EDITORIAL

La capacidad para estar a solas

Ser capaz de estar solo es un hito al que la gente aspira para dejar de sufrir las rupturas, las ausencias, los abandonos, los desencuentros o un simple fin de semana en el que no hay más plan que leer un libro, escribir unas notas, cocinarse y hablar con una misma.  Porque cuando la compañía no se internalizó, es decir, cuando una figura primaria (madre-padre-cuidador sustituto) no estuvo suficientemente presente, la soledad se vuelve angustia y desolación.

La capacidad para estar a solas es el título de un breve artículo escrito por Donald Winnicott en 1958, quien la define como “uno de los signos más importantes de madurez dentro del desarrollo emocional”. El psicoanalista inglés dice que se ha estudiado más el temor y el deseo de estar a solas y no tanto la aptitud para hacerlo, porque hay mucho escrito sobre las relaciones bipersonales entre la madre y el bebé, sobre las tripersonales de las que da cuenta la teoría freudiana del Edipo pero no de las unipersonales: la relación que se tiene con el sí mismo.

Algunos valoran su soledad como uno de sus bienes más preciosos, otros sienten miedo de ser perseguidos y devorados así que la utilizan como una defensa contra la angustia de persecución, otros huyen de ella.

La capacidad para estar a solas se desarrolló, paradójicamente, en presencia de la madre; es poder estar solo cuando otro se halla presente, en lo real o en lo simbólico. Esta capacidad permite, entre otras cosas, estar con uno mismo aunque se esté en una relación, entendiendo que hay espacios para la soledad, el silencio, la lectura o las actividades por separado para respirar y existir de modo independiente. Las parejas que jamás se extrañan porque hacen todo juntas tendrán muchas más dificultades para desarrollar la autonomía y la creatividad que surge del mundo interior.

Es necesario, dice Winnicott, “un objeto bueno interiorizado” para poder estar solo y para creer que es posible un medio ambiente benigno.

“Yo estoy solo” es una declaración más compleja de lo que parece. El “Yo” hace referencia a la integración de la personalidad autónoma y diferenciada; “estoy” describe la vida y la existencia. Ser y estar; “solo” sin miedo porque se está acompañado desde adentro por una madre o un padre continuo, permanente y estable.

Quien sabe estar a solas es capaz de elecciones, decisiones y acciones independientes y busca a los otros como complemento y no como medios para alejar la angustia de la soledad.

Cuando al finalizar una relación se persigue, se ataca o se amenaza al objeto perdido, es evidente que la relación se basaba en el miedo a la soledad. Solo es capaz de elaborar el fracaso y el duelo de la pérdida quien sabe que estar consigo mismo es una zona neutral de experiencia libre de peligros y un lugar de descanso. La soledad es esa zona intermedia entre la realidad exterior y la interior. Vivirla con tranquilidad es señal de madurez emocional.