable que este tipo de opiniones y deseos pasen por la cabeza de muchos estadounidenses.

La reacción ante el brutal ataque a la familia LeBarón ha echado a andar fantasmas y los sistemáticos deseos intervencionistas. Los medios en EU están exponiendo los nuevos escenarios sobre la violencia en el país y cómo ha venido actuando el Gobierno mexicano.

La forma en que The New York Times, The Washington Post, Boston Globe y CNN, entre muchos otros, informaron sobre la inhumana agresión contra la familia LeBarón fue a través de un lenguaje severo, poco contemplativo, señalando y fustigando al Gobierno, por más que se reconozca lo que le ha tocado heredar.

Lo que pasa en el país es de suyo lamentable, doloroso y sumemos la palabra triste. A esto hay que agregar la lectura que se está dando en el mundo, y en particular en EU, de lo que pasó en Culiacán y con los LeBarón.

El país está enredado con la violencia, la cual ante los recientes hechos entra en los terrenos de la sobredimensión, la alerta y la alarma. Así es como se están viendo las cosas fuera del país, así es como se van a ver a lo largo del proceso electoral estadounidense.

Somos vecinos y por más que el Gobierno haya querido llevar la relación en paz con Trump los hechos están construyendo nuevos escenarios en la relación bilateral, los cuales eventualmente podrían rebasar a los propios mandatarios.

Los ofrecimientos e insinuaciones que desde EU se le están haciendo al Gobierno mexicano pueden estar formando parte de una corriente de opinión, la cual puede pesar profundamente e influir en el proceso electoral.

Trump no ha dado indicios de confiabilidad. Sus relaciones con el mundo son por definición trompicadas, y a pesar de que hoy se hable de respeto mutuo y “del gran Presidente mexicano”, resulta difícil confiar y más cuando de por medio está la presidencia de su país.

EDITORIAL

Otra tarde de perros

Desde que Érick fue secuestrado, la familia LeBarón supo y entendió que sus vidas iban a cambiar, dijo hace algunos años Julián LeBarón.

Al no pagar el rescate, argumentando que sería el inicio de un chantaje interminable, sabían lo que se les venía; Érick terminó siendo liberado sin que se pagara ningún dinero.

La familia estaba clara que la decisión tendría un costo lo que la obligó a instrumentar todo tipo de estrategias de seguridad. Nunca se ha planteado enfrentar al narcotráfico o algo parecido; se enfocó en establecer un sistema de seguridad para lo cual habló con las autoridades.

Durante mucho tiempo los LeBarón recibieron todo tipo de amenazas, las cuales obligaron a que algunos integrantes de la familia vivieran materialmente escondidos.

Todo cambió de manera dramática cuando Benjamín LeBarón, representante de la familia, y su cuñado, Luis Whitman, fueron asesinados en julio de 2009. Fue la prueba de que los narcotraficantes no habían olvidado las afrentas que para ellos fue la reacción familiar ante el secuestro de Érick.

De nuevo fueron con las autoridades y les plantearon: “si no pueden protegernos, permítanos armarnos”. (Marcela Turati, Proceso).

Los LeBarón no sólo padecían a la delincuencia organizada; tuvieron que enfrentar también a los policías infiltrados. En medio de todos estos acontecimientos, la familia adquirió atención nacional, a lo que se sumaba que son una comunidad menonita en el norte del país que vive, en algún sentido, aislada y bajo sus propias reglas. Lo que es un hecho, es que a lo largo de todo este tiempo están plenamente reconocidos, ubicados y respetados en Chihuahua.

Julián LeBarón se convirtió en el representante de la familia. Hoy es un importante defensor de derechos humanos destacándose por su fuerza y convicción, lo que lo ha llevado a tener una significativa presencia nacional.

Durante algún tiempo formó parte del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por Javier Sicilia, del cual se separó por diferencias hace poco tiempo.

En una de las conversaciones que sostuvimos con Julián LeBarón, saliendo de la anticlimática reunión de seguridad con Felipe Calderón, en el Alcázar de Chapultepec, nos decía que lo que ha vivido la familia ha sido una pesadilla y que no descartaba que en cualquier momento fueran de nuevo atacados.

Las críticas de Julián a las autoridades han venido creciendo. Ya no se trataba sólo de su familia; en su recorrido por el país fue tomando conciencia de lo que se vive no sólo en su comunidad. Una y otra vez, nos decía, que no enfrentaban al narcotráfico, lo que querían era simple y sencillamente vivir en paz.

La historia de los LeBarón no es excepcional en el país. Ellos bien pudieron migrar a EU, pero decidieron, por razones personales y comerciales, quedarse en México. No es nuevo que tengan problemas de seguridad, pero desde siempre han sido respetuosos de las leyes, entendiendo que su vida interna es distinta a buena parte de como vive la gran mayoría de las familias; “no aceptamos, ni aceptaremos, el derecho de piso”.

Lo que vivieron los LeBarón en la sierra de Chihuahua pudo haber sido una “confusión”, pero es un hecho que la familia era sistemáticamente amenazada, como en varias ocasiones nos lo dijo Julián LeBarón.

El activista narró lo que vivió: “una de mis primitas fue herida de bala, pero levemente, caminó alrededor de 14 km antes de que la encontráramos…. otros seis niños llegaron caminando al rancho; uno de ellos con una lesión en la mejilla… yo mismo vi los cuerpos”.

Fue lamentable cómo los legisladores se lanzaban culpas ayer. Es un problema integral, provocado por erráticas políticas de seguridad, en donde ya le pasan la cuenta al actual Gobierno.

EDITORIAL

Semanas difíciles

Desde el cuestionado triunfo de Felipe Calderón en 2006, la relación Gobierno y medios ha sido por lo general de confrontación.

Los grandes medios se han ido acomodando ante los nuevos escenarios políticos. Calderón tuvo a la mano tomar decisiones importantes para establecer una nueva relación, pero al final todo acabó en las complicidades de ida y vuelta.

La gestión del panista terminó sobrellevando las grandes cadenas de televisión y radio, en tanto que la prensa escrita y la inicial presencia de las redes se convirtieron en el eje de la crítica. Calderón fue señalado por muchos medios y periodistas, lo cual en función de los actuales escenarios es importante recordarlo.

Con Peña Nieto todo fue efectivamente un batidillo. La complicidad se fue diluyendo porque para los medios era casi imposible defender al Presidente, aunque no desapareciera la relación complicidad-dinero.

Es cierto que López Obrador está siendo el Presidente más observado y quizá más criticado. Son diversas las razones, destaquemos dos: por un lado, el Gobierno con todo y los trompicones en los que anda está abordando y afectando estructuras anquilosadas cargadas de intereses.

La forma bajo la cual se están haciendo las cosas es lo que se cuestiona. La fórmula de “tengo otros datos” está enfrentándose con la terca realidad, lo que está llevando a una serie de inquietudes de empresarios e inversionistas, al tiempo que la economía en algunas áreas se encuentra congelada y sin crecimiento.

Tiene razón el Presidente cuando habla de la dificultad de mover el elefante, el problema está siendo hacia dónde lo quiere mover. El verdadero reto es la economía, la cual muestra pocos signos alentadores.

Por otra parte, la relación medios-López Obrador no ha sido fácil. El Presidente ha arremetido contra los medios lo cual en muchos casos se pudo evitar. Estamos también ante otro hecho inédito, por lo general los presidentes hacían mutis o pasaban de largo a los medios bajo el lamentable “ni los veo ni los oigo”. Con López Obrador, para bien y para mal, esto no se da ni por asomo.

Si estamos ante inéditos no hay manera de que la vida política del país tenga referentes. Muchas cosas se van viendo y resolviendo sobre la marcha, a lo que se suma que algunas reacciones del Presidente son de botepronto, lo que lleva a que los escenarios se enrarezcan y que se pierda de vista qué es importante y qué asuntos pueden ser eventualmente distractores.

Hace unos días estábamos en medio del delicado y pendiente asunto de Culiacán y hoy, de la noche a la mañana, estamos hablando de golpe de Estado, de bots y de conspiraciones sin tener muy claro a qué se debe; en el mundo de las especulaciones todo cabe y muy probablemente también se apueste a ellas.

Lo que está claro es que ya nadie se queda sin responder, lo cual tiene un lado altamente positivo, pero por otro ahonda la confrontación y la incomunicación.

Una nueva variable es el hecho que los militares están mostrando una faceta diferente. Algunos de ellos no tienen empacho, con razón, de opinar.

No vemos intentona golpista detrás del discurso del general Gaytán. Su opinión adquiere particular relevancia por Culiacán, pero detrás de ello también están los muchos años de colocar a los soldados al límite, lo cual está fuera de sus funciones originales; no se puede soslayar el hartazgo militar de años.

Día con día al Presidente le van apareciendo detractores y críticos con los cuales debe saber lidiar, por más que le merezcan poco respeto. Estos días se le ha visto por primera vez impaciente y con respuestas cuestionables.

López Obrador está en medio de sus semanas más difíciles y no se está ayudando.

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