EDITORIAL

2018: Lo bueno, lo malo y lo violento

Este domingo más de 89 millones de mexicanos salieron a elegir el proyecto de país que quieren, con conocimiento, consciencia, reflexión, y, ojalá, con una visión más allá de nuestras fronteras.

La idea fue salir a votar por el cambio que puede ser posible, no por uno improvisado ni como resultado de un apasionamiento poco sano y casi inédito, del que este proceso electoral nos ha hecho víctimas a casi todos.

Fueron 90 días en que los candidatos llamaron al voto con una “spotiza” groseramente nutrida (27 millones de anuncios) y de creatividad lamentable, de la que finalmente podremos descansar.

En este proceso electoral nuestra democracia vio nacer la “intercampaña” y algunas coaliciones de probeta, como un Frankenstein con consecuencias desastrosas que aceleró el fin de varias historias políticas que recibirán su tiro de gracia en las urnas.

La izquierda se unió con la derecha, los progresistas con los ultraconservadores y los aspirantes “ciudadanos” irrumpieron en los estatutos de las más rancias costumbres del partido en el poder con tal de lograr abanderarlo.

La figura de los independientes pareció por un momento alcanzar el sueño de crecer con tal fuerza, que le permitió llegar a la boleta, aunque luego prácticamente desapareciera como un espejismo en el desierto, entre firmas tramposas, propuestas disparatadas y un “mejor aquí me bajo”, con daños colaterales que también tendrán reflejo en las urnas.

Margarita Zavala hizo que se fueran a la basura casi 10 millones de pesos por 57 actos de campaña reportados al INE. Unos 13.5 millones de pesos que equivalen al dispendio de imprimir su nombre en las boletas, a lo que se le agrega el gasto —aún sin cuantificar— del servicio de seguridad que le proporcionó el Estado Mayor Presidencial. Y hablando de rendición de cuentas, al corte de caja final, únicamente en tres estados de los nueve que disputan un nuevo gobierno, los candidatos cumplieron con transparencia su declaración 3de3, esa nueva herramienta que tanto se ha pregonado.

Los pobladores de Arantepacua, Michoacán, se negaron a que el INE instalara por lo menos 47 casillas para la jornada comicial de este domingo.

Y qué decir de los candidatos al Senado, donde los célebres pluris ni la molestia se tomaron.

Ninguno de los primeros cinco lugares de la lista “privilegiada” del PRI, PT, PVEM y Panal rindieron cuentas de su patrimonio; Morena, PES y Movimiento Ciudadano tampoco cumplieron en su totalidad con esta modalidad que, por desgracia, aún tiene carácter de voluntaria.

Un “pendientito” que, mientras resuelve su obligatoriedad, nos deja de tarea a ciudadanos y medios de información no quitarle la lupa de encima a aquellos para que desde sus lugares en el Congreso cumplan con la fiscalización que se les imponga, para explicar cualquier peso de más o de menos.

El proceso electoral que culminó este domingo quedará marcado no sólo por los rostros que aparecen en la boleta, sino también por aquellos que quedaron fuera de ella y a seis metros bajo tierra.

Hasta la fecha del cierre de campañas se contabilizaron 133 políticos asesinados en todo el país, siendo Guerrero el principal foco rojo, con 14 homicidios.

Pero mientras en México se pinta de rojo carmesí el proceso electoral, del extranjero llega una buena noticia. Según el último corte del INE (dos días antes del cierre de recepción), los votos provenientes de mexicanos registrados en el extranjero sumaban 93 mil 442, con lo que se logró superar en más del 120% los sufragios recibidos de la misma fuente en 2012, que fueron sólo 40 mil 961.

Para este ejercicio electoral, —que también será el más reportado y observado en la historia a nivel internacional—, el Instituto Nacional Electoral previó una participación ciudadana del 67% de quienes aparecen en la lista nominal.

A pesar del millón 400 mil ciudadanos que estarán encargados de contar los votos en todo el país, y con toda la tecnología desplegada por el INE, el resultado llegará lento.

Para el “día después” tendremos para entretenernos durante la mañana el partido de la selección mexicana contra Brasil, en el que correremos detrás del anhelado quinto partido que desde 1986 no hemos vuelto a vivir en un Mundial.

Pero sobre quién nos gobernará en los próximos seis años, seguramente no habrá sorpresas. Se trata del destino que habremos elegido, “el México que nos merecemos”, y el que nos tocará enfrentar con base en lo vivido y desde cada una de nuestras trincheras.

EDITORIAL

Herencias

La cuarta transformación de México es heredera de aquellas mujeres y hombres que han escrito, hablado y luchado desde el otro lado del río. Andrés Manuel López Obrador incorporó en su discurso de cierre de campaña los nombres célebres de la otra historia del país: exguerrilleros, perseguidos políticos, líderes indígenas, prominentes políticos de la izquierda, académicos y periodistas. La herencia de la cual hace responsable a Morena aún no la merece.

Si Morena es heredera de alguna causa, no lo es de los importantes movimientos que han conquistado derechos básicos como los de los maestros, los mineros, los ferrocarrileros, los estudiantes, los indígenas, las mujeres. Aun cuando miembros activos de estos grupos hoy formen parte de las filas del partido, aun cuando se nieguen a llamarlo partido y denominarlo movimiento, Morena no es la victoria de las causas perdidas. Morena es una coalición de personas con intereses y objetivos lo suficientemente alineados para confluir en un solo grupo, como lo es también el PRI, el PAN, el PRD y sus respectivas combinaciones.

Dotar de sentido histórico sus logros personales es una tentación a la que el candidato de Morena no podía resistirse. Las victorias alcanzadas por los distintos miembros de la sociedad civil para el beneficio del país y de su consolidación democrática le pertenecen a la historia, al día a día de estas personas, de la sociedad. A la apropiación de estas causas le sigue la cruda realidad que requiere de fiel compromiso, de voluntad inquebrantable, de destreza técnica, de capacidad política, de humildad y el reconocimiento de décadas de trabajo en el gobierno que han construido un país de instituciones.

El próximo domingo 1 de julio de 2018, el pueblo acudirá a las urnas. Se presume que estaremos frente a una nueva alternancia en el poder, sin que ello implique que las personas que estarán en el gobierno sean distintas a las que ya han estado en los altos mandos políticos del país. El gobierno que llegue heredará a un país polarizado, no por las elecciones, sino por el longevo choque entre la modernidad y la precariedad, por el trágico contraste de la desigualdad económica y política. Las plataformas que se presentan en las boletas no sólo deberían de dar diagnósticos abigarrados y sobredimensionados, deberían ser plataformas con soluciones aterrizadas en el país que tenemos.

La herencia que deje el gobierno que viene deber ser, sí, la de la conquista de derechos, la del reconocimiento en sociedad de grupos desaventajados, pero también la de continuar con lo que se ha hecho bien; de la apropiación de un modelo económico que nos mantiene entre las principales economías del mundo; del papel estratégico que tiene México en el entorno internacional, y de las políticas públicas que han mejorado los indicadores macroeconómicos, de los esfuerzos para mejorar la calidad educativa y profesional del país.

EDITORIAL

¡Qué confusión!

Ya no veremos ni escucharemos los miles de spots de partidos políticos; y es que ya inició la veda electoral. Pero esta etapa, que se supone debería ser de reflexión y de silencio para que el domingo acudamos a las urnas, no será así.

Y aunque la ley establece que los candidatos no podrán realizar actos de campaña, colocar o distribuir propaganda electoral ni difundir encuestas, el control de las redes sociales es prácticamente nulo.

Se dijo que el Instituto Nacional Electoral mantendrá una estricta vigilancia para evitar que durante estos días se aprovechen de las redes sociales para hacer llamados de tipo proselitista o difundir noticias falsas; pero esto es casi imposible de lograr.

Los operadores de distintos partidos buscarán confundir hasta el último momento. La realidad es que todavía hoy son muchísimas las personas que aún no saben por quién votarán. Y es que las noticias falsas tienen como objetivo promover la incertidumbre y el supuesto fraude del proceso electoral.

Desde hace unas semanas circulan a través de WhatsApp y redes sociales cientos de mensajes y videos; por ejemplo: en uno se observa supuestamente cómo “…líderes vecinales o de partido claramente le dicen a la gente que los escucha, que les van a dar una boleta marcada a favor de ‘un partido’ y ellos deberán regresar la boleta en blanco que les dieron en la casilla…”.

El propio consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, aclaró que fue hasta el lunes 25 de junio cuando comenzó la distribución de la papelería, por lo que ningún funcionario de casilla tenía en su poder los paquetes. El proceso de entrega concluirá hasta el sábado 30 de junio. Pero el tema suma a la confusión.

También han circulado mensajes acerca de los marcadores (lápices negros) con los que los mexicanos emitiremos nuestro voto. Aseguran que son fáciles de quitar y que después de emitir el voto serán borrados y marcados a favor de un candidato.

FALSO. Los marcadores del INE no se borran y eso ha sido constatado por los medios de comunicación y representantes de todos los partidos. Incluso, Lorenzo Córdova subió un video a Twitter, donde muestra la eficacia del material. Lo puede ver en este link: https://twitter.com/lorenzocordovav/status/1007697802430963712.

Y como si no nos confundiéramos lo suficiente con tanta noticia falsa, muchas de las resoluciones de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) han abonado, y mucho, a este desconcierto, permitiendo que la gente sufrague poniendo apodos.

Como usted sabe, Margarita Zavala se retiró de la contienda electoral. ¿Qué pasará si un ciudadano vota por ella?

De acuerdo con el TEPJF, los sufragios dirigidos a la excandidata presidencial independiente serán contabilizados como votos nulos, ya que Zavala perdió sus efectos jurídicos, aunque su nombre permanezca en la boleta.

No obstante, en caso de que el elector marque en la boleta electoral la casilla de Margarita Zavala y de algún otro candidato presidencial, el voto será válido para el aspirante que sí tiene el registro vigente.

Pero el voto, digamos, normal o simple, que implica marcar en la boleta electoral el candidato y partido de preferencia, no será la única manera de emitir su sufragio.

También será válido que el elector escriba apodos o siglas que hagan referencia al candidato de su preferencia. Le explico.

Ahora, para las personas que escriban en cualquier espacio de la boleta el nombre, sobrenombre, apodo, siglas o abreviatura de algún candidato, incluso ocupando gran parte de la superficie del anverso de la boleta, se privilegiará la intención manifiesta por el ciudadano y su voto será válido.

Más confusión. Si alguien escribe Peje o Pepe, refiriéndose a Andrés Manuel López Obrador o a José Antonio Meade, fácilmente se puede confundir el sufragio.

Y es que con la resolución del tribunal, cuando el elector escriba el apodo, sobrenombre o las siglas de un aspirante y éstas correspondan al partido que lo postuló, el voto contará para el candidato y el partido correspondiente.

Sin embargo, si el votante escribe el apodo, sobrenombre o las siglas de un candidato y un partido que NO lo postuló, el voto será NULO.

Esta manera de votar también aplicará para candidatos a legisladores y cargos locales, como el de Gobernador o Jefe de Gobierno.

Es muy importante que usted se informe, no haga caso de las fake news y acuda a la casilla que le corresponde para emitir su voto. Lo más grave es no salir a votar.

EDITORIAL

 

 

Violencia que no cesa

 

En las primeras horas de este jueves concluyeron las campañas electorales. No recordamos una contienda con tanta violencia, por la que hayan tenido que declinar tantos candidatos, entre otras razones, por temor al crimen organizado, y en  la que hayan sido asesinados tantos de los aspirantes.

Según el indicador de violencia Etellet, son 130 los políticos asesinados en estos últimos meses, de los cuales, 48 han sido precandidatos y candidatos, y los demás, políticos ya en funciones.

Todo en el contexto en que el próximo domingo se votarán 18 mil 311 cargos de elección popular. Son demasiados intereses encontrados, entre ellos, los del crimen organizado, que  ha buscado desestabilizar el proceso para “defender” sus intereses.

Ahora, a menos de una semana, se habla de casi 5 mil renuncias. Tan sólo el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) reportó que hasta el pasado 10 de junio, mil 225 candidatos habían presentado su dimisión. En Tamaulipas, el instituto electoral de ese estado informó que 78 candidatos, cinco de ellos a ediles, desistieron a su postulación. Mientras que el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Guerrero (IEPCG) reportó que, hasta el 1 de junio, se habían registrado 440 renuncias a candidaturas.

Y es que la violencia contra los candidatos parece incrementarse día con día. Tan sólo el pasado lunes 25 de junio, a seis días de la elección, el candidato a diputado local de Morena por el distrito XXI (que comprende Ejutla de Crespo y Sola de Vega), Emigdio López Avendaño, y cuatro personas más, fueron asesinadas en el municipio de San Vicente Coatlán, en la región de los Valles Centrales de Oaxaca.

La semana pasada, otros dos candidatos fueron abatidos en Michoacán. Hay otros casos de candidatos que han desaparecido, pero han sido localizados.

El candidato independiente de Palmar de Bravo, Puebla, Ángel Morales Ugalde, desapareció el pasado 17 de junio, luego de que fue visto por última vez tras dejar a sus hijos en la escuela. La Fiscalía General del Estado de Puebla informó que Morales Ugalde fue localizado ileso y sin mediar pago.

Otro fue el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia a la alcaldía de Nadadores, Coahuila, Ismael Aguirre Rodríguez El Canelo, reapareció sano y salvo luego de que el pasado 12 de junio se reportara su desaparición. De acuerdo con el candidato, recibió amenazas por parte de sujetos desconocidos. “Me dijeron que les estorbaba en la campaña, que me querían fuera”, aseguró.

La realidad es que tuvo un conflicto marital, compró un boleto de autobús y se fue tranquilamente a Tijuana. Las autoridades estatales detectaron, por medio de cámaras, hasta en qué asiento había huido hacia Tijuana.

Además de los aspirantes asesinados, en Tamaulipas, la Casa de Gobierno fue atacada por un comando armado que dejó un mensaje en contra del gobernador.

En Veracruz, también el lunes pasado, Daniel García, pareja de la expresidenta municipal, Lidia Mezhua, actual directora del Instituto Tecnológico Superior de Zongolica, fue asesinado en la comunidad Paseo Macuiltxóchitl, Veracruz.

El cuñado del presidente municipal de Zongolica, Juan Carlos Mezhua Campos, fue emboscado por hombres armados, quienes le dispararon en varias ocasiones.

Por coaliciones electorales, la alianza PAN-PRD-MC registra un total de 21 candidatos asesinados, seguida por la alianza PRI-PVEM-Panal, con 14, y la coalición Morena-PT-PES, con 9.

Pero la violencia no sólo se representa a través de asesinatos; también el lunes 25 de junio, en Macuspana, Tabasco, sujetos armados robaron 11 mil 25 boletas de elecciones locales y federales.

Los delincuentes se llevaron dos paquetes con 4 mil 410 boletas para elecciones federales y 6 mil 615 para cargos locales.

Para el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, las elecciones no están “en riesgo de descarrilarse por la violencia”. Asegura que el año pasado fue el más violento en la historia del país y es en ese contexto en el que, lamentablemente, se están realizando las elecciones.

Y es que la violencia, los asesinatos y las desapariciones de candidatos desestabilizan el proceso electoral; y en este contexto, los mexicanos asistiremos a las urnas el próximo 1 de julio para elegir a nuestros gobernantes.

Gane quien gane, el gran reto de nuestro próximo Presidente es el tema de la seguridad. Un problema muy complejo de resolver, el cual es prácticamente imposible de controlar a corto plazo.

Este proceso electoral ha dejado muchas fracturas y el crimen organizado se ha aprovechado.

Habrá que ver cómo se retoma el control de la seguridad en todo el territorio nacional y si este tema, que es uno de los que más lastima a la sociedad, no se termina complicando aún más.

EDITORIAL

Gane quien gane

En momentos de tanta tensión por la elección del próximo domingo, valdría la pena valorar a la democracia. El próximo domingo se definen muchas cosas, pero también no hay que perder de vista que quienes ganen las elecciones, quienes nos gobiernen, lo harán por 6 o por 3 años.

Ellos se irán y nosotros seguiremos en nuestra cotidianeidad. Si se nos permite, en todos los casos, nos estamos contratando, por decirlo de alguna manera, durante un periodo de tiempo. Los ciudadanos debemos tener conciencia de lo que vamos a hacer al votar y entender que nuestra decisión termina colocando a un grupo de personas en posiciones en las que decidirán por nosotros.

Si bien la democracia genera incertidumbre, no sabemos, por más que se diga, quién va a ganar; están en un mecanismo que nos permite de la mejor manera posible decidir en consenso quién gobierna.

Debemos ver el próximo domingo de una manera menos traumática de la que lo hemos venido haciendo; que gane uno u otro es parte de la decisión de una mayoría, y eso lo tenemos que acatar. Seamos sensatos y rectifiquemos la necesidad de convivir, sin importar quién gane.

La elección del domingo es la oportunidad para rectificar los mecanismos y organización que tenemos, por más que nos cuestionemos. La democracia es una forma de organización y de convivencia.

Gane quien gane, a partir del lunes, como sociedad, debemos entender que tenemos que aceptarnos unos con otros y que les guste o no quien gane, debemos entender que mayoritariamente es la decisión que se tomó para los próximos seis años.

Así como los ciudadanos debemos entender lo que nos viene, es mucho más importante que los gobernantes se den cuenta de la responsabilidad que van a adquirir. No basta con que ganen, su obligación es gobernar para todos y que no se conviertan en un pequeño grupo alentador que repita todo aquello que se han pasado criticando.

Si se ratifican las encuestas en las urnas, López Obrador será el ganador; su reto es no gobernar para un pequeño grupo del cual se ha ido allegando. Muchos de ellos han sido fustigados no casualmente. No basta con que López Obrador otorgue una especie de perdón; no es un mesías, como lo quieren hacer ver muchos de sus seguidores.

Si gana López Obrador, más vale que entienda el tamaño del reto y que en el corto plazo muestre su capacidad para gobernar, y haga a un lado la idea de que para él, llegar a Los Pinos es una obsesión.

La gobernabilidad de las sociedades se ha convertido en uno de los retos más grandes; es el caso de México, pero todos sabemos que es también el caso del mundo entero. No hay país que no esté pasando por transiciones que terminan por cuestionar las formas en que se ejercen. Las sociedades son demandantes y a López Obrador y a cualquiera no se le va a permitir que no haga lo que ha presumido que va a hacer.

Hay que razonar el voto. Queda claro que es una elección marcada por emociones y por pasiones. Está difícil hacerlo de otra manera. Han sido muchos años en que los gobernantes en el ejercicio del poder han dejado mucho qué desear y han sido señalados por actos de corrupción e irregularidades, que hoy los tienen en el descrédito. López Obrador también ha estado en la lista de los señalados; sin embargo, las actuales condiciones y la rabia en muchos sectores de la sociedad parecen indicar que le quieren ofrecer un nuevo reto.

Habrá que ver, de aquí al domingo y el propio domingo, muchas cosas. La más importante, si la sociedad mexicana, más de 88 millones de personas, deciden ir a las urnas. Habrá que ver también si quienes en las encuestas han asegurado que votarían por López Obrador, lo hacen. Habrá que ver también si las autoridades electorales no se hacen bolas y no nos llevan a una noche sinfín el domingo.

EDITORIAL

 

Ni cuando gana México cesa la violencia

 

Cuando podríamos pensar que con las victorias de México en el Mundial, sobre todo cuando los resultados de nuestra selección nacional han superado todos los pronósticos y el sentimiento en la mayoría de los mexicanos es de júbilo, la violencia en el país cedería durante los festejos, esto no ha sido así.

Es verdad, el ambiente del Mundial ha cambiado el ánimo de gran parte de los mexicanos. Para muchos ha sido un respiro de la contienda electoral, la más violenta de la época democrática del país.

Pero el sentimiento de festejo no ha sido positivo en todos los casos. Algunos lo han hecho amedrentando a las autoridades; otros, asesinando a sus rivales cuando están celebrando el triunfo en los partidos.

El pasado sábado, en Ciudad Juárez, Chihuahua, siete amigos estaban reunidos en la cochera de un domicilio ubicado en Mascareñas y Primero, colonia Torres del PRI, para disfrutar del encuentro de la Selección Mexicana de Futbol contra Corea del Sur.

Cuando se desarrollaba el partido, un grupo de hombres armados irrumpió en el lugar y disparó en su contra. Seis personas murieron y una más fue herida de gravedad.

Pero no fueron los únicos. Minutos más tarde fueron asesinadas otras cinco personas al interior de una peluquería ubicada en la zona Centro. De igual manera, los hombres fueron atacados por al menos dos gatilleros. Tres de las personas fallecidas eran empleadas del lugar, mientras que las otras dos eran clientes. En ninguno de los hechos hubo detenidos. En total, ese día fueron asesinadas 20 personas.

Pero no sólo es la violencia perpetrada por el crimen organizado. En Uruapan, Michoacán, los festejos por el triunfo del Tri se salieron de control. Elementos de la Policía Federal fueron “agredidos” con espuma, al tiempo que la patrulla en la que viajaban era zangoloteada por varias personas.

El momento fue grabado por varias personas. En uno de los videos que circula en redes sociales, se puede apreciar cómo el vehículo de la Policía Federal detiene su paso debido a la cantidad de gente; es ahí cuando un grupo de “aficionados” comienza a rociar con espuma y otros líquidos a los policías; incluso, una persona se sube a la parte trasera de la camioneta, mientras otros comienzan a mover la patrulla violentamente.

Los elementos de la PF se mantienen firmes a bordo de la patrulla. En un momento dado, una persona los agrede con un objeto, al parecer una botella, y es cuando uno de los policías les hace señas para que dejen de arrojar proyectiles.

En otro video se puede observar cómo en los mismos “festejos”, un grupo de personas roba cajas de cerveza de una camioneta repartidora que pasaba por el lugar. Sin detenerse, la camioneta trata de salir de la zona mientras los sujetos abren una de sus puertas para sustraer las bebidas.

Un hecho similar ocurrió el pasado 17 de junio, cuando la selección mexicana le ganó 1-0 a Alemania. De igual manera, una patrulla federal fue zarandeada por personas que festejaban en Chilpancingo, Guerrero. Durante la “agresión”, uno de los policías que viajaba en la parte de atrás de la patrulla casi cae al suelo.

Mientras tanto, en los festejos en el Ángel de la Independencia de la CDMX, ese mismo 17 de junio, un grupo de policías fue agredido con varios objetos cuando se encontraba decomisando bebidas alcohólicas, ya que se comenzaban a registrar actos violentos.

En videos que circulan en redes sociales se puede observar cómo los “aficionados” avientan varios objetos, entre ellos botellas, a un grupo de granaderos, por lo que se tuvieron que replegar del lugar.

Momentos después comenzaron las detenciones, por lo que se originaron varias peleas entre policías y “aficionados”.

Muchas veces en los partidos de futbol, sobre todo en aquellos que tienen porras bravas, y no sólo en México, sino en muchos otros países, se generan pleitos entre los aficionados.

No es este el caso; ahora ha sido, como lo vimos en Ciudad Juárez, que los delincuentes aprovecharon que sus rivales estaban distraídos, durante los partidos de futbol, para ejecutarlos.

Y más grave aún, todas estas personas que han atacado a las autoridades alegan que son parte de los festejos.

Ojalá algún día podamos imaginar, como bien dice el Chicharito, que “sí se puede” y que nos “imaginemos cosas chingonas”.

Hoy, imaginarnos que sí se puede controlar la violencia, sobre todo en este momento preelectoral, parece difícil.

Y la seguridad será lo que más le exija la sociedad al próximo Presidente de México. Hablar de corrupción y acabar con ella, como han dicho todos, no alcanza, cuando una madre de familia no sabe si su hijo, cuando salga a la calle, va a regresar bien a casa.

La tregua de violencia y asesinatos no se ha dado ni siquiera durante los festejos del Mundial. ¡Qué pena!

EDITORIAL

“Welcome to America”

Después de días de hacer ver y escuchar al mundo entero el llanto desolador de niños migrantes, mientras son separados de sus padres para ser enjaulados como animales, producto de una de las más inhumanas políticas migratorias en la historia de Estados Unidos, Donald Trump fue calificado de cruel, inhumano, irracional y estúpido, por decir lo menos, en todos los acentos del inglés y en muchos idiomas del mundo.

La revista Time publicó esta semana, como portada, la ya tristemente célebre imagen de la pequeñita centroamericana que, llorando, suplica que la regresen con su mamá.

La fotografía quedó editada de manera que la niña queda frente a un gigantesco Donald Trump que la mira, con una mirada que resulta tan monstruosa como sus acciones. “Welcome to America”, la titulan.

Eso lleva inmediatamente a comparar, casi de manera orgánica, con aquella histórica fotografía de la niña vietnamita que corre desnuda para salvar su vida, en un grito congelado por aquella imagen de hace 46 años. ¿Por qué la comparación?

Porque muchos aseguraron en su momento que la publicación de aquella fotografía resultó tan demoledora que fue uno de los ingredientes que aceleró el fin de la guerra de Vietnam.

Guerra que quedó marcada como uno de los capítulos más imperdonables en la historia de Estados Unidos, como seguramente ya también lo será el llanto de los niños enjaulados en McAllen, Texas.

La ONU, la Unicef,  Facebook, Apple y gobiernos de diversos países (incluyendo a México, aunque de acción retardada…) consideraron inaceptable la situación que violenta los más elementales derechos de los niños.

El acto soberbio de Donald Trump de abandonar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU —al que pertenecen incluso países señalados como grandes represores, tales como China, Venezuela y Cuba— resultó precisamente un muy mal ejemplo, pues si el más poderoso deja dicho consejo, ¿qué peso moral puede tener ahora el hecho de permanecer en él?

El plan de Donald Trump de instalar “centros de detención” viola por principio las condiciones impuestas por el “Acuerdo Flores”, un fallo judicial que en 1997 determinó que ningún niño puede permanecer en un centro de detención más de 20 días, aun estando acompañado de sus padres.

La presión mediática, política y diplomática contra los hechos pareció haber surtido efecto cuando Donald Trump anunció esta semana que daba marcha atrás, firmando un decreto para mantener juntas a las familias que cruzaron la frontera de Estados Unidos ilegalmente.

Sin embargo, ésta es en realidad una decisión condicionada y de efectos relativos. La política trumpiana de “tolerancia cero” continuará.

La criminalización de todo aquel que cruce la frontera como indocumentado seguirá siendo inmediata, lo único que cambia es que no se separará a los niños de sus padres. Serán detenidos juntos.

La jaula ya no será sólo para niños, sino para la familia completa.

En México, por ejemplo, el ingreso y permanencia irregular de un extranjero en territorio nacional son una falta administrativa, no un delito como en Estados Unidos. Ésa es la gran diferencia de nuestras políticas migratorias. Allá lo consideran un crimen.

De tal suerte que Donald Trump seguirá juzgando y encarcelando como criminales a miles de indocumentados.

Pero es importante reconocer que el verdadero fondo del problema no está en los ahora llamados “campos de concentración” instalados en Estados Unidos.

Gran parte del problema radica precisamente, en los países de origen de los migrantes, incluido el nuestro.

La pobreza, desigualdad, violencia, falta de oportunidades, narcotráfico y guerrilla son factores que influyen en la desbandada de migrantes que busca vivir no sólo el sueño americano… ¡buscan simplemente vivir!

Pero, visto de otra forma, ese derecho de movimiento o migración de las personas termina justo en el lugar en el que se viola o vulnera el derecho de cada país a decidir si permite o no la entrada de ciudadanos de distintos territorios de forma ilegal.

Donald Trump, por muy loco, insensible e inescrupuloso que sea, podría estar en su derecho de impedir el paso de migrantes a su país. La forma es lo que es inadmisible.

Pero los países de origen deberían —o deberíamos—poder dar solución a los propios conflictos generadores de este fenómeno. A la que lejos de acercarnos parece que nos alejamos irremediablemente.

Quizá somos más responsables de lo que quisiéramos reconocer, de aquello que con tanto ahínco hemos podido juzgar.

EDITORIAL

 

 

Somos historias

 

Somos historias pero quizá nos pensamos y describimos como estructuras acabadas que tienen muy poco margen de cambio. Moverse fuera de los propios márgenes, en el filo de la zona de comodidad, solo es posible si realmente escuchamos y somos escuchados. Se llama “escucha generosa” y puede practicarse en cualquier contexto: familia, pareja, trabajo, vida política.

Escuchar generosamente significa ser capaz de escuchar todas las versiones sobre un asunto: el lado del sí, el del no, el de los indecisos y el individual con miedos incluidos.

Tratar de imponer una visión del mundo les quita a las personas el espacio para reflexionar, para contar su historia y para ser escuchadas de modo seguro, abierto y respetuoso. Es posible que hayamos juzgado mal los márgenes de los otros, porque creemos que son rígidos y que la orilla o el límite de cada quien siempre será el mismo.

Si nos pensamos como inmutables e irrefutables quedamos atrapados en la propia definición de quiénes somos, lo que deriva en que nuestra comprensión del mundo sea la del mundo que ya conocemos, sin margen para la novedad.

Las ideas no son fijas, la mente es capaz de cambiar y de hecho podría cambiar todo el tiempo si escucháramos más, pero preferimos hacer suposiciones sobre los demás porque es más fácil que realmente escuchar. Es más sencillo retraerse al lugar de las cosas que pensamos que sabemos con certeza y en el que estamos seguros de saber quiénes somos. Mejor las etiquetas que las interrogantes.

Retar los supuestos que hacemos sobre los otros y sobre nosotros mismos es posible, pero lo más difícil siempre será cuestionar lo que hemos asumido sobre nosotros que es tan automático que es difícil recordar desde cuándo nos pensamos del modo con el que nos presentamos ante el mundo. Sin el espacio para retar las definiciones rígidas sobre la identidad la capacidad de cambio es imposible.

Estos han sido días en los que la escuela de pensamiento que impera es la del blanco o negro. Perseguimos la verdad y e intentamos convencer a los otros de que existe una sola, por ejemplo en el plano político. No hay espacio para los grises ni para la ambigüedad, tan humana.

Somos historias y cada uno tenemos una distinta que contar: de abuso, de creencias religiosas, de clase social, de grupo étnico, de honor, de errores, de heroísmo, de sufrimiento. No existen historias equivocadas y escucharlas con generosidad nos permite entender que hay mil formas de estar en el mundo, mil creencias, mil caminos. Las historias son las que nos conectan a unos con otros, no las ideas sobre la verdad única, que nos separan.

A veces miro a la que fui y ya casi no me reconozco. La yo de del pasado no se parece en casi nada a la del presente aunque me recuerdo convencida de mis verdades de entonces. Cuando logré quitarme algunas etiquetas, descubrí el mundo de las posibilidades.

Si no fueras de izquierda, católico, panista, pro vida, feminista, poliamoroso, monógamo, ansioso, emotivo, ¿quién serías?

EDITORIAL

 

 

Putin y el poder casi absoluto

 

Vladimir Putin no quiere por ningún motivo dejar un solo espacio para que Rusia deje de ser una potencia mundial. Ha logrado, en los últimos años, consolidarse en el poder y ha logrado al mismo tiempo someter a la oposición y, en otros casos, hacerla parte de su proyecto.

En las pasadas elecciones Putin logró consolidarse. El 7 de mayo de este año alcanzó cerca del 80 por ciento del total de votos de una participación cercana al 75 por ciento. Rusia dejó el comunismo, el que controlaba las vidas de cada uno de los habitantes de este extraordinario país, para pasar a nuevas formas de gobernabilidad y control. Hay cosas en este país que sólo los rusos entienden. Tiene que ver con sus raíces y tiene que ver con nuevas generaciones que no conocen el pasado, de no ser por libres o en los recuerdos de sus ancestros.

Moscú es la joya de la corona de este país. La mayoría de los habitantes de esta enorme nación quiere venir a la capital porque aquí es donde están las oportunidades, el crecimiento económico y la posibilidad de hacer vidas diferentes. En muchas de las ciudades de Rusia las posibilidades están limitadas al conservatismo y, en muchos casos, hay pobreza.

Rusia, al mismo tiempo, ofrece un sinfín de oportunidades, muchas de ellas con un alto costo. El país recuerda su pasado, pero sabe bien que hoy las cosas son diferentes y para ello entregan algo más que su confianza en su presidente.

Como en muchas otras naciones está llena de contradicciones. Por un lado no hay penalidad en la suspensión del embarazo, pero por otro hay altas penalidades contra el público homosexual. Una pareja del mismo sexo, que vaya de la mano, es inmediatamente detenida. Algo que muestra estos niveles de contradicción es el hecho de que no se haya podido controlar el sida. Para entrar a este país uno de los exámenes más rigurosos es el de sida.

El desarrollo de Rusia en ciencia y tecnología rebasa lo asombroso. Científicos de todo el mundo, entre ellos muchos mexicanos, vienen a este país a estudiar y a desarrollar investigaciones que sólo aquí tienen cabida. La población mexicana en Rusia alcanza 400 personas, de las que la mitad de ellas son investigadores o estudiantes.

Hoy, los rusos viven una luna de miel en el Mundial, han ganado dos partidos que los colocan virtualmente en la segunda ronda. Todavía les falta mucho y habrá que ver cómo les va con Uruguay, pero por lo pronto el futbol, que no es el gran deporte en este país, los ha hecho voltear la cara y emocionarse. La noche de este miércoles no solamente fue la Plaza Roja, sino buena parte de la ciudad la que se desveló al grito de Rusia como parte de los festejos de la victoria que obtuvieron con un Egipto con un muy disminuido Salah.

Putin está haciendo la fiesta y le está saliendo hasta ahora bien. Se sabe poco o nada de la vida del presidente, es un enigma para los ciudadanos que, insistimos, alcanza en muchos casos tintes de admiración. Putin se mueve en los terrenos en donde cuando hay una crítica severa a su gobierno, responde que hay muchas cosas bien hechas que deben ser consideradas antes de que se esté criticando a su gobierno.

Rusia tiene un papel preponderante en el mundo. No está claro si se mete o no en procesos electorales de otros países. Conversando con investigadores universitarios sobre este tema nos dicen que no tienen elementos para poder opinar; sin embargo, nos dicen que Putin acostumbra engañar con la verdad. No dudan de lo que pueda hacer, pero no ven al momento algún indicio de la participación de Rusia en las elecciones mexicanas. Putin tiene el control. En muchos casos sabe hasta cómo respiran los rusos, lo quieren y admiran y algunos no dejan de ser críticos de él. Un hecho es cierto: no se mueve una hoja de un árbol en este país sin que él esté enterado.

EDITORIAL

 

 

Desmesura judicial

 

El pasado 1 de junio, el Primer Tribunal Colegiado del 19º Circuito emitió una resolución en un juicio de amparo promovido por diversos quejosos. Se les había imputado responsabilidad en la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.

En el documento de 712 hojas, los magistrados, considerando los defectos de la investigación gubernamental, así como la inexistencia de una Fiscalía autónoma, decidieron crear una Comisión de la Verdad. Es importante no perder de vista que, como mecanismo de justicia transicional, las Comisiones de la Verdad han sido establecidas por autoridades electas después de periodos donde las libertades estuvieron restringidas por gobiernos autoritarios. La Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas en Argentina (1983), por ejemplo, fue creada por el presidente Alfonsín después de la dictadura militar. En el caso de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación en Sudáfrica (1995), su origen está en una ley sancionada por el Parlamento, una vez derrotado el gobierno del apartheid. Hasta ahora, no hay una sola Comisión de la Verdad en todo el mundo que haya sido creada por resolución judicial. La razón es simple: los tribunales deben ser ajenos a los acuerdos políticos que dan origen a las comisiones de la verdad.

Independientemente de reivindicar para sí atribuciones que no son propias de ningún poder judicial, la sentencia del tribunal con sede en Reynosa, Tamaulipas, muestra una contravención a principios legales fundamentales: la división de poderes, la competencia de las autoridades gubernamentales y la autonomía de los órganos constitucionales. En efecto, al detallar el establecimiento de la Comisión de la Verdad, los juzgadores determinaron que la instancia debe ser dirigida por los representantes de los familiares de los desaparecidos, a pesar de que la Constitución establece que la persecución de delitos corresponde exclusivamente al ministerio público. Además, violando las disposiciones vigentes en materia presupuestaria, especifica que tanto la Presidencia de la República como la Cámara de Diputados deberán adoptar las medidas necesarias para que la Comisión cuente con recursos económicos. Finalmente, ignorando la razón de ser de los órganos autónomos, la sentencia impone a la CNDH el deber de asistir profesional, técnica y administrativamente a los representantes de las víctimas.

En la inobservancia de los preceptos constitucionales relativos a la división entre poderes públicos, la resolución emula a la Corte, que recientemente impuso un ultimátum al Congreso de la Unión para emitir una ley en materia de comunicación social. Se observa, también, que los magistrados llenaron el vacío dejado por la CNDH que, en casi cuatro años, ha sido incapaz de determinar la existencia de violaciones a derechos humanos en la desaparición de los normalistas.

Los apologistas de la sentencia afirman que estamos ante una resolución histórica. Es cierto, pero no por la solidez de sus argumentos jurídicos, sino por su desmesura. Los jueces, al ser integrantes de un poder público, deben actuar dentro de sus atribuciones, sin violar las atribuciones de los otros poderes ni la autonomía del Ombudsman.

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