EDITORIAL

Panamericanos, ¿cómo vamos?

En los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Barranquilla, Colombia, la delegación mexicana fue una aplanadora. En pasados juegos nuestro país había tenido un desempeño menor; Colombia se convirtió en una suerte de reivindicación.

Una de las razones por las cuales los deportistas mostraron un buen desempeño se debió a que tuvieron una preparación integral. No sólo se trata de que los deportistas lleguen en buena forma, sino que lo hagan con fortaleza mental. Imagine a un clavadista al que en una de sus participaciones no le va bien.

No basta con que su entrenador le diga lo que hizo mal;  se requiere de un armado mental con el que pueda revertir el mal momento. La preparación integral hace la diferencia entre un buen desempeño y pasar de largo.

El deporte de alto rendimiento requiere de una cantidad de elementos para desarrollarse y, sobre todo, para ser competitivo. En los juegos de Barranquilla, la delegación mexicana tenía un trabajo integral y para lograrlo se requiere de preparación y también de dinero.

La participación de México en los Juegos Panamericanos de Lima está siendo consistente. Mucho se debe a que los ciclos deportivos van encadenados. Los deportistas se preparan para participar en una serie de eventos que concluyen con los Juegos Olímpicos.

La siguiente semana pudiera ser más difícil para nuestros atletas alcanzar medallas. Los deportistas mexicanos han participado hasta ahora en pruebas en las que son competitivos y ganadores.

Lo que cada vez es más evidente, es que los atletas tienen en sus familias el gran soporte. No hay historia de un deportista, sin importar su nacionalidad, que no tenga a su familia como eje. Padres y madres de familia, junto con su entorno de vida, son la base para cualquier deportista; sin ellos, simple y sencillamente no hay futuro ni sueños.

Son quienes los llevan y traen a los entrenamientos, sin importar las distancias y el tiempo; y son también quienes los apoyan en los momentos más difíciles y adversos en su vida deportiva. Padres y madres de familia ponen de su dinero con tal de que sus hijos puedan alcanzar sus sueños.

El uso político que a lo largo de muchos años se ha hecho del deporte es un elemento que, por lo general, a los atletas no les queda de otra que asumir. Si no hay inversión en el deporte, no hay resultados; y lo más delicado es que la sociedad deja de tener referentes aspiracionales y de identidad. Para los niños, ver a deportistas mexicanos destacar es una manera de empezar a verse a ellos mismos a futuro.

No hay duda de que se debe pensar en estrategias que lleven al deporte masivo, pero el deporte de alto rendimiento es uno de los elementos que muestra las caras de una sociedad, a través de sus hombres y mujeres, a los ojos del mundo.

Hoy, los deportistas en muchos casos son signos de identidad de las sociedades, con mayor peso que los propios políticos; son la cara generosa, amable y de identidad.

Lo que provocó en su momento Ana Gabriela Guevara sigue teniendo repercusiones. Muchos niños y niñas la vieron como una mujer poderosa que alcanzaba sus sueños en medio de competencias frenéticas, en las cuales ella era nuestra cara y nuestro orgullo.

La delegación mexicana en Lima va bien. El problema de nuevo es el entorno; que si faltan apoyos, que si se cierran instalaciones y las grillas, que nada abonan al desempeño de los deportistas.

Dice el Presidente que les tiene “sorpresas” a los atletas mexicanos a su regreso. No hay mejor sorpresa que los ayuden y que no olvidemos que son nuestra cara más generosa y el mejor ejemplo de futuro para niñas y niños. Son quienes nos dan identidad y emociones, tan escasas hoy en día.