EDITORIAL

 

México, rehén de su Congreso (y partidos)

 

Raúl Cervantes renunció a la PGR para que los partidos avanzaran en la construcción de leyes secundarias y definiciones primarias en el Congreso; para que México haga realidad lo que una veleidosa (sujeta a caprichos coyunturales) legislatura promete. Un fiscal nacional y otro anticorrupción, para empezar.

Cervantes Andrade hubo de irse no por ser mal abogado, el Ferrari 458 Scuderia ciertamente no ayudó, su parentesco con Humberto Castillejos Cervantes, exconsejero jurídico presidencial, bloqueó antes su aspiración de ser ministro en el máximo tribunal, pero ido el primo ya no había impedimento para aspirar a fiscal.

No, a Raúl Cervantes lo mataron, políticamente hablando, un hashtag y la desinformación.

No fue sólo Ricardo Anaya, el jefe del Frente inmobiliario Anaya-Barrales, quien etiquetó en redes #FiscalCarnal, pero pocos como él hicieron bandera a partir de una premisa falsa, el pase automático de Cervantes de procurador a fiscal transexenal, tal como legisladores, incluidos azules, aprobaron hace tres años.

Punto que el Presidente Peña Nieto corrigió con otra iniciativa que, sin embargo, todavía no la procesan los legisladores, un transitorio que aborta la polémica pública, pero hoy puede más un hashtag que un hecho y sobre ello, Anaya y compañía lucraron. Lucran.

Raúl Cervantes se fue para liberar la senda que hoy sigue bloqueada. Y es que antes de buscar fiscal general, será postelectoral, y consecuentemente fiscal Anticorrupción (como si no urgiera), se cruzó el caso del impresentable Santiago Nieto, convertido de la noche a la mañana en paladín de la democracia mexicana por los frentistas pastoreados por su jefe Anaya.

Santiago Nieto fue pretexto para bloquear tribuna y proceso cameral, su protagonismo y su falta de rigor legal sirvieron para que sus antiguos empleadores, experredistas como Miguel Barbosa, hoy candidato de Troya al gobierno de Puebla por Morena (¿no que no?), lo defendieran y pelearan por reinstalar a su #FiscalCarnalElectoral, para lo que viene.

Derrotado, Nieto Castillo tiró la toalla y dejó colgados a sus apasionados defensores arruinándoles la oportunidad de propalar el gustado mito de fraude electoral adelantado; Nieto huyó, abandonó su lucha en aras, dijo, de facilitar acuerdos.

Senadores sesionaron fuera de agenda para gozar del mortuorio puente; lo que sigue es buscar a un nuevo fiscal electoral, un santo grial democrático. También un fiscal general (caso perdido) que sea enemigo de todos, amigo de nadie, y uno más para que combata desde galáctica autonomía el flagelo de la corrupción en todos los niveles de gobierno.

Para eso se fue un procurador y se largó el de la FEPADE; sin embargo, las fuerzas políticas de nuestra democracia no destraban nada, su mezquindad no conoce límites. Renuncias o retiradas no abonan a una gobernanza de calidad, dejan sólo vacantes y debates. Nuevas batallas entre merolicos con fuero están por venir, mientras tanto México se queda en prenda.