¡¡El danzón genera vida!!

*José María Guzmán y Maura Palomera García contagian la euforia por este baile a los tapatíos; igualmente, en éste encontraron una actividad más para mantener su amor

*La pareja encuentra en el danzón una actividad que los mantiene unidos

La popularidad del danzón en la ciudad se mantiene intacta y José María Guzmán y Maura Palomera García son responsables de que la euforia por este baile de salón siga latiendo en los parques y foros de Guadalajara.

Además de compartir matrimonio, José María (técnico en electrónica) y Maura (psicóloga) encontraron en el danzón una afinidad más para mantenerse unidos y fortalecer su relación. Antes de adentrarse a la elegancia y tradición del danzón, esta pareja realizaba por separado actividades para su recreación, pero a iniciativa de José María, el baile se convirtió en una inyección de vitalidad y aspiración no solo para realizar algo juntos por la tarde, pues ahora viajan al extranjero portando orgullosos la bandera mexicana y el talento del baile.

“La gente piensa que el danzón es un baile para ‘viejitos’, para los abuelos. Ahora a los jóvenes les cuesta más trabajo integrarse y vivir en una disciplina y el danzón lo tiene, poco a poco se han interesado en conocer este baile y quedan asombrados, les gusta, tratan de hacer un esfuerzo. En el danzón no importa si tienes o no técnica, todo es cuestión de práctica, de constancia, de marcar una presencia”.

José María, gran apasionado del futbol, llegó por azar del destino al danzón, quedando completamente cautivado de las cualidades y pasión que este baile ofrece, por lo que no dudó en invitar a su esposa para convertirse en verdaderos profesionales de este ritmo y baile nacido en Cuba, pero arraigado con fuerza desde hace décadas en los barrios mexicanos.

“Como pareja es muy importante tener un pasatiempo en común, esto nos ha funcionado bastante, tenemos 45 años de casados, es otra manera de vivir en pareja, nosotros vivimos para el danzón”, comenta Maura Palomera García.

Conforme la perfección llegó a sus pasos, Maura y José María emprendieron la iniciativa de replicar este baile en espacios públicos de la metrópoli tapatía a través de su grupo Ritmo y Sabor al Rescate del Danzón, lo que ha despertado la curiosidad de apasionamiento de curiosos que ahora también son dignos representantes del danzón mexicano dentro y fuera de la ciudad e instalarse en espacios como la Plaza del Carmen (frente al ex convento del Carmen), Plaza de las Américas, en Zapopan y Plaza Hidalgo, en Tlaquepaque.

“Empezamos a bailar en el año 2000, fuimos a una exhibición de danzón y nos gustó. En ese tiempo era muy raro encontrar una escuela especializada en el danzón, nosotros teníamos la necesidad de extender nuestro aprendizaje, ya en 2003 abrimos nuestras clases gratuitas en la explanada del Templo Expiatorio todos los domingos”, explica José María, quien junto a su esposa ha viajado a bailar a Monterrey, San Luis Potosí y Veracruz, además de tener en puerta una presentación en Estados Unidos con el grupo Danzoneros por Siempre.

José María puntualiza que el danzón enamora no solo por la tradición cultural que se guarda en las canciones, vestimenta y elegancia al bailar, pues la disciplina que requiere este baile logra animar a personas que se sentían estancadas física y mentalmente, pues en las reuniones han surgido historias de amor y notables mejorías en la salud de las personas que lo practican.

“El danzón es un baile de salón, las parejas se disfrutan bailando, existe una comunicación no verbal, solo con el movimiento del cuerpo. Aquí hay disciplina, es que permite que nuestro cuerpo, nuestra mente se activen, funcionen de una manera diferente, nos ayuda a vivir más sanamente”, detalla José María.