EDITORIAL

Recesión o Reactivación

Mucha inquietud y polémica ha provocado entre analistas y medios de comunicación el hecho de que la economía mexicana podría entrar en una “recesión”. Un término sin duda aterrador cuando de economía se habla.

No obstante, desde un particular punto de vista, la polémica es hasta cierto punto inocua, dado el muy deficiente comportamiento de la economía mexicana ya latente desde hace al menos nueve meses. Es decir, definir si desde el punto de vista “técnico” está en recesión o no la economía no ayuda mucho al entendimiento de la coyuntura por la que atravesamos.

Resulta interesante comenzar por el significado de una recesión. Se atribuye a la National Bureau of Economic Reserach (NBER), la explicación más aceptada de lo que es una recesión. La cual se define como “Una caída significativa de la actividad económica que se extiende por toda la economía en su conjunto, que dura más que unos pocos meses, y que sea normalmente visible en el PIB real, el ingreso real, el empleo, la producción industrial y en las ventas al menudeo y mayoreo”. Considera que el periodo mínimo necesario para definirla es de, por lo menos, seis meses y toma en cuenta indicadores mensuales para tener una mayor precisión. Se trata de una “definición técnica” que coadyuva a homologar criterios para el análisis económico.

Sin duda hay elementos que atizan los temores que México haya caído en una recesión en la primera mitad del año. El PIB del primer trimestre ya se redujo, incluso, si tomamos además el cuarto trimestre del año pasado, el avance económico es prácticamente nulo. Además, la producción industrial se desplomó en mayo, entrando este sector a una zona de franca recesión.

Pero, lo importante es que en el segundo trimestre de este año la economía volverá a mostrar debilidad, incluso como algunos analistas estiman, la producción podría volver a reducirse dando cabida al concepto técnico de “recesión”.

De existir una caída de la producción en el segundo trimestre del año, se estima que será moderada. Quizá lo más relevante, es que se prevé en la mayoría de los escenarios económicos una reactivación productiva en la segunda parte del año. Es decir, después de nueve meses de ausencia de crecimiento, catalogar o no como recesión la situación económica hacia el segundo trimestre del año es, bajo las circunstancias actuales, de menor importancia frente al hecho de evaluar las posibilidades de una pronta recuperación productiva.

En efecto, los consensos de los analistas en las principales encuestas apuntan a que en el segundo semestre se podría registrar un crecimiento del PIB cercano al 1.6% anual, por arriba de 0.4% que algunos estimamos para la primera mitad del año.

El lector se preguntará ¿de dónde sale tanto optimismo de los analistas económicos? En primer lugar, hay evidencia de que el consumo de los hogares no se ha debilitado como la inversión (de hecho, se prevé que siga fungiendo como pilar del crecimiento en los años que vienen). Así lo denotan los reportes de ventas al menudeo y el crecimiento de los salarios. También las exportaciones han recobrado ímpetu.

Por otro lado, es esperan impulsos significativos por el lado de la política pública. Específicamente, una importante reactivación del gasto público en inversión y una política económica más relajada (baja en la tasa de interés). Asimismo, es previsible que la producción de petróleo frene su caída libre y, al menos se estabilice. Ojalá este escenario –en gran medida en manos del gobierno– se concrete y sustituya las preocupaciones de una recesión por el de una recuperación.