EDITORIAL

“Orejas”

Los servicios de inteligencia del gobierno han sido, en la mayoría de los casos, rudimentarios. A principios de siglo fueron cambiando para empezar a adquirir un sentido de profesionalización.

La tecnología ayudó a la vez que quienes lo integraban se fueron profesionalizando en áreas de inteligencia y seguridad nacional. De un proceso informativo a través de llamadas telefónicas, de filtraciones y recortes de prensa, se pasó a una etapa con pretensiones profesionales y, sobre todo, a la utilización de herramientas que permitieron mejores investigaciones e interpretaciones.

Durante mucho tiempo el proceso se basó en reportes de los llamados “orejas”, en la lectura de periódicos y en intervenciones telefónicas. El gobierno recibía asesoría e intercambiaba información con la CIA, la cual se movía a sus anchas.

Bajo la singular mentalidad de los gobiernos del PRI, esto era visto como un “mal necesario”. Ayudaban a tener información de primera mano sobre el país, pero el riesgo era alto, porque terminaban sabiendo más de nosotros que nosotros mismos. Como es sabido, mucha de esta información fue usada para intimidar y presionar, hasta parecía ser el único objetivo.

Al no tener instrumentos de primer nivel, no haber profesionalizado el trabajo en áreas de inteligencia y seguridad nacional, entre otras, la dependencia se convirtió en arma de dos filos.

En los ochenta los trabajos de algo que llamaremos inteligencia, se encontraban en un edificio ubicado frente a Gobernación, sobre Bucareli; tiempo después se fueron al sur de la CDMX para crear el Cisen.

El trabajo tenía, sin exagerar, su dosis de bizarro. Las operadoras hacían su trabajo como podían. Se ayudaban de un gancho de ropa, el cual doblaban de mil maneras, para poder insertar en ellos la bocina del teléfono. Se lo colocaban en su oreja para poder escuchar y así tener las manos libres para escribir todo lo que les contaban los “orejas” en las históricas máquinas de escribir de marca Olivetti.

Escuchaban y escribían y cuando no entendían, interpretaban. Con ese material hacían tarjetas que enviaban a sus jefes para que de ahí llegaran al escritorio del titular de Gobernación, para que acabaran, en buen número de casos, en Los Pinos.

Desde siempre los Estados han requerido de información interna que permita entender y leer la vida del país y así adelantarse a sucesos que eventualmente se presenten y puedan afectar a la sociedad.

Que se haya hecho para intimidar, afectar, reprimir y presionar, como se ha hecho a lo largo de décadas, no significa ni que sea su objetivo ni su sentido.

¿Qué puede haber en los archivos del Cisen? Algo hay de enigma, pero todo indica que, por lo menos en el del Presidente nos podría terminar por sorprender muy poco. Es tan pública la vida profesional y privada de López Obrador, y está tan a la vista que han tratado de atacarlo en innumerables ocasiones, que es probable que conozcamos todo o casi todo sobre él.

El problema que viene es el del criterio para decidir qué se puede abrir y qué no. No todos los archivos son susceptibles de conocerse, porque en algunos casos se podrían poner al descubierto situaciones y momentos delicados del país, y en otros casos se podría ver afectada la vida privada de personas que incluso no quisieran que se diera a conocer su archivo.

A lo largo de años las direcciones de inteligencia y seguridad, los “orejas” e incluso el Cisen, se usaron para meterse grosera e impunemente en la vida de mucha gente sólo por ser opositora al régimen o por persecuciones emanadas de la soberbia del ejercicio del poder. Veremos qué dicen los archivos de todos nosotros.

EDITORIAL

Servicio médico mexicano, un cielo y un infierno

Una buena oferta para enfermeras y enfermeros del estado de Chihuahua llegó esta semana desde Alemania, para que quienes cumplan con los requisitos, puedan ocupar 30 vacantes en aquel país europeo, recibiendo un sueldo de 2 mil euros mensuales (unos 43 mil 619 pesos).

Esto gracias al éxito obtenido en 2018, por un convenio de intercambio establecido entre la Secretaría del Trabajo de Chihuahua y el gobierno de Alemania, que se repite este año y donde enfermeros mexicanos se comprometen a cumplir con 49 horas de servicio por semana, con contratos que pueden ir de los dos a los cinco años, comenzando en julio de 2020.

Una oportunidad nada despreciable si tomamos en cuenta que en el sector público los salarios de uno de estos profesionales va de los 6 mil 500 a los 24 mil pesos, cuando cuentan con alguna especialidad.

¿Cómo no van a preferir irse de México?, si aquí muchas veces las carencias del sector salud obliga a médicos y enfermeros a trabajar en condiciones que ponen en riesgo no sólo su carrera, sino la vida de los pacientes que atienden?

El video que circuló esta semana en redes sociales, grabado en un hospital de especialidad en el estado de Tabasco, donde aparece un grupo de médicos operando a un paciente bajo la luz de un teléfono celular, por una falla de energía eléctrica en el quirófano, es el ejemplo perfecto.

Pese a las justificaciones inmediatas que ofreció el subsecretario de Salud del estado, Leopoldo Gastélum, quien señaló que la falla venía de uno de los sensores de la planta de energía, y que se trataba de un hecho extraordinario, empleados del hospital denunciaron lo contrario.

Sólo un par de semanas antes, también se hizo viral el caso de un hospital comunitario en Magdalena de Kino, Sonora, donde se utilizó un garrafón de agua como casco cefálico para una recién nacida, cuyos familiares realizaron la denuncia.

La gobernadora Claudia Pavlovich exigió la investigación del caso y el hecho le costó el cargo a la directora del Centro de Salud en cuestión. Aunque la visita “casual” que enseguida hizo la gobernadora a la familia de la menor afectada, seguida de la circulación de las fotografías de la visita en las redes sociales, provocó otro tipo de lecturas.

La realidad es que en México, de esta y muchas formas, se denuncia una y otra vez las carencias con las que muchos médicos y enfermeras sacan adelante su trabajo, exponiendo no sólo la calidad del servicio, sino incluso, la vida de sus pacientes.

Así surgió el hashtag #YoTambiénImproviso, con el que se difundieron fotografías de las “alternativas” a las que se ven obligados a recurrir muchos médicos, ante la falta de materiales.

Zapatos ajustados con cinta adhesiva, una prensa de carpintería para armar herramientas, vasos de unicel como respiradores, entre otras “ideas” para solventar necesidades médicas.

Fallas que también han quedado asentadas en testimonios oficiales, como la revisión que realizó la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), que en marzo de 2017 reveló que al menos 122 de las instalaciones médicas evaluadas presentaban anomalías que iban desde lo más elemental como la falta de higiene de personal y espacios, hasta medicamentos caducos.

México ocupa actualmente el lugar 53 en la edición de 2019 del Bloomberg Healthiest Country Index; descendió dos lugares en comparación con el índice anterior, realizado en 2017.

Aún así, la medicina mexicana puede presumir de sus avances en investigaciones para tratamientos de cáncer, diabetes, padecimientos cardíacos o transplantes.

La calidad de los médicos mexicanos ha hecho que seamos uno de los países con mayor exportación de especialistas a otras países, e incluso se ha generado en territorio mexicano el llamado “turismo médico” para cirugías estéticas y otras especialidades, para aquellos que pueden tener acceso a ciertos privilegios del sector público, o pagar los prohibitivos precios de la salud privada.

Los que no pueden, quién sabe por cuánto tiempo más seguirán enfrentando “alternativas” médicas con garrafones de plástico y quirófanos iluminados con lamparas de celular. Muy lejos del servicio médico que siempre se promete a los mexicanos que menos tienen, y en el que tantas veces pagan justos por pecadores…

EDITORIAL

¿Hay infidelidades peores que otras?

Esther Perel se pregunta si hay una jerarquía de las infidelidades y quizá, en lo general, la mayoría piensa que es menos grave masturbarse viendo pornografía, que pagar grandes cantidades de dinero por servicios de prostitución, que descubrir que la pareja tiene una relación desde hace años o incluso un hijo oculto concebido durante el tiempo de la vida conyugal.

Nadie debería juzgar la legitimidad del sentimiento de traición asignándole un tamaño arbitrario a la ofensa. En los consultorios de psicología se observa algo semejante con Perel: parejas que perdonan repetidas infidelidades sexuales o parejas que rompen para siempre al descubrir mensajes de amor en un celular o en el correo electrónico.

20 años después algunas parejas siguen hablando de lo que cambió la relación para siempre, refiriéndose a una relación extramarital breve y sin profundidad. Otros se sienten lastimados sólo de pensar que su pareja ha fantaseado amorosa o eróticamente con alguien más. A veces la víctima de la infidelidad sexo-afectiva o sexual o afectiva es victimizada nuevamente por los distintos grupos sociales: la gente habla a sus espaldas de cómo descuidó su relación por dedicarle tanto tiempo al trabajo o de esos kilos que nunca perdió después del embarazo por lo que era comprensible y hasta lógico que el marido se involucrara con un mujer más “cuidada”. Prevalece la idea de que el infiel tuvo sus razones y que quizá no es tan responsable de haber obedecido a su deseo.

En el tema de la monogamia no existen absolutos ni tampoco reglas más allá de las que dicta la moral religiosa o social: se es fiel porque lo contrario está prohibido, pero casi nadie se salva de haber deseado a otro que no es su pareja. Pocos sobreviven al aburrimiento y a veces a la agresión que caracterizan a muchas relaciones de largo plazo.

Es un error aferrarse a la creencia de que nuestra pareja jamás haría algo “así”, porque no estamos programados para la fidelidad que es, fundamentalmente, una decisión de todos los días. Tener una visión idealizada de la persona con la que compartimos la vida y la cama sólo nos vulnera. Según Perel, lo que sí nos fortalece es tener una red de amigos y familia que pueda proveernos de un espacio seguro en caso necesario; trabajar en un sentido del sí mismo fuerte y autónomo; tener una propiedad, ahorros, perspectivas de trabajo y de otras opciones amorosas en el futuro. Ayuda muchísimo entender que la estabilidad personal no depende de la integridad del compañero o compañera.

Con todo, romper un pacto de monogamia es un acto contrario a la ética; al compromiso con la honestidad (que no infalibilidad) que sostiene en parte a las parejas. La confianza es un acto de fe sin el cual es imposible cultivar el amor, pero si una relación se basa en la creencia de que la pareja no es como los demás porque es incapaz de traición, se convierte en una idea peligrosa con altas posibilidades de fracasar.

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El otro debate que se viene

La siguiente gran discusión que se viene es la Reforma Educativa. Después de deshacerse de la “mal llamada”, el reto es qué se va a hacer ahora.

El entorno sigue sin ser el más favorable para uno de los proyectos más importantes y estratégicos para el país. Sería sensato que se recuperara lo mejor de lo que se hizo en la pasada administración; no todo está para el bote de la basura.

Bajo los ánimos en que anda el gobierno pareciera que todo lo que tiene que ver con el pasado hay que cortarlo de tajo. En algunas áreas se dan casos de que más que investigar y conocer lo que se hizo, prevalece un espíritu persecutorio.

Es insensato partir de cero, porque muchas cosas se hicieron bien; y por supuesto que quienes las hicieron son personas con nombre y apellido. Esto cabe para todas las áreas de gobierno.

El gran problema desde el inicio de la reforma en tiempos del peñismo fueron las evaluaciones a los maestros y el tema de las plazas. En ningún caso se llegó a consensos que permitieran liberar los temas.

Con las plazas, con todo y forcejeos, se llegó a consensos. Como estaban las cosas, no había manera de diseñar e imaginar un proceso educativo moderno y renovador, lo que incluía lo contractual.

Como muchas de las cosas que se hicieron en el sexenio anterior, si algo falló fue la comunicación, quizá porque no eran, ni podían, ser plenamente transparentes.

En la “mal llamada”, lo que logró consensos básicos fue el proceso de cambio para revisar y, en su caso, alcanzar una plaza por el magisterio fue en lo general visto de forma positiva.

Fue reconocido, muchas veces ante el enojo y protestas particularmente de la CNTE, que el tema de las plazas era un elemento a atender para el proceso de transformación de la educación.

Eran del dominio público las irregularidades, cargadas de complacencias y complicidades entre autoridades y líderes sindicales de la CNTE, y también del SNTE, en las formas que se utilizaban para alcanzar una plaza; igual se vendían que se heredaban.

En esta parte del proceso se colocaba a los maestros en disyuntivas. Tenían que cumplir más con actividades ajenas a su profesión, que con su trabajo en el aula, ante los estudiantes. Asistir a marchas o mítines propios y ajenos, hacer paros, era, o sigue siendo, a menudo más importante que su trabajo como maestros.

Todos sabemos que lo verdaderamente importante es elevar el nivel educativo del país en todos los ámbitos. La empresa es, por donde se vea, compleja, porque si de por sí el tema requiere de escuchar todas las voces y entender e investigar el proceso educativo desde todos los ámbitos, también el proceso está cargado y abrumado por innumerables intereses.

Los procesos de enseñanza-aprendizaje han evolucionado de manera vertiginosa en los últimos años. Las nuevas tecnologías se han convertido en el detonador de un cambio radical. Con sólo apretar un botón se puede alcanzar el conocimiento de la ciencia y de muchos aspectos de la vida, de manera exhaustiva y precisa.

La clave son los contenidos y cómo los maestros guían a los estudiantes para alcanzarlos. Los profesores siempre han sido pieza central en el proceso educativo, pero hoy adquieren una nueva y estratégica función, porque si bien el conocimiento está cada vez más cerca de los estudiantes, como nunca antes, se requiere de guías que expliquen las cosas en forma y, sobre todo, en fondo.

La Reforma Educativa para instrumentarse no se queda en uno o dos años; es un asunto generacional. Requiere de ensayo y error y de una enorme voluntad de transformación, ajena a egoísmos e intereses particulares o gremiales.

Ya veremos de qué estamos hechos y cómo se resuelve el crucial asunto de las evaluaciones.

EDITORIAL

“Ternuritas”

Le dio con todo el Presidente al naciente grupo “opositor” encabezado, entre otros, por el gobernador de Chihuahua, Javier Corral. Lo menos que les dijo fue “ternuritas”, aderezado con una que otra lección de curso intensivo de cómo ser opositor.

El Presidente no tuvo el más mínimo reparo en señalarlos y rodeando los terrenos de la burla y el sarcasmo, López Obrador con todo el poder no concedió valor ni consideración alguna al grupo, del cual tres personajes que estaban en la lista original, se deslindaron al día siguiente que se dio el anuncio de su creación.

La reacción del Presidente no se puede ver de otra manera que como la de tratar de desacreditar a un grupo de personas que, de alguna u otra manera, se le han opuesto o han sido sus críticos. Las expresiones fueron rudas y bravas, y pudieran evidenciar una actitud crítica hacia el grupo intentando minimizarlo, podría ser esta organización a futuro un grupo que adquiera peso social y político; en esto nunca se sabe.

A la otra oposición, la de los partidos, de alguna manera la tiene sujeta vía la abrumadora mayoría de Morena y sus satélites en el Congreso. Se le toma en cuenta, pero es evidente que con uno que otro movimiento se puede alcanzar la mayoría, como de hecho ya se ha visto.

Independientemente del valor que se le conceda a este grupo, está claro que el gran asunto es que ante un gobierno fuerte y definitivamente legitimado, existe una muy inquietante ausencia de una organizada y creíble oposición. Mientras ésta no aparezca, el poder de López Obrador se fortalecerá sin tener una oposición o contrapesos, que en su papel de referente le den otras vías para ver y entender lo que pasa, más allá de lo que su pausado entorno le plantee.

Con la prisa que trae el Presidente, si algo no quiere es que aparezcan grupos que eventualmente le quiten capacidad de maniobra para lo que quiere hacer. Está para considerarse si detrás del “ternuritas” podría estar el no dejar espacios abiertos, ante la posibilidad de que un grupo como el de Corral creciera y que en el camino tuviera futuro.

Lo que queda claro es que hoy las oposiciones si para algo le sirven al Presidente y a Morena es para legitimar sus decisiones. El PRI se ha acercado a Morena casi como un acto de sobrevivencia para no pasar de largo y para hacerse ver con vida, y Morena se ha acercado al PRI para alcanzar mayorías en las cámaras.

Ha sido, por lo menos hasta ahora, un ejercicio de beneficios mutuos, en el que se incluyen los gobernadores del PRI, quienes aprovechan cualquier oportunidad para hacerle un guiño al Presidente. López Obrador en más de una ocasión ha salido en defensa de los gobernadores, quienes han sido recibidos, en sus propios estados, en medio de rechiflas e impugnaciones en actos que han sido encabezados por el Ejecutivo. El Presidente sabe lo que va a pasar y sabe cuándo debe entrar en acción.

El tricolor no ha hecho un serio acuse de recibo, después de su brutal y contundente derrota del año pasado, sigue sacudido y ausente de militantes. Está hoy más preocupado por ver quién puede sustituir en la dirigencia a Claudia Ruiz Massieu, quien ha dirigido el PRI con más pena que gloria.

Este PRI paradójicamente es la mejor oposición que se haya podido encontrar López Obrador. Tienen algunos rasgos históricos comunes, lo que les ha permitido entenderse, y por lo pronto en el Congreso van en algunos temas juntos. Mucha de la gente cercana a López Obrador tiene un acendrado pasado priista, pocos son de la izquierda de siempre, como es el caso de personajes como Alejandro Encinas.

Son los tiempos de un poder ganado a pulso que requiere de referentes, para su mayor fortaleza y certeza. La oposición está entre que vive y desaparece, y los contrapesos están en muchos casos ausentes y además los quieren hacer a un lado.

EDITORIAL

El 15 o 20%

¿Qué tan importante es el 15 o 20% que no comparte, es crítico o está en contra del Presidente, para la gobernabilidad del país?

Todo depende de cómo se quiera ver. Si se le menosprecia o no se le toma en cuenta puede tener consecuencias en el mediano y largo plazos. Son voces que de suyo merecen atención, pero también por lo que representan.

No es que sean más o menos importantes que quienes están abrumadoramente con el Presidente, lo que pasa es que tienen un peso y fuerza real en función de sus actividades. Para la gobernabilidad hay que escuchar todas las voces por más incómodas que sean.

Si bien es un porcentaje menor lo que representan le debiera ser importante al Presidente. Son voces que en muchos casos a López Obrador no le gustan y cada vez que aparecen busca cómo responderles; lo cual tiene algo de inédito porque no hay muchos  antecedentes en este sentido en otros sexenios.

Recordemos aquello de ni los veo ni los oigo. Por más que tuviera un control político, vía complicidades con medios y empresarios los cuales no nos dejan del todo, lo que acabó por pasar es que la Presidencia se aisló.

Si alguien perdió con ello fue la propia Presidencia. Dejó de tener referentes y el ejercicio del poder se volvió unilateral, a los críticos se les terminó viendo como adversarios y en la medida en que avanzaban los sexenios, se iban diluyendo las posibilidades de dialogar y escuchar.

El costo fue muy caro para el país. Para quienes se cerraron y no aceptaban la crítica fue la pérdida paulatina del poder y sobre todo el descrédito. Todo acabó siendo parte de un proceso en que la única voz importante a atender era la de ellos mismos, nadie se atrevía a decirle no al Presidente.

Peña Nieto es la prueba moderna de ello. No sólo se fue aislando sino que su propio equipo se encargó de aislarlo más. Su círculo inmediato le informaba sólo lo que quería o decidía, el expresidente terminó en el peor de los mundos.

Una abierta impopularidad en todo el país; se defendía y lo defendían bajo el supuesto que su trabajo y su obra se iba a ver al paso del tiempo. No va a haber forma porque si algo está haciendo el gobierno actual es acabar con todo ello, el legado, bueno y malo, de Peña Nieto está cerca del cesto de la basura de la mano de su impopularidad y un gran tufo de corrupción.

¿Todo esto sería diferente si hubiera escuchado voces críticas y diferentes a la suya y la de su obcecado equipo de trabajo? No hay manera de saberlo, pero lo que es un hecho es que de haber escuchado el desenlace de su gobierno quizá habría tenido otros resultados.

No recordamos un sexenio en que un presidente haya terminado con niveles respetables de popularidad, todos se acaban yendo por la puerta de atrás. Es el desgaste propio del ejercicio del poder, pero también es como fueron evolucionando en lo personal y público en el cargo. Mucho de lo que se prometieron hacer, por ejemplo el ser sensibles y atentos a la crítica, terminaron haciéndolo a un lado.

López Obrador tiene que pensar no sólo en el ahora. Tiene que decidir cómo quiere que se le vaya viendo a futuro. Su hoy imparable popularidad puede revertirse por innumerables razones, que igual pasan por situaciones inesperadas y por el referido inevitable desgaste del ejercicio del poder.

Tener al lado una especie de alerta constante a la crítica ayuda a verse a sí mismo. La crítica por más ruda que sea es un referente, a estas alturas el gobierno ya debe saber a quién escuchar y a quién tomarle distancia.

La crítica está concentrada en ese 15 o 20%, que no está con López Obrador o que estando con él la ejerce. El gobierno tiene un respaldo único, pero para gobernar y tener referentes requiere atender a la crítica, por más mal que le caiga.

EDITORIAL

La cuestionada consulta

No se puede soslayar el valor de las consultas. Es un acto democrático que permite tomar decisiones con certeza, también da pauta para tener un termómetro de lo que quieren, piensan y sienten los ciudadanos.

Las experiencias que hemos tenido sobre las consultas han sido desiguales. El nieto de Emiliano Zapata, Jorge, decía hace algunos días: los que hacen las consultas siempre las ganan; las hacen para eso.

Algo tiene de razón, sobre todo si nos atenemos a las consultas que ha hecho López Obrador, como Presidente electo y Mandatario. Si algo se debe evitar es que caigan en una especie de “mesa que más aplauda”.

Las consultas deben ser espacios en los que los ciudadanos, con información precisa y, sobre todo, completa, decidan y participen en la toma de decisiones.

Si en algo ha tratado de distinguirse el actual Gobierno, ha sido en ser sensible. En muchos casos lo ha sido, y lo es, pensemos en lo que está tratando de estructurar para el desarrollo económico con el objetivo de que el país tenga una efectiva y justa distribución de la riqueza.

Con el debate en el Senado sobre la creación de la Guardia Nacional tuvimos otra afortunada muestra de sensibilidad, y, sobre todo, de escuchar a los otros.

Sin embargo, en otras ocasiones no ha sido así. En varias áreas ha instrumentado cuestionables y confusas decisiones, en particular en los muchos despidos de trabajadores, los cuales, como decíamos hace algunos días, pareciera que su pecado, para hablar con el código actual, fue ser parte de sexenios anteriores.

Donde también le ha fallado la sensibilidad ha sido con las consultas. Por más que esté logrando lo que se propone, los mecanismos que utiliza, para lo que terminan sirviendo, es para lograr lo que realmente quiere hacer el Gobierno. Recordemos la consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto, la cual fue cuestionada en forma y fondo, pasando por el método utilizado. Viéndolo bajo esta perspectiva, el nieto de Zapata tiene mucho de razón.

Con la consulta convocada sobre la construcción o no de la termoeléctrica en Huexca, Morelos, se repitieron errores y, además, apareció una dosis inquietante de insensibilidad que sorprendió.

Uno de los principales opositores a la construcción de la termoeléctrica fue asesinado en la puerta de su casa, en la comunidad de Amilcingo, Morelos, el miércoles pasado. Hasta ahora no se sabe quién fue el culpable, ni el móvil del lamentable hecho que le privó la vida a Samir Flores Soberanes, quien también era locutor de radio.

El gobierno de Morelos, de manera inopinada, se adelantó tratando de sacar de la jugada la construcción de la termoeléctrica como presunto móvil. Aseguró que no había elementos para considerarlo, siendo que no habían pasado ni 48 horas del asesinato. Ahora ha optado mejor por no hablar, lo que urge, como fuere, es saber quién o quiénes y por qué perpetraron el asesinato.

Con estos antecedentes, más la abierta oposición de un buen número de habitantes de la zona, ¿valen la pena los riesgos que han corrido y aferrarse a no dejar de hacer la consulta? ¿No era mejor, y prudente, hacer un acto de sensibilidad y luto por Samir Flores y posponer, que no cancelar, la consulta?

Habrá que ver qué lectura le dan a los muchos incidentes que se presentaron a lo largo del fin de semana, por más que hayan echado a andar la maquinaria del voto. No tiene sentido jugar a minimizarlos, porque los mismos que se opusieron a la consulta van a ser los mismos que se van a parar frente a la termoeléctrica para impedir su construcción, como ya lo hicieron antes. Era solo cuestión de entender los tiempos, los ánimos, la indignación y la tristeza.

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Sociedad Civil, el blanco que se mueve

“#SíConLasOSC”… fue el llamado con el que diversas Organizaciones No Gubernamentales y de la Sociedad Civil, salieron a defenderse esta semana en redes sociales, luego de verse convertidos en el nuevo blanco de los dichos del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

“No conozco gente de la sociedad civil. Hay muy pocos de izquierda, con todo respeto, todo lo que es sociedad civil tiene que ver con el conservadurismo”, dijo esta semana el Presidente, quien desde 2018, en su calidad de candidato, las señaló como una ‘Sociedad civil fifí’ a la que le tenía desconfianza, y como dice la canción, “sobre aviso no hay engaño”, así que la guillotina ya se venía afilando.

Ya se ha hablado de la desaparición —o recorte presupuestal— del Instituto Nacional de Desarrollo Social, por considerarlo una “simulación”, con el mismo argumento de “evitar la corrupción” y acciones promovidas por “los conservadores”.

De acuerdo al Inegi, 57.7 por ciento de las personas que integran las Organizaciones Civiles hacen un trabajo de voluntariado, y sólo el 42.3 por ciento son personal remunerado.

La justificación para cortar las alas de las OSC fue un simple acumulado de adjetivos, con la premisa de hacer llegar los recursos, una vez más, directamente a quienes los necesitan, sin mayor organización.

Varias organizaciones se manifestaron en un desplegado, recordándole al Presidente que muchas de las iniciativas que han conseguido allanar el camino para que el país se transforme, vienen precisamente de los ciudadanos organizados.

El Instituto Nacional Electoral, la autonomía de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el Banco de México, el Coneval, el Inai y el surgimiento de una cultura de rendición de cuentas, que López Obrador tanto ha peleado y defendido.

La posibilidad de hacer denuncias sobre violaciones graves a los Derechos Humanos, como ocurrió en los casos de Ayotzinapa o Tlatlaya, y a los que el Ejecutivo también ha aludido en varias ocasiones.

Entre los órganos mencionados hay algunos que se no se verán afectados, o resentirán en menor medida los recortes presupuestales, pero hay otros cuya labor hoy está en peligro de extinción.

Malo, porque se trata de ciudadanos que defienden causas que nadie más defiende, con especialidades con las que en ocasiones el gobierno no cuenta, para auxiliar a poblaciones desprotegidas como los niños de la calle, los enfermos mentales, personas con discapacidad, jóvenes de la comunidad LGBTTI, población carcelaria, o programas de educación sexual dirigidos a prevenir el VIH, que sigue siendo un tema del que muchos prefieren no hablar.

Un análisis realizado por Mexicanos vs. la Corrupción pudo identificar en los nombres de miles de las organizaciones civiles, palabras clave que señalan los focos de atención como “mujer”, “vida”, “educación”, “cultura”, “jóvenes”, “niños”, “sustentable” y “rehabilitación”.

Es muy peligroso que el Presidente pase por alto el hecho de que muchas de estas organizaciones son impulsadas por jóvenes, sector al que en gran parte le debe la posición que ahora tiene.

Jóvenes informados y organizados que impulsaron su movimiento durante el proceso electoral, con la confianza de recibir algo en reciprocidad. Voces fundamentales que hoy se ven amenazadas.

La sociedad civil también es la lucha contra la corrupción, las madres organizadas que buscaron a sus hijos en fosas, los defensores de derechos humanos, que con su trabajo también pavimentaron el camino a la nueva Presidencia.

Esos grupos que ahora llama “conservadores”, son los que buscan la libertad y el respeto a la diversidad sexual, y salvan vidas a través de la información y una unión que el gobierno no ha conseguido, y que hoy quiere coartar cerrando las puertas.

Puertas que por otro lado sí abre a organizaciones religiosas, de las que se dice respetuoso, aun cuando incluyen casos de corrupción o pederastia; “no nos vamos a pelear con ellos”, ha dicho simplemente.

México se ha transformado de muchas maneras en los últimos años, ha vivido un despertar que difícilmente podría explicarse sin la voluntad de hombres y mujeres, que se han organizado para defender causas sociales y retos del país, que el Presidente López Obrador también utilizó como estandarte durante 12 años.

México ya no se entiende sin la fuerza de su sociedad civil organizada, a la que hay que tratar con respeto y no subestimarla,  porque esa también es el pueblo, y como dice el Presidente, “el pueblo es el que manda …”.

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El consenso

Buena parte de la agudización de la violencia en el país tiene a la corrupción como uno de su ejes. En más de algún caso ha alcanzado a las Fuerzas Armadas, las cuales han sido llevadas a responsabilidades que, en sentido estricto, no les competen.

En diferentes momentos los militares fueron sacados a las calles para llevar a cabo funciones que presumían soluciones a diversos problemas de seguridad. Pasó en los ochenta y noventa, incluso los capitalinos lo vivimos cuando nos llamábamos DF.

Fue en el sexenio de Felipe Calderón cuando en los primeros días de su mandato tomó la determinación de sacar al Ejército y llevarlo a su propio estado, Michoacán. La entidad era gobernada por el PRD, era ya la segunda ocasión en que el sol azteca estaba al frente de la administración.

Los perredistas se la pasaron echándose la bolita. Tanto el gobernador como el ex no pareciera que hubieran hecho acuse de recibo de la brutal presencia y dominio de La Familia Michoacana. Calderón les pasó por encima y mandó a los soldados, Leonel Godoy, gobernador en turno, lo supo casi cuando los vio entrar. El Presidente se convirtió durante algunos meses en una especie de gobernador alterno. No le informaba de nada a Godoy, hacía lo que quería y le parecía, y a veces el último que se enteraba era el gobernador perredista, no pasó así con los gobernadores de otros estados, ya fueran del PAN o del PRI.

Ésta fue la fórmula de Calderón a lo largo de su sexenio. Ante los problemas de seguridad y violencia, los cuales empezaron a aparecer por doquier, la solución la vestía de verde oliva.

Fue el inicio de una militarización que en la gran mayoría de los casos los ciudadanos no sólo lo agradecieron, también lo aceptaron. Lo vieron y sintieron en su cotidianeidad como una solución.

Sin embargo, los militares entraron en escenarios sin reglas claras y en medio de una duplicidad de funciones. Muchas cosas han tenido que aprender los soldados y mucho es lo que la sociedad les debe. Se la han pasado expuestos en una especie de laberinto, y cuando se han permitido hacer observaciones se les critica y hasta se les ha visto con desdén.

Es cuestión de recordar cómo se les trató por momentos en las campañas, en particular López Obrador. El hoy Presidente en varias ocasiones aseguró que iba a regresar a los militares a los cuarteles, la terca realidad le mostró que no era posible por más que su propuesta fuera genuina y hasta lógica.

Esto es sólo una pequeña parte de las muchas situaciones que se han presentado y discutido en el país, a partir de que se decidió que los militares  salieran a las calles. Estaban y están sin reglas claras en medio de luchas encarnizadas en contra de la delincuencia organizada, la cual tiene a los cuerpos de seguridad como sus cómplices.

La importancia de las discusiones y acuerdos que se han presentado a lo largo de estas semanas sobre la Guardia Nacional, abre espacios, quizá como nunca antes, para enfrentar con reglas, objetivos y con una ruta crítica claramente definida, la lucha contra la violencia y la inseguridad.

El Gobierno escuchó y fue sensible ante los especialistas y las muchas voces de la sociedad, que urgían una Guardia Nacional con mando y responsabilidades civiles.

El consenso le da al Gobierno una imagen que en más de una ocasión ha sido opaca, impositiva y autoritaria.

Escuchó y ganó, al final quienes ganamos somos todos. Se crean reglas, se arma una nueva fuerza de seguridad con el peso y aceptación que tienen para la sociedad los militares, y sobre todo gana el consenso, porque con esto es también como se gobierna.

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Las y los “expertos”

El Presidente no va a dejar en paz el pasado aunque haya dicho que no se va a meter en líos judiciales ni  “escándalos”, decretó presumiblemente una especie de “borrón y cuenta nueva”.

Sin embargo, en la práctica resulta que no ha dejado el pasado por ningún instante. No hay día en que no deje de mandar “coscorrones” o lance críticas, con altas dosis de sarcasmo sobre el neoliberalismo o el pasado conservador.

Va quedando claro que quizá no meta a nadie a la cárcel, pero de que no va dejar en paz al pasado y a sus principales actores no pareciera haber duda alguna.

En este proceso ha puesto en la mira varias instancias, entre ellas los organismos autónomos, las llamadas ONG, las estancias infantiles y en el camino también ha colocado riesgosamente a los que con profunda ironía llama “expertos”.

Lo delicado de esto último es lo que pudiera estar de fondo, un eventual menosprecio al conocimiento y lo que conforma su proceso de formación y desarrollo.

Ver el pasado bajo una idea de tabla rasa o algo parecido, impide observar y reconocer que dentro de lo mucho muy importante que se ha hecho, se debe a la formación de hombres y mujeres profesionales y de científicos de alto nivel.

El conocimiento de ellas y ellos ha sido la base sobre la cual se han tomado importantes y estratégicas decisiones en el país, las cuales tienen un valor y han permitido desarrollos positivos y estratégicos, que no tiene sentido negar.

El Presidente habla a menudo de que “el pueblo es sabio”. Es un discurso político rentable que provoca que la gente lo vea todavía más cerca. También quiere referirse al conocimiento que los ciudadanos han adquirido a lo largo de su vida, junto con lo que han vivido y padecido en función de quienes los han gobernado.

Es un conocimiento que da para responder muchas de las cosas que cotidianamente enfrentan; es su experiencia de vida. La “sabiduría” parte de la formación de un conocimiento que  fundamentalmente sirve para vivir, pero no necesariamente para transformar la vida de la gente.

Eso lo hace centralmente la formación profesional de hombres y mujeres, muchos de los cuales terminan siendo los que les ha dado por llamar “expertos”. Estudian a lo largo de muchos años para conocer, desde otra óptica, lo que la gente sabe y conoce o no conoce.

Se trata de ir un paso adelante para que a través del estudio y la investigación se produzca el conocimiento para que se tengan herramientas que permitan conocer mejor las cosas, eso que llamamos realidad, y así poder transformarlas.

En el caso de la creación de la Guardia Nacional, académicos e investigadores más que “poner trabas” lo que están haciendo es echar por delante la voz de alerta de lo que puede suceder con uno u otroproyecto, producto de sus estudios e investigaciones.

No tiene que ver con un juego de vencidas ni son críticas al Presidente. Forma parte de un ejercicio académico propio de la formación del conocimiento; no son por ningún motivo ocurrencias o algo parecido.

El discurso de “no les parece nada” podría revertírsele al Presidente, fue precisamente eso lo que le señalaban en sus tiempos de opositor una y otra vez, “no le parece nada”.

Plantear que este gobierno es distinto y que no es como los de antes obliga a reacciones y actitudes nuevas en más de un sentido, algunas ya las vemos.

No cabe atropellar apelando al pasado bajo el argumento de que “ellos” eran peores; no se puede atropellar y punto.

Hay que escuchar a los “expertos”, aunque algunos sean marcadamente difíciles. Son la piedra de toque para la transformación. Es la otra parte del conocimiento del que habla el Presidente.

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