EDITORIAL

Las causas del enojo

El enojo es una emoción indispensable para la vida social, porque nos permite defendernos de las injusticias y afirmar nuestra dignidad. Sin embargo, carga con un estigma, tanto en Occidente como en Oriente, por su capacidad de destrucción, por los deseos de retribución o venganza de quien se siente denigrado, violentado o herido.

Por lo tanto, la moderación del enojo es un objetivo de mejoramiento humano muy popular. Tanto así, que se considera sabios a quienes se enojan poco y perdonan mucho, aunque también pueda tratarse de miedo a la confrontación y falta de carácter.

El enojo permite el autoconocimiento porque nos revela lo que es importante para nosotros. Lo que a algunos enciende, a otros les parece irrelevante, así que habría que hacer distinciones: la primera es si el enojo proviene de una transgresión al respeto por la dignidad humana o si surge de un sentido exagerado de importancia personal: “a mí nadie me hace esto”.

El enojo es una extraña mezcla de dolor y placer. El placer aparece cuando nos imaginamos a quien nos hizo daño o le hizo mal a quienes amamos, sufriendo.

Las personas somos raras. Algunas se enojan contra objetos sin vida como una máquina de refrescos que se ha descompuesto. O contra una puerta que no podemos abrir o contra una cama porque nos hemos golpeado un dedo del pie con ella. También hay quienes sufren de enojo súbito, como el de un niño de dos años que grita hasta que la dan helado, que se enfurecen en segundos por el tránsito, porque la sopa que le trajeron está fría o por cualquier otra nadería.

Hay algunos humanos que siempre se están comparando con los demás, midiendo su poder e intentando prevalecer para ser el macho o la hembra alfa del lugar. El concepto de honor es un pretexto para la violencia en muchos países donde los asesinatos por honor son una práctica normalizada.

Muchos feminicidios surgen de una falsa herida en el honor masculino. En la competencia por el dominio de una mujer, un hombre puede llegar a matarla porque la prefiere muerta que verla con otro. La prefiere muerta que desobediente.

Si al analizar las razones del enojo aparece una preocupación preponderante por el estatus social, es posible que el origen sea narcisista: alta inseguridad personal y alta vulnerabilidad.

El pensamiento mágico le hace daño a nuestra capacidad de pensar. Creer que hay un orden cósmico y que por tanto la venganza lo restituye, sólo genera la amplificación del enojo y luego de la violencia. Recibir el justo castigo (comeuppance, en inglés) es el final que deseamos para el asesino serial, para el malo de la película o de la novela.

Ver una venganza gore en televisión, aunque para algunos sea disfrutable ya que por fin el malvado ha recibido lo que merece, va en contra de un principio fundamental del orden social: el respeto por la dignidad y la vida debe ser idéntico para todas las personas.