EDITORIAL

Gobierno dividido

Las últimas administraciones federales democráticas convivieron con un “gobierno dividido”. Es decir, el Ejecutivo federal no contaba con mayoría en el Congreso y eso obligaba al Ejecutivo a negociar con el Legislativo su programa de Gobierno. Hoy la situación ha cambiado; Morena cuenta con la mayoría en el Congreso (impulsada por el voto popular, pero también por los acuerdos de coalición); sin embargo, la división gubernamental ahora no es con las Cámaras; es en el mismo gobierno, en el gabinete.

No se trata de un gobierno dividido, como uno esperaba que pasara, atribuible al pasado político diverso de sus miembros. Cuando Germán Martínez renunció, en mayo, al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fueron muchos los que sospecharon que la razón de su renuncia era su incompatibilidad con la Cuarta Transformación, resultado de su formación panista. Sin embargo, la carta de renuncia del exdirector del IMSS fue clara al señalar “injerencias perniciosas” por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que no sólo le impedían desempeñar sus funciones como director, sino que estaban obstaculizando las funciones sustantivas del IMSS.

No es un gobierno dividido por los funcionarios que no se ciñen a la austeridad republicana. En la renuncia de Josefa González Blanco a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la exsecretaria señaló como causa de la renuncia el hacer esperar un avión para que pudiera tomar el vuelo. Sin embargo, tiempo después se dio a conocer que la secretaria justificaba su falta de atención a la crisis de incendios y la llegada del sargazo a las playas, a que, con el fin de cumplir con las políticas de austeridad impulsadas por Hacienda, había tenido que despedir a miles de trabajadores y que, sumado a ello, tenía una restricción presupuestal que le impedía hacer frente a los compromisos de su Secretaría.

Ahora sabemos que tampoco es un gobierno dividido por la Secretaría de Hacienda. En su carta de renuncia a la SCHP, Carlos Urzúa denunció la inexperiencia de funcionarios públicos impuestos dentro de la dependencia,  conflictos de intereses y toma de decisiones de política pública sin sustento.

El gabinete no es un cónclave, sino una extensión del Presidente para el ejercicio de sus funciones; su división es una noticia espeluznante, pero alentadora para los que se oponen a la 4T. El Ejecutivo ha hablado incesantemente de conservadores y neoliberales. Con el fin de activar a sus bases y justificar su propio radicalismo ha creado un lenguaje fanático, fantástico y radical, que ha poseído a sus bases que exigen las acciones transformadoras y “necesarias”, que hagan realidad el discurso enardecido. Y aquí está la división en el Gobierno: mientras unos hacen miles de sacrificios, no por placer, ni por pasión, ni energía, sino simplemente por su indecisión a costa de la economía, de la seguridad, del trabajo de miles de funcionarios y de su propia reputación profesional, hay otros funcionarios que les resulta inadmisible trabajar renunciando a su razón y a su coherencia.