EDITORIAL

¿Qué viene en lugar de la “mal llamada”?

El Gobierno está en medio de un complejo dilema sobre la Reforma Educativa. El candidato, hoy Presidente, se la pasó a lo largo de varios años criticando con severidad la reforma de la pasada administración.

La expectativa que ha ido creando sobre una nueva reforma supone que las cosas van a ser por mucho diferentes de las que contenía la “mal llamada”. Se parte de que las discusiones y debates que se han tenido sobre una nueva reforma deberían llevar a nuevos elementos para su creación.

No todo entra en el terreno de lo administrativo,  lo cual fue uno de los aspectos que centraron la crítica y que se convirtió en uno de los elementos que llevaron a tener puntos coincidentes entre el entonces candidato y quienes fueron los principales críticos de la reforma, la CNTE.

Las coincidencias en el tiempo los llevó a aliarse en las elecciones. López Obrador recibió un caudal de apoyos, algunos por debajo de la mesa y otros abiertamente públicos. Pero es probable que uno de los más fuertes e influyentes haya sido precisamente el de la Coordinadora.

Todo indica que las coincidencias tenían que ver fundamentalmente con elementos y definiciones administrativos que contenía la “mal llamada”. No recordamos discusiones o debates que estuvieran en línea con aspectos metodológicos, de contenido educativo y de formas para la construcción de una nueva reforma educativa.

Los grandes temas que se debatieron fueron, por cierto lo siguen siendo para la CNTE, la asignación de plazas para los maestros y las evaluaciones, las cuales se calificaron con cierta razón como “punitivas”.

La prisa que le entró al desaseado y cuestionado gobierno de Peña Nieto, lo llevó a  suponer que si resolvía el tema administrativo iba a resolver el todo de la Reforma Educativa.

Como todos lo vimos, no fue así. En un primer momento daba la impresión que se iba a lograr; sin embargo, a partir de que se fueron aplicando las evaluaciones, las protestas y los problemas se intensificaron. Lo administrativo no se había resuelto.

La reforma de Peña Nieto enfrentó dos grandes problemas: la inminente liberación de la afamada profesora Elba Esther, con todo lo que esto podía provocar y, sobre todo, la casi segura derrota en las elecciones, la cual resultó abrumadora y contundente, no pudieron ni meter las manos.

¿Hasta dónde llega la alianza que establecieron en la campaña López Obrador y la CNTE? La respuesta va a estar en el tipo de Reforma Educativa que se termine por aprobar. Ahí se verá de qué tamaño es la fuerza e influencia de la Coordinadora y qué tipo de acuerdos se armaron.

El miércoles, la CNTE enseñó de nuevo su músculo. Cerca de  mil 500 maestros impidieron la entrada a San Lázaro por lo cual, se dijo: “no hay condiciones para sesionar” sobre la “nueva” Reforma Educativa. Los profesores amenazan con quedarse a las afueras de la Cámara de Diputados al menos 48 horas.

No se puede aprobar ningún tipo de reforma sin los maestros. La clave está en distinguir hasta dónde debe estar como centro de definición para la reforma los intereses gremiales de los profesores, está casi en el todo o nada, y hasta dónde deben plantearse opciones para que los maestros sean el eje de un sistema educativo que le permita al magisterio un desarrollo integral, en donde las componendas y las cuotas se hagan a un lado, para la transformación integral de la educación.

¿Hasta dónde llega el presunto compromiso presidencial con la CNTE, y hasta dónde llegan sus convicciones sobre lo que debe ser una Reforma Educativa, que no vaya a terminar al paso del tiempo también definida  como la “mal llamada”?

Es pregunta, reto y dilema.