AMLO frente al rencor zapatista

Después de una complicada Nochebuena, la primera celebración de año nuevo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador tampoco llegó exenta de sabores amargos, luego de las declaraciones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el último día del 2018.

“Aquel que está en el poder es mañoso, y ¿cuál es la maña que hace? Que hace de que está con el pueblo de México y engañando a los pueblos originarios y demostrando que se hinca en la tierra pidiéndole permiso, como creyendo de que todos los pueblos originarios lo creen, y aquí nosotros le decimos, no lo creemos eso, al contrario”, dijo el pasado 31 de diciembre el subcomandante Moisés, durante el 25 aniversario del inicio de la “Guerra contra el Olvido”.

El EZLN se pronunció claramente en contra del proyecto del Tren Maya y volvió a atraer los reflectores por fijar nuevamente su postura en contra del gobierno, ahora de Andrés Manuel López Obrador.

Hace apenas unas semanas, en esta misma columna recordábamos las diferencias que existían entre el presidente de México y el subcomandante Marcos (hoy Galeano), desde que el primero era Jefe de Gobierno del D.F.

Qué vieja se ve hoy esa fotografía de 1994, donde posan juntos el subcomandante Marcos, el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, que entonces era el candidato del PRD al gobierno de Tabasco.

Dicen que en política no hay casualidades, pero fue justamente un 1o de enero, pero de 1994, cuando el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Manuel Camacho Solís, mientras descansaba en una playa de Cancún, recibió una llamada del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, convocándolo a una reunión de emergencia del gabinete de seguridad. El Ejército Zapatista había tomado el zócalo de San Cristóbal de las Casas en Chiapas.

Camacho Solís fue designado por Salinas como coordinador para el Diálogo y la Reconciliación en Chiapas y lo demás es historia. Hoy no se ve una figura que pudiera hacer esa chamba, ni de lejos…

En el año 2001, Andrés Manuel López Obrador ya era Jefe de Gobierno del Distrito Federal y la figura más protagónica del PRD, cuando su partido votó en el Congreso a favor de la Ley Indígena, que no resultó muy similar al proyecto acordado por la Comisión de Concordia y Pacificación, durante las conversaciones con el EZLN en San Andrés Larráinzar, entre 1995 y 1996.

El hecho fue considerado por los zapatistas como una gran traición, porque además dicha ley incluía una modificación clave sobre la propiedad de la tierra.

Años después, el subcomandante Marcos haría famosa la frase: “lo que diga mi dedito”, en señal de desaprobación a López Obrador, cuando la prensa le pidió su opinión sobre el entonces candidato del PRD a la Presidencia de la República.

“Uno de los tres bribones que habrán de disputarse el trono sobre los escombros de México, ha venido a nuestras tierras a demandarnos silencio”, dijo en 2012 el subcomandante Marcos, luego de una gira por Chiapas de Andrés Manuel López Obrador. La llama del rencor seguía creciendo.

Para las elecciones de 2018, el Ejército Zapatista presentó a María de Jesús Patricio, mejor conocida como Marichuy, como su candidata a la presidencia de la República.

La zapatista no alcanzó a llegar a la boleta presidencial, pero se ganó el respeto de muchos y puso nuevamente al EZLN en el mapa, y como una voz contraria al proyecto de Morena.

Actualmente, en la mirilla del comandante Galeano —metafóricamente hablando— seguramente hay varios personajes que fueron relevantes desde el gobierno en la época protagónica del EZLN, y que hoy también son piezas clave de la nueva administración.

Uno de ellos puede ser el actual secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, quien en 1995, siendo el secretario de Gobernación de Ernesto Zedillo, fue el responsable de concretar un encuentro “pacífico” con Marcos, el cual consiguió, pero seguido de la revelación de su supuesta identidad, por parte de la Procuraduría General de la República.

El hecho desembocó en una operación militar para dar con el paradero de Marcos, lo cual fue calificado por los zapatistas como “una emboscada”. Dicen que el rencor, de no encontrar caminos para el perdón, sólo se aplaca con la venganza, que en política tiene muchas vías.

El presidente Andrés Manuel López Obrador apuesta por la “reconciliación”, pero ¿qué hará el comandante Galeano? ¿Confirmar su dicho de “por el bien de todos, primero los huesos”?…

EDITORIAL

La nueva derecha brasileña

Desde su toma de posesión el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, envía un mensaje perturbador al mundo. El dispositivo de seguridad desplegado en Brasilia ha recordado el tiempo de la dictadura militar de derecha en los años 60 y 70. Un régimen autoritario que duró más en esa gran nación que en otros de sus vecinos suramericanos, como Argentina y Uruguay, y por el que Bolsonaro siente una admiración confesa.

En el nuevo gabinete brasileño habrá siete militares: el Vicepresidente Hamilton Mourao, que como su superior no oculta la nostalgia por la dictadura, además del Ministro de Defensa Fernando Azevedo, el de Gobierno Carlos Alberto Dos Santos, el de Minas Bento Costa Lima, el de Seguridad Augusto Heleno, el de Infraestructura Tarciso Gomes y el Contralor General Wagner Rosario.

La apuesta por la militarización del gobierno y la sociedad brasileña se justifica como respuesta a la corrupción generalizada de las administraciones anteriores, pero también como antídoto contra una “crisis moral”, que el nuevo mandatario asocia a la ampliación de derechos civiles, el multiculturalismo y la globalización. La admiración de este político por la dictadura anticomunista de la Guerra Fría es genuina: piensa sinceramente que aquel régimen contuvo la liberalidad de las costumbres.

El apoyo de las iglesias evangélicas a Bolsonaro sintoniza con ese discurso neoconservador. El nuevo cristianismo protestante se opone con tenacidad al matrimonio igualitario, las comunidades LGTBI, la igualdad racial, la despenalización de las drogas y el ambientalismo, que crecieron durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff. Todo ese repertorio de nuevos derechos es visto por el conservadurismo brasileño como responsable de una “pérdida de valores” que es preciso combatir.

La violencia, la inseguridad y el narcotráfico, según Bolsonaro, están relacionadas con la relajación de las costumbres. A su juicio, es indispensable reconstituir una mayoría moral cristiana en el país para contener la decadencia que propicia la globalización. La historiadora y antropóloga Lilian Schwarcz ha llamado la atención sobre el racismo implícito en ese conservadurismo cultural.

Bolsonaro y quienes lo apoyan piensan que los negros y los indígenas son inferiores porque profesan un cristianismo falso. La inferioridad racial, según ellos, se refleja en una falta de rectitud moral, que debe ser restablecida en la sociedad. Para eso se requiere orden y un ejército y una policía eficaces en el combate a la delincuencia.

La herencia que reclama Bolsonaro no sólo es la de la dictadura militar anticomunista que depuso a Joao Goulart en 1964, sino la del conservadurismo católico y positivista del siglo XIX, que mantuvo un sistema esclavista hasta 1888. Con Bolsonaro regresa a América Latina una derecha que creíamos definitivamente derrotada y que amenaza la democracia por una ruta antiliberal, tan temible como la de la izquierda autoritaria.

EDITORIAL

¿Son necesarios los sindicatos en México?

En México los sindicatos son una cuestión paradójica, por un lado son necesarios para defender una clase trabajadora vulnerable y el por otro pueden convertirse en su peor enemigo, el cual los vende al patrón y al estado, mediante la aceptación de todas las pretensiones de éstos.

La historia de los sindicatos en México es larga, nacen después de la revolución mexicana, y se consagran con la Constitución de 1917, pero fue con la creación de la Ley Federal del Trabajo en 1931 que se dio plena protección a los trabajadores, con el derecho de huelga y la libre asociación.

En su origen parecía que los trabajadores tendrían mejores condiciones y la protección de los sindicatos, pero desgraciadamente no fue así. Con el surgimiento del sindicato petrolero, el sindicato minero y el sindicato ferrocarrilero, es decir, con los grandes sindicatos mexicanos, y posteriormente con la creación de la CTM (Confederación de Trabajadores de México), ese gran futuro se frustró, pues fue cooptado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), y entonces respondió únicamente a los intereses del partido en el poder.

Con la CTM también surgieron lo que se llaman los sindicatos “charros”, es decir, vendidos a favor de las empresas y de los gobiernos, lo cual favoreció que los líderes sindicales se mantuvieran por largos periodos, siempre del lado del gobierno priista, pactando todo lo que conviniera al gobernante en turno.

Por lo anterior se dio lugar a la pérdida de los derechos de los trabajadores, incluso los nuevos sindicatos, que nacieron como independientes, como el de los telefonistas, pronto se aliaron al gobierno y se volvieron eternos, traicionando a los trabajadores nuevamente.

Con las recientes disposiciones en materia sindical, se supone que los sindicatos blancos dejarán de existir y con ello desaparecerá toda una etapa de farsas sindicales. Estos sindicatos nacieron para que los empresarios cubrieran con este requisito, pactando con un líder sindical que firmaba por anticipado un acuerdo en el cual aceptaba todas las condiciones de trabajo del patrón, y este líder agrupaba a todos los trabajadores en su sindicato aceptando tales condiciones pactadas previamente con el patrón.

Como podemos ver los sindicatos blancos no protegen al trabajador y únicamente cubren al patrón, lo cual es un absurdo, pero por medio de ellos los empresarios se vieron beneficiados con una paz sindical blanca, sin huelgas y sin conflictos obreros, que en muchos casos contribuyen al crecimiento de sus compañías y por ende de sus trabajadores, pero en otras muchas ocasiones se aprovechan de esos pactos para explotar a los empleados bajando las condiciones laborares y sin que haya quien los proteja de ello.

Con la adopción del acuerdo de la libre asociación de la Organización Internacional de Trabajo y con los acuerdos del nuevo Tratado de Comercio con Estados Unidos y Canadá, México deberá de obligarse a desaparecer a los sindicatos blancos y a los sindicatos charros, por ello el nuevo gobierno tiene una gran tarea para llevarlos a cabo, si de verdad lo logra, avanzaremos en serio en protección de los trabajadores.

EDITORIAL

Israel a las urnas

Llegó el día. Después de cuatro años del gobierno más corrupto y de extrema derecha en la historia de Israel, Netanyahu ha decidido disolver el parlamento e ir a elecciones. Las circunstancias no tienen precedentes.

Por primera vez en la historia del país, el principal candidato se encuentra bajo una investigación por cuatro casos de corrupción y tráfico de influencias que, en cualquier democracia normal, serían razón suficiente para su renuncia.

Pero en las épocas de los hombres fuertes y de la disolución de la democracia en occidente, Netanyahu ha decidido emprender su última y más importante batalla, la batalla en contra del Estado de derecho.

A pocas semanas de que el fiscal general anuncie que Netanyahu debe enfrentar un juicio, el primer ministro busca obtener el mayor apoyo posible del público israelí en las urnas para argumentar que “el pueblo” ha decidido exculparlo y enfrentar así su juicio bajo el halo del apoyo popular.

Uno esperaría que un candidato medianamente bueno podría fácilmente derrotar a un primer ministro bajo sospecha de corrupción; sin embargo las encuestas señalan lo contrario.

El campo de centro-izquierda, dividido (depende de cómo se cuente) en cuatro o cinco partidos, no le llega ni a los talones al Likud de Netanyahu.

A diferencia de la derecha, que suele aglomerarse detrás de un líder, sin importar siquiera que probablemente este líder enfrente años de cárcel en los próximos meses, la izquierda no puede poner en orden a sus filas detrás de un solo candidato. Todos saben que la única oportunidad para derrotar a Netanyahu es la unión del campo democrático detrás de una figura, los egos, sin embargo, no están a la altura de la emergencia nacional.

La gran estrella de esta elección es Benny Gantz, quien fuera general de las fuerzas armadas israelíes.

Por meses, el campo de centro-izquierda ha esperado que Gantz se convierta en el esperado mesías; sin embargo, por el momento parece que Gantz ha decidido ir por separado.

Esto le puede garantizar un buen número de asientos en el parlamento (16/120), sin embargo lejos está de los 30 asientos del Likud en las encuestas. Si Gantz se uniera al Partido Laborista (la izquierda que creó el Estado de Israel) o a Yesh Atid (otra de las listas de centro) las encuestas muestran una diferencia de sólo dos asientos (alrededor de 1-2%) entre Netanyahu y Gantz.

Pero el general teme que Netanyahu logre tacharlo de izquierdista amante de los palestinos y así aniquilarlo políticamente. Igual y el general piensa que Netanyahu va de una u otra manera a la cárcel y que debe esperar pacientemente para ganar no en éstas sino en las próximas elecciones.

Si es así, no habrá muchas sorpresas. Netanyahu seguirá al mando del país e intentará detener a la justicia con su fuerza popular. De una u otra manera ésta será la última batalla de Netanyahu, una batalla agresiva como nunca antes hemos visto. Su futuro en la historia está en juego.

EDITORIAL

Tres falacias y dos verdades sobre la Guardia Nacional

Falso que, bajo el lema “abrazos, no balazos”, AMLO haya enarbolado consistentemente en campaña la marginación del Ejército de las tareas de seguridad. En marzo de 2018 expresó en Milenio TV que los 260 mil soldados mexicanos no deben recibir un salario sólo por si acaso hay una guerra con algún país, sino capacitarse y contribuir a la seguridad.

Falso que necesariamente aumente la violencia por la participación del Ejército en tareas de seguridad pública. Como ha recordado Viridiana Ríos, de 2011 a 2014 hubo una reducción de la misma por el uso de los militares para derrotar a Los Zetas. En otro ejemplo, los gobiernos de Lula y Dilma, junto con el alcalde de Río de Janeiro, usaron al ejército brasileño para quitar territorios al narco. Luego los entregaban a policías de proximidad. Redujeron así homicidios en 80%.

Falso que los soldados no logren transformarse en policías por estar entrenados para matar. Las Fuerzas Armadas también se encargan tradicionalmente del Plan DN-III3-E, que supone rescatar a niños, mujeres y ancianos durante catástrofes naturales. Actividad muy diferente a la de la guerra.

Es cierto, sin embargo, que hay un gran incentivo para que los soldados no detengan, sino usen la fuerza letal. La tropa, con pocos estudios, teme tener que comparecer ante un juez y formular verbalmente las ideas que permitan fincar responsabilidades a los detenidos. Frecuentemente prefieren matar. El miedo a los laberintos de la justicia civil es tanto, o más grande, que el temor a los enfrentamientos armados con la delincuencia.

También es cierto, me dicen fuentes con enorme experiencia en el terreno, que de hecho los soldados mexicanos no acatan órdenes de mandos civiles. Se resisten a coordinarse con policías y procuradurías. A diferencia de otros países, el titular de Defensa, en México, siempre es un militar. El consuelo es que, en esos otros países, también era así en el pasado y un buen día la situación cambió. En 1947 se legisló en Estados Unidos para obligar a que sólo civiles pudiesen ser secretarios de Defensa. Costa Rica consiguió “policiarizar” a su Ejército (para emplear el barbarismo).

En resumen, hay dos grandes verdades enfrentadas: no podemos mandar a jugar ajedrez a los cuarteles a cientos de miles de soldados, mientras el país es asolado por gavillas de maleantes. Tampoco podemos cerrar los ojos al riesgo que implica darle aún más poder al Ejército. Por lo tanto, la Guardia Nacional debe buscar la transformación de miles de militares y marinos en policías. Ojalá que se equivoquen quienes creen que el habitus letal de los actuales soldados es irreformable. Pero, incluso si fuese cierto, los nuevos jóvenes reclutados en la Guardia Nacional no tienen por qué heredar ese habitus, sino una formación policiaca de calidad.

Terminemos la guerra idiota de acusaciones retóricas: “no te importan las masacres porque apoyas la Guardia Nacional”; “a ti no te importan, pues la rechazas”.

EDITORIAL

López Obrador, el inevitable

En la monotemática vida con López Obrador como centro y eje, la pausa vacacional pudiera ser ocasión de acomodarnos bajo los nuevos escenarios y de tratar de entender lo que estamos viviendo y lo que puede venir.

No es sólo el tiempo político; también es el hecho de que haya signos y señales contradictorios en el gobierno y el que estemos bajo escenarios inéditos.

A esto se suma que a menudo, el Presidente actúa como si siguiera todavía en campaña. No es casual; se la pasó un buen tiempo de su vida en campaña.

Por momentos parece que va a ofrecer discursos de un político que ha entendido que ganó las elecciones y que gobierna para todos; pero también le sale su espíritu de candidato de oposición y le aparece lo belicoso.

Es probable que a veces se dé cuenta de ello; o que a quienes escucha se lo hagan ver. El Presidente no tiene fama de estar atento a lo que se le dice; algunos que han estado cerca de él así lo refieren, pero suponemos que en algunos temas ha de entender que debe escuchar, por la trascendencia que pueden adquirir al paso del tiempo y por las consecuencias que pueden provocar.

Hace algunos días, en una de sus largas conferencias matutinas, hizo referencia, con ciertos tintes de autocrítica, a la definición que le ha dado a cierta prensa, a la que llama fifí. Dijo que ya no la iba a nombrar de esa manera y que ofrecía disculpas por ello.

Sin embargo, inmediatamente después pidió permiso para que, de vez en cuando, le dejaran seguir haciéndolo. Lo que quería era sólo atemperar los ánimos. Pareciera que su opinión acerca de cierta prensa busca una tregua o algo parecido, pero al final sigue pensando lo mismo de ella: son fifís.

Nunca ha quedado claro si estas definiciones son sinónimo de una posición de clase o si es una forma de desacreditar un periodismo que ha sido crítico hacia López Obrador, en sus tiempos de campaña y ahora como Presidente.

En esto pareciera que lo que diga el diccionario de lo que es fifí —afeminado, que tiene modales extremadamente delicados— pudiera ser de menor importancia. Lo que adquiere relevancia es la manera en que se usa la palabra y las muchas intenciones que pudieran interpretarse, que se pueden buscar al decir fifí.

El Presidente tiene que actuar como tal. En varias ocasiones lo ha venido haciendo, pero cuando le sale su espíritu de candidato termina por perder más de lo que sus furibundos seguidores le festejan. La razón está en que si bien los más de 30 millones de votos le otorgan un espacio abierto para sus proyectos, no puede dejar de atender y escuchar a quienes ven las cosas de manera diferente, que son poco menos de la mitad de la población.

Al nuevo gobierno también le está costando trabajo organizarse y acomodarse. En temas como migración se ven claros sus objetivos y, sobre todo, su solidaridad. La presentación del programa migratorio, a cargo del INM, establece objetivos de corto y largo plazos en medio de una explícita solidaridad.

Por otro lado, al gobierno se le han aparecido lo que ha llamado “errores”; en voz del Presidente, “sólo la divinidad no se equivoca”.

Sin embargo, los llamados “errores” en los casos de la reducción del presupuesto para las universidades y la Cancillería, las declaraciones respecto a igualar los salarios del sector privado con los del gobierno, el texto sobre la autonomía universitaria, que provocó reacciones justificadamente airadas en el mundo académico, generan dudas y, sobre todo, sospechas, como nos decía ayer el historiador Carlos Illades. No van a cambiar mucho las cosas en la pausa. Lo que sí puede pasar es que todos entendamos y nos vayamos acomodando poco a poco. López Obrador es, como casi en todo, figura clave.

EDITORIAL

El presupuesto, la gran oportunidad de la oposición contra AMLO

En política, todo comunica. Las palabras y las acciones, evidentemente transmiten algo. También los silencios. Pero los programas, los proyectos y los presupuestos, pueden comunicar más contundentemente.

En las primeras semanas de su Gobierno, el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha demostrado que el objetivo estratégico de su comunicación es fortalecer el respaldo de su base de seguidores, principalmente el de los más duros. Por lo mismo, la presentación del presupuesto 2019 –y su defensa– es, quizá, la prueba más complicada que ha tenido que enfrentar para alcanzar esa meta.

Primero, porque se trata de comunicar números, cantidades abstractas, sobre proyectos que aún están lejanos de hacerse realidad. Y segundo, porque en la pluralidad de intereses de su base de seguidores, cada uno tenía una prioridad distinta, y en muchos casos, asumían que era la misma que la de su líder. Evidentemente, aumentar el presupuesto en un área, provoca reducciones en otras. Esto ya generó a los primeros lastimados de la Cuarta Transformación.

Y si a esto sumamos que el tema financiero está lejos de ser el de mayor dominio discursivo del Presidente, la defensa del presupuesto no ha tenido la profundidad necesaria para blindarlo ante los afectados.

Mientras, del otro lado, académicos, intelectuales y activistas de agendas como la cultural, educativa, ambiental o de igualdad de género, han salido a medios a criticar, con absoluta claridad en sus argumentos y total legitimidad, el recorte presupuestal de sus respectivas causas.

Esto representa la mayor oportunidad en lo que va de esta administración para los partidos de oposición.

Esta oportunidad no está sólo en que legisladores del PRI, PAN o PRD suban a tribuna a vociferar contra las reducciones presupuestales a un sector. La oportunidad está en construir alianzas estratégicas, a mediano y largo plazo, con estos personajes de la sociedad civil, a los cuales el Presidente López Obrador les está dejando claro que sus temas, no serán prioritarios en su gobierno, al menos en el primer año.

Ofrecerles espacios, foros y atención a quienes, con toda legitimidad, quieran defender una causa. Y empezar entonces a delinear una agenda estratégica que por fin los reconecte con sectores de la sociedad que hace unos meses los habían descartado como sus representantes.

Las diferencias y el debate alrededor del presupuesto ofrecen la posibilidad de romper la dicotomía planteada por AMLO, donde junto a él están los buenos y quien a él se opone es parte de la Mafia del Poder; donde Morena representa al pueblo bueno y los demás partidos únicamente responden a los intereses de grupos de poder económico.

Hoy, hay personajes de reputación incuestionable, o de buena fama pública –varios que incluso en el pasado manifestaron afinidad por él–, alzando la voz para reclamar las prioridades del Presidente y su administración. Ellos, con su legitimidad y reputación, pueden ser los grandes aliados de la oposición para empezar a nivelar la balanza del respaldo social.

EDITORIAL

Universidad obligatoria

Enhorabuena, el poder reformador de la Constitución atenderá el tema de la exclusión de miles de jóvenes de la educación superior. De preescolar a universidad, la educación será un derecho para alcanzar el propio bienestar, según la primera línea del nuevo artículo 3o.

Derecho individual desvinculado del interés colectivo ¡El pensamiento individualista neoliberal al fin quedará consagrado en nuestra Carta Magna! Derecho de cumplir los sueños de ser abogado, contador, arquitecto… no ingeniero biológico, perito criminalista o geógrafo ambiental, porque esas carreras parecen muy raras para ser anheladas por un joven de 18 años. El Presidente quiere cumplir las auténticas aspiraciones de los jóvenes, no planear a largo plazo.

Las palabras que se usan en la Constitución tienen consecuencias, no son un mero ejercicio de estilo. Como ya aprendió el nuevo gobierno, hay miles de jueces bien pagados para aplicar la ley fundamental. Al vincular el derecho a la educación, en general, con el bienestar de cada individuo y establecer una obligación correlativa a cargo del Estado, los reformadores están restringiendo el tipo de políticas de crecimiento válidas. La exposición de motivos de la iniciativa ni siquiera menciona la inminente transformación del mercado laboral por la revolución cibernética que afectará el empleo de 66% de las personas con estudios superiores. Tampoco alude al “bono demográfico”, es decir, al hecho de que aún somos un país joven pero dejaremos de serlo paulatinamente en los próximos veinte años. Más aún, no hay compromiso de aumentar o siquiera mantener el presupuesto de las universidades. En resumen, la universidad obligatoria será algo así como mandar que se abra un vagón del Metro en hora pico y que se ordene a la gente que se arrime más pa’llá, porque debe entrar otro número igual de pasajeros. Y, si no caben los muchachos en los salones, podemos llenar anfiteatros. ¿Pero que hoy no existen? Bah, ya veremos. Unos estudiantes irán los lunes y los miércoles, y otros los martes y los jueves, ha propuesto el genial Moctezuma Barragán. Y los días sin clases podrán irse a hacer investigaciones en equipo… o al billar, pues la “generación 4T” no será ñoña.

La iniciativa de reforma al 3o constitucional está más comprometida con un país maquilador de los ochentas que con la actual economía del conocimiento. Es posible que, gracias a ella, México llegue a ser más igualitario. Por lo menos en cuanto a los títulos y la urbanidad: “Buenos días, licenciado”, “Con permisito, licenciadas y licenciados, me bajo en la siguiente estación”. ¿Y qué será de los artesanos, indígenas y mestizos, que no buscan ir a la universidad y son el orgullo de México en el mundo? ¿Ganarán bien sin convertirse en vigilantes en el Tren Maya? Hay malas señales. Fui a FONART a comprar mis regalos de Navidad y era un caos, la mitad de la tienda cerrada por “inventario”. Dicen que disminuyó 91% su presupuesto.

EDITORIAL

La fortuna de agradecer

El 12 de diciembre de este año, alrededor de 10 millones de personas visitaron la Basílica de Santa María de Guadalupe, en el cerro del Tepeyac. En el número más reciente del semanario católico Desde la Fe aparece un reportaje que reproduce el testimonio de 100 peregrinos que visitaron el templo la semana anterior.

Algo que llama poderosamente la atención es que la mayoría de los visitantes no van a pedirle algo a la Virgen de Guadalupe, sino a darle las gracias.

En ocasiones se le agradece a la Virgen haber salvado una vida. Noemí Pérez, de Azcapotzalco, entró al templo de rodillas cargando a su hijita de siete meses. La criatura, llamada Regina Guadalupe, estuvo a punto de morir después de nacida. Otras veces se le agradece que nos haya ayudado a realizar algo que parecía imposible. Jorge Armando llegó desde Veracruz para agradecerle a la Virgen por haberle dado fuerza para escapar del mundo de las drogas. Los favores otorgados a los hijos jamás se olvidan. Griselda Romero, de Chalco, lleva 10 años visitando a la Virgen el 12 de diciembre para agradecerle porque su hijo salió de la cárcel. Nunca faltan las curaciones milagrosas. Ernesto Ávila, de Aguascalientes, visitó el templo porque se le curó un agujero purulento que le había salido en el pie. En medio de la desgracia, cualquier cosa es buena para compartirla con la Virgen. Carlos Quero, quien sólo tiene una pierna, vino desde Tabasco porque le regalaron una silla de ruedas y se la quiso enseñar a su “mamita María”. Y en muchas ocasiones se le agradece sencillamente que todo vaya más o menos bien. El matrimonio Garrido, con sus dos hijos pequeños, caminaron durante tres días desde Tlaxcala para dar gracias porque tienen una familia unida, sus chiquillos están sanos y al padre nunca le ha faltado trabajo.

México casi siempre sale en los primeros lugares en las encuestas mundiales sobre felicidad. Hay comentaristas que no puede entender estos resultados. ¿Cómo puede ser posible que los mexicanos seamos tan felices? La lista de nuestras adversidades, se nos recuerda, es muy larga: inseguridad, violencia, pobreza, corrupción, ignorancia, desigualdad, desastres naturales, enfermedades, etc. Tendríamos que ser desdichados. Eso sería lo normal. ¿Acaso somos tan tontos que, a pesar de todas nuestras desgracias, podemos seguir estando contentos?

La psicología positiva –rama de la ciencia que ha progresado mucho en los últimos años– tiene una explicación que no se aleja mucho del sentido común. La dicha y la desdicha dependen de cómo interpretamos nuestra situación vital. Lo que importa, a fin de cuentas, es la actitud.

En unos días acabará 2018. Podemos enfocarnos en lo que no logramos y en lo que perdimos; o podemos resaltar lo que preservamos y lo que alcanzamos.

Saber agradecer no nos hace tontos, nos hace bienaventurados.

EDITORIAL

Historia del Corredor Transístmico

Es uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos desde el siglo XIX con Benito Juárez. Incluso desde antes, en los primeros años del siglo XVI, a partir de las expediciones geográficas realizadas por Hernán Cortés, comenzó a valorarse el Istmo de Tehuantepec como una ruta de comunicación y conexión entre los océanos.

Con el Corredor Transístmico, ahora llamado Corredor Transoceánico, lo que se busca es conectar los océanos Pacífico y Atlántico por medio de puertos y vías de tren, para poder agilizar el comercio con Asia, Estados Unidos, Canadá y Europa, y así poder dar otra opción similar a la del Canal de Panamá, pero con mayor cercanía y menor costo.

Son poco más de 200 kilómetros que hay de distancia entre el Puerto de Salina Cruz, en Oaxaca, y el de Coatzacoalcos, en Veracruz, cruzando por lo más estrecho del territorio mexicano. Por la vía férrea, debido al trazo del camino, pueden llegar a ser casi 300 kilómetros, pero muy poco para poder cruzar de un océano al otro.

Utilizando los puertos y uniéndolos por medio de vías de tren, la mercancía se puede transbordar en menos de 10 horas, del Océano Pacífico al Atlántico y viceversa; mientras que, si se llega a cruzar hasta el Canal de Panamá, serían aproximadamente seis días más.

Fue en diciembre de 1859 cuando se firmó en Veracruz el Tratado McLane-Ocampo; un acuerdo entre Estados Unidos y el gobierno liberal de México, encabezado por Benito Juárez. El tratado contemplaba la creación de una vía férrea que permitiera el derecho de tránsito a perpetuidad por el Istmo de Tehuantepec, por un pago de cuatro millones de dólares.

El acuerdo nunca fue ratificado por el Senado de Estados Unidos; sin embargo, en 1859, se inició la obra de construcción de la vía férrea, la cual fue inaugurada en 1894, pero carecía de instalaciones y terminales portuarias eficientes, por lo que el proyecto de construcción fue cedido a la empresa londinense Pearson and Sons, a la cual se le encargó su remodelación, así como el reacondicionamiento de los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos.

Fue bajo el gobierno del general Porfirio Díaz cuando se terminó finalmente la construcción del ferrocarril, el cual fue inaugurado oficialmente el 23 de enero de 1907.

Pero el auge experimentado en la región del Istmo fue seguido de un periodo de crisis económicas, políticas y sociales, con las cuales se vieron canceladas las posibilidades de desarrollar la región que, aunado a la apertura del Canal de Panamá (1914), trajo consigo la desvalorización de la zona como ruta interoceánica.

Los presidentes desde José López Portillo, Vicente Fox, hasta Enrique Peña Nieto, revisaron el proyecto. No prosperó.

Ahora en México se busca aprovechar este nicho de una vez por todas a través del Istmo de Tehuantepec; una idea que no es nueva, pero que por años no se ha podido concretar o por temas políticos o económicos.

Ahora el Presidente Andrés Manuel López Obrador se propuso, de una vez por todas, materializar el Corredor Transístmico.

La semana pasada tuve la oportunidad de presenciar, junto con el responsable de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), Rafael Marín Mollinedo, y el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, el inicio de las evaluaciones técnicas del proyecto, las cuales consistieron en la inspección a las vías férreas desde Salina Cruz, Oaxaca, hasta la localidad de Medias Aguas, Veracruz.

El gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat (centro), con Bibiana Belsasso y Rafael Marín Mollinedo, responsable de las Zonas Económicas Especiales. Foto: Especial

Fue el primer recorrido que hace el representante del Gobierno federal con el estatal para inspeccionar y conocer el estado físico en que se encuentran las vías férreas. Lo realizamos a bordo de un vehículo tipo Hi-rail. Rafael Marín Mollinedo me explicó que eran 304 kilómetros de vía, pero que se iba a hacer especial énfasis en un punto, “el tramo más conflictivo para nosotros, que es el que se va a estudiar, es el tramo que va de aquí hasta una estación que se llama Mogoñé, que es donde pretendemos nosotros corregir las condiciones de las vías del tren”.

Sobre el Puerto de Salina Cruz, Rafael me comentó que era en ese lugar donde “realmente va a iniciar el proyecto del desarrollo del istmo; pretendemos hacer funcional este puerto que actualmente tiene muy poco movimiento, y para ello nosotros vamos a dragar para darle la funcionalidad de que puedan atracar barcos de gran calado que vengan de Asia, que crucen el Pacífico y vengan y descarguen en este puerto; aquí se van a hacer, se van a ampliar los muelles que están ahí para que tengan capacidad para albergar dos barcos grandes al mismo tiempo, y ahí mismo se van a modernizar esas grúas para que esa terminal de contenedores nos ayude a que ahí se descarguen todos esos contenedores y se transborden al tren que llega a esa misma terminal”.

Platicando con el gobernador Alejandro Murat, éste se dijo convencido de “que este proyecto significa para Oaxaca y el sureste de México lo que en su momento el Tratado de Libre Comercio; aquí tenemos, sin duda, el centro logístico más importante a nivel mundial ahora que se consolide, tenemos 12 tratados de libre comercio en la Zona Económica Especial, y bueno, lo más importante, ahora vamos a tener la infraestructura para generar un gran corredor industrial de valor agregado, así que Oaxaca está de fiesta”.

Durante el recorrido, el mandatario estatal agradeció al Presidente López Obrador que a escasos cuatro días de que haya iniciado su administración, esté cumpliendo su palabra; incluso, muy al estilo del Ejecutivo federal, dijo: “Nos cansamos ganso que esto va a salir para adelante a favor de Oaxaca”. Y es que como comentó, “desde hace años no se daban las condiciones políticas para poder desarrollar este proyecto, que para nosotros significa más Oaxaca y más mundo en Oaxaca”.

Marín Mollinedo me platicó que este corredor permitirá “cruzar mercancías de Asia, hacia la costa Este de Estados Unidos, que tiene mucha demanda, hay mucha demanda; el Canal de Panamá está saturado, entonces esto puede ser una válvula de alivio para la demanda que existe y que no se ha podido atender en el Canal de Panamá”.

Aunque fue enfático en aclarar que no se pretendía competir con el Canal de Panamá, “simplemente lo que queremos es que se genere el tráfico de mercancías y de contenedores entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico, y que a través de esa conectividad que representa el Istmo de Tehuantepec, porque es la parte más corta, la parte más angosta de la República”.

Por su parte, el gobernador de Oaxaca enfatizó que éste es el proyecto que detonará no sólo a la entidad, sino todo el sureste de México y Centroamérica. En el estado, me dice, están haciendo una planeación estratégica para poder tener un corredor industrial de valor agregado. Aparte del traslado de mercancías, están convencidos de que estas condiciones comerciales y fiscales y regulatorias les permitieran a las empresas globales encontrar un espacio para poder generar eficiencia en sus costos y logística.

Por su parte, el responsable de las Zonas Económicas Especiales me dijo que el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec será la punta de lanza de más proyectos a su alrededor; “queremos hacer seis parques industriales en todo el corredor para que se transformen las mercancías, se pueda enviar hacia cualquier parte del mundo, hacia el Océano Pacífico, hacia el Océano Atlántico, mercancías que se produzcan en México, que se transformen en México y que le generan valor agregado y que eso es lo que da a una economía fortaleza”.   

Nos subimos al Hi-rail para recorrer la vía del tren. Lo que más me impresionó es que la vía ya está. Esto es importantísimo, porque prácticamente la vía de paso está hecha y no se tienen que expropiar terrenos. En lo que se va a tener que trabajar es en las curvas y las pendientes, para que el tren se pueda desplazar a mayor velocidad. Modificar las pendientes también es fundamental para que los trenes puedan hacer el recorrido, aunque tengan mucho peso.

Durante el recorrido, en el cual también estuvieron técnicos especialistas que evaluaron las vías férreas, Rafael me explicó que el tramo más crítico consistía en alrededor de 58 kilómetros “donde están más complicadas las curvas y las pendientes. Son pendientes muy empinadas y unas curvas muy cerradas, que es necesario ajustar para darle velocidad al tren… si la pendiente está muy pronunciada, los trenes con mucha carga no van a poder subir”.

Pero además, me dice el gobernador Murat, se tiene la oportunidad de que este sea un centro logístico a nivel mundial, que pondrá a Oaxaca, y a todo el Istmo, en el centro para lograr que haya un alto nivel de proveeduría local, lo cual beneficia a los oaxaqueños.

Murat afirma que el motor de crecimiento a nivel mundial es Asia. Y la salida que se tiene en Salina Cruz los pone en una condición única y con una gran ventaja para poder hacer todo de ese centro logístico el motor de crecimiento para México. Y además, con la agroindustria que se está dando en el estado se podrá comercializar de una mejor manera y con oportunidades laborales importantes para los oaxaqueños.

Otro de los temas del que poco se ha hablado sobre este Corredor Transoceánico, es que podría ser la única frontera física que hay para poder tener un registro de quién entra a territorio mexicano. La frontera entre México y Guatemala es muy porosa y no tiene ningún control. En esta zona del Istmo la franja que es tan estrecha, poco más de 200 kilómetros, es, cómo le digo, la única manera que se tiene para, efectivamente, poder controlar la frontera y la gente que ingresa a México.

Nos explican que este proyecto tardará unos tres años en concluirse, hoy ya hicimos el primer recorrido y ahora sí, tener un acceso de conectividad interoceánico parece ser una realidad para México.

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