EDITORIAL

El Paso, la secuela

Remitirnos a la dolorosa y triste tragedia en El Paso es pensar y repensar las cosas a partir de una forma de pensamiento de una amplia franja de la sociedad estadounidense.

No todos se atreven a hacer lo que hizo Patrick Crusius, pero quizá a muchos les haya pasado por la cabeza hacerlo. EU está bajo una confrontación interna, que las élites evaden o no quieren ver. Llama la atención que no hayan surgido voces sensatas y analíticas sobre el pasado fin de semana;  a lo que suma lo de ayer en otras dos comunidades de EU.

Las interpretaciones que hace la clase política, aprovechando la inminencia del proceso electoral, van por los terrenos de las impugnaciones mutuas. Pocas voces van a la esencia del problema, el cual tiene que verse como parte de una paulatina descomposición social; a lo que se añade el creciente nivel de pobreza en las afueras de las grandes ciudades.

Sin duda, la economía de EU está creciendo, pero enfrenta  un dilema mayor, porque a pesar de ello crece la pobreza, se concentra el capital y lo más grave es que este coctel está llevando a divisiones sociales internas cada vez más marcadas.

Lo que pasó el sábado suma dramáticamente otro componente. Las minorías juegan un papel cada vez más relevante en la economía, en la política y en la sociedad. Ya no son sólo “las minorías”, tienden a crecer y su influencia es cada vez más notoria.

El ataque a los mexicanos procede de una concepción xenófoba y racista que se asume como una identidad del ser estadounidense. Se ha ido olvidando el origen mismo de EU, y es probable también que en algunas zonas del país haya pasado a segundo plano la enseñanza de la rica y admirable historia de cómo se conformó e integró  esa nación.

Lo de El Paso, si a alguien cuestiona, es a los propios EU. Algo se está haciendo mal porque no se tiene la capacidad de cambiar la dinámica del pensamiento de muchos ciudadanos; en particular, jóvenes como los que perpetraron los atentados del sábado y de ayer.

La defensa de la supremacía blanca lleva a situaciones graves, delicadas, que no se pueden repetir, como sucedió en la Segunda Guerra Mundial. EU se ha ido metiendo en un tobogán, en donde al igual que otras naciones, los políticos terminan por estar cada vez más lejos de sus gobernados, al tiempo que los empresarios viven con el único objetivo de incrementar sus ingresos.

EU se ha ido dividiendo y puede estar en camino de dejar de ser la nación integradora de razas. La vida del país no se puede concebir en su historia, en su presente y su futuro sin los mexicanos; a querer o no.

Es un origen común, es una influencia mutua y, desde hace algún tiempo, es una presencia económica manifiesta en la relación bilateral y en el concurso de los mexicanos en la economía del país.

¿Qué puede llevar a un joven a manejar durante 10 horas para perpetrar un asesinato colectivo? Ayer le decíamos que en esto no hay arrepentimientos ni ocurrencias. La decisión de Patrick Crusius se estableció a partir de un entorno en el que no está solo.

Los discursos y los tuits del presidente Trump pudieron fortalecer su decisión. El entorno y los ataques sistemáticos en contra de migrantes y de la comunidad hispana, particularmente mexicana, han creado un ambiente que quizá lo llevó a hacer valer el absurdo del supremacismo blanco.

Su mensaje no fue sólo la muerte, era, y sigue siendo, la amenaza y la agresión.

Hasta ahora no ha habido una voz sensata que marque un alto y que convoque a medidas únicas para que la pesadilla bajo la que viven, y seguirán viviendo en EU, pueda ser frenada o, al menos, acotada.

EDITORIAL

 

 

El legado filosófico de Miguel León-Portilla

 

Este año se han celebrado varios homenajes a Miguel León-Portilla, el más grande de nuestros humanistas contemporáneos. Sus contribuciones al conocimiento de los pueblos indígenas son invaluables. No pretendo hacer aquí un apretado resumen de ellas. El propósito de esta nota es resaltar —volver a hacerlo— la importancia de la obra de Miguel León-Portilla en la historia de la filosofía universal.

Hace unos días, alguien decía que era una lástima que ya no hubiera filósofos en El Colegio Nacional. Esa apreciación es falsa. En El Colegio Nacional está uno de los más grandes filósofos de nuestros tiempos: Miguel León-Portilla. El que sea un célebre historiador, antropólogo y lingüista no debe hacernos olvidar que también es un filósofo destacadísimo.

Miguel León-Portilla cambió la concepción de la filosofía imperante en Occidente. De acuerdo con una concepción de la filosofía desarrollada a lo largo de varios siglos, la filosofía es una disciplina que nace en Grecia, se expande por el Mediterráneo y, a partir de la llamada Edad Media, se concentra en Europa: en Francia, Alemania e Inglaterra. La diferencia entre la civilización occidental y las del resto del mundo, según esta manera de entender la historia, consiste en que los occidentales hacen filosofía, mientras que los demás: orientales, africanos, americanos originarios, no la hacen. Estos pueblos, se dice, tienen sus propias culturas, religiones, manifestaciones artísticas, pero no tienen filosofía. Ésa es una de las razones por las cuales, se añade, la civilización occidental es superior a las demás. Si hay filosofía en el Continente Americano es porque la trajeron los europeos. Antes de ellos, los seres humanos que vivían en estas tierras no habían alcanzado el nivel cultural requerido para pensar de manera filosófica.

En su Historia de la filosofía en México de 1943, Samuel Ramos dedicó el primer capítulo a la pregunta de si hubo filosofía entre los antiguos mexicanos. La respuesta de Ramos coincide con la posición eurocéntrica que expusimos en el párrafo anterior. Ramos sostiene que si bien podemos encontrar una cosmología sofisticada, un pensamiento religioso muy complejo y una suma de expresiones artísticas admirables, no podemos encontrar filosofía en sentido estricto, es decir en el sentido en el que lo encontramos entre los antiguos griegos. La filosofía en México, concluye Ramos, comenzó a practicarse hasta el siglo XVI.

La publicación en 1956 de La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes significó una revolución que cambió la manera de entender la historia de la humanidad en México y, por añadidura, la historia de la humanidad en América y, ¿por qué no decirlo?, la historia de la humanidad entera.

Lo que sostuvo León-Portilla fue que los antiguos mexicanos sí hicieron filosofía. Entre los mexicanos hubo algunos sabios, los tlamatimine, que se preguntaron de manera autónoma y racional las mismas interrogantes que fundaron la tradición filosófica occidental: ¿qué es el hombre?, ¿cuáles son las fuerzas básicas del cosmos?, ¿cuál es el sentido de la vida? Nezahualcóyotl no es menos filósofo que Heráclito o Demócrito o Pitágoras.

La respuesta no se hizo esperar. ¿Cómo se atrevía León-Portilla a comparar a los nahuas, sanguinarios y primitivos, con los griegos, virtuosos y elevados? Para la traducción al inglés de su La filosofía náhuatl, los editores insistieron en que la palabra “filosofía” quedara fuera del título y lo renombraron Aztec Thought and Cultura. A Study of the Ancient Nahua Mind. Todavía el día de hoy, hay filósofos profesionales, dentro y fuera de México, que siguen insistiendo en que llamar filosofía a la cosmología o la poesía de los pueblos de Mesoamérica es equivocado.

Sin embargo, lo que nos mostró de manera contundente León-Portilla es que no sólo es correcto llamar “filosofía” al pensamiento de los antiguos mexicanos, sino que además de correcto es justo.

La filosofía no es propiedad de nadie. Insistir en que la filosofía es europea, que siempre lo ha sido y que siempre lo seguirá siendo, es un dogma despreciable que ha servido para legitimar la pretensión de los europeos de dominar el mundo. Mientras sigamos preservando esos prejuicios eurocéntricos, tan acendrados en nuestra psicología colectiva, seguiremos viviendo en el error o, mejor dicho, bajo el influjo de una mentira que se nos ha repetido una y otra vez.

EDITORIAL

Panamericanos, ¿cómo vamos?

En los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Barranquilla, Colombia, la delegación mexicana fue una aplanadora. En pasados juegos nuestro país había tenido un desempeño menor; Colombia se convirtió en una suerte de reivindicación.

Una de las razones por las cuales los deportistas mostraron un buen desempeño se debió a que tuvieron una preparación integral. No sólo se trata de que los deportistas lleguen en buena forma, sino que lo hagan con fortaleza mental. Imagine a un clavadista al que en una de sus participaciones no le va bien.

No basta con que su entrenador le diga lo que hizo mal;  se requiere de un armado mental con el que pueda revertir el mal momento. La preparación integral hace la diferencia entre un buen desempeño y pasar de largo.

El deporte de alto rendimiento requiere de una cantidad de elementos para desarrollarse y, sobre todo, para ser competitivo. En los juegos de Barranquilla, la delegación mexicana tenía un trabajo integral y para lograrlo se requiere de preparación y también de dinero.

La participación de México en los Juegos Panamericanos de Lima está siendo consistente. Mucho se debe a que los ciclos deportivos van encadenados. Los deportistas se preparan para participar en una serie de eventos que concluyen con los Juegos Olímpicos.

La siguiente semana pudiera ser más difícil para nuestros atletas alcanzar medallas. Los deportistas mexicanos han participado hasta ahora en pruebas en las que son competitivos y ganadores.

Lo que cada vez es más evidente, es que los atletas tienen en sus familias el gran soporte. No hay historia de un deportista, sin importar su nacionalidad, que no tenga a su familia como eje. Padres y madres de familia, junto con su entorno de vida, son la base para cualquier deportista; sin ellos, simple y sencillamente no hay futuro ni sueños.

Son quienes los llevan y traen a los entrenamientos, sin importar las distancias y el tiempo; y son también quienes los apoyan en los momentos más difíciles y adversos en su vida deportiva. Padres y madres de familia ponen de su dinero con tal de que sus hijos puedan alcanzar sus sueños.

El uso político que a lo largo de muchos años se ha hecho del deporte es un elemento que, por lo general, a los atletas no les queda de otra que asumir. Si no hay inversión en el deporte, no hay resultados; y lo más delicado es que la sociedad deja de tener referentes aspiracionales y de identidad. Para los niños, ver a deportistas mexicanos destacar es una manera de empezar a verse a ellos mismos a futuro.

No hay duda de que se debe pensar en estrategias que lleven al deporte masivo, pero el deporte de alto rendimiento es uno de los elementos que muestra las caras de una sociedad, a través de sus hombres y mujeres, a los ojos del mundo.

Hoy, los deportistas en muchos casos son signos de identidad de las sociedades, con mayor peso que los propios políticos; son la cara generosa, amable y de identidad.

Lo que provocó en su momento Ana Gabriela Guevara sigue teniendo repercusiones. Muchos niños y niñas la vieron como una mujer poderosa que alcanzaba sus sueños en medio de competencias frenéticas, en las cuales ella era nuestra cara y nuestro orgullo.

La delegación mexicana en Lima va bien. El problema de nuevo es el entorno; que si faltan apoyos, que si se cierran instalaciones y las grillas, que nada abonan al desempeño de los deportistas.

Dice el Presidente que les tiene “sorpresas” a los atletas mexicanos a su regreso. No hay mejor sorpresa que los ayuden y que no olvidemos que son nuestra cara más generosa y el mejor ejemplo de futuro para niñas y niños. Son quienes nos dan identidad y emociones, tan escasas hoy en día.

EDITORIAL

¿Lo peor está por venir?

Es probable que en la montaña rusa en que andamos con Donald Trump lo peor esté por venir. Sin ser agorero del desastre, los tiempos políticos que se avecinan en EU nos van a colocar en el centro de debates y una infinidad de controversias.

De alguna manera Trump le ha ido tomando la medida al gobierno mexicano. Se reconoce que los escenarios son de suyo de enorme complejidad, algunos han sido inevitablemente heredados por López Obrador, pero otros ya van por su cuenta.

A querer o no el Presidente mexicano alentó la migración cuando planteó que recibiría a todos los migrantes; habló de generar empleo. La situación al interior de El Salvador, Guatemala y Honduras es de una enorme complejidad, se ha hablado de ello en muchas ocasiones. Es por ello que al momento en que muchos centroamericanos escucharon la voz del Presidente se animaron, con mayor razón, a dejar sus lugares de origen.

Las declaraciones de López Obrador no solamente alentaron a la migración de Centroamérica, migrantes de otras zonas del mundo han tomado la decisión de venir a México en su intento por llegar a EU.

Buena parte de la molestia que existe en el gobierno estadounidense sobre la migración tiene que ver con la estrategia que instrumentó el gobierno. Esto fue interpretado como política de puertas abiertas, en que de manera indiscriminada se aceptaba que cualquier persona pudiera entrar a México en su intento por cruzar la línea.

Éste fue uno de los reclamos que originalmente planteó Trump. Junto con muchas otras variables, es muy probable que ésta sea una de las razones por las cuales el gobierno mexicano se la pasaba diciendo sí a casi todos los planteamientos que ha puesto en la mesa su homólogo estadounidense.

Bajo las nuevas realidades en la relación bilateral, México a diferencia de lo que sucedía hace al menos 10 años, ahora sí es un detonador en la vida política de EU.

El peso de los migrantes mexicanos es cada vez mayor. Tiene que ver de manera significativa con la economía, pero también está cada vez más identificado con elementos sociales, culturales y artísticos que en EU han ido asumiendo como propios. México es ya un vecino influyente que provoca profundas críticas en sectores conservadores, pero también genera gran empatía en algunos estados de EU.

Todo apunta a que las elecciones en EU podrían ser descarnadas. Quiere decir que se van a lanzar todo tipo de insultos y señalamientos, quizá como nunca antes. Lo que se ve por ahora, es que pareciera que en el terreno económico Trump la va librando.

Trae buenos niveles de aceptación en áreas como crecimiento, inversión y empleo. Los frentes abiertos de Trump tienen que ver con la forma en que ha establecido su relación con el mundo.

Su abierta discriminación hacia comunidades como la mexicana, sus innumerables incidentes con mujeres, su falta de diplomacia para establecer las relaciones de su gobierno con otras naciones son parte de lo que ha ido sumando estos años.

Estos frentes van hacer uno de los ejes de las campañas políticas en EU. No solamente habrá elecciones para presidente, también estarán en juego parte del congreso y algo definitivamente importante, las elecciones en buena parte de los estados del país.

Habrá que prepararse y entender las razones por las cuales México pudiera formar parte de un conjunto de debates, en los cuales muy probablemente no salgamos bien librados.

El “las cosas se pueden poner peor” no es un fatalismo. Es más bien la importancia de tener claro lo que viene, esperamos que en este sentido el gobierno tenga una lectura precisa y propositiva de este futuro inmediato, el cual ya se asoma.

EDITORIAL

No es sólo lo que es, sino lo que provoca

Hay razones de peso para revisar y atender la decisión que tomó el Congreso de Baja California.

Dos elementos generan controversia e incertidumbre. El primero es el rompimiento de un orden, al cambiar un proceso electoral definido. Los ciudadanos fueron convocados para votar por candidatos a la gubernatura para un periodo de dos años.

El cambio de reglas se dio sobre situaciones que ya estaban definidas, los ciudadanos votaron bajo leyes diseñadas y aprobadas bajo consenso. La decisión del Congreso local, sin pasar por alto su autonomía, cambió las reglas bajo circunstancias que son profundamente confusas.

A partir del día en que se tomó la decisión hemos entrado en un sinfín de acusaciones entre los actores políticos. De manera simple, la presidenta de Morena argumentó que alargar el mandato del morenista Jaime Bonilla era una petición popular, porque en dos años no se podía hacer casi nada como gobernador.

Además, de manera cuestionable, dijo que no se puede, ni se debe, gastar tanto dinero para las elecciones; en el exceso terminó por decir que los ciudadanos no iban a saber ni por quién votar. El objetivo de que sean dos años es adecuar los procesos electorales en el país.

El tema también adquiere relevancia porque se rompe el orden constitucional en la Federación. La Corte ha rechazado, por ser “notoriamente improcedentes”, las controversias constitucionales presentadas por los alcaldes de Tijuana y Mexicali.

Es importante atender las razones de la Corte, como la última instancia de definición de controversias, porque la puerta sigue abierta. La reforma no ha sido publicada en el periódico oficial del estado; define la Corte “son actos que no son definitivos por derivar de un proceso  legislativo inconcluso, al no haberse publicado la norma general”.

El otro elemento a considerar tiene que ver con el antecedente que se puede establecer a partir de la decisión. En el diagnóstico que ha venido haciendo el Presidente sobre el tema, se puede interpretar que ha tomado distancia; en el caso Bonilla no ha establecido de manera tajante su posición.

En la mañanera ha insistido en que no se va a reelegir y que firmará la carta en que se compromete a ello ante notario público. Como sea, el documento ha sido solicitado ante el INAI y apenas estos días ha sido presentado por la Presidencia.

En medio de la concentración tan abrumadora que se ha dado del poder político, este tipo de lances se convierten en escenarios de justificada atención y preocupación por parte de un sector significativo de la  sociedad.

Lo que se cuestiona respecto al caso Bonilla, es el hecho mismo y también lo que puede provocar en medio de una gran concentración de poder y con Congresos cada vez más controlados por el partido hegemónico.

El Presidente ayuda al insistir que no se va a reelegir, pero debe hacer una declaración tajant, que con su influencia y peso podría haber llevado las cosas por derroteros diferentes.

Su actitud, quizá involuntariamente, alentó la decisión, y más tratándose de uno de sus superdelegados y de un personaje que es público y cercano a él. Es cierto que la forma en que se tomó la decisión está cargada de irregularidades; es cierto también que hay una alta dosis de hipocresía de los partidos políticos.

Sin embargo, a pesar de todo lo que ha rodeado la decisión, lo que incluye presumibles entregas de dinero a los legisladores, está en tiempo de revertirse un hecho que tiene que ver con un rompimiento de un orden legal, y que puede provocar antecedentes que, como se ven las cosas, será difícil frenar y luego querer revertir.

EDITORIAL

Nos vemos en 45 días

La política migratoria que está instrumentando el gobierno está mostrando cómo contempla y asume la gobernabilidad y su relación tanto con Centroamérica como con EU.

Donald Trump nos trae entre sometidos y presionados. Nos palomeó el domingo pasado, vía Mike Pompeo, por haber hecho la tarea en estos 45 días, pero nada más regresó el secretario de Estado a su país mandó un mensaje: no es suficiente y falta mucho por hacer, al tiempo que nos recordaron que nos vemos en 45 días.

No queda claro qué quiere decir que México haya disminuido en 36.2% el flujo migratorio. ¿Es mucho o es poco? Es evidente que todo depende de como se quiera ver, porque no hay indicios de que la situación interna en Guatemala, Honduras y El Salvador esté cambiando; a lo que se suman los cruces que no se registran.

Se requiere de tiempo, pero en el camino tenemos que revisar lo que realmente está pasando con los migrantes, sobre todo por la urgencia que tienen de dejar sus países sin importar correr cualquier tipo de riesgos.

Las persecuciones a migrantes en el sur y en el norte del país, particularmente a las orillas del río Bravo, evidencia lo que muchas familias viven.

La prueba  de que por ningún motivo quieren regresar a sus países, es el hecho de que más de 23 mil migrantes han optado por hacer de México su “nuevo sueño”.

La dinámica de vida en Centroamérica no nos es ajena, no sólo por razones fronterizas o de historia, sino porque nuestro país, particularmente en el sur, no somos ajenos a los problemas económicos en la zona.

Las presiones a las que se ha visto sometido México por parte del gobierno de EU, han llevado a acatar casi todo lo que se pide y exige. Por más que se insista que el gobierno mexicano plantea una relación equitativa con su homólogo estadounidense, es evidente que la capacidad de maniobra está determinada por las formas que nos dictan.

Para la organización Sin Fronteras se están dando pasos regresivos con los acuerdos migratorios de “casi 10 años en el tema migratorio y de asilo en el país”.

El gobierno ha asumido una genuina responsabilidad en el tema. Centroamérica es México por historia y porque por décadas una de las migraciones más significativas, en todos los sentidos, hacia EU ha sido y es la mexicana. La Unión Americana no se puede entender sin el impulso y la presencia de la mexicanidad, expresada en su cultura y por  millones de hombres y mujeres, le guste o no a Trump.

¿Cuánto tiempo más seguirá nuestro país con este muy presionado nuevo ordenamiento migratorio? Pensar que en algún momento se va a lograr satisfacer a un hombre que de suyo es racista y discriminatorio es entrar en terrenos indefinidos, interminables y de ocurrencia.

Como se ha dicho, no casualmente, el tuit y la acción de hoy puede no tener nada que ver con lo de mañana. El gobierno se la ha pasado entre la diplomacia, la precaución y hasta el miedo, ante las ocurrencias de Trump sabiendo, de manera paralela, que nuestro país ya es un factor en el proceso electoral de EU.

Se calcula que la cifra de migrantes que han intentado ingresar a México para llegar a EU rebasa las 600 mil personas, sin exagerar algo tiene ya de éxodo.

A pesar del discurso y de las inversiones, que no han llegado del todo, la tendencia no pareciera que disminuya. Las causas de la migración siguen estando latentes en la zona.

En 45 días de nuevo estaremos colocados entre la palomita o el tache, estando también cada vez más cerca del proceso electoral en EU.

No es el mejor de los mundos, a lo que se suma que el gobierno no quiere tener dificultades con Trump, pero todo indica que algún día le serán inevitables.

EDITORIAL

Los mexicanos y el trabajo

Uno de los temas recurrentes de las caracterologías nacionales es el de cuál es la relación de un pueblo con el trabajo. Es así que se han construido mitos perdurables acerca de cómo algunos pueblos son más trabajadores que otros, más responsables que otros o más eficientes que otros. De acuerdo con estos clichés, los mexicanos no somos ni muy trabajadores, ni muy responsables, ni muy eficientes. Éste es un retrato que ha perjudicado nuestro prestigio. Llama la atención de que no sea únicamente un prejuicio divulgado por extranjeros, sino que los mismos mexicanos lo aceptamos e incluso lo repetimos cuando estamos fuera del país.

Esta opinión —lamentablemente tan esparcida—resulta incomprensible e indignante. Lo que vemos a nuestro alrededor es a una multitud de compatriotas que trabajan muy duro, que lo hacen de manera eficiente y con un sentido de responsabilidad admirable.

Hay estudios que muestran que los mexicanos trabajamos más horas que los ciudadanos de los países desarrollados. Sin embargo, este dato se puede interpretar de varias maneras. Una de ellas es que los niveles de eficiencia laboral son bajos. Es decir, que para que un trabajador mexicano produzca lo mismo que un trabajador de otro país, tiene que estar más horas en su puesto de trabajo. ¿Por qué sucede esto? De nuevo, hay varias explicaciones. Una de ellas es que los trabajadores mexicanos no tienen la misma capacitación que los de otros países. En consecuencia, se tardan más en hacer lo mismo, porque no saben cómo hacerlo o porque se equivocan más veces y, por ello, tienen que repetir su tarea hasta obtener el resultado deseado. Otra explicación es que los trabajadores mexicanos no se concentran, es decir, que se levantan a tomar un cafecito, que platican con sus compañeros o se ponen a navegar en Internet. Y otra explicación, más tradicional, es que a los mexicanos sencillamente les faltan ganas de trabajar y por eso lo hacen todo tan mal y tan lento.

Ninguna de estas explicaciones se puede tomar como definitiva. Por el contrario, debemos tener mucho cuidado para no repetirlas como un cliché sin un fundamento científico y moral.

En el siglo XIX, algunos viajeros extranjeros observaron que los mexicanos, en especial, los que pertenecían a los pueblos indígenas, no trabajaban con ahínco. La explicación que autores como José Vasconcelos ofrecieron de esa aparente desgana sigue siendo digna de consideración. Los indígenas trabajan lo menos posible, sólo lo indispensable, porque saben —sin haber leído a Marx— que todo el excedente de su trabajo va a acabar en los bolsillos de sus patrones. En otras palabras, los mexicanos no trabajan más porque no les guste trabajar, sino porque no les gusta ser explotados. La baja productividad es una forma de resistencia. Sin embargo, como señalaba Vasconcelos, cuando los mexicanos no tienen un patrón que los obligue a cumplir con una jornada miserable, son tan trabajadores, tan responsables y tan eficientes como cualquier persona de otra parte del mundo. Cómo se explica de otra manera, preguntaba el filósofo, que un trabajador mexicano produzca más en los Estados Unidos que en México.

En conclusión: los mexicanos no trabajan menos por una condición endémica. Si se elevara su salario, si mejoraran sus condiciones laborales, si se les tratara mejor, entonces su productividad aumentaría y no tendrían que pasar largas horas en sus puestos de trabajo esperando a que el reloj marque la hora de la salida. Mientras nada de eso suceda, los mexicanos, por una experiencia aprendida durante siglos, seguiremos rindiendo lo menos posible.

El filósofo coreano —los coreanos saben mucho de esto— Byung-Chul Han, ha escrito varios libros en donde sostiene que, en las sociedades desarrolladas del siglo XXI, los trabajadores llevan dentro de su inconsciente a un explotador capitalista. Freud ya había dicho que cargamos dentro de nuestro inconsciente a un padre, a un sacerdote y a un maestro. Lo que afirma Byung es que ahora también llevamos a un explotador que nos obliga a trabajar de más y, por lo mismo, a ser infelices.

Hay que aprender a trabajar lo suficiente. Ni más ni menos. Sospecho que los mexicanos tenemos una percepción fina de ese equilibrio. Le convendría a Byung darse una vueltita por aquí.

EDITORIAL

Fin de esta historia

Más allá de lo que rodeó a lo que se ha llamado, con evidentes fines mediáticos, “el juicio del siglo”, es claro que en EU terminaron por hacer lo que éramos incapaces de llevar a cabo.

Independientemente de todos los cargos que existían en EU contra Joaquín Guzmán Loera,  El Chapo, imaginemos, más bajo un proceso de autocrítica que de morbo, lo que hubiera sido en nuestro país un juicio contra el afamado capo. La instrumentación de la justicia hubiera terminado por ser, sin exagerar, de altísimo riesgo para la seguridad nacional.

El Chapo será recordado como el narcotraficante que le pasó por encima al Estado mexicano. Se fugó en dos ocasiones poniendo en evidencia todos los esquemas de seguridad de dos cárceles mexicanas de alta seguridad.

No había manera de juzgarlo en México ni de tenerlo en una cárcel, en cualquier momento se podía aplicar aquello de “si ya saben cómo soy, para qué me traen” Su fama fue tal que hasta en EU estaban en vilo por lo que pudiera hacer el capo.

Joaquín Guzmán es uno de los productos más acabados del narcotráfico en el mundo, y es también la cara más lamentable de los altos niveles de corrupción en el país. No se le puede ver si no se analiza y revisa el papel que las autoridades mexicanas jugaron de manera cómplice a lo largo de todo este tiempo.

Durante el largo proceso en que dominó y controló el mercado del narcotráfico, Joaquín Guzmán tuvo la complicidad de las autoridades mexicanas, sin importar su signo político. Nunca se atacaron de manera puntual y comprometida las estructuras del capo.

Aquello de que hay que seguir la ruta del dinero no formó parte de estrategias que pudiera cerrarle los caminos, a quien penosamente llegó a salir en la revista Forbes como uno de los más ricos del mundo.

No pareciera que hayamos aprendido de esta dolorosa página de ilegalidad, violencia, tráfico de drogas y muerte. No se ve ni por asomo que las autoridades mexicanas hayan aprendido de un pasaje que muestra de manera patética las innumerables debilidades de la gobernabilidad y la inseguridad; el reto ya es para el nuevo gobierno.

Hay otra parte de la historia que tiene que ver con nosotros mismos. Se veía a El Chapo bajo una dualidad, al mismo tiempo era identificado como un delincuente, pero también se apareció una suerte de singular héroe. El encuentro que tuvo con dos artistas acabó por darle una imagen a Guzmán Loera que, dígase lo que se diga, surgió como un suculento producto de hechura hollywoodense, es sólo cuestión de tiempo.

La herencia del capo también permea ya entre muchos jóvenes. Bajo las condiciones en que un buen número de ellos vive y  ve una figura como la de El Chapo todo puede resultar riesgoso.

De ser un hombre que violaba de manera flagrante y abusiva la ley, se convirtió, para más de alguno, en el personaje audaz que retaba al Gobierno haciendo un túnel de 1.5 kilómetros para fugarse desde una cárcel de alta seguridad. El Chapo carcomió a una parte de la sociedad mexicana y le construyó al país la más oprobiosa de las famas.

La cadena perpetua hace justicia en EU, pero por más que los jueces y fiscales enfaticen que también se le hace justicia a México es evidente que no.

Estamos ante el fin de esta historia y sabemos que, al fin de un capo, vendrá otro. Sabemos también que en EU les da por la moralina en el tema de las drogas, nosotros aparecemos como culpables de todo.

Tiene un tinte trágico este fin. Hicieron la tarea por nosotros, nos quedamos con los muertos, con la corrupción, no se hizo justicia en el país, y todo indica que además nos quedamos sin un quinto de la fortuna del capo, quien será recordado como parte de un momento del país que le permitió ser quien era.

EDITORIAL

Recesión o Reactivación

Mucha inquietud y polémica ha provocado entre analistas y medios de comunicación el hecho de que la economía mexicana podría entrar en una “recesión”. Un término sin duda aterrador cuando de economía se habla.

No obstante, desde un particular punto de vista, la polémica es hasta cierto punto inocua, dado el muy deficiente comportamiento de la economía mexicana ya latente desde hace al menos nueve meses. Es decir, definir si desde el punto de vista “técnico” está en recesión o no la economía no ayuda mucho al entendimiento de la coyuntura por la que atravesamos.

Resulta interesante comenzar por el significado de una recesión. Se atribuye a la National Bureau of Economic Reserach (NBER), la explicación más aceptada de lo que es una recesión. La cual se define como “Una caída significativa de la actividad económica que se extiende por toda la economía en su conjunto, que dura más que unos pocos meses, y que sea normalmente visible en el PIB real, el ingreso real, el empleo, la producción industrial y en las ventas al menudeo y mayoreo”. Considera que el periodo mínimo necesario para definirla es de, por lo menos, seis meses y toma en cuenta indicadores mensuales para tener una mayor precisión. Se trata de una “definición técnica” que coadyuva a homologar criterios para el análisis económico.

Sin duda hay elementos que atizan los temores que México haya caído en una recesión en la primera mitad del año. El PIB del primer trimestre ya se redujo, incluso, si tomamos además el cuarto trimestre del año pasado, el avance económico es prácticamente nulo. Además, la producción industrial se desplomó en mayo, entrando este sector a una zona de franca recesión.

Pero, lo importante es que en el segundo trimestre de este año la economía volverá a mostrar debilidad, incluso como algunos analistas estiman, la producción podría volver a reducirse dando cabida al concepto técnico de “recesión”.

De existir una caída de la producción en el segundo trimestre del año, se estima que será moderada. Quizá lo más relevante, es que se prevé en la mayoría de los escenarios económicos una reactivación productiva en la segunda parte del año. Es decir, después de nueve meses de ausencia de crecimiento, catalogar o no como recesión la situación económica hacia el segundo trimestre del año es, bajo las circunstancias actuales, de menor importancia frente al hecho de evaluar las posibilidades de una pronta recuperación productiva.

En efecto, los consensos de los analistas en las principales encuestas apuntan a que en el segundo semestre se podría registrar un crecimiento del PIB cercano al 1.6% anual, por arriba de 0.4% que algunos estimamos para la primera mitad del año.

El lector se preguntará ¿de dónde sale tanto optimismo de los analistas económicos? En primer lugar, hay evidencia de que el consumo de los hogares no se ha debilitado como la inversión (de hecho, se prevé que siga fungiendo como pilar del crecimiento en los años que vienen). Así lo denotan los reportes de ventas al menudeo y el crecimiento de los salarios. También las exportaciones han recobrado ímpetu.

Por otro lado, es esperan impulsos significativos por el lado de la política pública. Específicamente, una importante reactivación del gasto público en inversión y una política económica más relajada (baja en la tasa de interés). Asimismo, es previsible que la producción de petróleo frene su caída libre y, al menos se estabilice. Ojalá este escenario –en gran medida en manos del gobierno– se concrete y sustituya las preocupaciones de una recesión por el de una recuperación.

EDITORIAL

Redadas, aquí y allá

Si algo nos debe quedar claro es que Donald Trump no va a cambiar un ápice su mirada sobre los migrantes. Es una constante que ahora en la presidencia se la ha pasado señalando y castigando.

Este fin de semana está tratando con redadas de expulsar de su país a un buen número de migrantes, a quienes en la mayoría de los casos los ve como delincuentes.

Estamos en medio de un escenario de enorme complejidad y con mínima capacidad de maniobra. El Gobierno mexicano ha tratado a como dé lugar de llevar la fiesta en paz y en ello, en muchos casos ha cedido de más.

Sin embargo, las presiones han definido, quizá obligadamente, a tomar algunas decisiones al Gobierno mexicano. Son intentos de entenderse con un presidente al que se le aplica aquello de que “como digo una cosa, digo otra”.

Los acuerdos a los que ambas administraciones han llegado son tomados muy en serio en nuestro país, en tanto que Trump los ve de otra manera, aunque se la pase escribiendo tuits en los que dice que “estamos haciendo un tremendo trabajo”.

Las redadas son un enorme problema que inevitablemente nos va a obligar a cambiar algunas estrategias. Dice Trump que lo que busca es ir tras aquellos que han entrado ilegalmente a su país o que son perseguidos por la justicia.

Va a ser muy difícil distinguir entre unos y otros porque para Trump los migrantes sin papeles son, antes que nada, personas que han violado la ley y deben ser expulsadas.

No está claro qué puede acabar de pasar; ayer hubo muchos amagos y mucho miedo. Estamos ante una especie de cacería de brujas.

Muchos migrantes, particularmente quienes se la han pasado toda su vida en EU, están bajo una crisis y una profunda preocupación. Algunos de ellos tienen negocios avalados por la propia administración de los condados en los que se localizan.

Repitámoslo: los migrantes han sido y son una pieza fundamental en el desarrollo de EU. Se la han pasado a lo largo de muchos años siendo invisibles, pero hoy, en medio de una política racista y discriminatoria, van tras ellos.

Los migrantes son el centro de un brutal drama. Por un lado están siendo inevitablemente parte de una campaña electoral, y por el otro, están bajo una condición en la que tienen una mínima capacidad de maniobra y no se ve hasta dónde puede llegar la mano del Gobierno mexicano en su ayuda.

Los cincuenta consulados son el centro para acogerlos y, sobre todo, asesorarlos. El gran dilema que se le viene a López Obrador es si puede continuar con una estrategia como la que ha seguido hasta ahora con Trump. Quizá estemos ante el preámbulo que lo obligue a cambiar aspectos de la relación bilateral.

Lo que ha pasado desde el pasado fin de semana puede ser el inicio del fin de una singular luna de miel.

El “no se enganchen”, al que se refirió el Presidente hace unos días, esperamos que no sea sinónimo de no darle la debida importancia a un problema que va a afectar a miles de familias. Por más que haya acuerdos sobre migración y que nos anden tomando el tiempo para cumplirlos, está claro que poco o nada le puede acabar por importar a Trump si lo alejan de su intento de reelegirse.

La psicosis que hay en muchas ciudades de Estados Unidos no nos puede pasar por alto. Ante las redadas y las inminentes expulsiones, se tiene que instrumentar un programa en que les demos cabida en su propio país.

Pero sobre todo, debemos estar claros en que no basta con que sólo veamos por los nuestros, estamos obligados a revisar lo que se está haciendo en el país porque aquí y allá, si alguien está siendo seriamente perjudicado y perseguido, son los migrantes.

1 2 3 4 47