Tehuantepec y Juchitán, en Oaxaca, permanecen de pie en la recuperación de su patrimonio edificado

INAH

Ciudad de México.- Hace dos años, los estertores de la tierra despertaron a Santo Domingo Tehuantepec en medio de la noche, revelando un escenario de pesadilla al amanecer: cuatro mil 321 casas afectadas parcial o totalmente, entre ellas una parte representativa de las 175 clasificadas como monumentos históricos, aparte de iglesias y conjuntos de gran valor patrimonial, como su ex convento que tuvo severos daños. En este lapso, los avances han sido lentos, pero significativos, alcanzado la rehabilitación casi total de espacios como el Templo de San Blas Atempa.

Así lo constataron, en representación de Alejandra Frausto Guerrero, secretaria de Cultura; la escritora Natalia Toledo, subsecretaria de Diversidad Cultural, y Diego Prieto Hernández, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante una gira de trabajo por los municipios oaxaqueños de Tehuantepec y Juchitán, los más perjudicados por el temblor del 7 de septiembre de 2017 y las más de 23 mil réplicas que se registraron hasta junio de 2018 en el Istmo.

La poeta Natalia Toledo dedicó unas palabras de fe a sus coterráneos, las cuales llevó del zapoteco al español: San Blas, como dijo ta Mau Hui’ni’, hoy vamos nombrar y a despertar la palabra, como es lo correcto, como es el camino, como nos dejaron dicho los viejos. Llamar a los principales, a los mayordomos y todo el bejuco que conforma a nuestra familia zapoteca. Pongan sus pies y vengan a festejar, a bailar, porque muy pronto estará lista la Iglesia de San Blas, pueblo altivo que se levantó en 1660, el que defendió y cuidó las salineras, que defiende la palabra zapoteca, el que cuida y vela por la memoria de nuestros pueblos.

Tras las gestiones del INAH con la aseguradora, se destinaron aproximadamente cuatro millones de pesos para la recuperación del Templo de San Blas Obispo, tareas que llevó a cabo Tzapotecatl Arquitectos S.A. de C.V.

Como expresó el sacerdote Eduardo Martínez García, “para los pueblos indígenas, los templos son su alegría, por eso estaban adoloridos después del temblor”. Los corazones de los feligreses de San Blas volverán a sonreír cuando el próximo 3 de febrero, vuelvan a celebrar la fiesta patronal en su iglesia.

El residente de obra, el arquitecto Omar Pérez Benítez, detalló que en esta parroquia se consolidaron más de 300 metros lineales de grietas, específicamente en bóvedas, muros y bardas; y se integraron aplanados mediante masillados y pintura a la cal. También se colocó una cubierta de más de 400 m2 en enladrillado, además de atender detalles como faltantes en molduras y cornisas, o el desfase en columnas.

Un caso complejo de restauración es el que compete al Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán, inmueble que la orden dominica erigió en el siglo XVI y al paso de los siglos experimentó diversas ampliaciones y modificaciones en su arquitectura y decoración.

El titular del INAH, el antropólogo Diego Prieto Hernández, explicó que se trata de una rehabilitación en la que vale la pena invertir tiempo para que este espacio vuelva a funcionar como casa de cultura, toda vez que ha dado lugar al hallazgo de vestigios que refieren a la ocupación prehispánica del sitio, e incluso a la rica pintura mural que adornó sus gruesos muros.

Detalló que para el conjunto que se extiende en toda una manzana y que comprende el citado ex convento, la Catedral de San Pedro Tehuantepec (capilla abierta), la Parroquia de Santo Domingo y el Obispado, se logró gestionar con la aseguradora un monto aproximado de 130 millones de pesos, presupuesto que también contempla los trabajos en la iglesia de San Vicente Ferrer, en Juchitán.

Los arquitectos Ilán Vit Suzan y Gerardo Virgilio López Nogales, directores del Centro INAH Oaxaca y de Casa de la Ciudad y Taller de Restauración, respectivamente, explicaron que, pese a que todo el conjunto presenta daños, el ex convento cuenta con afectaciones mayores, entre los más representativos el ala poniente del primer nivel y planta baja, esto debido al colapso parcial de la cubierta de bóveda de cañón corrido. Asimismo, se observaron fracturas estructurales en el campanario y en los contrafuertes, disminuyendo la capacidad de carga y generando el desplazamiento de los muros, pretiles y antepechos.

Los estudios abarcaron la revisión estructural, mecánica de suelos, sondeos geofísicos y se generaron modelos que muestran los resultados obtenidos ante cargas gravitacionales y accidentales. Destacaron que los resultados de las calas estratigráficas realizadas como parte del diagnóstico previo, revelaron varias capas pictóricas superpuestas que corresponden a cambios en la decoración del inmueble entre los siglos XVI y XX, y que se hallan ocultas bajo capas de pintura de diferente naturaleza.

En el recorrido por Tehuantepec, la subsecretaria de Diversidad Cultural y el director general del INAH conocieron los esfuerzos de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO) en el rescate de las viviendas afectadas en Tehuantepec. A través del Programa “Apoyo inmediato a las afectaciones por los sismos de septiembre a Oaxaca” y de su Taller de Restauración FAHHO, ayudó en la preservación de 21 casas tradicionales.

Gerardo Virgilio López Nogales, director del Taller de Restauración FAHHO, comentó que se rehabilitó la Casa Guietiqui, donde se realizan actividades culturales, siguiendo la normatividad del INAH, además de avanzar en la recuperación de la imagen urbana de una de las calles céntricas de Tehuantepec mediante la intervención de cinco fachadas, y la mejora de un área de juegos en el Parque “Amado Chiñas”, del barrio Laborío.

“Pintando pasos, la huella de Juan Alcázar” en el MUPO

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Jenny SÁNCHEZ

La exposición “Pintando Pasos, la huella de Juan Alcázar” se encuentra aún presente en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO) en la sala Francisco Gutiérrez y hace un homenaje al maestro.

En palabras de Mariliana Montaner menciona que Juan nació artista y maestro, el sentido comunitario estaba en su ser profundo como un tatuaje.

Menciona en el texto que acompaña la sala que sus pasos lo llevaron a diversos caminos y senderos. Con su arte recorrió diversos países; conoció ciudades, comunidades y pueblos de México. En las Ocho regiones de Oaxaca admiró las múltiples expresiones culturales y escuchó el sonido de las lenguas originarias.

En 1974 el joven Juan fue cofundador y maestro del Taller de Artes Plásticas Rufino Tamayo. A partir de 1993 y durante 11 años fue el director. Su talento y vocación de maestro se proyectó y ocupó todo el espacio. Abrió las puertas de las comunidades, se crearon becas para jóvenes que ingresaron al taller. Propuso el programa Talleres Comunitarios de las Ocho Regiones y así nació el primer taller en Pinotepa de Don Luis con los jóvenes grabadores mixtecos.

Montaner explica también que años después creo el Taller de grabado Juan Alcázar, donde numerosas jóvenes recrearon sus enseñanzas. El sentido comunitario fue una forma de vida.

En los inicios del año 2004, Juan Alcázar propició el proyecto Pintando Pasos, una feliz y exitosa propuesta entre la empresa Converse México y Grabadores Mixtecos Unidos, quienes crean obras de arte sobre la lona de los tenis que recorren diversas latitudes y continentes.

En el texto se menciona también que con el sentido profundo de ser comunidad, plasman el arte en jícaras, en telas, en papel, se urden textiles con hilos de colores, todo es expresión de cultura viva, de vocación y compromiso; su arte no olvida la herencia.

Mariliana Montaner narra que en 2007 se inaugura el Centro Cultual Ñuu Yachin, lugar que tiene sus cimientos en la historia y cultura de la región, en su lengua, la música, los bailes, la fiesta y carnavales.

Hace 15 años se aperturó el Museo de los Pintores Oaxaqueños y Juan Alcázar fue su primer director. Concebía el museo como un ámbito social, lúdico abierto a todas las expresiones creativas.

Los Grabadores Mixtecos Unidos caminan las huellas del maestro Juan Alcázar con pasos diferentes y en un mismo horizonte.

Las huellas del caminar de Juan Alcázar en sus 58 años de vida permanecen, son profundas y no dejan espacio en el olvido.

Terminan restauración de retablo y pintura de Virgen de la Luz en templo de Teposcolula

INAH

El templo de San Juan Teposcolula es una edificación del año 1599, y se localiza en la parte noreste del estado, a unos 112 kilómetros del centro de la ciudad de Oaxaca. Su arquitectura es de una belleza distinta al resto de los templos que se reparten en las zonas aledañas, porque posee una sobriedad, la cual diverge del churrigueresco predominante en la región Mixteca.

Por ejemplo, este templo no tiene los campanarios a los costados, sino en su ábside, lo que le da gran singularidad. La fiesta principal de este municipio se celebra el 24 de junio, en honor al santo patrón San Juan Bautista, y se realizan dos fiestas en honor a la Virgen de la Luz.

Tras las afectaciones de los sismos de 2017, el retablo lateral del Templo de San Juan Bautista y la pintura con la imagen de la Virgen de la Luz resultaron afectados. Luego de varios meses de arduo trabajo, a cargo de la Secretaría de Cultura y especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se concluyeron los trabajos de restauración de ambos bienes muebles por destino.

El retablo presentaba acumulación de material ajeno debido al desprendimiento de aplanados pulverizados del inmueble, producto del movimiento telúrico registrado el 7 de septiembre del año en curso. Además, en el remate del retablo se observaba el desajuste y despegue de los ensambles, originado por las fuerzas de tensión y flexión excesivas a las que fueron sometidos durante el fenómeno natural.

Por su parte, la pintura, localizada en el remate de la calle central del retablo mencionado, estaba desprendida del marco, dado que las cuñas y pernos que lo sujetaban se forzaron ante la tensión excesiva que recibió su estructura durante el temblor.

Dicha obra presentaba un desajuste en el ensamble de la esquina superior derecha del bastidor, debido al esfuerzo que provocaron los sismos en la propia estructura del retablo. El lienzo estaba roto en su esquina inferior derecha y tenía craqueladuras de tipo caballete y cazoleta.

Su barniz se encontró ya amarillento por oxidación y polimerización; asimismo, presentaba gran acumulación de polvo originada por la deposición de material pulverizado desprendido de los aplanados del inmueble por el sismo.

Después de colocar el andamio, el cual facilitó el acceso a los diferentes cuerpos del retablo se retiraron las dos pinturas que alberga, una de ellas relativa a la Virgen de la Luz, que resultó dañada; ambas fueron resguardadas temporalmente para su estabilización.

Posteriormente, se realizó una limpieza superficial en seco con brochas de cerda, perilla y aspiradora, tanto del anverso del retablo como del espacio habido su respaldo, con la finalidad de eliminar el polvo acumulado y los restos de aplanado resultado del siniestro.

Los fragmentos más grandes de aplanado desprendidos u otro tipo de material ajeno depositados entre el muro y el retablo, se retiraron teniendo especial cuidado en zonas frágiles para evitar nuevos desprendimientos.

Se prosiguió con una limpieza fisicoquímica en todo el retablo, así una fumigación por aspersión dada la presencia de ataque de insectos xilófagos; posteriormente, se consolidó la madera infestada aplicando el insecticida con brocha y por inyección hasta que la madera se encontró estable.

Después, el retablo se ensambló y se colocaron los fragmentos desprendidos, utilizando, en la mayoría de los casos, pernos para tener un mejor ajuste. Una vez colocadas las partes en su lugar, se protegió la madera con tablas para prensar y evitar el movimiento durante el secado.

Los injertos se hicieron con tallas de madera de cedro especiales para los lugares donde se necesitaban, los cuales se adhirieron con cola fuerte y presión. Asimismo, se reintegraron los dentellones que se desprendieron bajo la cornisa del primer cuerpo, y se instalaron dos tensores del mismo tipo de madera por la parte posterior del retablo, a la altura del ático, para lograr mayor estabilidad, colocando dos alcayatas en el muro y pernos.

Por último, la pintura que se ubicaba dentro del nicho se limpió superficialmente con brocha, y al finalizar la intervención del retablo se reintegró a su lugar. Para la intervención de la pintura se procedió a retirarla de su sitio.

El estado de conservación de la pintura de caballete era malo, por lo que sólo se llevaron a cabo procesos que permitieran su estabilización, pues de ello dependía la posibilidad de manipulación y restitución a su sitio.

En primer lugar, se llevó a cabo la limpieza superficial en seco por el anverso y reverso, utilizando brocha y aspiradora; también se removieron mecánicamente con bisturí las concreciones puntuales.

Continuó una limpieza fisicoquímica de la obra pictórica, con gasolina blanca con hisopo rodado y se aplicó con brocha una capa de protección con barniz de resina. Ya seco el barniz, se aplicó velado con engrudo y pellón y dejó secar.

Estas acciones permitieron proteger los estratos pictóricos y proceder con las siguientes acciones de estabilización de la pintura. Posteriormente, se devolvió el plano mediante el método de humedad y peso. Para ello, se colocó la capa pictórica sobre una superficie homogénea y el vano del bastidor sobre el soporte textil, un papel secante ligeramente humedecido con agua, y finalmente la tabla de madera con peso.

En el transcurso del secado se comenzó el tallado del cabezal inferior de madera de cedro. A continuación, se lijó ligeramente el soporte textil original, en la parte inferior de la obra, para posteriormente colocar un parche-banda de lino adherido al soporte textil original, con pegamento.

Adicionalmente, se colocó un injerto de madera de cedro en el ensamble superior derecho de la obra, el cual se unió al bastidor original con cola. Dicha intervención tuvo como finalidad tensar la pintura de caballete y estabilizar el bastidor. Al finalizar el proceso anterior, se procedió a la eliminación mecánica de velados, reblandeciendo previamente con agua tibia aplicada con hisopo rodado para evitar una humectación excesiva.

Después se realizó el ajuste–montaje de la pintura de caballete al vano correspondiente en el retablo, colocando cuñas de madera de cedro sobre la estructura del retablo para sujetarla o sostenerla en su lugar. Para terminar el proceso se aplicó una capa final de barniz con resina con brocha.

El resultado de esta intervención devolvió la estabilidad perdida con el sismo al retablo, así como la integración y aseguramiento de la pintura de la Virgen de la Luz que albergaba en su nicho.

“Alma de Cuerdas” se presentó en el Small Hall de la Ópera de El Cairo

El Cairo, Egipto.- En el marco de la celebración número 209 del Día de la Independencia de México el 16 de septiembre de 2019, el conjunto Alma de Cuerdas (Espíritu de las cuerdas) se presentó en el Small Hall de la Ópera de El Cairo.

El talentoso grupo formado por 7 músicos fusionó la música popular con ritmos clásicos, dando a sus conciertos un carácter especial que les permitió actuar en festivales internacionales como: Estados Unidos, China y ahora por primera vez en Egipto.

Este grupo se formó en 2015 en el estado sudoeste de México, Oaxaca, y desde entonces han alcanzado un prestigio sólido a pesar de su corta edad.

Este concierto es patrocinado por la Embajada de México en colaboración con el Ministerio de Cultura en Egipto. Es una expresión conjunta de solidaridad y cooperación entre México y Egipto.

Sobre Ensamble de Cuerdas

Desde 2015, Ensamble Alma de Cuerdas representa el sueño de un grupo de jóvenes profesionales, que luchan por rescatar la música regional mexicana para transmitirla con gran orgullo y energía en cada rincón del mundo.

Además, el espíritu creativo de cada integrante, une su esfuerzo por demostrar que la música de un violín, una viola, un chelo, o un contrabajo encajan en diversos géneros y están al alcance de todos.

Con una fuerte identidad Oaxaqueña, Alma de Cuerdas se ha presentado en Festivales Culturales, Museos, Instituciones Públicas, Empresas Privadas y Organizaciones filantrópicas, en México y el extranjero.

Llaman a entender y atender a los textiles de México

Ciudad de México.- La producción de textiles en el territorio que hoy ocupa México, se tiene registrada desde el periodo Formativo de Mesoamérica (900 a.C.–150 d.C.) y es una actividad vigente y fundamental para muchas comunidades de nuestros días. En ese lapso milenario, además de prendas utilitarias, los tejidos se han usado como productos de intercambio e incluso en ellos se ha plasmado la cosmovisión entera de un pueblo determinado.

En ese contexto, y ante el impacto que en tal herencia patrimonial tienen fenómenos como la globalización o la apropiación ilegal de los diseños tradicionales de bordados que existen en México, inició el Coloquio “Diálogos en hilatura. Hacia una construcción integral para el estudio de los textiles”.

Durante la inauguración de la actividad académica, en el Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología (MNA), se hizo hincapié en el valor del foro como punto de encuentro entre investigadores, funcionarios y tejedores.

La antropóloga Aída Castilleja González, secretaria técnica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien encabezó la apertura del coloquio junto con el director del MNA, Antonio Saborit, distinguió a los textiles mexicanos como “expresiones de la diversidad”.

En este sentido, añadió, el estudio de estos productos culturales requiere no únicamente de proyectos de carácter etnográfico u otras iniciativas, sino también de foros que aborden todas las aristas de un fenómeno y busquen así soluciones desde la profundidad de cada tema.

La primera mesa del coloquio, titulada “Historia y etnografía de la producción”, moderada por la investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social (DEAS) del INAH, Mariana Rivera García, presentó trabajos como el del académico Dionicio Jaymes Núñez, de la Universidad Autónoma del Estado de México, quien habló de cómo en fuentes históricas del siglo XVI, caso de la Matrícula de Tributos, se aprecia el valor que textiles específicos, como los trajes de guerreros, tenían como productos de intercambio.

Señaló que en la Lámina 14 de dicho manuscrito, se ilustra que pueblos del actual Estado de México, como Tenancingo —en época prehispánica perteneciente a la provincia de Ocuilan—, estaban obligados a entregar al imperio mexica, cada 80 días, 21 trajes de guerrero y 800 mantas, además de bienes como maíz, frijol, chía y cuencos de sal.

Otro caso de estudio fue expuesto por la etnógrafa del Centro INAH Oaxaca, María del Carmen Castillo Cisneros, quien abordó el caso de una familia de tejedoras tradicionales del pueblo de Santo Tomás Jalieza, en dicha entidad, que reaprendió recientemente técnicas de tejido olvidadas durante siglos en su comunidad.

La investigadora precisó que, en 2017, la mayordomía de la Iglesia de San Francisco Tutla, encargó a la señora Eustacia Antonio Mendoza, la elaboración de una réplica para la faja de tela que hasta entonces había cubierto a la imagen religiosa conocida como el Señor de Lázaro, resguardada en dicho templo.

El trabajo realizado por la mujer zapoteca además de recuperar diseños de grecas que habían sido olvidados entre su comunidad, permitió también vincular los motivos que adornan a la faja del Señor de Lázaro con los petroglifos que se aprecian en un vestigio arqueológico de la región que es conocido como la “Piedra de la letra”; de allí que, apuntó, el trabajo que hasta el momento se realiza junto con las tejedoras no sólo es etnográfico sino también arqueológico.

En la primera mesa del coloquio también se contó con la participación de Alejandro de Ávila, curador del Museo Textil de Oaxaca, quien presentó el trabajo que emprende para el estudio comparativo de las tradiciones textiles de Mesoamérica y la región andina de América del Sur; en tanto, Pamela Scheinman, profesora de la Montclair State University, expuso los efectos que la globalización ha tenido sobre la llamada “Muñeca María” del pueblo de Amealco, Querétaro.

Finalmente, la tejedora Belem Jiménez Ambrosio, del Taller Familiar Jat’i Hñahñu, de San Antonio Sabanillas, Hidalgo, repasó los esfuerzos que dicho colectivo ha emprendido desde inicios del siglo XXI, para recuperar y difundir entre adultos y jóvenes de aquel pueblo, sus técnicas tradicionales de bordado.

El Coloquio “Diálogos en hilatura” es coordinado por los académicos Arturo Gómez, de la Subdirección de Etnografía del MNA; Bianca Islas Flores, del Centro INAH Michoacán; y Mariana Rivera, de la DEAS.

Una constelación de obras del arte popular mexicano

Agencias

Ciudad de México.- Narrativas de escenas de la vida cotidiana plasmadas sobre alfarería en engobes escarlatas y tonos de terracota, de Oapan, Guerrero; personas y diablitos montados sobre transportes citadinos y aéreos, elaborados en la meseta purépecha, en Ocumicho, Michoacán. Minuciosas piezas de talavera mayólica, provenientes de Guanajuato, que evocan el trabajo sobre porcelana Ming que llegó a la Nueva España por el intercambio comercial venido del Pacífico.

Una imponente olla de nueve bocas de Tamazulápam del Espíritu Santo, Oaxaca; centenares de personajes enmascarados que representan la fiesta patronal de Naolinco, en Veracruz, elaborados por la maestra Susana Vázquez. Trabajos de cuchillería de plata encabados con muela de mamut, cuerno de venado o madreperla, del maestro José Ojeda Larios, de Sayula, Jalisco; trabajos minúsculos hechos con hueso de res por jóvenes maestros artesanos de Ciudad Nezahualcóyotl; escenas realistas costumbristas de madera, cera moldeada, telas almidonadas y bordados del maestro Marco Miranda, de Salamanca, Guanajuato.

Papel amate recortado con temáticas sincréticas inspiradas en los rituales de los graniceros, en San Pablito, Puebla. Petates de palma del maestro Felipe Medina, oriundo del pueblo de Santa María Acapulco, en la Sierra Gorda de San Luis Potosí. Trabajos plumarios ensamblados con lujo de detalle sobre tabla, del regiomontano Marcelino Eduardo Sánchez; rebozos, chapinas, faldas, huipiles; un sarape de 24 hilos de lana por pulgada, tejido con hilos de oro, plata y seda, teñido de manera natural con grana cochinilla, nogal, pericón y añil, trabajado a lo largo de tres años por el maestro mexiquense Efrén Nava Vega.

El listado es sólo un asomo a la colección de 5,235 piezas elaboradas por 872 maestros del arte popular, provenientes de 347 localidades de los 32 estados del país, que integran la exposición Grandes Maestros del Arte Popular Mexicano, 20 años, que a partir de hoy se exhibe en el Palacio de Cultura Citibanamex–Palacio de Iturbide, para conmemorar el vigésimo aniversario de la primera exposición que montara Fomento Cultural Banamex en ese mismo recinto, en ese entonces con obra de los primeros 150 grandes maestros, que hoy es quizás la colección de arte popular mexicano más importante reunida por una organización de la Iniciativa Privada.

Hasta hace 20 años no había infraestructura

“En el México de los años 60, un coleccionista podía encontrar arte popular en los rincones de los grandes mercados de comida: piezas sin una distribución en particular ni orden alguno. No había identificación de quién había hecho cada trabajo ni de dónde fue hecho. No había información de ningún tipo. Eso cambió con la publicación de Grandes Maestros del Arte Popular Mexicano, así como por las exhibiciones y las actividades vinculadas. Fomento Cultural Banamex, con el liderazgo de Cándida Fernández, reinsertó de manera potente el arte popular a la gran historia del arte mexicano, identificando a los grandes artistas y recontextualizando su trabajo”, dijo Judith Espinar, especialista en arte popular y cofundadora del International Folk Art Market, en Santa Fe, Nuevo México, quien acompañó a Cándida Fernández de Calderón, directora de Fomento Cultural Banamex, en la presentación de la muestra.

Ahí, Fernández de Calderón explicó que la exposición amalgama lo ceremonial con lo utilitario, desde el más complejo sistema de creencias y simbolismos, hasta la representación más simple y pura de la realidad en los quehaceres cotidianos.

“La colección, a lo largo de más de 20 años, se ha configurado con la gran diversidad de expresiones por cada región de México y por las ramas artesanales más representativas del país, que son, por excelencia, la madera, el barro, los metales, la piedra, las fibras vegetales, los textiles y esa categoría de varios que es un grupo maravilloso de papel, cartonería, vidrio, hueso, cera, concha, cuerno y plumaria, entre otros”, explicó.

Crear marcas colectivas

Solicitada su opinión acerca de la apropiación que algunas marcas trasnacionales de moda —algunas de ellas, Carolina Herrera, Zara, Louis Vuitton y Mango— sobre diseños de arte popular mexicano, la gestora cultural respondió que el que México inspire y provoque las creaciones de diseñadores es un halago y, por tanto, es muy positivo. En cambio, sugirió generar acercamientos con esas empresas para proponerles la implementación o la mejora en la infraestructura de los talleres de capacitación para los maestros artesanos, sobre todo, señaló, para no cortar ese interés.

“Hay que aumentar y enriquecer el interés, pero siempre en paralelo con un desarrollo legal y de capacitación de los mismos artesanos sobre lo que son los derechos de autor y de lo que podría ser un reconocimiento de marca o de denominación de origen. Dentro de estas políticas públicas, a las que nos hemos orientando, hay una agenda de 24 puntos y uno de ellos es justamente el tratamiento de la autoría de los grandes maestros y artesanos (…) Tendría que crearse una figura de marca colectiva con reglas de uso y operación muy estrictas en las que se defiendan las materias primas y la técnica tradicional”, propuso a manera de que las propias comunidades y sus maestros sean capaces de proteger su propia creación.

La exposición además será complementada con la sección Vivir con el Arte Popular, con varios espacios intervenidos por artistas, gestores culturales, galeristas y coleccionistas como Jorge Marín, Patricia Ortiz Monasterio, Marco Coello, Rodrigo Rivero Lake y la propia Judith Espinar.

Grandes Maestros del Arte Popular Mexicano, 20 años permanecerá a partir de este día y hasta el mes de mayo del 2020 en el Antiguo Palacio de Iturbide, Madero 17, Centro Histórico.

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El desafío de conservar los “tesoros” de la Tumba 7 de Monte Albán

El enlace entre un señor de la dinastía de Zaachila y una señora mixteca, celebrado hace más de 730 años, es el origen del tesoro “más rico de América”, como describió el arqueólogo Alfonso Caso a los extraordinarios objetos de la Tumba 7. Recientes estudios, han arrojado que en realidad se trata de variadas ofrendas, en correspondencia a los bultos sagrados que fueron dispuestos en la cámara funeraria de la ciudad zapoteca de Monte Albán.

Después de dedicar seis años en la conservación de este acervo, la restauradora perito Sara Eugenia Fernández Mendiola, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), expresa que la intervención de esta colección representa un desafío, en virtud de que posee “todos los materiales considerados sagrados en la época prehispánica”: oro, plata, cristal de roca, jade, turquesa, concha, caracoles, obsidiana, azabache, ámbar, perlas…

Llevo varios años trabajando en la conservación arqueológica y, si bien cada colección es un reto, ¡Tumba 7!… es… de verdad… imponente, porque su importancia recae sobre muchas aristas. La increíble variedad de materiales constitutivos y objetos ornamentales son un ‘tesoro’ trascendental para la historia de las sociedades, la arqueología y la conservación, no sólo mexicana sino mundial. Por donde se mire es un trabajo que, para emprenderlo, requirió de muchos estudios y análisis previos”.

A partir de ellos, es que la experta de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC) ha restaurado, junto con otros colegas, 231 piezas elaboradas con los materiales mencionados; así como 67 collares formados por cuatro mil 760 cuentas de variados elementos. Esta cantidad equivale a casi la mitad de los más de 600 objetos recuperados de la mítica tumba.

En 2014, se emprendió la primera temporada de campo, y por campo debe entenderse a las gruesas paredes del Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán, sede del Museo de las Culturas de Oaxaca. Cada año, durante varias semanas, los restauradores acompañan a personal de museografía, de registro de bienes arqueológicos y de seguridad, para el retiro de la vitrina de las piezas seleccionadas y su traslado al área de conservación del propio recinto museístico, bajo un exigente protocolo, acorde con su carácter de bienes nacionales.

Ofrendas a los ancestros

Los 231 objetos intervenidos ya se pueden admirar en la renovada Sala III del museo: Tumba 7. El lugar de los ancestros, titulada así porque, a casi 90 años del hallazgo, nuevos estudios en los que han participado investigadores de la Universidad de Harvard y del INAH, como la doctora Nelly Robles García, indican que los mixtecos eligieron este recinto como una cueva o cahua, lugar sagrado de entrada al inframundo y de inicio de la vida.

Esto sucedió entre 1200 y 1400 d.C., cuando los mixtecos bajaron de su territorio para celebrar alianzas con los zapotecos de los Valles Centrales, en este caso mediante el matrimonio del señor 5 Flor, de la dinastía de Zaachila, con la princesa del reino mixteco de Teozacualco, la señora 4 Conejo “Quetzal”, quien se presume reutilizó la Tumba 7 (originalmente usada por lo zapotecos de Monte Albán en el primer siglo de nuestra era) como un santuario, ahí se depositaron los tnani, envoltorios de manta que agrupaban reliquias de ancestros con efigies de deidades y objetos de gran valor.

La restauradora Sara Fernández señala que esta nueva hipótesis explica que el “tesoro” de la Tumba 7 en realidad se compone de conjuntos de objetos que fueron hallados por Caso, en enero de 1932, en un “aparente caos” tras haberse degradado su envoltorio.

La especialista, responsable del Proyecto de Conservación de los Tesoros de la Tumba 7 de Monte Albán, precisa que por ello Caso y su equipo, entre ellos su esposa María Lombardo, reintegraron algunas de las piezas, probablemente sin conocer su disposición original, y de lo cual él mismo dejó testimonio: “todos los collares fueron ensartados por nosotros”.

Aunque la configuración original de algunas de estas prendas elaboradas por los mixtecos permanece desconocida, la restauradora refiere que la presencia de varias placas tubulares y semicirculares con múltiples perforaciones, cumplían la función de sujetar varios hilos para articularlos en una misma pieza, denotando la existencia de indumentaria que combinaba cuentas de distintos materiales, formas y tamaños, logrando elementos únicos de una gran riqueza estética y simbólica.

Procesos de conservación

Sara Fernández precisa que esta colección ha sido intervenida por lo menos en tres ocasiones, las cuales han sido documentadas: en 1932, en el momento de su hallazgo; en 1976, por el Departamento de Restauración del Patrimonio Cultural; en 1994, por la CNCPC; y en la actualidad, por este nuevo proyecto, el cual engloba el estudio, registro, restauración y conservación preventiva del acervo.

El análisis del estado actual de conservación de todos los objetos, se realiza a través de inspecciones macro y microscópicas, así como con la toma de peso y medidas, así como la descripción de los personajes y símbolos que poseen. La recopilación de estos datos ha permitido identificar y mitigar diversos procesos y productos de alteración en los mismos.

Para el análisis de las piezas se utilizan métodos instrumentales como fotografía digital, lentes de aumento y rayos X. Con equipos portátiles se efectúan tomas de placas radiográficas, cuyos resultados indican los deterioros y detalles de las técnicas de fabricación, imperceptibles a simple vista.

“El diagnóstico arrojó deterioros superficiales y estructurales, los cuales afectaban la materialidad de las piezas, entre ellos, restos de concreciones de tierra y velos salinos, generados durante el tiempo que estuvieron depositadas en la cámara funeraria. Tales sedimentos fueron parcialmente removidos en trabajos de limpieza anteriores, pero algunos permanecían adheridos e interferían en su apreciación”, explicó la restauradora.

En el caso de las piezas con aleaciones de oro, plata y cobre, se identificaron productos de corrosión —derivados de factores naturales y humanos— que impedían admirar los detalles y sus propiedades de color, poder reflectante, acabado pulido y decoración.

Conforme las necesidades propias de cada objeto, los deterioros fueron atendidos mediante diversos métodos de limpieza, generando la recuperación de las características formales y atributos de estos ornamentos metálicos, cuyo valor para las culturas mesoamericanas —precisó la especialista— “recaía en lo inmaterial, pues se les consideraban místicas encarnaciones o representaciones de las divinidades”.

Otros procesos de conservación realizados en la colección, fueron la renovación de adhesivos en la unión de fragmentos y de resanes estructurales de las piezas, para lo cual se usan diferentes pastas y resinas sintéticas que son compatibles e inocuos a los materiales constitutivos.

Las piezas ya que se encuentran expuestas de forma permanente en el museo, y a fin de facilitar su apreciación y lectura al público, se reintegró color sobre las intervenciones, procurando un terminado homogéneo en cada una. Por último, y para prevenir el contacto con la humedad, el polvo y los contaminantes que se encuentran en el medio ambiente o durante su manipulación, se aplicaron capas de protección específicas.

Fernández Mendiola concluyó que este arduo proceso de conservación busca prolongar la permanencia de estos maravillosos objetos mixtecos “que nos muestran las circunstancias históricas, sociales y tecnológicas, así como el talento de sus creadores, cuyos herederos continúan brindado su majestuoso arte”.

Francisco Toledo dejó una ruta clara para continuar con su legado: INBAL

Ciudad de México.- La Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura recodaron al más importante artista en el arte contemporáneo del país, Francisco Toledo, en un Palacio de Bellas Artes abierto durante tres días para recibir el reconocimiento de la ciudadanía.

Su lucha por la defensa de los derechos humanos, culturales y ambientales, además de su imponente creatividad plástica, fueron el sello personal que Francisco Toledo heredó al pueblo de Oaxaca y México.

En representación del INBAL, su titular, la Dra. Lucina Jiménez,  colocó el domingo una ofrenda oaxaqueña en jícara con flores, que las mujeres de este estado prepararon para hacer la vela, compuesta por los maíces de colores de Oaxaca, el amaranto que es el alimento básico, la pepita que es parte de la milpa y el barro que es un elemento tradicional, transformado en la figura de un conejo músico, concebido dentro del universo zoomorfo creado por Francisco Toledo, que hacía emerger conejos, monos, chapulines, alacranes o lagartos, todos ellos cobrando vida.

La monumental fotografía de Graciela Iturbide, con el retrato que da cuenta de la genialidad y lo genuino que fue Toledo, fue admirada desde el sábado 7 de septiembre a mediodía en el interior del Palacio de Bellas Artes por quienes quisieron despedirse fraternalmente de quien desde Oaxaca no cesó de alzar la voz por todo aquello que lastimaba la dignidad social.

Toledo tuvo a sus pies las ofrendas con mazorcas de maíz, los papalotes imprescindibles ya en una colección personal, parte de su obra y un cartel representativo de su lucha contra los alimentos transgénicos que invaden ya la dieta básica en el país.

El domingo la afluencia de personas para despedirse del maestro Toledo dejó una mínima muestra de la admiración ganada a su obra artística, pero a la vez a su obra social y comunitaria.

La Dra. Lucina Jiménez expresó, una vez depositada su ofrenda tradicional, que Francisco Toledo dejó mucho trabajo por hacer.

“El INBAL tiene una encomienda tremenda que le dejó el maestro Toledo, la cual tiene que ver con sostener al Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) como un centro donde el arte se conecta con el mundo, el arte gráfico en particular, en el que la lectura está abierta para cualquier persona. El IAGO siempre ha sido un espacio de libertad, muy importante para la resistencia en un momento de mucha complejidad política en Oaxaca. La gente, ayer (sábado 7 de septiembre) recordaba ese lugar como un espacio de protección.

“El INBAL sostiene el compromiso de mantener al IAGO como la casa del maestro Toledo y como la casa del pueblo, como ese espacio donde Oaxaca trae el mundo y el mundo se lleva una parte de Oaxaca”.

Agregó que actualmente se lleva a cabo la documentación del acervo, tarea significativa, debido a que aproximadamente integra más de 60 mil materiales gráficos.

“Me reuní con Sara López Ellitsgaard (hija del artista), quien queda como presidenta de Amigos del IAGO, y con quien ya teníamos una coordinación muy estrecha. La ruta está muy clara. Tenemos que ir a ver un espacio que él recientemente había adquirido con la conciencia de que el acervo requería un espacio adicional. Una casa que Francisco adquirió en la ciudad de Oaxaca, la cual se habilitará con todos los requerimientos necesarios para que la obra pueda mantenerse en las mejores condiciones.

“El trabajo por realizar, no sólo será sobre obra gráfica producida artísticamente por Toledo, sino que integra obra de muchos autores nacionales e internacionales y parte del compromiso institucional es divulgar esa obra, hacer curaduría, exhibir cuestiones temáticas que él quiso privilegiar.”

La Dra. Lucina Jiménez señaló que entre las prioridades propuestas por la familia del pintor para el Instituto está establecer el 17 de julio, fecha del nacimiento del artista, como día del libre acceso a los museos del INBAL en honor al maestro, como una manera de recordar que el arte es para todos. “Estas acciones reflejan el compromiso que él tenía”.

Aunque anteriormente la familia había propuesto que este día de acceso libre podría ser el 5 de septiembre, tomó la decisión de cambiar la fecha para llevar a cabo este actividad anualmente.

Adelantó que habrá una exposición sobre el tatuaje que ya se estaba trabajando en Oaxaca, “la cual tiene que ver con el sentido cultural, ritual, ancestral del cuerpo tatuado y los símbolos y significaciones que tienen en diferentes ámbitos culturales. Esta exposición es el primer compromiso que se extendería a la Ciudad de México, porque originalmente se estaba pensando en montarla sólo allá. La exposición será simultánea en Oaxaca-Ciudad de México”.

Asimismo, aseveró que los programas de intercambio promovidos desde las instituciones que creó Toledo se mantendrán: “Ese es el compromiso del INBAL, como una encomienda que dejó, con una ruta muy clara. El tipo de intercambios que sus programas gestionan se mantendrán, así como los esquemas de producción de materiales en lenguas indígenas, para poder hablar de una autonomía cultural.”

El legado de Francisco Toledo al servicio del pueblo

También la familia del pintor oaxaqueño reiteró a la titular del INBAL que los bienes y espacios artísticos que promovió Francisco Toledo mantengan el sentido de servicio cultural en beneficio de todas las personas.

Además, se indicó que los cuadernos en los cuales la población plasmó palabras, memorias y agradecimientos al maestro Toledo, se integrarán al acervo del artista juchiteco en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca.

Al término de la interpretación por parte del Cuarteto Saloma, sobre una selección de música compuesta por autores oaxaqueños, la Dra. Jiménez, para quien la mejor forma de recordar a Toledo es “hacer de tu circunstancia y de tu paso por este mundo algo congruente”, la titular del INBAL agregó que el artista tuvo congruencia entre lo que pensaba, lo que decía y lo que hacía. “Toledo tenía el genio de divertirse con lo que hacía, porque era profundamente juguetón, travieso e irredento y, por otro lado, encontró en su ancestralidad una expresión muy contemporánea, absolutamente en diálogo con el mundo.

En su última etapa, como creador de instituciones, consolidó el Centro de Artes de San Agustín (CASA), que compartió con muchas personas como, Claudina López, Jean Hendrix, Irma Palacios, Pablo Ortiz Monasterio, Graciela Iturbide y Rogelio Cuéllar, para buscar un arte no contaminante, no tóxico, con nuevas tecnologías alternativas que permitieran que el agua de Oaxaca no se contaminara por la práctica artística. Sus líneas de arte y medio ambiente, arte y cultura alimentaria, arte y derechos humanos, arte y comunitarismo, fueron temas fundamentales, lo cual lo quitó del panorama internacional”.

Al caer la tarde, las personas inundaron la explanada principal del Palacio de Bellas Artes en una cálida despedida a Francisco Toledo, donde el Ballet de Amalia Hernández se unió a este adiós con la presentación del cuadro completo de La boda istmeña de Oaxaca, tierra natal de Toledo.

El pesar de muchos de los asistentes escapó en el prolongado aplauso y el grito de ¡Viva Toledo!, con que se cerró el Palacio de Bellas Artes que dejó en sus pantallas la imagen de un artista indomable ante el poder y la injusticia.

El atardecer dominical permitió la visita de niñas, niños, jóvenes, parejas y familias procedentes de diferentes estados del país, e incluso turistas de otras naciones, visitar el Palacio de Bellas Artes; aproximadamente cinco mil personas recorrieron el recinto de mármol en tres días para recordar al maestro Francisco Toledo.

Casa de la Cultura de Juchitán que fundó Toledo no supera el trauma del sismo

El Economista

Juchitán fue el primer municipio donde ganó un candidato de izquierda en México. Detrás de esas ideas de renovación y por ejercer la democracia estaba el pintor Francisco Toledo, que después de vivir en Europa, Estados Unidos y la Ciudad de México, regresó a su natal Juchitán, donde formó parte de la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI).

Originario de la tierra istmeña, Toledo es reconocido como uno de los impulsores de los espacios culturales más importantes del sur de México.

En 1972 se fundó la Casa de la Cultura Lidxi Guendabiaani de Juchitán (casa de la cultura, en zapoteco), gracias al interés de un grupo de juchitecos, encabezados por el propio Francisco Toledo.

“Toledo fue un hombre inteligente y visionario y lo que hizo fue gestionar el patrimonio del pueblo fundando esa casa de cultura, formó un patronato y así avanzó este espacio”, recordó Yolanda López, amiga de la infancia del pintor que falleció el jueves a los 79 años de edad y quien durante 33 años fue coordinadora de la Casa de la Cultura Lidxi Guendabiaani.

En este lugar, amén de los servicios que presta a la sociedad como los espacios de exposiciones y la sala de arqueología, se formó un centro de reuniones y de preparación de más escritores e intelectuales, pero también de nuevas generaciones de niños juchitecos.

El patrimonio arqueológico del recinto se formó con las piezas arqueológicas que tenían los amigos de Toledo en sus casas, y las donaron a la Casa de Cultura, así al paso del tiempo la gente que iba encontrando cosas en sus casas las fue donando y se fue construyendo un acervo arqueológico, para actualmente atesorar más de 700 piezas que están bajo el resguardo del INAH.

Sin embargo, con el sismo del 7 de septiembre de 2017, este espacio en la calle de Belisario Domínguez, en el Centro de Juchitán, resultó seriamente dañado y su reconstrucción presenta poco avance.

“El Centro Cultural está muy dañado, es una casa que sufrió daños muy severos en su estructura, y a dos años de distancia no le han dado ningún mantenimiento, y no sabemos cuáles son los resultados que han arrojado los estudios de suelo de la casa”, comentó Yolanda López para El Economista, en espera de que este centro pueda ser recuperado y restablecido.

“Es el único bastión de cultura que tenemos (en el istmo), estamos desprotegidos y es un retroceso cultural ver a la casa en esa situación, es grave”, lamenta.

“Min Puli” y Monsiváis

Yolanda López recuerda como “Min Puli”, como llamaban al pintor Toledo en su juventud -” Min por su nombre Benjamín, y Puli, por el nombre de Apolinar de su papá”, sostiene Yolanda López- se trajo un día a Carlos Monsiváis y a varios artistas e intelectuales, e impulsó un movimiento cultural en Juchitán, del que esta casa de la cultura es resultante.

Pero Francisco Toledo no sólo fundó este recinto de la cultura para ayudar al pueblo en el que nació, también a través de Ediciones Toledo hizo un trabajo muy importante en el fortalecimiento de la lengua zapoteca al publicar a escritores juchitecos e istmeños como Francisco (Pancho) Nacar, Macario Matus, Victor de la Cruz y Andrés Henestrosa, sostiene.

Yolanda López, quien conoció a Toledo desde la infancia, y fue su amiga, comparte sus memorias con El Economista: “Francisco creció en Juchitán y en Minatitlán, donde también tenía familia. Tenía una tía que se llamaba Guadalupe y cuando llegaba a Juchitán se hospedaba ahí, también esa fue la casa en donde empezaba a hacer sus bocetos como pintor, en la calle Hidalgo de la zona centro de Juchitán”.

“Luego de que su popularidad en el pueblo fue difícil de controlar y por los ánimos políticos, Francisco Toledo tuvo que salir huyendo del pueblo que lo vio nacer”, dice Yolanda.

De cómo llegó ella a hacerse cargo de la casa de la cultura, recuerda: “En una casión fueron a un mitin, él y otros de sus compañeros, y le tendieron una trampa, los priistas lo querían matar”, desde entonces, Toledo se exilió de Juchitán dejando la Casa de la Cultura al resguardo de Yolanda, quien ahora, a la muerte del pintor y gestor cultural oaxaqueño, pide que no dejen morir el legado que Toledo dejó en su natal Juchitán.

De Juanga a Toledo

Hace tres años, el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas para realizar un gran homenaje a Juan Gabriel y lo despidieron miles de personas, hubo de todo, lágrimas, mariachis, fotografías gigantes y la noticia le dio la vuelta al mundo.

Este fin de semana, las cosas fueron distintas en la despedida del pintor Francisco Toledo, fue un adiós discreto e improvisado por las autoridades.

Lo llamaron “una ofrenda al artista Francisco Toledo en el Palacio de Bellas Artes”.

No fue nada espectacular. Al centro, una pequeña foto de Toledo que fue cambiada varias veces hasta llegar a una más decente; se le rodeó de obras como: “Francisco Toledo Peces y tortugas”, “La función del mago (lagarto), animal fantástico” o “Laberinto para llegar a Lachixopa” que fueron sacadas del Museo de Arte Moderno y de la Estampa como muestra de su fantástico trabajo.

“Nos agarraron las prisas”, dice un empleado mientras coloca también papalotes en el centro que tiene como alfombra flores y elotes. La gente avanza, algunos no saben de qué se trata y otros son sorprendidos por las cámaras de televisión.

Por la alfombra roja pasan turistas y algunos seguidores que se toman una selfie, ven las obras y finalmente firman en un libro para dejar un pensamiento mientras la música continúa despidiendo a Toledo.

Francisco Toledo odiaba los homenajes y las despedidas, por eso, como zapoteco, decidió morir en Oaxaca, en su tierra acompañado de sus murciélagos, insectos, iguanas, sapos y monos. (Con información de Vicente Gutiérrez)

Toledo y la entrevista que nunca fue

Vicente GUTIÉRREZ / El Economista

Ciudad de México.-Hace 13 años perseguí por Oaxaca a Francisco Toledo y no pude entrevistarlo. Estaba en la ciudad por primera vez. Montblanc presentó un apoyo al arte joven y tenía como padrino al artista oaxaqueño y la oportunidad para charlar con él era inmejorable, pero…

Justo ese año explotaron los conflictos en Oaxaca con la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca que tomaron el centro de la ciudad, las calles estaban bloqueadas y ya se daban enfrentamientos en la periferia, no eran buenos tiempos.

Apareció Toledo en la ceremonia, siempre con sus huaraches, su camisa blanca y su cabello alborotado; recibió un cheque gigante, le tomaron infinidad de fotos; curiosamente la marca sólo había invitado a revistas y suplementos de sociales y pocos de cultura. El artista salió muy rápido del lugar, se veía incómodo.

Ahí empezó la cacería por entrevistar a Francisco Toledo. Junto con Hugo Salazar (fotoperiodista de El Economista), recorrimos el Andador Turístico Macedonio Alcalá en su búsqueda, lo vimos caminar a paso apresurado con una libreta en sus manos, no se detuvo, fuimos a su casa, nunca salió hasta que en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) lo encontramos.

Cerveza en mano y su mirada siempre al cielo. Se dejó tomar fotos, pero fueron breves, bromeó con los fotógrafos y, según recuerdo, le arranqué algunas palabras monosílabas antes de que escapara y desapareciera en la noche oaxaqueña, le decían el Brujo.

Armé un perfil para El Economista, me contaron muchas historias alrededor de Toledo, el día que se opuso al McDonald’s en el centro, el día que se peleó con Hacienda y les mando “cuadros de mierda”; una vez no lo dejaron entrar en París a una exposición por su aspecto, o cuando Toledo le regaló un dibujo a unos niños para que lo vendieran y tuvieran dinero para comer; todos en Oaxaca tienen una historia alrededor de Toledo.

Después, conocí al empresario Guillermo Quijas, quien apenas comenzaba su aventura con la editorial Almadía e impulsaba la Feria del Libro de Oaxaca, y me contó algunas cosas de Toledo.

También, su madre, Claudina López, dueña de la Galería Quetzalli, que vende las obras de Toledo en Oaxaca, todas eran fantásticas: Toledo era un cabrón de buen corazón.

Regresé todos los años a Oaxaca gracias a Quijas y su equipo. Siempre me topaba con Toledo; en las calles, en la feria del libro, en un evento o en el IAGO, pero nunca más intenté entrevistarlo, me pareció injusto hacerlo. Preferí admirar su obra, sus papalotes, conocer sus historias con oaxaqueños en el museo del mezcal o en las tlayudas; preferí quedarme con el mito y las mil y una historias que se contaban alrededor del Brujo oaxaqueño.

Ahora que Toledo murió, apareció en Oaxaca un grafiti en la pared con la cara de Francisco Toledo estilo punk de pelos parados y la frase: “Dios nunca muere” y, creo que es verdad, Toledo, el zapoteco, el de Juchitán (a donde nunca regresó) seguirá vivo, corriendo con un papalote en el aire o con su libreta bajo el brazo. Adiós, Brujo, adiós, Toledo.

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