Dialogan traductores en el IAGO

La frontera de la lengua: la traducción y sus periplos, fue la charla que ofrecieron Tanya Huntington y Juan Cárdenas en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), una de las sedes alternas de la 37 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO). Con Pergentino José como moderador, esta charla versó sobre el oficio de traductor, el cual ambos invitados han ejercido.

Cárdenas fue quien inició esta conversación contando cómo se inició en la traducción, siendo muy joven en España y con un libro de cine, específicamente de Alfred Hitchcock. Comentó que vivió una etapa de transformación en la industria editorial española, pues se estaba dando una apertura a otras variantes del español, ya que sólo se usaba la nacional donde palabras como “vosotros” y sus conjugaciones eran las únicas adecuadas.

“Lo que fui creando fue un lenguaje Frankentstein, de ninguna parte. Reflexioné sobre qué lenguaje se usa en la traducción y a qué comunidad se están dirigiendo esos libros. Básicamente surgió idea de traducción como constructo y espacio abierto donde el contrabando de léxico y modismos locales podían entrar perfectamente. Construí lenguaje propio que no es mexicano, ni colombiano ni español” apuntó Cárdenas.

Por su parte, Tanya recordó que la primera traducción que hizo fue de una obra de Lorca, y fue por entretenimiento y para alejarse del trabajo de oficina. “Se trata de que no vivamos en un plato de Petri nacional, sino que nos contagiemos de otros autores y otras culturas”, dijo sobre el ificio de traductora que desde entonces ejerce regularmente.

La también artista plástica señaló que a los autores les interesa ser traducidos a otros idiomas pues eso les da mayor peso y prestigio. Como anécdota recordó que la primera traducción de Pedro Páramo, de Juan Rulfo, fue hecha por un conocido del autor y de forma no profesional, por lo cual fue una muy mala versión, y se privó así al público anglohablante de una de las más grandes obras de la literatura latinoamericana por varias décadas hasta que hubo una nueva traducción. “La traducción también tiene una permanencia”, recordó.

Ambos invitados coincidieron en que una mala traducción puede hacer gran daño a las obras literarias. Asimismo, rememoraron algunas malas experiencias con autores que exigen cosas que no pueden traducirse, por no existir esas expresiones, palabras o modismos en la lengua a la que se está trasladando.

“Es importante saber que hay escritores latinos que son muy buenos, vibrantes, que vale la pena leerlos en inglés. A mí me gusta estar trabajando desde esta trinchera cultural”, declaró Huntington sobre lo satisfactorio que es ayudar a que se conozcan autores talentosos en su país y otros de habla inglesa.

Como observación, Cárdenas apuntó que “también la traducción envejece. La traducción es una variante de la crítica literaria, porque es un dispositivo de acceso a otro idioma, pero que en 20 o 30 años deja de servir. Yo creo que cada determinado tiempo hay que retraducir”, dijo sobre la necesidad de ir renovando las traducciones por lo cambiante del lenguaje.