EDITORIAL

¿Son necesarios los sindicatos en México?

En México los sindicatos son una cuestión paradójica, por un lado son necesarios para defender una clase trabajadora vulnerable y el por otro pueden convertirse en su peor enemigo, el cual los vende al patrón y al estado, mediante la aceptación de todas las pretensiones de éstos.

La historia de los sindicatos en México es larga, nacen después de la revolución mexicana, y se consagran con la Constitución de 1917, pero fue con la creación de la Ley Federal del Trabajo en 1931 que se dio plena protección a los trabajadores, con el derecho de huelga y la libre asociación.

En su origen parecía que los trabajadores tendrían mejores condiciones y la protección de los sindicatos, pero desgraciadamente no fue así. Con el surgimiento del sindicato petrolero, el sindicato minero y el sindicato ferrocarrilero, es decir, con los grandes sindicatos mexicanos, y posteriormente con la creación de la CTM (Confederación de Trabajadores de México), ese gran futuro se frustró, pues fue cooptado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), y entonces respondió únicamente a los intereses del partido en el poder.

Con la CTM también surgieron lo que se llaman los sindicatos “charros”, es decir, vendidos a favor de las empresas y de los gobiernos, lo cual favoreció que los líderes sindicales se mantuvieran por largos periodos, siempre del lado del gobierno priista, pactando todo lo que conviniera al gobernante en turno.

Por lo anterior se dio lugar a la pérdida de los derechos de los trabajadores, incluso los nuevos sindicatos, que nacieron como independientes, como el de los telefonistas, pronto se aliaron al gobierno y se volvieron eternos, traicionando a los trabajadores nuevamente.

Con las recientes disposiciones en materia sindical, se supone que los sindicatos blancos dejarán de existir y con ello desaparecerá toda una etapa de farsas sindicales. Estos sindicatos nacieron para que los empresarios cubrieran con este requisito, pactando con un líder sindical que firmaba por anticipado un acuerdo en el cual aceptaba todas las condiciones de trabajo del patrón, y este líder agrupaba a todos los trabajadores en su sindicato aceptando tales condiciones pactadas previamente con el patrón.

Como podemos ver los sindicatos blancos no protegen al trabajador y únicamente cubren al patrón, lo cual es un absurdo, pero por medio de ellos los empresarios se vieron beneficiados con una paz sindical blanca, sin huelgas y sin conflictos obreros, que en muchos casos contribuyen al crecimiento de sus compañías y por ende de sus trabajadores, pero en otras muchas ocasiones se aprovechan de esos pactos para explotar a los empleados bajando las condiciones laborares y sin que haya quien los proteja de ello.

Con la adopción del acuerdo de la libre asociación de la Organización Internacional de Trabajo y con los acuerdos del nuevo Tratado de Comercio con Estados Unidos y Canadá, México deberá de obligarse a desaparecer a los sindicatos blancos y a los sindicatos charros, por ello el nuevo gobierno tiene una gran tarea para llevarlos a cabo, si de verdad lo logra, avanzaremos en serio en protección de los trabajadores.