EDITORIAL

Las guerrillas: Colombia y México

Las bombas en nuestro país son un recurso poco utilizado y menos aún por grupos que expresan reivindicaciones sociales en sus agendas.

A diferencia de Colombia, donde las FARC y el ELN cuentan con atentados de gran calibre, en México las guerrillas han mantenido, por fortuna, un perfil menos estruendoso.

Los colombianos, para construir la paz, han tenido que enfrentar a grupos con un alto poder de fuego y con presencia y control de amplias zonas del territorio.

Con las FARC se estableció un acuerdo que los tiene participando en elecciones. No fue sencillo y significó un alto costo político para el presidente Juan Manuel Santos; pero se dio un paso importante para cerrar un conflicto interno que ha causado múltiples estragos.

El ELN es, desde hace tiempo, una organización pulverizada en pequeños grupos que actúan por su cuenta y que se dedican a la “guerra”, porque de eso viven y de desde hace décadas.

Hace días hicieron estallar un aparato explosivo en un cuartel policial de Barranquilla, con un saldo de cinco policías fallecidos y otros 40 heridos.

Lo paradójico es que estaba por iniciar la segunda ronda de conversaciones, que sostienen con el gobierno colombiano, en Quito, para avanzar en un acuerdo de paz.

Las diferencias de México y Colombia son notables, sobre todo porque aquí no hay un saldo de sangre tan elevado. Es más, el zapatismo, que es por mucho el grupo con mayor alcance, inició conversaciones a las pocas semanas de iniciado el conflicto y en la actualidad buscan tener en la boleta a una candidata presidencial independiente.

Pero las cosas no siempre fueron sencillas. El 9 enero de 1994, una bomba estalló en el estacionamiento subterráneo de Plaza Universidad. El artefacto había sido colocado en un auto Volkswagen, previamente robado.

En principio se pensó que se trataba de una acción del EZLN, que días antes se había alzado en armas en la región de las cañadas en Chiapas.

Los autores del ataque al centro comercial eran integrantes del Partido Revolucionario Obrero Campesino Unión del Pueblo (PROCUP), una organización en la que militó Lucio Cabañas y que sobre todo tenía presencia en Guerrero.

El atentado tenía el propósito de establecer una negociación con las autoridades, para que algunos de sus integrantes fueran presentados ante el Ministerio Público, ya que habían sido detenidos semanas antes.

El PROCUP no se andaba con finuras y siempre jugó en una lógica violenta, muchas veces concentrada en ajustes de cuentas internos y en purgas sistemáticas.

De ahí nació el Ejército Popular Revolucionario (EPR), quienes en junio de 2007 hicieron estallar ocho ductos de Pemex en Guanajuato y Querétaro, también para exigir la presentación de dos de sus dirigentes.