Una gran experiencia participar con las Chinas Oaxaqueñas: Casal

[Primera parte]

Realizar una entrevista al amigo Rodolfo Casal es gratificante porque, además de ser un buen intérprete, tiene el don de enriquecer su charla con anécdotas interesantes que logran que el reportero pase momentos agradables, dada la amena charla con el experimentado baladista.

Es de todos conocido, que Rodolfo Casal es un bohemio empedernido que, desde su inicio en la ciudad de México bajo la tutela de su madrina Carmen Salinas, supo ganarse el respeto de sus compañeros, gracias a su bien timbrada voz que le valió participar en destacados eventos como Valores Bacardi y La Voz del Heraldo.

Afortunadamente para los oaxaqueños, el destino lo trajo a la capital oaxaqueña nuevamente y se estableció en el ámbito artístico de La Verde Antequera, de esto ya son varias décadas que lo tenemos como referente de los intérpretes que les gusta cantar temas de autores oaxaqueños.

En esta ocasión lo abordamos para conocer sus actividades en la pasada máxima fiesta de los oaxaqueños La Guelaguetza, donde viene participando en La Delegación de Las Chinas Oaxaqueñas y, previo y delicioso desayuno en céntrico restaurante, lo entrevistamos.

¿Tuviste mucha actividad en el mes de La Guelaguetza?

“Me siento afortunado de poder participar en varias de las actividades que se realizaron durante las fiestas de Guelaguetza, yo siento que es muy importante, porque tiene vital importancia para nosotros los oaxaqueños la fiesta más importante del año, donde tenemos la oportunidad de encontrarnos con nuestros hermanos y hermanas de las otras regiones del estado; en lo personal, es una gran experiencia poder participar en estos eventos con la delegación de Las Chinas Oaxaqueñas de la señora Genoveva Medina, que en este año cumplió 61 años de presentarse en el Auditorio Guelaguetza”.

¿A qué grado estás involucrado en esta delegación?

“Bueno, antes que nada, es la delegación que representa a Los Valles Centrales y, por lo tanto, es la anfitriona de esta fiesta y se encarga de recibir a las delegaciones hermanas que llegan a la fiesta, esto permite involucrarnos, porque tenemos nuestras raíces y de alguna manera hay la oportunidad de saludarnos con las otras etnias”.

¿Participar en esta fiesta va más allá de llegar cantar y bailar?

“Bueno, todo va relacionado con la religión, en el caso de las Chinas oaxaqueñas, una vez platicando con la maestra Carmelita, la hija mayor de Doña Genoveva Medina (fundadora de Las Chinas oaxaqueñas), me comentó que todo va relacionado con la religión, porque es una agradecimiento al Santo Patrón por los favores recibidos en alguna ocasión, y bailando hacen su  agradecimiento, es así como con este ritual se confirma la fe”.

¿Cuántas veces cantaste en el Auditorio Guelaguetza?

“Bueno, en el Primer Lunes del Cerro tuvimos la suerte de abrir las actividades con la Delegación de “Las Chinas Oaxaqueñas”, y en el segundo Lunes del Cerro nos tocó cerrar, por eso considero, por la respuesta del público, que hicimos un buen papel, y uno de los temas  que interpreté fue ‘Llévame oaxaqueña’, un tema que se desconoce el autor, pero que describe el amor de alguien que se enamoró de una oaxaqueña, y por la letra hace suponer que el que la escribió es alguien que no es de Oaxaca.

La maestra Carmelita me dijo, así como esta canción, hay otras que se ponían en la clases de educación artística en las escuelas primarias, fueron las canciones de Samuel Mondragón, Alberto Vargas, Juan G. Vasconcelos y te estoy hablando de ‘La Tortolita cantadora’, ‘El Cántaro de Coyotepec’, ‘Las Mañanitas oaxaqueñas’, ‘Las Golondrinas oaxaqueñas’, ‘Llévame oaxaqueña’ y ‘El Nito’, que es una canción que habla de sitios muy interesantes de la ciudad de Oaxaca, como es el barrio Del Peñasco, el barrio De Consolación y de La China Oaxaqueña, que fueron escritas en la década de los 20’s, siguen vigentes gracias a nuestra labor, porque cuando se mete uno a la cuestión cultural tenemos que difundir a las nuevas generaciones nuestras raíces musicales que son tan hermosas.

Tuve una experiencia en La Guelaguetza Infantil, donde el niño de Miahuatlán que bailó ‘El Palomo Miahuateco’, es un pequeño de cuatro años que se entregó totalmente en el escenario y bailó con mucha pasión, dejando establecido cómo se deben hacer las cosas en un escenario, por eso vi que no tenemos nada qué pedir, porque tenemos un legado cultural muy rico y debemos cuidarlo mucho, pero también hay que compartirlo con las nuevas generaciones”.