EDITORIAL

El batidillo de Peña

Una de las formas que López Obrador ha utilizado para desacreditar al gobierno de Peña Nieto ha sido poner en evidencia todo lo que se hizo en su sexenio.

Quizá por ello no se ocupa del perdón, lo anda triturando un día sí y otro también. El Presidente no se limita porque las zarandeadas no son respondidas, alguna razón habrá de ello.

Fue, si nos atenemos a los señalamientos de López Obrador, un sexenio que no sirvió y que se podría tirar a la basura de la historia.

El silencio no es nuevo. Recordemos que a partir del triunfo de López Obrador no hubo respuesta a los planteamientos que le hacía a Peña Nieto, los cuales, por cierto, no eran muy diferentes en fondo y tono a los de ahora.

Las observaciones que López Obrador hace regularmente sobre pasadas administraciones han tenido, de alguna u otra forma respuesta, en particular de Vicente Fox y de Felipe Calderón. Estos personajes no dejan la plaza vacía y tengan razón o no, no dejan pasar lo que dicen sobre ellos.

Esto no significa que tengan la razón, lo que sucede es que tratan a toda costa de defenderse. Insistimos, no es que tengan la verdad, palabra cada vez más cuestionable por el uso arbitrario y hasta convenenciero que se le da, pero buscan hacerse ver y responder.

Lo que es claro es que mucho de lo que se hizo en el sexenio anterior es sistemáticamente cuestionado. No sólo es que a esto no haya respuesta, es también el que algunos reportajes periodísticos e investigaciones muestran con claridad irregularidades y actos de corrupción.

Más allá de que se comparta o no la estrategia del gobierno contra el huachicoleo, un hecho es cierto: el problema se agudizó en el pasado sexenio.

Si bien hay registro de detenciones y decomisos, con los datos que estos días se han dado a conocer, hay evidencias de que en el pasado sexenio fueron laxos, por decirlo de manera pausada.

La cuestión es si con la crisis que estamos con la distribución y consumo de gasolina, las cosas sólo se pueden quedar en los terrenos de la denuncia pública. Lo que hemos padecido los ciudadanos estos días han provocado, lo decíamos ayer, el momento más difícil para López Obrador en lo que va de la naciente administración.

Como se sabe, no todo termina en este tema. Existen  muchos otros asuntos que generan dudas que hacen ver a la pasada administración cuestionada. El dilema para López Obrador va a ser grande si en la anunciada consulta del 21 de marzo los ciudadanos dicen que sí se debe investigar a los expresidentes.

Mientras sea una cosa u otra, es cada vez más alarmante cómo se van sumando signos de corrupción e irregularidades en el sexenio de Peña Nieto.

Lo último en la materia fue el reportaje de El Universal. En él se presentan presuntas evidencias de cuentas y contratos discrecionales, que incluyen a la Sedena, que si bien ya se había hablado de ello no se habían presentado elementos concretos, a pesar de lo que dijo el Presidente en el sentido de que era una denuncia anónima.

¿Qué ocurrió en el sexenio pasado? ¿Cómo puede ser posible que se pierda de manera tan grosera y ofensiva la oportunidad y responsabilidad de gobernar y servir en democracia?

¿Puede pasar de largo lo que se hizo y deshizo durante seis años y que de hecho se convirtió en el gran factor para que López Obrador ganara las elecciones?

En varias ocasiones en el Quebradero nos hemos preguntado si a lo largo del sexenio de Peña Nieto todo estuvo mal y si no hay nada recuperable. Estamos en la hora en que más que saber qué se pudo haber hecho bien, hay que conocer si las muchas denuncias y referencias que se han presentado sobre el sexenio de Peña Nieto, algunas de ellas probadas, proceden. Lo que hoy se ve es que por lo pronto mucho no quieren hacer.

EDITORIAL

Tren Maya, estación Calakmul

El articulista Bernardo Bolaños acudió a ver el tramo más polémico del futuro Tren Maya. En la reserva de la biósfera de Calakmul habitan la mitad de los jaguares del país. Pero el director de Fonatur advierte que en las terminales del tren se formarán “nuevos desarrollos urbanos”. “Nuevas ciudades” ha dicho AMLO.

Muchos vendedores, ejidatarios y restauranteros que entrevistó están a favor del megaproyecto. Pero los guías, productores de miel y empresarios del ecoturismo, no. Carlos, un joven que lleva a turistas internacionales desde Xpujil hasta las ruinas de Calakmul, dice que ya se están organizando para impedir que el tren pase cerca de éstas. Él ha invertido mucha de su vida en formarse: para dominar el inglés trabajó cuatro años en un hotel de canadienses. Luego entró al ecoturismo. “Hay familias de pecaríes, venados, tapires. Es la principal zona de conservación de felinos de México, sería muy grave”, opina.

Ingrid, dueña de jungalows, resume: “el tren es lo contrario a la idea de la biósfera. Además, el problema será el mantenimiento. Durante unos años estará cuidadito, luego lo dejarán caer en el abandono. El impacto visual será grande. Es más práctico para los turistas moverse en auto. Mejor que pongan en orden las agencias que rentan coches. La mitad de los turistas se encuentran con problemas porque los autos están en mal estado, viejos, sin los documentos en regla. No respetan reservaciones y tarifas”.

Diego se ha especializado en alta cocina. Su familia entera huyó de Chiapas a la Ciudad de México luego de un asalto. Allá él trabajó en un gran restaurante. Al venir a la reserva, trató de incursionar en la producción de miel, sin éxito, y ahora es pieza clave de un restaurante. “El tren es otro golpe a la Madre Tierra. Cada vez hay menos floración y menos abejas, por deforestación y fumigaciones. Yo vendí mis colmenas por motivos económicos y porque es muy difícil producir. Tenemos la bendición de la reserva que nos permite producir una miel única de abeja melipona. Pero se nos está acabando con el deterioro del ecosistema”, dice. Las intuiciones de Diego coinciden con las teorías más recientes sobre la vulnerabilidad de los socioecosistemas por reacciones en cadena del turismo y otras intervenciones humanas.

AMLO dice que el sureste posee las zonas arqueológicas más bellas del mundo. Si la estación del tren fuera Xpujil (fuera de la reserva), miles podrían visitar, entre muchas otras, la milenaria ciudad amurallada de Becán, aún viva como pueblo maya del mismo nombre. Un grupo selecto iría en auto a ver la arquitectura vertical y tosca de Calakmul, cuyos murales y principal friso de cualquier modo están cerrados al público. Pero el dinero fácil se quiere obtener con algunos de los millones de turistas tradicionales que visitan Cancún (spring breakers y otros), a los que se les puede vender la idea de una excursión a la selva virgen.

EDITORIAL

Tiempo

Obviamente no cambiaron mucho las cosas de un año al otro. Lo que permite ver los grandes cambios es el paso de una generación a otra, o hechos de enorme trascendencia que cambian el estado de las cosas casi de la noche a la mañana, son circunstancias que caen en el terreno de lo excepcional.

Muchos de los cambios lo que necesitan es tiempo por más que en su momento ponderemos su valor. Sólo el tiempo nos dará la justa dimensión de su trascendencia.

Lo que sucedió en 1968 en México es ejemplo de ello. En su momento llegó a ser confuso con muchos intereses entrelazados con un gobierno que no entendió y que reprimió como una falsa salida para pretender terminar con un movimiento genuino.

Hoy al paso del tiempo nos damos cuenta que el 68 es un parte aguas de la historia del país. El tiempo nos ha ayudado a entenderlo y colocarlo como parte integral de nuestras vidas.

De un día a otro no suelen pasar muchas cosas, de un fin de año al primer día del siguiente lo que terminamos por ver y vivir es la pretextosa y jugosa celebración.

Si alguien quiso imaginar que López Obrador, y nosotros mismos de paso, íbamos a ser diferentes de un día a otro era obvio que ni las doce uvas ni los abrazos lo iban a provocar, más allá de las buenas intenciones propias de la temporada.

Año Nuevo es la fiesta del que se va y del que llega en nuestro muy singular y festivo calendario, en el fondo es la manifestación de que el tiempo pasa y nos lleva con él.

No cambiamos necesariamente con el paso del tiempo. En muchos casos más bien endurecemos y fortalecemos nuestras posiciones, conductas, actitudes y en otros casos también nuestras formas de vida.

Quien mejor entiende el tiempo es quien tiene la capacidad de ver la vida como solución, cambio y en algún sentido también avance y hasta aceptar la posibilidad, a veces difícil de asumir, de reinventarse.

Quien quiera ver que del año pasado a lo poco que llevamos de éste se van a presentar cambios fundamentales, sólo por ser el año nuevo, se va llevar de nuevo un chasco.

Por más prisa que tenga el gobierno las posibilidades de cambio requieren de paciencia, tiempo, madurez, sensibilidad y, sobre todo, de escuchar, respetar y estar con el otro.

El Presidente no va a poder hacer todo lo que pretende si no cumple premisas de este tipo. No posee la verdad absoluta, concepto al cual hace referencia a menudo con sus constantes citas religiosas.

Aquello de que si cumplimos con nuestras labores cotidianas podríamos asistir a los templos con tranquilidad es un exceso, más viniendo de un presidente de un Estado laico y que además se asume como juarista.

La gran cuestión es qué tanto los 30 millones de votos, y los altos niveles que sigue conservando López Obrador le otorgan a él y a Morena la posibilidad de hacer casi lo que quieran. Qué tanto el Presidente está entendiendo el sentido del tiempo para conseguir los objetivos que se ha planteado, muchos de ellos compartibles.

Colocar a su gobierno como el eje de lo que llama la Cuarta Transformación sólo tendrá en el tiempo su definición. Si alguien hace referencia a la historia de México es el propio Presidente, por lo que debe saber que las tres transformaciones previas adquirieron su valor y definición para la historia del país y el imaginario colectivo con el paso del tiempo, no en su presente.

Todos identificamos que este nuevo año va a ser difícil para todos, empezando con el gobierno, el cual va a tener que explicar que no todo lo que se propone se va a poder cumplir de la noche a la mañana.

Requiere de tiempo, ese que no se mide un día a otro, ese que hay que saber leer, entender, explicar y valorar.

AMLO frente al rencor zapatista

Después de una complicada Nochebuena, la primera celebración de año nuevo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador tampoco llegó exenta de sabores amargos, luego de las declaraciones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el último día del 2018.

“Aquel que está en el poder es mañoso, y ¿cuál es la maña que hace? Que hace de que está con el pueblo de México y engañando a los pueblos originarios y demostrando que se hinca en la tierra pidiéndole permiso, como creyendo de que todos los pueblos originarios lo creen, y aquí nosotros le decimos, no lo creemos eso, al contrario”, dijo el pasado 31 de diciembre el subcomandante Moisés, durante el 25 aniversario del inicio de la “Guerra contra el Olvido”.

El EZLN se pronunció claramente en contra del proyecto del Tren Maya y volvió a atraer los reflectores por fijar nuevamente su postura en contra del gobierno, ahora de Andrés Manuel López Obrador.

Hace apenas unas semanas, en esta misma columna recordábamos las diferencias que existían entre el presidente de México y el subcomandante Marcos (hoy Galeano), desde que el primero era Jefe de Gobierno del D.F.

Qué vieja se ve hoy esa fotografía de 1994, donde posan juntos el subcomandante Marcos, el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, que entonces era el candidato del PRD al gobierno de Tabasco.

Dicen que en política no hay casualidades, pero fue justamente un 1o de enero, pero de 1994, cuando el entonces secretario de Relaciones Exteriores, Manuel Camacho Solís, mientras descansaba en una playa de Cancún, recibió una llamada del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, convocándolo a una reunión de emergencia del gabinete de seguridad. El Ejército Zapatista había tomado el zócalo de San Cristóbal de las Casas en Chiapas.

Camacho Solís fue designado por Salinas como coordinador para el Diálogo y la Reconciliación en Chiapas y lo demás es historia. Hoy no se ve una figura que pudiera hacer esa chamba, ni de lejos…

En el año 2001, Andrés Manuel López Obrador ya era Jefe de Gobierno del Distrito Federal y la figura más protagónica del PRD, cuando su partido votó en el Congreso a favor de la Ley Indígena, que no resultó muy similar al proyecto acordado por la Comisión de Concordia y Pacificación, durante las conversaciones con el EZLN en San Andrés Larráinzar, entre 1995 y 1996.

El hecho fue considerado por los zapatistas como una gran traición, porque además dicha ley incluía una modificación clave sobre la propiedad de la tierra.

Años después, el subcomandante Marcos haría famosa la frase: “lo que diga mi dedito”, en señal de desaprobación a López Obrador, cuando la prensa le pidió su opinión sobre el entonces candidato del PRD a la Presidencia de la República.

“Uno de los tres bribones que habrán de disputarse el trono sobre los escombros de México, ha venido a nuestras tierras a demandarnos silencio”, dijo en 2012 el subcomandante Marcos, luego de una gira por Chiapas de Andrés Manuel López Obrador. La llama del rencor seguía creciendo.

Para las elecciones de 2018, el Ejército Zapatista presentó a María de Jesús Patricio, mejor conocida como Marichuy, como su candidata a la presidencia de la República.

La zapatista no alcanzó a llegar a la boleta presidencial, pero se ganó el respeto de muchos y puso nuevamente al EZLN en el mapa, y como una voz contraria al proyecto de Morena.

Actualmente, en la mirilla del comandante Galeano —metafóricamente hablando— seguramente hay varios personajes que fueron relevantes desde el gobierno en la época protagónica del EZLN, y que hoy también son piezas clave de la nueva administración.

Uno de ellos puede ser el actual secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, quien en 1995, siendo el secretario de Gobernación de Ernesto Zedillo, fue el responsable de concretar un encuentro “pacífico” con Marcos, el cual consiguió, pero seguido de la revelación de su supuesta identidad, por parte de la Procuraduría General de la República.

El hecho desembocó en una operación militar para dar con el paradero de Marcos, lo cual fue calificado por los zapatistas como “una emboscada”. Dicen que el rencor, de no encontrar caminos para el perdón, sólo se aplaca con la venganza, que en política tiene muchas vías.

El presidente Andrés Manuel López Obrador apuesta por la “reconciliación”, pero ¿qué hará el comandante Galeano? ¿Confirmar su dicho de “por el bien de todos, primero los huesos”?…

EDITORIAL

La nueva derecha brasileña

Desde su toma de posesión el nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, envía un mensaje perturbador al mundo. El dispositivo de seguridad desplegado en Brasilia ha recordado el tiempo de la dictadura militar de derecha en los años 60 y 70. Un régimen autoritario que duró más en esa gran nación que en otros de sus vecinos suramericanos, como Argentina y Uruguay, y por el que Bolsonaro siente una admiración confesa.

En el nuevo gabinete brasileño habrá siete militares: el Vicepresidente Hamilton Mourao, que como su superior no oculta la nostalgia por la dictadura, además del Ministro de Defensa Fernando Azevedo, el de Gobierno Carlos Alberto Dos Santos, el de Minas Bento Costa Lima, el de Seguridad Augusto Heleno, el de Infraestructura Tarciso Gomes y el Contralor General Wagner Rosario.

La apuesta por la militarización del gobierno y la sociedad brasileña se justifica como respuesta a la corrupción generalizada de las administraciones anteriores, pero también como antídoto contra una “crisis moral”, que el nuevo mandatario asocia a la ampliación de derechos civiles, el multiculturalismo y la globalización. La admiración de este político por la dictadura anticomunista de la Guerra Fría es genuina: piensa sinceramente que aquel régimen contuvo la liberalidad de las costumbres.

El apoyo de las iglesias evangélicas a Bolsonaro sintoniza con ese discurso neoconservador. El nuevo cristianismo protestante se opone con tenacidad al matrimonio igualitario, las comunidades LGTBI, la igualdad racial, la despenalización de las drogas y el ambientalismo, que crecieron durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff. Todo ese repertorio de nuevos derechos es visto por el conservadurismo brasileño como responsable de una “pérdida de valores” que es preciso combatir.

La violencia, la inseguridad y el narcotráfico, según Bolsonaro, están relacionadas con la relajación de las costumbres. A su juicio, es indispensable reconstituir una mayoría moral cristiana en el país para contener la decadencia que propicia la globalización. La historiadora y antropóloga Lilian Schwarcz ha llamado la atención sobre el racismo implícito en ese conservadurismo cultural.

Bolsonaro y quienes lo apoyan piensan que los negros y los indígenas son inferiores porque profesan un cristianismo falso. La inferioridad racial, según ellos, se refleja en una falta de rectitud moral, que debe ser restablecida en la sociedad. Para eso se requiere orden y un ejército y una policía eficaces en el combate a la delincuencia.

La herencia que reclama Bolsonaro no sólo es la de la dictadura militar anticomunista que depuso a Joao Goulart en 1964, sino la del conservadurismo católico y positivista del siglo XIX, que mantuvo un sistema esclavista hasta 1888. Con Bolsonaro regresa a América Latina una derecha que creíamos definitivamente derrotada y que amenaza la democracia por una ruta antiliberal, tan temible como la de la izquierda autoritaria.

EDITORIAL

¿Son necesarios los sindicatos en México?

En México los sindicatos son una cuestión paradójica, por un lado son necesarios para defender una clase trabajadora vulnerable y el por otro pueden convertirse en su peor enemigo, el cual los vende al patrón y al estado, mediante la aceptación de todas las pretensiones de éstos.

La historia de los sindicatos en México es larga, nacen después de la revolución mexicana, y se consagran con la Constitución de 1917, pero fue con la creación de la Ley Federal del Trabajo en 1931 que se dio plena protección a los trabajadores, con el derecho de huelga y la libre asociación.

En su origen parecía que los trabajadores tendrían mejores condiciones y la protección de los sindicatos, pero desgraciadamente no fue así. Con el surgimiento del sindicato petrolero, el sindicato minero y el sindicato ferrocarrilero, es decir, con los grandes sindicatos mexicanos, y posteriormente con la creación de la CTM (Confederación de Trabajadores de México), ese gran futuro se frustró, pues fue cooptado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), y entonces respondió únicamente a los intereses del partido en el poder.

Con la CTM también surgieron lo que se llaman los sindicatos “charros”, es decir, vendidos a favor de las empresas y de los gobiernos, lo cual favoreció que los líderes sindicales se mantuvieran por largos periodos, siempre del lado del gobierno priista, pactando todo lo que conviniera al gobernante en turno.

Por lo anterior se dio lugar a la pérdida de los derechos de los trabajadores, incluso los nuevos sindicatos, que nacieron como independientes, como el de los telefonistas, pronto se aliaron al gobierno y se volvieron eternos, traicionando a los trabajadores nuevamente.

Con las recientes disposiciones en materia sindical, se supone que los sindicatos blancos dejarán de existir y con ello desaparecerá toda una etapa de farsas sindicales. Estos sindicatos nacieron para que los empresarios cubrieran con este requisito, pactando con un líder sindical que firmaba por anticipado un acuerdo en el cual aceptaba todas las condiciones de trabajo del patrón, y este líder agrupaba a todos los trabajadores en su sindicato aceptando tales condiciones pactadas previamente con el patrón.

Como podemos ver los sindicatos blancos no protegen al trabajador y únicamente cubren al patrón, lo cual es un absurdo, pero por medio de ellos los empresarios se vieron beneficiados con una paz sindical blanca, sin huelgas y sin conflictos obreros, que en muchos casos contribuyen al crecimiento de sus compañías y por ende de sus trabajadores, pero en otras muchas ocasiones se aprovechan de esos pactos para explotar a los empleados bajando las condiciones laborares y sin que haya quien los proteja de ello.

Con la adopción del acuerdo de la libre asociación de la Organización Internacional de Trabajo y con los acuerdos del nuevo Tratado de Comercio con Estados Unidos y Canadá, México deberá de obligarse a desaparecer a los sindicatos blancos y a los sindicatos charros, por ello el nuevo gobierno tiene una gran tarea para llevarlos a cabo, si de verdad lo logra, avanzaremos en serio en protección de los trabajadores.

EDITORIAL

Israel a las urnas

Llegó el día. Después de cuatro años del gobierno más corrupto y de extrema derecha en la historia de Israel, Netanyahu ha decidido disolver el parlamento e ir a elecciones. Las circunstancias no tienen precedentes.

Por primera vez en la historia del país, el principal candidato se encuentra bajo una investigación por cuatro casos de corrupción y tráfico de influencias que, en cualquier democracia normal, serían razón suficiente para su renuncia.

Pero en las épocas de los hombres fuertes y de la disolución de la democracia en occidente, Netanyahu ha decidido emprender su última y más importante batalla, la batalla en contra del Estado de derecho.

A pocas semanas de que el fiscal general anuncie que Netanyahu debe enfrentar un juicio, el primer ministro busca obtener el mayor apoyo posible del público israelí en las urnas para argumentar que “el pueblo” ha decidido exculparlo y enfrentar así su juicio bajo el halo del apoyo popular.

Uno esperaría que un candidato medianamente bueno podría fácilmente derrotar a un primer ministro bajo sospecha de corrupción; sin embargo las encuestas señalan lo contrario.

El campo de centro-izquierda, dividido (depende de cómo se cuente) en cuatro o cinco partidos, no le llega ni a los talones al Likud de Netanyahu.

A diferencia de la derecha, que suele aglomerarse detrás de un líder, sin importar siquiera que probablemente este líder enfrente años de cárcel en los próximos meses, la izquierda no puede poner en orden a sus filas detrás de un solo candidato. Todos saben que la única oportunidad para derrotar a Netanyahu es la unión del campo democrático detrás de una figura, los egos, sin embargo, no están a la altura de la emergencia nacional.

La gran estrella de esta elección es Benny Gantz, quien fuera general de las fuerzas armadas israelíes.

Por meses, el campo de centro-izquierda ha esperado que Gantz se convierta en el esperado mesías; sin embargo, por el momento parece que Gantz ha decidido ir por separado.

Esto le puede garantizar un buen número de asientos en el parlamento (16/120), sin embargo lejos está de los 30 asientos del Likud en las encuestas. Si Gantz se uniera al Partido Laborista (la izquierda que creó el Estado de Israel) o a Yesh Atid (otra de las listas de centro) las encuestas muestran una diferencia de sólo dos asientos (alrededor de 1-2%) entre Netanyahu y Gantz.

Pero el general teme que Netanyahu logre tacharlo de izquierdista amante de los palestinos y así aniquilarlo políticamente. Igual y el general piensa que Netanyahu va de una u otra manera a la cárcel y que debe esperar pacientemente para ganar no en éstas sino en las próximas elecciones.

Si es así, no habrá muchas sorpresas. Netanyahu seguirá al mando del país e intentará detener a la justicia con su fuerza popular. De una u otra manera ésta será la última batalla de Netanyahu, una batalla agresiva como nunca antes hemos visto. Su futuro en la historia está en juego.

EDITORIAL

Tres falacias y dos verdades sobre la Guardia Nacional

Falso que, bajo el lema “abrazos, no balazos”, AMLO haya enarbolado consistentemente en campaña la marginación del Ejército de las tareas de seguridad. En marzo de 2018 expresó en Milenio TV que los 260 mil soldados mexicanos no deben recibir un salario sólo por si acaso hay una guerra con algún país, sino capacitarse y contribuir a la seguridad.

Falso que necesariamente aumente la violencia por la participación del Ejército en tareas de seguridad pública. Como ha recordado Viridiana Ríos, de 2011 a 2014 hubo una reducción de la misma por el uso de los militares para derrotar a Los Zetas. En otro ejemplo, los gobiernos de Lula y Dilma, junto con el alcalde de Río de Janeiro, usaron al ejército brasileño para quitar territorios al narco. Luego los entregaban a policías de proximidad. Redujeron así homicidios en 80%.

Falso que los soldados no logren transformarse en policías por estar entrenados para matar. Las Fuerzas Armadas también se encargan tradicionalmente del Plan DN-III3-E, que supone rescatar a niños, mujeres y ancianos durante catástrofes naturales. Actividad muy diferente a la de la guerra.

Es cierto, sin embargo, que hay un gran incentivo para que los soldados no detengan, sino usen la fuerza letal. La tropa, con pocos estudios, teme tener que comparecer ante un juez y formular verbalmente las ideas que permitan fincar responsabilidades a los detenidos. Frecuentemente prefieren matar. El miedo a los laberintos de la justicia civil es tanto, o más grande, que el temor a los enfrentamientos armados con la delincuencia.

También es cierto, me dicen fuentes con enorme experiencia en el terreno, que de hecho los soldados mexicanos no acatan órdenes de mandos civiles. Se resisten a coordinarse con policías y procuradurías. A diferencia de otros países, el titular de Defensa, en México, siempre es un militar. El consuelo es que, en esos otros países, también era así en el pasado y un buen día la situación cambió. En 1947 se legisló en Estados Unidos para obligar a que sólo civiles pudiesen ser secretarios de Defensa. Costa Rica consiguió “policiarizar” a su Ejército (para emplear el barbarismo).

En resumen, hay dos grandes verdades enfrentadas: no podemos mandar a jugar ajedrez a los cuarteles a cientos de miles de soldados, mientras el país es asolado por gavillas de maleantes. Tampoco podemos cerrar los ojos al riesgo que implica darle aún más poder al Ejército. Por lo tanto, la Guardia Nacional debe buscar la transformación de miles de militares y marinos en policías. Ojalá que se equivoquen quienes creen que el habitus letal de los actuales soldados es irreformable. Pero, incluso si fuese cierto, los nuevos jóvenes reclutados en la Guardia Nacional no tienen por qué heredar ese habitus, sino una formación policiaca de calidad.

Terminemos la guerra idiota de acusaciones retóricas: “no te importan las masacres porque apoyas la Guardia Nacional”; “a ti no te importan, pues la rechazas”.

EDITORIAL

López Obrador, el inevitable

En la monotemática vida con López Obrador como centro y eje, la pausa vacacional pudiera ser ocasión de acomodarnos bajo los nuevos escenarios y de tratar de entender lo que estamos viviendo y lo que puede venir.

No es sólo el tiempo político; también es el hecho de que haya signos y señales contradictorios en el gobierno y el que estemos bajo escenarios inéditos.

A esto se suma que a menudo, el Presidente actúa como si siguiera todavía en campaña. No es casual; se la pasó un buen tiempo de su vida en campaña.

Por momentos parece que va a ofrecer discursos de un político que ha entendido que ganó las elecciones y que gobierna para todos; pero también le sale su espíritu de candidato de oposición y le aparece lo belicoso.

Es probable que a veces se dé cuenta de ello; o que a quienes escucha se lo hagan ver. El Presidente no tiene fama de estar atento a lo que se le dice; algunos que han estado cerca de él así lo refieren, pero suponemos que en algunos temas ha de entender que debe escuchar, por la trascendencia que pueden adquirir al paso del tiempo y por las consecuencias que pueden provocar.

Hace algunos días, en una de sus largas conferencias matutinas, hizo referencia, con ciertos tintes de autocrítica, a la definición que le ha dado a cierta prensa, a la que llama fifí. Dijo que ya no la iba a nombrar de esa manera y que ofrecía disculpas por ello.

Sin embargo, inmediatamente después pidió permiso para que, de vez en cuando, le dejaran seguir haciéndolo. Lo que quería era sólo atemperar los ánimos. Pareciera que su opinión acerca de cierta prensa busca una tregua o algo parecido, pero al final sigue pensando lo mismo de ella: son fifís.

Nunca ha quedado claro si estas definiciones son sinónimo de una posición de clase o si es una forma de desacreditar un periodismo que ha sido crítico hacia López Obrador, en sus tiempos de campaña y ahora como Presidente.

En esto pareciera que lo que diga el diccionario de lo que es fifí —afeminado, que tiene modales extremadamente delicados— pudiera ser de menor importancia. Lo que adquiere relevancia es la manera en que se usa la palabra y las muchas intenciones que pudieran interpretarse, que se pueden buscar al decir fifí.

El Presidente tiene que actuar como tal. En varias ocasiones lo ha venido haciendo, pero cuando le sale su espíritu de candidato termina por perder más de lo que sus furibundos seguidores le festejan. La razón está en que si bien los más de 30 millones de votos le otorgan un espacio abierto para sus proyectos, no puede dejar de atender y escuchar a quienes ven las cosas de manera diferente, que son poco menos de la mitad de la población.

Al nuevo gobierno también le está costando trabajo organizarse y acomodarse. En temas como migración se ven claros sus objetivos y, sobre todo, su solidaridad. La presentación del programa migratorio, a cargo del INM, establece objetivos de corto y largo plazos en medio de una explícita solidaridad.

Por otro lado, al gobierno se le han aparecido lo que ha llamado “errores”; en voz del Presidente, “sólo la divinidad no se equivoca”.

Sin embargo, los llamados “errores” en los casos de la reducción del presupuesto para las universidades y la Cancillería, las declaraciones respecto a igualar los salarios del sector privado con los del gobierno, el texto sobre la autonomía universitaria, que provocó reacciones justificadamente airadas en el mundo académico, generan dudas y, sobre todo, sospechas, como nos decía ayer el historiador Carlos Illades. No van a cambiar mucho las cosas en la pausa. Lo que sí puede pasar es que todos entendamos y nos vayamos acomodando poco a poco. López Obrador es, como casi en todo, figura clave.

EDITORIAL

El presupuesto, la gran oportunidad de la oposición contra AMLO

En política, todo comunica. Las palabras y las acciones, evidentemente transmiten algo. También los silencios. Pero los programas, los proyectos y los presupuestos, pueden comunicar más contundentemente.

En las primeras semanas de su Gobierno, el Presidente Andrés Manuel López Obrador ha demostrado que el objetivo estratégico de su comunicación es fortalecer el respaldo de su base de seguidores, principalmente el de los más duros. Por lo mismo, la presentación del presupuesto 2019 –y su defensa– es, quizá, la prueba más complicada que ha tenido que enfrentar para alcanzar esa meta.

Primero, porque se trata de comunicar números, cantidades abstractas, sobre proyectos que aún están lejanos de hacerse realidad. Y segundo, porque en la pluralidad de intereses de su base de seguidores, cada uno tenía una prioridad distinta, y en muchos casos, asumían que era la misma que la de su líder. Evidentemente, aumentar el presupuesto en un área, provoca reducciones en otras. Esto ya generó a los primeros lastimados de la Cuarta Transformación.

Y si a esto sumamos que el tema financiero está lejos de ser el de mayor dominio discursivo del Presidente, la defensa del presupuesto no ha tenido la profundidad necesaria para blindarlo ante los afectados.

Mientras, del otro lado, académicos, intelectuales y activistas de agendas como la cultural, educativa, ambiental o de igualdad de género, han salido a medios a criticar, con absoluta claridad en sus argumentos y total legitimidad, el recorte presupuestal de sus respectivas causas.

Esto representa la mayor oportunidad en lo que va de esta administración para los partidos de oposición.

Esta oportunidad no está sólo en que legisladores del PRI, PAN o PRD suban a tribuna a vociferar contra las reducciones presupuestales a un sector. La oportunidad está en construir alianzas estratégicas, a mediano y largo plazo, con estos personajes de la sociedad civil, a los cuales el Presidente López Obrador les está dejando claro que sus temas, no serán prioritarios en su gobierno, al menos en el primer año.

Ofrecerles espacios, foros y atención a quienes, con toda legitimidad, quieran defender una causa. Y empezar entonces a delinear una agenda estratégica que por fin los reconecte con sectores de la sociedad que hace unos meses los habían descartado como sus representantes.

Las diferencias y el debate alrededor del presupuesto ofrecen la posibilidad de romper la dicotomía planteada por AMLO, donde junto a él están los buenos y quien a él se opone es parte de la Mafia del Poder; donde Morena representa al pueblo bueno y los demás partidos únicamente responden a los intereses de grupos de poder económico.

Hoy, hay personajes de reputación incuestionable, o de buena fama pública –varios que incluso en el pasado manifestaron afinidad por él–, alzando la voz para reclamar las prioridades del Presidente y su administración. Ellos, con su legitimidad y reputación, pueden ser los grandes aliados de la oposición para empezar a nivelar la balanza del respaldo social.

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