EDITORIAL

Demasiado pragmatismo

El miércoles dijo el presidente del Senado, el morenista Ricardo Monreal, que había cosas más importantes que discutir el tema de la licencia del gobernador-senador de Chiapas.

Si a este hecho se le compara con los grandes problemas nacionales, efectivamente lo dicho por el senador puede adquirir sentido. Sin embargo, no debemos perder de vista que la vida política del país es un todo integral, y que las formas en el nuevo Congreso cuentan mucho.

Parece ser que han pasado por alto los motivos que tuvo el voto del 1 de julio. Se optó por un cambio que cuestionaba y repudiaba las formas y devaneos de la clase política. También por esto se votó, no sólo por López Obrador, sino también contra Peña Nieto y el PRI y el PAN. En el imaginario colectivo también estaba y están el abusivo y displicente quehacer legislativo.

¿Es importante o no, lo que terminaron por decidir en este caso? A diferencia de lo que dice el senador Monreal, somos de la idea de que sí lo es. Es un asunto de sensibilidades y formas, que le son muy atendibles a la sociedad.

Ratifica este atribulado inicio legislativo. No se pasa por alto que también se han echado a andar interesantes iniciativas; la singular declaración, cargada de un ominoso pragmatismo político, del líder del veleidoso y oportunista Partido Verde en diputados, Arturo Escobar.

Negó que la negociación que tuvieron con Morena hubiera incluido el caso del gobernador-senador, pragmática y de manera ligera planteó que ceder 5 diputados del PVEM a los morenos, con los que éstos logran mayoría en el pleno de diputados, “les salió baratísimo”.

La transacción, dijo, se dio por el apoyo de Morena a la creación de hospitales para luchar contra el cáncer infantil. Lo que llama la atención es que Morena no tenga este tema en su agenda, y que se dé cuenta de él sólo para negociar curules con un partido como el Verde, el cual está desacreditado y tiene el síndrome del saltimbanqui como forma de vida, para sobrevivir y no salirse del presupuesto; cualquier cosa menos esto.

La forma en que se desarrolló el proceso de solicitud de licencia del gobernador-senador, quien desde hace meses intenta o ya está cerca de López Obrador, fue de lo más confuso y a modo. Se hizo una segunda votación para aprobar la solicitud de licencia, en la primera había sido desechada.

Nunca quedó claro el porqué de la segunda ronda. Hasta el PRI, hoy bajo el olvido del Verde, se sumó a la moción para que se hiciera una segunda votación, la cual tenían más que planchada. Poco o nada les importó en Morena, el hecho de que el gobernador-senador haya manipulado al Congreso de su estado, para hacer lo que quería.

Si el caso no le hubiera sido cercano o no sirviera para el acomodo de Morena, la pregunta es si hubieran actuado de la misma forma, apelando, como lo hicieron el lunes, a una legalidad escrupulosa y a los derechos del personaje, los cuales no se cuestionan.

Lo que estaba de por medio era una negociación de conveniencias y beneficios mutuos. Todo indica que por ello pasaron por alto preguntarse por aquello que invariablemente se preguntaban bajo escenarios como éste.

El morenista Martí Batres, presidente del Senado, hizo acuse de recibo de lo que está pasando. En su Twitter apuntó: “Hay críticas en la opinión pública por la aprobación de la licencia a Manuel Velasco. El Senado debe escucharlas y tomar nota para mejorar sus decisiones y las formas que utiliza para procesarlas”.

Lo que hizo Morena, independientemente de sus razones, terminó por dejar una mala primera imagen. Es cuestión de ver las redes para percatarse que, en este lance legislativo, Morena salió definitivamente cuestionado. Se vale el pragmatismo, pero desde hace tiempo se andan pasando.

EDITORIAL

Adiós al sexenio

Fue el 6º y último informe del Presidente Enrique Peña Nieto, el primero de septiembre, el oficial fue llevado por Alfonso Navarrete Prida, Secretario de Gobernación, por escrito como es la obligación a la Cámara de Diputados, donde lo recibió el diputado Porfirio Muñoz Ledo.

El 3 de septiembre en Palacio Nacional, patio central de honor, EPN citó a sus principales colaboradores (1500), los fieles que cerrarán la puerta y las abrirán a los que toman posesión el 1 de diciembre. Desde ese histórico lugar  y con los murales de Diego Rivera contemplándonos, entre ellos la figura de Carlos Marx, mando un mensaje autocrítico a la nación. Nostálgico y todos nosotros también. Lo flanquearon dos estupendos políticos del  nuevo régimen Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres, los dos del régimen entrante, de las mesas directivas en la Cámara de diputados y la de senadores.

Al Presidente Peña Nieto le quedan pocos actos oficiales, donde se le rinden honores y escucha nuestro hermoso himno nacional, donde porte por últimas veces su banda presidencial que le fue transmitida por Felipe Calderón.

El mensaje a la nación en Palacio Nacional, desde que a Vicente Fox los diputados y senadores anti PRI y PAN no lo dejaron entrar a la sede del Congreso de la Unión, que construyó José López Portillo.

Sigue su último grito de independencia en el Zócalo de la Ciudad de México, al otro día el último desfile militar recordando el inicio de la guerra para independizarnos de España, guiados por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

De ahí hasta el 20 de noviembre con un desfile deportivo recordando el inicio de la lucha para derrocar a Porfirio Díaz, una revolución de mil cabezas, ideario disperso desde los Flores Magón, Francisco Villa, Emiliano Zapata  a los de Venustiano Carranza.

De ahí hasta entregarle la banda presidencial el 1 de diciembre al nuevo presidente que será Andrés Manuel López Obrador. Ahí veremos de nuevo que al presidente electo lo vayan siguiendo desde su casa la gente y las motos con los camarógrafos hasta San Lázaro.

¿Renacimiento de partido hegemónico? ¿En los hechos sometimiento de los poderes?

Se habrá comprendido el daño que causaron los tecnócratas, que nunca supieron de política, solo del control del ejecutivo. Cero, cero por ciento a la atención a las naciones indígenas, castigados cada vez más.  Menos recursos a los millones de habitantes que tienen hambre.

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Esto se acabó

La lógica indica que el lunes fue la penúltima ocasión en que Peña Nieto acapare la atención plena de los medios de comunicación y de la clase política.

La siguiente vez que suceda, ahora sí la última, será cuando entregue la banda presidencial. Su papel será secundario, pero terminará por estar a la vista de todos. Ése será el día de López Obrador y habrá cuenta nueva.

Podrán pasar muchas cosas para Peña Nieto, pero su vida en la política está virtualmente terminada. Quizá sea investigado y se den a conocer irregularidades en su gobierno, lo cual provoque que esté en el imaginario colectivo, pero su tiempo caducó y dejó de estar.

Puede pasar que, aunque no se le investigue, la sociedad mexicana no olvide y más bien se convierta en un referente criticado e ironizado, como ya sucede. Su sexenio ha estado cargado de problemas y denuncias, como pocos, a lo largo de la historia reciente del país.

En el corto plazo no se ve cómo pueda darse un análisis objetivo y frío sobre la gestión de Peña Nieto. Aunque apelen a algo digno de considerarse, la creación de las llamadas reformas estructurales, no hay manera de que se pueda tener una buena imagen, por lo menos por ahora, del Presidente.

El largo plazo es un enigma. Por más que en los spots repitan la idea de que se gobernó pensando en un país de futuro, no se sabe qué pueda pasar, lo que se ve hoy es confuso, en fondo y forma. El primer elemento para tener una idea del gobierno de Peña Nieto va a ser el corte de caja que haga López Obrador.

El Presidente va a cerrar su administración con una aceptación que difícilmente alcanzará el 20%. Sólo en sus dos primeros años de gobierno salió bien librado. En cuanto se vino el sensible tema de la Casa Blanca y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Peña Nieto y su gobierno perdieron fuerza y el ánimo que le había otorgado la sociedad mexicana.

El deterioro fue paulatino y constante. A los errores que haya cometido —en los abrumadores spots propagandísticos de estos días, el propio Presidente ha reconocido tímidamente algunos de ellos—, se suma la evidencia de que su equipo de trabajo lo cuidó muy poco.

Muchos asuntos del Presidente fueron manejados de manera desaseada y torpe, pareciera que nadie se daba cuenta de nada. Si Peña Nieto no se percataba de ello, suponemos que su equipo, que para eso está, debió actuar en consecuencia.

Una de las claves en el ejercicio del poder es qué tan bien informados están los gobernantes. No se trata sólo de reportarles lo que quieren escuchar o matizar las cosas. Se trata de informar a cabalidad y resolver los problemas y no esconderlos. La responsabilidad de ello es del equipo y de quien lo dirige.

Peña Nieto es evidentemente susceptible de equivocarse, es parte de la condición humana. Lo que es abiertamente fustigable es que su equipo no se diera cuenta de lo que pasaba. A los errores del Presidente, se sumó la carencia de una actitud crítica y autocrítica de su poco avispado equipo de trabajo.

Más que un informe, lo que hizo el Presidente fue formalmente despedirse. Todos en Palacio Nacional sabían de lo que se trataba la ceremonia. El recuento que hizo Peña Nieto fue un intento por defender su sexenio, el cual hoy está en vilo, entre otros elementos, por los cuestionamientos del futuro Presidente.

Pronto sabremos si las críticas y amenazas de derogar algunas reformas por parte de López Obrador van en serio, o de plano eran parte de su contestataria y muy efectiva campaña.

Lo que será motivo de reflexión continua es por qué la sociedad mexicana veía con claridad el deterioro de las cosas, mientras que su gobierno era incapaz de hacer al menos un acuse de recibo.

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Morena y su reto en el Congreso

 

 

Si alguien va a estar a prueba a partir del próximo sábado, es la bancada de Morena, en Diputados y Senadores. Lo que hagan los legisladores de los otros partidos es también importante, pero de alguna u otra forma es previsible.

Son la oposición y no van a dejar de criticar y fustigar las decisiones que tome la mayoría. López Obrador intuyó que las elecciones presidenciales estaban definiéndose a su favor, fue por ello que centró su campaña en que votaran por Morena en el Congreso.

Sin tener la mayoría no podía hacer lo que ha prometido por años. Hay temas nuevos en la reciente campaña de AMLO, pero existe una constante en lo que ha venido proponiendo durante 18 años.

Lo que López Obrador buscaba era obvio y sensato: ganar el Congreso para poder cumplir sus promesas.

Para dirigir el Congreso se requiere de conocimientos técnicos legislativos, de forma y fondo, y de una genuina convicción democrática. Se puede echar a andar la maquinaria de la mayoría y ganar las votaciones, pero de ello a gobernar con, reiteramos, convicción democrática, auténticamente participativa, hay una gran diferencia.

Gobernar y encabezar las cámaras no es dirigir asambleas de partido o estudiantiles. No se puede menospreciar y eliminar a las oposiciones, las cuales gobernaban echando por delante toda la maquinaria de los votos en los plenos.

PRI y PAN, a través de su experiencia, oficio y de su muy singular maridaje, son quienes conocen los recovecos y muchos cómos en el Legislativo. Son quienes han tenido las llaves de muchas puertas en diputados y senadores.

La premisa de que hay que acatar lo que ha propuesto López Obrador, porque ganó la elección con un claro mandato de la sociedad en las urnas, tiene un valor, pero no es una verdad que no se deba cuestionar.

Estos días, bajo la terca realidad, el futuro nuevo gobierno se ha venido dando cuenta de que algunas de sus propuestas y promesas no van a poder cumplirse. No se pueden aprobar en automático muchos asuntos, sin antes debatirlos abiertamente.

Existe la idea, entre algunos morenistas, que ante el mandato de las urnas no hay de otra que cumplirlo vía el Congreso. ¿Se puede aprobar en automático,  sin cuestionar ni debatir, por ejemplo, lo que López Obrador considera la “mal llamada” Reforma Educativa? ¿Qué van a hacer ante este tema y muchos otros, los legisladores de la gran mayoría de Morena?

La euforia, el sometimiento, una singular disciplina y asumir una actitud de cátara sin cuestionar, los puede llevar por terrenos de altos riesgos. El primero de ellos es que repitan las formas de lo que durante décadas han criticado de las mayorías de otros tiempos en el Congreso. Recordemos cómo actuaron en innumerables ocasiones tanto PRI como PAN, juntos y separados.

Se trata de crear una nueva civilidad y convivencia política. Se trata de recordar que los poderes del Estado son independientes y autónomos. El mismo López Obrador ha insistido en que cada poder va por su parte, lo que debe interpretarse como la invitación a construir una nueva forma de hacer política. Olga Sánchez Cordero citó a su jefe para hablar del tema: “la Presidencia no es el poder de los poderes”.

Morena tiene un gran reto en el Congreso, no sólo es el que lo vaya a gobernar, es también el cómo lo va a hacer.

Queda claro el mandato de las urnas, pero debe también quedar claro que muchos ciudadanos encontraron en López Obrador la opción ante el hartazgo de quienes gobernaban.

El reto es crear una nueva civilidad política en el Congreso y escuchar a las nuevas minorías; ellos saben mejor que nadie de lo que se trata. No va a tener sentido el “como me trataste te trato”.

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Justicia tardía

 

Primera. Para generar energía eléctrica en el centro del país, la CFE procedió en 2010  a construir dos centrales termoeléctricas, un gaseoducto y un acueducto. La ejecución del llamado Proyecto Integral Morelos provocó inconformidad entre algunas comunidades indígenas en Morelos, Puebla y Tlaxcala.

Segunda. A principios de noviembre de 2012, un padre de familia de la Ciudad de México recibió una llamada de la escuela secundaria en la que estaba inscrito su hijo. Se le comunicó que debía presentarse en la enfermería del plantel, pues el menor de edad había sufrido un accidente. Cuando llegó a la escuela, su hijo le comentó que no veía del ojo izquierdo como consecuencia de la agresión de un compañero. Como la escuela no tenía médico, fue atendido por un paramédico. Posteriormente, personal de la secundaria limitó el otorgamiento del seguro médico a que aceptara que la caída era resultado de una riña entre alumnos, no de una agresión. Más aún, condicionaron la salida del menor a la firma de un documento de renuncia al seguro institucional.

Tercera. Antes del mediodía del 6 de mayo de 2013, elementos de la Policía Federal ingresaron a un domicilio en Ciudad Victoria. Los policías golpearon a dos mujeres, en presencia de los hijos de ambas. A continuación, detuvieron al dueño de la casa, a las madres de familia y a cinco menores (cuyo rango de edad fluctuaba entre seis meses y 13 años), trasladándolos a las oficinas policiales. Ahí, el jefe de familia fue torturado y presentado horas después ante la PGR, quien lo consignó por delitos contra la salud.

Aunque disímbolas, las situaciones recién descritas tienen un denominador común. En todos los casos, ante la presunta falla de la autoridad federal, los afectados interpusieron su inconformidad ante la CNDH. La primera queja de las comunidades indígenas, agraviadas por el Proyecto Integral Morelos, se presentó el 24 de octubre de 2012. Por su parte, el padre del alumno agredido hizo lo propio el 26 de febrero de 2013. Finalmente, la madre de una de las mujeres golpeadas se quejó el 20 de mayo de 2013.

Las similitudes no terminan aquí, ya que, en los tres casos, la CNDH determinó la existencia de violaciones a los derechos humanos, emitiendo sendas Recomendaciones. Esto sería muy encomiable si hiciéramos a un lado que, para emitirlas, el Ombudsman se tomó más de un lustro. Efectivamente, la Recomendación 3, relativa al Proyecto Integral Morelos, fue publicada el 27 de febrero de este año, cinco años y cuatro meses después de recibida la queja. En el caso del padre de familia, la Recomendación 24 está fechada el 16 de julio pasado, 64 meses posteriores a la queja. La Recomendación 27, emitida el 26 de julio, se publicó cinco años y dos meses después de conocer los agravios de los detenidos. El modus operandi del Ombudsman federal obliga a recordar la máxima atribuida a Séneca: “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”.

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Canadá, el socio que falta

 

Fue importante lo que pasó en la Casa Blanca. Como dice López Obrador, habrá que reconocer que desde hace algún tiempo Donald Trump no nos lanza tuitazos.

No se puede andar de confiado con los singulares impulsos del presidente de EU, pero efectivamente parece que hemos salido de su radar inmediato. Trump ha estado estos días en medio de problemas internos serios y delicados, al tiempo que ha estado en primera fila en la negociación de la “modernización” del Tratado de Libre Comercio.

Quizá los ánimos le han cambiado a Trump porque el proceso electoral mexicano resultó positivo en forma y fondo. En EU han visto históricamente las elecciones en el país con incertidumbre y dudas; presionan en lo privado y optan por el silencio público.

Al mismo tiempo, el gobierno de EU se ha abierto una infinidad de frentes. No puede pasársela peleando con todos y de paso con sus vecinos. Tiene además en noviembre un proceso electoral de enorme relevancia, el cual es una especie de evaluación ciudadana a nivel nacional de sus casi dos primeros años.

Habrá que revisar a detalle el principio de acuerdo entre México y EU. El consenso expresado en la Casa Blanca, pero sobre todo el que se manifestó entre el gobierno actual y el entrante en la conferencia de prensa, permite imaginar un optimismo razonable.

Por ahora hay un gran ausente. Habrá que ver qué pasa desde hoy entre EU y Canadá; ayer se anunció que se iniciarían conversaciones. La relación entre Trump y Trudeau está en uno de sus peores momentos. En diferentes momentos de ayer, el canciller Videgaray hizo referencia al elemento político de la relación entre estos países. No lo explicitó, pero interpretamos que hacía referencia, entre otras cosas, a este complejo momento.

Si alguien puede perder con un TLC sin Canadá, por más que la delegación mexicana destaque que hay acuerdo con EU, pase lo que pase, es nuestro país. Recordemos las muchas veces que los negociadores mexicanos aseguraban que un TLC sin Canadá no era TLC. No vaya a ser que el acuerdo seguro con EU los esté llevando a cambiar de opinión.

Si bien con Canadá no nos une una relación comercial tan intensa y cercana como con EU, el hecho de que estemos en un tratado de esta naturaleza nos permite estar juntos y, en su caso, defendernos ante un país y un gobierno que por lo general arrebata, incluso con reglas de por medio.

El futuro de lo que pueda pasar entre EU y Canadá tiene su dosis de enigma. Sin embargo, Canadá no puede aislarse en momentos en que la economía global está en pleno desarrollo, con rumbo a su madurez.

México tiene que ver por sí mismo, pero hay que ver los escenarios posibles para el mediano y largo plazos, en ellos no hay duda que Canadá es un socio estratégico.

El trabajo de la delegación mexicana a lo largo de estos años ha sido y es positivo, digno de reconocimiento. Se llevó incluso elogios, públicos y privados, del mismísimo Trump; llegó a “quejarse” de que no se les iba una.

Más allá de que el acuerdo genera importantes certezas, lo que también vale, con base en lo dado a conocer por las partes, es su contenido y perspectiva.

Aunque genere críticas y se levanten cejas, si a alguien hay que darle un importante crédito en el proceso es a Peña Nieto. El inicio de la relación entre Trump y el mandatario mexicano no pudo ser peor y lamentable, a lo que se le pueden sumar todo tipo de adjetivos.

Dos veces, Peña Nieto canceló reuniones con Trump; recordemos que éste exigía que se negociara el muro. La relación se tensó, quizá no sea tan casual tanto reconocimiento a López Obrador, a quien le conviene estar a las vivas.

Tenemos que pensar en nosotros mismos, por ello es tan importante que Canadá esté dentro.

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La maestra está de vuelta y quiere venganza

La maestra trae varias guardadas en su mochila y quiere venganza. Por lo que se vio ayer ya empezó a construir lo que quisiera que fueran sus nuevas bases y caminos.

Está soltando las manos. Está haciendo un uso severo y rudo del lenguaje para arremeter contra todos, los que asegura, fueron quienes la metieron cinco años a la cárcel.

No se explicitó ni un solo nombre, quizá no había necesidad de ello, da la impresión que todos sabíamos a quién se refería. Como le decíamos hace unos días, la maestra está echada para adelante, las condiciones políticas, aunado a su propia liberación, le están siendo profundamente favorables.

La maestra entiende muy bien los tiempos. Sabía que ayer se iniciaba un nuevo curso escolar y que habría una reunión entre los gabinetes de Peña Nieto y el de López Obrador. Apareció temprano para ser, de alguna u otra manera, tema a lo largo del día, como muy probablemente lo será también a lo largo de varios días.

En la conferencia de prensa de los presidentes, Elba Esther Gordillo fue una especie de fantasma. Estuvo presente casi en toda la reunión vía las preguntas de los periodistas. Entre ella, la Reforma Educativa, el nuevo aeropuerto y la encomiable civilidad política, terminaron por llevarse la conferencia.

La maestra se asumió ayer de nuevo como la líder de los profesores. No permitió preguntas en su presentación en un acto que tuvo tintes de mitin. Así como entró al hotel salió de él para cruzar la calle y regresar a su departamento, el cual está enfrente. Tanto dentro como fuera del salón, estaban algunas de sus huestes que ahora sí no la olvidaron y ahora sí se hicieron presentes.

Elba Esther Gordillo ha vivido y trascendido en función del poder político. Es público cómo llegó a la dirección del SNTE gracias a Carlos Salinas de Gortari, y cómo fue acomodándose y fortaleciéndose a lo largo de los subsiguientes sexenios, hasta que se le apareció una Reforma Educativa y Peña Nieto.

Por lo que se ve, se viene una confrontación de consideración al interior del SNTE. Lo que no falta mucho para saberse, es si la maestra conserva fuerza, después de estar cinco años en la cárcel, al interior del sindicato como para volver a dirigirlo o influir en él.

Su protagonismo no se ha perdido. Ayer dio una prueba de ello al declarar que su exoneración, la cual mostró una y otra vez, es el derrumbe de la Reforma Educativa. Elba Esther nuevamente se sobrevalora, más allá de intentar entre mandar un guiño o una señal a López Obrador.

Por más que muchos elementos de la reforma sean cuestionables, particularmente las evaluaciones a los maestros, no se puede soslayar la gran convocatoria que tuvo la reforma y el buen recibimiento y apoyo que tuvo entre algunos maestros. La profesora no lo puede pasar por alto, habla más bien por los cinco años en la cárcel.

Elba Esther mandó mensajes múltiples, es evidente que además de todo lo que quiere hacer, por ejemplo, recuperar el liderazgo del sindicato, quiere atacar y evidenciar a quienes asegura le hicieron daño, empezando por el Presidente Peña Nieto.

Su insistencia en el uso político de la justicia no puede tener otro depositario que el Ejecutivo. No se vio que ayer estuviera ondeando la bandera de la paz o algo parecido.

No había necesidad de que mencionara su nombre, con sólo ver su renovada cara al momento en que mostró los papeles, en que se da cuenta de su exoneración, era evidente lo que reflejaba su rostro y el sentir de lo que estaba haciendo.

Cuando la maestra fue detenida se llegó a suponer que se vendría una gran reacción de inconformidad y protestas por parte de los maestros del SNTE, no fue así.

Un mal proceso, el triunfo de López Obrador y el debilitamiento dramático del Presidente están reviviendo a la maestra, la cual quiere poder y venganza.

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La gobernabilidad que viene

Si algo es cada vez más complejo y controvertido es la gobernabilidad. Si bien no resuelve del todo la representatividad, es lo que más termina por ayudarle.

Las decisiones que tomamos los votantes llevan a hombres y mujeres al poder por un determinado tiempo, si nos equivocamos o no, sólo hay manera de saberlo al paso del tiempo. Sólo se sabe cuando se experimenta la gobernabilidad en carne propia.

Estos son los enigmas que nos han venido acompañando. Hace seis años, por estas fechas, todo era retozo, algarabía y júbilo por la llegada de los que sí saben “cómo hacerlo”, los que “robaban, pero se mochaban”.

Al paso de los seis años todo ha resultado decepcionante. Un mucho por las denuncias, algunas de ellas probadas, en materia de corrupción, a lo que se sumó el desaseo legal en casos emblemáticos y ya históricos, como la desaparición de los 43 normalistas en Iguala.

A esto hay que agregar la mala comunicación y la pésima imagen que se fue construyendo en torno al gobierno y al propio Presidente. No había manera de saber hace seis años lo que iba a pasar; es más, con todo y las dudas que aparecieron en su momento el desenlace tiene mucho de inesperado.

No somos de la idea de que ahora estemos en un escenario similar. Hace seis años se asomaba la ratificación del statu quo. Si alguien estaba satisfecho con la llegada de Peña Nieto eran los empresarios: suponían que el inquilino de Los Pinos era uno de los suyos y que además los iba a apoyar.

Con López Obrador hay mucho de riesgo para algunos, pero para otros hay esperanza y expectativa, por cierto diferente a la de hace seis años.

Peña Nieto tenía, o más bien sigue teniendo, en su entorno voces influyentes. Prueba de ello fue la lamentable visita de Donald Trump; la opinión que contó fue la del poderoso titular de Hacienda y no la de la canciller, hoy eventual líder del PRI. Este caso no fue el único.

El entorno directo de Peña Nieto jugó estos años un rol preponderante. Parecía en un primer momento que iba a escuchar, pero poco a poco cerrando su entorno y no se abrió a otras voces; cuando lo hizo quedó la idea de que no trascendió.

Aunque a muchos les pueda parecer fuera de lugar, López Obrador debe revisar lo que ha pasado estos seis años en materia de gobernabilidad. El balance tan desfavorable es multifactorial, pero una de las grandes causas está en el aislamiento, que provocó una seria crisis de gobernabilidad en el país.

Así como no se puede gobernar entre cuatro paredes imaginando la realidad, tampoco se puede gobernar de consulta en consulta. Éste es el gran reto para AMLO: ¿cómo gobernar cerca y con la gente?

Ante lo que estamos es el dilema de las nuevas formas de gobernabilidad; somos parte de sociedades más comunicadas y profundamente críticas. A los gobernantes se les pone a prueba de inmediato, su popularidad está a diario en la mira y viven bajo una especie de montaña rusa.

López Obrador debe entender y aprender de las innumerables reacciones que se han venido dando en la sociedad mexicana. Casi todo tiene que ver con la gobernabilidad, con la forma y el tipo de decisiones que se toman.

Las experiencias recientes evidencian en muchos casos no sólo políticas equivocadas, sino también una gobernabilidad cuestionable.

López Obrador hoy es el eje y la esperanza. Lo que lo hizo ganar es su fundamento y su riesgo. Está en él nuestro futuro y su futuro.

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La profesora ahora será la víctima

Si algo ha provocado la liberación de Elba Esther Gordillo, es confusión y un sinfín de especulaciones. Partiendo de que nada es casual, llama la atención que la maestra haya sido liberada la noche anterior a que el TEPJF le haya entregado a López Obrador su constancia como Presidente electo.

El tema es un galimatías que pasó por violaciones a la ley y por el uso político y discrecional de las instituciones de justicia. Materialmente, el sexenio inició con la mediática detención de la afamada profesora y va a terminar con su liberación.

Elba Esther Gordillo está libre por “falta de pruebas”. Como dice el doctor Raúl Trejo: “queda claro que a la PGR no le bastaron cinco años para fundamentar el caso”.

Raúl Trejo apunta: “lo que pudo ser un error en la acusación no significa que la profesora sea una blanca palomita, concentró mucho poder y lo llegó a manejar a su antojo”.

La maestra se entendió con Carlos Salinas, que fue quien la puso, como asegura el resucitado Bartlett, cuando era el titular de la SEP, con Zedillo, con Fox y con Calderón. Empezó a tener más relación con el poder que con aquellos y aquellas a quienes representaba. Al final, fue el poder quien la puso y fue el mismo poder el que la quitó.

Lo que queda claro es que todo indica que la acusaron sin pruebas. Parece que la detuvieron sin tener elementos legales para ello; o hicieron, como ha venido sucediendo, pésimamente las cosas.

Quizá lo único que querían era encerrarla para hacerla a un lado en su objetivo de diseñar la Reforma Educativa, a la cual era público que la profesora se oponía. Bajo el uso absoluto del ejercicio del poder, pudo ser que no pasara por su soberbia y su cabeza lo que podía pasar en seis años. Perdieron la Presidencia, el sexenio está terminando bajo el mayor descrédito, en medio de claros casos de corrupción y nulos niveles de credibilidad. A esto se suma la posibilidad de que deroguen la reforma que, en algún sentido, fue uno de los motivos por los cuales se metió a la profesora a la cárcel.

Todo terminó exactamente al revés de lo que nos dijeron hace cinco años que iba a suceder. Lo más grave de lo que está pasando, es el hecho de que no vamos a saber si la profesora es responsable de los delitos por los que fue detenida. Había serias denuncias en el sentido de que estaba utilizando, para su uso personal, el dinero de las cuotas sindicales de los trabajadores del SNTE.

Desde que Peña Nieto fue Presidente electo, a lo largo de esos farragosos meses entre esta fecha y la toma de posesión, quienes iban a gobernar se dedicaron a señalar severamente una y otra vez a la maestra. La imagen de Elba Esther no podía ser más mala, hubiera motivos o no para ello. La oposición de la profesora a la Reforma Educativa pasaba más por una lucha por el poder y control, que por una revisión de contenidos y objetivos. Los temas eran, entre otros, las evaluaciones de las y los maestros; y las plazas. No fue casual que la reforma empezara por la revisión y los cambios administrativos; se trataba de tener el control para echar a andar lo que llamaron la primera generación de reformas. Parece que nunca podremos saber si Elba Esther se oponía a la reforma con convicción y razones; o todo se remite a que no se entendió, con todo lo que esto significa, con Peña Nieto, como sí lo hizo en sexenios anteriores. El desenlace de este asunto es fatal. La profesora, que empieza a estar echada para adelante, ha convocado a una conferencia de prensa el 20 de agosto. Va que vuela para ser la víctima y para que, al mismo tiempo, se le vaya acercando a ya saben quién. Los suyos ya están en esa ruta.

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La otra Elba Esther

A veces hay que ser una especie de abogado del diablo para ver las cosas en los grises intermedios, entre los blancos y los negros, sobre todo cuando se trata de personajes controvertidos, contradictorios. Elba Esther Gordillo fue durante muchos años algo así como la villana favorita de la política nacional. Esa imagen fue creada en parte por sus errores y excesos, pero sobre todo porque tanto el lopezobradorismo, desde los años en que Andrés Manuel era presidente del PRD, así  como en el PRI, desde que Gordillo rompió con Roberto Madrazo, querían cortar, por distintas razones, su control sobre el sindicato magisterial y sobre un buen tramo de la política nacional.

Personaje poderosísimo en su momento, Gordillo siempre fue cuestionada, pero se suele olvidar que muchas de las iniciativas reformistas, en política y en otros terrenos, la tuvieron como una protagonista clave. Cuando estaba por comenzar el gobierno de Peña Nieto y pese a que en su campaña Gordillo había tenido un papel muy importante en muchos sentidos, era evidente que para la parte más mexiquense del nuevo equipo presidencial, digamos, Elba Esther era algo más que un adversario, era un enemigo, así la consideraban.

En esos meses, junto con Jorge Fernández Menéndez, hicimos un libro y un documental titulados La élite y la raza, enfocados a la situación de la educación en el país, en los que le dedicamos un capítulo al caso de Elba Esther.

Ahí decíamos que la maestra no era el escollo de una reforma educativa, que lo era y lo sigue siendo la CNTE, por una parte, y los afanes privatizadores de ciertos sectores empresariales y clericales, por la otra. En el libro La élite y la raza (Taurus, 2012), decíamos que “sin duda Elba Esther Gordillo es un personaje político controvertido que estará en el centro de distintas disputas políticas. Pero no deberíamos confundir al personaje con su estereotipo.

Gordillo, paradójicamente y, al contrario de lo que sostienen sus principales críticos, ha estado en el centro de buena parte de los principales movimientos reformistas en el país, desde el Grupo San Ángel hasta los intentos, que resultaron vanos, de sacar adelante una reforma fiscal que le costó, en su momento, la salida del PRI.

Ha impulsado una transformación institucional en su propio sindicato y logró sortear la crisis más profunda que ha tenido el mismo, la de 1989, a través de esas reformas, que establecieron el voto directo y secreto de los agremiados. Se habla de la incondicionalidad de muchos sectores del sindicato con Elba, pero se olvida que entre 1990 y 1995, el salario de los maestros creció en un 160 por ciento en términos reales. Y esa posición reformista se antepuso, con todos los condicionamientos que se quieran señalar, a la opción ultra, radical, de sus opositores de la Coordinadora. En ese sentido, ha apostado a la gobernabilidad, mientras que sus adversarios lo hicieron a la desestabilización.

Elba Esther cometió errores y excesos. No hay duda. Pero los crímenes que se le imputaron no fueron comprobados. Con su aprehensión se afectó la gobernabilidad.

Fue detenida por razones básicamente políticas y además equivocadas. Como decíamos hace seis años, no hay que confundir al personaje con su estereotipo.

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