EDITORIAL

 

Cuando todos fuimos Lenin

 

Un siglo nos separa de la Revolución de Octubre. Las décadas pasaron con una intensidad que se pueden resumir las tensiones de toda una época y su extensión hacia las propuestas de cambio en todo el planeta.

Parece un asunto lejano, pero la toma del poder por Lenin y los bolcheviques marcó a generaciones enteras y dio sentido a la izquierda, para bien y para mal. Era, a fin de cuentas, la llegada de los marxistas al poder.

A 100 años de aquellos días, el recuento es interesante. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dejó de existir, y con ella la mayoría de los países que estuvieron bajo su influencia; los partidos comunistas o transitaron hacia la socialdemocracia o se convirtieron en expresiones anacrónicas y hasta reaccionarias en los países democráticos.

El historiador Françoise Furet escribió El pasado de una ilusión, en el que analiza los pormenores que llevaron al intento de cristalizar la utopía de construir una sociedad sin clases sociales, en la cual imperara la igualdad, y que terminó en una de las peores pesadillas de las que se tenga memoria.

Las burocracias se convirtieron en maquinarias de sujeción y las libertades fueron suprimidas, dando paso a esquemas de terror, inclusive. Quizá ahí estuvo uno de sus defectos más persistentes y que junto a las presiones económicas terminaría por derrumbar aquel sueño que sedujo a muchos de los intelectuales más relevantes del siglo XX.

En nuestro país el Partido Comunista Mexicano (PCM), antecedente directo del PRD, tuvo que hacer cuentas con su propio pasado. Lo hizo a su modo, desde finales de los años sesenta, y logró sobrellevar el naufragio aterrizando en tierras también complicadas, pero en las que el horizonte lo marcara ya la lucha democrática, asumiendo que las urnas eran la única manera legítima de acceder al poder. No fue una tarea sencilla.

La reforma política permitió la participación del PCM en elecciones y en 1978 logró el cinco por ciento de la votación y una bancada de 12 diputados. La propaganda y el mensaje se condensaban en la frase: “Ya es tiempo”. Sin duda lo era, porque representaba a una corriente importante de la sociedad y con notable influencia en organizaciones sociales y sindicatos.

Es más, a partir de ahí, ha formado parte de la pluralidad política, gobernando estados y municipios, desde el PSUM (Partido Socialista Unificado de México) y luego con el PRD.

En la actualidad la izquierda mexicana, la que proviene de esa vieja tradición y no la anclada en el populismo, se encuentra de nuevo en la disyuntiva de diluirse o de materializar en un proyecto atractivo, que ponga énfasis en lo que realmente importa: el bienestar de la mayoría.