EDITORIAL

¿Un siglo asiático?

Con la victoria del derechista Sebastian Kurz en Austria, después de las elecciones del domingo pasado, Europa retrocede otra vez a sus viejos fantasmas populistas y nacionalistas. Como una inquietante parodia de los años treinta del siglo pasado, la derecha se cierne sobre el continente, lo mismo en el Parlamento alemán que en el movimiento nacionalista catalán o en el error británico del Brexit. En todas las latitudes del planeta avanzan las opciones políticas enemigas del liberalismo.

La gran diferencia es que en el siglo XXI no hay un Estados Unidos que salga a la escena global dispuesto a defender la democracia liberal como hizo en la Segunda Guerra Mundial. La retirada estadounidense del liderazgo occidental, asumida motu proprio por Donald Trump, sigue pasando factura al mundo. Parece confirmarse lo que Lee Kuan Yew comentaba en un libro de entrevistas con Graham Allison. El XXI será un siglo asiático, decía el estadista singapurense. Conforme la decadencia europea se acentúa y Estados Unidos se repliega, China se alza orgullosa. El poder geopolítico se traslada del Atlántico al Pacífico. No en balde la prensa mundial presta atención inusitada al XIX Congreso del Partido Comunista Chino esta semana. Sabemos que el presidente Xi Jinping busca centralizar el poder. Lo que no está claro es que considere abrir espacio a la democracia en su país. En un discurso de más de tres horas para inaugurar el Congreso, el presidente chino mencionó reformas económicas e incluso ambientales, pero no dijo gran cosa sobre abrir espacios a una opción opositora partidista institucional.

A principios de este año Xi Jinping le habló al mundo para defender el comercio internacional y pronunciarse por la disminución de barreras arancelarias, en claro y agradecible contraste con el discurso de Donald Trump. No obstante, China sigue cerrada a la libertad intelectual. Existen barreras muy importantes al uso de Internet y en concreto de las redes sociales.

Por eso Lee Kuan Yew decía que, a pesar del incontenible avance y pujanza chinos, Estados Unidos podía mantener el liderazgo global en el siglo XXI: por su apertura a las ideas ajenas, esto es la libertad científica. Mientras en China se sigan censurando las opiniones distintas de la oficial, no habrá libertad para el saber y el avance tecnológico será más lento que en Estados Unidos. Estados Unidos no produce los mejores científicos del mundo, pero los atrae a sus universidades gracias a la libertad de discusión pública. Se pronostica un siglo XXI de liderazgos autoritarios, aunque hay esperanzas para quienes creemos en la democracia liberal. Una parte de esas esperanzas se funda en la vitalidad de la actividad universitaria norteamericana, ganadora este año de algunos de los premios Nobel científicos. Sapere aude.