EDITORIAL

Entre el ejercicio democrático y la imposición

Por más que la consulta sobre el nuevo aeropuerto tenga sus serios cuestionamientos, no puede dejar de considerarse como parte de lo que el nuevo gobierno está buscando. A través de mecanismos como la consulta se quiere conocer, de manera directa, qué es lo que piensan y quieren los ciudadanos en asuntos que les competen, los cuales tienen que ver con la gobernabilidad del país.

La atribulada consulta que hoy inicia puede ser igualmente piedra de toque o un muy mal inicio que termine marcando el sexenio. La relación entre gobernantes y gobernados se ha anquilosado y desgastado ha dejado de ser efectiva y productiva.

De suyo existe una complejidad real y tangible para esta comunicación, pero en los últimos años, no pocos por cierto, los gobiernos y los Congresos, con todo y su representatividad democrática, han dejado de tener el conocimiento y sensibilidad para medir la temperatura de la sociedad.

Las consultas no son la panacea, pero son mecanismos que ayudan a la gobernabilidad. Son utilizados en muchos países, que los tienen constitucionalmente establecidos. Son parte de su democracia y se han ido educando en ello. Hay naciones en el mundo que llevan a efecto consultas anuales a nivel nacional.

López Obrador se ha propuesto hacer consultas de todo aquello que particularmente le genere dudas. Detrás de ello puede estar no querer tomar decisiones que le puedan traer consecuencias a su gobierno y a su imagen; o también, las dos caben, una genuina actitud democrática que busca mayor participación que derive en decisiones colectivas.

La votación del 1 de julio tuvo que ver, entre otras cosas, con el hartazgo hacia los gobiernos del PRI y del PAN y, sobre todo, con sus formas de decidir en el ejercicio del poder, lo que incluye al Congreso.

La sociedad votó para echar a unos, pero, de paso, quizá esto sea lo más importante, para que el nuevo gobierno haga las cosas de manera diferente. No sólo se trata de imaginar un nuevo gobierno; se trata, sobre todo, de que los ciudadanos puedan ver que existen nuevas formas de ejercer el poder, lo que al menos amaine la desesperanza y el hartazgo social.

Detrás del voto también estaba, y está, la exigencia de que la sociedad sea considerada como sujeto activo y se le rindan cuentas. López Obrador, como opositor que fue durante muchos años, lo sabe, y suponemos que en la gira que está llevando a cabo, la cual ha llamado de “agradecimiento”, habrá entendido que una cosa es ser candidato y opositor, y otra, ser Presidente electo, a quien ahora le llegan otras demandas y exigencias.

La construcción de nuevas formas democráticas es el gran reto. No se puede ser nuevo gobierno haciendo lo mismo que los gobiernos anteriores; hablamos de fondo y forma. Sin embargo, también resulta un sinsentido llegar y suponer que el país debe partir de cero, como si la verdad de las cosas estuviera del lado de quien llega.

La consulta sobre la construcción del nuevo aeropuerto hay que verla bajo este entorno. De por medio está una gran decisión, sin duda de enorme trascendencia; pero también están en juego las convicciones democráticas del nuevo gobierno.

Si no se ha entendido así, se vendrán las funestas complacencias y una serie de graves consecuencias, quizá irreversibles, sin haber entrado formalmente a la cancha.

Está en juego la búsqueda de la mejor opción para un nuevo aeropuerto, pero también las formas y convicciones democráticas que quiere construir el gobierno de López Obrador.

La consulta es vinculante, pero es claro que él, y sólo él, va a decidir. Lo que importa es con qué criterio lo va a hacer y hasta dónde van a llegar sus convicciones democráticas.

EDITORIAL

Alto al nepotismo judicial

El 11 de octubre se registró en el Senado una iniciativa para adicionar dos párrafos a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación. El hecho es relevante por haber sido presentada por el coordinador de la mayoría, lo que permite suponer que la iniciativa pronto se convertirá en ley.

El proyecto es muy simple. Por un lado, propone adicionar el artículo 112, obligando a quienes buscan ser parte de la carrera judicial a publicar su declaración de intereses, incluyendo vínculos de familiares y de afinidad con integrantes del Poder Judicial. Por otro lado, agrega al artículo 131, como causa de responsabilidad para los servidores públicos judiciales, realizar o gestionar nombramientos cuando exista un interés personal, familiar o de negocios.

Algunas voces han considerado esta iniciativa un ataque a la autonomía del Poder Judicial. Para formarnos una opinión equilibrada, resulta pertinente recordar que en julio de 2017 se publicó un estudio que mostró cómo la mitad de jueces y magistrados federales tenía parientes laborando dentro de la Judicatura Federal. Tras visitar durante un año 31 entidades federativas (la Ciudad de México quedó excluida) y revisar 1,031 perfiles, se comprobó que los parientes de 501 de ellos ocupaban plazas en diversos órganos jurisdiccionales. El informe, realizado a instancias del consejero Felipe Borrego, señaló la existencia de redes clientelares entre casi la mitad de los juzgadores, quienes permitían “enroques” en diferentes circuitos. Así, 112 titulares de órganos jurisdiccionales obtuvieron posiciones para sus cónyuges; 180, para sus hijos; 136, para sus hermanos; y 27, para sus padres.

A pesar de las revelaciones acerca del nepotismo prevaleciente, el Consejo de la Judicatura Federal se limitó a emitir un comunicado de prensa, precisando que la autoría del informe era exclusiva de un consejero, no del órgano colegiado, y que, con ánimo de propiciar reflexiones, fue entregado a sus integrantes, quienes lo analizarían.

Hace dos meses, un profesor del CIDE publicó una investigación titulada: “Nepotismo y Redes Familiares en el Poder Judicial Federal”. En ella, Julio Ríos muestra que poco más de la mitad de los jueces y magistrados tiene, por lo menos, un pariente trabajando en órganos jurisdiccionales federales. Señala también que 93% de los cargos ejercidos por los parientes consanguíneos carece de filtros meritocráticos. Esto quiere decir que muy probablemente obtuvieron el puesto en razón de su parentesco. Esto, a su vez, les otorga una posición ventajosa, en caso de que decidan concursar por una plaza de juez o magistrado, pues la competencia se encontraría sesgada a su favor. La publicación del estudio no mereció la emisión de comunicado alguno. El 9 de octubre, no obstante, el presidente del Consejo de la Judicatura Federal anunció que había ordenado una investigación, a fin de identificar vínculos familiares entre sus servidores públicos. Da la impresión de que este órgano no hizo nada para combatir el nepotismo, sino hasta que se enteró de que el senador Monreal presentaría una iniciativa dos días más tarde.

EDITORIAL

El colapso migratorio mundial

Los migrantes siguen siendo carne de cañón de la política. Tanto a nivel nacional como internacional, las caravanas de migrantes — entre ellos, los hondureños que actualmente se agolpan en nuestra frontera sur— son utilizadas como argumentos políticos y electorales. En medio de este caos, quedan las personas vulnerables in otra opción que aceptar ser utilizadas por múltiples bandos, sin que su dolor amaine.

La ONU y distintas asociaciones pro Derechos Humanos han levantado la voz para recordarle a los gobiernos que el trato a los migrantes debe ser digno y conforme a sus derechos, además de que se tiene el deber —por reglamentaciones internacionales— de aislar cada caso en su consideración para evitar decisiones en masa. Cada persona tiene derecho a presentarse ante la autoridad y pedir la entrada a otro país, ya sea con un visado estándar o como refugiado, según sea el caso. Sin embargo, la presión política lleva a consideraciones en conjunto, en las que se criminaliza a la gente sin consideración, cayendo en xenofobia y provocando la desesperación y la violencia.

En este sentido, el gobierno mexicano ha optado por controlar el ingreso. Justificadamente, ha puesto orden para evitar la violencia y la vulneración de la frontera. El proceso tendrá que ser lento para analizar cada caso. Esto podría llevar meses y los grupos políticos no están dispuestos a esperar tanto.

Lo que sucede en América se suma a la ola internacional de migraciones, que nos llevan a cuestionar los fundamentos mismos del derecho internacional y del trato humanitario. La crisis en el Mediterráneo, por ejemplo, ya no alcanza los titulares por la costumbre que hace que esas vidas ya no sean noticia.

¿Quién tiene derecho a ser acogido? Cuando la guerra, el hambre, las catástrofes medioambientales, la falta de libertad, etc., hacen imposible la vida honesta, las personas huyen buscando oportunidades. Son reclamos legítimos. ¿Quién tiene el deber de acogerlos? Legalmente, todos y ninguno. Las leyes actuales son ambiguas y provocan los casos desgarradores que vemos en los noticieros. La realidad nos indica que las causas de la migración son multifactoriales y, en un mundo global, son responsabilidad moral de todos.

No se afirma que se deban abolir las fronteras, sino que se debe evitar ver al extranjero como un enemigo. Se cuida más el libre tránsito de mercancías que el de personas, es una vergüenza. La migración parte de la desigualdad que hay en el mundo. Frenarla violentamente sólo acarrea más desigualdad y desesperación. Es una responsabilidad compartida que necesita una visión humanitaria y comprensiva. No podemos ser indiferentes al dolor y caer en la paranoia torpe y simplista de la crueldad xenófoba.

EDITORIAL

El espejo de la caravana migrante

Una caravana con miles de migrantes centroamericanos huyendo de la barbarie, de la tragedia y de la falta de oportunidades se acercaba a la frontera mexicana. En un episodio lamentable, la respuesta consistió en enviar a un contingente de elementos de seguridad que cerraron el paso fronterizo y convirtieron al puente internacional en un campo de batalla.

De inmediato la opinión pública internacional se volcó a señalar la incongruencia. ¿Cómo era posible que un país que tiene 11 millones de habitantes viviendo en los Estados Unidos y que todos los días se indigna con el racismo, la discriminación y el ataque a sus connacionales reaccionara de esta manera ante la migración? Una parte importante de la respuesta a esta pregunta se encuentra en la política anti-migrante que México ha tomado para congraciarse con los Estados Unidos, negociando la cooperación binacional a cambio de endurecer la frontera sur y reducir la cantidad de personas que llegan hasta el río Bravo.

Sin embargo, no todo se trata de geopolítica regional. De manera paralela al desarrollo de los eventos, en diversas redes sociales saltó el debate debido a que más de una persona parecía conforme con lo que sucedía. Y repentinamente, muchos mexicanos se dieron cuenta que existía el racismo en su propio suelo.

Hay que reconocer con tristeza que esto no es ninguna novedad. La Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) que levantó el INEGI en 2017 nos reveló que hay 19.6 millones de mexicanos (23.4% del total) que cree que cuando hay desempleo debe negarse el trabajo a las personas extranjeras. Peor aún, cuando se les pregunta a las personas con quiénes no estarían dispuestos a vivir, la respuesta que está en primer lugar, incluso por arriba de las personas con otras preferencias sexuales, de otras religiones, indígenas o infectados con el virus del SIDA, es la que corresponde a las personas de otra nacionalidad. 32,815,230 mexicanos, 39.1% del total de la población, no estarían dispuestos a que un extranjero viviera con ellos. Este número es incluso más grande que la cantidad de votos que recibió el actual presente electo.

Para tener un punto de comparación, incluso en los Estados Unidos de Donald Trump, donde la xenofobia cabalga de manera desbocada, sólo 26% de los norteamericanos cree que los migrantes dañan la economía de su país, de acuerdo con el Pew Research Center. La encuestadora Gallup reportó un número similar en junio de este año: 75% de los norteamericanos creen que la migración, tanto legal como ilegal, es buena para su país.

Nuestra política de migración responde fuertemente a la extensión de las políticas norteamericanas, pero otra parte fundamental tiene un asidero en la propia idiosincrasia mexicana. Todavía no está en nuestros pensamientos cotidianos el respeto o la inclusión igualitaria de todas las personas, sin importar ningún tipo de identidad, condición o nacionalidad. La caravana migrante debe servir como un espejo ante el que tenemos que mirarnos. Aún tenemos mucho que hacer.

EDITORIAL

La maestra y la estafa

Rosario Robles vive en la misma casa desde antes de iniciar el sexenio; la extitular de Sedesol y hoy secretaria de Sedatu no pidió ser candidata en busca de fuero; asegura que todo su patrimonio está en su nombre y trayectoria.

Fuente ovejuna en San Lázaro acusó de todo y nada a la maestra Robles Berlanga: cartulinas, mantas y mentadas fueron escenografía de lo anunciado; el linchamiento coral, pero no legal, de la funcionaria pública que desafió a quien tuviese al menos una prueba en contra suya para ir juntos a denunciarla penalmente. Nadie levantó el guante.

La primera mujer que gobernó la Ciudad de México carga sobre su espalda, y difícilmente dejará de hacerlo, una losa mediática llamada Estafa Maestra. Trabajo de investigación, documentación y difusión encabezado por Mexicanos contra la Corrupción, el portal Animal Político y utilizado recurrentemente por el diario Reforma, endosado a Rosario Robles; a nadie más.

La trama señala a varios rectores de universidades públicas, a entidades estatales, medios de comunicación, notarios públicos, abogados, empresas inexistentes con cuentas bancarias reales con nombres y apellidos; habla de miles de millones de pesos desviados, desaparecidos, robados; pero no apunta hacia dónde, cómo y quién obtuvo los beneficios de semejante desfalco. La única identidad pública y publicitada es Rosario Robles.

Comparecencia de glosa la de Rosario Robles ante diputados por el sexto Informe de Gobierno de la administración Peña Nieto, preparada para celebrar la quema, en leña verde, de la bruja política que encantó y espantó en sus días a varios perredistas, hoy conversos al morenismo avasallante. Una estafa social sobre nuevas formas, pero viejos fondos políticos, gritos, insultos, esgrima verbal desde la alta tribuna a las bajas curules, de ida y vuelta; retórica inútil para seducir micrófonos, cámaras y crónicas. Todo, efímeramente.

Que si violencia política de género, que no te equivoques, Rosario, que si fueros, traiciones y lealtades inmerecidas, hurgar entre piedras; escondrijo del botín imaginado, estridente logística del gran asalto silente de cómplices y otros responsables. Como Lope de Vega inmortalizó; cuando pregunten quién mató al Comendador, todos a una: Fuenteovejuna.

La tesis de una sola servidora pública como columna del mayúsculo desfalco es una estafa política. Una patraña estridente, circo rentable, espectáculo lapidario; sin embargo, lo ocurrido en San Lázaro hace dos días, con Rosario Robles en la pista central y suficientes payasos alrededor, no toca a la corrupción rampante con algo tangible, efectivo y no sólo efectista.

Conceptos que próximamente serán políticas públicas, como el ejemplo desde arriba, amnistía, borrón, cuenta nueva, mirar para adelante, confianza, fe en el pueblo y esperanza renovadora por la transformación social; merecen el beneficio de la duda, lo ganaron el pasado 1 de julio de forma contundente.

Sin pruebas ni procesos legales, lo demás es más simulación. La misma que se promete combatir hasta su extinción.

EDITORIAL

Heridas de infancia

Muchas de las heridas que provocamos en otros vienen de nuestras propias cicatrices. Laura nació en Los Ángeles, hija de padres mexicanos y vivió en Boyle Heights durante sus primeros años. Sus padres, originarios de Guadalajara, se separaron cuando ella era muy chiquita y no volvió a saber nada de su padre.

Durante un tiempo vivió con su madre y su hermana Ana, siete años mayor que ella. No les sobraba nada pero tenían lo indispensable para vivir.  La vida cambió radicalmente para Laura durante un viaje a Miami que hizo en compañía de su madre y su novio. Lo único que recuerda es que en cuanto bajaron del avión la policía esposó a su madre y a su pareja por tráfico de drogas. Su madre lloraba y gritaba que la perdonara. Laura regresó sola a Los Ángeles. Tenía siete años y Ana 14 por lo que tuvieron que separarse e ir a vivir cada una con familiares de la madre.

Laura se fue con su tía Sandra, soltera, sin hijos, muy estricta desde que había entrado a una iglesia cristiana llena de prohibiciones. Laura tenía que ir al templo todos los días, usar vestidos largos que la hicieron objeto de burlas en la escuela y cualquier acto que su tía consideraba desagradable para Dios era reprimido con golpes. Después de unas semanas, Laura cayó en depresión y dejó de hacer tareas, de comer y sólo quería dormir. El abuso físico aumentó y Sandra la golpeaba con cualquier pretexto, rompiéndole a veces la piel de brazos y piernas. Tenía ocho años y aprendió a ocultar lo que estaba viviendo cuando iba a visitar a su madre en la cárcel, fingiendo estar contenta.

A los 10 años, Laura se rebeló y por fin decidió llamar a su hermana para pedirle que la rescatara. Ana tenía 17 años pero se hizo cargo de Laura con ayuda de una prima de su madre, quien después de tres años salió de la cárcel y pudo reunirse con sus hijas.  Para Laura fue muy difícil volver a confiar en los demás, tenía pesadillas, sentía miedo de todo, era callada y no lloraba nunca. Con el tiempo se recuperó y logró llegar a la universidad. Hoy en día trabaja en publicidad y tiene una pareja estable desde hace cinco años.

Un día sin saber por qué, sintió la necesidad de hablar con Sandra de lo ocurrido años atrás. Su tía la recibió avergonzada y Laura le dijo lo mucho que la había dañado. Sandra lloró, le pidió perdón y le dijo que ella también había sufrido violencia física en la niñez. Laura no quería restablecer una relación con ella pero se sintió en paz después de que hablaron.

Todavía tiene pesadillas en las que la golpean, la persiguen o entran a su recámara para lastimarla. Sabe que son consecuencia de las cicatrices que hay en su inconsciente pero se tranquiliza al ver que a pesar del sufrimiento en esa época de su infancia, ha logrado construir una buena vida.

EDITORIAL

Ecatepec, la cara brutal del todo

Entre el gran desarrollo de la cultura de la denuncia y que los ciudadanos estamos cada vez más a la ofensiva, problema que se presenta, problema que en la mayoría de los casos se denuncia.

Estamos todavía muy lejos de que se conozca el panorama general de lo que se vive en el país, pero no hay duda de que la valentía de muchas mujeres, de sus familias y de diversas organizaciones sociales han ido cambiando las cosas.

El caso Ecatepec muestra los innumerables males de la sociedad. En uno de los municipios con mayor densidad de población se resume el todo de la vida del país. Pobreza, riqueza, violencia, corrupción en todos los órdenes, agresión sistemática en contra de las mujeres, abuso de autoridad, impunidad, delincuencia en la cotidianeidad, a lo que se suma una ingobernabilidad que provoca que todo sea caótico y, sobre todo, riesgoso.

Las mujeres, sin importar su edad, están en medio de todo ello. Son quienes lo viven en primera persona. En la encuesta de percepción sobre seguridad e inseguridad, queda claro que son quienes padecen en mayor medida las amenazas, temores, agresiones físicas y verbales, y sobre todo sexuales.

En un número importante de casos, las mujeres terminan por decidir no presentar denuncias. Las razones son múltiples, tienen su explicación en que no creen que las autoridades vayan a atenderlas y resolver sus problemas; se les toma como insensibles y cómplices de quienes abusan de ellas.

Están en un callejón sin salida. Se quedan en casa y están expuestas, salen de ella y están expuestas, abordan el transporte público y están expuestas, asisten a su centro de trabajo y también están expuestas; no hay cómo no lo estén.

La condición socioeconómica no es necesariamente un factor. Es más visible lo que pasa entre las mujeres de los sectores populares, incluso entre las de clase media, debido a que existen posibilidades de acceder a información directa o indirecta.

Un gran enigma es lo que se vive en la clase alta. Si bien se tienen acercamientos de lo que puede pasar, lo que sucede en este sector es todo un misterio, lo que no significa que no haya abuso y violencia sexual contra las mujeres, más bien está más escondido.

No hay manera de saber lo que pasa en muchas residencias porque están virtualmente cerradas en todos los sentidos. No se puede entrar y tener información o indicios de lo que puede pasar, por más que investigadores y encuestadores hagan grandes intentos persuasivos por hacerlo.

Ante lo que estamos es ante información y escenarios inciertos. Sin embargo,  el hecho de que se conozcan ciertos casos, por más violentos y brutales que sean, permite conocer parte de lo que se vive en el país.

Seguramente no todos los casos son como el del feminicida y su esposa en Ecatepec, pero a veces no necesariamente deben ser tan brutales como para que no sean expuestos, penados y sobre todo denunciados. La pregunta cabe ante la violencia contra las mujeres: ¿De qué tamaño y de qué tipo debe ser el delito para que sea denunciado y perseguido?

Ecatepec se ha convertido en el centro de agresión en contra de las mujeres. Sin tanta atención, está en camino de ser algo así como lo que vivió Ciudad Juárez hace dos décadas. Si algo está claro es que la violencia contra las mujeres sigue siendo una constante, no hay indicios de que algo esté cambiando. Ecatepec es una cara brutal de un todo.

EDITORIAL

Ecatepec, trastornados y rabiosos

Si hay algo a lo que se le ha puesto poca atención es a los trastornos de la mente que han generado tragedias terribles a lo largo de la historia. El caso del llamado “Monstruo de Ecatepec”, que ha cimbrado a la sociedad mexicana, es claro ejemplo de esto.

Un hombre que dice odiar tanto a las mujeres porque su madre, cuando era pequeño, lo vestía de niña y lo obligaba a ver como ella mantenía relaciones sexuales.

Una persona, que ya detenida, ha dicho que si sale del reclusorio matará a más mujeres porque él tenía como meta, quitarle la vida a 100.

Los exámenes practicados por la Fiscalía del Estado de México demuestran que este trastorno es real.

Recordemos que el pasado jueves 4 de octubre, elementos de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México detuvieron a un hombre y una mujer por su probable participación en al menos 10 feminicidios.

La pareja era investigada luego de la desaparición de tres mujeres en abril, junio y septiembre, de quienes se supo, tuvieron en algún momento relación con estos sujetos.

Juan Carlos, de 33 años, y Patricia, de 38, salían del domicilio con una carriola cuando fueron detenidos por los policías de investigación; al ser revisada se llevaron una macabra sorpresa: la carriola transportaba restos humanos, los cuales serían supuestamente tirados en un terreno baldío. Fueron descubiertos porque alguno de ellos activó el celular de una de las víctimas, que ya era buscada junto con otras tres jóvenes desde semanas atrás.

Al momento de ser detenido, Juan Carlos les dijo a los elementos de la fiscalía que, si lo iban a presentar ante los medios de comunicación, le permitieran bañarse y ponerse traje, ya que no era “un mugroso delincuente”.

Juan Carlos confesó haber asesinado a 20 mujeres; sin embargo, sólo ha dado detalles de unas 10.

De acuerdo con la Fiscalía, la pareja de presuntos asesinos abandonaba los restos humanos en al menos tres puntos, entre ellos, un predio de la calle Pie de la Cuesta, a escasos 100 metros de la vivienda que rentaban.

Durante la audiencia que se llevó a cabo en los Juzgados de Control y Juicios Orales del penal de Chiconautla, el imputado confesó que tres de sus víctimas fueron Arlet Samanta, Evelyn y Nancy Nohemí, quienes desaparecieron en abril, junio y septiembre pasados.

Arlet Samanta, de 23 años, vivía en la misma vecindad donde residían los asesinos confesos. Tanto Evelyn como Arleth y Nancy eran madres solteras.

Nancy Nohemí Huitrón Solorio desapareció el 6 de septiembre junto con su hija Valentina de dos meses. Juan Carlos dijo que planeó “darle en la madre”, enganchándola con ropa y el ofrecimiento de un préstamo. Tras asesinar a la joven de 28 años de edad, Juan Carlos y Patricia vendieron a su bebé a una pareja: Adrián de 39 años y Ana de 38, quienes argumentaron que les dijeron que la niña era de una mujer de Guerrero que la iba a regalar, por lo que entregaron un apoyo de 15 mil pesos. La bebé fue recuperada y entregada a su abuela materna.

Exámenes psiquiátricos practicados por la fiscalía mexiquense establecieron que Juan Carlos presenta un trastorno mental de tipo sicótico y de personalidad. Se sabe que tras matar a sus víctimas vendía los restos y sus pertenencias; mientras que, para ganarse la vida, vendía ropa de paca en un tianguis, además de bisutería y elotes.

El horror se descubrió cuando se dio a conocer un video del interrogatorio que realizaron autoridades del Estado de México a Juan Carlos; en sus declaraciones, dijo que su misoginia se debe a que fue víctima de maltrato por parte de su madre, quien supuestamente lo vestía de niña y lo obligaba a observar cuando ella sostenía relaciones sexuales, por lo que desarrolló un odio hacia las mujeres, al grado de que las tachaba de sexoservidoras. (En el video, no dice que su mamá lo vestía de niña y lo obligaba a ver como tenía relaciones como dicen varios medios, él comenta que observaba como su mamá tenía relaciones sexuales y la escuchaba, como si no se preocupara que estuviera ahí, pero no era obligado).

“Prefiero que mis perritos coman carne de estas mujeres a que ellas sigan respirando mi oxígeno, mil veces que coman los perritos y las ratas a que ellas sigan caminando por ahí”, dijo Juan Carlos sin empacho.

Durante el interrogatorio, Juan Carlos, quien aparece en el video sentado en una silla, con las manos esposadas y vistiendo un pantalón de mezclilla azul y una playera oscura con un estampado amarillo, fue cuestionado sobre si recibió en algún momento atención psicológica; indicó que estaba bien: “Yo estoy bien, lo que hago está bien patrón, porque estoy limpiando el mundo de porquería, yo estoy completamente sano y bien”.

Además, reconoció que desde 2012 ha cometido los feminicidios y que tras asesinar a sus víctimas degollándolas con un arma punzocortante, las descuartizaba para deshacerse de sus restos. También declaró que mandó a fabricar un cuchillo de 30 centímetros con mango de madera para asesinar a sus víctimas. Además, detalló que, con la carne de las mujeres, hicieron pozole.

Tras la inspección en dos domicilios de la colonia Jardines de Morelos, los agentes encontraron prendas y ocho cubetas de 20 litros con restos humanos cubiertos con cemento y un refrigerador con más restos congelados en bolsas de plástico.

Juan Carlos y Patricia se conocieron en el bar La Cueva en el 2008 y desde entonces vivían juntos. Se sabe que, hace dos años aproximadamente llegaron a vivir a su domicilio actual junto con sus cuatro hijos; tres niños y una niña, de diez, seis, cuatro y un año, respectivamente.

Vecinos de los presuntos feminicidas eran vistos como una pareja tranquila, que no se metía en problemas.

Los trastornos psicóticos y de personalidad, no son fáciles de detectar y significan tener la mente dividida. Generalmente inician al final de la adolescencia.

En las personas como el llamado “Monstruo de Ecatepec”, el pensamiento está deformado, sin base lógica y pueden presentar ideas delirantes; se cree con atributos o poderes especiales, el más inteligente, el único capaz, el más bello o bella.

Pueden llegar a sufrir alucinaciones auditivas, visuales o cinestésicas. Y pueden llegar a vivir en un mundo esquizofrénico e ilusorio. La vida, que se le presenta como vacía y sin significado.

El feminicida, como lo ha demostrado en sus declaraciones, no siente culpa por sus hechos, y no ha mostrado un pensamiento lógico. ¿Hasta qué punto no es consciente de sus actos? Es relativo.

Este tipo de casos hay que atenderlos con todo el peso de la ley. Pero también es fundamental que se fortalezcan las políticas públicas para atender trastornos mentales y brindar servicios de salud adecuados. Los límites entre la locura, el daño mental y la atención jurídica y social son siempre relativos.

EDITORIAL

¿Son lo mismo Morena y el pueblo de México?

Durante su larguísima campaña presidencial, el Lic. López Obrador se convirtió en un agente integrador de las demandas populares. Si en algún rincón del país había un movimiento social que tuviera alguna exigencia sobre cualquier asunto, él viajaba hasta allá, los escuchaba y, al final, les prometía que si él llegaba al poder, esa demanda sería satisfecha de inmediato.

La lógica de la campaña fue la de construir un enorme movimiento popular, que reuniera todas las exigencias del pueblo en contra de la llamada mafia del poder.

Las promesas que hizo el Lic. López Obrador iban siempre con la garantía de que él no dejaría de cumplirlas, de que él no traicionaría al pueblo. En eso consistía la diferencia entre él y el resto de la clase política.

Desde el día después de la elección, que le brindó un triunfo contundente al Movimiento Regeneración Nacional, quedó claro que dicho movimiento político no consistía en la agrupación de todos los movimientos sociales. En otras palabras —crudas pero ciertas—, Morena y el pueblo de México no son lo mismo.

Los primeros que dejaron muy en claro que Morena no puede hablar en nombre del pueblo de México fueron los neozapatistas. Aquí no hubo sorpresa. La posición del EZLN ha sido invariable. Sin embargo, en algunos grupos de Morena se manifestó una reprobación del neozapatismo. ¿Cómo se atrevían a seguir en pie de lucha cuando la izquierda ya había ganado? De acuerdo con esta forma de pensar, lo que debía hacer el EZLN era dejar las armas —aunque fueran de juguete—, desactivar su movimiento territorial y recibir con los brazos abiertos a los delegados del nuevo gobierno. ¿Por qué no hacían eso? Como a estos críticos les resultaba imposible imaginar que hubiera un movimiento social legítimo por fuera de Morena, se plantearon la sospecha de que, en realidad, el EZLN es un agente de la mafia del poder. Si no están con nosotros es que están en contra nuestra.

En días recientes se ha comentado mucho el conflicto entre la CNTE y el futuro gobierno. De la misma manera en que la jerarquía de Morena no puede entender que el EZLN no caiga en sus brazos, no les entra en la cabeza que la CNTE no esté agradecida con ellos por haber anunciado con bombo y platillo que de la Reforma Educativa “no quedará ni una coma”. En declaraciones recientes, el Lic. López Obrador calificó a la CNTE como un grupo de extrema izquierda, lo que lo convierte —por medio de una dialéctica peculiar— en uno de extrema derecha.

Entendámonos: quienes se oponen al régimen desde la izquierda son, en realidad, agentes de la derecha explotadora, de la reacción más corrupta, del conservadurismo más rancio.

Para el Lic. López Obrador no hay más pueblo que el de Morena.

EDITORIAL

Hagamos consultas, pero hagámoslas bien

El presidente electo ha señalado una y otra vez que hay dos tipos de democracia: la representativa y la participativa o directa. En la primera los representantes electos son los encargados de la creación de nuevas leyes y la toma de decisiones, mientras que en la segunda los propios ciudadanos toman la cosa pública en sus manos. “No es que la democracia termina y se agota en una elección constitucional y ya”, ha dicho, por lo que hay que fortalecer la participación.

Una parte de la opinión pública se decantó inmediatamente al desgarramiento de vestiduras recordando cómo el populismo se ha aprovechado de mecanismos de la democracia participativa, como los referéndums, para afianzarse en el poder o impulsar saltos al vacío, como el Brexit. Esto es cierto en casos específicos, sin embargo, vale la pena tener en mente que una buena parte de los países democráticos no sólo contemplan reglas de participación directa, sino que las utilizan activamente.

El caso paradigmático de una sociedad moderna que apuesta por la participación directa se encuentra en Suiza. En promedio, un ciudadano suizo acude a las urnas cuatro veces al año para decidir sobre una diversidad de temas: desde la aprobación de reformas constitucionales hechas por el gobierno federal, pasando por políticas públicas del cantón en que vive y hasta decisiones de su comunidad, como la construcción de una nueva escuela.

A nivel federal, hay tres escenarios diferentes para que los suizos voten. En primer lugar, están los referéndums obligatorios, en los que cada modificación a la Constitución hecha por los legisladores debe ser aprobada por los ciudadanos. En segundo lugar, están los referéndums opcionales, en los que cualquier decisión del legislativo debe someterse a consulta si al menos 50 mil ciudadanos firman la petición, por lo que la ley sólo puede entrar en vigor si se aprueba en referéndum. Finalmente, están las iniciativas populares, en las que bastan 100 mil firmas ciudadanas para que un tema tenga que ser consultado y, en caso de ser aprobado, se implemente.

En lo que va de 2018, por ejemplo, los suizos han acudido tres veces a las urnas, en marzo, junio y septiembre, para votar sobre siete temas diferentes a nivel federal: desde políticas de juego hasta la colocación de políticas y derechos para los ciclistas en la constitución. A estas elecciones federales hay que sumar las decisiones locales, como el referéndum en el cantón de San Galo que prohibió el uso en público de burkas hace menos de un mes.

En muchas ocasiones el diseño institucional de la democracia directa ha puesto contra las cuerdas al propio gobierno, ya que sus propuestas o ideas han sido desechadas por los ciudadanos (como cuando rechazaron unirse a la Unión Europea), mientras que en otras ocasiones las iniciativas ciudadanas han obligado a implementar políticas que no se contemplaban. En cualquier caso, lo importante de estos mecanismos es que no están creados para aplicarse a la voluntad del gobernante, sino de los gobernados y, además, están debidamente institucionalizados. Si de verdad vamos a hablar de democracia directa, tomémonoslo en serio y no sólo pensemos en consultas a conveniencia.

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