EDITORIAL

El autoatentado de Maduro

En medio de la peor crisis financiera que ha vivido Venezuela, en donde la gente, literalmente, ya no tiene ni qué comer, el pasado sábado 4 de agosto, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sufrió un atentado durante la celebración del 81 aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana. El supuesto ataque habría sido perpetrado con drones que cargaban explosivos.

En una de las investigaciones más rápidas de la historia, y a menos de dos horas del supuesto atentado, el régimen de Maduro había detectado a los culpables.

Maduro acusó al ahora expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, de haber intentado asesinarlo; pero también acusó a la “ultraderecha” de Venezuela, en alianza con la oligarquía colombiana, y a Estados Unidos.

Y en tan sólo dos horas se había detenido a varios de los autores materiales, que ya habían sido procesados, y que “todas las pruebas” ya estaban en poder de las fuerzas de seguridad. Imposible de hacer esto en un caso que no esté fabricado. Ni siquiera se detuvo a nadie en flagrancia.

La historia que cuenta el gobierno venezolano es que drones con supuestos explosivos fueron derribados por francotiradores; no obstante, siete efectivos de la GNB resultaron heridos.

De acuerdo con Jorge Rodríguez, vicepresidente de Comunicación, Cultura y Turismo, a las 5 horas con 41 minutos de la tarde “se escucharon unas detonaciones que las averiguaciones ya establecen con claridad que correspondían a artefactos voladores de tipo dron, que contenían una carga explosiva que detonó en las cercanías de la tarima presidencial y en algunas zonas del desfile”.

A través de redes sociales se informó que varios periodistas, que salieron a reportear lo sucedido, fueron detenidos; mientras que a otros medios les fue decomisado todo el material que habían grabado.

Lo cierto es que un militar presente en el acto, entrevistado por El País, bajo la condición de anonimato, relató que no escuchó ningún disparo y que la versión de que las fuerzas de seguridad dispararon contra un dron “no es creíble”, ya que darle a un dron en movimiento con un fusil es casi imposible; “además, si se le da, no explota”.

Por otra parte, la agencia Associated Press (AP) informaba que “varios bomberos” presentes en el lugar de los hechos contradecían la versión del gobierno, al asegurar que en realidad se trató de una explosión de una “bombona de gas” en un apartamento cercano.

Un día después del atentado, Maduro volvió a señalar al expresidente colombiano, Juan Manuel Santos, que, junto con la ultraderecha colombiana y sus opositores venezolanos, intentaron matarlo.

En respuesta, el gobierno colombiano desestimó las palabras de Maduro. “No tiene base. El presidente (Juan Manuel Santos) está dedicado al bautizo de su nieta Celeste y no a tumbar gobiernos extranjeros”.

Pero no quedó ahí; Maduro también denunció que los “financistas” del incidente se encontraban en Estados Unidos. La respuesta no tardó en llegar, y fue de la mano de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, quien aseguró que no había participación del gobierno de EU en los hechos.

Dos días después del supuesto atentado, el fiscal general de Venezuela, Tarek William, anunció que habían sido identificados todos los autores materiales y sus colaboradores inmediatos; además, se había identificado a “los explosivistas que armaron los artefactos” y que se habían establecido las primeras conexiones internacionales de dichas personas.

A las seis personas detenidas por estos hechos, la Fiscalía les imputará los delitos de traición a la patria, homicidio intencional calificado en grado de frustración, homicidio frustrado y lesiones graves, lanzamiento de artefacto explosivo en reuniones públicas, terrorismo, asociación para delinquir y financiación al terrorismo.

Además, el supuesto atentado le permitirá reforzar el aparato represivo contra la oposición, que acababa de convocar una gran movilización y huelga contra el Programa de Recuperación Económica que Maduro pondrá en marcha el 20 de agosto.

La situación cada vez es más compleja y Nicolás Maduro, cada vez está perdiendo aceptación, ahora hasta con los suyos. Durante el primer periodo presidencial de Nicolás Maduro se gestó una aguda crisis económica que llevó al desabasto de alimentos, medicinas, así como de diversos productos básicos; y, por si fuera poco, se desató la inflación más alta del mundo.

La reforma monetaria, que entrará en vigor el 20 de agosto, forma parte de un programa de recuperación para enfrentar la severa crisis económica; además, se busca impulsar las actividades económicas, que se han visto afectadas por la escasez de billetes.

Y con la escasez de billetes, lo que se puede comprar es a través de tarjetas que el propio gobierno controla. Ahora, hasta la gasolina se va a tener que comprar así, y quien esté en contra de Maduro o su régimen se queda sin utilizar su automóvil y sin poder comprar la poca comida que hay.

Para que usted se dé una idea de cómo está el día a día en Venezuela, una lata de atún cuesta 7 millones de bolívares, mientras que el salario mínimo está en 5 millones.

Alejandro Werner, director del FMI para América, dijo que el peso promedio de las personas en Venezuela se ha reducido siete kilos en el último año.

Y es que el futuro para Venezuela no es nada alentador; es una verdadera pesadilla. De acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional, la inflación en Venezuela podría cerrar el año con una variación récord de un millón por ciento.

Tan sólo durante julio, los precios al consumidor subieron 125 por ciento.

Lo ocurrido este fin de semana en Caracas apunta cada vez más a que el régimen de Nicolás Maduro ejecutó un autoatentado. En este momento, el régimen madurista necesita encontrar culpables de la situación que se vive en Venezuela y con un acto así, además, puede culpar a sus detractores, imputándoles la responsabilidad del ataque.

EDITORIAL

Finanzas públicas: camino a la entrega

Actualmente, uno de los temas económicos que generan mayor controversia es el de las finanzas públicas. Si bien seguramente veremos en la próxima administración cambios radicales en el quehacer de política fiscal, su desempeño durante este año será fundamental en la medida que será el punto de partida para el próximo gobierno, tanto en la estructura de ingresos y gastos así como de la posición fiscal referente al balance y deuda pública.

La Secretaría de Hacienda publicó los resultados de las finanzas públicas al primer semestre del año. Los resultados tienen un sesgo positivo, en virtud de que las cifras de ingresos públicos superan las metas establecidas respecto a lo programado a principios del año, con lo cual ha sido posible cubrir el excedente del gasto respecto también en relación a lo previsto e incluso se ha superado la meta del balance público.

En efecto, el balance público alcanzó en el primer semestre un déficit de 206.7 mil millones de pesos (mmdp), muy por debajo del programado de 337.8 mmdp. No obstante, a pesar de estos resultados favorables existen algunos puntos en los cuales vale la pena una reflexión.

Los ingresos públicos estuvieron por arriba de lo programado en casi 200 mmdp, una tercera de este excedente parte se originó en los ingresos petroleros, debido principalmente al incremento del precio de la mezcla de petróleo. Asimismo, la fuente principal de mayores ingresos respecto a lo programado se localiza en los ingresos tributarios no petroleros, especialmente en el IVA e ISR.

No obstante, hay que considerar que el dinamismo en la recaudación de los impuestos tributarios ha sido muy bajo, sólo 1.1% real anual, casi la mitad de lo que la economía ha crecido en el mismo periodo (históricamente tienden a crecer al mismo ritmo).  El bajo dinamismo de la recaudación del impuesto sobre la renta y la caída en el Impuesto Sobre Producción y Servicios (-17%) explican el lento crecimiento del agregado de los impuestos tributarios no petroleros. En particular, el desplome del IEPS puede explicarse en gran parte por la caída en el IEPS de gasolinas, ya que frente al incremento de los precios internacionales de este energético, el subsidio se ha venido incrementado a lo largo de este año.

Por el lado del gasto, persiste la tendencia ascendente. El incremento de 4.7% real anual resultó más del doble de los ingresos públicos de 2.1% (para estos últimos no se considera el Remanente de Operación de Banxico en el 2017). El incremento se explica por el componente no programable, en particular, por el mayor costo financiero que probablemente estuvo impulsado por  las mayores tasas de interés internacionales.

Asimismo, destaca el fuerte repunte de la llamada inversión impulsada de  8.7% real anual, que coadyuva romper la tendencia decreciente de la inversión pública. Aunque por otro lado, el llamado gasto estructural ha mostrado una dinámica ascendente acelerada con un incremento de 5.7%.

En general, a pesar de las mayores presiones sobre el gasto, las finanzas públicas durante la primera mitad del año han mostrado un desempeño favorable, con señales positivas para el cumplimiento de las metas fiscales pretendidas para este año y bajo los lineamientos y estrategia  de la presente administración. Así, con base en las cifras oficiales, es previsible que se alcancen un superávit primario equivalente al 0.8% del PIB y a una disminución de la deuda pública a un nivel equivalente a 45.5% del PIB.

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Nicaragua lucha por su futuro

 

 

Nicaragua es una de esas naciones latinoamericanas que han sufrido desde su fundación múltiples golpes de Estado o revoluciones en su búsqueda por la paz y la democracia. Lamentablemente, esta meta no se ha alcanzado por la aparición de caudillos dictatoriales que llegan al poder y transforman las instituciones en una pantomima abominable; Daniel Ortega es uno de ellos.

La actual crisis, desatada el pasado abril, ha dejado más de 300 muertos y la violencia sigue en aumento. El ejército de Ortega se ha abalanzado contra los contingentes de jóvenes desarmados que le exigen su salida. A diferencia de otros conflictos históricos en el país, ahora vemos a la sociedad civil, armada únicamente con pancartas, tratando de recuperar el rumbo de una nación que ha sufrido por décadas de luchas caudillistas que la han llevado a tumbos de un dictador a otro.

La democracia es algo difícil de construir. Idealmente, necesita de la participación de todos los sectores de una población en una discusión pública en la que los poderes estén equilibrados. Ortega no es adepto a este tipo de proceso. Para muestra, tenemos los actuales ataques en contra de los obispos, quienes han fungido como mediadores clave entre la Alianza Cívica – convocada por la Iglesia en mayo, compuesta por estudiantes, empresarios, sindicados, grupos feministas y representantes de la academia – y el gobierno. Cuando las discusiones en las mesas de negociación no salieron como Ortega quería, arremetió contra los mediadores para tratar de minar la presencia de civiles y aumentar el número de partidarios a su régimen.

¿Qué le molestó tanto a Ortega de la gestión de la Iglesia y de la Alianza Cívica? Que lograron la atención de organizaciones internacionales de derechos humanos, denunciando la violencia desatada y clamando por adelantar las elecciones en Nicaragua para el mes de marzo.

Mientras tanto, la violencia no para y los desplazados se agolpan en la frontera buscando asilo. Tras 20 años en el poder, Daniel Ortega es el reducto autoritario de la figura del caudillo latinoamericano. Representa ese amo incuestionable que define a capricho el destino de lo que considera suyo. Anulando la idea de separación de poderes, pisoteando las ideas y las personas disidentes, un personaje sin límites que utiliza la retórica y la necesidad para perpetuarse en su delirio de poder.

La sangre corre y la indignación crece. Nicaragua, como gran parte de Centroamérica, ansía conocer una verdadera democracia que los lleve a alcanzar la paz. Ya es hora de cortar esta seguidilla de caudillos impuestos al golpe de las armas. La Alianza Cívica debe prevalecer para lograr una verdadera revolución; una sin armas y sin caudillos.

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No tener 30 mil pesos

 

“Si a los 31 años no tienes una tarjeta de crédito con 30 mil pesos libres para pagarte un boleto a París, algo hiciste mal”. Una frase similar abrió el debate cuando Guillermo del Toro ofreció una beca para estudiar a un joven, pero originalmente no se cubrían los pasajes, por lo que pidió apoyo para lograrlo.

El crecimiento de la desigualdad es un fenómeno global que no se ha detenido desde 1980 y aunque en algunos países este incremento ha sucedido a diferentes velocidades, la concentración de la riqueza en unos cuantos y, por ende, la desigualdad de ingresos, no se han detenido.

El Informe Sobre la Desigualdad Global 2018 (WIR), elaborado por el World Inequality Lab, señala que la mitad más pobre de la población mundial ha tenido un incremento significativo en sus ingresos, particularmente en países con altas tasas de crecimiento; sin embargo, esto no significa que la desigualdad haya mejorado, ya que 1% de la población más rica recibió una proporción dos veces más grande que el crecimiento de 50% más pobre. Mientras 50% de la población obtuvo 13% del crecimiento global total, 1% más rico obtuvo 27%.

En el fenómeno de la desigualdad no sólo los ricos se hacen más ricos y se distancian de los pobres, sino que también esa disparidad ha empobrecido a la clase media. De acuerdo con el WIR, la clase media, que se encuentra arriba de 50% más pobre, pero debajo de 10% más rico, ha empezado a contraerse y hoy sólo tiene 29% de la riqueza mundial, mientras que el 1% más rico concentra 33%. La desigualdad no sólo está relegando a los más pobres, sino que está relegando a todos, excepto a los muy ricos.

En este punto vale la pena detenerse, porque muchas veces creeríamos que la clase media es mucho más pujante de lo que se cree y que, a pesar de que uno pueda estar en una posición privilegiada, no se siente particularmente rico. De acuerdo con el INEGI, para no formar parte del50% más pobre y saltar al decil VI, el ingreso mensual de un mexicano tiene que ser de $6,199. Para llegar hasta el decil IX, es decir, estar entre 20% más rico del país, se necesitan ganar 12,577 pesos mensuales. En promedio, esas 30 millones de personas de clase media ganan 8,879 pesos al mes. Estar por arriba de esos niveles significa formar parte de 10% más rico del país. De ese tamaño es nuestra desigualdad.

Buena parte de los ingresos se usan para vivir día a día; de hecho, el INEGI señala que en el decil I sólo se usan 1.5% de los ingresos para esparcimiento. En el decil IX esto sube hasta 4.2%. A esta tasa, alguien arriba de 80% más pobre tendría que ahorrar todo su gasto de esparcimiento por 56 meses para poder pagar 30 mil pesos. Alguien del decil I tardaría 1,249 meses, 104 años. Que alguien no tenga 30 mil pesos para viajar, y además juzgarlo, sí es sinónimo de que hicimos algo mal, pero como sociedad.

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La capacidad para estar a solas

Ser capaz de estar solo es un hito al que la gente aspira para dejar de sufrir las rupturas, las ausencias, los abandonos, los desencuentros o un simple fin de semana en el que no hay más plan que leer un libro, escribir unas notas, cocinarse y hablar con una misma.  Porque cuando la compañía no se internalizó, es decir, cuando una figura primaria (madre-padre-cuidador sustituto) no estuvo suficientemente presente, la soledad se vuelve angustia y desolación.

La capacidad para estar a solas es el título de un breve artículo escrito por Donald Winnicott en 1958, quien la define como “uno de los signos más importantes de madurez dentro del desarrollo emocional”. El psicoanalista inglés dice que se ha estudiado más el temor y el deseo de estar a solas y no tanto la aptitud para hacerlo, porque hay mucho escrito sobre las relaciones bipersonales entre la madre y el bebé, sobre las tripersonales de las que da cuenta la teoría freudiana del Edipo pero no de las unipersonales: la relación que se tiene con el sí mismo.

Algunos valoran su soledad como uno de sus bienes más preciosos, otros sienten miedo de ser perseguidos y devorados así que la utilizan como una defensa contra la angustia de persecución, otros huyen de ella.

La capacidad para estar a solas se desarrolló, paradójicamente, en presencia de la madre; es poder estar solo cuando otro se halla presente, en lo real o en lo simbólico. Esta capacidad permite, entre otras cosas, estar con uno mismo aunque se esté en una relación, entendiendo que hay espacios para la soledad, el silencio, la lectura o las actividades por separado para respirar y existir de modo independiente. Las parejas que jamás se extrañan porque hacen todo juntas tendrán muchas más dificultades para desarrollar la autonomía y la creatividad que surge del mundo interior.

Es necesario, dice Winnicott, “un objeto bueno interiorizado” para poder estar solo y para creer que es posible un medio ambiente benigno.

“Yo estoy solo” es una declaración más compleja de lo que parece. El “Yo” hace referencia a la integración de la personalidad autónoma y diferenciada; “estoy” describe la vida y la existencia. Ser y estar; “solo” sin miedo porque se está acompañado desde adentro por una madre o un padre continuo, permanente y estable.

Quien sabe estar a solas es capaz de elecciones, decisiones y acciones independientes y busca a los otros como complemento y no como medios para alejar la angustia de la soledad.

Cuando al finalizar una relación se persigue, se ataca o se amenaza al objeto perdido, es evidente que la relación se basaba en el miedo a la soledad. Solo es capaz de elaborar el fracaso y el duelo de la pérdida quien sabe que estar consigo mismo es una zona neutral de experiencia libre de peligros y un lugar de descanso. La soledad es esa zona intermedia entre la realidad exterior y la interior. Vivirla con tranquilidad es señal de madurez emocional.

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No es sólo Canadá y EU: es también Centroamérica

 

En estos días hemos visto ya perfilada lo que será la política exterior que instrumentará Andrés Manuel López Obrador. Difícilmente pasará de la primera quincena de agosto cuando le entreguen su constancia como Presidente electo. Va a ser un momento que le va a permitir mayor capacidad de maniobra; aunque queda muy claro que con constancia o sin ella, ya la tiene.

Hasta ahora, todo se ha concentrado en la relación con Estados Unidos y Canadá. Como era de esperarse, el encuentro con la muy sensible canciller canadiense resultó más favorable del que tuvo con la tumultuosa delegación de EU. Marcelo Ebrard, próximo canciller, ha asegurado que hay una abierta disposición del nuevo gobierno para establecer lazos muy distintos de los que hoy tenemos con Centroamérica.

La migración es un asunto multifactorial. Los gobiernos centroamericanos han hecho muy poco por inhibir la salida de los jóvenes de sus países. En otro tiempo, la constante era la búsqueda de mejores condiciones económicas; hoy las cosas son distintas. Muchos jóvenes salen de sus países materialmente huyendo de la violencia. Otros son forzados a pertenecer a bandas delincuenciales; a tal grado, que son sus propios padres quienes crean condiciones para que dejen sus hogares. Es un tema dramático que da la impresión que, por parte de México, el gobierno de Estados Unidos y los gobiernos centroamericanos, particularmente Guatemala, Honduras y El Salvador, no han querido entender.

La migración, de ser un asunto estrictamente económico, buscando mejores condiciones de vida, se convirtió, en un buen número de casos, en acto de sobrevivencia.

El gobierno mexicano se ha dedicado en los últimos años a hacer una especie de trabajo sucio, cerrando la frontera sur; por eso Barack Obama lo llenó de elogios y, por eso, también a Trump hay una parte que le simpatiza de Peña Nieto, por lo que ha hecho su gobierno. México tiene que cambiar su política en materia de migración; tenemos que entender el fenómeno hoy como un tema multifactorial y como un asunto central en la agenda con EU.

Marcelo Ebrard tiene un reto mayúsculo. Debe hilar una política muy fina y entender que si se trata de instrumentar una política migratoria nueva, moderna y solidaria, va a ser muy difícil que no haya una confrontación directa con el gobierno de EU. Estos días, el futuro gobierno se debió dar cuenta de lo que puede venir. Con Canadá queda muy claro que tenemos un objetivo común, llamado TLC; ni a ellos ni a nosotros nos convienen tratados bilaterales, la ministra de ese país le vino a decir eso a López Obrador. Lo que está claro es que EU piensa en definitiva en este tema de otra manera: presiona, ataca y luego se pone a negociar. Seguimos siendo de la idea de que por más que se envíen cartas de siete cuartillas al presidente Trump, las cosas, en esencia, difícilmente van a cambiar.

La futura política exterior debe considerar los nuevos ordenamientos mundiales. México puede controlar, en lo general, su migración; por ello tiene razón López Obrador: hay que crear condiciones económicas distintas al interior del país; pero en lo que eso llega, la migración seguirá siendo un fenómeno latente, sin pasar por alto que el tema migratorio muchas veces no tiene que ver necesariamente con condiciones económicas o de sobrevivencia; forma parte de la condición humana.

El futuro gobierno ya se dio un entre inicial con EU y Canadá. Lo que viene es un gran reto: entendernos e instrumentar políticas comunes con Centroamérica, sin que en ello medien políticas severas y discriminatorias en nuestra frontera sur.

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México, un cementerio

La próxima secretaria de Gobernación en la administración López Obrador, la exministra de la Suprema Corte de Justicia, Olga Sánchez Cordero, declaró que las dos últimas administraciones habían dejado a México hecho un cementerio.

La manera en la que Sánchez Cordero lo dijo puede ser discutible, pero el hecho es que, si asumimos que en los últimos años hemos tenido por lo menos 160 mil muertos por ajustes de cuentas, miles de personas desaparecidas y una creciente sensación de inseguridad, la descripción no está muy alejada de la realidad.

La pregunta es por qué estamos en esta situación y, de acuerdo a cómo se responda, al diagnóstico que realice sobre el tema la próxima administración, podremos revertir esa situación o continuar con la espiral ascendente. La exministra, Alfonso Durazo y el propio López Obrador han puesto el acento en la pacificación del país.

Nadie podría cuestionar ese propósito: el país necesita volver a vivir en paz; necesita que la gente recupere la confianza para vivir segura en su propia casa (hoy, casi 86 por ciento de los ciudadanos se siente inseguro dentro de su propio hogar); necesitamos que poco a poco —nada se logrará mágicamente—, se recuperen el imperio de la ley y de la convivencia, que hoy se ven tan alterados.

Pero precisamente por eso se debe ver realmente en qué fallaron las administraciones de Calderón y Peña en el ámbito de la seguridad, asumiendo, además que ambos gobiernos pusieron enormes esfuerzos personales, económicos y políticos en ese terreno.

Lo primero que se debe asumir es que no se puede recuperar la seguridad sin reducir los índices de impunidad: hoy, cerca de 95 por ciento de los delitos denunciados (no los cometidos, sólo los denunciados) quedan impunes; la cifra es un poco menor en el ámbito federal, pero cae dramáticamente en los estados, en la justicia local.

La reforma al Sistema de Justicia Penal, con todos sus beneficios, también ha contribuido, involuntariamente, a esa impunidad: nadie duda que debemos tener un sistema penal garantista, pero con la utilización errada de la fórmula sobre las faltas al debido proceso, son miles los delincuentes que regresan a las calles; algunos con justicia y para rehacer su vida y otros para volver a delinquir; muchos de ellos, criminales peligrosos.

Los procesos se deben reponer cuando existan faltas al mismo, pero no se pueden dar liberaciones casi en automático.

Muchos jueces, por incompetencia, por miedo o por corrupción, simplemente se doblan ante las presiones delincuenciales. ¿Cómo entender de otra forma, por ejemplo, a la jueza de Tamaulipas que impone multas a los secretarios de Marina y Defensa sin una causa justificada por la desaparición de una persona; pero, al mismo tiempo, libera a casi todos los delincuentes de un determinado grupo criminal que llegan a su juzgado?¿Cómo entender que haya jueces que una y otra vez obligan a las autoridades federales a regresar a penales locales a peligrosos delincuentes que habían sido trasladados a cárceles de alta seguridad? Así se han dado dos fugas increíbles en los últimos meses, en Sinaloa.

Por supuesto que hay que revisar los casos de todas las personas detenidas e implementar, con quienes puedan tener ese derecho, un plan de liberación anticipada o preliberación; pero eso no debe ser considerado en términos estrictos una amnistía. Porque de la mano con ello, se debe ser más estricto con los delincuentes realmente peligrosos y recuperar el control de las cárceles, hoy en manos, sobre todo en el ámbito local, del crimen organizado.

Hacer justicia y pacificar el país requiere voluntad política, y ésta existe, pero demanda como acción prioritaria crear las condiciones para ello; y antes que nada exige acabar con la impunidad. Nadie en el futuro gobierno de López Obrador sabe más de ello, por su historia, que Olga Sánchez Cordero.

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AMLO: Genio y figura…

El próximo presidente de México tiene el don para la nota; dar de qué hablar es una constante en él; personaje de contrastes, de claros y oscuros que animan diálogos entre élites y agitan redes sociales; por eso los medios demandan su presencia. AMLO vende.

López Obrador “sorprendió” con tono mesurado, consistente con promesas y arengas de campaña en tono estadista, responsable, cauto, tras arrasar con 30 millones de votos; su deferencia (inusual, dada su franqueza y autenticidad) con Enrique Peña Nieto le ganó que otros varios miles transitaran de “resignados” a “esperanzados”.

El vigor de sus dos primeras semanas como virtual Presidente electo, encomiable; pura vitamina “P”. Ratificar y rectificar equipo, diseñar objetivos, repartir tareas, asignar responsables, cumplir consignas, eliminar pensiones a antecesores, mutilar su ingreso, matizar los temas de gasolinazos y aeropuerto, ubicar y considerar a los altos mandos castrenses, apenas descansar en la finca de siempre, en vuelo comercial con escolta familiar. Más reconocimiento que crítica.

Pero la multa del INE por simular que su fideicomiso, no fue su fideicomiso, trajo de regreso al ave de tempestades, animador de columnas, de porras y de porros. La autenticidad de AMLO obsequia argumentos para cuestionar su incapacidad (quizá vitalicia) de trascender, de una vez por todas, el rol, de tres lustros, como líder partidista, para asumirse ya como Jefe de Estado.

Adjetivos contra el INE, el bautizo (regalo a redactores y comentócratas) de la multa por 197 millones de pesos, como, vil venganza, evoca al hombre del complot, al candidato de “cállate chachalaca”, al aventajado competidor que sometió a esa “minoría rapaz”, que azuzó a la “prensa fifí” y a la nada confiable sociedad civil, perversa y mañosa.

El contenido de la carta que el 12 de julio López Obrador entregó a Mike Pompeo, dirigida al señor Donald J. Trump, trae de vuelta al próximo Presidente de México al modo hombre de Estado.

AMLO convoca a Trump para acelerar la revisión del Tratado de Libre Comercio; aquél que hace 24 años fustigara por “cuasi vender” soberanía y futuro nacional, para que en su próxima administración, los numerosos proyectos de desarrollo con justicia puedan atracar en buen puerto.

Es más, como en su tiempo, con matices, López Obrador retoma a Fox y la visión panregional Panamá-Tijuana para empatar intereses con el magnate de la Casa Blanca. Para disminuir migración, incrementar la seguridad intramuros y poner a la economía de Estados Unidos por encima de todas; se requiere más crecimiento con justicia desde Tijuana hasta Panamá.

López Obrador no asiste hoy a la reunión de mandatarios del grupo Asia-Pacífico porque aún carece de investidura. Incita a Trump a alinear intereses y apurar nuevo TLC. Asume la defensa de Morena, sube al cuadrilátero. Añoranza y vocación. Genio y figura.

Sobre la Marcha descansa; hasta el próximo martes 31.

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Combatir la pobreza con urgencia y eficacia

Imagine a 100 mexicanas y mexicanos representativos, reunidos en un salón: nueve serían personas viviendo en pobreza extrema, 44 en pobreza, 33 serían vulnerables por carencias sociales y nueve lo serían por ingresos. En ese salón, sólo 28 no serían pobres ni vulnerables. Los otros 72 sobrevivirían con carencias y algunos en riesgo de terminar siendo víctimas de la delincuencia e incluso, victimarios (ejemplo, la trata de personas).

Entre avances y retrocesos, hemos mejorado un poco. No tanto como necesitamos. No tanto como lo demanda el imperativo de la justicia social. Ante la pobreza, solemos pensar en términos de generaciones, como si la complejidad de su atención nos llevara a concluir que hay que reducirla, pero que no urge, lo que termina siendo un crimen en muchos sentidos.

Viven así, en la pobreza, millones de vidas, a cuyo término no tienen nada que heredar a sus hijos, más que pobreza. En cientos de miles de familias, las carencias se perpetúan y son su único horizonte durante generaciones.

En México tenemos ya una tradición en programas sociales que se remonta, al menos, a 1988, y hemos tenido tal expansión de éstos que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) identifica 150 federales, 2 mil 258 estatales y 3 mil 811 municipales (Inventario de Programas y Acciones de Desarrollo Social, 2016-2017). Recientemente, CONEVAL (Consideraciones para el proceso presupuestario 2019) dio a conocer que de los 150 programas federales, hay 58 duplicados o triplicados. Este dato explica, en parte, la razón por la que el gran número de programas no incide en igual proporción en la reducción de la pobreza.

Es indispensable, dice la institución, que las políticas públicas no se centren en reducir los porcentajes de población en cada uno de los indicadores, sino que se plantee una estrategia integral que ataque a la pobreza en su conjunto.

Sí, porque los derechos sociales, alimentación, educación, medio ambiente sano, no discriminación, salud, seguridad social, trabajo, vivienda y bienestar económico constituyen en conjunto los satisfactores necesarios para una vida digna.

Es tiempo de ir más allá de hacer ajustes de diseño o de operación a los programas sociales. Tenemos que retomar el objetivo de fondo, que es librar de la pobreza a millones de mexicanos.

Así, la tarea adquiere otra dimensión: ya no se trata de mejorar programas sino de que éstos, sumados a otras políticas públicas, se materialicen y se traduzcan en vidas con menos carencias y, mejor aún, sin carencias. Hay que actuar sin precipitación, pero con sentido de urgencia.

Este es no sólo uno de los desafíos más relevantes y complejos del próximo Gobierno federal que encabezará López Obrador, sino uno de sus compromisos más ratificados.

Si primero son los pobres, que lo sean, porque históricamente han sido los últimos.

Se requiere una renovación de la política social, un nuevo enfoque que trascienda los ajustes y que replantee la estrategia para lograr que, efectivamente, cada vez sean menos los pobres y, sobre todo, para alcanzar una aspiración a la que no debemos renunciar: que todas y todos, independientemente de su origen y condición económica y social, tengan acceso a oportunidades de desarrollo.

La igualdad de oportunidades es la gran bisagra de la movilidad social. Que millones de personas no tengan la pobreza como fatal destino. Por el contrario: que mejor alimentados, con servicios de salud, más preparados y sin ningún tipo de discriminación, tengan la posibilidad de salir por sí mismos de esa condición y de lograr bienestar para sí mismos, para sus familias y para el país.

Los pobres deben dejar de ser vistos como una estadística; no son un número a resolver. Son seres humanos cuyas carencias envuelven su vida en tragedia. Merecen, y deben ser, rescatados de la pobreza.

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TV abierta y el Mundial

El Mundial de Futbol Rusia 2018 acaba de demostrar que la televisión abierta está más viva que nunca. El éxito arrollador que tuvo ésta a nivel nacional, lo ratifica. En México, los partidos del Mundial tuvieron un alcance, tan sólo en TV abierta, de más de 324 millones de personas.

Vale la pena reparar que esta cifra se basa en los resultados de Nielsen IBOPE México, que tan sólo mide 28 ciudades urbanas, por lo que seguramente, viendo esto desde un escenario conservador, el alcance debió ser mucho mayor. Sin problemas se podría estimar que fueron más de 640 millones de personas las que tuvieron alcance a los partidos y a los programas del Mundial. Siguiendo con los números de Nielsen, éstos hablan por sí solos. Del pasado 13 de junio al 15 de julio, las trasmisiones de Televisa se coronaron con más de 184 millones de personas y su programa de análisis, con más de 163 millones de personas. Recordemos que esto, extrapolado al resto del país, tan sólo Televisa tuvo una audiencia, en el primer caso, de más de 366 y 324 en el segundo; ambas cifras en millones de personas, lo que le dio a Televisa el gane frente a su competidor, TV Azteca, por 32 y 34 por ciento, respectivamente. Excelentes resultados.

Además, el evento deportivo impuso nuevos récords en consumo de streaming. El partido México vs. Suecia se ubicó como el más visto en la historia, con 2.6 millones de usuarios, y en segundo lugar se quedó el México vs. Brasil, con 2.4 millones.

Resultó tan exitosa la difusión en redes sociales, que gracias a la alianza YouTube- Televisa Deportes se alcanzó un millón de suscriptores, lo que significó quintuplicar su base de fans. Un aumento de 500 por ciento.

El binomio TV abierta-plataformas digitales fue la combinación perfecta en este Mundial. Lo que se confirma con las más recientes cifras de Eurodata TV Worldwide, que refieren que la Final Francia vs Croacia atrajo a 107 millones de espectadores en 19 países europeos; que sintonizaron la señal por TV abierta.

En otro tema. La próxima administración decidió concentrar en la Presidencia de la República todo el gasto y vocería de Comunicación Social, quitándole al resto de las dependencias gubernamentales esta facultad. Si bien esto puede lograr ahorros sustantivos, también lo es que se van a generar cuellos de botella.

Los medios de comunicación (radio, TV, e impresos) tendrán un solo interlocutor con quien entenderse. En la Presidencia se decidirá a quién contratar, cuánto contratar y cómo contratar. Sin duda alguna es indispensable que se promulgue una ley de medios, a efecto de regular de manera ordenada y equilibrada la asignación de espacios y presupuesto a los diferentes agentes comunicadores.

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