EDITORIAL

La era de la violencia

El siglo XX enmarcó conflictos bélicos importantes y tragedias humanas de grandes proporciones. Las cicatrices son profundas y pretendimos aprender del pasado para jamás repetir semejantes atrocidades. Se crearon y fortalecieron instituciones humanitarias internacionales y organizaciones de países que se comprometieron a velar por los derechos humanos. La intención era prevenir nuevos desastres y castigar los crímenes de lesa humanidad.

A finales del siglo XX, el sueño de la integración y la paz llegó al corazón mismo de los gobiernos. De ahí nació la Unión Europea, por ejemplo, y las leyes que protegían a los migrantes con políticas de brazos abiertos a los desplazados por tragedias humanitarias. Se cimentó la idea del libre comercio y se pretendió que las fronteras reflejaran su porosidad, no sólo de facto, sino también en las leyes. Sin embargo, pecamos de inocentes y la ambición política pudo más que la paz.

El nuevo milenio trajo consigo políticos que no dudaron en dividir y aprovechar los retos de la integración para fomentar el miedo y mentir a la población, señalando las diferencias y buscando chivos expiatorios. Resurgieron posturas dictatoriales, muchas veces disfrazadas de democracia. El autoritarismo regresó con fuerza y nos hizo ver la fragilidad de los sistemas diplomáticos que habíamos creado.

En estos días, vemos cómo Trump desafía abiertamente al tribunal de La Haya por los casos abiertos por la guerra en Afganistán, amenazando y chantajeando abiertamente a sus miembros. También vemos cómo el espaldarazo de Estados Unidos a Israel echa por tierra los avances y determinaciones internacionales en un conflicto que vive un recrudecimiento en los enfrentamientos. Venezuela sufre de un éxodo histórico provocado por un régimen que usa sistemáticamente el hambre y la enfermedad como método de control político. En Siria, Europa espera de brazos caídos la siguiente ola de refugiados, ante el fracaso diplomático para evitar que el régimen tome el último bastión rebelde con bombardeos indiscriminados y hasta armas químicas sobre la población civil.

Las Naciones Unidas y demás organizaciones internacionales han fracasado en su intento por prevenir y castigar crímenes contra la dignidad humana. A diestra y siniestra vemos el renacer de la barbarie. Los que aún creen en la razón, se ven tentados a imponerla por la fuerza. ¿Será que la condición humana nos condena al enfrentamiento continuo? ¿Será que la diplomacia y la paz fueron sólo breves ensoñaciones que nos dejó el dolor de la guerra y que sólo anteceden otro periodo de destrucción? ¡Qué lejos estamos de tener líderes diplomáticos que persuadan con argumentos, y no con virulentos y ambiciosos ataques!

Reconoce edil capitalino aportación de los 13 Consejos Consultivos Temáticos

*Como una muestra de la importancia que tiene la participación ciudadana en el nuevo modelo de gobernanza municipal

Como una muestra de la importancia que tiene la participación ciudadana en el nuevo modelo de gobernanza municipal, el Presidente Municipal entregó reconocimientos a los presidentes, vicepresidentes y secretarios del Consejo de Participación Ciudadana y de los 13 Consejos Consultivos Temáticos del Municipio de Oaxaca de Juárez.

“Es agradecerles su esfuerzo, voluntad y determinación para participar en cada uno de estos consejos consultivos temáticos, ya que en ellos está la voz de los diversos sectores de la sociedad y sólo buscan dar mejores resultados para los oaxaqueños”, dijo el edil capitalino.

En este sentido, Hernández Fraguas externó que gracias a la activa y decidida participación de los integrantes de los consejos consultivos se evitan “las ocurrencias, ya no más decisiones personales, ya no más decisiones que obedezcan a intereses políticos o de grupo”, ya que en todo momento se pondera hacer lo mejor por el bien común de las y los oaxaqueños.

En un ameno encuentro con sus integrantes, el munícipe oaxaqueño mencionó que en el Consejo de Participación Ciudadana y sus 13 Consejos Consultivos Temáticos participan 555 hombres y mujeres, así como 253 organizaciones representativas de los sectores de la sociedad.

Estos consejos hasta el momento han realizado 93 sesiones y trabajan con independencia plena y no están subordinados a ningún área o dependencia del gobierno municipal. Con ello, se ha impulsado una democracia igualitaria y participativa, incorporando la perspectiva ciudadana en las decisiones para definir el rumbo de las políticas públicas en la capital del estado.

En su oportunidad, la titular de la Unidad de Enlace con los Consejos Ciudadanos, Mara Maciel Gómez resaltó que en este trabajo ha prevalecido una verdadera comunicación efectiva con los miembros de estos consejos en favor del desarrollo de la capital oaxaqueña.

Con la representación de los 13 Consejos Consultivos Temáticos, el Presidente del Consejo Consultivo Temático de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Jesús Rendón Vásquez, coincidió que la estrategia de creación de los Consejos Ciudadanos es un paso importante para analizar y proponer todo lo necesario para la ciudad.

“Analizamos las problemáticas que inciden en nuestro municipio mediante su estudio, análisis, intercambio de conocimientos y experiencias, las cuales se tradujeron en propuestas de soluciones que coadyuvaron a su atención con la participación y aportaciones, las cuales facilitaron la toma de decisiones gubernamentales”, recalcó Rendón Vásquez.

Los 13 Consejos Consultivos Temáticos corresponden al de las Culturas, Discapacidad, Deporte, Juventud, Seguridad Pública y Vialidad, Economía, Infraestructura, Desarrollo Urbano y Obras Públicas, Turismo, Expresidentes, Normatividad, Salud, Medio Ambiente y Protección Animal.

EDITORIAL

Desear lo que desean los otros

No nos enseñaron a desear de modo autónomo. El camino que siempre toma nuestro deseo está condicionado por los discursos dominantes sobre lo deseable o por el deseo de alguien más: deseamos ser deseados, deseamos ser el objeto del deseo del otro, deseamos desear lo que la mayoría para pertenecer.

Así podría explicarse la queja femenina de no haber sido ellas quienes eligieron a sus parejas heterosexuales sino haber sido perseguidas y conquistadas por alguien que quizá no hubieran elegido como objeto de deseo erótico ni amoroso. También es por esta razón que la construcción del deseo masculino está condicionada al dominio. Muchos hombres no saben cómo conducirse frente a mujeres frontalmente deseantes y lo expresan así: “me gustan las mujeres que se resisten o incluso que me rechazan. Las que me desean y expresan abiertamente su deseo me intimidan, me parecen fáciles de conseguir, no implican un reto y no despiertan mi interés”.

A veces hemos vivido para satisfacer las expectativas sociales pero en el fondo sabemos que no es lo que deseamos. Por ejemplo una mujer más inteligente que su marido que decide dejar la vida laboral porque él desea que ella sea una perfecta madre, esposa y anfitriona. O un hombre con alto potencial creativo que elige trabajar en un banco por la seguridad económica que le reporta aunque su deseo fuera dedicarse a algo menos estable pero más divertido.

A veces la fuerza del deseo no radica en conseguir sino sólo en desear. Por ejemplo desear lo prohibido: el hombre comprometido, la mujer casada, la pareja del mejor amigo. En el terreno de la fantasía es material para deseos insaciables; aplazan el deseo mujeres y hombres “histéricos” que ante la inminente consumación del deseo, huyen.

Los que padecen la que ha sido nombrada como “neurosis obsesiva” siempre están deseando lo que no tienen por lo que viven insatisfechos. En cuanto consiguen lo que creían desear para sentirse colmados, dejan de desearlo y comienzan a desear otra cosa (entre más imposible mejor).

Entender el deseo significa aclararlo, cuestionarlo y dudarlo. Saber cuál fue el contexto que “sujeta” a alguien a un modo de desear (lo prohibido, lo imposible, lo triste, lo que el otro desea) puede responder la pregunta de por qué a algunas personas les gustan los hombres mayores o más jóvenes, las adictas llenas de problemas, los egoístas que producen más vacío y hambre, las fuertes, los frágiles, en fin.

Cuando alguien expresa que no está trabajando en dirección a su deseo y por el contrario, pospone, se angustia, se distrae, se paraliza y no da los pasos que lo acercan a la realización del deseo (salirse de casa de los padres, acabar una tesis, adelgazar, dejar de fumar o de beber, enojarse menos) podríamos pensar en la definición lacaniana del síntoma: “lo que el sujeto conoce de sí aunque no se reconoce en ello”, que dicho de otra forma, se expresa como un “no sé por qué”.

EDITORIAL

“Ni una coma…”

Más que una mirada analítica sobre la Reforma Educativa, la expresión de que no quedará “ni una coma…” de ella parece buscar darle gusto a quienes se oponen a la misma.

El tono termina por ser de envalentonamiento, irreflexivo y hasta soberbio; hay que acabar con la reforma a como dé lugar. Poco o nada importa lo que contiene, y menos el hecho que detrás de ella esté una convocatoria nacional, la cual incluyó el concurso de cientos de personas, entre quienes estuvieron padres de familia, estudiantes, especialistas, ONG y, sobre todo, maestros.

Están en vías de hacer exactamente lo mismo que criticaron. “Ni una coma…” es una expresión que no hay de otra que interpretarla como que lo que se hizo a lo largo de años no sirve absolutamente de nada. Quiere decir, bajo esta premisa, que se perdió el tiempo y el dinero que se le invirtió, materialmente todo no sirve de nada.

Quiere decir también, que detrás del “ni una coma…” debiera estar un largo y profundo análisis que los llevó a la conclusión de que la reforma debe desaparecer. Quiere decir además que revisaron todo, paso a paso, cada uno de sus contenidos, y no sólo lo que tiene que ver con las muy controvertidas evaluaciones a los maestros.

Este tema, sin duda, merece una revisión pausada y detallada para su transformación. Las evaluaciones quedaron en el terreno de lo punitivo, aunque se hayan aderezado con argumentos como el de la mejora en la educación.

Los maestros se ven envueltos en un proceso de riesgo gratuito. Quien no aprueba los exámenes, aunque sea hasta la tercera oportunidad, pierde la plaza.

Pareciera no haberse considerado un hecho definitivo y fundamental: los maestros son parte medular del sistema educativo y, sobre todo, son producto de él. Evaluar a un maestro no es sólo examinar a una persona, es evaluar todo un sistema educativo, del cual los profesores son su producto y su cara más acabada.

Si bien es tema central por una buena cantidad de motivos, la Reforma Educativa no es sólo un proceso de evaluación; es, por mucho, algo más. Los legisladores de Morena están actuando con base en el poder que han adquirido, como era de preverse, y están echando toda la maquinaría y el mayoriteo para cambiar, quizá con un espíritu de venganza, cosas que funcionan.

Han optado por ello, en el caso de la Reforma Educativa, en derogarla más que apuntalarla, pasando por alto un principio clave en cualquier proceso educativo: el del análisis, la investigación, el desarrollo de la crítica, la reflexión y, con base en todo ello, establecer propuestas de acción.

Se interpreta que si algo quieren es deshacerse de la reforma y, en el camino, no sólo eso: quieren destrozarla. ¿Tiene sentido tratar de hacer todo esto para tomar abierta distancia con un sexenio justificadamente cuestionado? No quieren tener que ver con el pasado siendo, paradójicamente, que muchos de quienes integran Morena son parte de ese pasado, el remoto y el inmediato.

Es claro que también están tratando de demostrar a quienes les prometieron que iban a derogar la reforma que cumplen su palabra, sin llevar a efecto la más mínima reflexión integral sobre el todo de ella.

En las cámaras se están empezando a hacer cosas importantes que pueden ser trascendentes. El tema de la austeridad ha permeado en otras áreas del país, esto es una buena noticia. Se está haciendo algo que se debió hacer desde hace muchos años.

Sin embargo, pensar que la vida del país empieza a partir del próximo sexenio, el cual parece que ya empezó, no tiene sentido. Hay muchas cosas que funcionan y se han venido haciendo bien.

¿Realmente no sirve de nada la Reforma Educativa para no dejarle “ni una coma…”? Decidan con base en el análisis, no pagando cuotas y la rentabilidad política.

EDITORIAL

Desaparecidos y desapercibidos

La semana pasada, en una colaboración en un diario nacional, el próximo subsecretario de Derechos Humanos expuso algunos datos de violencia política y delictiva. Señaló la existencia de más de 37 mil desaparecidos, 27 mil cuerpos sin identificar y 855 fosas clandestinas como muestra de falta de respuesta a la demanda social.

Refiriéndose a los casos en los que se presume la intervención de fuerzas federales en estos hechos, planteó la interrogante acerca del paradero de los desaparecidos, calificando de inadmisible que los hechos no se hayan esclarecido ni se haya castigado a los responsables.

Ojalá la indignación de Alejandro Encinas se extienda a la actuación del Ombudsman en el tema de desapariciones forzadas. Durante 2018, la CNDH ha emitido 29 Recomendaciones y dos Recomendaciones por Violaciones Graves. Del primer grupo, sólo una Recomendación (la número 4) está relacionada con la desaparición de una persona en Veracruz, en marzo de 2016. Las dos Recomendaciones por Violaciones Graves (números 10 y 11) se refieren a desapariciones. El primer caso da cuenta de la desaparición de 38 personas en el municipio de Allende, Coahuila, a cargo de un grupo delictivo, misma que tuvo lugar durante tres días en marzo de 2011. La segunda investigación se refiere a la desaparición de 10 personas, entre junio de 2011 y junio de 2014, en los municipios de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, así como en Matamoros y Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Lo anterior significa que, en lo que va del año, la CNDH ha concluido investigaciones acerca de la desaparición forzada de 49 personas, aun cuando los casos reportados se cuentan por miles. Únicamente en el caso de la persona desaparecida en Veracruz actúo con relativa prontitud, pues emitió su resolución en menos de dos años. El lapso transcurrido entre las desapariciones de Allende y la recomendación del Ombudsman fue de siete años; mientras que en las ocurridas en Nuevo León y Tamaulipas es de entre cuatro y siete años.

La calma con la que la CNDH investiga las desapariciones forzadas, una manera de pasar desapercibida de la escena nacional, se refleja en la averiguación relativa a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, los días 26 y 27 de septiembre de 2014. A casi cuatro años de los hechos, es la hora en que el Ombudsman no ha determinado la existencia de violaciones a derechos humanos ni ha señalado quiénes son los responsables. Aun cuando se cuenta con opiniones emitidas por organizaciones nacionales e internacionales, el Ombudsman federal no se ha pronunciado. Esto, a pesar de haber creado una Visitaduría General encargada exclusivamente de dicha investigación. Su omisión provocó que, hace unos días, un juez de distrito de la Ciudad de México concediera un amparo a un jugador del equipo Los Avispones de Chilpancingo, ordenando a la CNDH que determine si el joven fue víctima de violaciones a derechos humanos. La reacción del Ombudsman fue insólita: interpuso un recurso legal contra la resolución protectora del joven herido en Iguala.

EDITORIAL

¿En qué transformación de México estamos metidos?

En su interesante artículo del día de ayer en el periódico Milenio, Héctor Aguilar Camín sostiene que antes de la llamada cuarta transformación de México, anunciada por el Lic. López Obrador, hubo otra que merece ese título: la que sucedió a finales del siglo XX y que construyó el régimen que terminó en la elección pasada.

Coincidimos con Aguilar Camín en ese diagnóstico. Aquel cambio político, económico y social merece ser considerado como una de las transformaciones de México. Lo que aconteció entonces fue el reemplazo del modelo económico nacionalista por el llamado neoliberalismo, lo que fue acompañado por el reemplazo del modelo político de hegemonía de un solo partido a la alternancia democrática.

Lo que resulta extraordinario, quizá un caso único en la historia, es que el agente político fundamental de esa transformación haya sido el PRI. Este partido fue el puntal de lo que se conoce como sistema político mexicano, que cristalizó —algunos dirían solidificó— el proyecto de la Revolución mexicana. En otras palabras: la máxima creación de la tercera transformación (o cuarta o quinta o como quiera que se le numere) de México fue el instrumento que permitió la transformación de la que hemos hablado arriba.

Cualquiera que sea el número que demos a esta transformación que está operando en México podemos calificarla como populista. El término —ya lo sabemos— tiene muchos inconvenientes: es polisémico, está muy cargado y se ha vuelto un comodín teórico, pero no tenemos otro. Es más, podemos decir que hoy vivimos, no sólo en México, sino en el mundo entero, un periodo populista. La crisis global de la democracia liberal, que algunos pensaron que era el régimen que marcaba el fin de la historia, es un hecho incuestionable.

El gran reto de los científicos sociales mexicanos hoy en día es estudiar ese nuevo populismo mexicano que tiene más en común con el populismo contemporáneo sudamericano que con el viejo régimen del PRI. Parece que los estudiosos de nuestra realidad social no han reaccionado con la rapidez indispensable. Parece que muchos de ellos todavía no acaban de aceptar que el régimen en el que trabajaron durante, por lo menos, un par de décadas, ha colapsado.

La cuarta (o quinta o sexta) transformación de México está en marcha. Como sucede con otros experimentos semejantes, el movimiento triunfador tiene más claro cómo llegar al poder que qué hacer con el poder una vez llegado a él. Hay más preguntas que respuestas. Las variables se irán despejando en los próximos meses, en los próximos años.

Lo que nos toca a los intelectuales es imaginar la siguiente transformación de México, la que vendrá después de que el populismo se derrumbe. La solución no puede ser regresar al pasado, a la democracia representativa liberal. Tendremos que imaginar otro tipo de democracia, mejor que la que ha terminado y que la que ahora comienza.

EDITORIAL 

¿Quién gobierna la UNAM?

Este sábado, como cada 8 de septiembre, se conmemora el Día Internacional de la Alfabetización, y cae a esta reflexión como anillo al dedo, precisamente para hablar de la máxima casa de estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México.

El mes pasado, el ranking de QS World University Ranking señaló que la UNAM escaló al lugar 113 entre las 1,000 mejores universidades del mundo, destacando su reputación académica, de empleadores, de alumnos y profesores.

Shanghai Ranking Consultancy, sólo contempla a 5 instituciones iberoamericanas, entre las 300 mejores del planeta, y entre ellas también está la UNAM, como una de las 3 mejores de Latinoamérica.

Pero en su historia, la UNAM también destaca por ser víctima de la violencia con la que ciertos grupos —políticos y delincuenciales— han conseguido desestabilizar la vida académica, con todo lo que ello implica.

El año pasado, Ciudad Universitaria vivió uno de los más violentos de su historia. En mayo de 2017 fue encontrado el cuerpo de Lesby Osorio, cerca del Instituto de Ingeniería, atada a una caseta de teléfono público.

Irresponsablemente, las autoridades se adelantaron a decir que se trataba del suicidio de una joven drogadicta, y 11 meses después, esas mismas autoridades tuvieron que reconocer que estaban frente a un feminicidio.

Un mes después, el estudiante de Odontología, Víctor Orihuela, fue hallado muerto a un costado de la Facultad de Filosofía y Letras. Mucho se especuló acerca de que el joven pudo haber sido víctima del crimen organizado, que opera en la Universidad y hasta la fecha es un caso sin resolver.

En agosto del mismo año, cerca de la Facultad de Medicina fue encontrado el cuerpo de Roberto Malagón, de 20 años, cuyo caso también sigue aún sin resolverse.

En febrero de este año, la venta de drogas en la UNAM provocó una balacera dentro del campus, en la que dos personas perdieron la vida; de acuerdo a la procuraduría y a la propia institución, ninguno de ellos era integrante de la comunidad universitaria.

La presencia de narcomenudistas en las instalaciones de la UNAM es un problema de años, sin resolverse, reconocido por el propio rector Enrique Graue.

La marcha del miércoles pasado —que reunió a estudiantes y trabajadores de preparatorias, CCH, facultades, escuelas nacionales, alumnos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (INAH), de la Universidad Autónoma de México (UAM), la Pedagógica y el Colegio de México (Colmex)—, confirmó el hartazgo de la comunidad estudiantil, pero también la tibieza de las autoridades, las universitarias y las de la justicia capitalina.

Ciertamente, resguardaron el derecho de manifestación de los estudiantes, pero no hicieron nada por impedir el bloqueo de avenidas que fueron tomadas por “anarquistas” con los rostros cubiertos, que esperaban con bats y palos “a los porros para responder por su UNAM en paz”.

La “ocupación” del auditorio Justo Sierra —conocido como “Che Guevara”— desde hace casi 20 años, ha expuesto el problema de gobernabilidad en la máxima casa de estudios, sometiendo la defensa de su autonomía a un debate, más que absurdo, necio.

¡No es tan complicado! La autonomía que la UNAM ganó en 1929 es de cátedra, de presupuesto y de gestión; le dio la capacidad de no depender del gobierno para organizar su investigación científica y la extensión universitaria del conocimiento, más allá de las aulas, a quienes no tuvieran la posibilidad de asistir a escuelas superiores.

La autonomía le da a la Universidad la libertad para expresar la pluralidad de ideas y pensamiento, y eso nada tiene que ver con el ejercicio de la ley y la justicia de los hombres, como debe de ser, más allá de la academia.

No es digno que hoy los estudiantes se manifiesten y exijan respeto, faltando al respeto a su propia educación, yéndose a paro casi 40 escuelas (la mayoría de la UNAM, con la suma del IPN, la UAM y la escuela Carlos Septién), y todo esto en el marco de una transición de gobierno, en la que la UNAM es como la “papa caliente” que nadie quiere tomar en sus manos.

Esteban Moctezuma, futuro secretario de Educación, aseguró que “respeta la capacidad de la UNAM para resolver los problemas que vive”…

¿Cuál capacidad? ¿De resolver qué?… Si los feminicidios, el narco, el falso anarquismo y los paros son ahora los que gobiernan a la máxima casa de estudios. ¡Hay que reconocerlo! por mucho que nos duela.

EDITORIAL

Demasiado pragmatismo

El miércoles dijo el presidente del Senado, el morenista Ricardo Monreal, que había cosas más importantes que discutir el tema de la licencia del gobernador-senador de Chiapas.

Si a este hecho se le compara con los grandes problemas nacionales, efectivamente lo dicho por el senador puede adquirir sentido. Sin embargo, no debemos perder de vista que la vida política del país es un todo integral, y que las formas en el nuevo Congreso cuentan mucho.

Parece ser que han pasado por alto los motivos que tuvo el voto del 1 de julio. Se optó por un cambio que cuestionaba y repudiaba las formas y devaneos de la clase política. También por esto se votó, no sólo por López Obrador, sino también contra Peña Nieto y el PRI y el PAN. En el imaginario colectivo también estaba y están el abusivo y displicente quehacer legislativo.

¿Es importante o no, lo que terminaron por decidir en este caso? A diferencia de lo que dice el senador Monreal, somos de la idea de que sí lo es. Es un asunto de sensibilidades y formas, que le son muy atendibles a la sociedad.

Ratifica este atribulado inicio legislativo. No se pasa por alto que también se han echado a andar interesantes iniciativas; la singular declaración, cargada de un ominoso pragmatismo político, del líder del veleidoso y oportunista Partido Verde en diputados, Arturo Escobar.

Negó que la negociación que tuvieron con Morena hubiera incluido el caso del gobernador-senador, pragmática y de manera ligera planteó que ceder 5 diputados del PVEM a los morenos, con los que éstos logran mayoría en el pleno de diputados, “les salió baratísimo”.

La transacción, dijo, se dio por el apoyo de Morena a la creación de hospitales para luchar contra el cáncer infantil. Lo que llama la atención es que Morena no tenga este tema en su agenda, y que se dé cuenta de él sólo para negociar curules con un partido como el Verde, el cual está desacreditado y tiene el síndrome del saltimbanqui como forma de vida, para sobrevivir y no salirse del presupuesto; cualquier cosa menos esto.

La forma en que se desarrolló el proceso de solicitud de licencia del gobernador-senador, quien desde hace meses intenta o ya está cerca de López Obrador, fue de lo más confuso y a modo. Se hizo una segunda votación para aprobar la solicitud de licencia, en la primera había sido desechada.

Nunca quedó claro el porqué de la segunda ronda. Hasta el PRI, hoy bajo el olvido del Verde, se sumó a la moción para que se hiciera una segunda votación, la cual tenían más que planchada. Poco o nada les importó en Morena, el hecho de que el gobernador-senador haya manipulado al Congreso de su estado, para hacer lo que quería.

Si el caso no le hubiera sido cercano o no sirviera para el acomodo de Morena, la pregunta es si hubieran actuado de la misma forma, apelando, como lo hicieron el lunes, a una legalidad escrupulosa y a los derechos del personaje, los cuales no se cuestionan.

Lo que estaba de por medio era una negociación de conveniencias y beneficios mutuos. Todo indica que por ello pasaron por alto preguntarse por aquello que invariablemente se preguntaban bajo escenarios como éste.

El morenista Martí Batres, presidente del Senado, hizo acuse de recibo de lo que está pasando. En su Twitter apuntó: “Hay críticas en la opinión pública por la aprobación de la licencia a Manuel Velasco. El Senado debe escucharlas y tomar nota para mejorar sus decisiones y las formas que utiliza para procesarlas”.

Lo que hizo Morena, independientemente de sus razones, terminó por dejar una mala primera imagen. Es cuestión de ver las redes para percatarse que, en este lance legislativo, Morena salió definitivamente cuestionado. Se vale el pragmatismo, pero desde hace tiempo se andan pasando.

EDITORIAL

Adiós al sexenio

Fue el 6º y último informe del Presidente Enrique Peña Nieto, el primero de septiembre, el oficial fue llevado por Alfonso Navarrete Prida, Secretario de Gobernación, por escrito como es la obligación a la Cámara de Diputados, donde lo recibió el diputado Porfirio Muñoz Ledo.

El 3 de septiembre en Palacio Nacional, patio central de honor, EPN citó a sus principales colaboradores (1500), los fieles que cerrarán la puerta y las abrirán a los que toman posesión el 1 de diciembre. Desde ese histórico lugar  y con los murales de Diego Rivera contemplándonos, entre ellos la figura de Carlos Marx, mando un mensaje autocrítico a la nación. Nostálgico y todos nosotros también. Lo flanquearon dos estupendos políticos del  nuevo régimen Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres, los dos del régimen entrante, de las mesas directivas en la Cámara de diputados y la de senadores.

Al Presidente Peña Nieto le quedan pocos actos oficiales, donde se le rinden honores y escucha nuestro hermoso himno nacional, donde porte por últimas veces su banda presidencial que le fue transmitida por Felipe Calderón.

El mensaje a la nación en Palacio Nacional, desde que a Vicente Fox los diputados y senadores anti PRI y PAN no lo dejaron entrar a la sede del Congreso de la Unión, que construyó José López Portillo.

Sigue su último grito de independencia en el Zócalo de la Ciudad de México, al otro día el último desfile militar recordando el inicio de la guerra para independizarnos de España, guiados por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

De ahí hasta el 20 de noviembre con un desfile deportivo recordando el inicio de la lucha para derrocar a Porfirio Díaz, una revolución de mil cabezas, ideario disperso desde los Flores Magón, Francisco Villa, Emiliano Zapata  a los de Venustiano Carranza.

De ahí hasta entregarle la banda presidencial el 1 de diciembre al nuevo presidente que será Andrés Manuel López Obrador. Ahí veremos de nuevo que al presidente electo lo vayan siguiendo desde su casa la gente y las motos con los camarógrafos hasta San Lázaro.

¿Renacimiento de partido hegemónico? ¿En los hechos sometimiento de los poderes?

Se habrá comprendido el daño que causaron los tecnócratas, que nunca supieron de política, solo del control del ejecutivo. Cero, cero por ciento a la atención a las naciones indígenas, castigados cada vez más.  Menos recursos a los millones de habitantes que tienen hambre.

EDITORIAL

Esto se acabó

La lógica indica que el lunes fue la penúltima ocasión en que Peña Nieto acapare la atención plena de los medios de comunicación y de la clase política.

La siguiente vez que suceda, ahora sí la última, será cuando entregue la banda presidencial. Su papel será secundario, pero terminará por estar a la vista de todos. Ése será el día de López Obrador y habrá cuenta nueva.

Podrán pasar muchas cosas para Peña Nieto, pero su vida en la política está virtualmente terminada. Quizá sea investigado y se den a conocer irregularidades en su gobierno, lo cual provoque que esté en el imaginario colectivo, pero su tiempo caducó y dejó de estar.

Puede pasar que, aunque no se le investigue, la sociedad mexicana no olvide y más bien se convierta en un referente criticado e ironizado, como ya sucede. Su sexenio ha estado cargado de problemas y denuncias, como pocos, a lo largo de la historia reciente del país.

En el corto plazo no se ve cómo pueda darse un análisis objetivo y frío sobre la gestión de Peña Nieto. Aunque apelen a algo digno de considerarse, la creación de las llamadas reformas estructurales, no hay manera de que se pueda tener una buena imagen, por lo menos por ahora, del Presidente.

El largo plazo es un enigma. Por más que en los spots repitan la idea de que se gobernó pensando en un país de futuro, no se sabe qué pueda pasar, lo que se ve hoy es confuso, en fondo y forma. El primer elemento para tener una idea del gobierno de Peña Nieto va a ser el corte de caja que haga López Obrador.

El Presidente va a cerrar su administración con una aceptación que difícilmente alcanzará el 20%. Sólo en sus dos primeros años de gobierno salió bien librado. En cuanto se vino el sensible tema de la Casa Blanca y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Peña Nieto y su gobierno perdieron fuerza y el ánimo que le había otorgado la sociedad mexicana.

El deterioro fue paulatino y constante. A los errores que haya cometido —en los abrumadores spots propagandísticos de estos días, el propio Presidente ha reconocido tímidamente algunos de ellos—, se suma la evidencia de que su equipo de trabajo lo cuidó muy poco.

Muchos asuntos del Presidente fueron manejados de manera desaseada y torpe, pareciera que nadie se daba cuenta de nada. Si Peña Nieto no se percataba de ello, suponemos que su equipo, que para eso está, debió actuar en consecuencia.

Una de las claves en el ejercicio del poder es qué tan bien informados están los gobernantes. No se trata sólo de reportarles lo que quieren escuchar o matizar las cosas. Se trata de informar a cabalidad y resolver los problemas y no esconderlos. La responsabilidad de ello es del equipo y de quien lo dirige.

Peña Nieto es evidentemente susceptible de equivocarse, es parte de la condición humana. Lo que es abiertamente fustigable es que su equipo no se diera cuenta de lo que pasaba. A los errores del Presidente, se sumó la carencia de una actitud crítica y autocrítica de su poco avispado equipo de trabajo.

Más que un informe, lo que hizo el Presidente fue formalmente despedirse. Todos en Palacio Nacional sabían de lo que se trataba la ceremonia. El recuento que hizo Peña Nieto fue un intento por defender su sexenio, el cual hoy está en vilo, entre otros elementos, por los cuestionamientos del futuro Presidente.

Pronto sabremos si las críticas y amenazas de derogar algunas reformas por parte de López Obrador van en serio, o de plano eran parte de su contestataria y muy efectiva campaña.

Lo que será motivo de reflexión continua es por qué la sociedad mexicana veía con claridad el deterioro de las cosas, mientras que su gobierno era incapaz de hacer al menos un acuse de recibo.

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