EDITORIAL

5,239 mdp

Siendo que los procesos electorales han generado históricamente desconfianza se ha optado por invertir millones de pesos en las elecciones, se presume que entre más dinero y más candados, menos problemas.

Se trata de generar confianza y para ello se han construido una infinidad de mecanismos que permitan tener control, certidumbre y transparencia en las elecciones. La desconfianza no se ha ido y ahora con una nueva fuerza política hegemónica las oposiciones empiezan a señalar lo que en otras ocasiones quienes hoy gobiernan impugnaban.

Es como un juego de espejos y todo depende desde donde se mire. Si bien el triunfo de Morena generó expectativas de confianzas electorales, presumiéndose que muchos vicios podrían ser erradicados; sin embargo, no necesariamente pasa esta idea por la cabeza de las oposiciones. Quienes hace tiempo gobernaban creen que les van a aplicar lo que en otras ocasiones ellos aplicaban.

Lo que no hay que soslayar es que el sistema electoral mexicano ha evolucionado positivamente. Los problemas no están en el INE. Muchos vicios se derivan de la forma en que se ha hecho y se  hace política partidista. Es paradójico, pero las oposiciones no han podido en muchos casos abstraerse de lo que tanto critican; la desconfianza es de todos y de todos contra todos.

En el país las elecciones cada vez son mejores, confiables y mejor organizadas. Un dato importante y sensible: los procesos para su instrumentación recaen en más de 2 millones de ciudadanos; no tiene sentido pasarlo por alto lo que nos ha costado tantos esfuerzos, problemas, confrontaciones e incluso muertes.

El abrumador dominio de Morena provoca inquietudes electorales entre las oposiciones. Las posibilidades de que los aparatos de Estado sean utilizados, como se ha venido haciendo es real. No se puede pasar por alto que entre la clase política que nos gobierna estaban algunos que en otro tiempo dirigían el tránsito electoral.

La desconfianza se convirtió en una forma de entenderlos y analizarlos. Independientemente de las investigaciones y los muchos trabajos que se han hecho sobre ellos, particularmente el de 2006, existe una constante de casi que como principio impugnar las elecciones; lo cual a menudo es un buen pretexto, entre otras cosas. para justificar derrotas.

El Presidente abona poco para un cambio de mentalidad, sin dejar de reconocer los incidentes que rodean la pasión que marca una elección y la política misma. Hace pocos días de nuevo arremetió contra la maquinaria, lo que incluye al entonces llamado IFE, que asegura le robó las elecciones del 2006. Cada vez que habla de ello lo hace de manera crítica, soslayando que ese mismo sistema fue sobre el cual consiguió su inobjetable triunfo del 2018.

Después de lo vivido durante años estamos obligados a entrar a procesos electorales en que se erradique la desconfianza, reconociendo que hemos avanzado y mucho.

Las cantidades de dinero que cada partido se va a llevar este año, derivado del resultado del 2018, son un dolor de cabeza para un país como el nuestro.

Deben los partidos establecer nuevas formas de organización para desarrollar su política electoral. No hacerlo ratifica que siguen viendo a la actividad política como una renta, y que siguen viviendo bajo la desconfianza como pretexto, al tiempo que tendrán que reconocer en todo ello que hay una alta dosis de oportunismo.

El INE reportó que los partidos pueden renunciar a su presupuesto y lo pueden devolver a la Tesorería. El total de lo que se van a llevar los partidos es de 5,239 mdp. Reflexionarlo y pensarlo es un deber y una oportunidad colectiva.

Morena debiera ir mano en todo esto, va a recibir 1,760 mdp, son los nuevos ricos.