EDITORIAL

Nos vemos en 45 días

La política migratoria que está instrumentando el gobierno está mostrando cómo contempla y asume la gobernabilidad y su relación tanto con Centroamérica como con EU.

Donald Trump nos trae entre sometidos y presionados. Nos palomeó el domingo pasado, vía Mike Pompeo, por haber hecho la tarea en estos 45 días, pero nada más regresó el secretario de Estado a su país mandó un mensaje: no es suficiente y falta mucho por hacer, al tiempo que nos recordaron que nos vemos en 45 días.

No queda claro qué quiere decir que México haya disminuido en 36.2% el flujo migratorio. ¿Es mucho o es poco? Es evidente que todo depende de como se quiera ver, porque no hay indicios de que la situación interna en Guatemala, Honduras y El Salvador esté cambiando; a lo que se suman los cruces que no se registran.

Se requiere de tiempo, pero en el camino tenemos que revisar lo que realmente está pasando con los migrantes, sobre todo por la urgencia que tienen de dejar sus países sin importar correr cualquier tipo de riesgos.

Las persecuciones a migrantes en el sur y en el norte del país, particularmente a las orillas del río Bravo, evidencia lo que muchas familias viven.

La prueba  de que por ningún motivo quieren regresar a sus países, es el hecho de que más de 23 mil migrantes han optado por hacer de México su “nuevo sueño”.

La dinámica de vida en Centroamérica no nos es ajena, no sólo por razones fronterizas o de historia, sino porque nuestro país, particularmente en el sur, no somos ajenos a los problemas económicos en la zona.

Las presiones a las que se ha visto sometido México por parte del gobierno de EU, han llevado a acatar casi todo lo que se pide y exige. Por más que se insista que el gobierno mexicano plantea una relación equitativa con su homólogo estadounidense, es evidente que la capacidad de maniobra está determinada por las formas que nos dictan.

Para la organización Sin Fronteras se están dando pasos regresivos con los acuerdos migratorios de “casi 10 años en el tema migratorio y de asilo en el país”.

El gobierno ha asumido una genuina responsabilidad en el tema. Centroamérica es México por historia y porque por décadas una de las migraciones más significativas, en todos los sentidos, hacia EU ha sido y es la mexicana. La Unión Americana no se puede entender sin el impulso y la presencia de la mexicanidad, expresada en su cultura y por  millones de hombres y mujeres, le guste o no a Trump.

¿Cuánto tiempo más seguirá nuestro país con este muy presionado nuevo ordenamiento migratorio? Pensar que en algún momento se va a lograr satisfacer a un hombre que de suyo es racista y discriminatorio es entrar en terrenos indefinidos, interminables y de ocurrencia.

Como se ha dicho, no casualmente, el tuit y la acción de hoy puede no tener nada que ver con lo de mañana. El gobierno se la ha pasado entre la diplomacia, la precaución y hasta el miedo, ante las ocurrencias de Trump sabiendo, de manera paralela, que nuestro país ya es un factor en el proceso electoral de EU.

Se calcula que la cifra de migrantes que han intentado ingresar a México para llegar a EU rebasa las 600 mil personas, sin exagerar algo tiene ya de éxodo.

A pesar del discurso y de las inversiones, que no han llegado del todo, la tendencia no pareciera que disminuya. Las causas de la migración siguen estando latentes en la zona.

En 45 días de nuevo estaremos colocados entre la palomita o el tache, estando también cada vez más cerca del proceso electoral en EU.

No es el mejor de los mundos, a lo que se suma que el gobierno no quiere tener dificultades con Trump, pero todo indica que algún día le serán inevitables.