EDITORIAL

Una pregunta al candidato

Ya está, es tiempo de las definiciones de las distintas fuerzas políticas y sus candidatos que contenderán en la próxima elección presidencial en México. Nunca como ahora son necesarias las definiciones claras y precisas, que sobre estrategia económica deben dar a conocer los aspirantes a la máxima contienda política de nuestro país.

Hoy, menos que nunca, se necesitan los lugares comunes y las frases vacías y sin sustento. Sobran más que en cualquier otra época, las promesas cortoplacistas, que más que abonar a una visión de un mejor país en el mediano y largo plazos, sólo confunden al electorado y enlodan la verdadera discusión sobre qué país queremos.

Prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional merecen de parte de los futuros candidatos un diagnóstico eficaz y propuestas de solución concretas, viables, alejadas de la retórica vieja, cansada y aburrida de antaño. La inseguridad, el combate a la corrupción, la estabilidad macroeconómica, el fortalecimiento de las reformas estructurales, el combate a la pobreza y el logro de un mejor y más sustentable bienestar para la población, etc. Son tantos y de gran envergadura “Los Grandes Problemas Nacionales” (reutilizando la frase y la preocupación de Don Manuel Molina Enríquez), que necesitamos políticos y estadistas a la altura de estos retos.

Estamos en un nuevo mundo. Buena parte de las economías en el mundo avanza a pasos agigantados hacia un modelo de crecimiento apoyado en el vigoroso desarrollo tecnológico, con fuertes avances en la productividad y competitividad. Los nuevos modelos de organización empresarial fomentan el cambio tecnológico, pero con una tendencia en la que subyace un proceso de destrucción de lo que podemos denominar como “trabajo rutinario”, con un impacto significativo y pernicioso para la clase media.

Hasta ahora, el modelo de crecimiento adoptado en México ha dado resultados parciales, con pendientes inaplazables. No hemos podido acelerar el crecimiento económico y tampoco disminuir la desigualdad en la distribución del ingreso de forma sensible. Una dinámica de crecimiento mundial como la actual no garantiza por sí misma la solución al problema de la desigualdad en las sociedades modernas, de hecho, como algunos economistas han apuntado, las tendencias hacia una mayor inequidad económica se pueden acentuar.

En paralelo, surgen en el mundo visiones retrógradas y aislacionistas que se oponen cada vez más con mayor fuerza a la visión de un mundo globalizado y abierto. Posiciones bilaterales con temas nacionalistas y populistas cobran relevancia.

Enfrentar esta problemática requiere de un diagnóstico completo y adecuado. En estos tiempos lo importante radica en saber cuál es nuestra estrategia que abarque todos los ámbitos de nuestra vida económica y social, para insertarnos en esta vorágine internacional. Obviamente, la solución no es fácil ni de corto plazo, pero ubicar y reconocer la problemática es fundamental.

Ante la complejidad del entorno, debemos exigir a los contendientes a la máxima posición política del país respuestas claras y precisas a preguntas concretas. Uno de los principales cuestionamientos que deben responderse se refiere a ¿cómo vamos a lograr ser más productivos? Los aumentos sostenidos en nuestra productividad deben ser uno de los pilares de la estrategia económica para enfrentar un mundo como el actual. No podemos avanzar sin ser más productivos en todos los ámbitos. Veamos qué respuestas podemos obtener.