“Suénele a los alumnos, padre que se queje, a la cárcel”: Edil

*Quiero que a alumnos de quinto y sexto grados, los saque y sepan restar, sumar y multiplicar, tengan ortografía y una letra bonita, solicitó el presidente municipal de San Pedro Totolapan, al maestro Francisco Córdova Aguilar

Guillermo CASTILLEJOS ÁVILA

Aunque les suene, pero quiero que a alumnos de quinto y sexto grados, los saque y sepan restar, sumar y multiplicar, tengan ortografía y una letra bonita, solicitó el presidente municipal de San Pedro Totolapan, al maestro Francisco Córdova Aguilar.          

El presidente municipal, Dionisio Díaz, lo había mandado llamar con un topil para estar presente en el Palacio Municipal, donde asistió con conocimiento y autorización del director de la escuela; estaban integrantes del Cabildo, a quienes saludó de mano.    

Tenía el presidente en las manos, un objeto con pedazos de cable de luz retorcidos que entregó al maestro para que les sonara a los alumnos, con la advertencia que papá que se fuera a quejar, lo metería a la cárcel.       

Destacó el munícipe que solo 2 personas con el nombre de Francisco, cada uno, sabían  leer y escribir y prestaban servicios como secretario municipal, los demás, decía que eran  panza de burro, así llamaban al sombrero que se ponían.

No hubo necesidad de golpearlos con el cable que le había dado el presidente municipal, dijo el maestro Pancho, quien recordó haber tenido como uno de sus alumnos a Pedro Díaz Parada, que era inteligente y su hermano Manuel, también su alumno, lo ocupó para otra cosa.     

La mamá de los 2 hermanos, colaboraba en actividades de la escuela, el día del Niño, aportaba 300 pesos para la compra de refrescos.   

EL MÁS CHIQUITO

Fue en el año 1963, cuando el maestro Francisco a sus 22 años de edad, laboraba en la escuela primaria del lugar, era el más pequeño en edad, de sus compañeros maestros, de ahí el dicho de llegó el maestro más chiquito.

El director dc la escuela, profesor Celestino Robles Garnica, le había asignado estar al frente de los grupos de alumnos del quinto y sexto grados, donde se encontraban muchachos de mayor edad que el mismo maestro.        

Asegura el maestro jamás haber utilizado el cable que le entregó el presidente municipal o alguna vara, en aquellos tiempos los alumnos participaban en comedias, estaban muy de uso los monólogos que alegraban a la gente del pueblo.   

El maestro Francisco, permaneció 2 años en la primaria de San Pedro Totolapan, del distrito de Tlacolula, a uno de sus alumnos, Juan  José, dijo haberlo encontrado al paso de los años, en San Martín Mexicapan, era director de la primaria 5 de Mayo, en la colonia Lázaro Cárdenas y padre de familia, sus hijos asistían a esa escuela.          

Juan José recordó que fue su maestro en  el quinto y sexto grados; el presidente municipal, el del cable para golpear a los alumnos para que salieran preparados, iba con  algunas gentes del pueblo al examen de fin del ciclo escolar, no sabían leer, pero estaban parados en el contorno del salón de clases. Tiempos aquellos.

Los estudios de profesor los realizó en la Normal Urbana Federalizada de Oaxaca, los terminó en el año 1960, fue en la parte baja de la zona Mixe, donde inició su trabajo docente.

Dos años permaneció en el distrito de San Juan  Cotzocón, para asistir a las reuniones magisteriales, viajaban hacia Zacatepec, caminaban después de Mitla a Santa María  Albarradas, 3 días, el tercero era el más duro, al caminar de las 6 a las 18 horas: les recomendaban las autoridades no viajar de noche, los podían confundir por pleitos de límites entre diversos pueblos.                  

SE PERDIÓ AUTORIDAD

Me jubilé en 1990, responde el maestro Pancho en breve entrevista, quien a pregunta de cómo ve la educación en los tiempos actuales, afirmó: se perdió el principio de autoridad, el maestro de grupo alza la voz al director de la escuela o al supervisor.

Antes había más respeto, exigencias a maestros a cumplir con el trabajo encomendado,  se exigía al alumno y aprendía; perjudicó el uso de computadoras y calculadoras, ya no aprenden los niños las tablas de multiplicar.          

Toda responsabilidad del maestro se ha perdido, el director ha perdido  autoridad para exigir al igual que el supervisor cumplimiento a sus obligaciones, el profesor alza la voz y reclama porque le exigen si estos personajes no le están pagando.

Avisan  por teléfono que no van a trabajar, no piden  permiso anticipadamente, dicen haber que hacen con mi grupo.

Empezamos el trabajo docente con un pago de 868 pesos por mes, teníamos que ajustarnos a una forma de vida con ciertas restricciones, aun así estoy satisfecho de haber estudiado en la escuela Normal y haber cumplido al máximo con la tarea y  gran responsabilidad de educar y enseñar a los niños, destacó el maestro Pancho.