EDITORIAL

Demasiado pragmatismo

El miércoles dijo el presidente del Senado, el morenista Ricardo Monreal, que había cosas más importantes que discutir el tema de la licencia del gobernador-senador de Chiapas.

Si a este hecho se le compara con los grandes problemas nacionales, efectivamente lo dicho por el senador puede adquirir sentido. Sin embargo, no debemos perder de vista que la vida política del país es un todo integral, y que las formas en el nuevo Congreso cuentan mucho.

Parece ser que han pasado por alto los motivos que tuvo el voto del 1 de julio. Se optó por un cambio que cuestionaba y repudiaba las formas y devaneos de la clase política. También por esto se votó, no sólo por López Obrador, sino también contra Peña Nieto y el PRI y el PAN. En el imaginario colectivo también estaba y están el abusivo y displicente quehacer legislativo.

¿Es importante o no, lo que terminaron por decidir en este caso? A diferencia de lo que dice el senador Monreal, somos de la idea de que sí lo es. Es un asunto de sensibilidades y formas, que le son muy atendibles a la sociedad.

Ratifica este atribulado inicio legislativo. No se pasa por alto que también se han echado a andar interesantes iniciativas; la singular declaración, cargada de un ominoso pragmatismo político, del líder del veleidoso y oportunista Partido Verde en diputados, Arturo Escobar.

Negó que la negociación que tuvieron con Morena hubiera incluido el caso del gobernador-senador, pragmática y de manera ligera planteó que ceder 5 diputados del PVEM a los morenos, con los que éstos logran mayoría en el pleno de diputados, “les salió baratísimo”.

La transacción, dijo, se dio por el apoyo de Morena a la creación de hospitales para luchar contra el cáncer infantil. Lo que llama la atención es que Morena no tenga este tema en su agenda, y que se dé cuenta de él sólo para negociar curules con un partido como el Verde, el cual está desacreditado y tiene el síndrome del saltimbanqui como forma de vida, para sobrevivir y no salirse del presupuesto; cualquier cosa menos esto.

La forma en que se desarrolló el proceso de solicitud de licencia del gobernador-senador, quien desde hace meses intenta o ya está cerca de López Obrador, fue de lo más confuso y a modo. Se hizo una segunda votación para aprobar la solicitud de licencia, en la primera había sido desechada.

Nunca quedó claro el porqué de la segunda ronda. Hasta el PRI, hoy bajo el olvido del Verde, se sumó a la moción para que se hiciera una segunda votación, la cual tenían más que planchada. Poco o nada les importó en Morena, el hecho de que el gobernador-senador haya manipulado al Congreso de su estado, para hacer lo que quería.

Si el caso no le hubiera sido cercano o no sirviera para el acomodo de Morena, la pregunta es si hubieran actuado de la misma forma, apelando, como lo hicieron el lunes, a una legalidad escrupulosa y a los derechos del personaje, los cuales no se cuestionan.

Lo que estaba de por medio era una negociación de conveniencias y beneficios mutuos. Todo indica que por ello pasaron por alto preguntarse por aquello que invariablemente se preguntaban bajo escenarios como éste.

El morenista Martí Batres, presidente del Senado, hizo acuse de recibo de lo que está pasando. En su Twitter apuntó: “Hay críticas en la opinión pública por la aprobación de la licencia a Manuel Velasco. El Senado debe escucharlas y tomar nota para mejorar sus decisiones y las formas que utiliza para procesarlas”.

Lo que hizo Morena, independientemente de sus razones, terminó por dejar una mala primera imagen. Es cuestión de ver las redes para percatarse que, en este lance legislativo, Morena salió definitivamente cuestionado. Se vale el pragmatismo, pero desde hace tiempo se andan pasando.