EDITORIAL

Israel a las urnas

Llegó el día. Después de cuatro años del gobierno más corrupto y de extrema derecha en la historia de Israel, Netanyahu ha decidido disolver el parlamento e ir a elecciones. Las circunstancias no tienen precedentes.

Por primera vez en la historia del país, el principal candidato se encuentra bajo una investigación por cuatro casos de corrupción y tráfico de influencias que, en cualquier democracia normal, serían razón suficiente para su renuncia.

Pero en las épocas de los hombres fuertes y de la disolución de la democracia en occidente, Netanyahu ha decidido emprender su última y más importante batalla, la batalla en contra del Estado de derecho.

A pocas semanas de que el fiscal general anuncie que Netanyahu debe enfrentar un juicio, el primer ministro busca obtener el mayor apoyo posible del público israelí en las urnas para argumentar que “el pueblo” ha decidido exculparlo y enfrentar así su juicio bajo el halo del apoyo popular.

Uno esperaría que un candidato medianamente bueno podría fácilmente derrotar a un primer ministro bajo sospecha de corrupción; sin embargo las encuestas señalan lo contrario.

El campo de centro-izquierda, dividido (depende de cómo se cuente) en cuatro o cinco partidos, no le llega ni a los talones al Likud de Netanyahu.

A diferencia de la derecha, que suele aglomerarse detrás de un líder, sin importar siquiera que probablemente este líder enfrente años de cárcel en los próximos meses, la izquierda no puede poner en orden a sus filas detrás de un solo candidato. Todos saben que la única oportunidad para derrotar a Netanyahu es la unión del campo democrático detrás de una figura, los egos, sin embargo, no están a la altura de la emergencia nacional.

La gran estrella de esta elección es Benny Gantz, quien fuera general de las fuerzas armadas israelíes.

Por meses, el campo de centro-izquierda ha esperado que Gantz se convierta en el esperado mesías; sin embargo, por el momento parece que Gantz ha decidido ir por separado.

Esto le puede garantizar un buen número de asientos en el parlamento (16/120), sin embargo lejos está de los 30 asientos del Likud en las encuestas. Si Gantz se uniera al Partido Laborista (la izquierda que creó el Estado de Israel) o a Yesh Atid (otra de las listas de centro) las encuestas muestran una diferencia de sólo dos asientos (alrededor de 1-2%) entre Netanyahu y Gantz.

Pero el general teme que Netanyahu logre tacharlo de izquierdista amante de los palestinos y así aniquilarlo políticamente. Igual y el general piensa que Netanyahu va de una u otra manera a la cárcel y que debe esperar pacientemente para ganar no en éstas sino en las próximas elecciones.

Si es así, no habrá muchas sorpresas. Netanyahu seguirá al mando del país e intentará detener a la justicia con su fuerza popular. De una u otra manera ésta será la última batalla de Netanyahu, una batalla agresiva como nunca antes hemos visto. Su futuro en la historia está en juego.