EDITORIAL

El cuarto poder

El poder del gobierno es el poder para obligar, prohibir y castigar, comenzando por el poder para obligar a los ciudadanos a entregarle parte del producto de su trabajo, que en eso consiste cobrar impuestos, sin los cuales no hay gobierno que sobreviva.

Ese poder, en manos poco escrupulosas, como por lo general son las de los gobernantes, atenta contra la libertad individual y la propiedad privada, razón por la cual hay que limitarlo, para lo cual hay que responder correctamente la pregunta ¿qué debe hacer el gobierno?, la más importante de la ciencia política.

Ha sido la división del poder del gobierno en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, la institución con la cual hemos intentado limitar su poder, sobre todo del Ejecutivo. Se trata de que cada poder sea contrapeso de los otros, lo cual, si el Ejecutivo tiene mayoría en el Legislativo, y además la facultad de designar a los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, como sucede en México, le resta eficacia a la división de poderes.

Suponiendo una eficaz división de poderes, hay que tomar en cuenta que se trata de poderes del gobierno, por lo cual conviene tener un poder, que no forme parte del aparato gubernamental, que opere como contrapeso, criticando el quehacer de sus tres poderes. Conviene contar con un cuarto poder que sirva de contrapeso al gobierno, mismo que debe ser la prensa, a condición de que sea verdaderamente libre, libertad de prensa que hay que defender, siendo, hasta cierto punto, condición de posibilidad para el ejercicio del resto de las libertades de los ciudadanos.

Dada la importancia de la libertad de prensa para, al exhibir sus excesos y defectos, contribuir a mantener a raya al gobierno, es que preocupa lo dicho por AMLO al dirigirse a los periodistas que cubren sus conferencias matutinas: “Ustedes son prudentes, si se pasan ya saben lo que les pasa. Pero no soy yo, es la gente”. ¿Es mi impresión o se trata de una amenaza de AMLO incitando a su gente, que la tiene de sobra en redes sociales, en contra de los periodistas imprudentes, los que lo cuestionan, los que no le creen, los que le demuestran con cifras que está equivocado? Por decir lo menos la afirmación de AMLO resultó imprudente.

La prensa, a condición de que sea libre, es el cuarto poder indispensable para exponer los abusos del gobierno, que siempre son contra la libertad individual y la propiedad privada.

Para que la prensa sea libre el compromiso del periodista debe ser, únicamente, con la verdad y sus principios, nunca con un partido político, con un político, con un gobierno. En México, ¿cuánta prensa es realmente libre?

El verdadero poder de la prensa radica en su libertad. Renuncia a la segunda renuncia al primero.

Educación, ¿perdiendo la reforma?

Todo indica que la Reforma Educativa no se va a llevar al pleno en el actual periodo ordinario del Congreso. Quizá puede convocarse a un periodo extraordinario, pero por lo pronto, no hay indicios de algo así.

El tema desde donde se vea es importante y trascendente. Se están conjuntando elementos políticos, presuntos acuerdos que haya hecho el Presidente en su campaña con la CNTE y, al mismo tiempo, la irrupción de una posible crisis que pueda provocarse por la decisión del Presidente, en el sentido de que si no se aprueba la nueva reforma con el total consenso, se regresará a la que se tenía antes de 2012.

La Reforma Educativa no puede tener como eje único la negociación política y los acuerdos de campaña. La propuesta de reforma del Gobierno es, en todo sentido, atendible. Tiene en el centro a los maestros y plantea un elemento fundamental: la educación debe ser diseñada bajo criterios propios de cada zona del país.

No es lo mismo el proceso educativo en zonas urbanas que rurales; como tampoco lo es en el norte que en el centro o el sur del país. Una relativa  ventaja de la Reforma Educativa del gobierno de Peña Nieto es que se convirtió en una especie de lo que se debe y no se debe hacer; fue como un ensayo y error involuntario.

La urgencia de una Reforma Educativa de gran calado tiene que ver con el país al que aspiramos. El proceso educativo está en constante transformación, pero quizá nunca se habían conjuntado tantos elementos que obligan a una transformación y a plantearse muchas preguntas.

Los maestros a menudo hacen milagros con lo que les presentan los estudiantes. Están a prueba a diario, ante la gran cantidad de información que van adquiriendo fuera de las aulas. Están obligados a estar constantemente actualizados, en medio de condiciones de trabajo que, en muchos casos, son desiguales.

Se puede estar perdiendo la oportunidad histórica de renovar y modernizar la educación en el país. Los estudiantes tienen que ser competitivos para lo cual se les tienen que ofrecer herramientas que los hagan además capaces.

Ésta es una de las claves para la transformación del país. Formar estudiantes para que, además de adquirir conocimientos aprendan a pensar, lo que va a redituar en ayudarles en su proceso de adaptación y formación hacia el mercado de trabajo.

La Reforma Educativa que presentó el Gobierno es, sin duda, perfectible. La educación es un proceso interminable; es parte de su condición y su definición. Siempre habrá algo nuevo que la va a obligar a transformarse y a actualizarse.

Lo que está obligando a repensar la educación se debe, entre otras variables, a los grandes cambios e innovaciones que se han presentado en la educación, a lo que se suma el revolucionario desarrollo de las nuevas tecnologías.

El gran reto que tenemos como sociedad es que no se nos vaya el tren y que los niños y los adolescentes estén bien preparados para lo que ya nos llegó a todos.

El eje de todo sigue siendo la formación y los contenidos de la enseñanza. Las nuevas tecnologías nos sirven y adquieren sentido en función del contenido; para los estudiantes el uso de estos instrumentos es algo relativamente sencillo, nacieron en y con ello.

Por principio, en la educación nada se impone; sin embargo, la cuestión es preguntarse qué tanto se debe aceptar la forma y fondo que impone un grupo, en el cual por cierto, no se ha dejado de atender y pensar, qué impide el debate y, en su caso, aprobar una reforma necesaria y de gran calado. Esperamos que el gobierno no esté perdiendo este estratégico, importante y trascendente reto.

EDITORIAL

Que la paz esté con nosotros, ¿se podrá?

“Seguridad” fue quizá la palabra clave hace una semana, cuando el expresidente Vicente Fox publicó que un comando armado había intentado entrar en su casa en Guanajuato, estado que por cierto enfrenta su peor crisis de violencia e inseguridad.

El expresidente responsabilizó a Andrés Manuel López Obrador de su seguridad y la de su familia y no pasaron ni dos horas cuando el titular del Ejecutivo anunció la creación de una guardia de seguridad para proteger al expresidente “con eficacia, pero sin excesos”.

Más tarde sabríamos que también Felipe Calderón Hinojosa cuenta con “protección exclusiva” desde hace alrededor de tres meses, luego de haber enviado una carta al Presidente de México “explicando su situación”, según detalló el propio mandatario.

Según la tabla de haberes 2018 de la Sedena (sin descuentos de ley) un soldado percibe 12 mil 529 pesos mensuales, que multiplicado por los ocho miembros de una “comitiva especial”, da un total de 100 mil 232 pesos, que multiplicado por los dos expresidentes panistas resulta en 200 mil 464 pesos al mes.

Ahora, ¿dónde quedan entonces los demás? ¿Esos que no sólo solicitan sino necesitan protección especial en México?

En marzo pasado la organización Brigadas Internacionales de Paz (PBI por sus siglas en inglés) realizó junto a otras organizaciones el informe Cambiando el curso de la impunidad: Protección y acceso a la justicia para personas defensoras de derechos humanos y periodistas en México, donde alertaron de la vulnerabilidad a la que están expuestos quienes pertenecen al Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas en México; esto ante el recorte presupuestal de 11.6 millones de pesos.

El Congreso asignó 207.6 millones de pesos a medidas de protección para 2019, en el mecanismo se contabilizan 800 personas, y suponiendo que los recursos sean enteramente para ellos (sin contar la parte administrativa), se invertirán 21 mil 625 pesos en cada uno… es decir, muy por debajo de la inversión que podemos suponer que se hace, sólo en sueldos de soldados, para Vicente Fox y Felipe Calderón.

No sobra decir que de agosto de 2017 a marzo de 2019, seis personas que eran “beneficiarias” del sistema de protección fueron asesinadas, y la factura negativa no termina ahí.

El pasado martes el Instituto para la Economía y la Paz informó que en 2018 el impacto económico de la violencia en México se elevó 10 por ciento y nos costó 5.16 billones de pesos a los mexicanos, de los cuales el 51 por ciento tiene que ver con homicidios.

Por otro lado, la inversión que se realiza en el sistema de justicia penal es muy insuficiente, hay sólo 3.5 jueces y magistrados por cada 100 mil habitantes, cuando el promedio global está en 16… Es decir que no estamos ¡ni cerca!

Esta semana el Presidente López Obrador finalmente puso rostro a quienes comandarán su principal apuesta para la seguridad y la recuperación de la paz en México que es la Guardia Nacional.

El mando quedó a cargo del general de Brigada, Luis Rodríguez Bucio —que en agosto estará oficialmente en retiro—.

Es originario de Tancítaro, Michoacán, que se encuentra justo al lado de la región de Tierra Caliente, donde el crimen organizado ha construido uno de sus principales territorios.

Es precisamente uno de los temas de especialidad del comandante de la Guardia Nacional, quien entre 2011 y 2013 participó en labores de combate al narcotráfico en Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí.

Es importante destacar que el Gobierno de México puso en manos de una mujer el liderazgo de la Policía Federal dentro de la Guardia Nacional, Patricia Rosalinda Trujillo Mariel, médico cirujano de carrera y maestra en medicina forense, autora de 28 libros, con 12 doctorados y nueve por Honoris Causa.

Las reacciones por los nombramientos nadan entre críticas y elogios, pues para muchos resulta estridente que quien estuvo a cargo de las labores de la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón —que cerró su sexenio con más de 120 mil muertos— sea ahora el responsable de comandar la tan debatida Guardia Nacional.

Ahora tendrá que probar su capacidad para cumplir con la promesa de funcionar, porque de otro modo ya estamos corriendo el riesgo de pagar de nuevo en números rojos el Índice de Paz 2020…

EDITORIAL

De fuentes y filtraciones

López Obrador se ha abierto muchos frentes. Como fuere, da la impresión que los tiene bajo control, por más relativo que esto parezca.

No se sabe en qué pueden terminar muchos de los temas de la agenda, pero por lo pronto, los tiene bajo su ámbito. No ha dejado de tener popularidad y aceptación y con base en ella se mueve. Tiene la certeza de que si se equivoca, por lo menos en esta etapa, sus furibundos seguidores lo van a perdonar o van a pasar de largo las cosas.

El Presidente busca sentir y medir a la gente. A menudo se expone en las calles, incluso afuera de Palacio Nacional, para conocer qué se dice y también para que lo vean.

Lo de Morelos, con motivo del aniversario de la muerte de Emiliano Zapata, tiene que ver con todo esto, más allá del respeto y admiración que le tiene al Caudillo del Sur. No sólo fue un acto en memoria del revolucionario; también fue un espaldarazo que le dio la gente al Presidente y a su gobierno, cercano a lo apoteósico.

Con quien no se ha podido entender, y somos de la idea de que no va a ser posible en todo el sexenio, es con la crítica; no sólo con los que goza llamando fifís. No hay indicadores hasta ahora que hagan ver que las cosas vayan a cambiar. El Presidente no es afecto a escuchar con paciencia la crítica; a veces da la impresión que le termina desesperando.

En estos meses se han intensificado las voces que señalan y critican al Presidente. En algunos casos están claramente fundamentadas; el Gobierno debería ser pausado y atenderlas como principio para una mejor gobernabilidad del país.

Pero también hay otros casos en los que la crítica termina siendo banal y cargada de filias y fobias. Poco o nada aporta, pero es también una manifestación de un sector de la sociedad que conviene conocer y estar al tanto. No sale sobrando hacerlo; sería algo así como tener la película completa.

En el camino están los defensores del Presidente. Están los que debaten en serio y plantean ideas;  y también quienes lo defienden a ultranza en medio de descalificaciones y hasta insultos. En esto nos la hemos pasado varios meses.

López Obrador con la prensa se ha ido metiendo en un callejón sin salida. No hay día en que no haga referencia a ella. Tiene el mejor mecanismo para hacerlo todas las mañanas. Las afamadas “mañaneras” son uno de sus instrumentos clave para informar, señalar, criticar, fustigar, evidenciar y gobernar.

Cada vez que algo no le parece, no tiene reparo alguno, y también el derecho, de dar su punto de vista; apela al derecho de réplica. Cuando se trata de diferencia de opiniones el debate puede subir de nivel.

Sin embargo, cuando pasan cosas como las de este miércoles, cuando el Presidente le pide a Reforma que dé a conocer sus fuentes, en relación con la difusión de la carta al rey de España y al Vaticano por los 500 años de la Conquista, las cosas adquieren totalmente otra dimensión.

El secreto periodístico es un mecanismo de defensa de los periodistas. Es un asunto que obliga a la profesionalización, la ética y los principios. La libertad de expresión no significa poder decir lo que se quiera; en esto hay reglas escritas y no escritas.

No es un tema de transparencia, porque las reglas del periodismo se rigen bajo otros parámetros; son medios de comunicación y no entes gubernamentales.

Éstos son los asuntos en que López Obrador no debe tener salidas falsas. Las fuentes se defienden, porque al hacerlo se protege todo el proceso periodístico.

La justicia de EU entendió en medio de un gran debate que The Washington Post no debía revelar sus fuentes, sin ello no  hubiera habido Watergate y el periodismo sería otro en todo el mundo.

EDITORIAL

 

 

253,538 muertos

 

El gran dolor de cabeza para el país es la inseguridad. Lo que hace más delicado el asunto es que no se ve que en el corto y mediano plazo se vaya a poder frenar.

Quizá el gobierno lo pueda atenuar, pero es un hecho que en estos primeros meses ya se habrá percatado, por si no lo hubiera sabido, de la brutal descomposición. Estamos llenos de frentes violentos y lo peor es que las nuevas generaciones van creciendo con ello, se ha ido construyendo una cultura de la violencia.

Muchas cosas que nos pasan nos han ido pareciendo “normales” o “cotidianas” sin serlo por ningún motivo. Para reiterar lo que se ha expresado y escrito en muchas ocasiones, hemos cambiado buena parte de nuestros hábitos y nuestras vidas, debido a lo que en muchas partes del país se presenta.

Todo resulta grave, pero lo que más intimida y decepciona es que las autoridades, en todos los niveles, han sido incapaces de ofrecer salidas. Una de las caras más amargas de México hacia el exterior tiene que ver con la inseguridad. No somos los únicos en el mundo, pero estamos bajo condiciones en que no hay indicios de que se reviertan las cosas.

Es probable que el actual gobierno tenga un buen diagnóstico de lo que pasa, no nos queda claro todavía si es el más preciso, pero tiene pistas atendibles y está trabajando en ellas como antes no se había hecho; tiene el beneficio de la duda.

Como elemento de referencia recordemos lo que hicieron Felipe Calderón y Peña Nieto para poder  ver que las bases sobre lo que se está trabajando tienen rasgos distintivos.

En los dos sexenios pasados se siguieron estrategias similares. Uno declaró una “guerra” que a la mera hora optó por decir que viéndolo bien no lo era. Las cosas no por ello cambiaron durante los seis años.

Con Peña Nieto hubo un agravante. Después de ver y conocer lo que había pasado, en cuanto hechos y estrategias con Felipe Calderón, terminó haciendo lo mismo a sabiendas de todo esto. Al final se incrementaron las muertes violentas, los y las desaparecidas, los desplazados y en un buen número de ciudades y municipios hay una severa crisis de valores entre muchos jóvenes.

No es que ahora se vea ni remotamente la luz al final del túnel, pero después de todo lo que se ha vivido urgía un cambio de estrategia y todo indica que estamos en vías formales de ello. Con toda la prisa con que se mueve el gobierno, suponemos que debe saber que es en esta área en donde todo urge para ayer.

La ventaja que sigue teniendo el gobierno es que conserva con amplitud y credibilidad en el grueso de la población, un bono que le permite actuar con libertad y hasta cierto punto a modo.

Por lo que se va viendo, el actual estado de las cosas va a durar un buen tiempo. En esta materia todos los indicadores le están siendo favorables a López Obrador, a pesar de todos los frentes que ha abierto y se le han ido apareciendo.

Los números sobre las personas que han muerto de manera violenta no han disminuido; en algunos estados se han incrementado, sin pasar por alto la violencia que se ha desatado en algunas zonas de la Ciudad de México.

Lo dicho el martes por Michelle Bachelet es brutal: “México tiene una cifra de muertes violentas propias de un país en guerra, 253 mil 538 desde 2006… para mí ha sido una sorpresa lo que me he encontrado, sin duda el caso Ayotzinapa se conoce bien en la prensa, pero los 40 mil desaparecidos no era algo que tuviera así de claro, o de los 26 mil cuerpos sin identificar (en los servicios forenses), o el caso de diez mujeres asesinadas al día”. El diagnóstico es descorazonador. En esto no hay milagros.La Guardia Nacional es la pieza con la que el gobierno y el país se juegan su resto.

EDITORIAL

Entre el “bien morir” y las elecciones

Mucho de lo que vivimos en México lo vive el mundo. Los matices tienen que ver con formas de vida y de desarrollar e instrumentar su democracia, pero al final las similitudes son más de las que imaginamos.

El hartazgo hacia los políticos y los gobernantes es una constante. En más de algún caso los ciudadanos los ven como un mal necesario.

El caso mexicano es visto con interés. Se interpreta como si hubiéramos resuelto un gran problema con el triunfo de López Obrador, lo cual tiene un gran factor a su favor, la legitimidad.

Lo que estamos viviendo ahora es otra cosa. Es visto como parte del desgaste de la gobernabilidad, de los errores propios de un nuevo gobierno, de la misma forma de ser del Presidente y de enojos y críticas derivados de que esta tocando intereses en el país.

López Obrador ha tenido más focos de atención en España por su famosa carta por los 500 años, que por su triunfo. Sin embargo, no alcanzamos a apreciar que con todo, sea un tema para el ciudadano común, como se lo planteábamos el viernes.

Desde hace tiempo España tiene a la política como una especie de dolor de cabeza. No logra entrar en un círculo virtuoso de la política; lleva varios años en medio de confrontaciones que le han impedido una gobernabilidad plena. El país se la pasó cerca de un año sin Presidente, y como nos dice una buena amiga: “no nos pasó nada”.

España está de nuevo en una encrucijada político-electoral. El último domingo de abril tendrá de nuevo elecciones y lo más probable es que los problemas de gobernabilidad no se vayan a resolver del todo.

Están en un “todos contra todos” que va a llevar a que, gane quien gane, todo va a terminar con una mayoría relativa. Como van las encuestas estaría ganando el PSOE, seguido del PP. La cuestión está en que los socialistas a duras penas alcanzan 26%, lo que los va a llevar a  hacer de nuevo malabares para poder gobernar; como lo han tenido que hacer en el actual periodo.

Lo que resulta interesante es que la política está por todas partes. Hay hartazgo reconocido, pero la gente, bajo cualquier pretexto, habla de política; en la mayoría de los casos para quejarse, a lo que se suma una gran producción literaria, como nos sucedió hace poco tiempo a nosotros. En la muy afamada librería FNAC existe un stand dedicado a todo lo que tiene que ver con política y las actuales elecciones. Un buen número de candidatos, nomás faltaba, ya es escritor e hizo su libro.

Son muchos los temas que preocupan a los políticos españoles; uno de ellos es el de la abstención. Están en el proceso de precampañas, que como en México parece como si fueran campañas, las cuales empiezan este viernes.

No hay nada definido. En una elección tan cerrada cualquier pequeño detalle puede hacer la diferencia. Da la impresión de que si no comete errores, Pedro Sánchez va a ganar.

Dos temas concentran la atención, los cuales son tema del mundo y que en pocos países han logrado resolver: el desempleo y las pensiones. No se ve como puedan resolverlos cualquiera de los candidatos, en lo que están es en vender la mejor esperanza.

Estos días ha aparecido un tema bravo y delicado: la eutanasia. La razón está en un emblemático caso público, en el que un marido ayuda a su esposa a “bien morir”. Lo que pasó llevó a que Ángel Hernández, el esposo, fuera detenido una noche pero el asunto sigue ante los tribunales.

No hubo político que en estos días no se haya subido al tema. Lo bueno de esto es que en el país se ha generado una interesante discusión sobre el “bien morir”, la cual ha obligado a los políticos a tomar partido, con su respectiva promesa; ya se verá. Parece que ganará el PSOE, pero sin la menor duda, va a pasar aceite, tanto en las elecciones como en el gobierno.

EDITORIAL

Expectativas a la baja

Mes tras mes el Banco de México publica la Encuesta sobre las Expectativas de los Especialistas en Economía del Sector Privado, entre cuyas preguntas está la relacionada con el crecimiento de la economía, que se mide por el comportamiento de la producción de bienes y servicios para consumo final, el Producto Interno Bruto.

Ya tenemos los resultados de la encuesta de marzo, y las medias de las respuestas a la pregunta por el crecimiento fueron las que siguen. Para 2019: 1.56 por ciento (mínimo 1.00, máximo 2.40). Para 2020: 1.82 por ciento (mínimo 0.77, máximo 2.90). Para 2021: 2.10 por ciento (mínimo 1.40, máximo 3.00). Comparando: en 2018 la economía creció 2.00 por ciento.

En los últimos cuatro meses, los transcurridos del sexenio de AMLO, la expectativa de crecimiento de los economistas encuestados por el banco central ha disminuido. En noviembre (último mes de la administración de EPN) la expectativa de crecimiento para 2019 fue 1.97 por ciento. En diciembre (primer mes del sexenio de AMLO) bajó a 1.89. En enero a 1.80. En febrero a 1.64. En marzo a 1.56 por ciento.

La misma tendencia a la baja la observamos en el sector oficial. En el documento Criterios Generales de Política Económica 2019, elaborado por la SHCP, publicado el 15 de diciembre, la proyección de crecimiento para 2019 se ubicó en el rango de 1.5 a 2.5 por ciento, 2.0 puntual. En el documento Pre-criterios Generales de Política Económica 2020, publicado el 1 de abril, presentado por la misma dependencia, la proyección de crecimiento para este año se ubica en el rango de 1.1 a 2.1 por ciento, 1.6 puntual.

Tanto los economistas del sector privado, como los funcionarios de la SHCP, han ajustado a la baja sus expectativas de crecimiento. Por su parte AMLO, al conocer las nuevas proyecciones de la SHCP, dijo que las mismas son prudentes, conservadoras, en línea con los pronósticos del Banco de México, y afirmó (él tiene otros datos) que este año la economía crecerá dos por ciento y el año entrante tres.

Una de las preguntas que les hace el Banco de México a los economistas encuestados es cuál será el crecimiento promedio anual de la economía en los próximos diez años, del 2020 al 2030. Ésta fue la media de las respuestas: 2.24 por ciento. Independientemente del número, llama la atención que los economistas encuestados consideran que, por lo menos hasta el 2030, el crecimiento seguirá siendo mediocre, como lo ha sido en los últimos 37 años. De 1983, año en el que perdimos el crecimiento elevado, a 2018, año en el cual no lo habíamos recuperado, el crecimiento promedio anual de la economía mexicana fue 2.3 por ciento. Se espera que así siga.

AMLO ha dicho que, en promedio anual, la economía crecerá en su sexenio 4.00 por ciento, algo que hoy parece imposible. ¿Será?

EDITORIAL

“¿Ahora me cumplen?”

Hay varias formas de ver lo que puede entenderse  como un congelamiento de la Reforma Educativa en la Cámara de Diputados.

Por un lado podría decirse que está la sensatez del Gobierno. Son muchos los indicios de que las cosas podrían llegar a confrontaciones mayores que por ningún motivo quiere enfrentar el gobierno, “somos diferentes”.

Si algo no quiere el Presidente es entrar en un callejón sin salida con la CNTE. Sabe lo que puede pasar y el costo que tendría con la CNTE y sus grupos afines. Por otro lado a López Obrador le importa mucho lo que puede provocar entre sus innumerables y furibundos seguidores cualquier cosa que haga que pueda enfrentar o contradecir sus discursos de muchos años.

Está en algún sentido jugando para la tribuna. Se ve   más preocupado por la CNTE que por la propia reforma. El coordinador de Morena en Diputados se la ha pasado haciendo malabares para no hacer enojar a los líderes de la CNTE.

Mario Delgado ha tratado de mantener ciertos equilibrios también con la oposición, la cual, en particular el hoy chiquipartido llamado PRI, sabe muy bien de lo que se trata todo esto. La Coordinadora tiene a los diputados sin capacidad de maniobra.

Los líderes de la CNTE están de manera tajante por encima de sus representados. No hay manera de conocer la opinión y perspectivas de buena parte de los maestros. Quien se atreve a hablar o disentir por lo general le va mal, con las repercusiones propias del caso.

No es casual que en estos días el Presidente haya dicho que es importante escuchar a los maestros y no necesariamente sólo a sus líderes. Lo expresado por López Obrador no cayó nada bien entre los dirigentes, los cuales lo interpretaron como un intento por tratar de entrarle a la reforma por otra puerta. Al final, todo quedó en intentona, los líderes serán los interlocutores y los que decidan.

Esteban Moctezuma mandó un mensaje que habrá que ver qué tanto se mantiene y qué tanto es efectivo en la práctica. Aseguró que no se va a hacer una reforma como quiere la CNTE. En medio de una especie de congelamiento del tema en el Legislativo, provocado por la Coordinadora es todo un enigma lo que pueda pasar en caso de que no sea del gusto, o como se quiera decir, de la CNTE.

Quizá en el Gobierno se esté perdiendo de vista lo que se está enfrentando. El Presidente está entrando con la CNTE en lo que dijo que no quería por ningún motivo  hacer: un juego de vencidas.

A la Coordinadora se le abrió la puerta de tal manera que ahora ya no hay cómo cerrarla o al menos medio cerrarla. Es una organización que desde siempre ha apostado por el todo o nada. En otras ocasiones habían sido ignorados, con las consecuencias que se conocen, o simplemente se administraban los conflictos.

Hoy la CNTE está más fuerte que nunca. Hizo una gran alianza con López Obrador en las pasadas elecciones y están bajo el “ahora me cumplen”.

La pelota no está en la cancha de la Coordinadora, está en la del Gobierno. ¿Hasta dónde está dispuesto el Presidente a negociar y ceder con tal de satisfacer los planteamientos de la CNTE, los cuales podrían repercutir en el espíritu de la reforma y que además pueda terminar con la “mal llamada”?

Es mucho lo que se encuentra en juego. El país no puede seguir en un largo compás de espera hasta que se pongan de acuerdo. En el fondo prevalece la idea de que todo esto tiene que ver con la búsqueda de poder mantener privilegios. No se pasa de largo que durante muchos años los maestros han sido uno de los sectores más castigados; sin embargo, no se puede negociar con una mano adelante y otra atrás. Se trata de la educación de millones de niñas, niños y adolescentes, casi nada.

EDITORIAL

Viene con todo

El presidente de EU anda saliendo poco a poco de los muchos problemas en que se ha metido y lo han metido. De unas semanas para acá no sólo se ha envalentonado una vez más.

En el camino sus radicales seguidores han visto como un triunfo la exoneración de su presunta corresponsabilidad en la participación rusa en las pasadas elecciones, aunque todavía está pendiente que sea investigado por obstrucción de la justicia.

Trump va sumando pequeñas victorias que se van convirtiendo en un gran todo que lo fortalece. Esto le permite abrirse un gran espacio en su intento para ser reelecto. La semana pasada logró que el Pentágono, que no el Congreso, le otorgara mil millones de dólares para la construcción del muro.

El otro asunto en que ha dado golpes en la mesa es el que tiene que ver con su intento por establecer en la frontera lo que se conoce como la “emergencia nacional”. Para el presidente, EU está en medio de lo que llama una “invasión de drogas y criminales” y quiere asegurar, a como dé lugar, bajo su visión maniquea, la frontera.

De por medio están sus singulares convicciones y, sobre todo, los votos de sus furibundos seguidores, particularmente los de la “América profunda”.

El viernes anunció que esta semana podría cerrar totalmente la frontera sur. Arremetió en contra de nosotros y además se dio vuelo: “¡Estoy muy enojado con México! Pienso que ellos están haciendo mucha palabrería. México va a tener que hacer algo. De otra manera voy a tener que cerrar la frontera. Simplemente cerraré la frontera”.

La reacción del gobierno pasó por los terrenos del síndrome de la “mesa que más aplauda”. El Presidente, en acto público en Poza Rica, preguntó a la entregada y furibunda audiencia si debía contestar a Trump o ser prudente. A mano alzada le contestaron en medio de los tumultos y pasiones que provoca el Presidente que no debía contestarle y entonces vino “ése es mi pueblo” y el “yo, amor y paz”.

La otra referencia, por decirlo de alguna manera, porque una respuesta como tal no se ha dado y por lo que se ve no se va dar, vino del canciller Ebrard, quien en un tuit le dijo a Trump: “somos un gran  vecino… díganlo si no el millón y medio de estadounidenses que eligieron a nuestro país como hogar, la más grande comunidad de ese origen fuera de EU”.

Al interior de la Unión Americana los escenarios se le van armando a Trump y es por eso que vuelve a colocarnos en el centro, lo cual es clave en su intento de reelegirse. Nuestro país volverá a ser utilizado por Trump, como lo hizo en las pasadas elecciones y que tan buen resultado le dio.

Los hechos más recientes que le han ayudado a construir su nuevo rompecabezas tienen que ver, una vez más, con el Congreso, con el cual tiene una relación entre tortuosa y desastrosa. Los legisladores se opusieron a la aplicación de la “emergencia nacional” ante lo que el presidente, en uso de sus atribuciones, vetó esta determinación.

Sólo falta conocer qué decide la Cámara baja para saber el desenlace del tema. Por lo pronto, ni el Congreso ni el presidente lograron sus objetivos, pero lo cierto es que Trump no ha perdido esta partida y, en una de ésas, hasta la gana.

El gobierno mexicano no tiene gran capacidad de maniobra en este lance. Hay varios asuntos por definir en la relación bilateral, entre otros la aprobación del T-MEC en los congresos de EU y de nuestro país, lo que obliga, efectivamente, a la prudencia, que no a dejar pasar algunos temas en que es necesario plantarse. Vienen días muy bravos porque Trump, al quererse reelegir, es capaz de pasar por encima del que esté enfrente, y más si se trata de su frontera sur. Quizá ya no va a ser suficiente aplicar el síndrome de la “mesa que más aplauda” como estrategia.

EDITORIAL

En busca del resentimiento perdido…

“Un tesoro nunca antes visto fue encontrado en el Templo Mayor en la Ciudad de México y podría llevar a los arqueólogos a un hallazgo que no se ha conseguido hasta el momento: la tumba de un gobernante de la cultura mexica”.

Así fue el anuncio del descubrimiento de las piezas de alrededor de 500 años de antigüedad, que llegó el mismo día en que se desató la polémica por los hechos ocurridos allá por los mismos tiempos, y por los que el Presidente Andrés Manuel López Obrador hoy le pide a España que se disculpe.

“Es mejor pedir perdón y, a partir de eso, buscar hermanarnos en la reconciliación histórica”, dijo el Presidente, mientras los asombros crecían…

En cuestión de segundos comenzó una lucha libre a tuitazos, en medio de los cuales apareció el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, que en un comunicado rechazó “con toda firmeza” la petición del Presidente de México.

Al debate en el que ya llevamos seis días enfrascados, se han subido políticos, escritores, historiadores, internacionalistas, diplomáticos y periodistas en México y España, justificando o satanizando capítulos de la Conquista, y otros comparando —de manera necia— con otras “disculpas” del siglo XX, que en nada se comparan con lo ocurrido en el México del siglo XVI.

Es temprano para saber hasta dónde penetró el filo de este renovado resentimiento mexicano contra España, expresado en la carta de nuestro Presidente, solicitando un “perdón” para restablecer una relación que hasta hoy, el México moderno no había visto como “fracturada”.

La Conquista de México ocurrió hace más de 30 generaciones y desde entonces, tres momentos han sido clave en la reconciliación entre las dos naciones, y no pueden ser ignorados.

El Tratado de Paz y Amistad entre México y España en 1836, donde se habló específicamente de los agravios cometidos durante la Conquista.

Los festejos de los 100 años de la Independencia de México, cuando Porfirio Díaz recibió a una delegación española que devolvió a México entre otras insignias, el uniforme de José María Morelos y Pavón.

Y el más reciente, en 1939, cuando el gobierno de Lázaro Cardenas abrió las puertas a miles de españoles perseguidos, que huían de la Guerra Civil y el franquismo.

Un acto de solidaridad en el que México mostró mucho más que su perdón.

Representación de Aurora Reyes, del encuentro de Cortés y Moctezuma. Foto: Especial

Deuda histórica, resentimiento renovado, necesidad de la reconstrucción de una relación diplomática con España —bastante bien construida—; quizá una motivación legítima que hoy nos obligue a revisar lo más antiguo de nuestra historia, pero el caso es que el Presidente de México, pese a las más rimbombantes reacciones en contra, sigue firme y quiere su disculpa.

“No pedimos indemnización, sólo una disculpa, ¿es mucho pedir?”… cuestiona.

La discusión ya resultó el pretexto perfecto para condicionar la asistencia de López Obrador a los festejos por los 500 años de la fundación del primer ayuntamiento de América, Veracruz.

El alcalde Fernando Yunes expresó su temor de que con ello, también el rey de España decline la invitación que le fue girada para asistir al evento, uno de los más importantes para los veracruzanos.

Por su parte, el papa Francisco también declinó la invitación que la Conferencia del Episcopado Mexicano le hizo para visitar México, precisamente con motivo de celebrar el 500 aniversario de la Evangelización, en 2021.

Y aunque la decisión del pontífice fue anunciada el 1ro de marzo pasado, a una comitiva mexicana en reunión privada en el Vaticano, el que se haya dado a conocer en medio de la nueva polémica con España, se antoja una mala señal.

Tan mala como el sepulcral silencio que guardó la cancillería mexicana durante 48 largas horas, antes de fijar postura sobre la explosión informativa presidencial.

No hubo comunicado oficial, no hubo presencia ni declaración en la conferencia mañanera, sólo un tuit en el que Marcelo Ebrard, con la estricta corrección de la diplomacia más ortodoxa, aseguró que “las relaciones entre ambos países se mantendrán cordiales y vigorosas”… ¿Será?

¿Así de cordiales y vigorosas como se han mantenido entre mexicanos?, ¿donde más del 40 por ciento de los indígenas se dicen discriminados por su origen, en su propio país, en este mismo siglo XXI?

Si como dice el Presidente, “la mejor política exterior es la interior”, entonces deberíamos de preocuparnos más por los abusos que sufren nuestros pueblos indígenas en la actualidad, y no por fantasmas de más de 500 años.

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