Reconoce edil al Grupo Folklórico del ITO

A fin de conmemorar el 50 aniversario de la fundación del Grupo Folklórico del Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO), el Presidente Municipal, José Antonio Hernández Fraguas, entregó un reconocimiento a su Director General René Osogobio Rodríguez, por su aportación cultural para poner en alto el nombre de Oaxaca y sus ocho regiones.

En este marco, Hernández Fraguas señaló que este reconocimiento está dirigido para los 80 jóvenes que año con año representan a la entidad, desarrollando los inigualables bailables de la entidad.

“Es nuestra convicción seguir reconociendo a todas las personas o grupos que con sus acciones y actividades culturales representan con orgullo a nuestro estado, esto es y seguirá siendo una prioridad en beneficio de nuestra cultura y de nuestro municipio”, puntualizó el Primer Concejal.

EDITORIAL

 

 

 

El spot de la niña y los niños

 

El uso y participación de niñas y niños en comerciales y spots políticos ha sido, desde siempre, tema controvertido; pero sobre todo, motivo de una buena cantidad de cuestionamientos.

¿Qué tanto los niños y las niñas son conscientes de lo que dicen y les hacen decir los adultos? Es evidente que en la gran mayoría de los casos están lejos de ello; no es un tema de capacidad, sino de edad. En su proceso de formación, están en una etapa en la que todavía tienen por delante muchas cosas por entender y por integrase a lo que se le llama el mundo de los “grandes”.

La constante ha sido que niños y niñas sean utilizados por los adultos para que reproduzcan la visión de los grandes. Se les pide o se les “lleva”, según se quiera ver, a que hagan lo que quieren los adultos, en función de sus intereses y su percepción de las cosas. Los niños son, en este tipo de situaciones, fuerza de trabajo, por más que cuenten con el aval de sus tutores o de sus padres; al final es un trabajo, que de seguro se paga.

Es fundamental proteger los derechos de los niños y tener claridad de que es igual de importante que los infantes sean conscientes, en la medida de su edad, de lo que van a hacer, y que se les haga ver el sentido que tiene su participación.

El spot de niños y niña haciendo las veces de los candidatos puede gustar o no. Hay personas a las que les cae en gracia; hay quienes han manifestado abiertamente su crítica, en fondo y forma y también hay quien ha presentado denuncias ante el IFE en contra del spot; es el caso de Jorge Alcocer, por violar el modelo de comunicación que prohíbe a terceros comprar propaganda electoral en radio y TV. No pasa por ningún motivo por alto que en el cierre del spot se mencione “piensa bien y elige el candidato que apoye la transformación educativa”.

Un elemento que cuestiona el spot es que uno de los candidatos, López Obrador, se ha opuesto terminantemente a la Reforma Educativa; “si gano, la voy a derogar”, ha dicho una y otra vez. En sentido estricto hay una imitación imprecisa del tabasqueño.

Lo dicho por el “niño” López Obrador no tiene concordancia con lo que ha dicho desde hace varios meses el “adulto” López Obrador.

Lo que por ninguna razón se cuestiona es el derecho de cualquier ciudadano u organización civil de manifestar sus ideas. Lo que está pasando, una vez más, es que entre los innumerables vericuetos e interpretaciones de la ley electoral caben todo tipo de posibilidades y lecturas.

Es probable que se dejen venir nuevos spots con características similares o con definiciones más evidentes; por lo pronto, la decisión del INE es ya un antecedente para el actual proceso.

El spot de los “niños candidatos”, le parezca bueno o malo, no somos en lo particular simpatizantes del mismo, coloca en la mesa de nuevo el rol de los niños y su relación con los medios.

EDITORIAL

 

Los ánimos alterados

 

Pocas veces, un proceso electoral había tenido tanta atención y pasión como el que estamos viviendo. La elección del 1 de julio se ha convertido en tema en todos lados; no hay dónde no se hable de ella.

Se ha tomado conciencia de que estamos ante proyectos que podrían cambiar nuestras vidas, para bien y para mal. La pasión y confrontación han ido riesgosamente en aumento; en las últimas semanas hemos visto cómo las actitudes y el uso del lenguaje de los candidatos es cada vez más agresivo y hasta grosero.

Lo que hagan, no hagan y digan termina por repercutir en los ciudadanos. Sus actitudes se convierten en una especie de acto reflejo de parte de sus seguidores y simpatizantes, quienes actúan y hablan como sus candidatos.

Esto no es lo único que se ha convertido en un problema colectivo; lo otro es que los simpatizantes y seguidores interpretan a su muy particular manera lo que dicen y hacen sus candidatos.

La agresividad de los suspirantes se ha estado metiendo entre nosotros estos últimos días de manera intensa y hasta irreflexiva; en muchos casos, corregida y aumentada. Esto nos está llevando a un estado de las cosas de riesgo y de posibles escenarios que pudieran estar entre lo inédito y lo incontrolable.

No está fácil atemperar los ánimos, porque los candidatos establecen y desarrollan su campaña en función del descrédito hacia los otros. Atacar es el nombre del juego y esto se extiende a la manera en que los simpatizantes ven, conciben y entienden la elección.

A esto se suman otros elementos que producen particulares ánimos en los seguidores de los aspirantes.

López Obrador es uno de los que mejor provoca reacciones en los suyos. Les dijo la semana pasada a los empresarios que es ya el ganador; aseguró que “este arroz ya se coció”. La declaración llevó a un singular ánimo en los suyos, quienes ya remiten a que si algo termina por serle adverso a su candidato, léase una derrota, será producto de un “fraude de la mafia del poder”.

De igual manera, Ricardo Anaya echa andar cada vez que puede su beligerancia contra AMLO. Una de las diferencias es que sus seguidores quizá sean menos belicosos y agresivos; por lo menos por ahora.

Sin embargo, la manera en que se expresa Anaya genera, obviamente, reacciones de toda índole en unos y otros. Nadie se salva, porque todos son conscientes de lo que está en juego.

En esta misma línea, José Antonio Meade puede externar diferentes ideas, lo que incluye ataques a sus adversarios, pero las reacciones y repercusiones han sido menores. El caso de los departamentos de AMLO, pudiendo ser un buen tema, no ha alcanzado a cuajar.

Se puede deber a dos razones: parece que todo lo que tenga que ver con López Obrador pasa por el efecto teflón, sea cierto o no. Lo que se diga o se le diga, sin importar lo que sea, incluso sus inconsistencias, pasan de largo. Por otro lado, Meade sigue sin pesar en

las campañas como para que sus denuncias puedan permear como tema, sin importar cuáles puedan ser. Esto incluye a los otros candidatos, quienes no han retomado este asunto.

Las campañas van a entrar en una fase definitiva y de riesgo, no sólo por la cercanía de las elecciones, sino también por lo que pueden ser capaces de hacer los candidatos y su gente, con tal de ganar.

Estaría bien que los aspirantes piensen bien lo que dicen y hacen; no tanto por ellos, sino por sus seguidores, los cuales están alborotados y envalentonados; la pasión desbordada está llegando hasta las familias.

EDITORIAL

 

 

Este arroz ¿ya se coció?

 

Al salir de la reunión plenaria de consejeros de CitiBanamex, Andrés Manuel López Obrador dijo, “este arroz ya se coció”. Francisco Tobías, director corporativo de Finanzas, dijo que un eventual triunfo de AMLO el 1 de julio no les preocupa.

Las primeras encuestas que el candidato de Morena ha visto luego del debate lo mantienen adelante con amplia ventaja sobre Ricardo Anaya.

El asunto de los departamentos heredados no registrados, no crece. Para Meade el tema es arma de doble filo, lo mismo puede exhibirlo desordenado o exponerlo como un rival ninguneado, que exige aclarar y le responden con burlón silencio.

AMLO sabe que ninguna falange empresarial dirá públicamente que tiene miedo ante su eventual presidencia. Son profesionales que circunscriben sus expresiones a lo racional, piden legalidad, certeza, perspectiva de largo plazo, condiciones propicias para invertir, responsabilidad económica y social. Poco más, nada menos. Hasta ahí López Obrador puede soñar, despierto, que este arroz ya se coció.

Pero al tiempo AMLO y los suyos observan cómo hombres de negocios, los más relevantes del país, emprendedores que generan millones de puestos de trabajo, que pagan miles de millones de pesos en impuestos; han comenzado a tener un rol más activo, externando perspectivas y preocupaciones tan legítimas como las de todo ciudadano.

Carlos Slim fue el primero con lo del aeropuerto que López Obrador quiere cancelar, un proyecto de infraestructura impostergable para México. Mexicanos Primero, con Claudio X. González al frente, lanzó un spot que aboga por la Reforma Educativa, niños que llaman a sus padres a votar por quien vele por una mejor educación.

Nombres no hay, dedicatorias sí. Nada indebido hay en manifestar, igual desde la iniciativa privada, que desde el activismo social, posicionamientos sobre asuntos de interés nacional. Eso es democracia participativa, eso es la plaza pública, eso es ciudadanía.

Los planteamientos de AMLO en estos y otros temas, son frases y consignas políticas, no proyectos de políticas públicas. Y sí gana aplausos y adhesiones.

Habla de miles de millones de pesos frescos y listos para repartirse producto del ahorro y probidad burocrática de una nueva clase, de su claque, las magnitudes presupuestales no cuadran, pero eso será, al final de cuentas, materia de aclaraciones y pretextos venideros.

Habla de consensar con Elba Esther Gordillo y la CNTE el nuevo modelo educativo y laboral para niños y maestros; habla de “justicia” en los contratos del gobierno con empresas, ignorando que los acuerdos son legales, o no lo son, pero ¿justos?, ahí acecha el autoritarismo, la arbitrariedad oficial, la incertidumbre jurídica, el caos que provoca discrecionalidad y nueva corrupción.

Este arroz no se ha cocido. En los próximos 63 días veremos nuevos spots, conferencias, candidatos y partidos construyendo puentes inéditos en aras de preservar una visión de país, un proyecto social y económico diferente del que AMLO habla, grupos sociales y políticos confrontados entre privilegiar fobias o ir por todo en alianzas tácticas y tácitas para ganar la Presidencia y no el segundo lugar de las encuestas.

A esta historia le faltan páginas por escribirse, aquellos que se oponen al moreno mayor y a quienes despectivamente llama la mafia en el poder, son capaces de mover, de incidir, de alertar y promover.

Estamos por ver la ecuanimidad o exabruptos de los que López Obrador es capaz, un gesto grosero, el ademán despectivo, otro desplante soberbio, la pifia producto del cansancio, de la presión permanente, el tropiezo verbal.

Decir que este arroz ya se coció, puede resultar estimulante para sus huestes, un mantra que el de Tabasco pronuncia frente al espejo, pero en democracia siquiera pensar que ya ganó, puede ser letal.

Que la tercera es la vencida es refrán, no sentencia, las encuestas fallan y, a decir de él, están cuchareadas, la suma de afectos es menos que la de desafectos, AMLO compite y los otros cuentan, suman y restan. Ha perdido, puede volver a perder. “Este arroz ya se coció” denota soberbia y eso, debilidad. Veremos.

EDITORIAL

 

La amnistía

 

Andrés Manuel López Obrador puso sobre la mesa, entre otras opciones para resolver el problema de la delincuencia organizada y la violencia que esta ha producido, una amnistía. Indultar a los responsables, quienes, obligados por el crimen organizado, participaron en desapariciones, torturas u homicidios.

Pedir perdón por la indefensión social, económica y política en la que los ha dejado el Estado mexicano. Mesas de diálogo para examinar las causas profundas de la violencia, compulsas entre la mano que tira del gatillo y la boca que no tiene qué comer.

Para combatir la violencia producto del crimen organizado, el candidato de Morena propone un alto al fuego. Ni perdón, ni olvido: una conciliación como monumento a una ola gigantesca que parece que no pasará pronto. Lo que hoy tiene al país hundido en un mar de sangre no es un grupo guerrillero en búsqueda de representación política, es un cúmulo de negocios ilegales tremendamente lucrativos que han debilitado el valor de la vida, la libertad, la humildad y la compasión por las víctimas, pero también de algunos victimarios.

La propuesta de Morena atina en diagnosticar el drama complejo que atraviesa el país. Una tragedia alimentada por cárteles económicos dedicados al tráfico de drogas, la trata de personas, la extracción clandestina de combustibles, el comercio de metales, el secuestro, la extorsión y el homicidio; potenciada por un gobierno incapaz de hacer cumplir la ley, en ocasiones coludido, incapaz de hacer justicia y resolver las necesidades de su población. Es el reconocimiento de que en las calles hay mexicanos que violan la ley obligados por su necesidad de vivir por hambre o amenaza. Eso es lo que devela la propuesta de Morena y es donde creo uno debe de colocarse para evaluar la propuesta: si perdonar a una persona que sacrifica la vida de otros por la suya o la de su familia es tentarse el corazón o el pensarlo es una atrocidad.

La amnistía es el abandono de la estrategia de seguridad de los últimos años. Es el abandono a buscar culpables porque ya no es claro si son los criminales, si es el Estado, si es la sociedad clasista y desigual en la que vivimos. Es el desvanecimiento de las responsabilidades puntuales, es la compilación de la memoria de los cruentos años que hemos vivido. No hay nada en las respuestas que ha dado AMLO que me haga creer que no estaremos escribiendo esta desgarradora crónica hasta rompernos las manos, no veo en sus propuestas y no vi en el primer debate una estrategia que remplace la actual y que atienda la violencia producida por el negocio de los cárteles. No veo esperanza en su propuesta, tan sólo desolación. No hay nada en su programa de gobierno que impida que cada día se sumen más personas a quien llorar y a quien perdonar.

EDITORIAL

 

 

El tema ausente. El aborto

 

 

El pasado 4 de abril de este año la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró que los hospitales y clínicas, las instituciones de salud no pueden negarse a practicar el aborto a las mujeres víctimas de violación que lo soliciten. Reafirmaron un asunto de derechos plenos reproductivos que deben tener las mujeres y que en muchos estados se los negaban. Aún le falta para que se legisle a nivel federal, pero con todo es un avance.

“Al recibir la solicitud de interrupción de un embarazo producto de una violación sexual, las instituciones públicas de salud deberán brindar la atención medica correspondientes a un caso de emergencia y, con la autorización de las autoridades ministeriales, deberán practicar la interrupción del embarazo.”

“Las autoridades de salud correspondientes no pueden implementar mecanismos ni políticas internas que impidan se materialicen los derechos de aquellas mujeres que han sido víctimas de una violación sexual y cuyo deseo es interrumpir el embarazo productivo de dicho acto delictivo.” Los ministros además agregaron al delito de violación, el que sí el producto tenía una alteración era un argumento más para este derecho.

Este amparo fue a partir de una menor violada en el Estado de Morelos, el hospital general de Cuernavaca se negó a practicar el legrado.

Ya en marzo del 2002 la Suprema Corte notifico a la entonces Asamblea Legislativa del DF la constitucionalidad de la llamada Ley Robles que permite el aborto eugenésico o cuando el embarazo sea por inseminación artificial no consentida. Entonces la ministra ponente fue Olga Sánchez Cordero, una mujer progresista y de ideas avanzadas. Había dejado de gobernar la Ciudad de México Rosario Robles y en ese momento lo hacía Andrés Manuel López Obrador.

Desde el 2007 se legisló con una idea mucho más avanzada, gobernaba Marcelo Ebrard y quedo en la Constitución de la CDMX ya gobernada por Miguel Ángel Mancera. Es legal interrumpir el embarazo hasta las 12 primeras semanas de gestación; cuando este sea producto de una violación; cuando la mujer esté en riesgo y cuando el embarazo tenga evidencias de que provocara graves daños físicos y /o psicológicos.

Este es aun el objetivo que debemos lograr a nivel nacional, para que la República Mexicana garantice a las mujeres que puedan vivir con derechos plenos. Un país de derechos y libertades.

Tema ausente en las campañas electorales, apenas con medio pena hablaron de los derechos de las parejas del mismo sexo, no se atrevieron a ir más allá. Hasta con pena hablaron de los indígenas, de los grupos vulnerables. La política mexicana está siendo conservadora que causan retraso en la modernización de las leyes y códigos penales.

EDITORIAL

 

 

 

El horror como forma de vida

 

 

La descomposición social y la violencia en el país llevan un buen rato en un barril sin fondo. No hay indicios de que las cosas se vayan a revertir; más bien vivimos en el horror.

Lo peor que nos puede pasar es entrar en los terrenos de la costumbre y de lo que podemos definir como “normal”. Hemos colocado a la violencia como parte d30e nuestras vidas, la tenemos entre nosotros y, en muchas ocasiones, la propagamos en nuestras redes; pareciera que por momentos nos hemos acostumbrado a ella.

El brutal asesinato de los policías federales en Guerrero es un horror desde donde se le vea. El horror estuvo en las redes por varias horas, en medio de una dosis de indignación, tristeza, profundo dolor y, quizá también, algo de morbo.

No hay día en que no pase algo que nos sacuda, pero que al mismo tiempo terminemos por integrar a la construcción de nuestra cotidianeidad.

Nos hemos ido familiarizando y hemos asumido que somos un país definitivamente violento, con una alta tasa de personas desaparecidas; con que somos el lugar del mundo en donde es más peligroso ejercer el periodismo; o con que tenemos una “epidemia” de muertes violentas. Parece que llegamos al final del día “agradecidos” de que no nos hayan asaltado o atacado.

La descomposición a la que hemos entrado no exenta a nadie.

Lo que pasó con los estudiantes de cine de Guadalajara es una manifestación más de ello. Confirma en lo que estamos metidos y también cómo la delincuencia organizada, siempre en complicidad con la autoridad, ha logrado permear en cualquier ciudad.

Todo parece indicar que uno de los tres estudiantes de cine tenía algún tipo de nexo con la delincuencia organizada. Una tía, una casa, una red de prostitución y lo que parece ser una confusión, son los elementos que detonaron los hechos.

Si se confirman las relaciones de uno de los estudiantes con los delincuentes, es una prueba más de la descomposición, la cual no tiene ni límites ni freno. La violencia con que mataron a los estudiantes y los rociaron con ácido, al igual que la manera en que asesinaron a los policías federales en Guerrero, muestra el sentido que tiene la vida para los delincuentes. No les importa ni el cómo ni de quién se trata; mandan mensajes no sólo con lo que dicen, sino también con la forma en que asesinan.

El horror es ya parte de nosotros y estamos, en muchos casos, rebasados.

EDITORIAL

 

 

El significado histórico de la abrogación del fuero

 

 

En su columna de El Universal del pasado domingo, el abogado Jorge Islas calificó la abolición del fuero a los servidores públicos como una medida de “populismo legislativo”. Parece que las fuerzas políticas nacionales comienzan a modificar sus reglas para adecuarse a una nueva época. Y es que, pase lo que pase en las próximas elecciones presidenciales, cualquiera que sea el ganador (o ganadora, por improbable que sea), resulta claro que la política mexicana se mueve hacia el populismo.

La diferencia entre los candidatos es sólo de grado: todo indica que con AMLO tendríamos el mayor acercamiento al populismo; pero con Anaya también habría medidas de esa naturaleza, como ya lo ha anunciado; e incluso con Meade, quien se vanagloria de haber propuesto la terminación del fuero.

La abrogación del fuero constitucional apunta hacia algo muy comentado recientemente por varios analistas, a saber: el inminente cambio de régimen político. Traemos a la memoria algo que sucedió hace exactamente ciento diecisiete años. Como recordará usted, el lema de Francisco Madero fue “Sufragio efectivo, no reelección”. Este lema, aparentemente austero —compárese, por ejemplo, con el “Tierra y libertad”—, era como un puñal clavado en el corazón del porfiriato. El régimen estaba fundado en la reelección de don Porfirio; sin ella, no se preservaba la estabilidad que había durado casi tres décadas. Abolir la reelección era equivalente a aceptar la victoria moral y, sobre todo, política del maderismo. Esto fue lo que sucedió antes, incluso, de que don Porfirio dejara el poder. En abril de 1911, un mes antes de la renuncia del presidente Díaz, los congresistas debatieron y aprobaron la iniciativa del diputado Francisco Bulnes para que la Constitución prohibiera la reelección del presidente, el vicepresidente y los gobernadores de los estados. No tuvo que triunfar la Revolución maderista para que le reelección desapareciera. El nuevo régimen comenzó, por lo menos en este punto crucial, antes que terminara de acabar el viejo.

La abrogación del fuero, ahora en abril de 2018, me recuerda a esa prohibición de la reelección, en abril de 1911. Hoy como entonces dos cámaras de diputados votaron de manera abrumadora a favor de una medida que hasta hace unos meses hubiera parecido insostenible. Ya veremos qué dirá el Senado en los próximos días.

La política mexicana no será igual después de que los servidores públicos dejen de tener fuero. El escenario será tan diferente, que no tenemos idea de lo que vamos a enfrentar. ¿Será para bien? Ojalá que sí. Que los políticos sin fuero ya no se atrevan a cometer delitos. Que acabe la impunidad. Que la política se limpie.

El pasado nunca se repite y el futuro es impredecible. Sin embargo, el estudio de la historia nos permite anticipar, por medio de la analogía, lo que puede acontecer en el mañana.

EDITORIAL

 

 

ETA: el hacha y la serpiente se despiden

 

La ETA pidió perdón por el dolor causado y los daños sin remedio en las familias y los amigos de sus 829 víctimas y asumió que su delirio, iniciado en 1958, nunca debió ocurrir.

Son escurridizos, como el hacha y la serpiente que los representa, porque su aflicción sólo alcanza a los que consideran inocentes, daños colaterales de su guerra contra el Estado español.

Nada dicen de los policías y los políticos que también fueron alcanzados por la lengua de fuego del terrorismo.

Mucho menos se refieren a los estragos causados en la sociedad vasca, con familias rotas y un ambiente podrido en el que privaba la extorsión para evitar el secuestro y el asesinato.

La carta que hicieron pública el 8 de abril, es la constatación de la derrota de ETA en todos los terrenos: militar, policial, moral y político.

Esto reivindica el esfuerzo de las autoridades, pero sobre todo de un sistema democrático que no se dejó amedrentar, ni cayó en la trampa de que con los terroristas existía otro camino que no fuera el de someterlos a la ley.

Para ETA el terror fue un fin en sí mismo. A estas alturas las reivindicaciones que algún día trataron de colocar en su narrativa pública cayeron a fuerza de tiros y de bombas.

Inclusive, en su última misiva, tratan de colocarse como herederos de los sufrimientos de Guernica y su destrucción por los nazis.

En 2011 anunciaron su renuncia a la lucha armada y entregaron las guaridas donde ocultaban su armamento, que en su mayoría se encontraban en Francia.

Pero la vida cambia. Hace algunas décadas, un grupo de policías entraron a una taberna de un pequeño poblado en la frontera francesa con el País Vasco.

—¿Quién de los presentes no es francés? —preguntó uno de los uniformados.

—Aquí los únicos franceses son ustedes —le contestó el encargado de la barra.

Ahí, entre las brumas de bosques y aprovechando la protección de quienes no habían caído en la cuenta de lo que estaba ocurriendo, sobrevivieron los últimos comandos de ETA.

En la actualidad son rechazados por la mayoría de los vascos, porque el terrorismo no está en la agenda de nadie, y se sabe que en los procesos políticos hay que conducirse bajo las reglas del respeto a quien piensa distinto.

El adiós de ETA se da sin glamur y sin beneficio alguno. Los presos están presos y a los fugitivos se les seguirá buscando. Lo que hicieron forma parte de expedientes judiciales y sus víctimas hoy tienen un protagonismo distinto, aunque prevalezca, en algunos casos, el miedo que proviene de los años más duros.

Es de esperar que ahora sí, la pesadilla haya terminado, aunque de hecho nunca tuvo oportunidad de prosperar.

Caudillos, cuasicaudillos y neocaudillos

Una de las categorías que se usan para estudiar la historia de América Latina en los siglos XIX y XX es la del caudillismo. ¿Qué es un caudillo? Hay varias maneras de entender este concepto, pero aquí diré que un caudillo es el gobernante de una nación que ejerce un poder absoluto sobre la base de su popularidad y liderazgo militar.

No confundamos al caudillo con el cacique. El primero es un líder nacional, el segundo es un jefe regional. Un cacique puede llegar a ser un caudillo y un caudillo puede retroceder a ser un cacique, pero la diferencia entre ambos es clara.

¿Quiénes han sido los caudillos de la historia de México? Hidalgo gobernó casi como un caudillo durante un breve periodo en Guadalajara. Pero su poder no fue nacional. Por eso lo llamaré, como a otros personajes de la historia de México, un cuasicaudillo, es decir, alguien que tiene algunas características de un caudillo, pero no cumple de manera redonda con la definición ofrecida.

Otro cuasicaudillo de la historia de México de aquel periodo fue Félix Calleja. Aunque no era mexicano, Calleja conocía el territorio nacional, tenía redes con los caciques y jefes locales y llegó al Virreinato de la Nueva España con un poderío militar que nadie jamás había tenido durante la colonia. No tenía, sin embargo, arraigo popular.

El primer caudillo de la historia de México fue Agustín de Iturbide, que unió a todo el país bajo su liderazgo fundado en el poderío militar y fue proclamado emperador por la soldadesca y luego ratificado por el Congreso, como si tratara de un emperador romano.

El segundo caudillo, el paradigmático de nuestro siglo XIX, fue Antonio López de Santa Anna. Un hombre carismático, indispensable, que estaba por encima de todas las divisiones de la sociedad. Fue en contra del caudillismo de Santa Anna que la revolución de Ayutla pretendió un nuevo principio de la nación mexicana. Del impulso de esa revolución procede la figura de Benito Juárez, que aunque triunfó en la guerra civil y, luego, en la lucha contra la intervención francesa, no fue un jefe militar, por lo que, aunque gobernó casi como un dictador, no diríamos que fue un caudillo, sino, más bien, un cuasicaudillo.

El tercer caudillo nacional, el más poderoso, el más majestuoso, fue Porfirio Díaz. Héroe mítico de guerra, conocedor de cada palmo del país, dueño de todas las voluntades. Díaz fue un dictador sui generis porque se presentaba a elecciones y las ganaba –o eso se decía– legitimando de esa manera su poder. En otra de este caudillo comenzó la Revolución mexicana.

¿Fueron caudillos Madero, Villa, Zapata y Carranza? Me parece que no, aunque podríamos describirlos como cuasicaudillos por diversas razones. Madero ganó una revolución, pero no gobernó de manera absolutista; Villa estuvo al mando de un ejército poderoso, pero no tuvo control total del país, como Zapata. Carranza fue un primer jefe, pero gobernó como un dictador más que como un caudillo.

El cuarto caudillo de la historia de México fue Álvaro Obregón. Él fue el último presidente que ganó poder por medio de su autoridad militar, de su conocimiento exhaustivo del territorio y de sus habitantes, de su liderazgo indiscutible y, a la vez, temible. Si Obregón no hubiera sido asesinado es probable que nunca hubiera existido el PRI.

Plutarco Elías Calles pasará a la historia de México por haber inventado un sistema político a prueba de caudillos. Sería un gravísimo error confundir el presidencialismo con el caudillismo. El priismo nunca fue una dictadura, mucho menos una dictadura perfecta. Sin embargo, el sistema político diseñado por Calles y perfeccionado por los presidentes que los sucedieron, ya no existe. Ahora podemos vislumbrar el surgimiento de un neocaudillismo.

Se han trazado analogías entre AMLO y otros personajes de nuestra historia. A mí me parece que este tipo de juicios comparativos sirve de poco para entender el fenómeno actual, por más puntos en común que haya entre los caudillos y cuasicaudillos de antes y el candidato de Morena. Lo que sí diría es que el proceso político en el que nos encontramos nos enfrenta con un nuevo tipo de caudillismo cuyas consecuencias tendrán que examinarse en caso de que acontezca.

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