EDITORIAL

 

 

Un buen retrato de los jóvenes

 

Es difícil que los jóvenes mexicanos tengan alternativas y puedan pensar más allá de lo que tienen que enfrentar a diario.

Buena parte de ellos se la pasa en medio de disyuntivas. Empezando por sus innumerables retos y expectativas que pueden ser sometidas.

A menudo tienen que dejar la escuela por las exigencias familiares, lo cual inhibe sus posibilidades para continuar sus estudios o algo tan básico y necesario como son sus objetivos y sueños de vida.

Desde muy temprana edad muchos se la pasan entre encrucijadas. Los entornos no les son favorables y van viviendo entre insatisfacciones e inconformidades. El mundo adulto les parece distante e incomprensible.

Tienen razón. Ante sus ojos están graves hechos de corrupción que en un buen número de casos no se atacan; desaparición de estudiantes, gastos desproporcionados para los partidos políticos, impopularidad de la política y sobre todo de los políticos y debates interminables en asuntos que son de primera importancia para el país, por sólo mencionar algunos temas que están ante sus ojos y ante los de todos.

Cualquier encuesta que se haga entre nuestros jóvenes va a reflejar lo que ven de su país y sobre todo sobre su mirada de su entorno inmediato. Cualquier respuesta va a tener como constante todo esto. No podemos pedir a los jóvenes, actitudes y acciones diferentes si su vida no es diferente.

El Estudio Internacional de Educación Cívica y Ciudadana 2016, presentado por el INEE, muestra, en el caso de los jóvenes mexicanos, resultados de alguna manera previsibles. En lo que menos confían es en los partidos políticos, lo explica la distancia que le toman a la política y por ende a las instancias encargadas de una de las áreas más sensibles en el proceso de organización e instrumentación de la democracia.

Uno de los hallazgos atendibles del análisis es que los adolescentes mexicanos, en comparación con los de otros países, son más proclives a protestar violentando la ley. Lo paradójico es que se informan menos sobre política que los de otras naciopnes, pero están más dispuestos a prepararse para votar y tienen una mayor intención de voto.

Para el 38% de los jóvenes es malo criticar al gobierno, 11% estima que es malo que se permita protestar cuando una ley es injusta y 5% considera negativo que todos los grupos étnicos tengan los mismos derechos en un país que se distingue por su diversidad.

Lo que resulta alarmante es que los participantes en el estudio consideren a la escuela como el sitio más hostil. Aseguran que se ven expuestos a la burla, al apodo ofensivo, al ataque físico, a que les rompan pertenencias y a fotos ofensivas en Internet.

El estudio aplicado a alumnos de segundo de secundaria evidencia que se va avanzando, como apunta el INEE, en formación cívica, pero todavía distamos de estar construyendo ciudadanía. El estudio es un buen retrato de los jóvenes mexicanos.

EDITORIAL

Hace un año ganó Trump

Donald Trump ganó unas elecciones que todo parecía indicar perdería. A las ocho de la noche de hace un año la atención estaba en el atiborrado cuartel de Hillary Clinton.

Cuando empezó a circular información en el sentido de que era inminente la derrota de la candidata demócrata, las baterías y la atención se dirigieron al hotel Hilton donde estaba el candidato republicano.

Los medios de comunicación y los muchos observadores políticos cambiamos como pudimos de sede. El Hilton fue cerrado por decisión de Trump, particularmente a la prensa internacional. Mandó un mensaje a través de quienes se decían voceros del magnate: los que estaban con Clinton que se queden con Clinton.

La única opción fue la televisión para ver lo que pasaba con Trump y sus vociferantes simpatizantes. Cerraron el paso, se sabían ganadores y querían su fiesta particular con dosis de venganza.

Era sólo cuestión de tiempo para que Hillary reconociera su explicable derrota. Había cometido muchos errores en la fase final de su campaña, los cuales terminaron por ser clave. A la demócrata no le sirvió la ventaja de dos millones de votos ciudadanos bajo las reglas del singular sistema electoral estadounidense.

Trump no ha hecho nada diferente de lo que dijo y propuso a lo largo de su campaña, en su discurso de la noche del 8 de noviembre lo ratificó. Corrió dos o tres cortesías, las cuales olvidó al día siguiente, para lanzar todo tipo de agresiones y pullas vía su medio de comunicación favorito: Twitter.

Quienes pensaron que como presidente Trump iba a ser diferente se equivocaron de manera contundente, incluyendo a quienes desde México cándidamente aseguraron que lo iban a hacer entrar en razón. Después de verlo hablar y actuar a lo largo de varios años no queda claro en qué fundamentaron la posibilidad.

Trump es ya un problema para el mundo y va a terminar por serlo también para EU. Ganó las elecciones, entre otras razones, porque en la llamada “América profunda” lo encontraron como uno de los suyos, conservador, antiinmigrante, proteccionista, racista, discriminador, antifeminista, alevoso, agresivo y sígale sumando.

Para nuestro país el año ha sido complejo, pero en general no lo hemos hecho nada mal. Si somos la razón por la cual EU se ha debilitado debiera ser porque algo estamos haciendo bien, lo cual sería bueno verlo también al interior del país, no se ve.

Trump nos trae en la mira y no dejará de hacerlo. Todo lo que se acuerde en la renegociación del TLC lo hará ver como un triunfo personal ante los “mexicanos que se han aprovechado de nosotros con el TLC”.

Igual va a pasar con la migración y su obsesión con el muro fronterizo, el cual le va a servir para quedar bien con sus simpatizantes pero no en la práctica, la frontera está cambiando y ya no es como él la quiere ver.

Desde hace un año suponemos que muchos en EU se preguntan: ¿pues qué hicimos?

EDITORIAL

The Economist cardenista

Michael Reid, redactor de la columna “Bello” en The Economist, publicó un artículo la semana anterior en el que regaña a AMLO por no entender el legado de Lázaro Cárdenas. Quizá Reid tenga algo de razón. La llamada “izquierda mexicana” nunca ha comprendido correctamente ese legado y por eso se ha hecho tantas bolas al querer interpretar las acciones de su gobierno. No se ha escrito aún, me parece, el gran libro sobre el cardenismo.

Según Reid, AMLO tiene mucho que aprender del general Cárdenas. El periodista inglés sostiene que el Tata no fue populista, como el líder de Morena. Reid argumenta que Cárdenas nunca fomentó la división social. Por el contrario, otorgó la amnistía a miles de opositores. Además fue un constructor de instituciones: logró que el PRM tuviera más de cuatro millones de miembros y en vez de reelegirse o de imponer un candidato radical, apoyó a uno moderado. En cambio, añade Reid, López Obrador llamó “pirruris” a manifestantes vestidos de blanco y ha socavado las instituciones democráticas del país con sus reclamos poselectorales.

Aparte de que resulta extraño que una revista de derecha como The Economist critique a AMLO desde lo que aparenta ser el cardenismo más puro, me parece que los informantes de Mr. Reid no le contaron la historia completa del régimen del Tata. Más allá de si sea o no correcto calificar al cardenismo como un populismo, no se puede sostener a la ligera que el General haya trabajado para “reducir las divisiones sociales”. Digámoslo con todas sus letras: la sociedad mexicana nunca estuvo más dividida en el siglo XX que durante el cardenismo.

Cárdenas estaba convencido de que tocaba al Estado encauzar la lucha del proletariado para arrebatar a los propietarios el control de los medios de producción. También tenía la convicción de que el Estado debía formar un nuevo tipo de ciudadano apto para el socialismo y que, para ello, había que acabar con la influencia perniciosa de la Iglesia, el empresariado y la familia burguesa. Con el fin de unir fuerzas, todos los sindicatos obreros, las agrupaciones campesinas e incluso los elementos del Ejército debían formar parte de un gigantesco frente único encabezado por el partido de Estado. Los partidos opositores serían tolerados siempre y cuando aceptaran las premisas de esta dialéctica de la historia social mexicana.

Si no estalló una guerra civil —como en España—fue porque distintos elementos dentro y fuera del sistema actuaron contra las tendencias del Presidente que —no podemos negarle ese mérito— supo rectificar a tiempo. La candidatura de Ávila Camacho fue la derrota del programa cardenista más duro. Lo que perduró fue la estructura autoritaria y corporativista del partido de Estado que luego fue llamado PRI, instituto al que —¡vaya sorpresa!— The Economist se refiere con nostalgia por haber dado a México “décadas de estabilidad política y crecimiento económico”.

EDITORIAL

 

 

El oscuro otoño de Puigdemont

 

El 6 octubre de 1934 el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, declaró de modo unilateral, la independencia de Cataluña. La república española vivía momentos difíciles, que se complicarían en los años siguientes y se profundizarían con la guerra civil.

La jugada de Companys fue atrevida y poco meditada. Creyó, como lo hacen los hombres de buena fe, que la voluntad misma de su presidencia engarzaría deseos con realidades. Así no funciona la política. El presidente estaba sometido a enormes presiones, sobre todo por los sectores más catalanistas.

Companys terminó en prisión, arrestado por el general Domingo Batet, un militar comprometido con la legalidad y ajustado a todos sus rigores. El saldo de aquellas horas dejó 80 muertos, producto de enfrentamientos entre los Mossos d´Esquadra y los batallones militares.

Batet, por cierto, moriría fusilado, años después, al no alinearse con el general Francisco Franco.

Companys volvería al poder en 1936, con el triunfo del Frente Popular, pero ya en un contexto abierto de guerra civil. Partió al exilio a Francia, donde sería detenido por las autoridades y entregado al gobierno franquista. También en octubre, pero de 1939, moriría fusilado.

Lo que es la historia: ochenta y tres años después otro presidente catalán está bajo custodia de las autoridades, pero esta vez en Bélgica y producto de otra declaración de independencia, errónea también.

Pero las diferencias con Companys son notables y en primer lugar porque Cataluña, en la actualidad, ya gozaba de la autonomía más grande de su historia y bajo reglas democráticas. En el horizonte no hay riesgos autoritarios y mucho menos golpistas.

El saldo es triste. Cataluña es menos autónoma y los personajes más relevantes de su gobierno están tras las rejas.

Más allá del debate, sin duda pertinente, sobre la mesura o desmesura de las acciones judiciales, lo evidente es que se esboza con claridad el costo de la irresponsabilidad política, inclusive a costa de lo que se dice representar.

Por fortuna, la salida al problema tiene el horizonte de la elección del 21 de diciembre, en la que los catalanes, ahora sí en una contienda transparente, podrán decidir qué gobierno quieren para los próximos años.

Se tendrá que plantear, también, el modelo de relación de las autonomías, pero dentro del pacto y el horizonte constitucionales.

Al parecer, y según las primeras mediciones, las fuerzas independentistas estarán en condiciones de formar gobierno, aunque acotadas y ante expresiones que tendrán una mayor presencia y voz en el Poder Legislativo.

Nada será igual, eso es seguro, y quizá la mejor lección es la de entender que ahora España es una de las democracias más vigorosas de Europa y en un momento en que es necesario conjurar el populismo y todos sus peligros.

EDITORIAL

 

Aniversarios históricos

 

2017, año de conmemoraciones históricas internacionales. La revista Proceso publicó una atractiva edición en recuerdo de los 100 años de la Revolución de Octubre. El 31 de octubre se cumplieron cinco siglos de la publicación de las 95 tesis de Martín Lutero que dieron origen a la Reforma Protestante.

El 2 de noviembre llegamos a 100 años de la Declaración Balfour, un pronunciamiento oficial del gobierno británico en el cual anunció su respaldo al establecimiento de “un hogar nacional para el pueblo judío” en Palestina. Y el 15 de agosto se celebró el 70 aniversario de la Independencia de la India.

En el centenario de la Declaración Balfour, ¿qué tan cerca está Oriente Medio de la solución de “dos estados” (Israel y Palestina)? ¿Cuál es la vigencia de la Revolución de Octubre en un mundo donde las prestaciones sociales son cada vez menores y la precariedad laboral se agudiza frente a la robotización? ¿Qué implicaciones tiene para la tolerancia religiosa la reciente colocación de una estatua de Martín Lutero en el Vaticano?

Hay aspectos que muchos prefieren no recordar. La Revolución de Octubre eventualmente desembocó en los horrores de la dictadura totalitaria estalinista. Martín Lutero expresó en sus escritos convicciones fuertemente antisemitas que lo llevaron a proponer la destrucción e incendio de las sinagogas. La Declaración Balfour hoy sigue siendo materia de impugnación para numerosos palestinos.

En el XIX Congreso del Partido Comunista Chino la semana pasada se incluyó el pensamiento y nombre de Xi Jinping en la Constitución. Si esta entronización de un dirigente vivo hubiera ocurrido en un país pobre, se hablaría con toda justicia de culto a la personalidad estilo estalinista. Como el incidente ocurrió en una de las economías más grandes del mundo se habla del “ascenso de una superpotencia”. La Revolución de Octubre se volvió experta en mostrar a los observadores occidentales un rostro moderno y ocultar la faceta dictatorial de la URSS. Eso debería dejarnos algún aprendizaje histórico para analizar China.

Tenemos que voltear más hacia India. 70 años de vida independiente se dicen rápido, pero son 7 décadas de vivir bajo un sistema democrático. A quienes dicen que estamos destinados a un choque de civilizaciones con las naciones de población musulmana, supuestamente incapaces de adoptar la democracia liberal, deberíamos señalarles con insistencia este gigantesco país con más de 170 millones de habitantes musulmanes, una gran tradición parlamentaria y que fue gobernado por una mujer (Indhira Gandhi).

¿Cómo conmemorar tantos aniversarios? Octavio Paz escribió en su libro La llama doble “Las semillas y gérmenes de libertad que defendimos de los totalitarismos de este siglo hoy se secan en las bolsas de plástico del capitalismo democrático. Debemos rescatarlas y esparcirlas por los cuatro puntos cardinales”.

EDITORIAL

 

El Muro del Dolor en Moscú

 

Con motivo de los festejos del centenario de la Revolución de Octubre, Vladimir Putin ha inaugurado un memorial en homenaje a las víctimas de la represión política en la Unión Soviética, en el centro de Moscú.

El Muro del Dolor, como le llaman los moscovitas, fue levantado en la avenida Andrei Sájarov, emblema de la disidencia en la última etapa de la URSS, y contó con el respaldo de la Fundación Solzhenitsyn, del patriarca ortodoxo Kiril y de la viuda y la hija de Boris Yeltsin, quien oficializó la conmemoración del día de la represión soviética desde los 90.

En estos días, en Moscú, se conmemora la revolución bolchevique y la represión soviética, como si formaran parte de una misma trama del pasado. La doble conmemoración supone un deslinde entre revolución y régimen o entre el proceso de cambio social, económico y político, que destruyó el zarismo, y el Estado comunista construido por Lenin y Stalin, que no siempre se percibe en amplios sectores de la opinión pública global. Con frecuencia, cuando se habla de la francesa, la rusa, la mexicana, la china o la cubana, se cae en el error de confundir la revolución con el régimen político que los revolucionarios construyeron.

El monumento de Moscú ayuda a perfilar mejor las diferencias entre Rusia, como Estado postcomunista, y China, Corea del Norte, Viet Nam o Cuba, que siguen siendo regímenes de partido comunista único, aunque unos más abiertos que otros al mercado o al pluralismo civil. La distinción rusa entre revolución y represión no se plantea en ninguno de los países comunistas actuales. Sería impensable un monumento a las víctimas de Mao en Beijing o a las de Fidel Castro en La Habana, por no hablar de Pyongyang, donde manda el nieto de Kim Il Sung.

Para llegar a esa diferencia tendría que producirse una apertura de la esfera pública, como la que tuvo lugar en Rusia, entre los años 80 y 90, cuando a la glasnost de Mijaíl Gorbachov siguió la intensa desmitificación de la URSS en tiempos de Boris Yeltsin. En aquellas dos últimas décadas del siglo XX, el genocidio estalinista, el gulag, Siberia y todos los crímenes y atropellos a las libertades, del largo periodo soviético, entre Lenin y Brezhnev, fueron ampliamente documentados. Putin no es muy amigo de ese relato histórico, y llama a “pasar la página”, pero tampoco comulga con el negacionismo comunista.

De hecho, al inaugurar el monumento, Putin afirmó: “la represión no se compadeció ni del talento, ni de los méritos ante la patria, ni de la sincera entrega a ella. A cualquiera le podían formular acusaciones inventadas y absolutamente absurdas”. Palabras que podrían referirse a los muchos comunistas o revolucionarios purgados en China, Corea del Norte o Cuba en los últimos sesenta años. Aunque quisiera, Putin no puede revertir totalmente el avance del diálogo entre memoria y verdad en la sociedad rusa. Un diálogo que los jerarcas comunistas, donde siguen gobernando, y sus aliados en el mundo, están resueltos a silenciar a la voz del amo.

EDITORIAL

 

 

News Divine

 

Eran las 6 de la tarde del 20 de junio de 2008 cuando un operativo policiaco, concertado previamente, llegó a las puertas de la discoteca News Divine, en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México. El objetivo era irrumpir en un evento que se llevaba a cabo, con el argumento de que en ese lugar se les vendían bebidas alcohólicas y drogas a menores de edad.

Haber enviado una vigilancia discreta que diera fe de esas supuestas conductas ilegales, haber proporcionado supervisores a la entrada para corroborar la edad de los clientes o haber implementado una inspección de Protección Civil de rutina hubiera sido suficiente. Pero no, el método tercermundista de hacer las cosas imperó y 12 muchachos perdieron la vida.

Las víctimas no pertenecían a una clase acomodada; y el antro en cuestión no era uno de moda al que acudían regularmente colegiales de las escuelas privadas más caras de la ciudad. Por eso, la policía del gobierno de izquierda y progresista de Ebrard se ensañó con ellos.

Los gritos de justicia, como en los manoseados casos de Tlatlaya, de Iguala y hasta del 68, no se escucharon nunca; excepto por aquellos desgarradores relatos de los padres de familia que nunca más vieron a sus hijos volver a casa. Para ellos no hubo nada, ni marchas, ni plantones, ni giras mundiales para exigir responsabilidad del “Estado”.

Al final, prácticamente nadie pagó por estos hechos. El Jefe de Gobierno se lavó las manos de la misma manera en que lo hizo cuando en la administración anterior fue jefe de la Policía, excusándose de toda responsabilidad por la horrorosa muerte que sufrieron dos agentes, quemados vivos, a manos de una turba delincuencial.

A lo más que llegó el caso fue a destituir al siempre encandilado con los reflectores Joel Ortega. Una ficha de sacrificio que tuvo sueños de grandeza, pero que evidenció que ante una tragedia de esa envergadura, la respuesta fue meramente política y alejada totalmente de la empatía y del compromiso social.

Desafortunadamente a partir de entonces las cosas no han cambiado mucho en términos de la seguridad que prevalece en los centros nocturnos donde nuestros hijos departen frecuentemente. Las armas de fuego entran y salen con la normalidad de un sombrero, las puertas de emergencia usualmente están bloqueadas, la gente fuma cual si estuviera en los años 90; y la próxima tragedia está macabramente a la espera de su mejor momento.

Sin embargo, en una ciudad en donde los “progres” han gobernado sin reparar en que los jóvenes no tienen muchas oportunidades de esparcimiento sano, les salió barato el costo político de 12 vidas.

Los derechos de los muertos se devaluaron frente a los derechos que alegaron los que fueron responsables por su violenta partida. Ebrard incluso tuvo la osadía de pretender ser presidente de este país; mientras que una legión de ciegos sigue pensando que ellos nos gobernaron bien. El 68 no se les olvida, pero a aquellos que hace menos de 10 años salieron impunes del News Divine, a ellos los ven como la esperanza de México.

EDITORIAL

 

México, rehén de su Congreso (y partidos)

 

Raúl Cervantes renunció a la PGR para que los partidos avanzaran en la construcción de leyes secundarias y definiciones primarias en el Congreso; para que México haga realidad lo que una veleidosa (sujeta a caprichos coyunturales) legislatura promete. Un fiscal nacional y otro anticorrupción, para empezar.

Cervantes Andrade hubo de irse no por ser mal abogado, el Ferrari 458 Scuderia ciertamente no ayudó, su parentesco con Humberto Castillejos Cervantes, exconsejero jurídico presidencial, bloqueó antes su aspiración de ser ministro en el máximo tribunal, pero ido el primo ya no había impedimento para aspirar a fiscal.

No, a Raúl Cervantes lo mataron, políticamente hablando, un hashtag y la desinformación.

No fue sólo Ricardo Anaya, el jefe del Frente inmobiliario Anaya-Barrales, quien etiquetó en redes #FiscalCarnal, pero pocos como él hicieron bandera a partir de una premisa falsa, el pase automático de Cervantes de procurador a fiscal transexenal, tal como legisladores, incluidos azules, aprobaron hace tres años.

Punto que el Presidente Peña Nieto corrigió con otra iniciativa que, sin embargo, todavía no la procesan los legisladores, un transitorio que aborta la polémica pública, pero hoy puede más un hashtag que un hecho y sobre ello, Anaya y compañía lucraron. Lucran.

Raúl Cervantes se fue para liberar la senda que hoy sigue bloqueada. Y es que antes de buscar fiscal general, será postelectoral, y consecuentemente fiscal Anticorrupción (como si no urgiera), se cruzó el caso del impresentable Santiago Nieto, convertido de la noche a la mañana en paladín de la democracia mexicana por los frentistas pastoreados por su jefe Anaya.

Santiago Nieto fue pretexto para bloquear tribuna y proceso cameral, su protagonismo y su falta de rigor legal sirvieron para que sus antiguos empleadores, experredistas como Miguel Barbosa, hoy candidato de Troya al gobierno de Puebla por Morena (¿no que no?), lo defendieran y pelearan por reinstalar a su #FiscalCarnalElectoral, para lo que viene.

Derrotado, Nieto Castillo tiró la toalla y dejó colgados a sus apasionados defensores arruinándoles la oportunidad de propalar el gustado mito de fraude electoral adelantado; Nieto huyó, abandonó su lucha en aras, dijo, de facilitar acuerdos.

Senadores sesionaron fuera de agenda para gozar del mortuorio puente; lo que sigue es buscar a un nuevo fiscal electoral, un santo grial democrático. También un fiscal general (caso perdido) que sea enemigo de todos, amigo de nadie, y uno más para que combata desde galáctica autonomía el flagelo de la corrupción en todos los niveles de gobierno.

Para eso se fue un procurador y se largó el de la FEPADE; sin embargo, las fuerzas políticas de nuestra democracia no destraban nada, su mezquindad no conoce límites. Renuncias o retiradas no abonan a una gobernanza de calidad, dejan sólo vacantes y debates. Nuevas batallas entre merolicos con fuero están por venir, mientras tanto México se queda en prenda.

EDITORIAL

 

Cuando todos fuimos Lenin

 

Un siglo nos separa de la Revolución de Octubre. Las décadas pasaron con una intensidad que se pueden resumir las tensiones de toda una época y su extensión hacia las propuestas de cambio en todo el planeta.

Parece un asunto lejano, pero la toma del poder por Lenin y los bolcheviques marcó a generaciones enteras y dio sentido a la izquierda, para bien y para mal. Era, a fin de cuentas, la llegada de los marxistas al poder.

A 100 años de aquellos días, el recuento es interesante. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de existir, y con ella la mayoría de los países que estuvieron bajo su influencia; los partidos comunistas o transitaron hacia la socialdemocracia o se convirtieron en expresiones anacrónicas y hasta reaccionarias en los países democráticos.

El historiador Françoise Furet escribió El pasado de una ilusión, en el que analiza los pormenores que llevaron al intento de cristalizar la utopía de construir una sociedad sin clases sociales, en la cual imperara la igualdad, y que terminó en una de las peores pesadillas de las que se tenga memoria.

Las burocracias se convirtieron en maquinarias de sujeción y las libertades fueron suprimidas, dando paso a esquemas de terror, inclusive. Quizá ahí estuvo uno de sus defectos más persistentes y que junto a las presiones económicas terminaría por derrumbar aquel sueño que sedujo a muchos de los intelectuales más relevantes del siglo XX.

En nuestro país el Partido Comunista Mexicano (PCM), antecedente directo del PRD, tuvo que hacer cuentas con su propio pasado. Lo hizo a su modo, desde finales de los años sesenta, y logró sobrellevar el naufragio aterrizando en tierras también complicadas, pero en las que el horizonte lo marcara ya la lucha democrática, asumiendo que las urnas eran la única manera legítima de acceder al poder. No fue una tarea sencilla.

La reforma política permitió la participación del PCM en elecciones y en 1978 logró el cinco por ciento de la votación y una bancada de 12 diputados. La propaganda y el mensaje se condensaban en la frase: “Ya es tiempo”. Sin duda lo era, porque representaba a una corriente importante de la sociedad y con notable influencia en organizaciones sociales y sindicatos.

Es más, a partir de ahí, ha formado parte de la pluralidad política, gobernando estados y municipios, desde el PSUM (Partido Socialista Unificado de México) y luego con el PRD.

En la actualidad la izquierda mexicana, la que proviene de esa vieja tradición y no la anclada en el populismo, se encuentra de nuevo en la disyuntiva de diluirse o de materializar en un proyecto atractivo, que ponga énfasis en lo que realmente importa: el bienestar de la mayoría.

EDITORIAL

 

Una estrategia fallida

 

No hay día en que el tema de la inseguridad no esté en la agenda de los ciudadanos sin importar si los incidentes sean mayores o menores.

El asunto está en lo diario. Cada determinado tiempo diferentes instituciones y organizaciones de la sociedad civil nos muestran el tamaño de la bronca. El problema es mayúsculo y merece algo más que 5 minutos en las campañas a la Presidencia de México, como nos decía ayer la destacada especialista en seguridad de la Universidad de Santiago de Chile Lucía Dammert.

Las investigaciones y los datos que arrojan los estudios evidencian el brutal y abrumador deterioro de la seguridad. Las autoridades pareciera que siguen sin alcanzar a entender la esencia del problema.

Desde siempre la inseguridad ha rodeado la vida de las sociedades. Muchos son los factores que la provocan, distingamos dos: la condición humana y los desiguales modelos económicos que nos gobiernan y que nos imponen, muchos de ellos definidos desde el exterior y en los cuales no tienen nada qué ver las naciones que los padecen; nosotros estamos en esta lista.

Desde que se declaró una guerra, que luego se negó, el modelo de seguridad se rompió. Si bien se tenía que hacer algo ante la situación que se estaba viviendo, la cual no ha cambiado más bien se ha deteriorado de manera alarmante, se terminó por hacer lo menos indicado.

El actual gobierno trató de hacer cosas nuevas, pero no llegó más lejos de la creación de la Gendarmería. Si algo le quedó claro a Peña Nieto desde el inicio es que se tenía que conformar otra policía porque las que existen son materialmente imposibles de transformar.

Lo más grave es que no se ofreció al grueso de las policías la posibilidad de cambio, en particular a las municipales. Se reprodujo en lo general un modelo el cual estaba siendo fallido en la práctica, la esperanza de que las cosas fueran distintas duró escasamente un año.

Estos días a través de investigaciones y datos nos hemos dado cuenta del deterioro de la vida en materia de seguridad. A las autoridades no se les da la autocrítica de lo que han hecho y de la forma de ver el gran problema por parte de los ciudadanos.

Estamos en el peor año desde 2008, cuando se puso en marcha la estrategia de Calderón. 2017 va a cerrar con más de 24 mil personas muertas por homicidio, el antecedente inmediato fue el 2011 con más de 20 mil.

Los números del INEGI, Observatorio Ciudadano y Semáforo Delictivo, entre otros, pero sobre todo el diagnóstico colectivo, obligan a cambiar lo que se está haciendo.

Hoy se abre una nueva oportunidad con la Presentación del Informe Preliminar de la Consulta Nacional sobre el Modelo de Procuración de Justicia. A ver si hacen algo con un profesional trabajo elaborado en 9 estados del país a lo largo de un año.

En el informe se va a ratificar mucho de lo que se dice y se sabe. La oportunidad radica en que el análisis presenta una realidad del aquí y ahora y que el propio gobierno se comprometió a hacer algo en función del estudio. El trabajo fue diseñado y producido por reconocidas instituciones: CIDE, IIJ-UNAM, INACIPE y las cámaras de Senadores y Diputados.

La situación está llegando a límites nunca antes pensados y quizá pronosticados.

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