EDITORIAL

Gómez Urrutia, una confusa decisión

Pareciera que no hay manera de eludir el tema López Obrador en el día tras día. No es sólo porque esté al frente de las encuestas, las cuales lleva ya un buen rato encabezando sin objeción alguna.

Se habla también de él por sus desplantes, por lo que dice y no dice, porque es ocurrente y a menudo va un paso adelante de sus adversarios; porque impone la agenda, y porque ha logrado, a través de las redes, crear una especie de ejército que, con su anuencia o sin ella, se dedica a defender o a atacar a aquellos que piensan distinto o que son críticos con el líder de Morena.

López Obrador se ha logrado meter en el imaginario colectivo y lo llevamos a todas partes en nuestras conversaciones. Es el personaje político del país más conocido, está a la par de Peña Nieto, si no es que en algunos municipios o estados sea más conocido que el propio Presidente.

Los muchos años de campaña lo hacen parte de la cotidianeidad ciudadana. No se ocupó de que en la precampaña lo conocieran, porque es conocido en todo el país, se la ha pasado en ello.

En estos meses se abocó a presentar en sociedad a personajes con quien gobernaría, se asume a menudo de manera errónea como seguro ganador de las elecciones. López Obrador presentó su gabinete y hasta candidatos a las fiscalías, siendo, por cierto, que no está en las atribuciones presidenciales.

Hizo, al igual que Meade y Anaya, de la precampaña actos de campaña. Quien sí tenía que recorrer el país para que supieran quien era, en algún sentido lo sigue siendo, fue José Antonio Meade. Aquello de que López Obrador debería recorrer el país para que lo conocieran es obvio que no tenía sentido.

El tabasqueño se ha estado saliendo de sus cánones. ¿Qué tanto le va a afectar? No hay manera de saberlo. Quizá en mayo tendremos una idea de los efectos que tengan sus inéditas decisiones.

El gran problema que tiene Morena es que, de no ser por el muy estrecho círculo de su líder, se cuenta con los dedos de una mano, el partido no tiene interlocutores internos.

López Obrador tiene información, decide sobre los militantes y sobre quienes se han estado integrando al partido bajo su anuencia y hasta perdón. Sus referentes e interlocutores válidos no están necesariamente entre sus colegas de partido.

¿Habrá consultado o comentado López Obrador, si es que lo hizo, la decisión de incluir en la lista de senadores plurinominales del partido a Napoleón Gómez Urrutia y a Germán Martínez?

El tabasqueño parte de la idea de que los medios están en su contra, a veces con razón, y en otras ocasiones lo ha convertido en una cantaleta, pero es evidente que en este caso las