EDITORIAL

La amapola y sus guerras

La amapola es una maldición. Buena parte de la violencia que aqueja a Guerrero, Sinaloa, Durango y Chihuahua se explica por la guerra sin tregua para controlar las zonas de producción y las rutas de trasiego hacia Estados Unidos.

En el Informe Mundial sobre Drogas 2017, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, se explica que el 79 por ciento de la heroína que se incauta en Estados Unidos tiene su origen en México.

En los últimos años, las organizaciones delictivas mexicanas desplazaron a las colombianas, sobre todo en el Este y en particular en California, Arizona, Colorado y Nuevo México.

Los patrones de consumo están cambiando y las sustancias opioides se abren camino, con todo lo que ello implica, porque suelen causar infinidad de problemas.

Los grupos que controlan el conjunto del negocio son muy poco refinados, y responden inclusive a lógicas de control territorial y no sólo de tráfico. Esto se refleja en los homicidios dolosos.

No es la primera vez que hay una guerra por la amapola, pero todo indica que puede ser mucho más cruenta. Esto también genera problemas de índole social, ya que muchos campesinos se ven obligados a colaborar con los traficantes.

A ello hay que sumar el carácter internacional del problema. En 2016 murieron en Estados Unidos 64 mil personas por sobredosis y la mayoría de ellas por consumir derivados del opio.

Estos números hicieron que el gobierno de Donald Trump declarara, en octubre pasado, una emergencia nacional, por lo que ya es considerada una epidemia.

Lo anterior se reflejará en programas de salud, pero también en estrategias y acciones de seguridad, y sobre todo las que se relacionan con la zona fronteriza y los lugares de ingreso de las drogas.

En nuestro país, en cambio, el costo de la demanda, sobre todo de heroína, se contabiliza en enfrentamientos violentos entre grupos del crimen organizado.

El Comisionado de Seguridad, Renato Sales, ha dicho que los repuntes en los índices delictivos tienen que ver justo con esta situación.

A ello hay que sumar que viene aumentando también el tráfico de fentanilo, que se utiliza de modo controlado, pero que ya tiene una alta demanda en los mercados ilegales y cuyos precursores químicos están llegando a las costas de Colima, provenientes de China.

Hace algunos años ya se percibía que las drogas de diseño tendrían un papel relevante y que su utilización iría en aumento.

Recordemos los grandes decomisos de anfetamina, desviados de su utilización legal e inclusive de sustancias como la ketamina, que obligaron a la Operación Púrpura, que coordinaron la DEA y las autoridades mexicanas en Baja California.

Tiempos difíciles, los que tendremos que enfrentar, por lo menos en el corto y mediano