EDITORIAL

La maestra y la estafa

Rosario Robles vive en la misma casa desde antes de iniciar el sexenio; la extitular de Sedesol y hoy secretaria de Sedatu no pidió ser candidata en busca de fuero; asegura que todo su patrimonio está en su nombre y trayectoria.

Fuente ovejuna en San Lázaro acusó de todo y nada a la maestra Robles Berlanga: cartulinas, mantas y mentadas fueron escenografía de lo anunciado; el linchamiento coral, pero no legal, de la funcionaria pública que desafió a quien tuviese al menos una prueba en contra suya para ir juntos a denunciarla penalmente. Nadie levantó el guante.

La primera mujer que gobernó la Ciudad de México carga sobre su espalda, y difícilmente dejará de hacerlo, una losa mediática llamada Estafa Maestra. Trabajo de investigación, documentación y difusión encabezado por Mexicanos contra la Corrupción, el portal Animal Político y utilizado recurrentemente por el diario Reforma, endosado a Rosario Robles; a nadie más.

La trama señala a varios rectores de universidades públicas, a entidades estatales, medios de comunicación, notarios públicos, abogados, empresas inexistentes con cuentas bancarias reales con nombres y apellidos; habla de miles de millones de pesos desviados, desaparecidos, robados; pero no apunta hacia dónde, cómo y quién obtuvo los beneficios de semejante desfalco. La única identidad pública y publicitada es Rosario Robles.

Comparecencia de glosa la de Rosario Robles ante diputados por el sexto Informe de Gobierno de la administración Peña Nieto, preparada para celebrar la quema, en leña verde, de la bruja política que encantó y espantó en sus días a varios perredistas, hoy conversos al morenismo avasallante. Una estafa social sobre nuevas formas, pero viejos fondos políticos, gritos, insultos, esgrima verbal desde la alta tribuna a las bajas curules, de ida y vuelta; retórica inútil para seducir micrófonos, cámaras y crónicas. Todo, efímeramente.

Que si violencia política de género, que no te equivoques, Rosario, que si fueros, traiciones y lealtades inmerecidas, hurgar entre piedras; escondrijo del botín imaginado, estridente logística del gran asalto silente de cómplices y otros responsables. Como Lope de Vega inmortalizó; cuando pregunten quién mató al Comendador, todos a una: Fuenteovejuna.

La tesis de una sola servidora pública como columna del mayúsculo desfalco es una estafa política. Una patraña estridente, circo rentable, espectáculo lapidario; sin embargo, lo ocurrido en San Lázaro hace dos días, con Rosario Robles en la pista central y suficientes payasos alrededor, no toca a la corrupción rampante con algo tangible, efectivo y no sólo efectista.

Conceptos que próximamente serán políticas públicas, como el ejemplo desde arriba, amnistía, borrón, cuenta nueva, mirar para adelante, confianza, fe en el pueblo y esperanza renovadora por la transformación social; merecen el beneficio de la duda, lo ganaron el pasado 1 de julio de forma contundente.

Sin pruebas ni procesos legales, lo demás es más simulación. La misma que se promete combatir hasta su extinción.

EDITORIAL

Heridas de infancia

Muchas de las heridas que provocamos en otros vienen de nuestras propias cicatrices. Laura nació en Los Ángeles, hija de padres mexicanos y vivió en Boyle Heights durante sus primeros años. Sus padres, originarios de Guadalajara, se separaron cuando ella era muy chiquita y no volvió a saber nada de su padre.

Durante un tiempo vivió con su madre y su hermana Ana, siete años mayor que ella. No les sobraba nada pero tenían lo indispensable para vivir.  La vida cambió radicalmente para Laura durante un viaje a Miami que hizo en compañía de su madre y su novio. Lo único que recuerda es que en cuanto bajaron del avión la policía esposó a su madre y a su pareja por tráfico de drogas. Su madre lloraba y gritaba que la perdonara. Laura regresó sola a Los Ángeles. Tenía siete años y Ana 14 por lo que tuvieron que separarse e ir a vivir cada una con familiares de la madre.

Laura se fue con su tía Sandra, soltera, sin hijos, muy estricta desde que había entrado a una iglesia cristiana llena de prohibiciones. Laura tenía que ir al templo todos los días, usar vestidos largos que la hicieron objeto de burlas en la escuela y cualquier acto que su tía consideraba desagradable para Dios era reprimido con golpes. Después de unas semanas, Laura cayó en depresión y dejó de hacer tareas, de comer y sólo quería dormir. El abuso físico aumentó y Sandra la golpeaba con cualquier pretexto, rompiéndole a veces la piel de brazos y piernas. Tenía ocho años y aprendió a ocultar lo que estaba viviendo cuando iba a visitar a su madre en la cárcel, fingiendo estar contenta.

A los 10 años, Laura se rebeló y por fin decidió llamar a su hermana para pedirle que la rescatara. Ana tenía 17 años pero se hizo cargo de Laura con ayuda de una prima de su madre, quien después de tres años salió de la cárcel y pudo reunirse con sus hijas.  Para Laura fue muy difícil volver a confiar en los demás, tenía pesadillas, sentía miedo de todo, era callada y no lloraba nunca. Con el tiempo se recuperó y logró llegar a la universidad. Hoy en día trabaja en publicidad y tiene una pareja estable desde hace cinco años.

Un día sin saber por qué, sintió la necesidad de hablar con Sandra de lo ocurrido años atrás. Su tía la recibió avergonzada y Laura le dijo lo mucho que la había dañado. Sandra lloró, le pidió perdón y le dijo que ella también había sufrido violencia física en la niñez. Laura no quería restablecer una relación con ella pero se sintió en paz después de que hablaron.

Todavía tiene pesadillas en las que la golpean, la persiguen o entran a su recámara para lastimarla. Sabe que son consecuencia de las cicatrices que hay en su inconsciente pero se tranquiliza al ver que a pesar del sufrimiento en esa época de su infancia, ha logrado construir una buena vida.

EDITORIAL

Ecatepec, la cara brutal del todo

Entre el gran desarrollo de la cultura de la denuncia y que los ciudadanos estamos cada vez más a la ofensiva, problema que se presenta, problema que en la mayoría de los casos se denuncia.

Estamos todavía muy lejos de que se conozca el panorama general de lo que se vive en el país, pero no hay duda de que la valentía de muchas mujeres, de sus familias y de diversas organizaciones sociales han ido cambiando las cosas.

El caso Ecatepec muestra los innumerables males de la sociedad. En uno de los municipios con mayor densidad de población se resume el todo de la vida del país. Pobreza, riqueza, violencia, corrupción en todos los órdenes, agresión sistemática en contra de las mujeres, abuso de autoridad, impunidad, delincuencia en la cotidianeidad, a lo que se suma una ingobernabilidad que provoca que todo sea caótico y, sobre todo, riesgoso.

Las mujeres, sin importar su edad, están en medio de todo ello. Son quienes lo viven en primera persona. En la encuesta de percepción sobre seguridad e inseguridad, queda claro que son quienes padecen en mayor medida las amenazas, temores, agresiones físicas y verbales, y sobre todo sexuales.

En un número importante de casos, las mujeres terminan por decidir no presentar denuncias. Las razones son múltiples, tienen su explicación en que no creen que las autoridades vayan a atenderlas y resolver sus problemas; se les toma como insensibles y cómplices de quienes abusan de ellas.

Están en un callejón sin salida. Se quedan en casa y están expuestas, salen de ella y están expuestas, abordan el transporte público y están expuestas, asisten a su centro de trabajo y también están expuestas; no hay cómo no lo estén.

La condición socioeconómica no es necesariamente un factor. Es más visible lo que pasa entre las mujeres de los sectores populares, incluso entre las de clase media, debido a que existen posibilidades de acceder a información directa o indirecta.

Un gran enigma es lo que se vive en la clase alta. Si bien se tienen acercamientos de lo que puede pasar, lo que sucede en este sector es todo un misterio, lo que no significa que no haya abuso y violencia sexual contra las mujeres, más bien está más escondido.

No hay manera de saber lo que pasa en muchas residencias porque están virtualmente cerradas en todos los sentidos. No se puede entrar y tener información o indicios de lo que puede pasar, por más que investigadores y encuestadores hagan grandes intentos persuasivos por hacerlo.

Ante lo que estamos es ante información y escenarios inciertos. Sin embargo,  el hecho de que se conozcan ciertos casos, por más violentos y brutales que sean, permite conocer parte de lo que se vive en el país.

Seguramente no todos los casos son como el del feminicida y su esposa en Ecatepec, pero a veces no necesariamente deben ser tan brutales como para que no sean expuestos, penados y sobre todo denunciados. La pregunta cabe ante la violencia contra las mujeres: ¿De qué tamaño y de qué tipo debe ser el delito para que sea denunciado y perseguido?

Ecatepec se ha convertido en el centro de agresión en contra de las mujeres. Sin tanta atención, está en camino de ser algo así como lo que vivió Ciudad Juárez hace dos décadas. Si algo está claro es que la violencia contra las mujeres sigue siendo una constante, no hay indicios de que algo esté cambiando. Ecatepec es una cara brutal de un todo.

EDITORIAL

Ecatepec, trastornados y rabiosos

Si hay algo a lo que se le ha puesto poca atención es a los trastornos de la mente que han generado tragedias terribles a lo largo de la historia. El caso del llamado “Monstruo de Ecatepec”, que ha cimbrado a la sociedad mexicana, es claro ejemplo de esto.

Un hombre que dice odiar tanto a las mujeres porque su madre, cuando era pequeño, lo vestía de niña y lo obligaba a ver como ella mantenía relaciones sexuales.

Una persona, que ya detenida, ha dicho que si sale del reclusorio matará a más mujeres porque él tenía como meta, quitarle la vida a 100.

Los exámenes practicados por la Fiscalía del Estado de México demuestran que este trastorno es real.

Recordemos que el pasado jueves 4 de octubre, elementos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México detuvieron a un hombre y una mujer por su probable participación en al menos 10 feminicidios.

La pareja era investigada luego de la desaparición de tres mujeres en abril, junio y septiembre, de quienes se supo, tuvieron en algún momento relación con estos sujetos.

Juan Carlos, de 33 años, y Patricia, de 38, salían del domicilio con una carriola cuando fueron detenidos por los policías de investigación; al ser revisada se llevaron una macabra sorpresa: la carriola transportaba restos humanos, los cuales serían supuestamente tirados en un terreno baldío. Fueron descubiertos porque alguno de ellos activó el celular de una de las víctimas, que ya era buscada junto con otras tres jóvenes desde semanas atrás.

Al momento de ser detenido, Juan Carlos les dijo a los elementos de la fiscalía que, si lo iban a presentar ante los medios de comunicación, le permitieran bañarse y ponerse traje, ya que no era “un mugroso delincuente”.

Juan Carlos confesó haber asesinado a 20 mujeres; sin embargo, sólo ha dado detalles de unas 10.

De acuerdo con la Fiscalía, la pareja de presuntos asesinos abandonaba los restos humanos en al menos tres puntos, entre ellos, un predio de la calle Pie de la Cuesta, a escasos 100 metros de la vivienda que rentaban.

Durante la audiencia que se llevó a cabo en los Juzgados de Control y Juicios Orales del penal de Chiconautla, el imputado confesó que tres de sus víctimas fueron Arlet Samanta, Evelyn y Nancy Nohemí, quienes desaparecieron en abril, junio y septiembre pasados.

Arlet Samanta, de 23 años, vivía en la misma vecindad donde residían los asesinos confesos. Tanto Evelyn como Arleth y Nancy eran madres solteras.

Nancy Nohemí Huitrón Solorio desapareció el 6 de septiembre junto con su hija Valentina de dos meses. Juan Carlos dijo que planeó “darle en la madre”, enganchándola con ropa y el ofrecimiento de un préstamo. Tras asesinar a la joven de 28 años de edad, Juan Carlos y Patricia vendieron a su bebé a una pareja: Adrián de 39 años y Ana de 38, quienes argumentaron que les dijeron que la niña era de una mujer de Guerrero que la iba a regalar, por lo que entregaron un apoyo de 15 mil pesos. La bebé fue recuperada y entregada a su abuela materna.

Exámenes psiquiátricos practicados por la fiscalía mexiquense establecieron que Juan Carlos presenta un trastorno mental de tipo sicótico y de personalidad. Se sabe que tras matar a sus víctimas vendía los restos y sus pertenencias; mientras que, para ganarse la vida, vendía ropa de paca en un tianguis, además de bisutería y elotes.

El horror se descubrió cuando se dio a conocer un video del interrogatorio que realizaron autoridades del Estado de México a Juan Carlos; en sus declaraciones, dijo que su misoginia se debe a que fue víctima de maltrato por parte de su madre, quien supuestamente lo vestía de niña y lo obligaba a observar cuando ella sostenía relaciones sexuales, por lo que desarrolló un odio hacia las mujeres, al grado de que las tachaba de sexoservidoras. (En el video, no dice que su mamá lo vestía de niña y lo obligaba a ver como tenía relaciones como dicen varios medios, él comenta que observaba como su mamá tenía relaciones sexuales y la escuchaba, como si no se preocupara que estuviera ahí, pero no era obligado).

“Prefiero que mis perritos coman carne de estas mujeres a que ellas sigan respirando mi oxígeno, mil veces que coman los perritos y las ratas a que ellas sigan caminando por ahí”, dijo Juan Carlos sin empacho.

Durante el interrogatorio, Juan Carlos, quien aparece en el video sentado en una silla, con las manos esposadas y vistiendo un pantalón de mezclilla azul y una playera oscura con un estampado amarillo, fue cuestionado sobre si recibió en algún momento atención psicológica; indicó que estaba bien: “Yo estoy bien, lo que hago está bien patrón, porque estoy limpiando el mundo de porquería, yo estoy completamente sano y bien”.

Además, reconoció que desde 2012 ha cometido los feminicidios y que tras asesinar a sus víctimas degollándolas con un arma punzocortante, las descuartizaba para deshacerse de sus restos. También declaró que mandó a fabricar un cuchillo de 30 centímetros con mango de madera para asesinar a sus víctimas. Además, detalló que, con la carne de las mujeres, hicieron pozole.

Tras la inspección en dos domicilios de la colonia Jardines de Morelos, los agentes encontraron prendas y ocho cubetas de 20 litros con restos humanos cubiertos con cemento y un refrigerador con más restos congelados en bolsas de plástico.

Juan Carlos y Patricia se conocieron en el bar La Cueva en el 2008 y desde entonces vivían juntos. Se sabe que, hace dos años aproximadamente llegaron a vivir a su domicilio actual junto con sus cuatro hijos; tres niños y una niña, de diez, seis, cuatro y un año, respectivamente.

Vecinos de los presuntos feminicidas eran vistos como una pareja tranquila, que no se metía en problemas.

Los trastornos psicóticos y de personalidad, no son fáciles de detectar y significan tener la mente dividida. Generalmente inician al final de la adolescencia.

En las personas como el llamado “Monstruo de Ecatepec”, el pensamiento está deformado, sin base lógica y pueden presentar ideas delirantes; se cree con atributos o poderes especiales, el más inteligente, el único capaz, el más bello o bella.

Pueden llegar a sufrir alucinaciones auditivas, visuales o cinestésicas. Y pueden llegar a vivir en un mundo esquizofrénico e ilusorio. La vida, que se le presenta como vacía y sin significado.

El feminicida, como lo ha demostrado en sus declaraciones, no siente culpa por sus hechos, y no ha mostrado un pensamiento lógico. ¿Hasta qué punto no es consciente de sus actos? Es relativo.

Este tipo de casos hay que atenderlos con todo el peso de la ley. Pero también es fundamental que se fortalezcan las políticas públicas para atender trastornos mentales y brindar servicios de salud adecuados. Los límites entre la locura, el daño mental y la atención jurídica y social son siempre relativos.

EDITORIAL

¿Son lo mismo Morena y el pueblo de México?

Durante su larguísima campaña presidencial, el Lic. López Obrador se convirtió en un agente integrador de las demandas populares. Si en algún rincón del país había un movimiento social que tuviera alguna exigencia sobre cualquier asunto, él viajaba hasta allá, los escuchaba y, al final, les prometía que si él llegaba al poder, esa demanda sería satisfecha de inmediato.

La lógica de la campaña fue la de construir un enorme movimiento popular, que reuniera todas las exigencias del pueblo en contra de la llamada mafia del poder.

Las promesas que hizo el Lic. López Obrador iban siempre con la garantía de que él no dejaría de cumplirlas, de que él no traicionaría al pueblo. En eso consistía la diferencia entre él y el resto de la clase política.

Desde el día después de la elección, que le brindó un triunfo contundente al Movimiento Regeneración Nacional, quedó claro que dicho movimiento político no consistía en la agrupación de todos los movimientos sociales. En otras palabras —crudas pero ciertas—, Morena y el pueblo de México no son lo mismo.

Los primeros que dejaron muy en claro que Morena no puede hablar en nombre del pueblo de México fueron los neozapatistas. Aquí no hubo sorpresa. La posición del EZLN ha sido invariable. Sin embargo, en algunos grupos de Morena se manifestó una reprobación del neozapatismo. ¿Cómo se atrevían a seguir en pie de lucha cuando la izquierda ya había ganado? De acuerdo con esta forma de pensar, lo que debía hacer el EZLN era dejar las armas —aunque fueran de juguete—, desactivar su movimiento territorial y recibir con los brazos abiertos a los delegados del nuevo gobierno. ¿Por qué no hacían eso? Como a estos críticos les resultaba imposible imaginar que hubiera un movimiento social legítimo por fuera de Morena, se plantearon la sospecha de que, en realidad, el EZLN es un agente de la mafia del poder. Si no están con nosotros es que están en contra nuestra.

En días recientes se ha comentado mucho el conflicto entre la CNTE y el futuro gobierno. De la misma manera en que la jerarquía de Morena no puede entender que el EZLN no caiga en sus brazos, no les entra en la cabeza que la CNTE no esté agradecida con ellos por haber anunciado con bombo y platillo que de la Reforma Educativa “no quedará ni una coma”. En declaraciones recientes, el Lic. López Obrador calificó a la CNTE como un grupo de extrema izquierda, lo que lo convierte —por medio de una dialéctica peculiar— en uno de extrema derecha.

Entendámonos: quienes se oponen al régimen desde la izquierda son, en realidad, agentes de la derecha explotadora, de la reacción más corrupta, del conservadurismo más rancio.

Para el Lic. López Obrador no hay más pueblo que el de Morena.

EDITORIAL

Hagamos consultas, pero hagámoslas bien

El presidente electo ha señalado una y otra vez que hay dos tipos de democracia: la representativa y la participativa o directa. En la primera los representantes electos son los encargados de la creación de nuevas leyes y la toma de decisiones, mientras que en la segunda los propios ciudadanos toman la cosa pública en sus manos. “No es que la democracia termina y se agota en una elección constitucional y ya”, ha dicho, por lo que hay que fortalecer la participación.

Una parte de la opinión pública se decantó inmediatamente al desgarramiento de vestiduras recordando cómo el populismo se ha aprovechado de mecanismos de la democracia participativa, como los referéndums, para afianzarse en el poder o impulsar saltos al vacío, como el Brexit. Esto es cierto en casos específicos, sin embargo, vale la pena tener en mente que una buena parte de los países democráticos no sólo contemplan reglas de participación directa, sino que las utilizan activamente.

El caso paradigmático de una sociedad moderna que apuesta por la participación directa se encuentra en Suiza. En promedio, un ciudadano suizo acude a las urnas cuatro veces al año para decidir sobre una diversidad de temas: desde la aprobación de reformas constitucionales hechas por el gobierno federal, pasando por políticas públicas del cantón en que vive y hasta decisiones de su comunidad, como la construcción de una nueva escuela.

A nivel federal, hay tres escenarios diferentes para que los suizos voten. En primer lugar, están los referéndums obligatorios, en los que cada modificación a la Constitución hecha por los legisladores debe ser aprobada por los ciudadanos. En segundo lugar, están los referéndums opcionales, en los que cualquier decisión del legislativo debe someterse a consulta si al menos 50 mil ciudadanos firman la petición, por lo que la ley sólo puede entrar en vigor si se aprueba en referéndum. Finalmente, están las iniciativas populares, en las que bastan 100 mil firmas ciudadanas para que un tema tenga que ser consultado y, en caso de ser aprobado, se implemente.

En lo que va de 2018, por ejemplo, los suizos han acudido tres veces a las urnas, en marzo, junio y septiembre, para votar sobre siete temas diferentes a nivel federal: desde políticas de juego hasta la colocación de políticas y derechos para los ciclistas en la constitución. A estas elecciones federales hay que sumar las decisiones locales, como el referéndum en el cantón de San Galo que prohibió el uso en público de burkas hace menos de un mes.

En muchas ocasiones el diseño institucional de la democracia directa ha puesto contra las cuerdas al propio gobierno, ya que sus propuestas o ideas han sido desechadas por los ciudadanos (como cuando rechazaron unirse a la Unión Europea), mientras que en otras ocasiones las iniciativas ciudadanas han obligado a implementar políticas que no se contemplaban. En cualquier caso, lo importante de estos mecanismos es que no están creados para aplicarse a la voluntad del gobernante, sino de los gobernados y, además, están debidamente institucionalizados. Si de verdad vamos a hablar de democracia directa, tomémonoslo en serio y no sólo pensemos en consultas a conveniencia.

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Desilusión, traición y autoritarismo

Bolsonaro ganó la primera vuelta en Brasil. Con más del 46% de los votos, ha puesto en jaque a su más cercano competidor, el oficialista Haddad, con apenas el 29% de las preferencias. El 28 de octubre se enfrentarán en la segunda vuelta.

Bolsonaro representa la ultraderecha de mano dura contra la violencia y la corrupción; la propuesta que busca resaltar los valores conservadores de la familia y el liberalismo económico. Frente a él está un candidato de izquierda, Haddad, que busca retomar la fórmula mágica que llevó a Lula a la presidencia, al apostar por los subsidios y las prestaciones laborales. La batalla se dará por el centro político.

Bolsonaro, sin embargo, es un candidato peligroso. Aunque muchas de sus propuestas son razonables e, incluso, oportunas en un Brasil sumido en la peor crisis económica, social y política de su historia, el carácter moral de este personaje hace que todo cambie. Por más que apoye a la familia, no podemos ignorar que defiende el autoritarismo, el asesinato y la tortura. Por más preocupado que esté por la educación, no podemos dejar de lado que atenta contra la libertad y que piensa que la fuerza —y no los votos— es el remedio de los males de Brasil. Una mala persona con buenas ideas es un peligro para la democracia. El fin no justifica los medios.

A Bolsonaro lo apoyan las clases altas por sus propuestas fiscales y de libre mercado. Hartos de los subsidios y de las prestaciones laborales —que sacaron de la pobreza a millones de personas en la última década— las cúpulas financieras, incluso la bolsa, han reaccionado favorablemente al avance del candidato. También lo respalda un gran sector de la clase media, evangélicos con arraigadas tradiciones familiares de corte conservador, que ven en la corrupción y la violencia un peligro para sus familias. Del mismo modo, un importante número de personas, repartidas en todo el espectro socioeconómico y cansadas de las traiciones de los políticos de siempre, lo apoyan por ser el candidato antisistema. Bolsonaro tiene la mesa puesta para alcanzar la presidencia.

Haddad tiene un complejo camino por delante. Aunque Bolsonaro genera mayor rechazo entre los electores, no cuenta con las simpatías que sostenían a Lula. Los escándalos de corrupción del PT, la crisis económica, el desempleo y la violencia desatada son el escenario ideal para el hartazgo y el deseo de un cambio radical. Haddad parece una opción demasiado cerebral y limpia como para enarbolar este sentimiento. Si no logra aglutinar minorías y recuperar la masa crítica que llevó a Lula a la presidencia, veremos a un exmilitar autoritario al frente de Brasil. Necesita vencer la desilusión y la apatía que amenaza a la democracia.

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El retroceso brasileño

Hace diez años, Brasil era el ejemplo favorito para señalar el camino hacia la salida del atraso. Después de superar casi tres décadas de dictadura, el país tenía un crecimiento económico que parecía no detenerse, la pobreza se combatía con programas sociales muy intensos y el PT, el partido de Lula da Silva, parecía una fuerza imparable.

Hoy Brasil no sólo vive una crisis económica devastadora, sino que se encuentra en una crisis política mayúscula. Después de la destitución de Dilma Rousseff en 2016 y del desastre de la presidencia de Michel Temer, el líder de todas las encuestas para las elecciones de 2018 es Jair Bolsonaro, un militar y político del cual uno puede tener una idea más o menos clara leyendo algunas de las frases que ha lanzado a lo largo de su carrera:

“El único error de la dictadura fue torturar en lugar de matar”. “Preferiría que mi hijo muriera en un accidente de auto antes que verlo saliendo con otro hombre”. “El 90% de los hijos de adoptados por homosexuales van a ser homosexuales y se van a prostituir, con seguridad”. “No te violaría porque no lo mereces, eres demasiado fea”. “Tengo cuatro hijos, pero tuve un momento de debilidad y por eso la quinta fue mujer”. “No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar”. “Los pobres sólo sirven para una cosa en nuestro país: para votar”. “Un policía que no mata no es un policía”. “Nunca he golpeado a mi esposa, pero muchas veces he querido dispararle”. “La basura del mundo está llegando a Brasil, como si no tuviéramos suficientes problemas por resolver”. “Con nosotros en el gobierno no habrá tal cosa como política de derechos humanos. Estos bandidos morirán porque no les daremos recursos del gobierno. En lugar de paz, estas ONG le hacen daño a nuestro país”.

Sin medias tintas, Bolsonaro es un misógino, racista, clasista, homófobo y partidario de la dictadura. Y a pesar de ello, llegó al final de la campaña electoral con un promedio de 15 puntos de ventaja en las encuestas. Su agrupación política, el Partido Social Liberal (PSL), ha dado un salto sin precedentes: en la primera elección que participaron, en 2002, ganaron un solo asiento de los 513 de la Cámara de Diputados y ningún senador. En 2015 avanzaron, pero sólo para tener 8 curules. El PSL era una fuerza testimonial en la política brasileña y, sin embargo, ayer triunfaron en la primera vuelta presidencial con casi 45% de los votos y están a dos pasos del poder.

Para ganar la presidencia, Bolsonaro aún debe superar la segunda vuelta, que se llevará a cabo el 28 de octubre y en la que se enfrentará contra Fernando Haddad, el heredero de la candidatura que Lula da Silva no pudo abanderar por estar en la cárcel. El pronóstico de este enfrentamiento es reservado y el análisis debe profundizarse más adelante, pero la simple irrupción de la “ideología” de Bolsonaro es suficiente para comenzar a dimensionar el tamaño del retroceso político en Brasil.

EDITORIAL

Dense pausa

El futuro gobierno sigue padeciendo de ansiedad. Quiere gobernar sin tener el poder formal para hacerlo. Como le decíamos hace unos días, el riesgo es el desgaste gratuito.

Está padeciendo situaciones evitables. Actúa como si la plaza fuera suya; y todavía no lo es. Una cosa es que quien la va a entregar esté vencido y otra, muy distinta, es que ya sea suya.

El ejercicio del poder ofrece ventajas, pero también expone y desgasta. El nuevo gobierno está expuesto, sin tener el poder real. Estamos, por el desarrollo de la gobernabilidad por venir, que López Obrador deje de ser el tótem supremo.

En cuanto se eche a andar el gobierno, va a perder buena parte del control. Para un país como el nuestro, tan grande y con un buen número de dependencias descentralizadas, no le va a ser posible tener el control total, ni tampoco hacer todo lo que quiera. Habrá limitaciones, muchas de las cuales ya las ha de estar viendo, y eso que todavía no está en la silla.

Las ansias se han extendido a su equipo. El lance de Conacyt, a pesar de las aclaraciones, no deja de ser otro pasaje más que el querer actuar y decidir cuando todavía faltan días para hacerlo. Se suma la importancia que tienen las formas para hacer las cosas, y con mayor razón cuando están a la espera de su turno.

Con la construcción del aeropuerto puede empezar a suceder algo parecido. La reunión que tuvieron el miércoles algunos integrantes del futuro gobierno con habitantes de la zona de Texcoco evidenció que están en contra de este proyecto. No se sabe si su posición se debió a que querían quedar bien con las comunidades en la reunión, la cual más bien parecía un mitin.

Cabe también que, efectivamente, estén en contra de Texcoco, ante lo cual están en su legítimo derecho. Sin embargo, bajo la posición que guardan como parte del futuro gobierno, el cual propaga que se debe analizar objetivamente toda la información que le permita al “pueblo” tomar la mejor decisión, flaco favor le andan haciendo a la consulta o encuesta.

Como le decíamos, las versiones sobre lo que ha venido pasando en las conversaciones y presuntos acuerdos entre el Grupo Aeroportuario y los habitantes de las comunidades de la zona donde se está construyendo el aeropuerto, no pueden ser más contradictorias y diferentes.

Se van a tener que hacer muchas cosas antes del 28 de octubre, día de la consulta, para que tenga legitimidad. No se sabe ni qué se va preguntar, a casi 15 días de ella. No vaya a pasar lo que el todopoderoso Alfonso Romo dice en voz baja: no creo que la gente vaya a salir a votar.

Tienen que, por lo pronto, bajarle a sus ansias e impulsos. El caso de Margo Glantz en el FCE, junto con la propuesta de López Obrador a Paco Ignacio Taibo, para que fuera el director del Fondo, aparentemente en lugar de Margo, hace público lo privado.

No parece ser lo mejor proponerle a alguien, se trate de quien se trae, ser director de una instancia de peso e historia cultural y social como el FCE, casi que en plena calle.

Es  muy probable que el nuevo gobierno se esté dando cuenta del tamaño del problema que tiene enfrente. Va la obviedad: no es lo mismo verlo de fuera, que desde adentro; y eso que seguramente no ha visto ni la mitad de lo que les espera.

Entender que no se puede hacer todo en seis años y que todo lo que se ha hecho no necesariamente está mal, es un buen principio. Hay que empezar a seleccionar batallas. En las campañas se promete una y otra vez, se juega con ello y se apela a la esperanza.

Gobernar es otra cosa: es la terca realidad. Todos sabemos que no van a poder hacer todo lo que genuinamente quieren. Va a ser difícil que en el corto y mediano plazos no entren en un proceso de desgaste y reclamos.

No se adelanten. Lo que viene seguramente los va a abrumar, se andan viendo improvisados; dejen que llegue ese momento.

EDITORIAL

Revolución cultural a la mexicana

Mucho se ha dicho del movimiento del 68 en México. Pero el 68 mexicano no fue ajeno a un movimiento global que tuvo repercusiones en todo Occidente, desde París a Praga, desde la Universidad de Stanford hasta la convención demócrata de Chicago, con el telón de fondo de la guerra de Vietnam y los asesinatos de Martin Luther King y Robert Kennedy. Fue un gran movimiento de las juventudes, que había despertado desde principios de los años 60 y que cambió, literalmente, todo.

El Movimiento Estudiantil de 1968 no fue un hecho que naciera de la casualidad; fue una consecuencia de un movimiento global.

En aquella época, varios sectores del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz aseguraban que el movimiento fue fomentado, sostenido y armado por agentes comunistas de la Unión Soviética y de Cuba.

Eran tiempos de la Guerra Fría, de la confrontación ideológica entre socialismo y capitalismo, en donde las potencias Estados Unidos y Unión Soviética se disputaban la hegemonía del mundo.

En ese contexto, y alentado por las revoluciones en China, Vietnam y Cuba, se desarrollaron varios movimientos populares en todo el mundo.

Fue el tiempo en el que Estados Unidos promovió nuevos métodos y “medidas políticas” para desactivar la insurgencia, ya que consideraban al “tercer mundo” terreno fértil para el desarrollo de levantamientos y otros conflictos.

Pero también fue la época de los grandes debates teóricos y de las definiciones políticas en el campo socialista, entre trotskistas, marxistas, leninistas, maoístas… los cuales giraban en torno a las vías para la construcción del socialismo y de las críticas al mismo.

Fue también un periodo en el que algunos pensadores recuperaron el estudio psicoanalítico de Freud para construir una explicación distinta a la estructuración de la sociedad. Los estudios de teoría social que realizaba esta escuela eran también conocidos como “teoría crítica”.

Es en este marco en el que detona el Movimiento Estudiantil de 1968, en un mundo polarizado por el socialismo o capitalismo; con objetivos similares a la lucha de estudiantes en otros países contra el autoritarismo, la represión, la persecución y encarcelamiento de luchadores sociales, y a favor de la democracia real y la justicia social.

El movimiento estudiantil tuvo antecedentes de movilizaciones y protestas en varios países.

En Estados Unidos las protestas contra la Guerra de Vietnam eran cada vez mayores; el movimiento por los derechos civiles tomó fuerza tras el asesinato de dos líderes significativos: Martin Luther King y Robert Kennedy.

Mientras tanto, en Checoslovaquia se llevaba a cabo la llamada Primavera de Praga, un periodo de liberalización política que pretendía darle “una cara humana al socialismo” y que, se dice, fue el desencadenante del movimiento parisino.

Hoy, muchos quieren comparar lo que fue aquel movimiento del 68.  Los jóvenes de hace 50 años tenían ideales, buscaban democracia,  tenían pensamientos muy elaborados. Fue la época del rock y de grandes movimientos culturales. Los chavos mexicanos formaban parte de movimientos en muchas partes del mundo, en búsqueda de libertades y de ser escuchados.

No nos engañemos; lo que tenemos hoy, con algunos de los movimientos que se han dado, entre ellos la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa, poco tienen que ver con esos ideales, con esa cultura.

Hoy lo que tenemos son miles de personas víctimas de la delincuencia organizada. Narcotraficantes que han acabado con la vida de muchísimas personas, que han dejado a México —sobre todo en ciertas zonas del país, como Veracruz— en un auténtico  cementerio; con fosas comunes en donde incluso se han encontrado restos de bebés.

No confundamos el movimiento del 68 con la violencia cotidiana que vivimos hoy.

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