Urzúa y Collado

Urzúa y Collado

Todo indica que para el Presidente la renuncia de Carlos Urzúa a la SHCP no es un asunto en el cual se vaya a detener, aunque se suponga que de hecho lo pudiera llevar a una reflexión sobre el estado de las cosas.

Con Urzúa fuera del gobierno todo lo que eran elogios y reconocimientos desaparecieron, hasta parece que fue un error haberlo designado. Ayer el Presidente le dio una buena zarandeada, de defenderlo hace algunos meses de las críticas que hizo Germán Martínez sobre la forma en que se estaba desarrollando la estrategia económica la cual afectaba al IMSS, pasó a las críticas, pero para el extitular de Hacienda.

En la mañanera apuntó que el Plan Nacional de Desarrollo parecía que lo había hecho “Meade o Carstens, dicho con todo respeto, porque son buenas personas”. Llama la atención que hayan tenido que pasar siete meses para que se dieran cuenta de la perspectiva que Urzúa tiene de la economía.

Independientemente de los argumentos que plantean el extitular de Hacienda y el Presidente, la renuncia debería ser, por principio, una buena oportunidad. Sin embargo, todo indica que López Obrador no hizo acuse de recibo. Le dio vuelta a la página con la designación de un muy buen personaje.

Por lo pronto, no están del todo claras las consecuencias que pueda tener el cambio. El nombramiento de Herrera ha sido inicialmente bien recibido, de alguna forma se va capeando el temporal. Habrá que esperar al mediano plazo para ver cómo reaccionan los mercados.

Mientras el martes en la mañana el gobierno tuvo una fuerte sacudida, hacia la tarde fue detenido uno de los abogados más identificados con casos fuertes y bravos y ligado directamente a lo que el Presidente llama la “mafia del poder”.

En medio de inevitables interpretaciones del escándalo matutino pasamos al escándalo vespertino. Si esto fue pensado como parte de una estrategia para, en algún sentido, mitigar lo que se podía venir con la renuncia de Urzúa; de alguna manera la detención de Juan Collado de algo sirvió.

No están para pasarse por alto los nexos que tiene con los expresidentes Peña Nieto y Salinas de Gortari, más allá que haya sido detenido comiendo con el eterno líder petrolero Romero Deschamps.

Para atenderse está lo que se puede venir detrás de estos dos sensibles asuntos.

Las finanzas del país en este sexenio también se manejan desde Palacio Nacional, a la vieja usanza. El reto para Arturo Herrera es defender su proyecto y mostrarle al Presidente las opciones que pueden presentarse ante la cuestionada economía.

Se reconoce que las calificadoras a veces actúan bajo criterios que pueden ser cuestionables. Sin embargo, son un referente para los mercados internacionales. No se pueden descalificar tan fácilmente porque son el instrumento para los inversionistas; es lo que los lleva a decir sí o no a un país.

Arturo Herrera sabe bien a lo que se enfrenta, sobre todo porque conoce muy bien a su jefe. Sabe qué terrenos pisar, pero también en qué terrenos debe de dar sus grandes batallas. Si no hubo acuse de recibo con la renuncia de Carlos Urzúa, el nuevo titular de Hacienda tendrá que hacerle ver al Presidente y a su círculo de incondicionales que los proyectos se deben ensanchar sin hacer a un lado los objetivos centrales de gobierno.

Por otro lado, todo parece indicar que Juan Collado se la pasará un buen rato en la cárcel. Lo que tendremos que ver es hasta dónde llega su detención. No basta con que salga el nombre de los expresidentes, no deja de ser una oportunidad para empezar a abrir expedientes de temas que están en el imaginario colectivo.

El pasado martes ya está ubicado como uno de los días significativos de la presente administración.