EDITORIAL

Islandia reduce el consumo de drogas y alcohol

La prensa española publicó un reportaje interesante en el diario El País, acerca de una pequeña nación europea que ha sorprendido a todos demostrando que se puede y se debe de cambiar la manera en que percibimos el mundo. Nadie tiene la fórmula perfecta para gobernar, ni el sistema capitalista parece funcionar en esta época moderna que exige cambios estructurales en sus gobiernos, en sus formas rígidas e inamovibles, en sus corporaciones, en las instituciones que parecen haber quedado en el pasado y que países, como México, que parece no aprender de sus errores, deberían tomar en cuenta para generar un cambio verdadero. Islandia es un ejemplo de cambio y de resultados a base de esfuerzo, investigación y un proyecto que involucra a distintos elementos de la sociedad civil y gubernamental, sin necesidad de seguir el guion que las grandes potencias, como Estados Unidos, quieren marcarnos.

Esa isla al noroeste de Europa, con poco más de 330 mil habitantes, tenía un problema muy serio: sus adolescentes eran los que más consumían bebidas alcohólicas de toda Europa durante los años noventa. Las tardes de fines de semana se podía ver a grupos de jóvenes bebiendo alcohol en las calles del centro de Islandia en camino de una muy posible dependencia y el salto casi inmediato al consumo de otros estupefacientes dañinos para la salud.

Gracias a un proyecto denominado Juventud en Islandia, que obligó a realizar acciones de prevención de una manera diferente y en las que se involucraron especialistas, gobierno y padres de familia, se logró disminuir drásticamente el consumo entre jóvenes no sólo de alcohol, también de tabaco y estupefacientes.

La hipótesis central fue que el problema no era que los jóvenes probaran o no cualquier tipo de droga, los jóvenes podían ser dependientes inclusive antes de probar alguna sustancia estimulante, sino que el uso continuado dependía de cómo estos adolescentes querían enfrentar sus problemas, y el apoyo que reciben en casa y en las escuelas.

A pesar de todo, la solución parece simple. Por un lado los centros escolares realizaron actividades para involucrar más a los padres de familia en la vida de sus hijos y fomentar la convivencia familiar. Por su parte, el gobierno implantó leyes para que la edad mínima para comprar alcohol fuera 20 años y tabaco 18 años. Hubo toques de queda con horario preestablecido para adolescentes entre los 13 y 16 años, y hubo una mayor financiación para actividades extracurriculares, actividades deportivas y artísticas en general y becas para las personas con bajos recursos. Gracias a estas medidas hoy Islandia posee el número uno en el ranking europeo de jóvenes con un estilo de vida saludable.

Islandia puede ser un país pequeño pero ha demostrado que al romper los paradigmas sociales se quiebran estructuras rígidas que parecieran locuras al salirse de los libros de texto, como cuando durante la crisis económica mundial de 2008 decidieron no rescatar a sus bancos y hoy han salido adelante con una economía estable en comparación con los países que, como México, siguen estancados en la crisis. No sólo eso, sino que curiosamente 20 años después, como el proyecto de ayuda a jóvenes, de implementar un sistema en su futbol enfocado con asistir a una Copa Mundial ya son uno de los 32 equipos que participaran en Rusia 2018. Y en comparación, en México no se vislumbran cambios, y la violencia, la corrupción y la pobreza continúan.