EDITORIAL

La gobernabilidad que viene

Si algo es cada vez más complejo y controvertido es la gobernabilidad. Si bien no resuelve del todo la representatividad, es lo que más termina por ayudarle.

Las decisiones que tomamos los votantes llevan a hombres y mujeres al poder por un determinado tiempo, si nos equivocamos o no, sólo hay manera de saberlo al paso del tiempo. Sólo se sabe cuando se experimenta la gobernabilidad en carne propia.

Estos son los enigmas que nos han venido acompañando. Hace seis años, por estas fechas, todo era retozo, algarabía y júbilo por la llegada de los que sí saben “cómo hacerlo”, los que “robaban, pero se mochaban”.

Al paso de los seis años todo ha resultado decepcionante. Un mucho por las denuncias, algunas de ellas probadas, en materia de corrupción, a lo que se sumó el desaseo legal en casos emblemáticos y ya históricos, como la desaparición de los 43 normalistas en Iguala.

A esto hay que agregar la mala comunicación y la pésima imagen que se fue construyendo en torno al gobierno y al propio Presidente. No había manera de saber hace seis años lo que iba a pasar; es más, con todo y las dudas que aparecieron en su momento el desenlace tiene mucho de inesperado.

No somos de la idea de que ahora estemos en un escenario similar. Hace seis años se asomaba la ratificación del statu quo. Si alguien estaba satisfecho con la llegada de Peña Nieto eran los empresarios: suponían que el inquilino de Los Pinos era uno de los suyos y que además los iba a apoyar.

Con López Obrador hay mucho de riesgo para algunos, pero para otros hay esperanza y expectativa, por cierto diferente a la de hace seis años.

Peña Nieto tenía, o más bien sigue teniendo, en su entorno voces influyentes. Prueba de ello fue la lamentable visita de Donald Trump; la opinión que contó fue la del poderoso titular de Hacienda y no la de la canciller, hoy eventual líder del PRI. Este caso no fue el único.

El entorno directo de Peña Nieto jugó estos años un rol preponderante. Parecía en un primer momento que iba a escuchar, pero poco a poco cerrando su entorno y no se abrió a otras voces; cuando lo hizo quedó la idea de que no trascendió.

Aunque a muchos les pueda parecer fuera de lugar, López Obrador debe revisar lo que ha pasado estos seis años en materia de gobernabilidad. El balance tan desfavorable es multifactorial, pero una de las grandes causas está en el aislamiento, que provocó una seria crisis de gobernabilidad en el país.

Así como no se puede gobernar entre cuatro paredes imaginando la realidad, tampoco se puede gobernar de consulta en consulta. Éste es el gran reto para AMLO: ¿cómo gobernar cerca y con la gente?

Ante lo que estamos es el dilema de las nuevas formas de gobernabilidad; somos parte de sociedades más comunicadas y profundamente críticas. A los gobernantes se les pone a prueba de inmediato, su popularidad está a diario en la mira y viven bajo una especie de montaña rusa.

López Obrador debe entender y aprender de las innumerables reacciones que se han venido dando en la sociedad mexicana. Casi todo tiene que ver con la gobernabilidad, con la forma y el tipo de decisiones que se toman.

Las experiencias recientes evidencian en muchos casos no sólo políticas equivocadas, sino también una gobernabilidad cuestionable.

López Obrador hoy es el eje y la esperanza. Lo que lo hizo ganar es su fundamento y su riesgo. Está en él nuestro futuro y su futuro.