Urzúa y Collado

Urzúa y Collado

Todo indica que para el Presidente la renuncia de Carlos Urzúa a la SHCP no es un asunto en el cual se vaya a detener, aunque se suponga que de hecho lo pudiera llevar a una reflexión sobre el estado de las cosas.

Con Urzúa fuera del gobierno todo lo que eran elogios y reconocimientos desaparecieron, hasta parece que fue un error haberlo designado. Ayer el Presidente le dio una buena zarandeada, de defenderlo hace algunos meses de las críticas que hizo Germán Martínez sobre la forma en que se estaba desarrollando la estrategia económica la cual afectaba al IMSS, pasó a las críticas, pero para el extitular de Hacienda.

En la mañanera apuntó que el Plan Nacional de Desarrollo parecía que lo había hecho “Meade o Carstens, dicho con todo respeto, porque son buenas personas”. Llama la atención que hayan tenido que pasar siete meses para que se dieran cuenta de la perspectiva que Urzúa tiene de la economía.

Independientemente de los argumentos que plantean el extitular de Hacienda y el Presidente, la renuncia debería ser, por principio, una buena oportunidad. Sin embargo, todo indica que López Obrador no hizo acuse de recibo. Le dio vuelta a la página con la designación de un muy buen personaje.

Por lo pronto, no están del todo claras las consecuencias que pueda tener el cambio. El nombramiento de Herrera ha sido inicialmente bien recibido, de alguna forma se va capeando el temporal. Habrá que esperar al mediano plazo para ver cómo reaccionan los mercados.

Mientras el martes en la mañana el gobierno tuvo una fuerte sacudida, hacia la tarde fue detenido uno de los abogados más identificados con casos fuertes y bravos y ligado directamente a lo que el Presidente llama la “mafia del poder”.

En medio de inevitables interpretaciones del escándalo matutino pasamos al escándalo vespertino. Si esto fue pensado como parte de una estrategia para, en algún sentido, mitigar lo que se podía venir con la renuncia de Urzúa; de alguna manera la detención de Juan Collado de algo sirvió.

No están para pasarse por alto los nexos que tiene con los expresidentes Peña Nieto y Salinas de Gortari, más allá que haya sido detenido comiendo con el eterno líder petrolero Romero Deschamps.

Para atenderse está lo que se puede venir detrás de estos dos sensibles asuntos.

Las finanzas del país en este sexenio también se manejan desde Palacio Nacional, a la vieja usanza. El reto para Arturo Herrera es defender su proyecto y mostrarle al Presidente las opciones que pueden presentarse ante la cuestionada economía.

Se reconoce que las calificadoras a veces actúan bajo criterios que pueden ser cuestionables. Sin embargo, son un referente para los mercados internacionales. No se pueden descalificar tan fácilmente porque son el instrumento para los inversionistas; es lo que los lleva a decir sí o no a un país.

Arturo Herrera sabe bien a lo que se enfrenta, sobre todo porque conoce muy bien a su jefe. Sabe qué terrenos pisar, pero también en qué terrenos debe de dar sus grandes batallas. Si no hubo acuse de recibo con la renuncia de Carlos Urzúa, el nuevo titular de Hacienda tendrá que hacerle ver al Presidente y a su círculo de incondicionales que los proyectos se deben ensanchar sin hacer a un lado los objetivos centrales de gobierno.

Por otro lado, todo parece indicar que Juan Collado se la pasará un buen rato en la cárcel. Lo que tendremos que ver es hasta dónde llega su detención. No basta con que salga el nombre de los expresidentes, no deja de ser una oportunidad para empezar a abrir expedientes de temas que están en el imaginario colectivo.

El pasado martes ya está ubicado como uno de los días significativos de la presente administración.

EDITORIAL

Gobierno dividido

Las últimas administraciones federales democráticas convivieron con un “gobierno dividido”. Es decir, el Ejecutivo federal no contaba con mayoría en el Congreso y eso obligaba al Ejecutivo a negociar con el Legislativo su programa de Gobierno. Hoy la situación ha cambiado; Morena cuenta con la mayoría en el Congreso (impulsada por el voto popular, pero también por los acuerdos de coalición); sin embargo, la división gubernamental ahora no es con las Cámaras; es en el mismo gobierno, en el gabinete.

No se trata de un gobierno dividido, como uno esperaba que pasara, atribuible al pasado político diverso de sus miembros. Cuando Germán Martínez renunció, en mayo, al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fueron muchos los que sospecharon que la razón de su renuncia era su incompatibilidad con la Cuarta Transformación, resultado de su formación panista. Sin embargo, la carta de renuncia del exdirector del IMSS fue clara al señalar “injerencias perniciosas” por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que no sólo le impedían desempeñar sus funciones como director, sino que estaban obstaculizando las funciones sustantivas del IMSS.

No es un gobierno dividido por los funcionarios que no se ciñen a la austeridad republicana. En la renuncia de Josefa González Blanco a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la exsecretaria señaló como causa de la renuncia el hacer esperar un avión para que pudiera tomar el vuelo. Sin embargo, tiempo después se dio a conocer que la secretaria justificaba su falta de atención a la crisis de incendios y la llegada del sargazo a las playas, a que, con el fin de cumplir con las políticas de austeridad impulsadas por Hacienda, había tenido que despedir a miles de trabajadores y que, sumado a ello, tenía una restricción presupuestal que le impedía hacer frente a los compromisos de su Secretaría.

Ahora sabemos que tampoco es un gobierno dividido por la Secretaría de Hacienda. En su carta de renuncia a la SCHP, Carlos Urzúa denunció la inexperiencia de funcionarios públicos impuestos dentro de la dependencia,  conflictos de intereses y toma de decisiones de política pública sin sustento.

El gabinete no es un cónclave, sino una extensión del Presidente para el ejercicio de sus funciones; su división es una noticia espeluznante, pero alentadora para los que se oponen a la 4T. El Ejecutivo ha hablado incesantemente de conservadores y neoliberales. Con el fin de activar a sus bases y justificar su propio radicalismo ha creado un lenguaje fanático, fantástico y radical, que ha poseído a sus bases que exigen las acciones transformadoras y “necesarias”, que hagan realidad el discurso enardecido. Y aquí está la división en el Gobierno: mientras unos hacen miles de sacrificios, no por placer, ni por pasión, ni energía, sino simplemente por su indecisión a costa de la economía, de la seguridad, del trabajo de miles de funcionarios y de su propia reputación profesional, hay otros funcionarios que les resulta inadmisible trabajar renunciando a su razón y a su coherencia.

EDITORIAL

Después de Urzúa

Una de las razones de la relevancia política de la renuncia de Carlos Urzúa es que ha quedado probado, más allá de toda duda razonable, el despilfarro de recursos públicos en programas caprichosos e improvisados. Lo habíamos dicho muchos con evidencia anecdótica, aquí y allá. Pero ahora lo reconoció en su carta el exresponsable de Hacienda, Crédito Público, Programación y Presupuesto.

Los jueces y magistrados federales que frenaron el capricho de Santa Lucía pueden sentirse reivindicados por el servicio prestado a la Nación, al posponer lo que es, a todas luces, un error de inversión e infraestructura. Los empresarios y ONG miembros del colectivo #NoMásDerroches deben sentirse orgullosos por enfrentar decisiones políticas sin fundamento, a pesar de recibir insultos por “obstruir”. Y aunque los partidos de oposición se alegren, los remeros del navío 4T no deberían, como reacción inversa, “montarse en su macho”. La Patria es primero. La lección que les toca asumir es comprender, por fin, el deber patriótico de hacer las políticas públicas con base en evidencia.

Hay evidencia en términos de seguridad, ambientales y económicos de que Santa Lucía no es una buena idea. Hay evidencia etnográfica de que la beca universal a estudiantes no se está invirtiendo en las familias y, con mucha frecuencia, se va en comprar celulares vistosos o en alcohol. Hay testimonios contra empleadores que dicen contratar a jóvenes, pero que, en realidad, les han ofrecido un porcentaje de la beca a cambio de no hacer nada.

La hechura de las políticas públicas con base en evidencia no tiene nada que ver con el neoliberalismo. Se llama sentido común o, si prefieren, racionalidad presupuestaria. Cuando AMLO presumió en uno de los debates presidenciales que las ayudas a adultos mayores habían salido de su corazoncito, seguramente no mintió. Pero una golondrina no hace verano. México peligra por exceso de voluntarismo. La gran diferencia entre Lula y AMLO es obvia ahora. El primero no le consultó a solas a su corazón para diseñar “Bolsa familia”, su gran programa social; se inspiró en modelos exitosos, aunque lejanos, e ideológicamente opuestos, como “Solidaridad”, de Carlos Salinas.

En este contexto, es perverso que algunos políticos de la 4T quieran aprovechar para ganar adeptos en las corrientes más de izquierda de Morena, con el cliché de Urzúa neoliberal. El senador Monreal escribió que la renuncia del responsable de Hacienda era previsible, porque “no es fácil adaptarse a un proyecto cuyo objetivo es sacudirse el neoliberalismo; los intereses son fuertes; las resistencias, también. Confiamos en el cambio de régimen; debemos perseverar. Respaldamos la decisión presidencial”. Si colocáramos su tuit en un traductor que pase de la retórica a las verdaderas motivaciones políticas, leeríamos: “Ahora tengo la oportunidad de ganarme a esos sectores del partido que no me apoyaron para gobernar la capital. Creen que Urzúa salió por razones ideológicas y no por la improvisación y los caprichos de la 4T”.

EDITORIAL

Una renuncia para pensarle

Quizá el martes fue el día más difícil que haya tenido López Obrador desde que ganó las elecciones, hace más de un año.

El impacto de la renuncia de Carlos Urzúa no sólo está en la renuncia misma, sino en el contenido de la misiva que le envió al Presidente. Explica con claridad las dificultades internas que tenía para ejercer su cargo.

Lo dicho por Urzúa tiene, además, cuestionamientos que no se pueden soslayar: “se han tomado decisiones de política pública sin sustento, resultó inaceptable la imposición de funcionarios sin conocimiento de la Hacienda Pública”. Lo que menciona a continuación no puede quedarse sólo en una simple explicación; merece una investigación, porque, de comprobarse, estaremos ante un delito: “esto fue, asegura, motivado por personajes influyentes con un patente conflicto de interés”.

Las consecuencias se dejaron sentir de inmediato, particularmente en la cotización del dólar. La sensible baja en la Bolsa Mexicana de Valores se debió a una serie de razones. La renuncia de Urzúa fue una de ella; pero no necesariamente la central, como se quiso hacer ver.

Lo que sería un grave error, con consecuencias en el ejercicio del poder, es andar como si nada hubiera pasado bajo el “se va uno, pero ya tengo al sustituto”. La explicación del Presidente en la presentación de su propuesta del nuevo titular de Hacienda, en la persona del sensible y avezado Arturo Herrera, pareció que lo que quería era cerrar la puerta sin hacer acuse de recibo: “él no está conforme con las decisiones que estamos tomando”.

Las renuncias en los gobiernos van y vienen. El gran problema que enfrenta López Obrador es que no estamos ante ajustes de su gabinete, sino ante renuncias, que de fondo tienen argumentos y razones que cuestionan y que debieran llevarlo a hacer un análisis de lo que hasta ahora se ha hecho; ante esto no tiene sentido el “voy derecho y no me quito”.

Como era de esperarse, algunos han salido en defensa de López Obrador; de la noche a la mañana, todas las virtudes que presumían de Urzúa desaparecieron por arte de magia; o más bien, por arte de su renuncia. Hay que reconocer que era un buen funcionario, que es un buen profesional y que al final actuó en conciencia.

En algún sentido, las renuncias de Germán Martínez como director de IMSS y la de Carlos Urzúa tienen puntos coincidentes. Las dos apuntan a diferencias internas en las estrategias económicas y en el diseño de las políticas públicas.

Los dos personajes no sólo tienen buena fama como profesionales; en su trabajo en este sexenio fueron reconocidos y suponemos que por todo ello y más fueron designados por el Presidente en sus estratégicos y sensibles cargos.

Algo no está funcionando; o si se quiere, algo se tiene que ajustar. Se han dado a conocer encuestas de empresas serias, en las que el Presidente empieza a pagar los estragos del ejercicio del poder y de las decisiones que ha tomado, en forma y fondo; era previsible.

La gran ventaja que tiene el Presidente son sus altos niveles de aceptación y popularidad. Sin embargo, empieza a estar cada vez más expuesto y con renuncias como la de ayer. También le renunció el director de la Unidad Antisecuestros de la FGR. Además de expuesto, también empieza a ser cuestionado.

Un elemento final a considerar sobre ayer. Carlos Urzúa no se guardó nada en su carta; es un buen dato, porque nos la hemos pasado bajo las renuncias por motivos de salud. Ofreció razones y explicaciones que no deben ser desatendidas con el argumento de que “quien no quiera seguir en el barco, que se baje, porque la 4T va”.

Lo que ha pasado estos meses obliga a considerar las renuncias como la de Martínez y la de Urzúa bajo el análisis; no con militancias ni con las tripas.

EDITORIAL

45 días, tache o palomita

El tema migrante no nos va dejar en paz, con todo y que el gobierno le cumpla a Trump todas sus demandas.

Si bien es un asunto que hoy tiene la marca centroamericana, no se puede soslayar lo que está pasando con los mexicanos en EU y con los connacionales que siguen intentando cruzar la línea.

A pesar de que ha disminuido el número de mexicanos que intenta pasar a EU, el asunto sigue siendo de atención. Por razones obvias nos hemos concentrado en la migración centroamericana, pero la mexicana no debe perderse de vista, insistimos, con todo y su disminución.

La demanda migrante ha generado una suerte de mercados paralelos. Los migrantes tienen que pagar casi por todo. Así como existe una solidaridad manifiesta de muchos ciudadanos, también hay casos, no pocos por cierto, en los que se les explota y se les engaña de manera brutalmente grosera.

La semana pasada alertábamos sobre los problemas que están enfrentando los migrantes ante las nuevas políticas del gobierno mexicano. Se están buscando nuevas rutas para cruzar el país para llegar a la línea, las cuales son de alto riesgo.

No sólo se debe a que son más peligrosas por lo arriesgado que de suyo es cruzar el país por su orografía. Están también las condiciones en las que lo hacen, a lo que se suma el que estén sujetos a un “pollero” que en una de ésas puede ser capaz de dejar a los migrantes a la intemperie y en medio de la nada.

No es casual que ayer el presidente de la CNDH le haya solicitado a la Guardia Nacional que haga públicos los protocolos que está instrumentando para detener a los migrantes. Aseguró en la 44 reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, que en caso de que no existan deberán crearse y transparentarse. Por cierto, sigue siendo un enigma por qué el Presidente está distanciado de la CNDH, además de que no deja de ser un hecho desafortunado.

No perdamos de vista de nuevo que las razones por las cuales la gran mayoría de los migrantes deciden dejar sus lugares de origen son definitivamente justificadas, en muchos casos están entre la vida y la muerte en sus propios países.

No queda claro cuál va a ser el criterio que va a utilizar Trump para ponernos palomita o tache en el tema migratorio, los 45 días del emplazamiento siguen corriendo. Atenerse a lo que escribe a diario en sus tuits no da garantías de absolutamente nada.

Estos días se la ha pasado elogiándonos a toda hora. Tiene razones electorales para hacerlo, lo hace para recordarle a toda hora a los demócratas que el Gobierno de López Obrador sí hace la tarea migratoria, en tanto que ellos no. Pero también recordemos que el presidente de EU puede cambiar totalmente de opinión de un tuit a otro; los elogios de hoy pueden ser agresiones y adjetivos mañana.

El otro problema que se nos va acercando tiene que ver con la decisión que tomó el presidente Trump de hacer redadas al interior de EU en contra de migrantes sin papeles, la iba a instrumentar estos días, pero optó por hacerlo en una o dos semanas.

El dilema para el gobierno de López Obrador va a poner a prueba, lo que define como una relación reconocida y ponderada con el gobierno de Trump. ¿Qué va a hacer cuando se empiece a expulsar migrantes y se dé cuenta que la gran mayoría son mexicanos? Suponemos que lo primero que será que llegue a su fin es el club de los elogios mutuos.

El canciller Ebrard vislumbra lo que puede venir, habla de defender a los mexicanos en EU, al tiempo que los consulados ya están haciendo lo propio.

Tres cosas no quedan claras: qué va a pasar cuando se cumplan los famosos 45 días del tache o palomita, qué va a pasar con los mexicanos cuando empiecen las redadas y, sobre todo, qué va a hacer López Obrador ante esto.

EDITORIAL

AMLO, de ayer a hoy…

Aquella noche del 1 de julio de 2018, en México todo comenzó a cambiar, empezando porque el Presidente electo inició su mandato casi desde el primer minuto del día siguiente.

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador fue tan aplastante para la administración saliente —ya para entonces inéditamente impopular—, que Enrique Peña Nieto y todo su gabinete prácticamente desaparecieron mucho antes del 1o de diciembre.

“Posiblemente nunca, al comienzo de un gobierno, se haya hecho tanto en tan poco tiempo”, dijo el Presidente, el lunes pasado en el Zócalo capitalino, en su “informe de labores” a siete meses de haber asumido el cargo. Pero hay otros datos…

La Ley de Remuneraciones —o “Austeridad Republicana”, como mejor se le conoce— ha sido de lo más destacado, ¿y cómo no?, si ya suman más de 21 mil trabajadores los que han “renunciado” a sus puestos en 263 dependencias de gobierno, ante la instrucción de reducir el gasto de recursos al mínimo.

Dicha austeridad ha sido la responsable de algunas de las 11 renuncias de altos funcionarios en los últimos siete meses, entre miembros del gabinete y otros de organismos autónomos.

Esta semana fue Luis Abelardo González Quijano, titular de la Unidad de Energías Renovables, de la Secretaría de Energía (Sener), quien anunció a través de su cuenta de Twitter que por motivos personales dejaba su cargo.

En el recuento, Clara Torres Armendáriz, directora de Estancias Infantiles, fue de las primeras en irse, luego de anunciarse la decisión de desaparecer el programa que atendía a 315 mil niños menores de cuatro años, para dar lugar a la entrega de un “apoyo directo” de mil 600 pesos a los padres y “evitar así la corrupción”…

Quizá la salida más estridente es la de Germán Martínez, de la dirección del IMSS, con la dura carta que reveló las afectaciones de los tijeretazos; Simón Levy, a la Sectur; Patricia Bugarín, a la SSPC…

Tonatiuh Guillén López dejó el Instituto Nacional de Migración sin detallar causas, cuando se anunció el acuerdo con Estados Unidos para frenar la migración de Centroamérica, incluyendo el despliegue de la Guardia Nacional, ante las advertencias de organizaciones de derechos humanos sobre la falta de capacitación en dicha materia.

“De ustedes va a depender mucho el que llevemos a cabo entre todos los mexicanos la cuarta transformación”, dijo Andrés Manuel López Obrador a los miembros de la Guardia Nacional en el Campo Marte hace unos días, envolviendo en la nube del olvido aquellos años en los que desde la oposición criticaba severamente la militarización del país.

Esta Guardia Nacional que ha tenido una atropellada recepción en sus primeros días, y a ver si no pasa de ser la esperanza de paz, a la mayor de sus polémicas.

En su festejo, López Obrador reconoció que la seguridad es un pendiente y ¡vaya que lo es!; si entre la austeridad ha quedado en entredicho el presupuesto para ese fin, que era claramente prioritario.

Lo advirtió el Observatorio Nacional Ciudadano al señalar que de los 239 mil millones de pesos de inversión en seguridad, sólo 33 mil mdp (14 por ciento) están destinados a la prevención, mientras que el 70 por ciento del recurso se va en gastos operativos.

En lo que toca a la cultura, para muchos es el capítulo más doloroso, porque una vez más resultó ser la más ninguneada, junto con la ciencia y la tecnología, como se puede ver en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

Aunque el Presidente dio la cara por el “error” cometido sobre las universidades públicas, ”porque yo hice un compromiso de que no se iba a reducir”, dijo el mandatario, en una ocasión —de varias— en que ha tenido que salir a mitigar los errores de su equipo.

En lo que no claudica —pese a la polémica— es en la construcción del Aeropuerto de Santa Lucía. El 17 de junio, el Poder Judicial de la Federación ordenó su suspensión definitiva y el proceso para resolver si el proyecto continúa o no podría tomar varios años si la apelación del Gobierno no obtiene resultados favorables.

Mientras tanto, millones de viajeros pagarán las consecuencias de este litigio con un aeropuerto insuficiente en la Ciudad de México, el número 20 entre los 50 más conectadas del mundo.

La salud, la economía y la violencia son nuestros grandes pendientes, y lo reconoce López Obrador. Porque lo que se percibe es lo que es y el temor es inocultable…

No es que México no se la juegue con el Presidente que tan convencido eligió, pero quien sabe cuánto tiempo más aguante los dolorosos golpes de la violencia y la evidente falta de oportunidades; así, sin una estrategia precisamente clara, al final del túnel…

EDITORIAL

 

Lo trágico y el miedo a la muerte

 

El trabajo de un terapeuta debería servir para que los pacientes aprovechen mejor el presente. Es una idea poderosa y un motor clínico extraordinario, aunque todos los días los terapeutas se enfrentan consigo mismos y con los otros y se ven repitiendo viejos patrones heredados y aprendidos, como en una tragedia griega en la que no hay salida alguna porque la maldición transgeneracional debe cumplirse.

Jesús Silva-Herzog escribió Contra la tersura, un ensayo sobre el intento de rehuir al dolor y al lamento, a la experiencia de lo trágico. Cita a Simon Critchley, filósofo inglés que entiende lo trágico como “la conspiración en la que activamente nos coludimos para obrar nuestra propia ruina”, porque la tragedia exige algo de complicidad con los fantasmas que habitan el inconsciente.

Nos gusta pensarnos libres de elegir nuestro destino cuando en realidad somos “juguetes, tuercas, trapos”. Aceptarnos miserables, llenos de contradicciones, viviendo entre ilusiones rotas y quizá por encima de todo, mortales, nos llena de angustia y ganas de escapar del dolor de nuestra extinción y de los que amamos.

El miedo a la muerte, con su perspectiva absurda de dolor y sufrimiento, amarga la existencia de tanto en tanto. Critchley afirma que frente a la mortalidad “o nos lanzamos a los placeres del olvido, de la intoxicación, de la acumulación de dinero y posesiones o creemos en formas mágicas de la salvación y en las promesas de inmortalidad de las religiones”.

Es el miedo lo que nos esclaviza: “Quien ha aprendido a morir ha desaprendido a ser un esclavo”, sentenció Montaigne. Habría que preguntarse qué actitudes, emociones e ideas tenemos ante nuestra finitud. Cierta tranquilidad y calma ante la muerte es el objetivo último para muchos filósofos. Paradójicamente, aceptar y vivir con conciencia de mortalidad, hace que la felicidad sea posible.

Critchley describe en su libro la muerte de 190 filósofos: Heráclito se ahogó en excremento de vaca, Diógenes murió conteniendo la respiración, Guillermo de Ockham falleció por la peste negra, Tomás Moro decapitado, Descartes de neumonía, Montesquieu en los brazos de su amante, Rousseau de una hemorragia cerebral, Roland Barthes atropellado, Deleuze defenestrado, loco de dolor por enfisema, Derrida de cáncer de páncreas, a la misma edad a la que había fallecido su padre y de la misma enfermedad.

Critchley sugiere eliminar el ansia de inmortalidad y agrega que lo realmente duro es encontrar cura para la muerte más difícil de soportar: la de la gente que queremos: “Sus muertes son las que nos matan, las que deshacen el traje de nuestro yo, las que deshacen el sentido que le hemos dado a la vida” y se pregunta qué tipo de alegría o tranquilidad es posible después de esta tragedia.

Aceptar la mortalidad es aceptar las propias limitaciones. Aceptar que la muerte es el límite de la vida, que somos criaturas no autónomas, influidas y acotadas por la naturaleza y la cultura puede ser la máxima lección de humildad.

EDITORIAL

México, rumbo al bipartidismo

Tras la contundente derrota electoral de 2018, para la oposición, inició un proceso de reacomodo que está modificando el escenario político nacional hacia el futuro.

Para el PRI, el camino ha sido cuesta arriba. Poco ha podido incidir en el debate público en los últimos 12 meses y es, según todas las mediciones, el partido con la imagen más negativa.

Acostumbrado a existir alrededor del poder, sus gobernadores, que deberían ser la base de su reposicionamiento opositor, como lo fueron tras su primera derrota electoral, en el año 2000, están desdibujados en su cercanía con el Gobierno federal. Hoy, el partido es noticia por las descalificaciones de sus propios militantes al proceso interno para renovar su dirigencia. Así, el panorama luce poco alentador.

El PRD parece encaminado a la desaparición. Y aun frente a una posible refundación, la falta de liderazgos fuertes y claridad en lo que defienden o representan, anticipan un futuro difícil para ese partido.

Movimiento Ciudadano, por su parte, parece haber perdido la inercia positiva con la que Enrique Alfaro llegó al gobierno de Jalisco y con la que terminaron siendo protagonistas en el Frente electoral que formaron junto al PAN y PRD en 2018.

Los primeros procesos electorales del sexenio demostraron que siguen siendo sólo un partido con fuerza local, focalizada en pocas regiones del país.

El PT y PVEM, al igual que los probables nuevos partidos (la resurrección del PES y el de Elba Esther Gordillo), parecen encaminados a acompañar a AMLO y Morena, al menos, hasta 2024.

Así, llegamos al PAN como la alternativa natural de oposición hacia el futuro; tal como los procesos electorales de junio pasado, en seis estados, lo confirmaron.

Aunque sus mayores logros como oposición a AMLO, los alcanzó gracias a la formación de un bloque opositor junto al PRI, PRD y Movimiento Ciudadano en el Senado, con el obligado costo en identidad, a diferencia de los demás partidos, el PAN sí ofrece cierta claridad ideológica a los ciudadanos. Sus posiciones frente a los principales debates son relativamente predecibles.

Hacia el futuro, frente a una figura tan polarizante y dominante del debate público como López Obrador, es probable que la principal definición política de los mexicanos en 2021 sea asumirse a favor o en contra del Presidente.

Por eso, si Acción Nacional logra sumar a su posicionamiento el abanderamiento de causas propias, atractivas para los descontentos con la Cuarta Transformación, la mesa está puesta para ser el aglutinador de la oposición.

Si el PAN entiende que su objetivo no es convencer a los simpatizantes de Morena, sino en ser la opción de los opositores, para las elecciones de 2021 en México podríamos transitar, de facto, a un modelo bipartidista. Con dos partidos dominantes que representan de manera clara posiciones distintas.

Depende del PAN. De saber cuándo soltar la mano de su alianza con el resto de la oposición; de conectar con los descontentos de la 4T defendiendo sus causas en común; y de enfocar su trabajo localmente, donde Morena es más débil.

EDITORIAL

Los migrantes, las nuevas rutas y su desesperación

Entre las presiones de EU por darle un giro a la migración en el país y por la necesidad misma que tenemos de cambiar las políticas migratorias ante los nuevos escenarios, se pierde de vista el fenómeno que se está presentando en la dinámica de movimiento de los migrantes.

Después de todo lo que viven y padecen desde sus países de origen, es obvio que son capaces de hacer lo que sea con tal de alcanzar su objetivo; es una vieja y repetida historia.

La agudización de los escenarios, particularmente el cierre de fronteras, y los problemas que se viven en Honduras, El Salvador y Guatemala han creado condiciones nuevas y más problemáticas.

Cerca del 70% de los migrantes toman la decisión de migrar debido a lo que viven en sus ciudades de origen. El entorno de inseguridad, intimidación y violencia son las constantes en la toma de decisiones. El otro 30% ronda sobre un factor también de importancia: la desesperada situación económica bajo la cual viven muchas familias.

La razón por la que la migración está siendo familiar, a diferencia de lo que pasaba hace algunos años, es que se han dado cuenta de manera brutal que dejar a sus parejas, padres e hijos es igual o de mayor peligro que migrar.

Cuando un migrante o una familia decide dejar la casa, la primera que se entera es la delincuencia organizada, los delincuentes del orden común, las pandillas e incluso, los políticos locales, quienes sí ven al eventual migrante como opositor, con todo lo que esto puede significar, terminan por agredir a todos los integrantes de su familia y en el camino, a sus más cercanos.

Algunos de los testimonios escuchados estas semanas son dolorosos, tristes y desesperanzadores. No estaría por ningún motivo de más, parece más bien ser una obligación, que las autoridades estén plenamente al tanto de ello y que no se la pasen bajo la consideración de que los migrantes son números que reportar; y en que hay que quedar obsesivamente bien con el vecino antes de 45 días. Para Donald Trump, López Obrador es un gran Presidente; dice que “está haciendo un trabajo formidable”, porque hace lo que le exige y que pocas veces pide o solicita.

Los migrantes viajan con todo y con todos como mecanismo de salvación colectiva. Intuyen, muy pocas veces saben a ciencia cierta, a lo que se van a enfrentar, pero algo sí saben en carne propia quedarse en sus ciudades ellos y sus familias tiene riesgos de vida o muerte.

En la desesperación de saberse cada vez más acorralados, muchos de los migrantes han empezado a buscar nuevas rutas para tratar de llegar a EU. Están buscando, además, materialmente esconderse de las autoridades mexicanas, las cuales han diseñado nuevas estrategias para cerrar el ingreso y movimiento dentro del país.

Los migrantes viven en el riesgo con las nuevas rutas o con las conocidas. La desesperación los lleva a tomar decisiones al límite y son capaces de jugársela ante lo que tengan enfrente.

Quienes se encargan de encontrar o inventar las “nuevas rutas”, son los polleros; de eso viven. De los tiempos en que los migrantes se subían a La Bestia, en general no lo han dejado de hacer, aunque ahora es en menor número y que podía costarles la vida sin que se pudiera saber qué fue de ellos; estamos entrando a otro doloroso drama por las nuevas rutas.

Como no hay forma de tener un registro preciso, la frontera sur es brutalmente porosa, no se sabe por dónde se mueven y qué rumbos toman los migrantes. Se podría entrar en una especie de hoyo negro, como pasa con quienes cruzan la línea, vía el Sásabe, para pasar del desierto de Sonora al de Arizona.

Es un tema integral que no sólo es de números, detenidos y de cumplir con tal de que no impongan aranceles.

EDITORIAL

Restaurar la confianza

Hace un año, después del triunfo de AMLO, se escribía esto: “el que haya sido un gran día para la democracia no es sinónimo de un buen futuro para los mexicanos. El que hayamos elegido democráticamente no quiere decir que hayamos elegido correctamente, sobre todo si existe la posibilidad de girar 180 grados y pasar de una economía basada en la empresa privada, la competencia y el libre comercio, a otra basada en la intervención gubernamental, los monopolios estatales y el proteccionismo, giro que muchos consideramos posible con AMLO. ¿Qué tan probable será?”

Hoy, un año después, la empresa privada sigue operando en el país (no ha habido expropiaciones ni se han propuesto), muchas de esas empresas están sujetas a la competencia, tanto nacional como extranjera (aunque AMLO quiere restaurar el monopolio de CFE y PEMEX en electricidad y petróleo, cancelando la Reforma Energética), y, sobre todo frente a las amenazas proteccionistas de Trump, AMLO está a favor del libre comercio (aunque pretende la autosuficiencia en ciertos alimentos y combustibles).

El principal problema creado por AMLO ha sido el golpe dado a la confianza de los empresarios, nacionales y extranjeros, quienes a partir de la cancelación de la construcción del NAIM en Texcoco, a finales de octubre pasado, han dejado de invertir directamente en México, y allí está el comportamiento de la Inversión Fija Bruta (IFB), que se realiza en instalaciones, maquinaria y equipo; para probarlo: en octubre creció 1.9 por ciento y en marzo, último mes para el que tenemos información, decreció 5.9.

Ese golpe a la confianza de los empresarios, traducido en la caída de la IFB, ocasionó un menor crecimiento de la economía, medido por el comportamiento del Producto Interno Bruto, que en el tercer trimestre de 2018, antes de la cancelación del NAIM, creció 0.7 por ciento, para decrecer 0.2 por ciento a lo largo del primer trimestre de 2019.

Cierto, no ha habido expropiaciones, muchas empresas están sujetas a la competencia, y el gobierno no ha impuesto medidas proteccionistas. Pero también es cierto que medidas que van, desde la cancelación del NAIM, pasando por la cancelación de licitaciones petroleras, hasta la apertura de procesos de arbitraje para la revisión de contratos para la construcción de gasoductos, han hecho de la mexicana una economía menos segura y confiable, lo cual se ha traducido en una preocupante caída en la IFB, con el resultado inevitable: decrecimiento de la economía, lo cual afecta la producción de bienes y servicios, la creación de empleos y la generación de ingresos.

Para enderezar el rumbo que está tomando la economía, es indispensable restaurar la confianza de los empresarios, algo que la 4T no está dispuesta a hacer. ¡Grave error!

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