EDITORIAL

Trump nos evalúa de nuevo

El Gobierno ha insistido en que México no va a ser Tercer País Seguro en el tema migratorio. El problema es que en el terreno de los hechos, de alguna u otra forma lo somos.

Las medidas que ha tomado el gobierno de EU están provocando que sea nuestro país el lugar donde los migrantes pernocten. Lo que hacen es regresarlos a México, mientras las autoridades del vecino país llevan a efecto una larga y engorrosa revisión de las innumerables solicitudes.

EU no ha quitado, ni va a quitar, el dedo del renglón sobre este asunto. A Trump le es importante y rentable, y más en los tiempos político-electorales que se avecinan.

Se cumplen los 90 días del proceso de evaluación de la política migratoria mexicana por parte de EU, y están por decirnos de nuevo si estamos haciendo bien la tarea. Ya pasamos la primera prueba, a los 45 días, ahora se viene la segunda singular y oprobiosa revisión.

La amenaza de por medio, recordemos, es la aplicación de aranceles a los productos mexicanos en caso de que no se cambie la política migratoria y la haga más severa; la amenaza nos la envío Trump el 7 de junio pasado.

El Gobierno ha hecho un gran esfuerzo. Sin embargo, muchas cosas nos están saliendo caras. El país, de la noche a la mañana, enfrentó una migración inédita, paradójicamente fue el propio Gobierno el que, hacia finales del año pasado en algún sentido la alentó.

El entonces presidente electo aseguró que se daría empleo y ayuda a todos aquellos migrantes que entraran al país. Los migrantes se sintieron en confianza de venir a México, lo que no gustó nada a las autoridades de EU; fue un tema que se discutió entre representantes diplomáticos de la embajada estadounidense y autoridades mexicanas.

La mayoría de los migrantes interpretó y utilizó el mensaje para venir a nuestro país para, en un segundo momento, buscar su objetivo: ingresar desde México a EU. En medio de confusos procesos informativos, en El Salvador, Honduras y Guatemala se creó la idea de que era fácil entrar a México y que esto les abría la posibilidad de cruzar la línea.

Sumemos a quienes se aprovecharon de la situación: “polleros”, traficantes de personas y quienes en los países de origen prestan dinero con intereses y presiones altísimas para poder viajar.

Partamos de algo que no va cambiar. Para Trump, todo lo que hagamos, sin importar lo que nos cueste, es “insuficiente”; vive bajo el “pueden hacer más”. Hemos entrado en un círculo vicioso, que va a ser muy difícil romper, porque la migración podrá disminuir, pero no va a desaparecer.

Las condiciones bajo las cuales se vive en Centroamérica son el gran factor que provoca la migración. Ni en El Salvador, ni en Guatemala, ni en Honduras aparecen signos que muestren condiciones de vida diferentes. La persecución política, el desempleo, la violencia cotidiana y las siempre amenazantes pandillas siguen rodeando la vida de muchos, en particular de los jóvenes.

Por más que el Gobierno se esmere en cumplirle a Trump para evitar los lapidarios aranceles, no se ve que pueda llegar el momento en que se le pueda satisfacer. Para él, la migración tiene que ver con concepción de vida discriminatoria y xenófoba, al tiempo que la tiene claramente ubicada como uno de sus ejes ideológicos que ya le hicieron ganar una elección y ahora va de nuevo por ello para intentar ganar la presidencia.

Cada vez hay más tensión en los albergues. Ayer, la ONU hizo un pronunciamiento crítico por las condiciones en que están los niños en ellos, tanto en EU como en México.

Es un problema multilateral, con responsabilidades compartidas en el que por ahora quien está más presionado somos nosotros, por más que se anden esmerando con Trump.