EDITORIAL

Cuál es la filosofía de la cuarta transformación de México?

La anunciada cuarta transformación de México todavía no se asoma por ningún lado. No confundamos los cambios con las transformaciones. Bajar los sueldos de los funcionarios, vender aeroplanos y construir refinerías no son cambios menores, pero tampoco son elementos estructurales de una genuina transformación social.

Si tomamos en serio la frase “cuarta transformación de México” debemos pensar en algo más hondo y más ambicioso, en algo semejante a lo que Porfirio Muñoz Ledo ha llamado la “Cuarta República”. Para lograr lo anterior es indispensable redactar una nueva Constitución, es decir, alcanzar un nuevo pacto social. Así como la Independencia tuvo la Constitución de 1826, la Reforma Liberal tuvo la Constitución de 1857 y la Revolución mexicana tuvo la Constitución de 1917, la cuarta transformación requiere su propia Carta Magna.

Si lo que se busca es una nueva Constitución, necesitamos una nueva filosofía porque de otra manera lo que se obtendrá será un batiburrillo legislativo. Recordemos: la filosofía de la Constitución de 1824 fue el republicanismo, la de la Constitución de 1857 fue el liberalismo y la de la Constitución de 1917 fue el liberalismo social. ¿Cuál es la filosofía de la cuarta transformación de México?

La nueva filosofía tendría que ser una filosofía que contribuyera al desarrollo de nuestra democracia. No podría ser una filosofía que se nos dicte, sino una hecha en libertad por nosotros para nosotros. La sugerencia en este artículo está fundada en el pensamiento de tres grandes filósofos mexicanos del siglo anterior.

La respuesta a la pregunta anterior será breve y tajante: no existe. O mejor dicho: no existe todavía. No puede ser un retorno al republicanismo o al liberalismo o al liberalismo social o al socialismo de antaño. La filosofía del nuevo régimen, la de la esperada Cuarta República, todavía no sea ha escrito. Y sin esa filosofía por venir no podremos hablar con propiedad del advenimiento de un periodo inédito de la historia de México. Lo único que obtendremos es más de lo mismo, que es justamente lo que ya no queremos los mexicanos.

Haré aquí una propuesta que ponemos a la consideración de ustedes con el ánimo de participar en el debate. Opinamos que la nueva filosofía tendría que ser una filosofía que contribuyera al desarrollo de nuestra democracia. No podría ser una filosofía que se nos dicte, sino una hecha en libertad por nosotros para nosotros.

La sugerencia en este artículo está fundada en el pensamiento de tres grandes filósofos mexicanos del siglo anterior: Antonio Caso, Leopoldo Zea y Luis Villoro. Sobre la base de la obra de estos autores, sostendré que la filosofía de la cuarta transformación de México debería poseer cuatro características, a saber: ser comprometida, auténtica, crítica y plural.

Leopoldo Zea sostuvo que nuestra filosofía no puede desentenderse de la realidad que la circunda (Cfr. “La filosofía como compromiso”, 1949). Requerimos ahora, como entonces, una filosofía comprometida con el cambio social, no una filosofía enclaustrada que se contemple el ombligo o, peor aún, una que sea dependiente de lo que otros piensan en lugares lejanos.

Luis Villoro defendió una filosofía auténtica en dos sentidos de la palabra: como una que surge de la autonomía de la razón y como una que se funda en una congruencia entre pensamiento y vida (Cfr. “La posibilidad de una filosofía latinoamericana”, 1994). En cada caso, esta filosofía autónoma tiene que ser rigurosa para cumplir con sus propósitos.

Para que la filosofía mexicana sea crítica tiene que ser libre y si es libre no puede dejar de ser plural. En su polémica con Vicente Lombardo Toledano en 1933, Antonio Caso rechazó la figura de una filosofía oficial

El mismo Villoro afirmó que para que la filosofía no se convierta en una ideología debe mantener una permanente actitud crítica ante el poder (Cfr. “Filosofía y dominación”, 1978). La filosofía no puede convertirse en una doctrina al servicio del Estado porque entonces dejará de ser auténtica y liberadora.

Para que la filosofía mexicana sea crítica tiene que ser libre y si es libre no puede dejar de ser plural. En su polémica con Vicente Lombardo Toledano en 1933, Antonio Caso rechazó la figura de una filosofía oficial. Para que la filosofía mexicana sea liberadora debe permitir el debate, la discrepancia, la originalidad. Una filosofía para la democracia tiene que decirse en plural. Su fortaleza vendrá de la fuerza de sus múltiples argumentos, no de la imposición de un pensamiento único.

Para lograr la cuarta transformación de México los mexicanos no podemos dejar de pensar con seriedad, profundidad y responsabilidad. Tendremos que darnos una nueva filosofía que inspire el pacto social con el que podremos construir una mejor nación. El reto es mayúsculo, pero la esperanza es muy grande.