El danzón sigue conquistando a nuevos bailarines

Al ver la película Danzón, una gran curiosidad se apoderó de Gloria Lerma: ¿Qué tiene esa música que hace que Julia, interpretada por María Rojo, vaya hasta Veracruz a buscar a su pareja de baile para seguir disfrutando de ese ritmo que ya corre por sus venas?

Gloria encontró la respuesta muy pronto porque cada que escuchaba una pieza de este baile fino de salón se sentía feliz.

Edmundo Ruiz, hoy su ex esposo, no fue ajeno a su estado de ánimo, y se unió a la búsqueda de algún maestro de danzón en la Ciudad.

“Preguntamos por todas partes y no encontramos ninguno”, subraya Gloria, hoy de 73 años. “Nos decían que aquí no se bailaba danzón, que apenas en Veracruz o en la Ciudad de México; y allá vamos.

“Conseguimos un maestro en Veracruz, y aprendimos a bailar, pero queríamos compartir ese gusto con más personas”.

Al regresar a Monterrey, Gloria y Edmundo se reunieron con Arturo Salinas, un maestro de folclor que enseñaba bailes de salón en el Centro No. 1 del IMSS.

Ellos le propusieron darle clases de danzón para que, a su vez, las transmitiera a sus alumnos, y él aceptó. También lograron que en el Círculo Mercantil Mutualista de Monterrey les prestaran un espacio en el que crearon su propio grupo a finales de los 90.

“Desde que vi la película Danzón, que dirigió María Novaro en el 91, empecé a escuchar esa música. Me causa una gran emoción y bailarla exige ser muy preciso porque tiene una cuadratura. Es necesario escuchar atentamente para llevar los pasos”, detalla Gloria, delgada, menuda, de lentes y cabello castaño rojizo, corto y ondulado.

El danzón nació en Cuba, a finales del siglo 19, pero desde principios del siglo 20 es parte de la cultura popular en México.

Es un baile de movimientos suaves y cadenciosos. Las parejas se desplazan trazando con los pies una especie de cuadro pequeño o dos cuadros seguidos, intercalados con giros al ritmo de la pieza.

En ciertos momentos hacen un alto en la pista, mientras las mujeres agitan con garbo el abanico.

“El danzón me dio mucha alegría y seguridad”, continúa Gloria, quien cree que cada vez más gente se interesó en las clases por esa misma sensación.

De inicio, el grupo de Gloria y Edmundo se llamó Danzón Monterrey, A.C., y cuando ella se quedó sola al frente cambió a Grupo de Danzón del Círculo Mercantil Mutualista de Monterrey.

“Hacíamos presentaciones en el Teatro de la ANDA, en el Centro Cultural Santa Lucía y en diferentes partes”, evoca satisfecha.

La maestra Gloria también ha sido jueza en competencias nacionales y es conocida por la elegancia de sus atuendos.

Hace casi dos años dejó de dar clases, pero no se aleja de sus alumnos, quienes continúan en diferentes espacios como instructores, y viaja a los festivales en los que cosecha reconocimientos por su amoroso impulso a este baile de fantasía.

“Me siento orgullosa de que el gusto por el danzón ha ido creciendo. Hay una comunidad danzonera que surgió con nosotros”.

Buscando dónde aprender danzón, María Eugenia Ayala Acosta llegó a las clases de Gloria y Edmundo en el 2003.

Todo inició porque Maru, como llaman a esta arquitecta, se fue a trabajar a Tijuana, y un día pasó por un parque en el que una señora con una grabadora vieja enseñaba a bailar danzón a unas cuantas parejas.

Delgada, de cabello corto y ojos expresivos, Maru afirma que la música la atrapó y se sentó en una banca a escuchar.

“Sentí mucha paz. Desde entonces, el danzón representa una conexión directa con mi alegría”.

Cuando volvió a Monterrey ya estaba encariñada con el género, y en poco tiempo pasó de principiantes a avanzados junto con Miguel Velasco, su hoy ex esposo.

Dice que la primera gran sorpresa en clase fue cuando el maestro Edmundo les avisó que Acerina, la legendaria y primera danzonera de México, vendría a tocar en el Círculo Mercantil.

“Es que una cosa es la clase y otra un baile. Al abrir la puerta, el 100 por ciento de las mesas estaban solas, todos estaban en la pista y la música sonaba increíble”.

Pero tuvieron que pasar seis meses hasta que volvieron a bailar con orquesta en vivo, cuando el grupo organizó un viaje a Querétaro.

“Nosotros decíamos: No puede ser que ensayemos tanto, que nos esforcemos por bailar mejor, que a nuestros maestros les reconozcan su labor en otras partes, y que a Monterrey vengan orquestas sólo una, o cuando mucho, dos veces al año”.

Sin olvidar esa inquietud, Maru comenzó a dar clases en el 2004 y creó su grupo Patio del Danzón.

Gloria y Edmundo apreciaban su entusiasmo y, generosos, seguían compartiendo sus conocimientos con ella y con Miguel.

También los presentaron con excelentes bailadores de Veracruz, Querétaro y México, quienes avivaron, aún más, su amor por ese cadencioso ritmo.

Patricia Márquez dirigía entonces la compañía de folclor Pueblo Mestizo, y dentro del repertorio tenía un espacio para el danzón.

“Estábamos en el Centro Cultural Santa Lucía, en un patio que compartíamos con diferentes manifestaciones artísticas, y en el que empezamos a hacer las tardes del danzón de manera informal. Ahí llegaron los maestros Gloria y Edmundo y, también, Maru, y cuando menos nos imaginamos aquello estaba llenísimo de gente.

“Maru se quedó a dar clases y tuvo una respuesta inmediata. Fue algo mágico, pero antes de que derrumbaran el Centro Cultural para construir el Museo del Noreste, tuvimos que mudarnos y continuar en otros escenarios”.

Patricia menciona que a casi dos décadas, la hace feliz ver los resultados del trabajo tan tenaz y disciplinado de Gloria, quien ha logrado transmitir su pasión a nuevas generaciones, y de Maru, quien ha fortalecido la presencia del danzón en la Ciudad.

Óscar Botello Pruneda, ex director de Cultura del Municipio de Monterrey, cuenta que lo que más le llamó la atención cuando Maru fue a solicitar un espacio para ensayar y realizar presentaciones de danzón con su grupo, fue su juventud.

“Yo ubicaba este género con personas mayores, pero ella le ha inyectado vitalidad. Es una mujer muy entusiasta y emprendedora, que casi sin apoyo es ya una referencia a nivel nacional, como Gloria y Edmundo.

“Con ellos el danzón llegó para quedarse”.

Tanto deseaban que en Monterrey se escuchara una orquesta de danzón en vivo, que Maru y Miguel organizaron un baile y trajeron a la Danzonera Yucatán, del maestro Pablo Tapia, aunque perdieron dinero porque sólo fueron sus alumnos y amigos.

Aún no había una audiencia amplia que dominara ese ritmo, y pensaron que la mejor manera de captarla sería con una muestra de danzón.

Así nació el Festival Nacional Danzonero en el 2009. La sede fue el Teatro de la Ciudad.

“Se llenó y todo mundo estaba sorprendidísimo porque otros eventos con más trayectoria no tenían tanta convocatoria”, recuerda Maru, entusiasmada.

Para las siguientes ediciones el evento se llamó sólo Festival Danzonero y hace unas semanas se celebró por décima ocasión con gran éxito.

Después del primer festival, no había duda de que el siguiente paso era crear una orquesta.

El maestro Guillermo Villarreal, entonces director de la Sinfónica Juvenil de Nuevo León, los contactó con el maestro Daniel Guzmán Loyzaga, fundador y director de la Orquesta Sinfónica de Oriente, en Santiago de Cuba, para que fuera el arreglista del ensamble.

“Él ha promovido la música cubana por todo el mundo. Grabó un disco que se llama Contradanzas & Danzones con la Orquesta del Conservatorio de Rotterdam, en Holanda, y es buenísimo para hacer tocar danzón a los músicos clásicos”, cuenta Maru, hoy presidenta del Consejo Mexicano para la Divulgación del Danzón, A.C.

El maestro Villarreal también sugirió lanzar una convocatoria abierta para que los estudiantes interesados en explorar el repertorio popular se unieran a la orquesta.

“A Miguel y a mí nos hubiese gustado que fuera una orquesta estudiantil porque nos parecía un compromiso muy abrumador tener que pagar honorarios altos a 12 músicos profesionales, pero ellos fueron quienes acudieron, no los estudiantes.

“Estaban muy entusiasmados y, uno de ellos, Arturo Ávila, levantó la mano y se propuso como director musical. Miguel asumió la dirección artística y, yo, la dirección general. Así inició la primera orquesta especializada en danzón del norte de México”.

Desde el debut se llamó Danzonera Sierra Madre y el año pasado cambió a Danzonera Digital.

Con la orquesta en vivo fue más sencillo organizar bailes e iniciar grupos que quisieran aprender a bailar.

Tanto en Epicentro Espacio Cultural, que Maru abrió frente a la Plaza de la Purísima, y en sitios donde se congregan multitudes, como la explanada del Museo de Historia Mexicana, captan nuevos públicos.

Sin embargo, en los primeros años la orquesta se presentaba una vez al mes, con mucho sacrificio, porque había que financiarla. Ahora es autosuficiente y hay temporadas en las que toca una vez por semana.

El reto sigue siendo formar maestros que cuenten con las herramientas para iniciar nuevas familias de baile y que el danzón se vuelva un boom.

“Creo que lo estamos logrando, porque en el Festival Danzonero, además de la muestra y el baile de gala que son los eventos tradicionales, se están impartiendo talleres con maestros de la Ciudad de México, como Alfredo y Jacobo Salazar”.

Maru añade que ya hay comunidades en Tamaulipas y Coahuila que vienen a Monterrey por el sólo gusto de disfrutar con una orquesta en vivo.

El músico Óscar Rodríguez cuenta que su mamá estaba en clases de danzón con Maru, y él la acompañaba, pero un día pensó en unirse al grupo en lugar de permanecer sentado.

Luego lo invitaron a tocar los timbales en la orquesta, y al año y medio se quedó como percusionista principal.

“Cuando entré a la Danzonera Sierra Madre (hoy Danzonera Digital) los bailes eran pequeños, pero ahora es mucha gente la que disfruta esta música. Además, hemos tenido la oportunidad de alternar con otras orquestas en el Salón Los Ángeles, un sitio emblemático en la Ciudad de México”, refiere con orgullo.

“En el 2013 participamos en un festival que se hizo entre Monterrey y Austin e incluso impartimos masterclass para los músicos de la Universidad de Texas. También hubo clases de baile”.

Óscar añade que dentro del proyecto Danzón Sinfónico hicieron una gira con la Orquesta Filarmónica de Saltillo, en distintas partes del País, y que en el 2015 les solicitaron un danzón inédito para la película Einstein en Guanajuato.

“Tocamos en Bellas Artes, en la gala de la cinta. Creo que esas cosas hacen brillar al danzón de Nuevo León, que tiene una fuerte impulsora en Maru, porque no cualquiera se propone y logra sacar adelante un proyecto de tal magnitud en la tierra del acordeón y de la polka”, resalta Óscar.

Maru dice que su mayor ilusión es que cuando la gente escuche la palabra danzón piense en todo México, y no sólo en el centro o sur del País, porque acá en el norte el danzón ya es un movimiento vibrante y en constante crecimiento.