EDITORIAL

La corrupción no deja de perseguirnos

La corrupción no nos deja ni nos va a dejar hasta que no tomemos decisiones y acciones definitivas y contundentes. El informe “Personas y la corrupción: América Latina y el Caribe” volvió a evidenciar la situación que vivimos.

México es el país de la zona que lleva mano, es el más corrupto. Lo que merece atención del informe, nos dice Eduardo Bohórquez, de Transparencia Mexicana, es que son datos duros y no son parte de una percepción, a la cual apelan a menudo muchos funcionarios para justificarse.

Sumemos a este informe las reacciones de algunos ciudadanos con motivo de la ayuda que se ha otorgado por el temblor, a lo que también podemos agregar las trampas de algunos corredores, o más bien pseudocorredores, en el maratón de la CDMX.

No se puede ni debe “normalizar” la corrupción. Es lo menos indicado para combatirla. Verla como parte de la cotidianidad es justificarla y expandirla. Por más que la corrupción se exprese de innumerables formas no se puede dejar pasar y dejar de ver.

¿Cómo explicarse que unos corredores se metan al maratón más allá de la mitad de la prueba para demostrar que la corrieron, les dieron su medalla y salieron en la foto?

¿Cómo explicarse que unos ciudadanos se formaran para recibir 3 mil pesos para la renta de su casa como si fueran damnificados sin serlo? ¿Cómo explicarse que haya gente que asegure que no ha recibido ayuda cuando un soldado se la acaba de entregar a la vista de muchas personas?

Todo resulta ser multifactorial en medio de situaciones de excepción. Lo del maratón está desde donde se vea fuera de lugar, puede ser desde un juego hasta la trampa para el autoengaño.

Se actúa en función del entorno en que estamos y también de cara a lo que vemos.

Lo del temblor adquiere otra dimensión. Hay quienes argumentan que tiene qué ver con la “necesidad”, debido a que se vive de manera tan precaria que se busca a como dé lugar tener algo, y más estando bajo una situación de excepción.

Lo que subyace es que existen entornos que hacen permisibles las conductas. Nos dice Eduardo Bohórquez que se ha ido rompiendo el pacto social. Es muy probable que después de conocer y ver lo que hacen muchos gobernadores, por ejemplo, y lo que se ve se construya la idea de que hay cosas que se pueden hacer.

En donde pareciera que hay más explicaciones es en los resultados del informe “Personas y corrupción”. El hecho de que cada trámite ciudadano tenga que ir aparejado de un acto de corrupción puede tener qué ver con lo que los funcionarios ven en sus entornos laborales.

Imagine lo que puede ser para ciertos trabajadores de gobierno ver a los Duarte, Borge, Moreira. Muchos de ellos, a su manera, no han de querer estar fuera del “festín”, como lo llama Bohórquez.

Somos parte de un lío mayúsculo y para colmo no se resuelve el tema del fiscal general ni el de anticorrupción.