EDITORIAL

Adiós al sexenio

Fue el 6º y último informe del Presidente Enrique Peña Nieto, el primero de septiembre, el oficial fue llevado por Alfonso Navarrete Prida, Secretario de Gobernación, por escrito como es la obligación a la Cámara de Diputados, donde lo recibió el diputado Porfirio Muñoz Ledo.

El 3 de septiembre en Palacio Nacional, patio central de honor, EPN citó a sus principales colaboradores (1500), los fieles que cerrarán la puerta y las abrirán a los que toman posesión el 1 de diciembre. Desde ese histórico lugar  y con los murales de Diego Rivera contemplándonos, entre ellos la figura de Carlos Marx, mando un mensaje autocrítico a la nación. Nostálgico y todos nosotros también. Lo flanquearon dos estupendos políticos del  nuevo régimen Porfirio Muñoz Ledo y Martí Batres, los dos del régimen entrante, de las mesas directivas en la Cámara de diputados y la de senadores.

Al Presidente Peña Nieto le quedan pocos actos oficiales, donde se le rinden honores y escucha nuestro hermoso himno nacional, donde porte por últimas veces su banda presidencial que le fue transmitida por Felipe Calderón.

El mensaje a la nación en Palacio Nacional, desde que a Vicente Fox los diputados y senadores anti PRI y PAN no lo dejaron entrar a la sede del Congreso de la Unión, que construyó José López Portillo.

Sigue su último grito de independencia en el Zócalo de la Ciudad de México, al otro día el último desfile militar recordando el inicio de la guerra para independizarnos de España, guiados por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

De ahí hasta el 20 de noviembre con un desfile deportivo recordando el inicio de la lucha para derrocar a Porfirio Díaz, una revolución de mil cabezas, ideario disperso desde los Flores Magón, Francisco Villa, Emiliano Zapata  a los de Venustiano Carranza.

De ahí hasta entregarle la banda presidencial el 1 de diciembre al nuevo presidente que será Andrés Manuel López Obrador. Ahí veremos de nuevo que al presidente electo lo vayan siguiendo desde su casa la gente y las motos con los camarógrafos hasta San Lázaro.

¿Renacimiento de partido hegemónico? ¿En los hechos sometimiento de los poderes?

Se habrá comprendido el daño que causaron los tecnócratas, que nunca supieron de política, solo del control del ejecutivo. Cero, cero por ciento a la atención a las naciones indígenas, castigados cada vez más.  Menos recursos a los millones de habitantes que tienen hambre.