Obra de injusticia familiar

*El personaje de la historia pierde la joya de la corona: su familia, mujeres y hombres, quienes con frialdad lo sentenciaron al abandono

Mario GIRÓN

“El rencor no lo conozco”, asegura Joaquín Sergio Ortiz García, a los 68 años, experimentando un triste episodio en el último cuarto de vida de una existencia para el análisis. El dolor, de la mano con la tristeza, no lo dejan en paz, lo golpean sin piedad. La condena de abandono dictada por esposa, hijas e hijos, no es sencillo digerir, sin embargo, perdona y les sigue amando.

Abre las puertas de lo que hoy ocupa como humilde vivienda en el barrio El Rosario, en Santa Cruz Xoxocotlán. Nos recibe descalzo. Es don Joaquín, así  lo identifica el vecindario con cariño. Se trata de un hombre de mediana estatura y complexión delgada. En su rostro destacan las líneas de expresión de una vida llena de experiencias, sin embargo, sus ojos, de fino color  miel, llaman poderosamente la atención, agrega:

“No merezco vivir abandonado. No soy animal. ¿Rencor?, no; les guardo respeto, a pesar de todo”, subraya don Joaquín Sergio, y explica:

“Viví con la familia en San Juan Chapultepec, un hogar decoroso, cómodo, dos plantas de construcción y algo más en la azotea. En ese lugar, la peor pesadilla de mi existencia estuvo a punto de robarme la capacidad de abrir los ojos, despertar. Me expulsaron del seno familiar calificado injustamente de peligro para la sociedad. Hace poco más de tres meses me detuvieron. Me acusaron falsamente de violador, supuesto abuso a menor de edad. Al final, la justicia divina. La policía investigadora no encontró pruebas, vil mentira acusadora, el Juez me devolvió la libertad”, asegura el entrevistado.

“Los familiares aprovecharon la oportunidad para deshacerse de mí. Sin quererlo, se presenta el pretexto buscado. Se impusieron,  con manos en la cintura se deshicieron del padre, esposo y abuelo. Que Dios los perdone. Yo, ya lo hice. Los bendigo”, dice.

Poco a poco, don Joaquín avanza, empieza acostumbrarse a su nuevo y solitario hogar. Sin muebles, el espacio luce triste. Brinda más espacio a la soledad que abraza y no lo deja a toda hora. Apenas, una cama individual, cubierta por una cobija desgastada. En improvisada mesita, coloca el poco alimento reunido para sus tres comidas. Vecinos, comprometidos con el prójimo, ayudan con lo poquito que tienen, va de corazón. Un pan o luego una tortilla, frijolitos; la señora vendedora de atole, ofrece un vaso, apenas amanece.

Joaquín Sergio Ortiz García encontró el lado espiritual en la condena que paga con existir en soledad, en el abandono. Su refugio es la oración, de niño la aprendió. Sus maestros: la mamá, Modesta García Bolaños (+), la abuelita, María Bolaños (+) y el tío, Cándido García Bolaños (+).

“Dios es compañía, luz y salvación”. ¿Por qué habré de temer en mi soledad? Subraya el entrevistado.

Con él, las horas transcurren entre oración y salir a caminar en busca de lo que muchos no tienen, paz espiritual para aceptar y digerir el presente, lejos, de lo que más quiere en la vida.  Su familia que lo tiene experimentado un martirio sin desear a otros.

Suspira, abre los ojos a todo lo que dan, aparece el brillo de una luz especial, luego, con serenidad ofrece:

“Fallaron, los hijos prometieron atenderme, juraron jamás abandonarme, velarían por mi alimento y principalmente, la renta. El viento se lleva, arrastra las palabras débiles, falsas, compromisos sin un peso específico, de papel, sin la fortaleza y el poder de la verdad”.

“Respeto a la familia. Me reservo el derecho de ofrecer el nombre de cada uno de ellos. Hijos e hijas, profesionistas y activos en la política partidista de Oaxaca, sin embargo, involucrados en una obra social de ingratitud, la de todos contra uno”, asegura de manera serena y feliz, en lo que cabe.

Hijo de mujer trabajadora y estimada en la ciudad

El origen de don Joaquín Sergio Ortiz García es de buena estrella, como la de todos los oaxaqueños. Hijo de doña Modesta García Bolaños, pionera del salón de belleza en Oaxaca de Juárez, y quizá, del estado de Oaxaca.

Hablamos de la propietaria del famoso salón de belleza “Modes”, por donde desfilaron damas de los tres niveles sociales, del inolvidable Oaxaca en blanco y negro en la década de los 70. Mujer, con un destacado espacio en las páginas de la historia capitalina.

La familia tuvo más hijos, pero, Joaquín Sergio, fue el que más atrajo el amor de madre de doña Modesta. La famosa Modes, fallece a los 78 años, en 2015. “Volvería a morir al saber lo que hacen conmigo”, suelta el entrevistado.

Joaquín Sergio no puede quejarse de la primera mitad de su existencia, la felicidad lo cuidó de más. Aunque no se graduó, estudió en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Con doña Modes (+) poco o nada le faltaba.

Con el paso del tiempo, se convierte en heredero de la abuela María Bolaños y del tío Cándido García Bolaños. Además de otros bienes de doña Modes. Se convierte en propietario de una antigua casa en la calle Bustamante, también de terrenos en la ciudad como en municipios cercanos a Oaxaca de Juárez.

Sin embargo, nada le pertenece, no puede disfrutar los bienes como lo merece. Hermanos y otros familiares, lo despojaron de todo, en donde el nombre de Joaquín Sergio aparece en los títulos de propiedad.

Para bajar el telón de esta obra de injusticia familiar, el personaje de la historia pierde la joya de la corona: su familia, mujeres y hombres, quienes con frialdad lo sentenciaron al abandono…