EDITORIAL

 

La decadencia

 

 

El grito se escucha constantemente en el estadio, ese grito que ha evidenciado a los mexicanos como un pueblo con serias carencias de civilidad. Preferimos dejar de ser esos anfitriones alegres, creativos y divertidos, para mejor insultar, ensuciar y hacer gala de toda la vulgaridad posible. Millones de personas alrededor del mundo dan cuenta de ello cada que se transmite un partido de futbol. Es el Circo Romano, donde todos son uno escudados en el anonimato de la multitud, desafiando burlonamente las reglas de la sana convivencia.

Total, así somos, desenfadados y dicharacheros, y al que no le guste pues será porque es un niño fresa con oídos castos. ¿La FIFA? No le hace, porque ellos están en Suiza, la multa la paga quién sabe quién y aquí sólo nuestros chicharrones truenan.

Y no debe haber sorpresas ni sorprendidos. Finalmente es el país en donde las reglas de tránsito no se respetan, en donde la basura la arrojamos a la calle, donde se puede construir un edificio sin permisos y donde todo se arregla con “una lanita”. Es la tierra donde un gobernador se puede apropiar de la reserva territorial de medio estado, mientras su legislatura se cabecea en sus curules.

Tantas quejas hacia los políticos, su corrupción e ineficiencia, pero al final es un juego de espejos, reflejo de la casa, la calle y la escuela. Aunque desde luego uno esperaría que nuestros representantes populares, que hicieron una carrera, ganaron una campaña y tienen unos sueldos de lujo para supuestamente velar por las mejores causas del país y de los ciudadanos, se comportaran de otra manera.

Esperaríamos que los legisladores fueran un ejemplo a seguir, líderes a quienes pudiéramos escuchar para ser orientados, o a quienes pudiéramos acudir para externar las inquietudes y resolver problemas de nuestras comunidades. Pero no, en México la gran mayoría de ellos son todo menos eso.

Si ya la mordida que le propinó una diputada de Morena a una colega de un partido contrario había parecido un caso inaudito, el grito, ese famoso grito, se escuchó no en el Azteca sino en la Cámara de Diputados. Y lo peor fue que no salió de la boca de unos descamisados, sino de la de unas mujeres, diputadas del PRI.

Mujeres, ellas que todos los días sufren del machismo, el acoso, la discriminación y la violencia, haciendo esos desfiguros indignos y torpes. Pretendían defender a su coordinador, César Camacho, de los insultos e infamias lanzadas por un diputado de oposición, pero para lo más que les dio su intelecto fue para espetarle el tristemente célebre ¡eeehhh puto!

De todas las cosas que podían idear, de la infinidad de cuestionamientos que se le podían hacer a ese opositor respecto a su partido, a su líder mesiánico, a la corrupción que lo rodea y las ideas retrógradas que defienden, solamente les alcanzó para un insulto a coro.

Vaya ejemplo que le dieron a México y a sus hijos.

EDITORIAL

 

Trump, Cuba y el realismo selectivo

 

Seis meses después de haber anunciado, en Miami y de manera estridente, una reversión de la política de Barack Obama hacia Cuba, el gobierno de Donald Trump se decide a poner en práctica su nueva estrategia. Si perezoso fue el diseño y el anuncio de la política, ambiguo sigue siendo el contenido de la misma. Es lógico que los congresistas cubanoamericanos, artífices de la marcha atrás, se sientan insatisfechos.

El mayor impacto negativo que tendrían las medidas de Trump es una disminución de los viajes de estadounidenses a la isla. Diversas fuentes oficiales cubanas informaron que, a pesar de las restricciones vigentes, entre 2016 y 2017 el turismo norteamericano fue el tercero

No hay reversión total sino parcial o casuística de la apertura de Obama. Se mencionan 180 empresas que no deberían beneficiarse directamente de contratos con entidades norteamericanas o de transacciones financieras en Estados Unidos. Pero resulta que esas empresas, militares en su mayoría, no son necesariamente las más beneficiadas por el proyecto de Obama, ni requieren de transacciones directas para mantener sus ingresos. También se regula el contacto “pueblo a pueblo”, no académico, a través de una instancia autorizada en Estados Unidos —regulación que no pasa de ser un trámite burocrático más.

En la práctica, el mayor impacto negativo que tendrían las medidas de Trump es una disminución de los viajes de estadounidenses a la isla. Diversas fuentes oficiales cubanas informaron que, a pesar de las restricciones vigentes, entre 2016 y 2017 el turismo norteamericano fue el tercero, luego del canadiense y el de la emigración cubana, en el volumen de viajeros a la isla. Hablamos de un flujo de cientos de miles al año que podría verse limitado a partir de ahora.

En esta columna hemos sostenido que, aunque la reversión sea más retórica que práctica o afecte únicamente los viajes de ciudadanos de Estados Unidos, es negativa. Cualquier política que refuerce la lógica del embargo comercial, luego de décadas de abandono gradual de esa perspectiva de Guerra Fría, es, en efecto, un retroceso. La presión comercial no es buen método para incidir en un cambio político, que sólo puede ser interno, entre otras cosas porque la comunidad internacional rechaza cualquier medida punitiva.

Vale la pena reparar en el contexto del anuncio: Trump decide, finalmente, echar a andar la nueva política durante un viaje por Asia, en el que se reúne con los líderes de China, Vietnam y Rusia, tres aliados fuertes del gobierno de Raúl Castro. De manera que, desde Beijing o Hanoi, dos capitales comunistas, a las que ofrece el mejor trato, el presidente de Estados Unidos hace evidente el doble rasero de su política exterior: con unos comunistas sí, con otros no.

Un doble rasero que tiene una explicación geopolítica elemental. China y Vietnam han demostrado que pueden ser aliados de Estados Unidos, a pesar de sus profundas diferencias ideológicas. Cuba pareció sumarse al camino del realismo en sus relaciones bilaterales con Washington, entre 2014 y 2015, pero en 2016, luego de la visita de Obama a La Habana, volvieron las señales de intransigencia. El Partido Comunista de Cuba calificó como “ataque” el acercamiento del presidente demócrata a la isla.

En el último año La Habana ha reiterado su apoyo a Corea del Norte y a la represión y el autoritarismo de Nicolás Maduro, en Venezuela, rechazados por la mayoría de los gobiernos de la región. El retroceso no es un asunto exclusivo de Trump

Durante el segundo semestre de 2016, el gobierno cubano, aunque se mantuvo negociando la normalización diplomática con Washington, se sumó a la campaña contra Hillary Clinton a través de sus medios de comunicación. Ahora se sabe que entonces se iniciaron los supuestos ataques sónicos contra diplomáticos estadounidenses y canadienses. En el último año La Habana ha reiterado su apoyo a Corea del Norte y a la represión y el autoritarismo de Nicolás Maduro, en Venezuela, rechazados por la mayoría de los gobiernos de la región. El retroceso no es un asunto exclusivo de Trump.

EDITORIAL

 

Desbalance institucional

 

Las últimas semanas han sido una dura embestida en contra de las autoridades electorales. La renuncia del llamado Fiscal Carnal, Raúl Cervantes, como Procurador General de la República y la llegada, como encargado de despacho de Elías Beltrán, desencadenaron el despido del Fiscal Electoral, Santiago Nieto. Rápidamente la opinión pública y las figuras políticas salieron en defensa del fiscal denunciando una estrategia política para eliminar la imparcialidad de las elecciones del próximo año. Por otra parte y en noticias más recientes, el Instituto Nacional Electoral implementó una aplicación móvil como herramienta básica para la recolección de firmas para los aspirantes a ser candidatos independientes. Las fallas de la aplicación llevaron a una intensa ola de críticas de parte de los aspirantes pero también de la ciudadanía en general, al considerar que la aplicación discrimina a aquellas personas que no cuentan con un Smartphone. Ambas situaciones tienen elementos institucionales interesantes.

En primer lugar, la respuesta de la opinión pública sobre el despido del Fiscal Electoral en la cual se aplaudía la labor del entonces fiscal y se denunciaba el serio golpe a la imparcialidad de las elecciones. A mi parecer, esta situación se debe más bien entender como una denuncia de la poca independencia que tiene la FEPADE frente a las decisiones del Procurador y sus jefes. La crítica es más institucional que personal, al fin y a cabo las elecciones estatales de este año dejaron un desencanto justamente por la falta de castigo en delitos electorales. A la FEPADE como a cualquier ministerio público e institución judicial en México le cuesta mucho trabajo probar la culpabilidad de alguna persona que infringe la ley y le cuesta más administrar el castigo correspondiente. En efecto la FEPADE no es una persona y sigue funcionando, la pregunta es si esta fiscalía con la misión de poder investigar y perseguir los delitos electorales funciona para eso.

En segundo lugar, los problemas que están teniendo los candidatos independientes y sus auxiliares para recolectar las firmas para conseguir la candidatura a la presidencia por la vía independiente. Los aspirantes a candidatos independientes requieren recolectar en 120 días, 866 mil 593 firmas de la ciudadanía distribuidas en por lo menos 17 entidades federativas que sumen 1 por ciento del total en la lista nominal de electores en cada una de ellas. 48 personas están recolectando estas firmas para poder competir como candidatos a la Presidencia, eso significa que el INE podría recibir 41 millones 596 mil 464 firmas si todos los candidatos juntaran ese número de firmas. Con tan sólo tres candidatos que reúnan estas firmas el INE tendría que contar 2.6 millones de firmas. Bajo ese contexto es natural pensar en que la app puede resolver el problema de contar estas firmas, además de que reduce el error humano al momento de las verificaciones.

Para la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, la validación de las firmas se volvió un verdadero dolor de cabeza para la autoridad electoral. El asunto llegó al punto en el que el Tribunal Electoral excedió su perspectiva garantista y dejó entrar a 21 aspirantes como candidatos tres semanas antes de la elección. La autoridad previendo esta situación quiso prevenirse e intentar una solución distinta la cual falló y complicó la recolección de firmas, pero no su validación. El verdadero problema aquí es que las instituciones electorales parecen rebasadas en su campo de acción al momento de enfrentarse con garantizar los derechos de los ciudadanos para competir por la vía independiente. Como suele suceder en otros ejemplos del sistema electoral, la ley dificulta el actuar de la institución porque la realidad y factibilidad técnica no se empata con lo que los legisladores deciden poner a firma al Presidente.

EDITORIAL

 

 

Un buen retrato de los jóvenes

 

Es difícil que los jóvenes mexicanos tengan alternativas y puedan pensar más allá de lo que tienen que enfrentar a diario.

Buena parte de ellos se la pasa en medio de disyuntivas. Empezando por sus innumerables retos y expectativas que pueden ser sometidas.

A menudo tienen que dejar la escuela por las exigencias familiares, lo cual inhibe sus posibilidades para continuar sus estudios o algo tan básico y necesario como son sus objetivos y sueños de vida.

Desde muy temprana edad muchos se la pasan entre encrucijadas. Los entornos no les son favorables y van viviendo entre insatisfacciones e inconformidades. El mundo adulto les parece distante e incomprensible.

Tienen razón. Ante sus ojos están graves hechos de corrupción que en un buen número de casos no se atacan; desaparición de estudiantes, gastos desproporcionados para los partidos políticos, impopularidad de la política y sobre todo de los políticos y debates interminables en asuntos que son de primera importancia para el país, por sólo mencionar algunos temas que están ante sus ojos y ante los de todos.

Cualquier encuesta que se haga entre nuestros jóvenes va a reflejar lo que ven de su país y sobre todo sobre su mirada de su entorno inmediato. Cualquier respuesta va a tener como constante todo esto. No podemos pedir a los jóvenes, actitudes y acciones diferentes si su vida no es diferente.

El Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana 2016, presentado por el INEE, muestra, en el caso de los jóvenes mexicanos, resultados de alguna manera previsibles. En lo que menos confían es en los partidos políticos, lo explica la distancia que le toman a la política y por ende a las instancias encargadas de una de las áreas más sensibles en el proceso de organización e instrumentación de la democracia.

Uno de los hallazgos atendibles del análisis es que los adolescentes mexicanos, en comparación con los de otros países, son más proclives a protestar violentando la ley. Lo paradójico es que se informan menos sobre política que los de otras naciopnes, pero están más dispuestos a prepararse para votar y tienen una mayor intención de voto.

Para el 38% de los jóvenes es malo criticar al gobierno, 11% estima que es malo que se permita protestar cuando una ley es injusta y 5% considera negativo que todos los grupos étnicos tengan los mismos derechos en un país que se distingue por su diversidad.

Lo que resulta alarmante es que los participantes en el estudio consideren a la escuela como el sitio más hostil. Aseguran que se ven expuestos a la burla, al apodo ofensivo, al ataque físico, a que les rompan pertenencias y a fotos ofensivas en Internet.

El estudio aplicado a alumnos de segundo de secundaria evidencia que se va avanzando, como apunta el INEE, en formación cívica, pero todavía distamos de estar construyendo ciudadanía. El estudio es un buen retrato de los jóvenes mexicanos.

EDITORIAL

Hace un año ganó Trump

Donald Trump ganó unas elecciones que todo parecía indicar perdería. A las ocho de la noche de hace un año la atención estaba en el atiborrado cuartel de Hillary Clinton.

Cuando empezó a circular información en el sentido de que era inminente la derrota de la candidata demócrata, las baterías y la atención se dirigieron al hotel Hilton donde estaba el candidato republicano.

Los medios de comunicación y los muchos observadores políticos cambiamos como pudimos de sede. El Hilton fue cerrado por decisión de Trump, particularmente a la prensa internacional. Mandó un mensaje a través de quienes se decían voceros del magnate: los que estaban con Clinton que se queden con Clinton.

La única opción fue la televisión para ver lo que pasaba con Trump y sus vociferantes simpatizantes. Cerraron el paso, se sabían ganadores y querían su fiesta particular con dosis de venganza.

Era sólo cuestión de tiempo para que Hillary reconociera su explicable derrota. Había cometido muchos errores en la fase final de su campaña, los cuales terminaron por ser clave. A la demócrata no le sirvió la ventaja de dos millones de votos ciudadanos bajo las reglas del singular sistema electoral estadounidense.

Trump no ha hecho nada diferente de lo que dijo y propuso a lo largo de su campaña, en su discurso de la noche del 8 de noviembre lo ratificó. Corrió dos o tres cortesías, las cuales olvidó al día siguiente, para lanzar todo tipo de agresiones y pullas vía su medio de comunicación favorito: Twitter.

Quienes pensaron que como presidente Trump iba a ser diferente se equivocaron de manera contundente, incluyendo a quienes desde México cándidamente aseguraron que lo iban a hacer entrar en razón. Después de verlo hablar y actuar a lo largo de varios años no queda claro en qué fundamentaron la posibilidad.

Trump es ya un problema para el mundo y va a terminar por serlo también para EU. Ganó las elecciones, entre otras razones, porque en la llamada “América profunda” lo encontraron como uno de los suyos, conservador, antiinmigrante, proteccionista, racista, discriminador, antifeminista, alevoso, agresivo y sígale sumando.

Para nuestro país el año ha sido complejo, pero en general no lo hemos hecho nada mal. Si somos la razón por la cual EU se ha debilitado debiera ser porque algo estamos haciendo bien, lo cual sería bueno verlo también al interior del país, no se ve.

Trump nos trae en la mira y no dejará de hacerlo. Todo lo que se acuerde en la renegociación del TLC lo hará ver como un triunfo personal ante los “mexicanos que se han aprovechado de nosotros con el TLC”.

Igual va a pasar con la migración y su obsesión con el muro fronterizo, el cual le va a servir para quedar bien con sus simpatizantes pero no en la práctica, la frontera está cambiando y ya no es como él la quiere ver.

Desde hace un año suponemos que muchos en EU se preguntan: ¿pues qué hicimos?

EDITORIAL

The Economist cardenista

Michael Reid, redactor de la columna “Bello” en The Economist, publicó un artículo la semana anterior en el que regaña a AMLO por no entender el legado de Lázaro Cárdenas. Quizá Reid tenga algo de razón. La llamada “izquierda mexicana” nunca ha comprendido correctamente ese legado y por eso se ha hecho tantas bolas al querer interpretar las acciones de su gobierno. No se ha escrito aún, me parece, el gran libro sobre el cardenismo.

Según Reid, AMLO tiene mucho que aprender del general Cárdenas. El periodista inglés sostiene que el Tata no fue populista, como el líder de Morena. Reid argumenta que Cárdenas nunca fomentó la división social. Por el contrario, otorgó la amnistía a miles de opositores. Además fue un constructor de instituciones: logró que el PRM tuviera más de cuatro millones de miembros y en vez de reelegirse o de imponer un candidato radical, apoyó a uno moderado. En cambio, añade Reid, López Obrador llamó “pirruris” a manifestantes vestidos de blanco y ha socavado las instituciones democráticas del país con sus reclamos poselectorales.

Aparte de que resulta extraño que una revista de derecha como The Economist critique a AMLO desde lo que aparenta ser el cardenismo más puro, me parece que los informantes de Mr. Reid no le contaron la historia completa del régimen del Tata. Más allá de si sea o no correcto calificar al cardenismo como un populismo, no se puede sostener a la ligera que el General haya trabajado para “reducir las divisiones sociales”. Digámoslo con todas sus letras: la sociedad mexicana nunca estuvo más dividida en el siglo XX que durante el cardenismo.

Cárdenas estaba convencido de que tocaba al Estado encauzar la lucha del proletariado para arrebatar a los propietarios el control de los medios de producción. También tenía la convicción de que el Estado debía formar un nuevo tipo de ciudadano apto para el socialismo y que, para ello, había que acabar con la influencia perniciosa de la Iglesia, el empresariado y la familia burguesa. Con el fin de unir fuerzas, todos los sindicatos obreros, las agrupaciones campesinas e incluso los elementos del Ejército debían formar parte de un gigantesco frente único encabezado por el partido de Estado. Los partidos opositores serían tolerados siempre y cuando aceptaran las premisas de esta dialéctica de la historia social mexicana.

Si no estalló una guerra civil —como en España—fue porque distintos elementos dentro y fuera del sistema actuaron contra las tendencias del Presidente que —no podemos negarle ese mérito— supo rectificar a tiempo. La candidatura de Ávila Camacho fue la derrota del programa cardenista más duro. Lo que perduró fue la estructura autoritaria y corporativista del partido de Estado que luego fue llamado PRI, instituto al que —¡vaya sorpresa!— The Economist se refiere con nostalgia por haber dado a México “décadas de estabilidad política y crecimiento económico”.

EDITORIAL

 

 

El oscuro otoño de Puigdemont

 

El 6 octubre de 1934 el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, declaró de modo unilateral, la independencia de Cataluña. La república española vivía momentos difíciles, que se complicarían en los años siguientes y se profundizarían con la guerra civil.

La jugada de Companys fue atrevida y poco meditada. Creyó, como lo hacen los hombres de buena fe, que la voluntad misma de su presidencia engarzaría deseos con realidades. Así no funciona la política. El presidente estaba sometido a enormes presiones, sobre todo por los sectores más catalanistas.

Companys terminó en prisión, arrestado por el general Domingo Batet, un militar comprometido con la legalidad y ajustado a todos sus rigores. El saldo de aquellas horas dejó 80 muertos, producto de enfrentamientos entre los Mossos d´Esquadra y los batallones militares.

Batet, por cierto, moriría fusilado, años después, al no alinearse con el general Francisco Franco.

Companys volvería al poder en 1936, con el triunfo del Frente Popular, pero ya en un contexto abierto de guerra civil. Partió al exilio a Francia, donde sería detenido por las autoridades y entregado al gobierno franquista. También en octubre, pero de 1939, moriría fusilado.

Lo que es la historia: ochenta y tres años después otro presidente catalán está bajo custodia de las autoridades, pero esta vez en Bélgica y producto de otra declaración de independencia, errónea también.

Pero las diferencias con Companys son notables y en primer lugar porque Cataluña, en la actualidad, ya gozaba de la autonomía más grande de su historia y bajo reglas democráticas. En el horizonte no hay riesgos autoritarios y mucho menos golpistas.

El saldo es triste. Cataluña es menos autónoma y los personajes más relevantes de su gobierno están tras las rejas.

Más allá del debate, sin duda pertinente, sobre la mesura o desmesura de las acciones judiciales, lo evidente es que se esboza con claridad el costo de la irresponsabilidad política, inclusive a costa de lo que se dice representar.

Por fortuna, la salida al problema tiene el horizonte de la elección del 21 de diciembre, en la que los catalanes, ahora sí en una contienda transparente, podrán decidir qué gobierno quieren para los próximos años.

Se tendrá que plantear, también, el modelo de relación de las autonomías, pero dentro del pacto y el horizonte constitucionales.

Al parecer, y según las primeras mediciones, las fuerzas independentistas estarán en condiciones de formar gobierno, aunque acotadas y ante expresiones que tendrán una mayor presencia y voz en el Poder Legislativo.

Nada será igual, eso es seguro, y quizá la mejor lección es la de entender que ahora España es una de las democracias más vigorosas de Europa y en un momento en que es necesario conjurar el populismo y todos sus peligros.

EDITORIAL

 

Aniversarios históricos

 

2017, año de conmemoraciones históricas internacionales. La revista Proceso publicó una atractiva edición en recuerdo de los 100 años de la Revolución de Octubre. El 31 de octubre se cumplieron cinco siglos de la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero que dieron origen a la Reforma Protestante.

El 2 de noviembre llegamos a 100 años de la Declaración Balfour, un pronunciamiento oficial del gobierno británico en el cual anunció su respaldo al establecimiento de “un hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina. Y el 15 de agosto se celebró el 70 aniversario de la Independencia de la India.

En el centenario de la Declaración Balfour, ¿qué tan cerca está Oriente Medio de la solución de “dos estados” (Israel y Palestina)? ¿Cuál es la vigencia de la Revolución de Octubre en un mundo donde las prestaciones sociales son cada vez menores y la precariedad laboral se agudiza frente a la robotización? ¿Qué implicaciones tiene para la tolerancia religiosa la reciente colocación de una estatua de Martín Lutero en el Vaticano?

Hay aspectos que muchos prefieren no recordar. La Revolución de Octubre eventualmente desembocó en los horrores de la dictadura totalitaria estalinista. Martín Lutero expresó en sus escritos convicciones fuertemente antisemitas que lo llevaron a proponer la destrucción e incendio de las sinagogas. La Declaración Balfour hoy sigue siendo materia de impugnación para numerosos palestinos.

En el XIX Congreso del Partido Comunista Chino la semana pasada se incluyó el pensamiento y nombre de Xi Jinping en la Constitución. Si esta entronización de un dirigente vivo hubiera ocurrido en un país pobre, se hablaría con toda justicia de culto a la personalidad estilo estalinista. Como el incidente ocurrió en una de las economías más grandes del mundo se habla del “ascenso de una superpotencia”. La Revolución de Octubre se volvió experta en mostrar a los observadores occidentales un rostro moderno y ocultar la faceta dictatorial de la URSS. Eso debería dejarnos algún aprendizaje histórico para analizar China.

Tenemos que voltear más hacia India. 70 años de vida independiente se dicen rápido, pero son 7 décadas de vivir bajo un sistema democrático. A quienes dicen que estamos destinados a un choque de civilizaciones con las naciones de población musulmana, supuestamente incapaces de adoptar la democracia liberal, deberíamos señalarles con insistencia este gigantesco país con más de 170 millones de habitantes musulmanes, una gran tradición parlamentaria y que fue gobernado por una mujer (Indhira Gandhi).

¿Cómo conmemorar tantos aniversarios? Octavio Paz escribió en su libro La llama doble “Las semillas y gérmenes de libertad que defendimos de los totalitarismos de este siglo hoy se secan en las bolsas de plástico del capitalismo democrático. Debemos rescatarlas y esparcirlas por los cuatro puntos cardinales”.

EDITORIAL

 

El Muro del Dolor en Moscú

 

Con motivo de los festejos del centenario de la Revolución de Octubre, Vladimir Putin ha inaugurado un memorial en homenaje a las víctimas de la represión política en la Unión Soviética, en el centro de Moscú.

El Muro del Dolor, como le llaman los moscovitas, fue levantado en la avenida Andrei Sájarov, emblema de la disidencia en la última etapa de la URSS, y contó con el respaldo de la Fundación Solzhenitsyn, del patriarca ortodoxo Kiril y de la viuda y la hija de Boris Yeltsin, quien oficializó la conmemoración del día de la represión soviética desde los 90.

En estos días, en Moscú, se conmemora la revolución bolchevique y la represión soviética, como si formaran parte de una misma trama del pasado. La doble conmemoración supone un deslinde entre revolución y régimen o entre el proceso de cambio social, económico y político, que destruyó el zarismo, y el Estado comunista construido por Lenin y Stalin, que no siempre se percibe en amplios sectores de la opinión pública global. Con frecuencia, cuando se habla de la francesa, la rusa, la mexicana, la china o la cubana, se cae en el error de confundir la revolución con el régimen político que los revolucionarios construyeron.

El monumento de Moscú ayuda a perfilar mejor las diferencias entre Rusia, como Estado postcomunista, y China, Corea del Norte, Viet Nam o Cuba, que siguen siendo regímenes de partido comunista único, aunque unos más abiertos que otros al mercado o al pluralismo civil. La distinción rusa entre revolución y represión no se plantea en ninguno de los países comunistas actuales. Sería impensable un monumento a las víctimas de Mao en Beijing o a las de Fidel Castro en La Habana, por no hablar de Pyongyang, donde manda el nieto de Kim Il Sung.

Para llegar a esa diferencia tendría que producirse una apertura de la esfera pública, como la que tuvo lugar en Rusia, entre los años 80 y 90, cuando a la glasnost de Mijaíl Gorbachov siguió la intensa desmitificación de la URSS en tiempos de Boris Yeltsin. En aquellas dos últimas décadas del siglo XX, el genocidio estalinista, el gulag, Siberia y todos los crímenes y atropellos a las libertades, del largo periodo soviético, entre Lenin y Brezhnev, fueron ampliamente documentados. Putin no es muy amigo de ese relato histórico, y llama a “pasar la página”, pero tampoco comulga con el negacionismo comunista.

De hecho, al inaugurar el monumento, Putin afirmó: “la represión no se compadeció ni del talento, ni de los méritos ante la patria, ni de la sincera entrega a ella. A cualquiera le podían formular acusaciones inventadas y absolutamente absurdas”. Palabras que podrían referirse a los muchos comunistas o revolucionarios purgados en China, Corea del Norte o Cuba en los últimos sesenta años. Aunque quisiera, Putin no puede revertir totalmente el avance del diálogo entre memoria y verdad en la sociedad rusa. Un diálogo que los jerarcas comunistas, donde siguen gobernando, y sus aliados en el mundo, están resueltos a silenciar a la voz del amo.

EDITORIAL

 

 

News Divine

 

Eran las 6 de la tarde del 20 de junio de 2008 cuando un operativo policiaco, concertado previamente, llegó a las puertas de la discoteca News Divine, en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México. El objetivo era irrumpir en un evento que se llevaba a cabo, con el argumento de que en ese lugar se les vendían bebidas alcohólicas y drogas a menores de edad.

Haber enviado una vigilancia discreta que diera fe de esas supuestas conductas ilegales, haber proporcionado supervisores a la entrada para corroborar la edad de los clientes o haber implementado una inspección de Protección Civil de rutina hubiera sido suficiente. Pero no, el método tercermundista de hacer las cosas imperó y 12 muchachos perdieron la vida.

Las víctimas no pertenecían a una clase acomodada; y el antro en cuestión no era uno de moda al que acudían regularmente colegiales de las escuelas privadas más caras de la ciudad. Por eso, la policía del gobierno de izquierda y progresista de Ebrard se ensañó con ellos.

Los gritos de justicia, como en los manoseados casos de Tlatlaya, de Iguala y hasta del 68, no se escucharon nunca; excepto por aquellos desgarradores relatos de los padres de familia que nunca más vieron a sus hijos volver a casa. Para ellos no hubo nada, ni marchas, ni plantones, ni giras mundiales para exigir responsabilidad del “Estado”.

Al final, prácticamente nadie pagó por estos hechos. El Jefe de Gobierno se lavó las manos de la misma manera en que lo hizo cuando en la administración anterior fue jefe de la Policía, excusándose de toda responsabilidad por la horrorosa muerte que sufrieron dos agentes, quemados vivos, a manos de una turba delincuencial.

A lo más que llegó el caso fue a destituir al siempre encandilado con los reflectores Joel Ortega. Una ficha de sacrificio que tuvo sueños de grandeza, pero que evidenció que ante una tragedia de esa envergadura, la respuesta fue meramente política y alejada totalmente de la empatía y del compromiso social.

Desafortunadamente a partir de entonces las cosas no han cambiado mucho en términos de la seguridad que prevalece en los centros nocturnos donde nuestros hijos departen frecuentemente. Las armas de fuego entran y salen con la normalidad de un sombrero, las puertas de emergencia usualmente están bloqueadas, la gente fuma cual si estuviera en los años 90; y la próxima tragedia está macabramente a la espera de su mejor momento.

Sin embargo, en una ciudad en donde los “progres” han gobernado sin reparar en que los jóvenes no tienen muchas oportunidades de esparcimiento sano, les salió barato el costo político de 12 vidas.

Los derechos de los muertos se devaluaron frente a los derechos que alegaron los que fueron responsables por su violenta partida. Ebrard incluso tuvo la osadía de pretender ser presidente de este país; mientras que una legión de ciegos sigue pensando que ellos nos gobernaron bien. El 68 no se les olvida, pero a aquellos que hace menos de 10 años salieron impunes del News Divine, a ellos los ven como la esperanza de México.

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