Hiperhidrosis palmar

Recuerdo que en mi niñez podía hacer reír a mis compañeros de escuela, pero no sé cuándo empecé a sentir que me sudaban las manos. Y no sólo eran las manos, me pasaba lo mismo con los pies.

Ya en la secundaria, cuando el maestro me pasaba al pizarrón a exponer algún tema, primero sentía que el piso se me hundía y enseguida empezaban a sudarme las manos, pero era tanto el sudor, que tenía que meter a cada rato las manos en las bolsas de mi pantalón para secarme.

Sufría demasiado porque se me ponía la cara roja de vergüenza, sentía que todos me observaban. Durante un tiempo no sabía por qué me ponía así; después, tal vez, me di cuenta que era porque me sentía inferior a los demás. Y siempre fue así, sentía que no valía nada, que todos se burlaban de mí y me veían como un tonto. En fin, que no servía para nada.

Llegué a depender tanto de las personas que comencé a esconderme de ellas, pues la sudoración de mis manos aumentó. Eso me sucedía hasta cuando hablaba con mis papás.

Además, se me salían las lágrimas cuando quería leer algo porque no podía ver las letras. Muchas veces me regañaron muy feo mis papás, pues me decían que por eso me mandaban a la escuela. La verdad era que no podía aguantar mi vida.

Hubo veces en que le quise hablar a una chica, pero no podía, nunca me atreví, porque mis ojos y mis manos chorreaban agua.

Por tanto, sufrimiento me salí de la escuela y me refugié en mi casa hasta los 30 años, edad en la que llegué al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos.

Aún en la agrupación al principio me costó mucho trabajo integrarme, sin embargo, ahí encontré compañeros con problemas similares a los míos. Eso me daba confianza y me quedé en la terapia. La verdad es que me hizo sentir bien y me agradó, el día de hoy estoy superando mis problemas me siento contento.

El día de hoy agradezco a Neuróticos Anónimos el haberme ayudado a superar mi problema emocional y lo sigue haciendo todavía. Mi vida ha cambiado.

*Anónimo