EDITORIAL

El medio, el mensaje y el poder

Es probable que no nos estemos dando cuenta que mucho de lo que se dice en foros públicos, en el Legislativo y en los medios está siendo visto y considerado como “cierto” o “verdadero” por el simple hecho de quien lo dice.

Al mismo tiempo, algunas preguntas se ven como actos de agresión o algo parecido, lo cual viene a provocar respuestas con reacciones desbordadas que se pueden interpretar como si fueran ataques personales.

Esto está siendo una de las razones por las cuales no se logra elevar el nivel del debate. Nos enfrascamos en debates menores sobre temas mayores. A veces porque las interrogantes no se plantean debidamente, o porque las respuestas no satisfacen a quien se le hacen, o porque no son claras y bien pudiera ser que terminen por confundir las cosas.

Se está entrando en terrenos en que se emiten opiniones sin datos que pudieran comprobarse para hacer valer y darle valor a lo que se expresa. El peso y fondo de lo que se dice no está en lo que se argumenta, sino en quién lo dice. Los interlocutores sólo por serlo se están convirtiendo en la respuesta y todo lo que salga de ellos pasa a ser algo así como la “verdad”.

Las conferencias mañaneras son parte de este fenómeno, no son el único espacio en que se da, pero han pasado a ser una de esas formas, lo cual además le han servido al Presidente como una forma importante para establecer la gobernabilidad.

No solamente a través de ellas se va armando la agenda del día, más bien podríamos decir que se llega a dictar bajo la muy clara concentración del poder presidencial.

Como ya lo hemos planteado en otras ocasiones, las mañaneras tarde que temprano van a tener que transformarse. Es mucho tiempo de exposición, lo que puede llevar al desgaste, pero sobre todo, lleva a que se responda con argumentos que no necesariamente tengan una convalidación con la realidad.

Son muchas las horas que ha sumado el Presidente en las mañaneras. Es un ejercicio que, si bien es encomiable, también lo coloca en escenarios delicados, en que por razones obvias, puede terminar por plantear informaciones que, aunque sean asumidas como ciertas, sucede que al final del día sean desmentidas o precisadas.

Hemos entrado en los riesgosos terrenos en que sólo porque lo dice el Presidente las cosas son vistas como definitivas. La 4T está en rumbos de un pasado del cual ha presumido que quiere superar y dejar.

A menudo se aparecen los fantasmas de los tiempos en que el tótem preguntaba la hora a lo que al unísono le  respondían “la que usted diga”.

La fuerza política de López Obrador es más que evidente. Se la ha ganado sin la menor duda, es lo que quiere la sociedad, la cual no sólo lo apoyó y apoya, sino que también lo quiere, como lo expresan todas las encuestas de popularidad y aceptación sobre el Presidente.

Lo importante es elevar el nivel del debate. El Presidente tiene el control y el mando como pudiera ser que pocos Presidentes en los abrumadores tiempos priistas tuvieron. Tiene una capacidad de maniobra formidable la cual, no se ve cómo pudiera perder.

Su palabra cuenta por muchos motivos, no sólo por ser el Presidente es desde hace tiempo un referente del y para el país.

Está en él elevar el nivel del debate y escuchar lo que desde otras tribunas plantean. En el tema de la Guardia  Nacional no ha tenido la sensibilidad para asimilar y atender las muy atendibles opiniones de investigadores y especialistas sobre su proyecto. López Obrador debe saber que él es el medio, el mensaje y, sobre todo, el poder.

EDITORIAL

 

 

¿El pasado los condena?

 

El Presidente no tiene la manera de estar absolutamente al tanto de todo. Para un hombre de sus características y formas, no se ve cómo pueda delegar el poder y dejar en otros, decisiones que pudieran ser estratégicas, por más que quiera, y le urja, estar en todo.

Por lo general confía sólo en él y en su particular sentido y olfato que tiene sobre el quehacer político. Gente cercana al Presidente asegura que en el caso de las designaciones de funcionarios, el total de ellas pasó por su visto bueno y su respectiva aprobación; dicho de otra manera: sólo él palomea.

Sin embargo, para echar a andar un gobierno de un país como el nuestro, es difícil que no se le escape más de un nombramiento. En el Conacyt ya se han presentado dos nombramientos, que todo indica, no pasaron por la mirada de López Obrador; o no le parecieron importantes.

El hecho ha provocado una reacción airada de un sector particularmente sensible, por lo que representa y ofrece para el país; nos referimos a la comunidad científica.

No se menosprecia el trabajo de diseño de modas en ningún caso, lo que se cuestiona es que una persona dedicada a esta actividad sea asignada en un cargo en el cual no hay indicio alguno de que tenga experiencia, y más tratándose del área científica, de su proceso de organización y desarrollo.

Éste no es el único caso desde que llegó el nuevo gobierno. Lo que sucede es que en esta ocasión hubo repercusiones mediáticas, lo que incluyó que fuera tema en las largas y ya muy afamadas conferencias mañaneras, lo cual lo potenció ante la opinión pública.

El tema no queda con sólo hacer a un lado, si es el caso, a una persona que no está claro el porqué se le asignó a un cargo para el cual no cumple con los requisitos, tanto por su currículo como por su experiencia profesional.

El querer empezar de cero no lleva a ningún lado. Es hacer a un lado la experiencia de mucha gente en el ámbito científico; es también partir de estereotipos y de un menosprecio a lo que se venía haciendo. Con defectos y virtudes, el Conacyt ha sido clave en la vida de muchos científicos para el país. Habrá que preguntarse si no existe un perfil idóneo para dirigir esta área; o si de lo que se trata es más bien de llevar a cabo una especie de fumigación, con tal de acabar con un pasado, que, por lo que se ve, no han revisado; más bien se la han pasado señalándolo.

Es altamente preocupante que se vaya estableciendo una especie de fobia, o algo parecido, en contra de quienes hayan ocupado cargos públicos con anterioridad. Pareciera que su formación y experiencia profesional dejó de contar en su vida. Se les señala y se les maltrata como si fueran los representantes directos del neoliberalismo, junto con todos los prejuicios que esto conlleva.

En varias dependencias se ha venido despidiendo personal con experiencia y capacidad. Por un lado está la urgencia de ahorrar a toda costa, sin importar a quién se llevan en el camino; pero, por otro, se está perdiendo del radar quiénes son capaces, sin importar que el estigma del neoliberalismo los alcance.

Muchos  profesionales que trabajan en el gobierno no son ni del PRI ni del PAN, y si usted quiere, ni del PRD. Tampoco son militantes ni seguidores de las causas de Peña Nieto, Calderón o de Fox. Son profesionales que se han dedicado a hacer su trabajo, que no tienen base ni prestaciones y que, a lo largo de muchos años, han aprendido qué hacer, cómo hacer sin importarles quién gobierna. Hacen su chamba y, en muchos casos, insistimos, lo han venido haciendo muy bien.

No se puede empezar de cero ni partir de que la vida empieza con la cuarta transformación. Es necesario, para la gobernabilidad, que se hagan bien los diagnósticos.

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Linchamiento o justicia

Soltar nombres de presuntos responsables de delitos o irregularidades por lo general si a alguien le cae bien es a la tribuna.

No hay quien lo pase por alto porque se vuelve rentable, tanto en redes como en medios. Poco importa si al paso del tiempo los personajes aludidos terminan por ser inocentes, lo que queda es que se les señaló y difícilmente se van a poder quitar la imagen que en pocos minutos se creó de ellos y ellas.

No se soslaya que mucho de lo que se ha hecho en el país, bien y mal, se ha desarrollado a través de formas y mecanismos cuestionables. La corrupción, paradójicamente, también ha sido parte de proyectos que le han sido redituables al país lo que no los hace parte de lo que debiera ser la vida nacional.

Si tenemos a la corrupción como una forma de vida, tiene, hasta cierto punto lógica que algo de lo que se haya hecho haya salido, por decirlo de alguna manera, “bien”. No se justifica y menos aún se debe dejar pasar, pero lo cierto es que con la corrupción a cuestas podrían presentarse muchas cosas de toda índole. Así es como nos la hemos pasado a lo largo de décadas.

Sin embargo, la idea de que todo está mal y que desde que llegó el nuevo gobierno todo está cambiando no tiene su referente con los hechos. Se han presentado varios asuntos que han evidenciado errores, falta de planeación, consultas sesgadas, opacidad, ausencia de licitaciones, imposiciones, conflictos de interés, entre otros.

Esto no quiere decir que las cosas no estén paulatinamente diferentes, quiere decir que el gobierno nuevo en muchos casos está cayendo en todo aquello que se prometió y se dijo asimismo que  nunca diría y menos haría.

El pasado para el nuevo gobierno nos condena como nación. Todo lo que se hizo antes está mal y todo está marcado y definido por la corrupción. No hay quién se salve y quizá por ello se lanzan nombres de presuntos responsables de delitos y denuncias que al final pueden no necesariamente ser ciertas ni se demuestran ante la justicia.

El Presidente ha expresado que no quiere meterse en largos juicios ni en escándalos, argumentando que le puede quitar tiempo y atención de lo que se ha propuesto hacer.

Sin embargo, el gobierno debería ser cuidadoso en soltar nombres de presuntos responsables de delitos, y en hacer señalamientos de asuntos ante los cuales no va a dar un segundo paso.

Pareciera que está buscando más que hacer justicia, denostar y desacreditar a personajes del pasado que tanto fustiga y señala. Si bien muchos seguidores del gobierno toman lo dicho en las mañaneras como la “verdad”, también es cierto que las personas aludidas tienen derechos, más allá de ser la comidilla del día, producto de las afamadas y largas mañaneras.

No está nada fácil desmarcarse de la abrumadora ola de opiniones que se echan a andar por parte de los furibundos seguidores del Presidente.

Lo de este lunes es un buen ejemplo. ¿A quién creerle, a lo que dijo el director de la CFE sobre los conflictos de interés y corrupción señalando a un buen número de conocidos exfuncionarios, o lo que ellos se han dedicado a responder?

Si no se da un segundo paso todo va quedar en la denostación, que no en la justicia. El gobierno sabe que en los terrenos de la opinión pública tiene la batalla ganada, López Obrador intenta por lo regular, meter ciertos asuntos bajo esta dinámica, los cuales pueden terminar bajo la máxima de “la mesa que más aplauda”.

Sin un segundo paso viene el linchamiento y esto no tiene nada que ver con la justicia.

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Ahí viene la crítica

Como le hemos viniendo alertando, la prisa que trae el gobierno no es necesariamente una aliada. No hay duda de que muchas cosas en el país están siendo diferentes desde que llegó López Obrador, hay mucho de lo inédito en lo que estamos viviendo.

Sin embargo, en el camino se han venido rompiendo muchos platos. Entre lo que dice el Presidente y lo que su equipo interpreta se han presentado muchos problemas que bien pudieron ser evitados.

El asunto más reciente es el de las estancias infantiles. Desde la óptica de gobierno se ve un problema generalizado y no es así. El lamentable y triste caso del incendio en la guardería ABC, en Hermosillo, evidenció una parte de las irregularidades, a lo que se sumó la falta de una revisión regular al inmueble.

En una mañana aparecieron todos los problemas que tenía la guardería, los cuales, con una revisión de la instalación, se pudieron evitar. Lo que pasó en Sonora dolió en todos los sentidos, porque además, para muchos padres y madres de familia no se hizo justicia.

Sin embargo, no tiene sentido decir que las estancias y guarderías del país están bajo situaciones similares, que están llenas de corrupción o que hay que sustituirlas por “las y los abuelitos”.

El cariño y los lazos familiares en este tipo de relaciones es, sin duda, importante, pero para un desarrollo integral se requiere de un trabajo profesional y formador, que no se ve cómo lo puedan hacer los “abuelitos”, independientemente de que muchas de ellas y ellos puedan estar en edad de seguir trabajando en otras actividades.

Este tipo de circunstancias se han venido presentando en otras áreas de gobierno. La forma en que se ha despedido a mucha gente no tiene ni pies ni cabeza; no se ha reparado en su capacidad profesional. Pareciera que su error fue haber trabajado en los “gobiernos del neoliberalismo”. No tiene sentido que crean que lo que hizo antes no sirve de nada y que a partir de su llegada llegaron los tiempos de la “iluminación” o algo similar.

El ejercicio del poder inevitablemente desgasta. Por más popularidad que se tenga, al tomar ciertas decisiones, algunos sectores son afectados.

La clave desde esta posición es saber atender y entender la crítica y, sobre todo, estar atento a los inevitables procesos de desgaste. A la crítica no se le puede pasar de largo, bajo el supuesto de que se hace para agredir o evidenciar al gobierno, y menos caer en que con todo y que se sabe de su sistemática presencia, irse hacia los tiempos absurdos del “ni los veo ni los oigo”.

En las últimas semanas se ha intensificando la crítica contra el gobierno, tanto en medios de comunicación como en las redes sociales. Tiene lógica porque en la medida en que va pasando el tiempo el gobierno inevitablemente se expone. Se van conociendo sus políticas, qué tanto va a cumplir sus promesas de campaña y, sobre todo, realmente quién es y quién ya está siendo como gobierno.

La crítica va a ser cada vez mayor. Es probable que enfrente la reticencia de más de alguno en el gobierno, pero en particular va a tener entre los millones de furibundos seguidores de López Obrador un dique brutalmente bravo.

La diferencia de opiniones sobre el rumbo del país se va a intensificar; de hecho, estas semanas hemos empezado a ver algo de ello. Lo que se va viendo también es que algunos simpatizantes de López Obrador están siendo críticos sin dejar de ser sus seguidores.

Más que ponerse piel de elefante, es importante que el gobierno entienda y esté atento a lo que está por venir con una actitud democrática, digan lo que digan sus millones de simpatizantes. La crítica es al final un referente para la gobernabilidad.

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Aterrador

México es una “gran fosa clandestina”. Esto fue lo que dijo ayer el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, y todo indica que tiene toda la razón. Lo declaró en la instalación de la estrategia nacional contra la desaparición y la búsqueda de personas ausentes.

Ésta es una de las grandes y dolorosas asignaturas pendientes que tenemos. La desaparición de personas es una de las manifestaciones más abyectas que ha provocado la violencia que se ha vivido en el país en los últimos años.

Las fosas clandestinas acaban por evidenciar el sentido que en muchas partes del país se le está dando a la vida. Da igual dónde se deja un cadáver o dónde se le entierra.

No existe el mínimo respeto para nadie. Se pueden dejar los restos de una persona en una bolsa en plena calle, a la vista de todos; se puede enterrar en cualquier predio a quien es considerado “enemigo”, junto con otras personas que quizá ni conoce; o también puede aparecer “alguien” colgado de un puente para mandar mensajes de venganza y de lo que le puede pasar a aquellos que se atrevan a meterse con quien se asume como el más fuerte.

Nos la hemos pasado viendo estas historias en nuestras vidas, no hay quien no las vea o no las conozca; no hay forma de evitarlas. Para muchos menores de edad, todo esto ya forma parte de su cotidianeidad y en algún sentido, se ha entrado en los terrenos del riesgoso concepto de ver lo que pasa como si fuera “normal”.

Las cosas han ido adquiriendo una dinámica en la que a menudo se encuentran situaciones límite a la vuelta de donde vivimos. El Colectivo Solecito, de Veracruz, es prueba de ello. Durante una manifestación en la que exigían la presentación de sus familiares y amigos desparecidos, una persona se acercó a una de las dirigentes para entregarle un papel, lo presentó y se perdió entre la gente que iba en la marcha.

En el papel estaba escrito el lugar donde se encontraba una fosa. De inmediato fueron con las autoridades, las cuales en un primer momento dudaron de la información.

Después de muchas presiones, las autoridades aceptaron y se dirigieron al lugar. Días después encontraron la fosa llena de cadáveres. Lo que más llamó la atención es que dicha fosa estaba ubicada a sólo 10 minutos del centro del puerto de Veracruz.

Éste es uno de los muchos casos que se han ido  conociendo, ya sea por denuncias o por la firmeza y valor con el que muchos ciudadanos se abocan a buscar a los suyos. Se sabe de situaciones similares a la de Veracruz en Edomex, Oaxaca, Guerrero, Tamaulipas, Chihuahua, Durango, Morelos, por mencionar los casos que más han indignado y han llamado la atención, no sólo al interior del país.

Las cifras oficiales son aterradoras. Se asegura que hay 40 mil personas desaparecidas, mil 100 fosas  clandestinas en diferentes lugares del país y 26 mil cadáveres sin identificar. Si bien estos números son oficiales, es muy probable que las cifras sean mayores. Algunos investigadores reportan que la cifra de personas desaparecidas puede llegar a cerca de 70 mil.

La tarea que tiene el Gobierno es, a fin de cuentas, de todos. La cantidad de personas que se han visto afectadas, directa o indirectamente, por las desapariciones, muertes violentas y la violencia generalizada llega a millones.

Un muy importante paso se dio ayer, con la instalación de la estrategia contra la desaparición y la búsqueda de personas ausentes. Se le va a proporcionar un buen presupuesto y este viernes será nombrado el encargado de la Comisión Nacional de Búsqueda, con el objetivo de que esta instancia funcione y no sea una “simulación” a decir de Encinas. Se están dando pasos firmes, quisiéramos pensar que serios y con convicción, para enfrentar lo aterrador.

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Ya es febrero

Con excepción de algunos golpes de suerte, sólo con hábitos mejores podemos tener una vida más cercana a lo que anhelamos.

Dejar de posponer proyectos, cuidar la salud, detener la queja como forma preferida de comunicación, no se logran como si fuera magia y mientras la vida pasa.  Es posible y deseable modificar algunas conductas sólo que el camino hacia la construcción del hábito es largo y aburrido.

Por eso es mejor pensar pequeño y no al revés. James Clear los llamó “hábitos atómicos”: un pequeño hábito que hace una enorme diferencia. Arreglar un cajón, leer una página diaria, fumar un cigarro menos cada semana, dormirse cinco, 10, 15 minutos más temprano cada día, son el principio de proyectos más grandes como tener una casa ordenada, ser un lector más constante, dejar de fumar o mejorar la calidad del descanso. Ryan Holiday, autor de varios libros interesantes, sugiere que nos preparemos un día antes: si vamos a nadar o a correr será más fácil poner la ropa, los tenis y la maleta junto a la cama. En las mañanas, especialmente en invierno,  desistir de cualquier actividad deportiva es más probable; es común que se termine enero y aún no comience la construcción de hábitos nuevos.

Además de las pequeñas cosas, podemos elegir un reto: recoger basura en nuestras caminatas diarias, correr un medio maratón (no corran uno completo, es una trampa), meditar unos minutos todos los días. El reto es personal. A mí, por ejemplo, no me afecta dejar los tacos pero sí el azúcar. Algunos son adictos al ejercicio gracias a que son ansiosos y para ellos no sería un reto como sí lo es para alguien con síntomas de depresión, levantarse todos los días a correr.

Dice Holiday que hay que rodearse de gente “buena”. Gente que no fuma y que se ejercita. Pienso que la vida puede convertirse en un lugar muy aburrido e impoluto si le hacemos caso a Ryan. No queremos a un amigo porque es buena influencia, aunque si estamos intentando dejar las drogas o el cigarro, quizá sea buena idea salir con los amigos deportistas que casi todos tenemos. Con ellos podemos sincronizarnos voluntaria y temporalmente. No así con la pareja o con los amigos de toda la vida a los que queremos, ojalá, tal y como son.

Una sugerencia interesante de Holiday es consumir menos información porque el mundo está fuera de nuestro control. Leer algunas noticias o tuits de presidentes puede amargarnos la mañana, sin exagerar.  Enfocar toda la atención en los secuestros de mujeres o en los muertos de esta mañana a veces es insoportable y aunque la realidad no va a desaparecer, podríamos administrarla de vez en cuando sin que sea sinónimo de apatía. No vamos a salvar a nadie vía la indignación pública pero sí podemos alinear nuestra identidad con nuestros actos. Ser respetuoso, compasivo o íntegro son los ideales grandes que le dan sentido a las pequeñas cosas que tenemos que hacer todos los días.

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Demasiada exposición

El Gobierno deberá entender que no basta sólo con su palabra para responder a las críticas u observaciones que le hacen.

Si bien el Presidente no deja pasar una, esto no significa que al hacerlo termine por tener la razón.

Que sus seguidores y cercanos se sumen a lo que expresa, no es condición de que tenga la razón. Las  muchas maneras que existen de ver las cosas obligan a tener, particularmente desde el ejercicio del poder, una mirada plural y, sobre todo, receptiva.

Hablar del respeto a la libertad de expresión y a los críticos de un gobierno, sea éste cual fuere, sólo vale si en el terreno de los hechos, o si quiere, en la práctica, se lleva a cabo. Es un reto para cualquiera y ya lo está siendo para López Obrador.

Se han venido incrementando las críticas contra el Gobierno y da la impresión de que no se están sabiendo leer ni interpretar. El Gobierno está por encima, junto con los otros dos poderes constitucionales, lo que le coloca en una posición de privilegio y responsabilidad.

Las respuestas a diversas críticas y observaciones, tanto internas como externas, han tenido dosis de intransigencia y de no atender a detalle y receptivamente lo que se plantea.

La palabra y autoridad moral del Presidente no está, por ningún motivo, en entredicho. Lo que empieza a ser eje de comentarios y reflexiones, son que las respuestas se basan más en la palabra del Presidente que en elementos que definan las cosas.

Nos referimos a presentar datos y cifras probados y fundamentados que pudieran darle peso y fuerza a lo que dice, más allá del valor de su palabra en sus respuestas inmediatas en las mañaneras. La importancia de hacerlo de seguro repercutiría de manera positiva en la opinión pública.

Hacerlo nos daría más y mejores elementos para entender y participar de lo que hace el Gobierno; además de que le otorgaría una imagen de profesionalismo y seriedad, que le va a redituar en certeza y confianza no sólo entre sus furibundos seguidores.

La parte que más expone al Presidente en sus reuniones mañaneras es que se ve obligado a responder todo lo que plantean, sepa o no del tema. Son ya varias las ocasiones en que deja muchas dudas en sus respuestas. En medio de esto, el peor enemigo de los millones de seguidores está siendo la ausencia de crítica.

Estando ante un parteaguas en la historia, no podemos dejar pasar algunas cosas bajo la presunción de que la palabra del Presidente resuelve todo.

La terca realidad no se enfrenta sólo con buena voluntad o con palabras. Se requiere de algo más; se requiere de información, de datos y documentos que le permitan tomar las mejores decisiones. La clave para una buena gobernabilidad está en la buena información, la cual en algunos casos ya se tiene, en otros habrá que crearla y en cualquiera circunstancia, hay que alentarla e invertirle.

La respuesta que dio López Obrador al reporte de la calificadora Fitch sobre Pemex muestra la confusión en la que se puede caer. No dudamos que traten hoy, en la mañanera, de entrar en la operación cicatriz y seguramente la libren, como ha pasado en otras ocasiones. Lo cierto es que el Presidente dio muestra de que no tenía información básica de lo que es una calificadora y para qué sirve.

Aristóteles Núñez planteó ayer, en Twitter: “las empresas calificadoras no tienen dentro de sus tareas o actividades detener el saqueo de un gobierno… miden la fortaleza y certidumbre financiera de un país o una entidad que emite bonos de deuda… su función es calificar riesgos”. Empieza a ser demasiada la exposición.

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¿Alguien se acuerda de los estudiantes?

De nuevo son los estudiantes los grandes perdedores por el paro magisterial. Los actores del conflicto magisterial en Michoacán tienden a remitir el tema a una discusión que tiene mucho que ver con una visión primitiva de la política, y también a una lucha y defensa de posiciones.

Quienes menos cuentan son los estudiantes. Son los  que van acumulando rezagos sin que puedan recuperarse; entran en un círculo vicioso y pudiera ser hasta perverso.

A lo largo de muchos años hemos visto cómo la CNTE y diferentes gobiernos se la han pasado “resolviendo” sus problemas sólo de manera coyuntural. Después de confrontaciones, algunas de ellas profundamente desgastantes y de alto riesgo, llegan a “arreglos” que en muchos casos pueden ser, paradójicamente, el inicio de futuros conflictos.

El Gobierno, tanto el federal como los estatales, busca resolver a como dé lugar los problemas. Muchas veces ni cuenta se dan de lo que firman con tal de acabar con el conflicto. Ofrecen y ponen su mejor cara a sabiendas de que en un año podrían volver a vivir exactamente lo mismo.

Ésta es una historia muy conocida en la CNTE y saben muy bien qué hacer con ella. Entienden los tiempos y han desarrollado lo que llaman “estrategias de lucha” efectivas y mediáticas que logran captar la atención pública.

Cada determinado tiempo se presentan situaciones similares y se hace y dice lo mismo. La CNTE sigue siendo la misma en su estructura y en sus formas, sus dirigencias, por lo general, duran mucho tiempo, en tanto que los gobiernos cambian cada seis años y en la mayoría de los casos todos terminan por enfrentar más o menos lo mismo.

En algunos estados los gobernadores saben que tarde que temprano van a tener a la CNTE a las puertas de sus oficinas. Oaxaca es la prueba más acabada de ello. Cada determinado tiempo sus calles y su plaza central son tomadas por maestros, simpatizantes y vendedores simpatizantes.

No se soslaya que en Oaxaca, Guerrero, Chiapas, por mencionar estados en donde la CNTE tiene una presencia importante, se vive bajo condiciones brutalmente adversas. Esto ayuda a que en estas entidades se desarrollen escenarios de protesta y en muchos casos de apoyo e identidad con la presencia y demandas de la Coordinadora.

Lo que se está viviendo en Michoacán no es diferente de lo que ya se ha presentado en otras ocasiones. La diferencia está en que se llegó a creer que la relación que en campaña estableció López Obrador con la Coordinadora, las cosas tendrían otras formas de hacerse, lo que no significaba que se inhibieran sus demandas, las cuales traen en su agenda.

Las soluciones que se han encontrado en otras ocasiones han dejado, por lo general, vacíos. Si bien las condiciones del país van cambiando y, por lo tanto, las demandas de los maestros también cambian, lo cierto es que no se han encontrado mecanismos de interlocución que permitan atender las cosas antes de que estallen.

Está claro que en muchas ocasiones pareciera que de lo que se trata es que los conflictos estallen más que intentar evitarse, particularmente por parte de la CNTE.

En Michoacán se presentan muchas variables al mismo tiempo. Entre el Presidente y el gobernador Silvano Aureoles hay una clara distancia, se lo decíamos ayer, la cual se acentuó con lo que dijo el mandatario en el sentido de que el gobernador andaba en Europa y que por ello no atendió la demanda de la CNTE. Cierto o no, esta opinión no ayudó mucho al diálogo que se presumía habría anoche entre todas las partes del conflicto.

La CNTE no va a cambiar con un gobierno u otro. Lo que pasa es una alerta para López Obrador, porque quizá pensó que esto con él en la Presidencia no pasaría.

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¿Chantaje? No será la primera vez

No queda claro si en esta ocasión la CNTE le va a hacer caso al Presidente. El lunes, el mandatario les pidió que sean “conscientes”, junto con una velada crítica a lo que están haciendo en Michoacán.

El Presidente dijo algo que no está muy claro cómo interpretarlo: “no reprimiremos a la CNTE, pero no vamos a dejarnos chantajear”. Todo indica que no quiere enfrentar a la Coordinadora, lo que puede llevar al conflicto para largo. Si algo tiene la CNTE es una capacidad de maniobra efectiva y más en estados donde es muy fuerte, como es en Michoacán.

La CNTE sí le está entrando al multicitado juego de vencidas. Lo está haciendo tanto con el gobernador Silvano Aureoles como con la Presidencia. Saben que existe una distancia real entre el gobierno del estado y el federal y están viendo hasta dónde pueden jalar la liga.

El desencuentro de Silvano Aureoles con el Gobierno federal, en particular con el titular de la SCT, anda en la etapa de los tuitazos. Quizá este enfrentamiento también pase por el recuerdo del apoyo que Silvano otorgó a José Antonio Meade en la elección presidencial, hecho que anda en el interpretar y sobreinterpreta las cosas.

El gobernador lanzó ayer un reto el cual de alguna manera busca enfrentar en otros escenarios a la CNTE. Acepta que se audite la SEP del estado como lo pide la Coordinadora, pero al mismo tiempo propone que se audite también a la organización de los maestros.

Lo que en el camino también pudiera estar buscando la CNTE es ganar posiciones ante la inminente discusión sobre la propuesta de Reforma Educativa del Presidente, la que va a sustituir a la conocida como la “mal llamada”.

Muchos temas más están en la mesa. No se puede perder de vista que, aunque el Gobierno no lo quiera ver así, la CNTE lo está poniendo a prueba, lo anda calando. Quiere ver hasta dónde va a llegar siendo ya que saben de entrada que López Obrador no va a tomar la decisión de desalojarlos de las vías del tren.

No es casual que su crítica esté dirigida centralmente en contra del gobernador. Con el gobierno central la CNTE no se ha metido. Las opiniones del Presidente y de la titular de Gobernación les han de haber caído en lo general bien, con todo y que en el camino se han llevado uno que otro rozón inevitable.

Lo que exige la CNTE, reconociendo que a lo largo de muchos años el sector magisterial ha sido muy castigado, se ve más como forcejeo político que como una revisión sobre las condiciones de trabajo. Son acciones y formas que tienen que ver con la CNTE desde su creación.

Por un lado busca la defensa de las condiciones de trabajo de los maestros, en muchos casos con base en presiones internas a los profesores que componen la organización, y por el otro lado han logrado al paso de los años tener una fuerza real más que por ser un ente gremial, por ser una organización marcadamente política. Si bien todo es político, la CNTE hace de la acción política su razón de ser, y tiene en sus efectivas movilizaciones su estrategia probada y reconocida.

¿Dónde y cuándo va a parar la toma de la vías del tren? No está claro. El conflicto ya escaló y no se le puede dejar suelto. El cierre de las vías está causando serios problemas y ya provocó una firme reacción del sector privado, el cual le está exigiendo al Presidente que resuelva en lo inmediato el asunto.

López Obrador asegura que no lo van a “chantajear”, pero en el fondo algo de eso está tratando de hacer la CNTE. El Gobierno federal no puede hacerse a un lado dejando que el conflicto se alargue.

Suponemos que nadie sensatamente pide reprimir o desalojar las vías por la fuerza. Lo que sí se pide es que se coordinen, que dejen de agarrarse a tuitazos y que arreglen el problema. No más que eso.

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Los 23 de enero en Venezuela

El presidente de Venezuela había gobernado durante 5 años, después de haber llegado al poder con unas cuestionadas elecciones en las que seguramente hubo fraude. Al acercarse el final de su mandato constitucional, decidió que aún podía darle más de sí a su nación y que no sería una mala idea tener otro periodo de gobierno, por lo que convocó a un plebiscito —no reconocido en su Constitución— en el que le preguntaría a la población si aprobaba su continuidad en el cargo por otro término.

En unas elecciones celebradas en diciembre, plagadas de irregularidades y que la oposición no reconoció, el presidente tuvo 86.7% de apoyo para que no dejara de gobernar al pueblo que lo aclamaba. Ante la posibilidad de que el presidente se eternizara en el cargo, los partidos de oposición y miles de venezolanos comenzaron una serie de manifestaciones que día con día congregaban a más críticos. Algunos sectores del Ejército también comenzaron a retirar su apoyo y se articularon varios intentos de golpe de Estado. Para la tercera semana de enero, las movilizaciones eran multitudinarias, se había instalado un paro nacional de labores y, finalmente, una Junta Militar desconoció al presidente, que la madrugada del 23 de enero subió a una avioneta y huyó del país.

Por en el desenlace de la historia, es claro que no se trata del presidente actual de Venezuela. La historia es sobre Marcos Pérez Jiménez, que escapó el 23 de enero de 1958, y cuya renuncia dio inicio al regreso de la democracia después de una serie de mandatos militares. En la historia nacional, esta fecha se mantiene como un recordatorio de que la movilización masiva puede y ha logrado derribar a gobernantes que mandan al diablo a las instituciones.

Marx dijo en alguna parte que los grandes hechos, así como los grandes personajes de la historia, aparecen dos veces: primero como tragedia y luego como farsa. En esta ocasión, la farsa era el gobierno de Nicolás Maduro, listo para celebrar un año más de este episodio histórico, con la certeza de que los votos con los que había logrado mantenerse otro periodo de gobierno le daban las riendas incuestionables del país. Con lo que no contaba el gobierno era con que la oposición leería este aniversario como un recordatorio de logros democráticos del pasado, por lo que aprovecharían los paralelismos para buscar una vez más la calle y elevar la apuesta.

Así, en un arriesgado lance, el presidente de la Asamblea Nacional (que desde 2016 fue desconocida por Maduro y sustituida por una Asamblea Nacional Constituyente en la que todos sus miembros apoyan al régimen), Juan Guaidó, interpretó el texto constitucional para decir que, al haberse declarado a Maduro como usurpador de las últimas elecciones, en realidad había una ausencia en el cargo que obligaba a designar un presidente provisional que debería llamar a nuevas elecciones. Sobre las salidas de este conflicto, tendremos que seguir los hechos de los días siguientes, porque la presión interna y externa pueden llevar a una repetición de los hechos de 1958, pero también pueden radicalizar aún más al dictador.

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