EDITORIAL

Las partes y el todo

Las crónicas deportivas consignarían que López Obrador es líder inamovible. Apostar a que tarde que temprano baje su popularidad, no tiene sentido. Es Presidente gracias a un triunfo inobjetable y legítimo.

La crítica es una razón de ser y hay que apostarle a ella, pero buscar desacreditarlo, lo legítima aún más. Con todas las confusiones y dudas que prevalecen, López Obrador le ha cambiado, en más de algún sentido, el rostro al país. Algo de lo que pretende ya se alcanza a ver, pero el reto está en el mediano y largo plazos.

Hay preguntas que hoy no tienen respuesta y, por lo mismo, está más expuesto. En su “estilo personal de gobernar” se manifiestan contradicciones, pero es importante consignar que lo que estamos viendo, de alguna u otra manera era previsible; López Obrador no ha engañado a nadie.

Donde el Presidente va a tener problemas serios, y de hecho ya los tiene, es por el desempeño de los gobernadores de Morena, quienes reciben severas críticas, lo que ya incluye también a la Jefa de Gobierno de la capital.

El deterioro que se vive en Veracruz y Morelos le puede pegar tarde que temprano al Presidente. La razón estriba en que López Obrador ha hecho grandes apuestas en estos dos estados ofreciendo todo su apoyo.

En encuesta publicada en Revista 32 de Arias Consultores, se reporta que los gobernadores peor evaluados son Claudia Sheinbaum, Cuauhtémoc Blanco, Silvano Aureoles, Cuitláhuac García y Jaime Rodríguez Calderón; están en los lugares 28 a 32 en el país.

Llama la atención que entre ellos no esté ningún gobernador del PRI o PAN. Partiendo de que la encuesta se aplicó a usuarios de Facebook, lo cierto es que de alguna u otra forma refleja y coincide con otras muestras en vivienda a nivel nacional.

El caso que llama la atención es el de Claudia Sheinbaum, quien podría estar evaluada de manera distinta en otro tipo de encuestas. Los problemas que ha enfrentado en el último mes quizá puedan darle lógica a su ubicación en esta encuesta.

Al Presidente le urge que los gobernadores de su partido hagan la tarea, no tiene sentido que él termine haciéndola. Si bien en el caso de Morelos, el gobernador surge de una alianza incomprensible entre el PES y Morena, el desprestigio empieza a acompañar a todos por igual.

Cuauhtémoc Blanco no es de Morena, pero el Presidente puso particular énfasis en apoyarlo; el exfutbolista ganó por “sus méritos en la cancha” y sobre todo, por el apoyo de López Obrador.

En el caso de Veracruz las cosas son todavía más complejas. No asoma por ningún lado un cambio en función de lo que los veracruzanos han vivido en los últimos años; la pesadilla continúa. El Presidente ha tenido como uno de sus principales objetivos a Veracruz, pero hasta ahora no ha encontrado de dónde asirse. Cada vez que López Obrador va al estado da la impresión que tiene que volver a empezar y darle de nuevo todo su apoyo al taciturno gobernador.

El Presidente tiene que ir armando las partes del todo. Resulta paradójico que haya encontrado más respuestas entre los gobernadores del PRI y PAN que entre los de Morena, está por verse ahora lo que pueda pasar en Puebla.

Lo que está para considerarse es que a los gobernadores del PAN y PRI, que no todos, no les va mal en la encuesta referida.

Es un enigma lo que puede pasar en futuros procesos electorales. No queda claro qué tanto sigue teniendo fuerza el tsunami llamado López Obrador. Puede darse un lógico desgaste, que ya no alcance para que Morena se lleve más gubernaturas. Los gobernadores de la 4T, como partes del todo, flaco favor le hacen al Presidente.