EDITORIAL

¿La tiraría al basurero?

La Reforma Educativa tarde que temprano será uno de los grandes centros de discusión en las campañas presidenciales. Hasta ahora sólo han sido esbozadas algunas ideas de los suspirantes que no se pueden tomar en serio.

Quien más se ha referido a ella ha sido el candidato de Morena, dice que es la “mal llamada Reforma Educativa”. Se entiende que en tiempos de esa extraña figura electoral denominada precampaña, lo que se haya dicho podría haber tenido que ver con el intento de acercarse al magisterio disidente en medio de la vendimia del voto, más que con propuestas de fondo.

Lo único que se ha escuchado hasta ahora ha sido el no como definición sobre la reforma, pero no ha habido nada que tenga que ver con alternativas al proyecto que ya se ha empezado a instrumentar. Es de imaginar que en las campañas habrá algo más que el muy socorrido no.

La reforma, con todas las limitaciones y críticas que puede merecer, es el proyecto educativo más importante y significativo del país en décadas, y no puede ser desechada por un puñado de votos.

Las alianzas que ha venido construyendo López Obrador en el área educativa le pueden traer consecuencias graves. Suponemos que debe saber que no sólo se trata de ganar votos a través de esas singulares uniones, se trata de la educación del país.

Para discutir y analizar no tiene sentido ir de la mano con exlíderes y familiares, ellos han sido parte del gran problema de la educación en México. Es muy probable que ella y ellos estén pensando más que en la educación en una venganza política.

Han olvidado lo que hicieron a lo largo de años y cómo fue que vivieron bajo privilegios y complicidades con gobiernos del PRI y del PAN. Lo que no olvidan por ningún motivo fue lo que les hicieron, que fue lo mismo que hicieron hace muchos años con Carlos Jonguitud.

López Obrador lo sabe muy bien. Conoce como pocos las entrañas del sistema y sus formas. Lo sabe porque ese mismo sistema lo trató de aniquilar sin concesión alguna y también porque se vio beneficiado por él en sus tiempos de juventud priista.

El candidato de Morena requiere de otro tipo de aliados para muchos temas, empezando por el educativo. La prensa estadounidense, suponemos, le habrá hecho pensar en sus alianzas, en particular sobre uno de sus muy cercanos. De nuevo se hicieron públicos los muy conocidos devaneos de Alfonso Romo.

En materia educativa sus aliados deben ser el INEE y la gran cantidad de investigadores y especialistas que hay en el tema, a lo que se deben sumar padres de familia, maestros y estudiantes.

Es lo que se hizo originalmente en la creación de la reforma. Se puede estar a favor o en contra de ella, pero el método de consulta debe ser similar. Partir de cero o negar la reforma por principio, tratando de sumar maestros disidentes, insistimos, es un error.

¿Va a ser la exlideresa del SNTE su apoyo para construir una nueva Reforma Educativa? Si es así, de antemano podemos adelantar que no hay futuro.

La reforma tiene muchas virtudes, y también es cierto que hay que trabajarla en diversas áreas. La clave es con quién hacer alianzas para ello.

Hay que acercarse también a ONG, a las que nadie está atendiendo. A ellas se les deben buena parte de los cambios en el país.

¿Con quién va a aliarse López Obrador para abordar la Reforma Educativa, en caso de que gane?

¿Realmente cree que no sirve de nada?