EDITORIAL

Después de Urzúa

Una de las razones de la relevancia política de la renuncia de Carlos Urzúa es que ha quedado probado, más allá de toda duda razonable, el despilfarro de recursos públicos en programas caprichosos e improvisados. Lo habíamos dicho muchos con evidencia anecdótica, aquí y allá. Pero ahora lo reconoció en su carta el exresponsable de Hacienda, Crédito Público, Programación y Presupuesto.

Los jueces y magistrados federales que frenaron el capricho de Santa Lucía pueden sentirse reivindicados por el servicio prestado a la Nación, al posponer lo que es, a todas luces, un error de inversión e infraestructura. Los empresarios y ONG miembros del colectivo #NoMásDerroches deben sentirse orgullosos por enfrentar decisiones políticas sin fundamento, a pesar de recibir insultos por “obstruir”. Y aunque los partidos de oposición se alegren, los remeros del navío 4T no deberían, como reacción inversa, “montarse en su macho”. La Patria es primero. La lección que les toca asumir es comprender, por fin, el deber patriótico de hacer las políticas públicas con base en evidencia.

Hay evidencia en términos de seguridad, ambientales y económicos de que Santa Lucía no es una buena idea. Hay evidencia etnográfica de que la beca universal a estudiantes no se está invirtiendo en las familias y, con mucha frecuencia, se va en comprar celulares vistosos o en alcohol. Hay testimonios contra empleadores que dicen contratar a jóvenes, pero que, en realidad, les han ofrecido un porcentaje de la beca a cambio de no hacer nada.

La hechura de las políticas públicas con base en evidencia no tiene nada que ver con el neoliberalismo. Se llama sentido común o, si prefieren, racionalidad presupuestaria. Cuando AMLO presumió en uno de los debates presidenciales que las ayudas a adultos mayores habían salido de su corazoncito, seguramente no mintió. Pero una golondrina no hace verano. México peligra por exceso de voluntarismo. La gran diferencia entre Lula y AMLO es obvia ahora. El primero no le consultó a solas a su corazón para diseñar “Bolsa familia”, su gran programa social; se inspiró en modelos exitosos, aunque lejanos, e ideológicamente opuestos, como “Solidaridad”, de Carlos Salinas.

En este contexto, es perverso que algunos políticos de la 4T quieran aprovechar para ganar adeptos en las corrientes más de izquierda de Morena, con el cliché de Urzúa neoliberal. El senador Monreal escribió que la renuncia del responsable de Hacienda era previsible, porque “no es fácil adaptarse a un proyecto cuyo objetivo es sacudirse el neoliberalismo; los intereses son fuertes; las resistencias, también. Confiamos en el cambio de régimen; debemos perseverar. Respaldamos la decisión presidencial”. Si colocáramos su tuit en un traductor que pase de la retórica a las verdaderas motivaciones políticas, leeríamos: “Ahora tengo la oportunidad de ganarme a esos sectores del partido que no me apoyaron para gobernar la capital. Creen que Urzúa salió por razones ideológicas y no por la improvisación y los caprichos de la 4T”.